- ¿De verdad que no os importa?
- Claro que no, ve tranquila, cielo. – Lizzy sonrió levemente al contestar y abrazó con un poco más de fuerza a Chad. Cada vez que Leah quería salir por ahí con los demás para despejarse un rato pasaba lo mismo: la invadía el pensamiento de culpa y les preguntaba lo mismo una y otra vez.
- No debería salir sin Chad. Una buena madre…
- También tiene derecho a divertirse. – La cortó antes de que pudiera añadir nada más. – Cielo, necesitas descansar. Últimamente pasas muchas horas en el Ministerio y aquí apenas paras. Además, todos hemos pasado por eso, ¿o acaso no recuerdas que, cuando erais pequeños, había un día al mes en el que dormíais todos juntos? ¿Por qué crees que decidimos hacerlo? Tu padre y yo aprovechábamos para viajar sin niños entre otras cosas que no pienso confesar porque me convertiría en un pésimo ejemplo.
- ¿De verdad? – Leah sonrió. – Creo que prefiero no saberlo.
- Es lo mejor. – Lizzy asintió con la cabeza. – Venga, sal a cenar y diviértete. Chad está en buenas manos, ¿verdad, peque?
- ¡Sí! – Exclamó, levantando los brazos. – ¿Pero me das las buenas noches, mami?
- Volveré antes de que te vayas a dormir. – Le aseguró.
- ¡Bien!
Justo entonces, Dan entró al salón, terminando de abrocharse los últimos botones de su camisa.
- ¿Lista, princesita?
- Sí, podemos irnos cuando quieras. – Respondió, dedicándole una media sonrisa. – Vas muy guapo, hermanito.
- Tú no te quedas atrás. – Contestó, enarcando una ceja. – Te queda genial ese vestido.
- Gracias, lo compré el otro día en la tienda de la prima Molly, acababa de traerlo. Los tonos azules siempre me han sentado bien.
- Pues sí. – El chico asintió. – ¿Nos vamos entonces?
- Claro.
- Anda, dame un beso, peque.
- ¿No vuelves con mamá? – Le preguntó, haciendo un pequeño puchero.
- Bueno, yo… Puede que me entretenga un poco, no sé… - Empezó a murmurar, sonrojándose.
- Se irá con tu tita Alex. – Abrevió Leah. – Solo espero que no te traigan un primito pronto.
- ¡Leah!
- ¿Qué? – La morena puso los ojos en blanco. – Ni que no supiéramos lo que Alex y tú hacéis.
- Sí y, como ha dicho tu hermana, no quiero más nietos. – Añadió su madre. – Al menos de momento.
- No voy a contestar a eso, mamá. Ya pasé la horrible charla una vez con papá y no pienso volver a tenerla, mucho menos contigo.
- ¿Fue muy traumática, cielo?
- Bastante. – Bajó el tono de voz. – Yo no quería saber ciertas cosas, mamá.
- Y yo prefiero no saber qué te contó el bocazas de tu padre.
- Hecho.
- Bueno, pues entonces nos vamos. – Leah sonrió. – Chad, dale las buenas noches al tito.
- ¡Buenas noches! – Exclamó, echándole los brazos.
- Descansa, pequeñajo. – Dan lo cogió y le dio un beso en la frente antes de devolvérselo a su madre. – Sé que te cuesta, pero no me esperes despierta, mamá.
- No te espero, es que tardo en dormirme. – Replicó la mujer.
- Ya, claro. – Negó con la cabeza. Entendía que, después de todo lo que había pasado, su madre no fuera capaz de dormir sin la certeza de que sus dos hijos estaban bien, pero ya tenía 22 años y se sentía mal por ella. – Solo iremos a tomar algo con los demás y luego, quizás, vaya a casa de Alex un rato, no me pasará nada.
- Lo sé, pero de todas formas andaré por aquí cuando vuelvas.
- Está bien. Hasta luego entonces.
- Pórtate bien, cielo. – Leah le dio un beso a su hijo y otro a su madre. – Si pasa cualquier cosa…
- Vete tranquila, estará bien.
- Vale, vale. – Sonrió. – Pues hasta dentro de un rato entonces.
Cuando los mellizos Potter por fin llegaron al punto de encuentro, Jane y Matt ya estaban allí.
- ¡Ya era hora! – Exclamó el chico. – Por fin aparece alguien, por Merlín, sois un puñado de tardones.
- Es que tú eres la persona más impaciente del mundo, Matthew. – Leah puso los ojos en blanco antes de saludarlo con un abrazo. – No te quejes tanto.
- Que haya paz. – Jane lanzó una carcajada antes de saludar a su prima. – ¿Cómo estás?
- Bien.
- ¿Y el peque?
- También bien. Lo he dejado con mis padres.
- ¿Podemos pasar luego a verlo? – Pidió Matt. – Hace al menos día y medio que no lo veo.
- Sí, claro, podéis pasar cuando queráis. – Leah sonrió.
- ¿No sabéis nada de los demás? – Les preguntó Dan, mirando su reloj. – Alex ya debería estar aquí.
- Y aquí estoy. – La voz de la pelirroja los sobresaltó. La chica, que llegaba acompañada de Ingrid, llegó andando, cargada con un montón de bolsas. Se acercó a Dan y lo besó con dulzura. – Hemos estado de compras y pensamos que dar un paseo no nos vendría mal.
- Además, no llegamos tan tarde. – Añadió la morena. – Orion va a quedarse sorprendido cuando me vea aquí. Siempre dice que soy una tardona, pero hoy he llegado antes que él.
- ¿Vas a recordárselo eternamente, verdad?
- Hasta el día que uno de los dos muera.
- Qué bruta…
Las dos estallaron en carcajadas y los demás pusieron los ojos en blanco.
- Por cierto, ¿cómo está mi peque? – Le preguntó Alex a su cuñada.
- Igual que esta mañana cuando viniste a verlo. – Contestó la chica con una pequeña sonrisa.
- Ay, yo hace muchos días que no lo veo. – Se quejó Ingrid. – A ver si mañana me paso por allí aunque sea para decirle hola.
- Nosotros vamos a ir ahora con Leah, cuando terminemos la cena. – Añadió Matt. – Puedes venir si quieres.
- ¡Me apunto!
De repente, escucharon un chasquido y Lyra y Orion aparecieron en el pasillo.
- Sentimos el retraso. – Se excusó la rubia, acercándose a Leah. Ambas se abrazaron y sonrieron. – Venimos de la Mansión y ya sabéis lo pesados que se ponen nuestros padres con todo el tema de Cassie.
- De verdad, es como si fuera nuestra hija en lugar de la suya. – Orion negó con la cabeza. – ¿No se dan cuenta de que no nos hace ni caso? Es una cabecita loca.
- Venga, tranquilo. – Ingrid le dio un beso y él suspiró. – Yo creo que Cassie tiene la cabeza mejor amueblada de lo que todos creéis.
- Bueno, no sé yo…
- Que sí, hazme caso. Es que nunca la escucháis. – La chica puso los ojos en blanco. – Los Malfoy sois unos cabezas-cuadradas.
- Gracias, supongo. – El rubio se cruzó de brazos y ella volvió a besarlo.
- Por cierto, luego vamos a ir a ver a Chad.
- Me parece bien, hace unos días que no lo veo. – Asintió. – Está bien, ¿verdad, Leah?
- Sí, está muy bien, muy bien. – Respondió, retorciéndose el dobladillo del vestido de forma nerviosa. A lo mejor no tendría que haberlo dejado en su casa. Todos estaban preocupados por él y ella allí de fiesta en lugar de haciéndose cargo de su hijo…
- Pero no hablemos de Chad ahora. – Intervino Lyra, a quien aquel gesto no había pasado desapercibido. Sabía lo muchísimo que se agobiaba Leah y lo nerviosa que se ponía cuando estaba lejos del pequeño. – Nada de niños, ni trabajo, ni responsabilidades. Vamos a pasar un buen rato. Venga.
Agarró a Leah del brazo y comenzó a andar hacia el restaurante. La morena no pudo evitar suspirar, aliviada y la otra le dedicó una cálida sonrisa.
- Gracias. – Le dijo en voz baja para que nadie más pudiera escucharla.
- No es nada. Hemos venido a divertirnos, ¿no?
- Sí, vamos.
El resto de la cena pasó sin incidentes. Charlaron de unas y otras cosas, rieron, tomaron comida india y, después, fueron a un pub a por una cerveza rápida – aunque les costó mucho convencer a Leah para esto –.
- Una y me voy. – Les aseguró, entrando al local. – Bueno, una vosotros. Yo me tomaré un refresco.
- Bueno, algo es algo. – Dan sonrió y todos se dirigieron hacia la barra. – ¿Quién quiere cerveza?
- Yo.
- Ya lo sabía, cariño. – El chico le dio un ligero toquecito en la nariz y Alex sonrió y se sonrojó levemente. – Me refería a los demás.
- Yo quiero. – Dijo Ingrid.
- Y yo. – Matt levantó la mano y sonrió de medio lado a Jane. – ¿Tú no quieres, cielo?
- No sé cómo podéis beberos esa cosa. – Arrugó la nariz y los demás lanzaron una carcajada.
- Eso es porque te has negado a volver a probarla.
- No, eso es porque realmente está horrible. – Intervino Orion, negando con la cabeza.
- El exquisito paladar Malfoy. – Dijo la novia del chico con ironía.
- Muy graciosa.
- Ya lo sé. – Se puso de puntillas y lo besó, enredando sus manos detrás de su cuello. – ¿Qué vas a pedir entonces?
- No sé, ¿dónde vamos a ir luego?
- A ver a Chad.
- Digo después de eso.
- Ah, pues no sé, donde queráis. – Se volvió hacia los demás. – ¿Quién se viene después?
- ¡Yo! – Lyra levantó la mano.
- Y nosotros. – Contestó Jane.
- Nosotros tenemos otros planes. – Comentó la pelirroja, cogiendo la mano de su novio.
- Ya podemos hacernos una idea… - La mayor de los Malfoy sonrió de medio lado. – Leah, ¿no te animas en serio?
- No, chicos. Estoy muy cansada y no me gustaría que mis padres tuvieran que hacerse cargo de Chad toda la noche.
- Vale, está bien. – Rodeó sus hombros con un brazo y la morena se apoyó en su hombro. Lyra nunca le insistía demasiado. Quería que Leah saliera hacia delante, al igual que todos los demás, pero sabía que obligarla no era la forma adecuada de hacer aquello. La chica no había salido de fiesta ni probado una gota de alcohol (solo algo de champagne en celebraciones especiales) desde que pasó lo de Chad y eso realmente preocupaba a la rubia ya que sabía lo mucho que siempre le habían gustado esas cosas a su amiga aunque, debía admitir, había avanzado bastante en aquellos cuatro años. – Pidamos entonces algo rápido. Yo quiero una cerveza también.
- Pues entonces serán cinco cervezas, dos refrescos y… - Jane miró a Orion. – ¿Te has decidido ya?
- Pedidme a mí también un refresco, ya me tomaré una copa más tarde.
- Vale. – Lyra hizo un gesto al camarero y este no tardó en acercarse. – Ponme cinco cervezas y tres refrescos de naranja, por favor.
- Marchando.
El hombre no tardó en llevarlos y todos empezaron a beber y charlar, entre risas.
- Lyra, ese tío no te quita la vista de encima desde que hemos entrado. – Comentó de repente Leah. – Es muy mono, ¿no crees?
- Ni lo intentes, Leah. Creí que ya no ibas a hacerlo más.
- Y llevo muchísimo sin hacerlo, años diría incluso, pero solo señalo una obviedad.
- La obviedad es que te está mirando a ti.
- No me está mirando a mí. – La morena lanzó una carcajada. – ¿Verdad, chicos?
- Bueno…
- Esto…
- ¿Me está mirando a mí? – Frunció el ceño. – ¿Por qué?
- Leah, sigues igual que siempre, nadie sería capaz de decir que has tenido un hijo, ese vestido te queda genial y eres guapa. Siempre has atraído las miradas de la gente y eso no ha cambiado, pasa cada vez que salimos aunque tú prefieras ignorarlo. – La rubia sonrió levemente y enarcó una ceja. – ¿No decías que era mono? ¿No te gusta para ti?
- Sabéis que es como si estuviera muerta de cintura para abajo. – Negó con la cabeza y apartó la mirada. Todavía no estaba segura de que ese chico la estuviera mirando a ella. Estaba segura de que miraba a Lyra, ella siempre había sabido interpretar muy bien a los chicos, ¿cómo había podido equivocarse? Estaba claro que había perdido práctica pero, la verdad, no le importaba demasiado ya que, como había dicho a sus amigos, no quería volver a saber nada de tíos en su vida.
- Eres demasiado joven para decir eso. – Murmuró Matt. Él era el único que se atrevía a responder cuando Leah comentaba algo así, ni siquiera Dan o Lyra eran capaces de decir nada respecto a ese tema. – El día que menos lo esperes aparecerá alguien ya sea en un bar, en una misión o cruzando la calle, pueden pasar diez años o diez minutos, pero tarde o temprano, Leah, volverás a querer a alguien.
- Tengo un hijo, tengo que centrarme en él, no quiero darle un padre falso, Matt.
- No voy a discutir esto contigo otra vez, todavía recuerdo cómo acabó la última. – El chico suspiró, pero le dedicó una pequeña sonrisa. – Solo digo que no puedes ser tan absoluta.
- Ya, bueno. – Suspiró. Si Matt hubiera perdido a Jane, estaría igual que ella, pero eso era algo que jamás le diría en voz alta. Agitó la cabeza y decidió cambiar de tema. – Aún así yo sigo creyendo que está mirando a Lyra.
- Pesada. – La rubia lanzó una pequeña carcajada. – Sabes que no me gusta ligar en los bares.
- Pues entonces pídele una cita al famoso Jesse. ¡Llevas coladita por él desde tu primer día en San Mungo! Y es evidente que le interesas, os he visto juntos.
- Ya veremos.
- Eres imposible, Malfoy.
- ¿Para qué cambiar las viejas costumbres, Potter?
Las dos empezaron a reír y se abrazaron, relajando así la tensión en el ambiente. Cambiaron de tema y siguieron charlando hasta que se terminaron sus bebidas, momento en el que decidieron ir a la casa de los Potter.
- Os vemos pronto, ¿vale? – Les dijo Dan en la puerta del bar, cuando todos estaban ya a punto de marcharse. Alex y él iban al apartamento del hermano de la chica que esa noche estaba vacío. O eso se suponía porque la última vez que la pelirroja le aseguró que tenían campo libre, el mayor de los Bones llegó y los pilló empezando a desnudarse. Y Dan no estaba dispuesto a soportar más bromas sobre ese tema por parte de su cuñado.
- Dadle un beso enorme al peque de mi parte y decidle que mañana iré a verlo.
- De acuerdo. – Leah les dedicó una media sonrisa divertida y una mirada que hizo que ambos se sonrojaran. – Sed buenos.
- Sabes que no vamos a serlo.
- Sí, pero es mi deber intentar actuar como una buena hermana mayor de vez en cuando. – Lanzó una carcajada. – Adiós, chicos.
La pareja se desapareció y el resto no tardó en imitarlos, pero cuando llegaron a la casa, un llanto los puso alerta.
- ¡Chad!
Leah salió corriendo hacia el salón donde encontró a su padre meciendo al niño, que no paraba de llorar. Lizzy, al verla, suspiró aliviada.
- Menos mal que has llegado, a ver si consigues calmarlo.
James se lo pasó y Chad se aferró a ella con fuerza. Empezó a acariciar su pelo y besó su frente mientras lo mecía.
- Se ha caído. – Explicó su padre. – No se ha hecho nada, solo se ha resbalado y dado un culazo, pero decía que quería ir contigo y no podíamos tranquilizarlo.
- Por suerte ya estoy aquí, ¿verdad, mi amor? – Le dijo, todavía meciéndolo antes de darle otro beso. – Venga, tranquilo, mamá ya está aquí, todo irá bien.
Los demás, que estaban quietos en la puerta, sonrieron levemente. A pesar de todo lo que le estaba costando seguir adelante y de todos sus miedos y preocupaciones, Leah era una madraza.
- Creo que lo mejor será que nos vayamos. – Murmuró Lyra. – No es momento de jugar con él.
- Estoy de acuerdo. – Matt asintió, aunque no pudo evitar una mueca de resignación. – Mañana vendré a verlo.
- Gracias, chicos. – Lizzy les dedicó una mirada comprensiva. – Creo que necesita dormir.
- Sí, desde luego. – Jane asintió. – Nos pasaremos mañana entonces, os dejamos descansar.
- Pasadlo bien, chicos.
- Gracias, tita.
Dicho esto, los cinco desaparecieron, dejando a los Potter solos en el salón. Chad parecía calmarse poco a poco, pero aún así, la chica continuó meciéndolo y susurrándole que todo estaba ya bien y que no dejaría que volviera a pasarle nada.
- ¿Quieres dormir conmigo esta noche? – Le preguntó, como si no durmiera con ella prácticamente a diario.
- Sí. – Contestó él, asintiendo y secándose las lágrimas.
- Vale, pues vamos arriba. – Leah miró a sus padres y sonrió. – Gracias por cuidarlo.
- ¿Para qué estamos los abuelos? – James la abrazó y le dio un beso en la frente. – ¿Lo has pasado bien?
- Bastante.
- Pues con eso nos basta a nosotros. Buenas noches.
- Buenas noches, cielo.
- Hasta mañana.
Leah subió hasta su dormitorio, con su hijo todavía en brazos y lo sentó en la cama mientras se cambiaba de ropa. Dejó el vestido sobre el pequeño sillón que tenía y se puso el primer pijama que encontró antes de deshacer la cama y meterse dentro con el pequeño, que no tardó en abrazarla y acurrucarse junto a ella. La chica le acarició el pelo con delicadeza y sonrió al ver cómo se iba quedando dormido lentamente, abrazado a ella y con una inmensa paz en su rostro. Jamás dejaría que le pasara nada, se enfrentaría a todo lo que hiciera falta y haría todo lo que estuviera en su mano y más, pero no consentiría que le pasara algo malo a su pequeño. Se lo debía a Chad. Depositó un último beso sobre su cabeza y cerró los ojos, sonriendo sin poder evitarlo y abrazándolo con un poco más de fuerza. Por instantes como ese todo merecía la pena.
