Capitulo 11
-¡Ese… infeliz¡Perro desgraciado¡Patético hijo de…¡AAggh… ! -
Cada pensamiento de Camus estaba dirigido al 'miserable Milo' Esta vez se había pasado del límite ¡Oh pero lo pagaría! … se arrepentiría de todo lo que dijo en su facultad y de haber desafiado a Camus Belier.
La casa de los Rozan se divisó a un par de metros de donde caminaba el molesto muchacho y al verla, una siniestra sonrisa apareció en sus labios.
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-¡Ah, que fastidio!...- gruñó Dino mientras caminaba sin prisa por los pasillos del estadio de la Universidad. Saga y Kanon realmente sabían cómo crear tormentas de la nada. Ese día era su día libre, pero nada lo relajaba más que ver un partido de americano, no importaba que fuese sólo un juego entre colegiales.
El alto muchacho de serias facciones se sentó despreocupadamente en una de las gradas cercanas a donde estaban los equipos. Era una simple práctica con alguna otra Universidad, los gritos y manotazos de los couchs y demás jugadores era verdaderamente música para sus oídos.
Sacó un cigarrillo del bolsillo trasero de su pantalón y lo llevó a sus labios con parsimonia, encendiéndolo un instante luego e inhalando una profunda bocanada. Cerró los ojos y disfrutó casi con placer el sentir ese rasposo humo llenar sus pulmones antes de exhalar un fino hilo por la nariz.
Sus párpados se abrieron lentamente, dejando que sus agudos ojos se clavaran en el partido que se desarrollaba frente a él. Había un par de jugadores buenos en el equipo contrario y el mariscal sin duda tenía el mejor brazo que había visto en mucho tiempo. Sus certeros pases ya tenían a su equipo ganando y si sus cálculos no fallaban, el siguiente primero y diez sería también otra anotación.
Lo que ocurrió segundos después.
Sonrió malicioso.
No estaba tan mal haber salido de la casa después de todo. Ese muchacho era talentoso y talvez podría hacer algo para traerlo a su propio equipo.
Al menos, algo de beneficio tenía para él este berrinche de Saga.
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Aioros cerró el libro que leía, o que había intentado leer por casi una hora, sin poder avanzar más allá de una página. No podía concentrarse. Estaba preocupado por Saga.
Resopló y levantó la mirada al escuchar la risa de Shaka, quien no tenía mucho de haber llegado junto con Aioria de una tarde cinéfila. Ahora ambos se encontraban platicando en la sala.
Resignado a que debía esperar –no importaba cuánto deseara llamar por teléfono al peliazul- se levantó del sofá y se dirigió a la cocina, donde un atareado Shura se encargaba de la cena. Aunque ésta, parecía consistir en comida rápida según notó por las bolsas sobre la mesa.
Aún así, el joven de enrizados cabellos chocolate hizo una petición.
-¿Puedo ayudarte?
El pelinegro lo miró un par de segundos. Realmente tenía todo bajo control, pero era evidente por el semblante apagado del mayor de los Belier, que el joven necesitaba distraerse.
-La ensalada – musitó, indicando con un movimiento de cabeza hacia el montón de vegetales sin picar que se encontraban sobre la mesa. Los mismos que ambos sabían sólo los hijos de Shion comerían.
Aioros sonrío agradecido, dirigiendo sus pasos y acciones al desarrollo de aquella tarea. No pronunciaron más de un par de palabras mientras estuvieron juntos; pero el moreno reconoció que ese silencio entre ellos le resultaba bastante cómodo.
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-¿Vas a tomarte eso chico? – musitó la ronca y áspera voz frente suyo, cuyo dueño hacía más de una hora le había servido el pequeño vaso de cristal que contenía un aromático líquido ámbar y que miraba fijamente.
No se había atrevido a moverse. Ni un solo centímetro se permitía.
Sí. Deseaba alcanzar ese vaso de cristal y sujetarlo entre sus dedos, llevarlo hasta el borde de sus labios y cerrar los ojos. Inhalar aquel etílico aroma, mientras con un ligero movimiento de la mano, aquel ardoroso brebaje se deslizaría dentro de su garganta, arrasándola con fuego líquido hasta disolverse en su estómago, llevándose en el camino la molesta sensación que oprimía su pecho.
Sí. Lo deseaba.
Lo deseaba en demasía.
Mas sabía que si probaba una sola gota ahora, no podría parar luego y estaría rompiendo una promesa hecha tres años atrás a su padre.
Kanon resopló derrotado, aunque para un fino oído aquel sutil sonido había sido una palabra.
Un nombre.
No, esta noche no tomaría, sin importar cuanto lo deseara.
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-¡¡GGGRRRRGGRR….!!!
El estómago de Milo protestó por enésima vez. Ya pasaban de las ocho de la noche y él sólo había comido una manzana en todo el día. Realmente estaba muriendo por algo más sustancioso, pero no había abandonado su habitación por temor a encontrarse con un fúrico Camus. Quien para ese momento, seguro ya estaba en la casa y era mejor mantenerse lejos.
-¡¡GGGRRRRGGRR….!!!
Resopló abatido. Lo que fuese que había para comer olía delicioso y su estómago replicaba por comer algo. Milo se sentó en el suelo de su habitación con las piernas cruzadas, un brazo flexionado y apoyado sobre una de sus rodillas, sosteniendo en esa mano su rostro.
Tenía hambre y quería comer, pero no quería toparse con Camus.
-¡Ah! Tengo hambre!! – gruñó consigo mismo- Haber Milo piensa, si el estirado ese ya hubiese llegado¿no crees que habría venido a reclamarte por el numerito que armaste en su escuela hoy?
Llevó su mano hasta la barbilla, como si estuviera meditando muy seriamente lo que acababa de decirse. Entonces abrió los ojos y una gran sonrisa apareció en sus labios.
-¡Por supuesto! Qué listo eres Milo! – Se congratuló a sí mismo, levantándose de inmediato para correr escaleras abajo y finalmente satisfacer esa gigantesca hambre que sentía.
-¡Voy a cenar¡Voy a cenar, una deliciosa cena, que no meeAAHHH…!!
-¡MILO! – Reclamó Shura al escuchar el exagerado y repentino grito con el que su hermano hacía aparición en la cocina- ¿Qué diablos te pasa, por qué gritas así?
El joven de alborotados cabellos añil permanecía petrificado en el umbral de la puerta. Sus ojos turquesa desorbitados con sorpresa y terror, su tostada piel adquiriendo un enfermizo tono pálido y el gesto que sus agraciados rasgos portaban era el de absoluto pavor.
-¿Milo¿Oye, estás bien? Hey… Milo… - preguntó preocupado Afrodita al ver cómo su hermano no parecía reaccionar.
-Camus, qué le hiciste… - se escuchó entonces la burlona voz de Aioria tras notar cómo el estupefacto muchacho no retiraba su asustada mirada del pelilacio. Shaka y Aioros, esbozaron una sonrisa ante el comentario.
El aludido se encogió de hombros y continuó comiendo tranquilamente.
-Yo no le he hecho nada… aun –la última palabra fue inaudible, mas sus labios tuvieron el cuidado de pronunciarla claramente, asegurándose que Milo fuera capaz de leerla. La mirada que le lanzó al de ojos turquesa fue la confirmación de que habría una venganza.
-¡¡GGGRRRRGGRR….!!!
Todos los reunidos en la cocina parpadearon desconcertados ante el repentino sonido, para centrar luego la vista en un tremendamente enrojecido Milo.
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Dino caminaba por los pasillos de la Universidad pensando en lo bueno que había estado el partido. Ese mariscal era un magnifico lanzador. Mañana que volviera al trabajo investigaría quién era y encontraría la manera de traerlo a su equipo para la próxima temporada.
Con ese chico en su ofensiva, seguro que el campeonato sería suyo.
Un fuerte sonido se escuchó de pronto. Dino giró su mirada hacia los vestidores intrigado.
-¡No puedo creerlo¡¿Esta niñita es el mariscal?! –gritó burlón un joven sujetando de las solapas de la camisa al jugador rival que les había hecho perder esa práctica.
-No eres tan hábil ahora o sí, ratón asustado jajaja
-¿Cuál es tu problema? – replicó el agredido joven, sin perder serenidad y temple a pesar del fuerte golpe que se había llevado en la espaldo cuando el otro lo arrojó contra los casilleros.
-No me gusta perder, y menos contra una niñita como tú.
-Las apariencias engañan
-Mis puños no – rió el bravucón, dispuesto a demostrar sus palabras con acciones. El otro muchacho arrugó el rostro al ver cómo su agresor tomaba impulso para soltar un golpe, pero antes que concluyera el movimiento contra su rostro, alguien sujetó la muñeca del joven y como si de un muñeco cualquiera se tratara, fue empujaron al otro lado del cuarto.
-¡OYE IMBÉCIL QUE TEE…¿E-Entrenador? – gimió temeroso el agresor al encontrarse frente a él con la asesina mirada del joven entrenador Dino du Rozan. El de alborotada cabellera corta ahora lo estaba fulminando con la mirada y el muchachito, sólo pudo tragar saliva nervioso.
-¡Serás idiota Kaiyo, peleando con el equipo contrario!
-¡P-pero… e-ese niñato empezó!…- dijo señalando al otro participante de la discusión. Dino giró apenas la mirada para ver al joven, reconociendo de inmediato no sólo el jersey con el número 01 del mariscal de la escuela visitante. Tuvo que contener un gruñido frustrado.
-¡Déjate de infantiles estupideces y lárgate de aquí!
-Pero entrenador, esa niñita noe—
-¡Es mi hermano! –Interrumpió Dino en un grito molesto, acallando con eso al necio y sorprendido jovencito que era sujetado por la playera con brusquedad, para enfrentar a mínima distancia los diabólicos ojos del entrenador.-¡Ahora lárgate antes que te expulse del equipo!-
Sin más que decir el muchacho tomó su mochila y se fue de inmediato.
Dino viró su atención a un tranquilo Mu, quien le sonreía tímidamente mientras le agradecía la intervención y el haberle llamado 'hermano'. El malhumorado Rozan, arrugó el rostro molesto y sin esperar a que el menor terminara de hablar, simplemente se dio la vuelta y abandonó el lugar; ignorando el llamado del otro a su espalda.
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La puerta frontal se abrió de pronto, sobresaltando a más de uno que se encontraba en la sala. La silueta de Saga apareció también y sus ojos buscaron de inmediato entre los presentes a quien desde hacía horas buscaba, pero la decepción pronto opacó el brillo esmeralda de sus ojos.
-¿No ha regresado?
-¿Quién? – Preguntó Afrodita inocente.
-¡Kanon¡¿No ha regresado?! – respondió Saga exageradamente exaltado, el menor no pudo evitar agazaparse en el sillón ante ese chillido.
-No le grites Saga- replicó firme Shura, apareciendo en la habitación- Kanon no ha regresado. Te dije que te llamaría si lo hacía¿o no?
-Me quedé sin batería y no…-El sonido del teléfono interrumpió la queja del mayor, quien de inmediato corrió hacia el aparato y levantó el auricular.
-¡¿Kanon?!
-No –replicó la voz al otro lado- ¿Estás bien Saga¿Sucede algo con Kanon?
-Papá…-musitó el mayor de los gemelos sorprendido y al mismo tiempo avergonzado de que su padre le escuchara alterado- No, no pasa nada… ¿Cómo estás tu¿Todo bien en tu exhibición?
-¿Saga, sabes si alguien a intentado contactar a Shura?
-¿Alguien¿A qué te refieres papá?
-. . . . - cuando su padre no contestó de inmediato, el mayor de los gemelos se puso en alerta.
-¿Papá…?
-Martha me contactó aquí. –Fue todo lo que necesitó decir para que Saga comprendiera. Sus ojos esmeralda ahora abiertos por la sorpresa, giraron de inmediato hacia su pelinegro hermano, clavándose en él. Suspiró, pasando una mano por su alborotada cabellera y se alejó unos pasos de donde estaban los demás ocupantes de la sala.
-No ha comentado nada – susurró- se ve como siempre, supongo que aun no tiene algún encuentro. ¿Hablaste con ella¿Qué quiere?
-No, aun no lo hago. Nos veremos mañana, pero quiero que estés al pendiente de Shura¿de acuerdo?
-Si claro, no te preocupes.
-Volveré en cuanto pueda. Cuídalo por favor.
-Llámame luego. Adiós.
Saga cortó la comunicación y llevó sus manos a la cabeza, revolviendo su cabello con un gesto de frustración, mientras se dejaba caer contra la pared pesadamente.
Por un momento su frenesí por encontrar a Kanon había cesado. Ahora su cabeza estaba llena de preguntas sobre esa mujer. ¿Por qué aparecía ahora¿Para qué? Si Dohko le había llamado, seguramente tenía intenciones de acercarse a Shura. No era justo.
Después de tanto tiempo…
Saga resopló abatido y por instinto pensó en ir a buscar de inmediato a su gemelo para contarle de esto. Kanon siempre manejaba los problemas con mayor ligereza que él. Ahora necesitaba de esa habilidad, de su presencia y apoyo.
Pero Kanon no estaba…
¿Y de quién es la culpa? Tuya… ¡Siempre tuya!
-No… no… - Saga cubrió sus oídos con las manos y apretó fuertemente los ojos.
¡Culpable¡Lo alejaste de nosotros!
-¡Cállate, no eres real!
No te llama, no te busca. ¡Lo vas a perder!
-¡NO¡Cállate! No puedo perderlo… no puedo… sin él---
-¿Saga? – la voz de Aioros sorprendió al peliazul, que de inmediato levantó el rostro y se encontró con su preocupado amigo inclinado sobre él. ¿En qué momento había terminado sentado en el piso?
-¿Saga, estás bien?
El de ojos esmeralda se levantó sin decir palabra y clavo sus apesumbradas pupilas en el de cabellos chocolate. Aioros había sido su mejor amigo por años, aun ahora luego de tanto tiempo separados, podía sentir su presencia como un necesario tranquilizante. Como un lugar seguro donde pasar la tormenta.
Saga dio un paso hacia el moreno, levantó los brazos y se aferró al otro con fuerza, mientras cerraba los ojos y dejaba que la sensación de estar acompañado y cuidado por alguien más inundara sus sentidos.
Aioros sólo tardó un par de segundos en reaccionar y envolver en un fuerte y protector abrazo al peliazul. Saga no había pronunciado palabra, pero él no las necesitaba para ofrecerle su apoyo. Todo lo que quería era sostenerlo entre sus brazos, como había estado deseando hacer desde que volvió a verle.
Ninguno de los dos se dio cuenta entonces que un par de ojos violeta había observado todo desde el umbral de la puerta.
Continuará…
Muchas gracias por los reviews que me han dejado, me alegra que les guste la historia. Cualquier duda o comentario, es bienvenido.
