HOLA:
Bien, este es el capítulo once, y después de aprobarlo todo y tener nota de sobra para entrar a la universidad, he escrito el capítulo más largo de todos y la verdad es que me da mucha alegría haber llegado a este capítulo, sin vosotros no hubiera sido posible. Muchas gracias y que lo disfrutéis, y ya sabéis, cualquier comentario o fallo, un review!!
NOTA 1: VOY A PONER EL FIC EN LA SECCI"N R, más que nada es porque no quiero que lo quiten de aquí con la caza de brujas que están haciendo. Espero que esto no sea un problema para los lectores, pero lo hago precisamente para poder seguir poniéndolo en esta página. Lamento las molestias!!!!
NOTA 2: YA ES SLASH, y aunque no mucho, lo es. Así que si no te gusta, si puede herir tu sensibilidad o algo por el estilo hazte un favor a ti mismo y hazme uno a mí y no lo leas si puede representarte un problema. No quiero que nadie critique el fic por eso.
Disclaimer: Todos los personajes utilizados son propiedad de J.K.Rowling y no son usados con ánimo de lucro, así que no me demandéis.
GALA SNAPE: Gracias por soportarlo todo de una, te mereces un premio. Espero que este capítulo te guste y que esperar haya merecido la pena. Me hace mucha ilusión que digas que te llegó lo que escribo, así que sin más, disfruta de la lectura.
GABYKINOMOTO: Ginny siempre acaba soltando las cosas como las veo yo, es un poco el personaje en el que me identifico más y es tan atolondrada como yo. Gracias por esperar y que te guste mucho el nuevo capítulo.
MEIKO: Lo siento, pero los capítulos no puedo hacerlos mucho más largos, además, que si lo fueran tardaría mucho más en ponerlos. Al final todo salió como yo quería y tengo nota de sobra para selectividad, así que espero poner el doce en poco tiempo. Me alegra que te guste y gracias por dejar tu granito de arena!!!!
ZEKHEN-ANGEL AND ZEKHEN: Puedes reír por ambos y llorar por ambos, la verdad es que no se quien tiene las cosas peor, si Ginny o Harry y Severus, aunque espero que te guste y me gustaría hacer una aclaración. Sé que mi nick puede llevar a confusión, pero en realidad no soy basca, el nick es fruto de mi amistad con una chico que si lo es y me aconsejó con el nombre porque estoy muy interesada en el idioma y su procedencia. Siento no haberlo aclarado antes y espero no lo tomes a mal. Gracias por el review!!!!!!!!!!
ENIDE-KANT-BLACKBLUEFOX: La cosa está bastante complicada, pero no será un problema, espero que te guste el capítulo siguiente y siento no poderlo haber subido antes, pero el trabajo se me agolpaba por momentos. Gracias por tu granito de arena!!!!
KENDRA DUVOA: Verás como todo se arregla y como si se comprenderán, aunque no todo va a ser fácil en la historia. Gracias por comprender que estaba ocupadísima y que no podía actualizar antes. Gracias!!!
TXIRI: Verás como se entienden y se comprenden y verán que las cosas cambian mucho cuando las miras con algo de distancia en el tiempo. A ver si este capítulo te gusta y espero actualizar pronto. Me gustaría hacer una aclaración. Sé que mi nick puede llevar a confusión, pero en realidad no soy basca, el nick es fruto de mi amistad con una chico que si lo es y me aconsejó con el nombre porque estoy muy interesada en el idioma y su procedencia. Siento no haberlo aclarado antes y espero no lo tomes a mal, sé que tendría que haberlo aclarado, pero tengo la cabeza en mil sitios diferentes!!!!
VELIA: Ginny siempre se mete en todos los fregaos, es más o menos como yo, la verdad y después acaba como siempre, con un pequeño problemilla con el profe de pociones, pero vamos, que es ya lo normal. Espero que te guste el rumbo de la historia y el final del capítulo. Gracias por tu granito de arena!!!!!!!!
ANNA POTTER: Siento no haberlo subido tan pronto como tu deseabas, pero ahora que he terminado las clases y todo el trabajo he podido continuar. De todos modos, ahora tengo que continuar estudiando para selectividad, así que estoy en las mismas, aunque con un poco más de tiempo.
CHIQUINKIRA: Espero que sea de tu agrado y que merezca la pena la espera. Ya sabes, críticas, pelotazos y demás al review!!!!
PAULA MOONLIGHT: Gracias por esperar y espero que sea de tu agrado. Dumbledore aunque parezca que se queda con la negativa tiene sus propias formas de actuar y hacer que los demás hagan lo que el quiere. Así que siempre acaba en medio de todo, eso le pasa por meterse.
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Harry, muy sorprendido, vio entrar al profesor Snape en el despacho del director. En ese momento no supo como reaccionar, pero su corazón le dijo que tenía que irse de aquel lugar en ese mismo instante. Con ese pensamiento, se levantó de la silla:
-Lo siento director, pero creo que lo mejor que puedo hacer en este momento es irme de aquí cuanto antes.- dijo fríamente, sin mirar tan sólo un segundo hacia el profesor, que se quedó helado al entrar en el despacho y encontrar a Harry. El más joven se dio la vuelta maquinalmente y dirigió su mirada, de odio y desprecio al profesor. Realmente le aborrecía, no pensaba que el odio y el rencor de una persona pudieran hacerle llegar tan lejos. Estaba claro que no era su culpa, si el profesor no hubiera roto su saeta él no hubiera roto ese tonto, inservible e insignificante violín. Si supiera Snape todo el odio que en ese momento Harry sentía hacia él, se hubiera quedado paralizado.
-Aquí el que se va soy yo- dijo con furia incontrolada el profesor, respondiendo con más desprecio y odio, si eso era posible, a la mirada de Harry. Se dio la vuelta y puso su mano sobre el picaporte, y al intentar abrir, este ni tan sólo se movió. El profesor soltó el picaporte, y exhalando un suspiro para tranquilizarse, se dio la vuelta, observando al director de Hogwarts, que en ese momento se veía más majestuoso que nunca.- Albus, no me obligues a salir de aquí por la fuerza.
-No, no es necesario que ninguno de los dos salga de aquí, porque vamos a solucionar el problema de raíz- No iba a usar un hechizo, así que alzo las dos manos con las palmas hacia arriba, una hacia cada hombre y continuó- ¡Varitas!
Ni Severus ni Harry pretendían darle su varita así como así. Ambos dirigieron su mano al cinturón, para asegurarse de que las varitas continuaban allí, sin moverse. Con las varitas seguras en sus manos, miraron con la misma expresión de desafío al profesor. Eran demasiado parecidos, dijo para sí el director, pero podrían estar todo el tiempo del mundo encerrados, de allí no saldrían hasta que hablaran y no hablarían hasta que no dieran al director sus varitas.
-Yo tengo todo el tiempo del mundo, así que cuando quieran pueden darme sus varitas. Pero no saldrán de aquí sin dármelas.
El director parecía decirlo en serio, y continuaba con sus manos levantadas hacia ellos. Harry se lo pensó. Lo que quería era marcharse cuanto antes de allí. Y si eso implicaba darle la maldita varita al director, se la daría. A su lado, Severus Snape tenía los mismos pensamientos, aunque estaba bastante indignado al ser tratado como uno de los alumnos. Harry tendió su varita hacia Dumbledore y la depositó en su mano. Segundos después, el profesor hacía lo mismo, pero antes de depositarla con cierta desconfianza, manifestó su desacuerdo.
-Esto es totalmente intolerable, director, soy lo suficiente mayor como para saber controlar mi magia.- Dijo fría y duramente.
-Me alegro de ello, Severus. Pero sabes que en mi despacho nadie usa la magia excepto yo.- Una norma, simple y clara, pero que había dañado al orgullo de dos de los presentes.- Sé todo lo que ha ocurrido, desde que esto empezó hasta este momento. No estoy orgulloso de ninguno de los dos. Tú, Harry, has intentado por todos los medios hacer de esto imposible y no has reflexionado tus acciones- mientras el director decía esto Severus Snape alzaba la ceja con la prepotencia de quien se cree en posesión de la razón- Y tú tampoco te salvas Severus, respondiendo a sus provocaciones, sin controlar tu ira. No puedo hacer que de la noche a la mañana seáis compañeros en la misma empresa, y os tengáis todo el respeto de un alumno y profesor convencionales. Pero es imposible para mí, también, dejar que seáis enemigos encarnizados, cuando por vuestros sentimientos en contra del otro, nos hacéis débiles. He comprendido que al final del curso pasado, si hubierais confiado uno en el otro, nada hubiera ocurrido.
-¡No se le ocurra decir que Sirius murió por nada! ¡La muerte de Sirius es totalmente su culpa! ¡Estoy seguro de que él lo deseaba con todas sus fuerzas! ¡Quería hacernos daño! Hubiéramos... hubiéramos sido... una familia....- Dijo Harry señalando al profesor.
-¡Ya basta! ¡Estoy harto de esa actitud! Te haces daño. Esa es la causa de todo lo que pasa Harry, con esos sentimientos, lo único que consigues es que Voldemort te vaya poseyendo poco a poco. Lo que te salvó de él una vez fue el amor de tu madre, lo que puede salvarte ahora no es otra cosa que el amor.
-¿Qué tengo yo que ver con eso?- preguntó Snape con ganas de matar a alguien, tanto sentimiento estaba dándole ganas de vomitar. Si Potter tenía un exceso de hormonas, era exclusivamente problema suyo.
-Os odiáis tanto que ni siquiera dejáis espacio en vuestro corazón para amar a alguien. Y realmente no sé si os odiáis el uno al otro o a vosotros mismos. Harry, esto te lo recomiendo para que puedas ser fuerte y feliz, y lo mismo te digo a ti Severus. No sé que es lo que me gustaría deciros para que comprendáis que debéis hacer un esfuerzo.
-Hay algo, director, que se le olvida. Y es que hay personas que simplemente no pueden llegar a llevarse bien. -Continuó en sus trece el profesor de pociones.
-Algo me dice que vosotros, con algo de empeño, podéis llegar a tener una relación formal profesor-alumno. ¿Qué decís? ¿Intentaréis por la causa, algo superior a vosotros, y por los demás miembros de la orden, llevaros bien?
-Lamento tener que decirle, director Dumbledore, que he perdido mucho por la causa, y mi dignidad se mantendrá, hasta que vengue la muerte de mi familia.
-Yo solo puedo decir que espero que por el bien de todos, la causa tenga suerte, yo participaré de ella, pero no tengo interés en perder mi tiempo con personas que no pueden ver que existe mundo a parte de ellas.
-Está bien, veo que esa es la decisión. Lamento no haber podido ser de ayuda con esto, aunque en el fondo de mí, pensé que cambiaríais de opinión. La semana que viene suspenderemos las tutorías, que empezaran una vez pasado el día de Navidad. Bien, aquí tenéis las varitas, espero que como mínimo no tenga que intervenir porque hayáis llegado a las manos.- Pero Albus Dumbledore no se iba a dejar vencer por una tonta negativa. Estaba seguro de que tenía que haber una manera, y si la había, la encontraría tarde o temprano.
-Le aseguro que no director- dijo Harry mirándole con cara de total seriedad.
-Eso está seguro, mientras Potter se controle, todo funcionará- dijo Snape ignorando la mirada reprobatoria del director.
-Creo que ahora sí debería marcharme, director. Le aseguro que no es mi intención dirigirle la palabra al profesor y espero que él no me la dirija si no es estrictamente necesario. Ahora si me permite- dijo Harry levantándose y recogiendo la varita. Cuando hubo abierto la puerta se giró hacia los dos hombres y continuó- tengo que ir a clase.
Severus Snape se levantó de su asiento y recogiendo su varita de encima del escritorio del director, se dispuso a salir. Antes de que hubiera dado dos pasos, Dumbledore le cogió del brazo, para que se girase. Ambos se miraron interrogantemente durante unos momentos, antes de que el director rompiera el silencio.
-Severus ¿Estás seguro de que estás bien?- preguntó preocupado.
-Albus, no creo que eso sea de impor...
-Me da lo mismo lo que creas, pero yo creo que no estás bien. Lo ocurrido la noche pasada te hizo daño ¿verdad?- volvió a preguntar el hombre más mayor.
-No hay nada que Potter pueda hacer que me haga el más mínimo daño- continuó con su mascara de frialdad.
-Eso no es cierto. Te dolió tanto que ni siquiera pensaste en lo que hacías. Todos tus recuerdos se han ido por el retrete. Y ¿sabes qué? Creo que es lo mejor que podía haberte pasado.
-¡Esto es surrealista! ¡Defiendes a un niñato taimado y egoísta por romper cosas de mi propiedad! Esta conversación está degenerando por momentos.-dijo con una sonrisa de sorna el profesor de pociones.
-No defiendo a nadie, solamente sé que romper con tus recuerdos, con tu pasado, con el dolor de tu corazón es lo que más necesitas. Del mismo modo que Harry tiene que romper con su rencor y su pena. Ser feliz y no hacerte pagar todas tus culpas haciendo de tu vida una existencia deprimente. Recuerda con amor a Sylvanus, pero no con ese deseo de vivir por él, porqué él, esté donde esté, no desearía que vivieras así. Te lo he dicho muchas veces, y te lo repito ahora, supéralo. Es difícil, todos hemos perdido, pero no es esa la solución.
-Lamento tener que volver a repetir que eso es algo que no es de su competencia. Usted es el director y yo un profesor, y mi vida personal no entra en ese juego.
-Pero sí entra en la parte en que yo me convierto en tu amigo, y es desde mi amistad desde la que hablo. Somos compañeros en la orden, en algo más que en lo que serían un profesor y el director de un colegio. ¡Deja ya de decir tonterías y acepta por una vez en la vida que estás equivocado!- Albus Dumbledore no parecía ya el majestuoso y poderoso director de Hogwarts, si no que su rostro reflejaba preocupación y hasta cariño paternal, por el joven que tenía delante.
-Albus, tengo clase. Ya hablaremos.- dijo Snape marchándose y dejando la puerta abierta, a lo que el director se asomó y gritó por la escalera:
-¡Por supuesto que hablaremos!
Cuando Harry llegó al gran comedor, solamente quedaban cuatro rezagados y, como de costumbre, Hermione esperando a que Ron terminara su interminable y suculenta comida. Ginny, ya había salido en dirección a su clase junto con Luna, y Ron iba ya por el tercer postre. Parecía que estar nervioso tenía cierta influencia en su apetito y le hacía vaciar media mesa.
-¡Harry!- le llamó su amigo tragando- ¿Cómo te encuentras?
-Bien, el mareo pasó tan pronto vi llegar a Snape, al ver su cara llegaron las náuseas.
-¡Harry!- dijo en su ya natural tono reprobatorio Hermione.- ¡Que es tu profesor!
-Si, el hombre al que según todo el mundo tendría que pedir perdón y casi adorar. Pues que quede claro que no quiero ni oír su nombre.
-No seas tan radical...-comentó la joven- tal vez si os pidierais perdón...
-Mira, el caso es que no pienso perder la poca dignidad que me queda ¿Vale? Si el me pidiera perdón, ni siquiera sé si lo aceptaría. Además, ¡No voy a inclinarme ante nadie que sea un asesino! Y mucho menos cuando debería estar muerto por ser mortífago.
-No puedes juzgar a las personas así como así- comentó sabiamente Ron, aunque la verdad era que el comentario se lo podría haber aplicado a sí mismo.
-Pues si se siente prejuzgado, puedo darle la bienvenida a mi mundo, en el que nadie va a preocuparse de saber quien eres o si te equivocaste.
-Vamos a clase- dijo con un deje de decepción Hermione. En el fondo de su corazón albergaba la esperanza de que Dumbledore lo solucionara. En aquel momento, una salida no era lo que más cerca veía.- Encantamientos- dijo antes de que uno de los despistados de sus amigos preguntara, siempre se olvidaban de todo, sobretodo que ahora estaban aprendiendo hechizos tan importantes.
Después de salir del salón de encantamientos, tenían doble hora de pociones, algo que era casi más eficaz, si querías morir, que la opción por el suicidio. Harry no quería bajar, pero si no lo hacía, parecería intimidado y precisamente él no se amilanaba con facilidad. Hermione y Ron le observaron bajar delante de ellos, muy decidido debido a su rabia. Se sentó en el lugar de costumbre y con una eficiencia y frialdad estudiadas, se dispuso a apuntar las instrucciones de la pizarra. Otra poción complicada. Bien, si Snape iba a ponerle a prueba, Harry lo conseguiría. No tenía ni su juego de ingredientes para pociones ni tampoco sus plumas o pergaminos. Hermione y Ron compartieron con él sus cosas, comprendiendo que era normal que de momento Harry no quisiera pedir las suyas por lo complicado que estaba el tema. Pero ellos sabían, al igual que Harry, que ese día tenía que llegar.
Una semana más tarde, Severus se encontraba en sus habitaciones. Acababa de salir de la ducha y se estaba vistiendo. Se puso los pantalones rápidamente, a la vez que cubría con una pulsera de cuero, atada con hebillas, su antebrazo izquierdo. Buscaba la camisa blanca que solía llevar debajo de la levita negra y debajo de la túnica. Pronto se le quitaron las ganas de ponerse toda esa ropa con el calor que hacía en esa habitación. Con la excusa de que la mazmorra era el sitio más frío de todo el castillo, los elfos se pasaban la vida controlando que se mantuviera a una buena temperatura, no fuera a ser que los slytherins se constiparan. Sentado en un sillón orejero, con una copa de firewhisky en una mano y un cigarrillo en la otra, miraba hacia las llamas de su chimenea, a la que había retirado los adornos de navidad puestos por los elfos domésticos y había tirado, literalmente, al fuego. A la vez, iba dándole profundas caladas al cigarrillo, hasta que oyó unos pequeños toques en la puerta de su habitación. Harto de ser molestado fuera a dónde fuera, se había dirigido a sus habitaciones, a tranquilizarse, a evadirse durante unos minutos de la algarabía que esos jóvenes no dejaban de hacer barullo y de la felicidad de todos ellos al ver llegar las vacaciones de navidad. Abrió corriendo su armario y de un manotazo cogió la primera camisa que encontró y se la puso corriendo. Malditas vacaciones...
-Hola Severus- empezó el director nada más que el hombre abrió la puerta y le miró con cara de pocos amigos.- Pensé que se te habría olvidado que Minerva y yo nos íbamos a la reunión de la orden y que tu te quedabas a cargo del castillo.
-El maldito castillo- refunfuñó entre dientes- Se me había olvidado. Espera un momento, salgo ahora.- cogió el cigarro del cenicero y le pegó una última y profunda calada y lo apagó, a la vez que bebía todo el contenido de la copa. Colocó su levita cerrando todos los botones con magia y a la vez se puso la túnica.
-Pensaba que creías que era un maldito vicio de muggles- le habló el director al profesor que guardaba su pitillera en el bolsillo interior de su túnica.- Lo dejaste porque no querías ser controlado por una cosa tan insignificante, además de que es malo para la salud.
-Peor es para mi salud mental estar en este maldito castillo, así que técnicamente, tan malo es fumar como estar pendiente de estos niños con hormonas.
-Bien, pero no lo necesitas.
-¡Ya basta! Llevas una semana... deja de decirme lo que necesito o no necesito, o lo que es malo o bueno para mí. Tengo 36 años.- dijo Severus fuera de sí.
-Está bien, está bien... Es solo que pienso que...
-Mejor de ahora en adelante, no me digas lo que piensas a no ser que te lo pida.
-De acuerdo, de acuerdo. Recuerda que tienes que pasar a hacer las rondas de McGonagall, no queremos que nadie más se de cuenta de que los dos faltamos. Podrían atar cabos sueltos, sobretodo tus slytherins.
-Buenas noches Albus, ya se como llegar al comedor.- dijo para deshacerse de la presencia del director, que cada cinco segundos le recordaba que era aquello que podía o no podía hacer.
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Empezaron las vacaciones de Navidad y el colegio estaba decorado como de costumbre. Los alumnos no estaban precisamente concentrados en los deberes que los profesores habían enviado, pero varios jóvenes de Gryffindor, influidos claramente por la obsesión de Hermione Granger por los deberes, intentaban realizar una poción decente para entregar a Snape después de la Navidad. Harry estaba al borde de la histeria, había empezado con el fuego demasiado fuerte, y había echado a perder los ingredientes que entre todos le habían prestado para la maldita poción. Así que estaba en medio de un aula en desuso con Neville, Dean, Ron y Hermione frente a sus calderos, mientras que Ginny y Luna intentaban hacer un buen ensayo sobre pociones, aunque durante la hora y media que llevaban, tenían escritos los nombres y un par de frases introductorias.
-Ya no soporto más. Voy a pedir por correo otro maldito juego de ingredientes de pociones, plumas, tinta y pergamino. – dijo Harry desvaneciendo el contenido grumoso y amarillo canario de su caldero, que tenía que haber sido naranja subido.
-¡No! Vas a ir a buscar los tuyos- dijo con determinación Ginny.
-Anda ya, déjalo de una vez.- dijo Ron disgustado-Vas, se los pides y ya está.
-No pienso ir.- dijo Harry bastante enfadado- Estamos a 24 de diciembre, me hacéis estar aquí trabajando y además de todo queréis darme la Navidad. ¡Con amigos así, no se para que quiero a Voldemort!
-Mira que eres exagerado.- Continuó Ginny, acercándose más a Harry, Ron y Hermione, ya que no querían que los que estaban en la sala con ellos se enteraran de lo que había pasado una semana atrás.- Es tuyo ¿no? Pues entonces tienes que ir, aunque solo sea para demostrar que no te amilanas.
-Prefiero no tener que ir...
-Nos da igual lo que prefieras- dijo Hermione- Creo que obligándote a estudiar pociones el día de nochebuena ya demostramos que nos da igual.
-Tranquilo Harry, que también les da igual lo que prefiera yo- dijo Ron mirando a Hermione, de una manera muy parecida a la que miraba el señor Weasley a su esposa.
-Así que bajas y punto.- Continuó Ginny sin dejarle hablar.
-Bajaré ¿Vale? Pero no porque me lo digáis vosotros, que ya me gustaría que estuvierais en mi sitio. Pero no pienso bajar ahora, porqué dimito. Paso de hacer esta poción hasta que tenga la mente en su sitio.
-Si lo pones así...- comentó Hermione- La verdad es que yo me he perdido. No se por que instrucción iba.
-Ves como no era una idea tan genial hacer los deberes hoy- dijo Ron desvaneciendo el contenido de su caldero, que tampoco distaba mucho del de Harry en color y densidad.
-¿Vamos afuera?-dijo como las niñas pequeñas Ginny, con los ojos brillantes de felicidad.-¿Una pelea de nieve?
La mañana del día de Navidad, el cielo completamente lleno de nubes blancas no dejó de rociar los alrededores del castillo de nieve, como en las postales que solían enviarse los muggles para felicitarse. Como era costumbre, los pocos habitantes de la torre de Gryffindor ya estaban levantados y se felicitaban unos a otros además de mostrar sus regalos a los demás.
-Harry, Ron- dijo Hermione al entrar en la habitación de los chicos con permiso de los que estaban dentro. Llevaba encima del pijama una bata azul clarito, zapatillas de conejitos y a Crookshanks.- ¡Es navidad! ¡Vamos despertad!- Los demás compañeros se estaban despertando cuando Ginny entró como una exhalación con su bata rosa fucsia y los zapatos de clase. Cuando Dean la miró con curiosidad, ella se explicó:
-No he sido capaz de encontrar mis zapatillas.
Harry y Ron se levantaron corriendo a por los regalos a los pies de la cama. Un montón de regalos estaban sobre el baúl de Harry y empezó a desenvolver unos cuantos. El de los señores Weasley, el típico sweater hecho por Molly, una caja de Sortilegios Weasley de los gemelos y un libro de defensa contra las artes oscuras de parte de Remus. De Tonks, recibió una camiseta negra en la que ponía Quidditch y de Ron y Hermione, recibió un juego de dos snitches doradas con sus iniciales grabadas que le hizo mucha ilusión. Finalmente, bajo todos aquellos paquetes, había uno alargado en forma de ¿escoba? con un peluche. El peluche era claramente una serpiente verde, muy graciosa, con los ojos hacia fuera y la lengua también. Una pequeña nota abrazaba los dos regalos y Harry la abrió muy extrañado.
PERD"NAME
Cogió el paquete como si se fuera a romper con el más mínimo roce y se sentó en la cama. Tan concentrado estaba que ni siquiera oía los comentarios de sus compañeros y había detenido su respiración, que ya era entrecortada. Empezó a soltar la cuerda que ataba el papel que había contenido la nota y el peluche. Extrajo el envoltorio en una maniobra que hasta a él mismo le parecía extraña y una escoba rodó por su cama deshecha. Una Saeta de Fuego, último modelo, con nuevos frenos antichoque y casi 300 km/h en diez segundos. Era un modelo nuevo, retocado, y era completamente negra. Era, como muchos amantes del quidditch denominaban, una preciosidad muy muy cara.
-¡Harry!, ¡Harry!- dijo Ron al ver que su amigo no reaccionaba, pero sin darse cuenta de lo que estaba haciendo el otro joven- ¿Quieres contestar? Que estaba diciendo que si...
Pero Ron Weasley se quedó sin habla al contemplar lo que acababa de desenvolver su mejor amigo. Miraba alternativamente la Saeta y a Harry, que parecía estar en trance. Más tarde los compañeros se acercaron al ver las caras que los dos jóvenes tenían y al ver la impresionante escoba, parecían querer imitarles, intentando poner cada cual una cara más extraña.
-¿Esa es...-intentó preguntar Dean Thomas ante la magnífica escoba que había recibido Harry, pero no pudo, ya que antes de que terminara la pregunta, Ginny contestó.
-Sí, es la nueva Saeta de Fuego.
Harry se sentía desfallecer. Era la segunda navidad de su vida que recibía una escoba de alguien desconocido, o eso quería creer, pero dentro de su corazón quería que las disculpas y el regalo fuera de Snape. Intentaba ser todo lo racional que podía. Bien, deseaba con todas sus fuerzas que esa escoba fuera del profesor. ¿Podía ser que la discusión de la semana pasada hubiera hecho cambiar la opinión de Snape sobre él? ¿O podía significar aquello que Snape deseaba empezar de nuevo, como si volviera a ser el primer año de Harry? Todo indicaba que aquello era del profesor de pociones, nadie más sabía que su Saeta era historia y sus amigos no podrían haberle comprado una nueva. ¿Quién más sería capaz de envolver ese regalo con una nota y hacerlo acompañar de una serpiente verde de peluche? Era claramente Slytherin. ¿Quién más que Snape podría pedirle disculpas con una escoba? Todo encajaba y a la vez era doloroso. Le hacía recordar.
Recordaba con mucha más intensidad cuando Sirius estaba vivo, cuando le envió la escoba. Cuando Hermione tuvo miedo de que la escoba estuviera embrujada y pasó muchos días sin tenerla por estar en manos de los profesores. También cuando Sirius le envió una carta, explicando que realmente había sido él, el que se la había enviado y la alegría que sintió al saberlo. Una vez había oído decir a Ron que una persona no podría tener una gran cantidad de sentimientos, porque explotaría. Harry creía que en ese momento explotaría. Una furtiva lágrima recorrió su mejilla y fue cuando Ginny decidió evacuar la habitación de curiosos y hasta enviar a Ron al baño para poder hablar con Harry sin tener a Ron baboseando sobre la escoba. Harry, al sentirse solo en la habitación se tumbó en su cama, bocabajo, abrazando la almohada y ahogando sus sollozos en ella. La joven se sentó a su lado, separando la escoba de Harry y acariciándole la espalda.
-Harry- dijo en un susurro- ¿Qué pasa? La ha enviado él, ¿verdad?- Pero Harry no contestó ni separo su rostro de las almohadas, así que la joven continuó hablando- Es muy bonita.
-Sí- dijo por fin levantando su cara de las almohadas- Pero no puedo dejar de llorar.
-Sólo estás confuso, Snape ha llegado muy adentro tuyo, más que muchos, y eso se siente raro.
-¿Cómo...
-Harry, hay que tener mucho valor para ir a contarle la verdad a Snape, pero no sólo eso. También hace falta conocerle como tú le has conocido, conocer a la persona, no al profesor frío de pociones. Sabiendo de su vida, te ha sido imposible seguir con el plan. Snape ha perdido igual que tú y eso le justifica de ser así. Sólo se es un amargado cuando tu pasado y tu culpa te persigue. Creo que es por eso que Dumbledore cree en Snape y por lo que tenemos que creer todos que está de nuestro lado.
-Era más fácil pensar que era uno de los malos y ya está.
-Sí, pero tú mismo te has dado cuenta de que entre el blanco y el negro hay una gran variedad de tonalidades de gris. Snape está en medio y ni tu ni yo, somos el blanco o Voldemort el negro.
-¿Qué hago?- preguntó muy perdido Harry.
-¿Sobre qué? ¿Sobre el regalo, sobre Snape o sobre lo que sientes?
-¿Sobre lo que siento?- preguntó Harry extrañado y asustado.
-Sobre el regalo, dar las gracias. Sobre lo demás, tienes que decidirlo tú. Pero aunque pienses que estoy loca, creo que sientes algo, llámalo empatía o deuda con Snape, pero lo sientes.
-El primer paso es levantarme de aquí, ducharme y bajar a desayunar. ¿Verdad?
-Pues sí. Veo que Ron te enseñó como había que hacerlo.
-Pues ahora tendrías que plantearte eso de ayudarme a intentar reprimir las lágrimas de una vez por todas, que últimamente sólo hago que llorar.
-Bueno, ¿Quién ha dicho que eso sea malo?
La mañana del día de Navidad no siempre había sido horrorosa para Severus Snape. Los primeros años que había vivido con su madre y su padre habían sido felices. Regalos y cariño de parte de los familiares más allegados, pero sobretodo habían sido felices por la devoción que sentía por su padre que le había enseñado a tocar el violín. Cuando Severus cumplió cinco años, su padre murió repentinamente y su madre, como poseedora de la mansión y fortuna de los Snape, tuvo que casarse con otro hombre y ahí había empezado su suplicio. Aquél hombre fue agradable y simpático hasta la boda. Más tarde, lo que antes había sido un rincón de paz, se convirtió en gritos y violencia por parte de su padrastro, que aunque nunca le tocó ni un pelo, maltrató a su madre. Cuando su hijo había sido capaz de desenvolverse solo y para protegerle, ella había asesinado a su maltratador y, más tarde se había suicidado, dejando a Severus solo en el mundo, pero con once años y ya en Hogwarts. Su vida no había sido fácil y Voldemort parecía la solución a sus males, pero aquello no hizo más que empeorar. Sólo dos personas se la habían jugado por él, Sylvanus y Dumbledore.
En momentos como aquél solamente podía recordar lo bonita que habría podido ser su vida, o lo normal que podría haber resultado. Lo hacía para lograr alegrarse, aunque fuera siempre con un deje de melancolía. Como todos los días de Navidad, recibiría un regalo de Dumbledore e iría a llevar flores a la tumba de Sylvanus, y en su soledad, conversaría con él, como siempre había hecho. Decidió que para poder hacer todo lo que quería y llegar a la hora de la comida, debería levantarse y dejar de mirar el techo. Aunque ante otras personas hubiera mentido, le alegraba estar en la lista de regalos de Navidad de alguien y esperar con algo de impaciencia la mañana del veinticinco de diciembre. Descalzo como siempre, fue hacia los pies de su cama, para abrir "el regalo" y su sorpresa fue mayúscula al encontrar envueltos dos paquetes. Abrió del de Dumbledore, que este año le había regalado una túnica gris marengo, así que debía estar muy empeñado en que dejara el maldito negro. El otro paquete tenía atado un león de peluche y una nota que decía:
LO SIENTO
Arrancó el envoltorio rápidamente y observó la funda que revelaba la forma de un violín. Inconscientemente, aguantó la respiración y abriendo los cierres cogió el violín que le habían enviado. Sacó el arco y se acomodó el violín. Automáticamente cerró los ojos y reprodujo la última melodía que le había enseñado su padre cuando era niño, completamente de memoria. No pudo acabarla, ya que sus propios sentimientos le colapsaron. Estaba pensando en quién le había enviado semejante regalo, y sólo un nombre apareció por su mente. Harry Potter le pedía disculpas y intentaba reemplazar el vacío con otro violín, que si bien no tenía el mismo valor, decía mucho de la persona que lo enviaba.
Era la excusa de la que había hablado Dumbledore, la excusa que se necesitaba para cambiar su futuro, su vida. Deshacerse de las cosas que anclaban al pasado era lo único que le permitiría salir adelante. Era doloroso, pero necesario, como la mayoría de las cosas en la vida. No era una casualidad que Potter estuviera involucrado en ello, bien podía ser una señal, una indirecta de que no solamente tenía que dejar atrás la relación con Sylvanus, también tenía que dejar atrás el rencor hacia Potter y Black. O quizás de que debía cambiar su forma de ver a Harry. De todos modos, cuando Potter le había besado en el corredor, había sido como sentirse renacer, no solo los recuerdos del pasado. ¿Eso significaba que sentía algo por él? Quizá no era un sentimiento profundo, pero después de comprender tantas cosas de Harry, no podía seguir manifestando ese odio, ya que no era cierto. No sabía si era empatía o culpa por haberle hecho daño tanto tiempo, pero lo sentía.
Por la tarde, Harry, que estrenaba ropa gracias a los encargos que le había hecho la señora Weasley. Bajaba la escalinata de mármol que conducía a la entrada del colegio. Unos tejanos y un sweater azul era la ropa que llevaba debajo de la túnica del colegio. Sin saber cómo, se encontraba bajando las escaleras hacia las mazmorras. Era una necesidad bajar allí, a decir algo, a decirle algo a Snape, aunque fuera a recibir un puñetazo, pero como mínimo podría dormir la noche siguiente. Iba tranquilamente cuando por el pasillo, una gota helada cayó sobre el cristal de sus gafas. Al menos podrían arreglar las humedades del castillo, que tener gotitas cayendo todo el tiempo podría ser peligroso. Se quitó las gafas para poder limpiarlas con la manga de la túnica, pero con tan mala suerte, que con la oscuridad del lugar, no pudo ver el momento en que el pasillo terminaba para convertirse en unas escaleras que conducían al aula de pociones y a las habitaciones del profesor.
Varios golpes, ruido de cristales rotos y un quejido hizo que Severus Snape saliera de su ensoñación mirando claramente el fuego de su chimenea. Se puso corriendo los zapatos y la túnica y salió a la carrera. No sería la primera vez que alguien se resbalaba con esas malditas gotas de agua del pasillo que iban formando charcos en el suelo. Cogió su varita y con ella en alto abrió la puerta de sus habitaciones y salió. Un bulto informe se encontraba a los pies de la maldita escalera. Pudo oír un hechizo para reparar unas gafas y se quedó helado. ¿Podía ser ese bulto la persona en la que llevaba pensando todo el día? Lo era, pudo verlo claramente cuando Harry intentó levantarse pero su pierna derecha y su magullado cuerpo le volvieron a arrojar al suelo.
-¿Señor Potter?- preguntó hasta temeroso el temido profesor de pociones.
-¿Profesor Snape?- dijo Harry tocándose con la mano el protuberancia que le estaba saliendo en la frente.- ¿Podría ayudarme, por favor?- preguntó sin pensar en que le estaba tratando con familiaridad al profesor. Pero tampoco podía hacer mucho más tendido en el suelo, a los pies de una escalera cuando su pierna derecha no parecía querer reaccionar.
Sorpresivamente Snape se acercó a él e intentó pasar un brazo de Harry sobre sus hombros, para ayudarle a caminar, pero parecía ser que las costillas de Harry estaban demasiado adoloridas, así que con un hechizo, el profesor consiguió llevar a Harry a sus aposentos y tumbarlo en el sofá.
-Lo de matarte puedes dejarlo para los Slytherins, no es necesario que lo hagas tú mismo.-dijo Snape en un tono totalmente diferente a todos los que había empleado antes con Harry. Lo dijo despreocupadamente, mientras hacía aparecer hielo y un bote con un densa crema de color pardo. Puso el hielo sobre la frente de Harry y le quitó el zapato y el calcetín, examinando el tobillo algo hinchado.
-Bien, esto es una torcedura, dolerá un poco esta noche, pero nada más.- y después de esto, abrió el bote de la crema y la colocó en la zona afectada.
-Gracias- dijo Harry al sentir como el dolor remitía.
-No me las de ahora, todavía tengo que ver que tal tiene el pecho. ¿Le impide respirar?
-No, solamente me duele
-Bien, pues estése quieto. Voy a tener que quitarle el sweater, pero no tiene nada roto. Tiene usted suerte.- Snape miró el pecho de Harry, al que si bien no se le marcaban las costillas, no era precisamente atlético. Era un esmirriado, pero al menos no estaba esquelético. Harry estaba completamente sonrojado y hasta Snape lo estaba. Finalmente empezó a aplicar el líquido verde pardo en el costado.- ¿Duele?
-Un poco, la verdad.
-No sea quejica. Seguro que ha sentido dolores peores. ¿Hay algún sitio más dónde le duela?- preguntó el profesor al acabar con los moratones del costado de Harry.
Sin pensarlo Harry cogió la mano del profesor y dejándose llevar la llevó al lado izquierdo de su pecho:
-Me duele mucho más aquí, cuando siento que usted me odia.
Snape estaba sentado en la esquina del sofá de tres plazas y casi se había tenido que estirar sobre Harry para poner su mano dónde la había guiado el joven. Se miraron a los ojos, como si se pidieran permiso el uno al otro para poder besarse. Pero el espacio entre ellos se desvaneció y sus labios se rozaron. El beso fue dulce y tierno, como el inicio de un cambio de actitudes en ellos. Poco a poco, Snape fue situándose sobre Harry en un acto totalmente inconsciente. Ambos disfrutaron del beso, pero cuando el profesor finalmente dejó caer todo su peso sobre el joven, Harry echó su cabeza hacia atrás rompiendo el beso y profiriendo un gemido de dolor, debido al peso que ahora soportaba su pecho.
Snape se levantó y fue como una exalación hacia el baño, saliendo rápidamente de la habitación. Una vez lejos de Harry, se apoyó en el lavamanos y se miró en el espejo. Aquello no podía ser, era horroroso, era lo peor... pero le hacía sentir tan bien... Sólo podía sentir por él, un alumno suyo, un joven con el que casi se llevaba veinte años, nada más que amor paternal, sobretodo por la infancia de Harry, pero aquello no era razón para llegar a esos extremos, dudar sobre aquello. Estaba más que claro que lo hacía por auto-imposición, que sentía algo más, pero no lo aceptaría delante de Potter y no le besaría otra vez. Saldría y se lo diría, se tenían que alejar lo máximo posible, dejaría las cosas claras... amor paternal. Además, lo que tenía que hacer era agradecerle el violín, pero devolvérselo, ya que él no le había comprado nada.
Harry estaba bastante impresionado por cómo se había comportado, eso no era a lo que había bajado a ver a Snape. Iba a agradecerle el gesto de haberle regalado la Saeta, pero iba a declinarla porque él no le había comprado nada de vuelta. De todos modos, ya lo tenía claro, después de besar a Snape por su impulso y no como un plan para hacerle daño, se estaba enamorando. Pero era tan duro darse cuenta de eso ahora, que había besado al profesor y estaba en sus habitaciones, a parte de eso, el profesor se había marchado, claramente le había rechazado. Así que con decisión, atrajo hacia sí el sweater azul y se lo puso al igual que la túnica. Del mismo modo intentó ponerse el zapato en el pie torcido, pero le fue imposible, por lo que intentó levantarse con mucho cuidado. Tenía todo el cuerpo dolorido y al apoyar el pie en el suelo se tambaleó por el dolor. Lo mejor sería ponerse una férula e intentar subir a la torre de Gryffindor.
-¿A dónde va? ¡Siéntese ahora mismo!- dijo Snape autoritariamente- ¡No se cómo su cuerpo aguanta!
-No se preocupe, iré a mi sala común e intentaré solucionarlo allí. Gracias por todo.- dijo Harry insistiendo.
-¡He dicho claramente que se siente!- dijo Snape y cuando el joven se sentó, el hizo lo mismo en la otra punta del sillón.
-Mire señor Potter, no le negaré que en estos últimos días no haya sentido cierta empatía hacia usted. Pero como comprenderá, esto no está bien, ni es aceptable. Lo que pueda haber llegado a sentir hacia usted en algunos momentos no ha sido otra cosa que cariño paternal. Es por esto mismo, que no quiero que malinterprete mi ayuda hoy o cualquier otra acción mía. Sé que debe estar confundido, pero estoy seguro de que si lo piensa fríamente, se dará cuenta de que lo que ha hecho hoy era simplemente un impulso de agradecimiento. Comprenderá entonces que preferiría mantener las distancias y que esto no se repitiera. Necesita cierto espacio vital lejos de mi, al igual que yo de usted, porque creo que el director ha procurado tanto que nos llevemos bien, que hasta ha llegado a confundirnos a nosotros mismos.
-De acuerdo profesor.-dijo Harry algo decepcionado, ya que el hecho de que Snape hubiera salido y le hubiera pedido que se sentara le había dado esperanzas. Aunque estuviera hablando con el hombre, no le miraba a los ojos- De todos modos gracias por la ayuda de hoy. No sé que hubiera hecho si no hubiera aparecido cuando me caí por la escalera.- Harry miraba a sus manos cogidas en un gesto nervioso y levantó la vista para encontrarse con los ojos del profesor.-Lo siento.
Severus Snape escuchó admirado la madurez con la que Harry le contestó y se dijo que no había veinte años entre ellos, sino escasos centímetros. Dándose cuenta de la cercanía de Harry a él en todos los sentidos, y al ver tristeza y sentimiento en aquellos ojos verdes que le miraban fijamente, decidió enviar al mundo bastante lejos y se acercó para abrazar a Harry y darle un cálido y pasional beso en los labios que el joven entreabrió para recibir con felicidad al profesor. Harry acariciaba el cuello del profesor con el brazo correspondiente al lado del torso menos dañado por la caída y Snape colocó sus manos en las caderas de Harry, vigilando no hacerle daño como en el beso anterior.
-Esto es una locura.- empezó el profesor al acabar el beso y apoyando su frente sobre la de Harry en un gesto cariñoso y poniendo su mano en el rostro del joven.
-Prefiero estar loco y estar aquí contigo.
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Bien, esto es todo, espero sus reviews, gracias por leer y recuerden que cambiaré el fic a la sección R para prevenir. Espero que os haya gustado y actualizaré en cuanto pueda. Hasta Pronto:
MAITE ZAITUT
(Miembro de la Orden Severusiana)
