Estaba pensando, como siempre, en cualquier cosa, en el libro que quería leer, en el que ya estaba leyendo, en las guías que preparaba para los chicos de primero, las malas notas de Sakuragui y su facilidad, mayor a la mía, de distraerse con cualquier cosa. Sentada en la banca, junto a Haruko y Ayako, la necesidad de terminar el trabajo de biología, en otras palabras de invitar a Rukawa a mi casa, no dejaba de fastidiarme. Lo que me tenía complicada era prácticamente todo, desde el acto mismo de acercarme a él (en público) o buscar el tiempo y el lugar de poder hablarle en privado, también estaba el hecho de que no nos habíamos dirigido ni una sola y escuálida palabra durante todo el día, así que simplemente acercarme y saludar era un reto. Y es que pensar en el muy seguro escenario que me miraba con esos ojos y pusiera esa expresión tan suya que a mí me hacía olvidar del mundo y de todas las frases coherentes que tenía pensadas me acobardaba. El último problema que le veía a la situación, después de lograr todo lo necesario, era estar solos.

Fue la primera práctica que estuvo cerca de asustarme a muerte, los golpes, los gritos, el enojo y el nerviosismo era evidente, incluso para una distraída patológica. Haruko era una chica agradable, tierna, inocente, amable, preocupada y muy distinta a mí, en todos los sentidos resultaba imposible suponer que de alguna extraña forma terminaríamos por ser conocidas, menos aun amigas. Pero con el tiempo y las circunstancias simplemente sucedió. Ese día Ayako nos invitó a pasear, a comer un helado y si alcanzaba el tiempo al cine, es cierto que mi primera respuesta fue no, porque prefería hacer al menos una docena de cosas antes que pasar una tarde de chicas, pero entre una opción y otra me decidí a acompañarlas, y es que la verdad me escondía de mi compañero de estudios.

Los planes de Ayako, tristemente no tenían nada que ver con la simpática propuesta hecha en el gimnasio. Apenas llegamos a la heladería nos encontramos con tres chicos del equipo, y es que la poco inteligente y desafortunada idea de mi ex mejor amiga, era nada más y nada menos que forzarnos a tener una "cita a ciegas". Como nunca he sido muy cortés, si no que apenas algo educada cuando a trato con las personas se refiere, tomé mi bolso y salí sin despedirme, no sin antes invitar a Haruko a acompañarme. Lo cierto es que la pobre no tenía el carácter para maltratar a sus amigos sin sentirse culpable, aun cuando eran sus amigos quienes la ponían contra la pared. Y no sé por que en ese momento de la vida tuve la necesidad de ayudar a alguien a salir de una situación engorrosa, cuando la mayor parte del tiempo me reía a carcajadas de esos momentos.

Fuimos de compras y hablamos un rato, supongo que ante la falta de amigas de confianza era un buen oído, o al menos teníamos buenas opciones de entendernos dado la coincidencia de nuestras realidades. Haruko me explicó porque no aceptaba a Sakuragui, me explicó lo importante que era para ella estar realmente enamorada de un chico antes de aceptar cualquier cosa romántica, que en realidad no quería ilusionarlo ni nada parecido y que por eso siempre tenía mucho cuidado en lo que le decía, finalmente confesó que era realmente distraída, mucho más allá de lo prudente y que su temor era haber dicho o hecho algo que llegara a herir sus sentimientos. Le conté que mi molestia tenía muy poco que ver con la suya, que mi interés era simplemente egoísta y que nada tenía que ver con los sentimientos de los demás, que al contrario de ella, mi preocupación era sentirme traicionada, manipulada y utilizada, que mi problema era la decepción en la amistad y que en realidad el que el amor propio de Mitsui me valía un carajo, pero claro, la dulce chica tenía por seguro el interés puro y sincero de su amigo e insistió en le debería dar una oportunidad.

Caminamos hasta que oscureció, y ahí nos sentamos a comer algo, entre pasteles y helados nos contamos una que otra cosa. La mayoría sin importancia, al menos que yo pudiera advertir, me contó sobre su hermano (otro basquetbolista), su familia, su afición por ese deporte y por un chico, que bien sabía yo quien era. Me contó que le gustaba desde siempre, desde que lo vio jugar por primera vez y de cada vez que lo vio jugar, me contó que un día entendió que para él ni siquiera existía y me confesó que al principio me detestaba por que un día cualquiera él me habló. Después sonrió, como si se riera de si misma, como si la idea fuera dejar el asunto atrás, pero volvió al tema y estuve a punto de decirle que tenía razón cuando me detestaba, que tenía una razón para no ser mi amiga, que tenía razón cuando pensaba que él no sabía que ella existía, estuve a punto de decirle que lo olvidara, que chicas buenas, como ella, no tenían nada que ver con chicos como él o chicas como yo. Por primera vez en mucho tiempo, me mordí la lengua para no hablar. Verdad era que no tenía asunto decir la verdad, que esta verdad no tenía ni pies ni cabeza, que nada de lo que pudiera decir podría hacer que ella sintiera diferente a lo que sentía, que no me parecía justo decir algo al respecto, porque yo no entendía de amores no correspondidos, de enamoramientos juveniles, ni de sentimientos gigantes.

Me fui a casa molesta conmigo misma por callar, por no entender que pasaba conmigo cuando una nueva amiga me confesaba su triste historia de amor y yo no hacía nada, y seguramente, no tenía nada que hacer, posiblemente nada hubiera cambiado si yo no conociera al protagonista de la historia, probablemente si no se acostaba conmigo lo haría con otra, menos con ella, por que es verdad que chicas buenas como ella, no hacen lo que yo hago. De todas maneras algo me molestaba, de todas maneras sentía que le debía algo, que le robaba su historia, y me dormí pensando en eso, en las historias de amor y desamor que no entendía.

La primera idea de la mañana fue para Ayako, un poco menos molesta que ayer, pude ver sus "buenas intenciones", y es que la verdad ella insistía en emparejar a todo el mundo, no soportaba la idea de ver a alguien sin compañía, solo que ahora era diferente, en vez de algo de una noche me buscaba novio. De alguna manera podía entender que no fue de mala amiga que intentó hacer de Haruko y yo las siguientes enamoradas del equipo, pero claro que la mentira, el engaño y todo lo demás no se lo perdonaba.

Y entre una idea y otra vi a mi amiga parada junto a mi banco, lista para sermonearme o para disculparse y como no fui capaz de adivinar, me quedé callada, leyendo las mismas líneas de mi libro una y otra vez, atorada por la frustración y la decepción.

-Hola Aiko, quería hablar contigo, ¿tienes un minuto?

-Para hablar si, pero si tu plan es otro distinto al que me cuentas, olvídalo, ya aprendí, de acá no me muevo.

-No me la vas a poner fácil, ¿cierto?

-No tengo por que.

-Bueno, quería disculparme, no debería haberles mentido. Es solo que yo quería…

-¿emparejar a todo el mundo? ¿sin importar lo que el mundo piensa?

-Algo así, es solo que se ven tan bien juntos, estoy segura que si te dieras una oportunidad entenderías lo que quiero decir.

-¿nos vemos bien? ¿acaso soy un adorno? ¿un fenómeno de circo? ¿una mujer trofeo?

-Está bien, entendí. Prometo no volver a hacer favores que la gente no quiere, solo que ¿me disculpas?

-Olvídalo Ayako, sabes que entre las promesas incumplidas de mi padre, el silencio de mi madre y las mentiras de mi hermano, lo tuyo es algo que se me pasa en uno o dos días.

-¿entonces amigas?

-En uno o dos días. Deberías disculparte con Haruko y Sakuragui.

-¿qué tan mal estuvo?

-Pésimo, le haces ilusiones a uno y le creas culpa a otro, de verdad deberías tener más cuidado.

-Pensé que a lo mejor esa chica se decidía, son amigos hace tiempo y él tiene buenas intenciones.

-Pero a ella no le gusta ni un poco.

-Pensé que ya se había olvidado de ese otro chico.

-Ni cerca está de eso, así que mejor deja esa pareja no pareja en paz.

-Tienes razón, si a Haruko le gusta otro le voy a ayudar. Tienes razón debería hacer favores que la gente quiere.

-Nunca dije eso, lo que te dije es que no deberías meterte en los asunto de los demás, de verdad Ayako deja a esa chica tranquila.

-No, ya lo decidí si quiere tener novio, yo le ayudo.

-Nunca escuchas, de verdad que no lo haces, Ayako mejor discúlpate y déjalo así.

Y mi amiga salió del salón a disculparse, sin despedirse o escuchar lo que de verdad le quería decir, y me quedé pensando en esa sensación fría y preocupante que sentí cuando confesó su nueva idea, porque qué podía hacer o decir yo si Ayako ahora quería emparejar a Rukawa con Haruko. Y entre sensaciones nuevas e irreconocibles se me pasó la mañana completa, dudando de que tan real era la determinación de hacer el papel de celestina en este amor no correspondido, al que le temía por miedo a lo que no entendía.

De una forma u otra, mi mente volvió a Rukawa, a la necesidad de terminar el trabajo que era para el día siguiente y en mi nueva duda, qué tanto acertaba o qué tanto me equivocaba cuando pensaba que no había futuro en los planes de Ayako, y pensé en preguntarle, de frente simplemente contarle la historia y pedirle su opinión. De todas las opciones que pasaron por mi cabeza, durante la siguiente hora de clases, esta era la más lógica, la más simple y directa. Y sin entender porqué era incapaz de decidirme escribí una nota, la dejé sobre su banco y me encaminé a la biblioteca, donde esperaba que apareciera.

Saludé a la Señora Omori desde lejos para evitar escuchar las historias nuevas que conocía y que poco tenían que ver con lo que me preocupaba. Subí la escalera de prisa, casi corriendo solo para sentarme a hacer bosquejos en mi cuaderno y esperar.

Antes de ser capaz de recobrar el aliento oí unos pasos lentos y distraídos por la escalera, callé mi tarareo constante para escuchar si estos seguían hasta el último piso o se acallaban antes de llegar frente a mí, sentí el silencio a los pocos segundos y pretendí ignorar mi decepción cuando creí que no era él. Volví a sumergirme en las páginas blancas de mi croquera, y vi que el grafito y mi mano superaron cualquier conciencia, que ambos habían traicionado mi autocontrol y contemplé hojas llenas de esa mirada azul profunda.-

-¿qué haces?- escuché las palabras sin levantar el rostro, sabía perfectamente quien era, reconocería esa voz entre otras miles, incluso después de mucho tiempo sin oírla sería capaz de asociar esa voz con esos ojos.

-Nada, solo te estaba esperando.

-¿sigues escondiéndote?

-Me descubriste.- y esto lo dije sin pensarlo siquiera, como si fuera la única respuesta posible a esa pregunta, como si mi expertis en los juegos de palabras y las respuestas ambiguas hubiera desaparecido en un segundo, para dejarme al descubierto y sin armaduras ante ese chico que había visto más de mí que cualquier otro.

-¿qué hago acá?

-Se me olvidaba, no te expliqué. Es que mañana tenemos que entregar un trabajo que no hemos terminada, así que hay que terminarlo hoy.

-Después del partido.

-¿partido?

-Después de clases, entre Ryonan y Shohoku.

-Pensé que no podías jugar.

-Es de práctica.

-Ah, tiene sentido. Entonces nos vemos en mi departamento. ¿cómo a qué hora piensas llegar?

-No sé, mejor me esperas, por si se me olvida.

-Puede ser. Te espero en la esquina, frente a la pastelería. Si nos vamos juntos, mañana me matan.

-Sigues con eso.

-Puede que para ti mi seguridad no tenga importancia, pero sí para mí, así que en la esquina.

-No sé por que piensas que si hablas conmigo vas a tener problemas.

-¿no sabes? ¿de verdad?

-Ni idea.

-Bueno, a lo mejor no te enteras, pero tienes un club de admiradoras y están un poco locas.

-¿admiradoras? Tienes mucha imaginación.

-Es realmente increíble que la única persona que no lo sepa eres tú. ¿Nunca te has preguntado quien grita tu nombre el los partidos?

-No me interesa.

-Wau, Eres raro.

-Tú también.

-No lo creo.

-¿y la discusión de la mañana?.

-Quisiera ver que si una amiga te hace lo que me hizo Ayako no te enojabas como yo.

-¿qué te hizo?

Y se lo conté todo, desde la invitación inocente hasta mis primeros pensamientos de la mañana, claro que nunca le dije quien era el enamorado de Haruko, y a él la verdad no pareció interesarle saber, así que me quedé callada. Le dije que ya no estaba molesta, pero tenía que mantener las apariencias un par de días, solo para asegurarme que no volvería a pasar. Y en ese segundo me hizo la pregunta más inesperada, la que nunca pensé escuchar de él.

-¿por qué no sales con Mitsui?- y en ese minuto no supe cuál era su duda, porque podía leer a casi todo el mundo, pero no a ese rostro.

-Por que no, ¿qué voy a ser yo con un ….

-¿deportista?

-Iba a decir idiota, pero eso también es cierto. Además que no salgo con nadie. No me gusta eso de las citas y los novios y los problemas y todo eso, tú entiendes.

-Supongo.

-¿y tú?

-¿yo qué?

-¿no tendrías novia?

-Que idea más rara.

-Hablo en serio, nunca has pensado en tener una novia, una buena chica, que te quiera, te cuide y todas esas cosas.

-¿para qué?

-Solo digo que una buena chica, tal vez no sería tan mala idea.

-una buena chica… ¿como tú?

-No es broma, hablo en serio.

-Yo también.

-No me fastidies, no estoy de humor para tu sarcasmo, ¿de acuerdo?

-No veo por qué piensas eso.

-Olvida el asunto, además eso de buena chica es un término que detesto, ni siquiera sé porque lo usé. La pregunta era otra.

-¿si tendría novia?

-Exacto.

-No, No me gusta eso de las citas y las novias y los problemas y todo eso, tú entiendes.

-Realmente hay días que no se puede hablar contigo.

-Ni contigo.

-¿qué te dicho?, primero me fastidias con eso de la buena chica, después te mofas de mis respuestas y para finalizar me culpas a mí de ser insoportable.

-A ti no se te puede decir nada que no quieras escuchar.

-¿qué sería eso?

-Olvídalo.

-Si eso es buena idea.

Salí de la biblioteca más molesta de lo que había entrado y decidida a no asistir al partido de Shohoku. Así que volví a la biblioteca en la tarde, pero esta vez no evite las historias ni los chismes, esta vez no tenía nada que hacer, nada que esperar, ni a nadie para conversar. Así que la señora Omori dio rienda suelta a su lengua, me comentó de parejas hechas y deshechas, de los problemas de profesores y una que otra cosa que ya olvidé, intentó interrogarme respecto a mi "amistad" con Rukawa, que aclaré que no era amistad, si no que estudiábamos juntos varias veces a la semana, le expliqué el cómo y el por qué, solo para que no hubieran confusiones y finalmente ella me aclaró que para muchos en la preparatoria, yo sí era su amiga, y me aconsejo cuidado con ese chico. Estaba decidida a permanecer en ese lugar todo el tiempo necesario, pero justamente las preguntas hechas no tenían una respuesta cómoda, así que salí antes de tiempo, caminé al patio buscando un árbol y una banca para leer. Una o dos páginas más tarde salían unas chicas del gimnasio comentando la tremenda superioridad de Ryonan, la perdida era brutal, vergonzosa.

Y me levanté de mi asiento, para hacer lo que no pretendía hacer, entré al gimnasio y de inmediato, entendí el resultado. En la banca, furioso, estaba sentado el equipo titular, y es que para el profesor Ansai era una buena medida no dejar jugar a quien no podría participar del campeonato. Y la idea me pareció brillante, si esto no amedrentaba a quien no estudiaba suficiente, nada ni nadie lo conseguiría. Sonó el silbato anunciando el final del cuarto, me encontró Yohei y Haruko que sufrían tanto como los de la banca, y se alegraron de verme. Conversé una que otra cosa con la chica, y ella me contó que las cosas estaban bien con Sakuragui, así que se ofreció a ser su tutora personal, y la idea me pareció perfecta. Se reanudó el encuentro con significativos cambios, el equipo titular ponía los pies en la cancha, y con ellos la velocidad y fiereza hicieron acto de presencia. Lo que siguió fue casi una epopeya, una batalla a muerte por revertir los errores del inicio, punto a punto Shohoku se acercaba a Ryonan, sin descanso, sin tregua, sin perder de vista la diferencia abrumadora que existía entre lo que eran y lo que podían llegar a ser, el equipo hizo todo lo humanamente posible para dar más de que ya habían dado, y lo consiguieron.

Terminó el encuentro y el ánimo de los espectadores era el de la incredulidad, el de la euforia y las ganas de celebrar. Me despedí de mis nuevos amigos antes de que me abrazaran y me hicieran parte de sus festejos, me escabullí del gimnasio y de la preparatoria para esperar en una esquina poco transitada al caballero de la brillante armadura, que había luchado a muerte y que había vencido. Así que ahí me quedé, mirando los pasteles que pretendía comprar y los que en realidad no me gustaban tanto, pero que igual miraba. Salí de la tienda con mi cena en la mano pensando en la maravilla que traía conmigo y lo bueno que sería llegar pronto a casa, y justamente en ese momento me encontré con la sorpresa de que él ya estaba esperando frente a la tienda, con la misma cara de siempre, pero aun sin poder leer pude adivinar lo que me quería decir, el mismo reclamo de cada vez que me tuvo que esperar. Caminamos al departamento en silencio, esperando que el otro hablara, que el otro diera ese primer paso, esperando que de una u otra forma la conversación de la mañana fuera terminada u olvidada. Y al fin llegamos, anuncié que iba a servir la cena antes de estudiar porque era tarde y tenía hambre. Entre una cosa y otra lo perdí de vista, lo busqué en los lugares obvios y di con el fresco recuerdo de hace unos días, con el recuerdo de Rukawa en mi departamento como una visita grata, el anochecer en la terraza y el amanecer en la habitación, reanudé la búsqueda con la sensación de que hoy no podía ser diferente y lo encontré acostado en mi cama, durmiendo.

Quise despertarlo, quejarme hasta el cansancio por su desinterés en sus calificaciones y en las mías, quise gritarle que despertara de una buena vez, por que me había tomado la molestia de servirle la cena sin esperar nada a cambio, quería decirle y quería que me escuchara, que era suficiente de sueños a media tarde porque había tanto que hacer, que era suficiente de olvidarse del mundo. Pero no pude.

Encendí mi laptop y terminé el trabajo sin esperar nada, y prometo que fue la primera vez que hice algo parecido por alguien, porque nunca había aceptado hacer trabajos que no eran míos, nunca había compartido los méritos de un trabajo bien hecho, nunca había dejado a mi compañero dormir para yo trabajar. Pero no pude hacer algo distinto, porque lo había visto jugar hasta el límite de su capacidad y seguir jugando, lo vi agotarse por algo que le apasionaba, por algo que le daba sentido a todo, lo vi hacer justamente lo que nunca yo he podido hacer. Por primera vez, me pareció que ese cansancio merecía todo mi respeto, y la única manera en que yo podía ser parte de eso era con el acto desinteresado y altruista que siempre negué hacer.

Pasaron las horas y llegó mi cansancio y mi sueño, configuré la impresora, envié una copia y salí rumbo a mi habitación. Me preparé para dormir y desperté a Rukawa, le susurré que se sacara el uniforme que ya estaba arrugado y se acostara bajo las mantas. Regresé al estudio, corregí un par de errores, envié otra copia, apoyé la cabeza sobre brazos en el escritorio y me quedé dormida, recuerdo vagamente, haber visto las una y treinta.