Capítulo 11
El tiempo pasaba sin tregua y en la ciudad de New York no era la excepción, el frío azotaba con fuerza dejando a su paso alegría o tristeza, dicha o soledad, pero con el mensaje claro que la ficha siempre tiene dos caras.
Un joven actor recién caído en las manos del matrimonio se encontraba en su camerino, sentado frente al espejo, se sentía como león enjaulado, jugaba con su argolla y pensando en la causa de su afecto y enojo.
- Dos días, dos malditos días sin ver a mi pecosa, dios… - se alboroto sus cabellos
Candy llevaba dos días seguidos haciendo guardia de noche en el hospital, aparte de su horario normal por consecuencia no ha estado en casa.
- Malditos doctores - volvió a mostrar su enojo, se levantó y empezó a caminar de un lado a otro en el pequeño espacio y con cada paso odiando más a los doctores, lo que le molestaba es que se habían aprovechado de Candy, diciéndole que por ser nueva tenía que cubrir dos guardias, que si no lo hacía que se olvidara de ser parte del hospital, ya que para una enfermera no tenía que importarle día u hora, siendo así que Candy no se pudiera negar.
En medio de su caminata Terry se detuvo y sonrío, nunca pensó estar así y menos por una mujer, pero para él Candy no era una simple mujer, era su mayor tesoro, podía parecer tonto pero se estaba volviendo loco y al mismo tiempo se burlaba de sí mismo ya que después de jurar que no necesitaba a nadie ahora dependía totalmente de una mona pecosa para sobrevivir.
Volvió a su frenética desesperación, haciendo que volviera a caminar, pensando que ya tenía planeado como le recriminaría a su esposa, que si así sería siempre su trabajo que se olvidara de él, pero luego se decía tonto, ya que no podía ser egoísta y hacerle eso a Candy, pero solo el hecho de pensar que otros podrían disfrutar más que él de sus risas, cuidados y demás lo ponía mal, ya que en tan poco tiempo se había acostumbrado que al volver de los ensayos o de la función, su amada esposa lo esperaba cariñosamente con la cena lista, para después disfrutar de su compañía, ya sea simplemente abrazados y hablando de su día, frente al fuego de la chimenea o amándose hasta el amanecer, para Terry eso era el cielo.
Pero agradecía que hoy ya la encontraría en casa ya que después de salir de su turno a las 10 de la mañana tendría dos días libres por su dura jornada, ya que llevaba dos semanas sin descansar, y se desquitaría del todo el tiempo perdido dulcemente pero lentamente, lamentablemente ahora sus ensayos eran en la mañana.
Al pensar en esto lo hizo detenerse de nueva cuenta y que en su rostro apareciera una mirada enamorada y una tierna sonrisa, dirigió la mirada hacia el espejo de su tocador y encontró con el rostro que tanto adoraba, una foto de Candy lo recibía sonriéndole gloriosamente, se acercó y la acaricio con adoración como si ella estuviera ahí, pero unos golpes lo sacaron de su ensoñación y antes que pudiera reaccionar la puerta se abrió, el reflejo dejo ver como una Susana entraba para luego cerrar la puerta tras de sí, pero no se voltio y de nueva cuenta poso su mirada en la foto de la pecosa.
- ¡Terry, buen día! – entusiastamente lo saludo – el ensayo está por comenzar – su alegría se esfumo al ver como Terry admirada la foto embelesado, pero aparentado con una enorme sonrisa, le gustaría ser la dueña de esa mirada
- Te agradecería que cuando tocaras esperaras si te doy el pase o no – ella trato de decir algo pero Terry no lo permitió – en cuanto a los ensayos desde hace días son a la misma hora, lo recuerdo perfectamente y siempre soy puntual – su tono era frío e impersonal, todo esto lo dijo sin siquiera verla por el reflejo, su completa atención la tenía en la luz de su vida, a regañadientes se alejó y caminó hacia la puerta sin ver a su molesta visita y salió dejando a una Susana molesta y dolida, ella se acercó al tocador y vio la foto
- Terry será mío, cueste lo que cueste – su mirada era de odio, dejo el camerino
La mañana trascurría sin novedad, pero los actores estaban cansados ya que Robert exigía perfección debido a que el cierre de temporada seria el 31 de diciembre y para eso faltaban 2 semanas. Para a mediados de enero empezar con la gira en distintas ciudades
Mientras Terry recitaba sus diálogos, el corazón le dijo que viera hacia las butacas, así lo hizo y lo que encontró hizo que su corazón se volviera loco de alegría, ahí estaba la única persona que pudo poner su mundo de cabeza, sonriéndole solo como ella sabia y lo derretía, y se propuso admirarla, Candy llevaba su pelo agarrado en una coleta con un vestido amarillo que le hacía lucir encantadora, no importaba lo que ella usara, simplemente era hermosa, no pudo evitar devolverle la sonrisa haciendo que su dialogo se interrumpiera y llamando la atención de todos, que dirigieran la mirada hacia donde Terry observada detenidamente, Susana la odio más, incluso se entrometía en su terreno, y Robert no pudo evitar sonreír al ver a la pareja enamorada que con una sola mirada su alrededor dejaba de existir y se adentraban a su burbuja, haciéndole tomar conciencia del tiempo.
- Jóvenes tomen un descanso de 1 hora – eso fue melodía para Terry. Sin pensar en más Terry salto del escenario al encuentro con su amada y sin importarle nada la beso, haciendo que Candy se sonrojara, con esto hicieron que en una mirada de odio también hubiera dolor y rencor
- ¡Hola Amor!– dijo Terry al momento de abrazarla y volverla a besar
- ¡Hola mi amor!– Candy no podía evitar sonrojarse más por las muestras de cariño por parte de su esposo sin importarle nada, haciendo que Terry sonriera con gusto por provocar eso en ella.
- ¿Qué haces aquí? – mientras la tomaba de la mano y empezaban a caminar hacia los camerinos
- Si no te gusta mi compañía, puedo irme – Terry se arrepintió de haber dicho eso al escuchar el tono de desilusión en Candy
- No pecosa – se detuvieron y la abrazo – lo que pasa – las palabras se quedaban en su garganta sin poder decir que le encastaba que ella estuviera ahí
- Tontito – lo beso, y le regalo una encantadora sonrisa haciendo que Terry entendiera que era una broma
- Señora Grandchester, esta me la pagas – pero antes de poder hacer algo Candy se escabullo de sus brazos hábilmente, pudiendo así llegar al camerino para luego entrar e intentar cerrar la puerta pero Terry lo impidió, aunque claro Candy no hacia fuerza, él entro fácilmente, cerró la puerta tras de sí y tomo a su pecosa de la cintura para luego acorralarla contra la puerta
- ¿Lista para su castigo? – viéndola seductoramente y antes que ella pudiera responder la beso, diciéndose cuanta falta les hizo el otro en estos días, el beso era dulce, se separaron con los ojos cerrados escuchando sus respiraciones aceleradas
- ¡Siendo así, estoy dispuesta a aceptarlo! – ahora ella lo tomo por el cuello de la camisa y lo beso apasionadamente, Terry estaba empezando a perder el control deseando estar en su casa y no en el camerino, y Candy lo noto y empezó a detener la caricia suavemente para luego ver como Terry la miraba enamorado – Amor te traje el almuerzo – dijo torpemente, esa mirada siempre la perturbaba, pero Terry la volvió a besar – amor…
- ¡Estoy ocupado! – y se dejaron llevar pero al poco tiempo Candy volvió alejarlo
- Terry… este… no... es el lugar… - No podía hablar, Terry no la dejaba de besar, pero al fin lo alejo completamente – amor compórtate – pero Terry hizo caso omiso y la volvió a acorralar, empezó a besar el cuello de Candy – Amor ¡por favor! - a regañadientes se detuvo pero tomo el rostro de la pecosa entre sus manos y le hablo al oído
- No me pidas eso, tengo dos días sin verte así que lo que menos puedo hacer es controlarme, ¿tú no me extrañaste? – de repente se sintió temeroso por la respuesta. Candy se estremeció por lo escuchado y pudo ver los temores en Terry, pero sabía que poco a poco lograría que Terry se librara de ellos, no le gustaba ver esa mirada suplicante aunque fuera para ella, ahora ella lo cobijo en sus brazos
- Mi malcriado – Terry no pudo evitar sonreír le encantaba que ella lo llamara así - claro que te extrañe, me estaba volviendo loca – lo vio fijamente para que él viera cuanta falta le había hecho – lo que más adoro en la vida es tu compañía, por qué crees que estoy aquí - lo beso en la mejilla – pero ahora estamos en el teatro donde trabajas -Terry no dijo nada solo la estrecho fuertemente entre sus brazos, pero al cabo de uno segundo o minutos, no estaban seguros, se separaron solo un poco y Candy rompió el silencio – ya tendremos tiempo, solo que al parecer tú debes descansar - beso los ojos de su esposo ya que su rostro mostraba unas encantadoras ojeras, debido a que las dos noches que Candy no estuvo con él había dormido muy poco, por no decir nada
Terry tuvo que aceptar lo que Candy decía, se tomaron de las manos y se dirigieron al sillón que había en la habitación frente a una hermosa mesa, Candy comenzó a sacar cosas de una cesta, misma que hasta eso momento Terry no se había percatado de su presencia y miraba a Candy embobado, amaba a esa mujer con locura, más que a su vida y por nada del mundo la perdería.
- Lo juro – murmuro, pero Candy lo escucho
- ¿Dijiste algo? – escucho pero no entendió lo que Terry dijo
- ¡Te amo! – y se acercó más a ella y deposito un beso en la delicada mejilla
- ¡Yo también te amo! – pero ella lo beso fugazmente en los labios
Se dispusieron a disfrutar de su almuerzo entre risas y platica amena, Candy le contaba lo adorable que era los niños del hospital, a Terry le encantaba verla así, él también le conto lo estresante que podía ser Robert y su exigencia para con los ensayos y cada función
- Sabes hable con Robert – cambio de tema Terry
- ¿Y qué te dijo? –ella lo vio expectante
- Pues que le hubiera gustado hacer publicidad para la obra pero que podía hacer, nos felicitó por nuestra boda y nos deseó lo mejor para el futuro
- ¿Y qué clase de publicidad quería hacer?
- … - la verdad no quería decirle pero si desde ya guardaban secretos, eso no funcionaría – pues… quería que a Susana y a mí nos relacionaran más allá de escenario como Romeo Julieta – y vio como el rostro de Candy casi imperceptible se entristecía
- Ya veo – estaba viendo detenidamente su plato – ahora recuerdo que cuando estuve en Chicago los periódicos no dejaban de elogiar la encantadora pareja que hacían – había un deje de tristeza en su voz y Terry la comprendió ya que el tenia los mismos temores de que alguien le pudiera robar el amor de su esposa, se levantó, hizo a un lado la mesa y se arrodillo frente a Candy
- Amor… – tomo las delicadas manos entre la suyas, haciendo que Candy lo mirara, para luego llevarlas a su boca y besarlas, verde y azul se fundieron - no hay nada en este mundo capaz de que haga que me fije en alguien que no seas tú pecosa, puede haber miles, millones de mujeres a mi alrededor, pero mi corazón y mi alma solo gritaran tu nombre como dueña única de mi amor – los ojos de Candy se pusieron vidriosos y se arrojó a los brazos de Terry
- Perdón Terry, pero es que…
- ¿Qué pecosa? – la separo un poco – ¿no confías en mí?
- Claro que confió en ti – se apresuró a decir – pero… - bajo la mirada – Susana siente algo por ti, ella es hermosa, elegante, refinada y yo soy… – Terry coloco su dedo sobre su boca impidiendo que continuara hablando, tomo su barbilla
- ¡No vuelvas a decir eso! – estaba molesto y la pecosa lo noto – ella no se compara contigo, ella es hipócrita, falsa, no vale la pena siquiera decir lo que es – cambio el tono de voz a uno dulce – tu eres hermosa, bondadosa, encantadora, única y especial, aunque Susana volviera a nacer nunca me fijaría en ella – Candy le regalo una sonrisa y Terry comprendió que le creía y la abrazo
- Gracias por amarme como me amas – susurro ella
- Y a ti gracias por permitirme hacerlo
Siguieron abrazados disfrutando de la calidez y aroma que despedía el otro, ambos se sentían afortunados por saberse amados, sin saber cuánto duro ese abrazo, pero no les importaba, siguieron disfrutando de su compañía en el mejor lugar que conocían, los brazos del otro, lamentablemente fueron interrumpidos por unos golpes pero que en realidad solo Terry percato ya que Candy estaba tan ensimismada en lo que sentía que nada existía a su alrededor, Terry a pesar de estar igual escucho el ruido que interrumpía tan agradable momento, pero no le importo y lo ignoro diciéndose que si no daba el pase no debían de interrumpir y se propuso seguir disfrutando de Candy, para su colmo la puerta se abrió tempestivamente dejando ver a Susana que de inmediato busco con la mirada su objetivo y lo que encontró más allá de lastimarla enojo, Terry tenía el rostro hacia el lado de la puerta y se obligó abrir los ojos y con una mirada asesina se dirigió a Susana, pero esta no se cohibió
- Terry el ensayo esta por reanudarse – Candy al escuchar la voz trato de alejarse de Terry pero él se lo impidió
- Te agradecería que salieras - se escuchó la voz molesta de Terry
- Pero el ensayo…
- Te agradecería que salieras – subió el tono de voz, pero Candy con un apretón le pidió que se controlara y tuvo que hacerlo – No ves que estoy ocupado – dijo en el tomo más frio que pudo y al igual que la mirada, Susana no tuvo más remedio que irse humillada
- Amor – la dulce voz de Candy logro que Terry se relajara
- Es que… - pensó en decir que en un día había hecho lo mismo en dos ocasiones pero mejor callo ya que de nada servía comentarlo – nada – y la volvió a estrecharla entre sus brazos ya que no se habían separado pero se habían alejado un poco – en que estábamos – la beso
- Terry tienes que irte – se soltaron y él se colocó de nuevo junto a Candy
- Lo sé, lo sé – su tono era de fastidio – pero te quedaras, ¿verdad?
- ¿Quieres que me quede? - Ni siquiera respondió, la tomo de la mano y se levantaron listos para salir
- Pero tengo que arreglar esto – protesto Candy
- Mandare a alguien, tú te vas conmigo – y Candy no pudo hacer mas
Se condujeron por el pasillo hasta llegar al escenario, pero antes de subir Terry a él, fue a dejar a Candy a una butaca en primera fila junto a Robert, y unos ojos azules la mataron deseando que en realidad fuera esa la verdad
- Buenas tardes señora Grandchester – beso la mano que Candy le ofrecía
- Buenas tardes señor Hataway
- Solo Robert por favor
- Está bien, pero si usted solo me dice Candy
- Será un placer
- Ahora empecemos – se dirijo a Terry, ya que este solo medio presencio los saludos ya que se había perdido en sus pensamientos al escuchar lo bien que se oía que se dirigieran a Candy como señora Grandchester
De mala gana tuvo que alejarse para así ponerse a trabajar, subió al escenario y se topó con la mirada fría de Susana que los había estado observando pero si hubiera escuchado el saludo de Robert habría muerto, pero poco le importo a Terry y espero impaciente las explicaciones de Robert, este empezó a indicar cuales serían las escenas a ensayar, para sorpresa y disgusto de Susana, pero alegría para el castaño, ninguna escena era donde ella participaba con Terry, solo ensayarían las escenas del duelo, o de Romeo en su monólogos o hablando con sus amigos o primo, haciendo que su enojo fuera mayor, pero se le ocurrió una idea y bajo del escenario segura de ella misma
- Hola Candy – la pecosa escucho la voz de Susana muy cerca, y se extrañó, para su disgusto tuvo que apartar la vista de la extraordinaria actuación de Terry, cuando voltio ella se encontraba sentada a su lado – ¿cómo estás? – dibujo una risa que por demás era fingida
- Hola Susana, bien ¿y tú? – se obligó a ser educada a pesar de que había algo en ella que le daba mala espina, esto venía desde su primer encuentro de ella estando en New York, además que estaba consiente que ella estaba intestada en Terry
- Pues bien, y muy contenta con el resultado de la obra
- Me imagino – regreso la vista al escenario y se topó con los ojos de su Romeo, sus facciones eran serias, clara demostración que no le agradaba que Susana estuviera hablando con ella
Susana también noto la mirada de Terry pero la ignoro, ya que estaba dispuesta a demostrar que no era una simple adversaria
- Veo que tu estadía en New York se ha prolongado bastante - Candy pensó en decirle lo de su matrimonio ya que por lógica Susana no lo sabía
- Así es, y la verdad creo que New York será mi nuevo hogar – vio fijamente a Terry y quiso divertirse un poco
- ¿En serio? – no pudo disimular su incomodidad y molestia al saber lo que esa mirada significaba
- Si – voltio a verla – me han ofrecido una estupenda oportunidad en el hospital San Joseph y la he aceptado – volvió su mirada hacia Terry
- Ya veo – comprendía que si Candy estaba cerca la pelea sería más dura pero confiaba que saldría vencedora – y ¿dónde te estas quedando?
- Me estoy quedando… - pero la voz de Robert la interrumpió, diciendo que el ensayo por ese día terminaba – bueno Susana me voy, fue un placer saludarte
- Igual – cada quien se levantó y tomo su camino, Susana hacia los camerinos y Candy al encuentro con Terry
Pronto se vieron encaminados en el automóvil hacia su hogar, pero Terry quería saciar sus dudas
- ¿Qué quería Susana? – pregunto con un tono de voz de molestia pero que a Candy le encanto
- Saludar solamente – y no dijeron más, Terry no pudo evitar pensar que estaría planeando Susana ya que era obvio el desprecio que sentía por su pecosa, pero se dijo que no valía la pena pensar en eso, mejor disfrutaría de su pecosa, pronto llegaron a su hogar – iré a ver cómo está la cena – pero los fuertes brazos de su esposo se posaron en su cintura impidiendo su caminar
- Eso puede esperar – la voltio y la beso, pero Candy se escabullo
- Si me alcanzas… lo pensare – le guiño el ojo y salió corriendo hacia el jardín
- Pecosa del demonio – gritaba al tiempo que corría tras Candy
Mientras la nieve caía suavemente, una pareja corría en el jardín como dos pequeños, jugando al gato y al ratón, Candy se escondía para luego salir y lanzare una bola de nieve a su esposo que provocaba su risa, al mismo tiempo que trataba de alcanzar a su esposa, en un momento de agilidad por parte de Terry logro alcanzarla y la tumbo en el suelo dejándole caer nieve para luego convertirse en una lluvia de tiernos besos sobre el rostro de la pecosa, para después terminar en un beso apasionado.
Para su molestia el frio de la noche comenzó hacer estragos en ellos que estaban mojados por la nieve, tuvieron que interrumpir su magnífico juego para secarse sino se enfermarían y eso a ninguno de los dos le convenía, aunque si lo pensaban bien no era mala idea ya que podían revivir su luna de miel, juntos llegaron a su habitación, seguidos por miradas incrédulas de la servidumbre, ya que nunca habían visto una pareja sin igual, pero no podían dejar de afirmar que se aman a morir, y eso era agradable en esos tiempo que en lo que la gente solo pensaba era bienestar y no en felicidad.
Terry pronto se vio enfundado en su piyama que en realidad solo consistía en un pantalón negro de algodón, dejando al descubierto su extraordinario pecho, humedecido por las gotas de agua que soltaba su cabello, renovado con la ducha tomada, y esperando ansioso a su esposa que la había dejado lavándose el cabello, la ducha juntos era extraordinaria.
Recostado en la cama no pudo evitar pensar como su vida había cambiado en casi 2 años.
Recordó cuando vino a New York en busca del amor que solo una madre puede ofrecer, solo encontró más soledad pero que rápidamente fue suplantada por una hermosa ilusión que se le fue otorgada el día de año nuevo en clara señal que si miraba bien, la vida podía ser como él quisiera, triste o iluminada como los ojos color esmeralda que conoció esa noche, que desde que la dejo en cubierta no pudo dejar de pensar en ella incluso no le molestaba el hecho que lo haya visto llorar, pensó que nunca más la volvería a ver por lo mismo cuando bajaron del baro estuvo atento y viéndola con disimulo pero observo quien iba recogerla y sin saber por qué algo se quemó en su alma al ver que dos jóvenes la recibían efusivamente y ella no se quedaba atrás, vio como juntos se retiraban, él hizo lo mismo, pero para su sorpresa volvió a encontrarla en el hotel donde tuvo que obligarse a pasar la noche ya que en el castillo de su padre no podía estar, pudo percatarse que los jóvenes que acompañaban a la pecosa estudiaban con él, y eso lo hizo emocionarse, ya que lo más seguro era que ella estaría en la cárcel con él, ya que a que más podía llegar una jovencita de buena familia a Inglaterra, pero él esta consiente que ella no era igual que las demás y no tardo en comprobarlo, abriendo su vida a la felicidad
- ¿En qué piensas? - escucho la dulce vos de Candy a su lado para luego sentir los brazos de ella rodeándolo por la cintura, sacándolo de sus pensamientos
- En ti pecosa – y la abrazo
- ¿En mí? – le fascinaba escuchar eso
- Claro, en que más podría pensar – la beso haciendo que Candy ya no pudiera hablar y se entregaron a su amor
La noche paso como prueba fiel que si de verdad anhelas la felicidad, ella está a la distancia: de un quiero
Para el desagrado de Terry la noche paso muy rápido y de nueva cuenta se encontraba en ese escenario ensayando, y lo que más le incomodaba era que ese día Susana se mostraba más melosa con él, incluso cuando se da el primer beso en la obra ella le tomo el rostro por el lado que Robert no miraba para prolongarlo y eso si lo molesto haciendo que se retirara furioso, eufórico y maldiciendo, diciéndole a Susana, ¿qué, que se creía? Pero para desgracia de él ella solo le regalo una sonrisa autosuficiente.
Pero esto hizo que tomaran un descanso y se dirigió a su refugio. Para calmarse ya que cada día Susana lo alteraba más, pero se empezó a reír al pensar que diaria ella cuando el día del cierre de la temporada de la obra presentaría a Candy como su esposa, estaba seguro que se infartaría.
El pensar en Candy se dijo que no podía pedirle más a la vida, ya que antes creía que el teatro era su sueño y pasión, solo que ahora tener a su lado a su pecosa, se daba cuenta que ella era su vida, corazón y alma, toda valía la pena por ella y por su amor.
A la vez agradeció que Candy no lo acompañara, ya que cuando se empezó a preparar para salir al teatro, ella hizo lo mismo diciéndole que quería estar con él, pero antes de salir su madre había llegado pidiéndole ayuda para comprar unas cosas, y así no tener otra opción más que aceptar, pero Terry le prometió que trataría de salir antes y lo cumpliría.
Con esa motivación regreso al ensayo, pero antes Robert le dio unas ultimas indicaciones, estaba en el centro del escenario listo para la escena del baile donde miraba por primera vez a Julieta, y se dijo que definitivamente era un extraordinario actor ya que hacer cara de enamorado al ver a Susana era una obra maestra, se rio de sus ocurrencias, pero eso hizo transportarlo a la cubierta de un barco en medio de la bruma y al momento que conoció al ángel de su vida, y sonrió, ya que daría lo que fuera por tener delante de él a su pecosa.
Pero tuvo que hacer a un lado sus pensamiento, porque la voz de Robert se dejó escuchar indicando que empezaran con la escena, y se convirtió en Romeo, pero se propuso pensar en su Julieta, tan metido estaba en el papel que su alrededor dejo de existir, pero hubo un momento que su mente se alertó haciendo que viera hacia Susana, encontró una mirada de pánico y ella miraba algo sobre él, esto hizo que viera hacia arriba y vio como unos reflectores se estaban terminando de soltar y empezando a caer estrepitosamente, si saber porque su reacción no la fue la de quitarse de una muerte segura solo se preocupó por pensar en Candy y cerrar los ojos, al cabo de unos segundos sintió como era empujado hacia un lado haciendo que callera al suelo, diciéndose que al abrir los ojos encontraría ángeles que no eran su pecosa, pero cuando lo hizo, vio que se encontraba en el teatro tumbado cerca de la orilla del escenario, pero lo que lo asombro fue que no había nada sobre él, entonces enfoco su vista y con lo que encontró solo pudo reaccionar
Susana – trato de gritar pero en realidad solo fue un susurro
Continuara…
Cometarios Feb 09, 2018
Yo sé que muchas me han dicho que la reacción de Terry al ver los reflectores caer no tiene lógica, pero yo la hice basada en que he visto a gente se paraliza delante de una situación y no hace nada, por ejemplo he visto en noticias, videos a gente atropellada que al ver el carro cerca en lugar de seguir caminando o correr se quedan parados, y ha sido hombre o mujer, incluso en la historia original de Candy pasa, Terry no hace nada por quitarse, y eso no lo quise cambiar porque me gustaba más la idea de enfrentar la situación que evitarla. Espero me entiendan.
Cometarios originales
¡Hola Amigas!
Si llegaron hasta acá, estoy segura que me quieran matar, y me disculpo
Pero era algo inevitable ya que la vida no solo es de color rosa, y nos da las pruebas que está segura que podemos sobrellevar, solo es cuestión de quererlo hacer.
Espero sigan acompañándome, ya que esta aventura cada día se torna más bonita al recibir sus palabras de ánimo
Me disculpo si en algún momento la historia carece de gramática y de más, pero no soy un profesional en esto, entonces trato de plasmar de mejor forma mis ideas.
Ya saben que pueden mandar sus abucheos y reclamos, son siempre bienvenidos.
Nos leemos pronto
