¡Hola!
Bueno, no tengo nada en especial qué decir, así que sólo pediré perdón por no subir esto el fin de semana, pero bueno, que tampoco pasó tanto tiempo eh.
Nos leemos pronto.
Agnarr estaba estupefacto al ver a Iduna en ese lugar, tenía la idea de que no volvería a acercarse a Elsa y, sin embargo, ahí estaba. Ambos tuvieron un momento de incómodo silencio y Anna, a pesar de que solía ser una niña muy amable, no supo cómo reaccionar. No era tanto por la sorpresa pues sabía, gracias a su hermana, que ella aparecería por ahí, pero cómo saludar a la madre de Elsa cuando ella misma era producto del engaño de su padre a esa mujer. Sólo esperaba que alguno de los dos dijera algo rápido para aliviar ese ambiente.
—No esperaba volver a verte —dijo su padre.
Era evidente que se abstenía de hacer un espectáculo, pero la tensión entre ellos dos podía palparse, aunque al parecer Anna era la única que lo notaba, tal vez todas las otras personas estaban muy abstraídas con sus propios asuntos como para darse cuenta.
—Vine a ver a mi hija.
Agnarr sonrió con diplomacia. Era bueno fingiendo emociones u ocultando que las tenía. Nunca había visto a su padre actuar de ese modo. De alguna manera le recordó a Elsa y se preguntaba cuánto más tardaría en aparecer la chica para acabar con esta situación.
—Te tardaste un poco en aparecer.
—Le daba su espacio —respondió ella, mordaz.
No se detiene ante nada. Las palabras dichas por Agnarr tenían ahora perfecto sentido. Y al parecer, notó, no se dejaba amedrentar ni siquiera por la persona que fue su esposo alguna vez.
—Hola, señora Lunde —saludó la pecosa tratando de desviar la atención de ambos.
Funcionó, la madre de Elsa reparó en ella, por fin y, contrario a lo que pensó, la vio darle una amable sonrisa y extender su mano.
—Mucho gusto, veo que ya sabes mi nombre. Perdona que no sepa yo el tuyo también.
—No hay problema, me llamo Anna —dijo tomando su mano.
Pasaron de vuelta a ese momento de tensión que la pelirroja creyó jamás terminaría, pero se equivocó, en cuanto el autobús que llevaba al equipo de natación de la escuela se hubo detenido, se centraron en él para ver bajar a Elsa.
Ella parecía contrariada cuando se acercó, había invitado a su madre, pero ahora no estaba muy segura de qué hacer, no le comentó nada a su padre y realmente tenía la esperanza de que no se encontraran, pero claro que no podía ser tan suertuda.
Para su sorpresa Iduna le dio un efusivo abrazo, algo que ni Agnarr osaba intentar desde su reciente reconciliación, estuvo a punto de separarse con brusquedad, sin embargo, lo cálido del acto se lo impidió. Tanto tiempo esperando recibir algo así y ahora de repente lo conseguía, pensando si no era demasiado tarde ya.
El asombro fue mayor para el padre y la pecosa cuando vieron que Elsa le correspondía. Si bien Anna estaba enterada de que comenzaban a reconciliarse, no imaginaba que su fría hermanastra fuera capaz de darle una muestra de afecto así, al menos durante algunos meses y ahora la tenía dejándola sin palabras. Esa chica sin duda era impredecible.
Agnarr carraspeo y fue cuando la platinada soltó a su madre y fue a darle un beso en la mejilla a él.
—Los veré al terminar. Y por favor, no peleen.
Les sonrió y se despidió con un gesto de la mano.
Últimamente Elsa actuaba distinto, no era sólo esa amabilidad que de pronto parecía haber surgido en ella, sino todo en general, hasta la forma en la que se relacionaba con el resto del mundo. Aunque tampoco era que el cambio fuera desmesurado, pero para aquellos que la conocían era muy notorio.
Incluso Kristoff le preguntó en cierta ocasión si la chica no estaba consumiendo alguna clase de sustancia extraña, a lo que Anna no pudo más que soltar una carcajada. Como si eso fuera algo que la reina de las nieves haría; ni en sus más lúgubres sueños eso podría pasar. Le quedaba claro que Elsa no dejaría de ser la chica perfección ante todos, y en realidad, era posible que también lo fuera para sí misma, siendo consciente de que era la niña modelo, el orgullo de sus padres.
Eso era visible, ambos la veían desde las gradas con ese brillo especial en los ojos que sólo puede tener un padre al hablar o ver lo bueno que es su hijo en algo, y Elsa les llenaba las expectativas y las sobrepasaba con creces. Quizá fuera más nuevo para la señora Iduna quien recién comenzaba a conocer a su hija, pero Agnarr era consciente de su potencial desde que ésta entrara en preescolar.
Notas altas, líder del club de natación, sin meterse en un sólo lío en toda su corta vida, acometida, sagaz y con un ímpetu por la victoria que pocas personas poseen. Si bien, no podía descartar que fuera orgullosa, berrinchuda y, en ocasiones, algo cruel; esto parecía pasar desapercibido para el señor Dagger y la señora Lunde.
Anna disfrutaba del evento también, pero a menor escala. El sol era brutal y le dolía mirar mucho tiempo en su dirección, sin mencionar que estaba comenzando a sudar y tenía mucha sed.
—Iré por algo de beber —le dijo a su padre quien asintió sin dejar de ver al frente.
—Con cuidado —dijo.
— ¿No quieres algo? —preguntó antes de irse.
—Una botella de agua estaría bien.
Sacó unos billetes del pantalón y se los dio sin fijarse realmente en cuánto dinero era.
Si piensan que la madre de Elsa estaba sentada junto a ellos se equivocan. Había ido sola para no incomodar a su hija con la presencia de Hammer, su ahora esposo, pero tampoco pensaba estar tan cerca de la familia. Ella se encontraba sentada al pie de las gradas y se giró a mirar cuando Anna pasó por su lado, bajando.
— ¿Ya te vas? —preguntó sorprendida.
—No, por supuesto que no. Sólo voy por algo de beber.
— ¿Puedo acompañarte?
—Por supuesto…
Le pareció extraño que quisiera perderse la competencia, aunque en estos momentos Elsa no estaba en el agua. No era como que pudiera negarse a que fuera con ella, pero su presencia la cohibía.
La señora en cambio parecía feliz con esa sonrisa en el rostro, a pesar de que llevaba la mano cubriendo su rostro para que el sol no la molestara poniendo una mueca en el proceso, un gesto que Anna comprobó, era igual al de su hermana.
—No me agrada para nada el sol —comentó.
Ahora entendía a quién se parecía la platinada.
—A Elsa tampoco.
—No es que no le guste, sólo le hace daño —razonó.
La impresionó ver que, a pesar de haber estado lejos tanto tiempo, recordaba esos pequeños detalles, pero debería haberlo esperado, era su madre y nunca olvidaría ese tipo de cosas por más años que pasaran. O al menos esa impresión tenía de lo que significaba ser mamá.
Era interesante observar a la señora Lunde y comparar sus gestos con lo que Elsa solía hacer en su día a día, cosas tan pequeñas como lamerse los labios para humedecerlos, de manera casi imperceptible, o la forma en la que acomodaba su cabello detrás de su oído. Una vez que estuvieron en el puesto de bebidas la observó dirigirse al empleado de forma tan amable que contrastaba con la dureza que empleó para hablar con Agnarr. Quizá esa simpatía era lo único que Elsa no heredó de ella, pero considerando la reciente forma de actuar de la platinada era probable que en años pasados sólo le faltara la atención de su madre para comportarse distinto. Incluso sonreía más seguido y de forma espontánea, algo que la dejó impactada la primera vez que ocurrió.
— ¿Anna? —Apenas era consciente de que la madre de Elsa le había hecho una pregunta, sólo que no estaba prestando atención y no tenía idea de qué responder.
—Preguntaba de cuál bebida tomas —repitió notando su cara de desconcierto.
—Yo… Una limonada estaría bien.
— ¿En qué tanto piensas? —preguntó la señora una vez que les entregaron sus bebidas.
Anna bebió un sorbo de su limonada sintiendo como el frío aliviaba una pequeña parte del sofocante calor en ese sitio.
—En lo mucho que se parece Elsa a usted —se sinceró la niña.
Iduna sonrió pensando en si eso era cierto, ¿cuánto no tendría Elsa de ella? No podía estar segura debido a todos esos años lejos, de modo que tendría que aprender a leerla desde ahora, sus gestos, sus manías, sus expresiones; quizá se encontrara a sí misma en el proceso.
—Gracias, Anna —le dijo la señora una vez que llegaron a las gradas.
No entendía bien por qué le estaba agradeciendo, pero sonrió en respuesta y subió hasta donde se encontraba su padre. La miraba con las cejas fruncidas y los brazos cruzados, como esperando una explicación que ella en realidad no quería dar. ¿Sentiría su papá que lo estaba traicionando si hablaba con la madre de Elsa? No concebía la idea de que fuera tan infantil, después de todo él mismo fue quien dijo que esa mujer era una gran persona.
Le entregó su botella de agua y él la destapó sin dejar de mirarla.
— ¿Qué pasa?
— ¿De qué tanto hablaban?
—Cosas de mujeres, papá —dijo encogiéndose de hombros y dándole un trago a su limonada para no darle tiempo de hacer más preguntas —. Deberías prestar atención a la competencia. Sigue el nado estilo libre y Elsa está entre ellos.
Era verdad, la platinada se preparaba para entrar al agua y ahogar los gritos de la multitud que vitoreaba a uno u otro equipo.
El día pasó volando, y para cuando todo terminó la chica estaba agotada, se dejó caer en su cama después de haberse dado un buen baño. El cabello ahora seco se desparramaba sobre el colchón y ella no podía quitar la sonrisa del rostro.
Quedó en primer lugar en estilo libre, y su equipo no lo hizo tan mal, para variar. Así que al menos lograrían llevar algo de honor a su escuela.
Su padre y su madre se comportaron muy bien entre ambos e incluso Hans fue a ver cómo resultó la competencia. Dándole un helado como premio por tanto esfuerzo.
Alguien tocó la puerta sacándola de sus pensamientos. Se giró en la cama sin levantarse quedando de frente a la puerta.
— ¿Quién es?
—Soy yo, Elsa.
Rodó los ojos. Era usual en la pecosa presentarse de ese modo. Sonrió juguetona antes de volver a su expresión de seriedad.
—Pasa.
Una cabellera cobriza se asomó dejando ver sólo la mitad de su cuerpo. Elsa la observó pensando en lo pequeña que parecía todavía, tanto por su forma de actuar en algunas ocasiones, como por su físico que seguía siendo el de una adolescente.
—Lamento molestar, sé que debes estar cansada.
—Un poco. Sólo dime lo que vayas a decir, me gustaría irme a dormir temprano.
—Por supuesto, mañana tenemos escuela y debes descansar por lo que seguramente estoy aquí interrumpiéndote…
—Anna —la cortó.
La chica se avergonzó al darse cuenta que se estaba yendo por las ramas. Ni siquiera había mencionado el asunto real por el que se encontraba ahí.
—Mañana… Iré a pasear con Kristoff y me preguntaba si quisieras ir con nosotros.
Antes eso habría ameritado un rotundo no, pero en estos momentos la vio sopesar la opción y acomodar un mechón de cabello tras su oído.
—De acuerdo.
— ¿De verdad?
El rostro de Anna se iluminó, si bien en los últimos días aceptaba con más frecuencia salir con ellos, el hecho seguía sorprendiéndola.
—Sí.
—Entonces te esperaremos en el portón.
Elsa asintió volviendo a su posición inicial donde el techo era lo más entretenido que podía ver hasta que escuchó la puerta cerrarse. Sacó un regaliz de un cajón y se acomodó en la cabecera de la cama saboreando el dulce que su madre le había obsequiado el día anterior.
No era fanática de lo dulce, pero uno cada cierto tiempo sí lo podía tolerar.
Al día siguiente cuando salió de clases Kristoff y Anna ya la esperaban en la puerta principal y, como se habían ocupado de avisarle a su padre, Kai no pasaría por ellas.
Llegaron al centro comercial satisfechos de refugiarse de la furia del sol allá afuera, sobre todo la platinada, su piel comenzaba a sentir los estragos. Se dedicaron a fisgonear todos los escaparates mientras caminaban a ningún lado en particular.
— ¿Entonces por qué dejaron de hablarse? —preguntó la pecosa dubitativa —. Quiero saber.
Elsa y Kristoff se miraron al mismo tiempo y sonrieron. Ninguno parecía querer ser quien le explicara a Anna el porqué de su distanciamiento.
Al final el rubio suspiró pensando que, como mejor amigo de Anna y ex amigo de Elsa, tal vez la responsabilidad de dar respuestas caía sobre él.
—Fue algo muy tonto —Miró de soslayo a la chica sólo para asegurarse de que lo que dijera estuviera correcto.
Elsa asintió dándole la razón, ahora que eran más grandes lo cierto es que le parecía una tontería el motivo de su separación, aunque tal vez hace unos días no lo hubiera considerado de ese modo.
—Él quería ser un caballero de cuento contigo y yo no quería saber de ti. Fin de la historia.
—Así que de verdad fui yo el motivo por el que dejaron de hablarse —dijo cabizbaja.
—Esa sólo es la mitad de la historia. Yo no la habría dejado por algo así —explicó el rubio y las dos chicas prestaron atención, pues ni Elsa sabía de qué hablaba Kristoff —. Hubo una vez que unas niñas mayores me agarraron a golpes…
Anna se rio al imaginar a su amigo, todo lo grande que era, siendo golpeado por un par de muchachas.
—No te rías, Anna, era un niño en ese entonces —se defendió.
—Me intriga cómo es que eso hizo que dejarás de hablarme.
El rubio enrojeció recordando los hechos de aquel día. Sonrió para aparentar que no estaba avergonzado, cosa que ninguna de las dos le creyó.
—Mientras estaba en el suelo lleno de tierra sólo podía pensar que no estabas ahí para ayudarme y creo que inconscientemente me convencí de que si no estuviste yo no tenía por qué estar contigo, ¿Me explico?
—Eso es ridículo, Kristoff —lo acusó la pecosa.
—Patético —admitió Elsa.
—Oigan, ya basta, no les conté esto para que se burlaran de mí.
Su indignación sólo las hizo reír más por lo que terminó uniéndose a ellas.
Pronto llegaron a la planta alta donde se encontraba el cine y decidieron entrar a ver una película, aunque fue difícil ponerse de acuerdo, para empezar, Anna disfrutaba las comedias románticas, Kristoff las de terror y a Elsa le llamó la atención el musical que se anunciaba en un gran cartel puesto justo en la entrada. The greatest showman.
Al final decidieron darle gusto a la platinada ya que consideraron todo el tiempo que no pudo disfrutar con ellos, ni con ninguna otra persona.
Compraron dos palomitas jumbo y tres sodas, además de unos chocolates a los que ni Elsa ni Anna pudieron resistirse y entraron a la sala que se encontraba ya a oscuras por lo que tuvieron que pisar con mucho cuidado mientras escuchaban los comerciales a sus espaldas y veían los trailers de los siguientes estrenos anunciados en la pantalla grande.
Escogieron los asientos de la fila F donde estarían lo suficientemente alto como para disfrutar de la película en su totalidad. Al menos en eso sí habían estado de acuerdo.
Lo que más gracia causó a Elsa al final del día fue recordar cómo, a pesar de que era ella quien quería ver The greatest showman, tanto Anna como Kristoff salieron cantando las canciones, con una pésima pronunciación del inglés cabe mencionar, e incluso lloraron al escuchar This is me.
Anna se metió a la ducha en cuanto llegó a casa y se dejó caer en la cama. Fue divertido, pero estaba exhausta y podría asegurar que Kristoff y Elsa estaban igual. Aun así, tomó su teléfono y marcó a su amiga, la persona con la que había extrañado no poder hablar durante todo el día.
— ¡Hola, Rapunzel!
—Anna, me da gusto escucharte, ¿cómo te fue?
Se metió bajo la sábana y se acurrucó con una almohada, pues era la única manera en la que lograba quedarse dormida.
—Todo bien. Vimos un musical.
—No puedo creer que vieras The greatest showman.
Anna frunció el ceño en un gesto que, evidentemente, Rapunzel no pudo ver.
— ¿Cómo sabes que fue ese?
—Es el único musical que hay en el cine ahora, Anna.
Claro. Debería suponer que no era difícil adivinar a cuál musical se refería.
Sonrió.
—Es verdad, pero suena a que no te gusta.
—No es de mis musicales favoritos —admitió.
— ¿¡Por qué!? —exclamó —. Es muy bueno.
La escuchó reír al otro lado de la línea.
—Si realmente quieres ver algo bueno déjame mostrarte Hamilton.
— ¿Es otro musical?
—Lo es, y éste sí es de los mejores que he escuchado en mi vida.
Anna lo pensó, al parecer Rapunzel sabía de musicales y eso es algo que no sabía de ella. Le sorprendió porque no parecía alguien con ese tipo de intereses, pero le agradaba la idea de que le mostrara todo un mundo desconocido para ella, hasta hoy.
—Me encantaría escucharlo, ¿qué tal si vienes mañana a mi casa y nos dedicamos a ver musicales?
—Me parece una idea perfecta —respondió.
Se notaba alegre de modo que no había dado la respuesta sólo por cortesía.
— ¿Después de la escuela?
—Por mí está perfecto, sólo necesito unos minutos para atender el invernadero.
—Oh, es verdad. Yo te acompaño.
Se dio la vuelta en la cama sin soltar la almohada y cerró los ojos. De todos modos, su llamada era telefónica, Rapunzel no la vería, y lo único que necesitaba era descansarlos un segundo antes de seguir dándole toda su atención a la rubia.
—Anna.
—Uhm. Dime.
— ¿Estás cansada?
—Un poco.
— ¿Quieres que te deje dormir?
Anna se lo pensó, igual y sería una buena idea, después de todo, fue un día agotador. Entre la escuela y el paseo con Kristoff y su hermanastra, apenas podía pararse a descansar y sentía como pesaban sus ojos, pero supuso que si los mantenía cerrados no debería haber ningún problema.
—No, estoy bien —mintió.
— ¿Me estás prestando atención?
—Por supuesto que lo hago.
Era mentira, en cuanto pronunció la última palabra dejó de escuchar la respuesta de Rapunzel, aunque tratara de entender, era inútil, su cerebro no daba para más ese día. El sueño le ganó la batalla y terminó quedándose completamente dormida.
Respuestas a los reviews.
miguel-puentedejesus: Que bueno que te siga gustando :3
Chat'de'Lune: Exacto, su madre es una buena persona. Sólo quiere recuperar el amor de su hija y tal vez ya lo está consiguiendo.
De hecho, creo que eso hace. Ya conviven más como hermanas que antes ;3 Me encanta leer tus teorías, siento que podría crear otra historia sólo con ellas jaja gracias por eso. Y también es agradable resolver tus dudas. Con el paso de los capítulos se aclarará tu duda sobre su actitud con Ariel, y creo que es de las partes que más me emociona porque lleguen de una vez, pero bueno, todo a su tiempo. ¡Gracias por leer! Y por tomarte tiempo para comentar. Cuídate, nos leemos pronto.
