Hola nuevamente. Como siempre agradecer cada uno de sus comentarios que me hacen muy feliz.
Ahora una aclaración, me di cuenta que varios se confundieron sobre la carta, seguro no logre explicarme bien así que dejo en claro una cosa Ryoma y Sakuno no tienen ningún lazo sanguineo que los haga parientes. Lo que dijo el abuelo de Ryoma era lo que le hubiese gustado, solo lo hiso para burlarse de su hijo.
11.-ESCAPANDO DE TU PRESENCIA
Las emociones que embargaron al joven de ojos ámbar al besar nuevamente a la joven de mirada carmesí, derrumbaron la siempre impertérrita personalidad de Ryoma, desequilibrando su vida al punto de hacerlo huir de su propia casa. Si fuera supersticioso podría asegurar que Sakuno tiene alguna especie de poder maligno que lo hace reaccionar tan fuera de sí, a pesar de ya no tenerla presente aún lograba percibir esa embriagadora fragancia única en ella.
El sol ya se ocultaba en el horizonte, permitiendo que débiles destellos bañaran paulatinamente el manto oscuro del firmamento. Un suave viento cálido atravesaba por los jardines de la residencia, mientras Ryoma caminaba a toda prisa hacia los estacionamientos sin acompañantes o personal que se lo impidiera. Llegando se aprestó a buscar un auto disponible escogiendo un BMW platinado, aparcado no lejos de la salida. Allí un joven se encontraba limpiando con precisión los vidrios polarizados.
-¡Katsuo! – llamó al chico moreno de expresión trémula - ¿está listo el auto?
-Echi… Echizen-sama – dijo haciendo una reverencia - ¿piensa… salir?
-Vamos estoy apurado – gritó enervado al escuchar la pregunta que le pareció absurda.
-S-sí, claro… ¿Pero a dónde vamos? – cuestionó nervioso, mientras le abría la puerta trasera a su jefe.
-Solo maneja – cerrando para no tener que hablar.
A los pocos minutos se encontraban en la avenida principal, con mucho esfuerzo y cautela el joven Katsuo logró descubrir hacia que sitio deseaba ir Ryoma, siendo un novato en esto no sabía muy bien como proceder, sobretodo considerando que su jefe aún debería estar en reposo. Pero negarse a una petición de él no estaba en sus planes, ya había escuchado los rumores del castigo de Horio y obviamente no pensaba tentar al demonio de Ryoma para descubrir que tanta veracidad había en esos dichos.
Viajaron hasta Shibuya para asistir al "LoveParadise" negocio que era de su propiedad y que podría brindarle la distracción que necesitaba. Al igual que otras noches el lugar estaba muy concurrido por hombres de trabajo que deseban relajarse de su agotada jornada. Ingresó intentando no llamar en demasía la atención, ya que no estaba de humor para hablar con nadie que quisiera elogiarlo o buscar un favor.
A pesar del sigilo con el que entró, muchas fueran las miradas que se posaron en él. Habrían varios que hubiesen corrido a saludar pero la cara de pocos amigos que traía les hizo retractarse de su intenciones. Se encaminó al bar que estaba casi al final del recinto a un costado del escenario principal, que en estos momentos presentaba un espectáculo de bailarinas exóticas que llegaba a su término.
Un largo mesón negro de cubierta plateada y borde redondeado que caía para perderse en la oscuridad del piso, era enmarcado por asientos adheridos al suelo que se alzaban en un pilar sujetando una cubierta circular. Estanterías de vidrio reluciente permitían el descanso de innumerables botellas del mejor licor importado y nacional, que se veían en mayor cantidad al ser reflejadas por un espejo que actuaba de pared. Bajo esto una vitrina repleta de copas y vasos de cristal de diversas formas y tamaños, cada una dependiendo del tipo de bebida que llevaría.
La música estridente era casi un susurro para Ryoma, no tener que escuchar a nadie era un placer indiscutible ni siquiera la melódica voz de Sakuno que insistía en retumbarle en su cabeza. Ignoró cuanta gente estuviese a su alrededor, se acomodó en uno de esos pequeños asientos circulares para servirse rápidamente algún brebaje que adormeciera sus turbaciones. En ese preciso instante apareció el cantinero, un hombre robusto de gran porte, resaltando una calvicie intencionada que afianzaban aún más sus toscas facciones.
-¿Lo de siempre, Echizen-sama? – dijo el sujeto con voz enronquecida debido al tabaco.
Ryoma solo asintió sin mirarle, mientras el hombre se encargaba de servirle en un vaso cuadrado con harto hielo Whisky añejo, le acercó el trago con prudencia depositándolo sobre una pequeña servilleta blanca. El joven de mirar ámbar se apresuró a tomarse sin respirar todo el contenido, para luego exigir otro más. El cantinero lo miró asombrado pues no era de él actuar tan impulsivo, pero no iba a discutir con el dueño como era correcto beber.
Volvió a servirle para que se repitiera la misma acción. Luego de unas dos veces más de lo mismo, le hizo señas a uno de sus ayudantes para que llamara a alguien, mientras él continuaba con su labor. Ausente a esto, la vista de Ryoma se perdía en el escenario sin expresión de interés real observaba como un grupo de bailarinas se desenvolvía al son de una sensual música caribeña. Cada una con provocativos atuendos que se iban desprendiendo con gráciles movimientos, dejando que la imaginación de sus espectadores desbordara a sus pies.
A pesar de la gran emoción del show Ryoma no lograba encontrar la diversión en lo que sus ojos veían, realmente estas cosas no eran algo de su agrado, si había aceptado administrar este negocio no era por ver a las chicas sino por que sabía que las entradas de dinero eran impresionantes. No era una tarea muy difícil saciar los deseos lujuriosos de los hombres, sobretodo si estos estaban dispuestos a desembolsar lo que fuera por una buena atención. Aunque no podía negar que también gozaba de ciertos beneficios.
Sin hartarse del trago que ingería elucubraba como sacarse a Sakuno de la cabeza, que parecía una peste en su mente con esa postura tan cándida y gentil que le colmaba los nervios. Todo sería más sencillo si actuara como la mujer embaucadora con experiencia como el prefería creer. La música volvió a cambiar a una más siniestra y envolvente, bajando las luces se oscurecía el escenario para dejar entrever unas sombras que se desplazaban para comenzar otra presentación.
Dos chicas con atuendo que simulaban ser vampiros, se contorneaban incitando a los fogosos ojos masculinos que no perdían ninguno de sus movimientos. La imaginación de Ryoma no se quedaba atrás, claro que en vez de ver a las bailarinas veía con nitidez alarmante a Sakuno en uno de esos sensuales trajes, sacudió la cabeza y ahora le pidió al cantinero que le entregara la botella, si era necesario borrarla hasta la inconciencia lo haría.
-¡Ey, Ryoma! ¿Qué haces? – la molesta voz de Momo a sus espaldas.
-No vez – le señaló la botella con burla.
-Sí, pero desde cuando te tomas todo lo que se atraviesa – intentando quitarle la botella que rápidamente logró cubrir en su chaqueta.
-¿Qué… ahora eres mi niñera? – con voz un tanto temblorosa por efecto del trago.
-No. Pero… - no continúo escuchando.
Al ver a Momoshiro frente a él comprendió porque había sido un error escoger ir al club, seguro su sirviente y amigo se encargaría de fastidiarle la noche. Buscando escapatoria giro para evadirlo oyendo como este le hablaba y hablaba casi sin respirar, le habría gustado zamparle la botella en la boca si eso lo hacía callar, se retuvo asiendo con fuerza el cristal en sus manos.
Hasta que al fin la puerta de escape apareció ante sus ojos, cruzando el gentío se hallaba Tomoka sirviendo unas mesas. Sonrió arrogante, justo la persona que podía sacarlo de sus turbaciones. Se paró de prisa sin soltar la botella de Whisky y se encaminó a su objetivo escoltado por su molesto amigo, que continuaba parloteando a sus espaldas.
A unos pasos de ella, Tomoka se encontró con esa penetrante mirada tambaleo un poco por miedo al imaginar las razones de esa visita. Hubiese querido huir pero eso sería un error aún más grande, así que fingió una coqueta sonrisa cuando Ryoma la jalo del brazo para arrastrarla hacia la salida. Sumisa camino a su lado sin la menor intención de cuestionarlo.
-Ryoma ¿a dónde vas? – le espeto Momo con recelo.
-No es obvio – dijo indiferente.
-¿Pero que piensas hacerle? – inquirió, temiendo que su jefe cometiera una brutalidad al estar un poco excedido de alcohol.
-No tengo que explicarte lo que hago con las mujeres. ¿O es que necesitas consejos, porque Ann ya no está satisfecha? – expresó con ironía.
-Ella esta muy a gusto – se defendió avergonzado.
Comprendiendo los motivos de Ryoma lo dejo partir sin cuestionarse más cosas. De todos modos este asunto tan repentino le hacía estar alerta, ya que los cambios de humor eran más que notables y todo este impulso por el alcohol no era una buena señal de estar en sus cabales. Así que por precaución le ordenó a Katsuo que estuviese atento, cualquier cosa que lo llamara.
El silencio comenzaba a ser agobiante, eso de no saber cuales eran las intenciones para ir a buscarla la atormentaban. Hasta que en un rato más llegaron a su departamento, eso la sorprendió y en parte calmo su ansiedad sabiendo que nada muy terrible podía ocurrir. Un conjunto de varios departamentos en bloques, en donde se apreciaba la gran cantidad de población que podía vivir allí.
Era una zona residencial para la clase obrera sin mayores comodidades, pero suficiente espacio para tener privacidad. Sin emitir palabras seguía los tambaleantes pasos de Ryoma para coger el ascensor que los llevaría al sexto piso. Temerosa solo se remitía a observar de soslayo y un tanto impresionada al verlo ingerir tanto Whisky ni en los peores momentos lo había visto tomar tanto.
Llegaron al pequeño departamento de dos ambientes, separando por un frágil biombo de madera el cuarto principal. Decorado en tonos fuertes y contrastantes con muros de rojo escarlata con muebles en negro, asimismo unos cuantos adornos modernos que resaltaban la personalidad extravagante de la propietaria. No podía presumir de elegancia pues algunas cosas rayaban en lo vulgar.
Con aspecto desgarbado volvió a empinar la botella tomando un buen trago ya ni siquiera sintiendo el ardor en su garganta. Tomoka solo lo observaba precavida aguardando a que Ryoma diera señales de su presencia, hasta que volteo para escudriñarla con frialdad y repentinamente la jalo hacía él para absorber el fuerte perfume que destilaba la mujer, no pudo evitar hacer una mueca de desagrado aunque antes eso no le molestaba.
Sabiendo que las intenciones de Ryoma no eran castigarla, se atrevió a moverse a penas con sus manos acariciando sobre la camisa para tantear el terreno. Con cierta brusquedad Ryoma la besó empujándola hasta llevarla a la cama tras ese escuálido biombo. Intentó saciarse con aquella piel que tanto conocía, recorriendo la extensión de su cuello hasta la naciente de sus senos, escuchando como Tomoka gemía su nombre y lo acariciaba para incitarlo.
-Ryoma, te extrañaba – un sonido que le causo estupor, paralizándolo.
Se incorporó a un costado de la mujer que no comprendió la inesperada reacción como si de repente el fuego se hubiese extinguido. Miró de soslayo como Ryoma se cubría sus ojos algo inquieto, quizás el exceso de alcohol comenzaba a surtir efecto. Ryoma se restregó los ojos con fuerza tratando fallidamente que la imagen de Sakuno se borrara. En ese preciso instante entendía lo que sentía un hombre impotente al darse cuenta que ningún estimulo avivaba su cuerpo.
Divagando en sus pesares, sintió como las diestras manos de Tomoka incursionaban bajo su pantalón. No era la primera vez que lo hacía, pero si la primera en que no surgía efecto el contacto. Estaba sin vida o mejor dicho alguien le había arrebatado la llave para encender sus instintos masculinos. Aquella fémina no escatimaba en esfuerzos por conseguir excitarlo, fue entonces que Ryoma la alejó de él al percibir que nada lograría pues una retumbante voz con ojos carmesí le gritaba "yo tengo la llave".
Se levantó de la cama con algo de dificultad ante una asombrada mujer que no daba crédito que sus siempre perfectos mimos lograban despertar hasta el hombre más reacio e indiferente.
-Ryoma, ¿adónde vas? – quiso saber al verlo arreglarse la ropa y tomar la botella – si estás demasiado cansado es comprensible, pero sabes que tu Tomoka puede ayudar a relajarte.
-Cállate – expresó ardiendo de rabia al ver socavadas sus opciones de escape.
No tenía la menor intención de discutir sus problemas sexuales con nadie, además, que la respuesta a eso comenzaba a tener un claro culpable. Se apresuró a salir y aunque Tomoka quiso detenerlo solo la empujo para quitársela de encima. Con la mente en proceso de nublarse y su cuerpo sintiéndose más pesado no vaciló en recordar la botella, a la cual se aferraba como si fuera su última opción. Al salir, el aire fresco arremetió contra su rostro para tambalearlo casi el punto de caer.
Se sostuvo en una pared contigua para equilibrase, mientras indagaba en donde estaba Katsuo que al verlo fue a su encuentro. Se encaminaron hacia el auto en trancos dudosos y poco agraciados al menos consiguieron llegar. Una vez dentro se acomodó como pudo, abriendo la ventana para que el aire le ayudara a despejar un tanto la borrachera. Se colocaron en marcha sin rumbo fijo.
-Katsuo… hacia el… este – balbuceo.
-Pero, Ryoma-sama esos son terrenos…
-Hacia el este – grito.
Con temor obedeció no sin antes enviar un mensaje de auxilio. Se demoro todo lo que pudo para llegar a una bahía un tanto desolada, en donde solo se veía un muelle que se adentraba en el mar con unos cuantos faroles que con gran esfuerzo iluminaban el camino. Asimismo se observaba un pequeño grupo de gente, principalmente prostitutas y hombre en busca de placer. Al detenerse el auto bajo torpemente hacia el muelle.
Con la vista descentrada diviso una silueta femenina que lucía una larga cabellera rojiza, sus ojos se encendieron con fulgor al encontrar a la mujer que no lo dejaba tranquilo. La fémina volteó al sentirse observada y notando lo guapo que se veía, además, de distinguir que el dinero no era un problema, se dirigió hacia él con sensuales pasos. Ryoma se quedó esperándola profundizando su mirada que solo veían contornearse el esbelto cuerpo de Sakuno. La mujer lo abrazo por el cuello golpeándolo con la fragancia barata que usaba, justo para hacerlo despertar.
-Guapo, ¿cuánto tiempo me necesitas? – aquella melosa voz lo hastió, quitándole sus brazos para distanciarla.
-No eres Sakuno – dijo para sí con tono sarcástico.
-Puedo ser quien quieras, guapo – acercándose para besarle el cuello.
-Aléjate, ramera – empujándola con fuerza, la mujer calló furiosa gritándole maldiciones irrepetibles.
Desde las sombras un par de hombres salió en defensa de la mujer, con aspecto de pandilleros se aproximaron a Ryoma que los miro con notable arrogancia, haciendo que los sujetos se enfadaran más y arremetieran contra él. Luego que uno le diera un certero golpe en la mandíbula, rompiéndole el labio, apareció Momo y compañía a tiempo para que no lo masacraran ya que su estado etílico le impediría esquivar o dar algún golpe.
-¿Quiénes son ustedes? – vociferó uno de ellos – estos son los dominios de Rokkaku.
-No queremos problemas, solo venimos por él – contestó Kintarou con supremacía.
-Tu amiguito empezó metiéndose en nuestros dominios y con nuestras mujeres.
-¡Aún te… falta… mucho! – se burló desde el suelo.
-¡Eh! Ryoma párale – le reprendió Momoshiro.
Al escuchar decir semejante insulto uno de los hombres saco un arma, pero el otro quien había hablado lo retuvo para mirar con atención el rostro altivo de Ryoma. De repente sus ojos se oscurecieron con temor.
-¿Ese tal Ryoma no será de los Echizen? – quiso cerciorarse antes de confrontarlo.
-Perdedores – volvió a burlarse mientras intentaba ponerse en pie - ¿quién más?
-Oye, oye – hablo el otro sujeto - ¿quién es ese tal Echizen? – recibiendo un manotazo en la cabeza.
-Uno de los sucesores de Seigaku, ¡imbécil! Disculpen a mi compañero es nuevo, no queremos problemas con ustedes, nosotros nos vamos – jalando a su amigo lejos de allí.
-Por suerte vinimos… sino este idiota arrogante habría causado una pelea innecesaria – decía Takeshi en voz baja para que el aludido no oyera.
-Nadie les pidió ayuda – rezongó desde el suelo.
-Malagradecido y encima que te salvamos de una golpiza – dijo ofendido Momo.
-Ja… yo solo habría acabado con esos imbéciles – su turbada voz no favorecía su arrogancia.
-Ya cállate Koshimae y salgamos de aquí – le tomó el brazo para que se apoyara en él.
-Suéltame – se zafó molesto.
-Todavía sigues enojado por lo de ayer – afirmó el pelirrojo.
-Kintarou, no creo que se buena idea discutir con él así – señalando lo deplorable que se veía.
-Si este idiota no quiere entender no es mi problema.
-Has lo que quieras. Esa mujerzuela no me interesa – expresó con desprecio, pero un claro dolor en sus ojos no reflejaba sus palabras.
Obviando el estado etílico de Ryoma, Kintarou empuñó su mano para azotarla con rudeza en el pálido rostro de su primo, que sin oponer resistencia cayo cual saco de papas al suelo.
-Oye Kintarou, no vez que esta ebrio – se apresuro Momo a socorrer a su jefe.
-Eso no es justificación – habló tajante.
Mientras un adolorido y tambaleante Ryoma se sobaba el labio que volvía a sangrar, miró con cierto rencor a su agresor sabiendo que tenía razón, pero jamás lo aceptaría.
-Déjalo. Este estúpido aún cree en esa cualquiera – cada palabra de desprecio contra Sakuno lo hacía sentir más miserable, situación que lo confundía. ¿No se supone que él pensaba eso?
-Aquí el único estúpido eres tú – jalándolo por la camisa hasta elevarlo a su altura.
Lo zamarreó con brusquedad para acomodarse y enfrentarlo con los ojos ardiendo en rabia, mientras un angustiado Momo no sabía que hacer para evitar una pelea injusta, al ver la clara desventaja de Ryoma.
-No vuelvas a referirte a Sakuno-chan así – lo amenazó fríamente.
-Es lo que es – hablaba intentando liberarse, pero su poca estabilidad se lo impedía – si tanto te gusta has lo que quieras.
-Kintarou, no conseguirás nada con él en ese estado – solo palabras al viento.
-Y es lo que voy hacer. Pero antes te callaras la boca para que no vuelvas a insultar a la persona que será mi mujer…
-Ja – se rió burlesco – tu mujer… ¿y de cuántos más?
El solo pensar que Sakuno hubiese estado con otros hombres más y que uno de ellos fuese su abuelo le hacía hervir la sangre de celos, su orgullo de macho lo cegaba no permitiéndole razonar correctamente. El silencio de Kintarou le hizo sentirse triunfante, pero la seguridad en los ojos de su primo no amainó más bien parecía idear una respuesta irrefutable.
-Eso no me importa – dijo al fin con real sinceridad, causando incredulidad en Ryoma que no se tragaba esas palabras llenas de caballerosidad.
-Si claro – bufó en su cara.
-Admito que siento celos por que hayan otros que se me adelantaron, pero es un pasado que no puedo cambiar. Aún así la quiero y prefiero aceptarla tal cual a no tenerla, mientras que cuando este conmigo pueda llamarla solo mía.
-Solo hablas por hablar – quiso refutar para que ese argumento no doblegara sus propias ideas.
-Di lo que quieras. Pero es bueno saber que ya no te interpondrás entre nosotros. Me llevaré a Sakuno a Osaka, allá estará más segura que aquí.
Esa última afirmación fue como un click en su cerebro una especie de alarma que le advertía el peligro. Se quedo estático al no poder expulsar las respuestas contradictorias que su mente formulaba, una de ellas decía "Llévatela es tuya. A mí no me interesa" y la otra "Ella es mía, no permitiré que me la quites". Sin embargo, todo quedo atorado en su garganta como si una fuerza interior le impidiera hacer audible aquello.
Una extraña emoción cercana al sufrimiento luchaba intensamente por evitar que le quitaran algo de suma vitalidad para su existencia. Su cabeza le daba vueltas en círculos siendo incapaz de refutar a Kintarou y a sus propios sentimientos, un fuerte mareo lo estremeció dejando caer la botella que se rompió en miles de pedazos logrando soltarse de su primo dio unos pasos para apoyarse en el barandal y terminó despojándose de la dignidad que le quedaba en la oscuridad del mar.
-Al menos ahora se calló – dijo divertido Momoshiro.
-Sí. Koshimae mañana no podrá levantarse – emitió entre carcajadas como si nunca hubiese discutido.
-Llevémoslo de aquí antes que despierte.
Tomándolo cada uno por los brazos y arrastrándolo hacia uno de los autos, se largaron de aquel muelle para olvidar otra noche de lo más extraña. Un Ryoma aquejado por algún problema que termina emborrachado como nunca lo ha estado.
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A lo lejos sentía como unos cristales se rompían en miles de trozos y a medida que se hacía más conciente de ellos el estruendo sonido parecía romperle los tímpanos y quebrajarle la cabeza. A su vez una cegadora luz lastimaba violentamente sus resentidos ámbares que anhelaban por encontrar la oscuridad como refugio. Para aumentar el martirio su garganta y boca reclamaban agónicas por algo que aminorara en parte la voraz sequedad que sentían.
Levemente sus sentidos avivaban torpemente aún sin estar capacitado para controlarlos. Por otra parte mientras más despierto estaba se hacía más sensible a los estímulos externos, intensificando sus malestares exponencialmente. Imaginando que abrir los ojos no era una buena idea se esmeraba por no permitirse separar sus párpados, pero unos ruidosos visitantes lo obligaron a dar inicio a un nuevo día.
-Oye, Chibisuske, despierta. Si ya es más de medio día – como una estridente campanada que sonaba en su cabeza.
-No grites – se quejo afirmándose la cabeza.
-La borrachera no te sienta bien. Eso te pasa por querer aparentar ser hombre, deberías dejar el trago para tus mayores – se burlaba sin consideración Ryoga.
-Cállate – sin lograr cubrirse de los sonoros ruidos.
-Koshimae ¿cómo te sientes? – otro estruendo en su cabeza.
Aunque no recordaba fielmente lo que había acontecido la noche anterior, tenía la extraña sensación que Kintarou le había anunciado algo que no le gustó para nada. A pesar de no saberlo presentía algo por eso la agresividad de sus palabras.
-¿Cómo crees idiota? – entreabrió levemente sus ojos, pero los tuvo que cerrar al instante al percibir la luz
-Tómate esto te hará bien – le pasaba un vaso con un líquido rojizo.
-¿Qué es?
-Sólo bébetelo, te servirá para la resaca. Te aseguro que es efectivo aunque el sabor sea asqueroso – esbozando una mueca de asco.
Imaginado de quien era esa fórmula dudo, pero los síntomas de la borrachera eran tan intensos que prefirió beberse aquel repugnante líquido con tal que le aliviara en algo sus malestares. Hasta la última gota que le provocó un estremecimiento de repulsión, aunque nada era peor que los efectos de su insensatez con el exceso de alcohol.
-Ahora solo descansa un rato y aquí Nanako te dejo una jarra con agua – escuchó con la esperanza que se largaría y lo dejaría dormir – y por favor date un buen baño por que apestas, como será que hasta esa bestia que tienes de mascota te abandonó.
-¿Dónde está? – verificando que no dormía a su lado como era habitual.
-Nanako-san dijo que se fue al cuarto de Sakuno-chan, al menos, allá amaneció durmiendo – habló Kintarou.
-Traidor – murmuro entre dientes.
-Tengo que decirte algo, Chibisuske – cuando confirmó que su hermano le prestaba atención, prosiguió – mañana me llevo a Ryusaki-san a Yokosuka para mostrarle las propiedades que le dejo el abuelo.
-¡Eh! ¿Tú? – al unísono gritaron ambos.
-Sí. ¿Por qué? ¿Algún problema? Alguien tiene que hacerlo – expreso inocente.
-Cierto. ¿Pero por qué tú? – dijo Kintarou desconfiado, mientras Ryoma asentía incapacitado para algo más.
-Ya lo dije, alguien de confianza debe hacerlo y yo estoy libre. Además, así aprovecho de tomar un descanso de fin de semana. Ya tengo varias cosas planeadas junto a Ryusaki y aunque no es mi tipo, sigue siendo una mujer hermosa – se saboreaba los labios con lujuria – solo me falta decirle a ella.
-En ese caso, yo también puedo llevarla o incluso Koshimae – propuso Kintarou que no confiaba en las buenas intenciones de su primo mayor.
El que fuese Kintarou no era que le agradara la idea del todo, pero Ryoma prefería mil veces a su primo que a su hermano para cuidar de Sakuno. Aunque si su orgullo le permitiese actuar se ofrecería gusto ir él, y como ya se le habían adelantado no podía usar la misma excusa pues corría el riesgo que su interés por Ryusaki fuera notable.
-Imposible. Primero por que tú – apuntando a Kintarou – tienes que ir a Osaka. Estuve hablando con Shiraishi-san y me comentó su preocupación por los negocios que no has cuidado muy bien este último tiempo. Deberías ser más responsable, se supone que eres el líder y hace un mes que no te apareces por allá. No puedes abandonar los negocios así no más – le reprendía seriamente.
-Pero Shiraishi ha ido – se excuso sin convencimiento.
-Tú eres el jefe. Si te ausentas demasiado tus hombres podrían comenzar a dudar de tu liderazgo, sobretodo si te preocupas más por nosotros. Recuerda cuando el abuelo te adopto, paso una temporada contigo allá en Osaka, pero nunca dejo de viajar frecuentemente para ver como iban las cosas por acá y eso considerando que estaba mi padre. Tú no tienes otro reemplazante.
-Tienes razón.
-Obvio. Shiraishi-san ya tiene los pasajes, si te vas mañana puedes regresar el domingo en la noche y no te preocupes por los negocios de Ryoma, un fin de semana pueden sobrevivir con Momo.
-Está bien – dijo resignado – pero…
-Y segundo, Ryoma en su estado no puede ir a ninguna parte y no es un buen anfitrión, además, estoy seguro que prefiere estar lejos de Ryusaki antes de ir con ella – sus palabras fueron sutiles pero certeras para retar a su hermano que sabía que le molestaba esta situación.
Como era de esperarse el menor de los Echizen no rebatió a Ryoga, entre su orgullo y mal estado de salud no le quedaba mucha energía para enfrentarlo. Solo fingió ignorar el asusto, aunque se carcomía por dentro al darse cuenta de las triquiñuelas de su hermano por llevarse a Ryusaki y quitarse cualquier impedimento. Viendo que no tenía como cambiar la situación en ese momento los expulsó de su cuarto, afirmando que necesitaba dormir.
A pesar de que accedieron, Ryoga no desaprovecho la oportunidad para decir un comentario que enervara todavía más a su indiferente hermano.
-Creo que disfrutaré mucho en compañía de Ryusaki-san, seguro conseguiré que me enseñe alguna de sus bondades – una frase cargada con dobles intenciones.
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Cuando el sol ya había pasado su punto más alto, la joven Sakuno deambulaba indecisa por lo jardines intentando canalizar sus ideas. Aún no tenía el valor para hablar con Ann en busca de ayuda, así que estaba buscando algo en que ocupar su mente. Lo único que se le ocurría era trabajar en sus perfumes ¿pero cómo? No se atrevía a pedirle a Kintarou que la acompañara a recoger sus cosas a la tienda y mucho menos a Ryoma que se moría de la vergüenza de solo mirarlo.
Divagando en sus pesares, pensó que quizás podría pedirle a Momoshiro que la llevara. Así que se enfocó en su búsqueda, concentrada en eso no se percató cuando choco con alguien y al reconocerlo se asusto inevitablemente por la poca amabilidad que mostraba Kaoru Kaido.
-Ryusaki-san ¿Está bien? – una cariñosa voz que le sonrió.
-Fuji-san – expresó sorprendida al reconocerlo.
-No te asustes, Kaoru-kun tiene una horrible cara pero no es mal sujeto – se rió al ver la molestia del aludido.
-Lo siento – le hizo una reverencia a Kaoru, este solo profirió un bufido.
-Dígame Ryusaki-san ¿buscaba algo?
-No… sí, ¿usted ha visto a Momoshiro-san? – dijo entrelazando con nerviosismo sus dedos – es que quería pedirle que me acompañara a recoger unas cosas.
-Mmhmm… acabo de verlo salir con Kintarou-san y por lo que sé tardarán en volver. ¿Adónde quería ir?
-A mi tienda a buscar algunas cosa para trabajar en casa, como no puedo salir sola. Pero gracias por todo – pronunció decepcionada.
-Pero si necesita que la lleven, nosotros podemos acompañarla – se ofreció gustoso Syusuke.
-¡No, no, no! No se tiene para que molestar, puedo ir otro día.
-Para nada es una molestia. En estos momentos no tengo nada que hacer y si solo son unas pocas cosas pienso que no tardaremos mucho. Venga nosotros la llevamos.
Con la insistencia de Fuji no le quedó de otra que acceder a la oferta que tan gentilmente le hizo. Además, eso le permitiría distraerse un poco y alejarse de Ryoma, ya que aún no encontraba la forma de actuar con respecto a esto y por mas que elucubraba ideas se iba confundiendo más sin hallar solución; mejor era tomar aire para no acabar tan trastornada. Sabía que trabajando se relajaría y con algo de paciencia se le ocurriría como tratar con Ryoma.
El trayecto fue más tranquilo de lo esperado y agradecía el esfuerzo de Fuji por hacerla sentir cómoda, a pesar de la presencia de Kaoru que la inquietaba. Una vez piso su tienda se sintió renovada como si hubiese recargado las energías, una mezcla de fragancias la recibió lo que le permitió adquirir confianza y serenidad. Se apresuró a buscar lo que necesitaba adentrándose a un cuarto trasero, de donde trajo un maletín gris para transportar los frascos.
-Ryusaki-san, le importaría quedarse un momento a solas con Kashiro. Es que recién me llamó Tezuka-san y debo ir a resolver un problema. Pero no se preocupe volvemos enseguida, es a un par de cuadras – se excuso apenado.
-Para nada. Así guardo lo que necesito con calma – dijo aliviada al no tener presión.
-Muchas gracias y disculpe. No tardaremos más de una hora, así que por favor espérenos.
-No hay problema, Fuji-san – sonrió agradecida.
Fue un verdadero alivio quedarse sola y no sentir la presión de ser observada. Aprovechando su tiempo y la buena disposición de su acompañante comenzaron a embalar las cosas que se llevarían, asimismo las que dejarían guardadas mientras no pudiera volver a su vida normal. El trabajo estaba casi listo y poco faltaba para que fueran por ellos, en eso un escalofrío que recorrió su espalda la hizo temblar asustada.
En sonido chirriante se abrió la puerta dejando entrar a un personaje que realmente le causaba estremecimiento, sus temores tomaron forma en la persona de Atobe Keigo que la inspeccionó con una sonrisa escalofriante. Al instante se adentró directo hacia ella, pero Kashiro se interpuso para protegerla aunque se veía el miedo que el sentía, una burlesca risa se apoderó de la tienda al ver tan escuálida defensa.
-No eres más que un novato – sin detener su paso, quedando a pocos centímetros de Kashiro que sentía como le temblaban las piernas – si te apartas puede que te compadezca, a quien necesito es a ella.
-N-no… debo… - pero en una vacilación de sus ojos, recibió un certero golpe en su cara desplomándolo al suelo.
-¡Noooo! – gritó con desesperación Sakuno, que permanecía inmovilizada en su lugar.
-Solo quedo inconsciente. Que poca estima tiene Seigaku de tu vida, dejarte a cargo de un insignificante novato como ese – se mofaba mientras tomaba a Sakuno por el cuello – pero no importa, ya que eso me facilitó las cosas. Ahora te vienes conmigo.
-¿Qué quiere de mí? – logró balbucear entre dientes.
-Solo tienes que venir conmigo. Las cosas han cambiando un poco y tengo muchos planes que incluyen tu presencia – sujetando fuertemente su rostro, para que lo mirara directo a los ojos.
-¿Cómo sabía… que estaba… acá? – alcanzó a expresar cortadamente.
-Tengo hombres que vigilan esta zona, sabía que tarde o temprano aparecerías por aquí – dijo con supremacía – Ahora nos vamos.
Sumida en el miedo de ser obligada a ir con él, sus ojos se bañaron de una cristalina capa que se deslizaba en débiles gotas por sus mejillas. Quizás si hubiese tenido más paciencia no estaría pasando por esto, lo que menos deseaba era que la alejaran de Ryoma pues tenía la certeza que si este hombre se la llevaba no volvería a verlo. De súbito el valor nació para no dejarse dominar e intentando zafarse quiso golpearlo con sus manos, pero Atobe la capturó violentamente del cuello limitando todos sus movimientos.
-Escucha mujercita – expresó con vehemencia – esto no me gusta más que a ti, lamentablemente no puedo evitar tu presencia y tengo que llevarte conmigo. Si quieres que te trate con amabilidad tendrás que obedecerme, de lo contrario atente a las consecuencias.
-N-no… quiero ir – esbozó asustada.
-Jajaja… no tienes opción – sintiendo un ruido extraño tras él.
-Claro que la tiene – una ronca voz, los ojos carmesí brillaron intensamente al descubrir que Ryoma la volvía a rescatar – así que será mejor que la sueltes, sino quieres que tus sesos se esparramen por todo el lugar.
-Eres peor que las ratas, Echizen.
-Lo mismo digo, pero tú estás en la madriguera equivocada. Estos terrenos son míos – espetó tajante.
Una ráfaga que tensó todos sus músculos al notar que ninguno tenía intenciones de ceder, quiso liberarse pero aún era firmemente sujetada, hasta que de improviso Atobe la soltó con brusquedad lanzándola hacia el mesón de trabajo, cayendo de lleno sobre la dura cubierta para luego caer al suelo. No alcanzó a darse cuenta cuando escuchó un disparo y unos vidrios quebrajarse, solo atinó a cubrirse la cabeza tirada en el suelo.
Todo paso demasiado rápido como para distinguir que estaba ocurriendo, en eso pensó en si ese disparo no había sido para Ryoma y rápidamente se incorporó para verificar en donde estaba. La escena era confusa, el ruido externo parecía turbador no logrando saber que pasaba exactamente, hasta que unos cálidos brazos la jalaron hacia el suelo.
-No te muevas, espera para ver que ya no haya peligro – un gran alivio al entender que Ryoma se encontraba a salvo.
-¿Estás herido? – preguntó para cerciorarse.
-No. Ahora quédate aquí – asintió escondida tras el mesón.
Dentro de unos segundos más, Ryoma volvió a su lado agachándose junto a ella. Sakuno alzó sus ojos para mirarlo y poder confirmar por ella misma que no presentaba ningún daño, al darse cuenta que estaba bien dejo que una radiante sonrisa cubriera su preocupación y en un inesperado acto se abalanzó sobre Ryoma para abrazarlo por la cintura enterrando su rostro en el pecho masculino. Aquel acto provocó que ambos cayeran al suelo, quedándose cobijados en un íntimo silencio.
Un leve sollozo rompió esta calma, sin emitir palabras Ryoma la estrechó en sus brazos con protección mientras un suceso de extrañas sensaciones comenzaba a tomar forma en su pecho. Dejando que el suave perfume de los cabellos femeninos lo embriagara, dejo que aquel sentimiento se hiciera presente en su mente y así poder entender que significaba. Recapitulando los hechos anteriores consiguió comprender que había algo que no podía permitir que volviera a ocurrir, la seguridad de Sakuno estaba exclusivamente en sus manos.
-Yo te voy a proteger – susurro para ella.
Una frase que no alcanzó a procesar en su cerebro, solo el impulso que sentía de llevar a cabo esa promesa por su propia cuenta, no por que se viera obligado ha tener que hacerlo sino por que deseaba fervientemente cuidar de Sakuno, aquel desconocido sentimiento ahora era tan nítido como el agua e imposible de negarlo que ni el mismismo orgullo podría contrariar aquel mandato.
El regocijo que el corazón de Sakuno percibió al escuchar esas palabras fue tan maravillosamente soñado, que le fue imposible controlar sus emociones al punto que alzó sus ojos rebosantes de felicidad y no encontró mejor manera de agradecerle que besarlo con anhelo en los labios. Un beso que le capturó desprevenido, pero aquella cálida caricia lo envolvió en un agradable embrujo permitiéndose cerrar sus ojos para disfrutar por entero el momento.
Sumidos en una escena que solo pertenecía a los dos, se besaron con necesidad y ternura. Ambos dejaron que sus labios se complementaran con total naturalidad, danzando armónicamente como si desde siempre hubiesen estado acostumbrados a estar unidos. El mundo a su alrededor no tenía cabida en ellos, siguieron con aquella estimulante caricia hasta agotar las reservas de oxígeno.
Avergonzada bajo su rostro enrojecido, pero Ryoma con delicadeza le alzo la pequeña barbilla para apreciar sus hipnóticos ojos carmesí. Aunque apenada por su arrebato le sonrió tímidamente desarmando cualquier duda que él pudiese estar sintiendo, no hicieron falta palabras para definir algo que solo sus corazones podían comprender. Una mueca sincera con sus labios, le indicaron a Sakuno que era una sonrisa igual de feliz que la de ella, eso le vasto para disipar sus temores.
-¿Cómo… me encontraste? – la curiosidad era intensa.
-Ann le dijo a Nanako a donde ibas – sin esperarlo siempre terminaba sabiendo donde encontrar a Sakuno.
-Gracias – refugiándose en Ryoma.
Retomó su lugar entre los fuertes brazos masculinos, dejando que el momento se distendiera el máximo de tiempo posible, ya que no tenía certeza que la utopía que estaba viviendo pudiera transformarse en una verdad absoluta. Sin expresarse audiblemente ambos se refugiaron en ese abrazo a la espera que la realidad regresara a ellos, no importando si solo eran escasos segundos mientras pudieran disfrutarlo juntos. Ya luego verían que hacer cuando llegara el momento.
Hasta la próxima...
Listo este capítulo, fue lo que esperaban. Ahora que sucedera ¿Ryoga se saldrá con la suya y viajara solo con Sakuno? ¿Que hará Ryoma al respecto? Aquel beso, ¿será el comienzo para ellos o el orgullo de Ryoma ignorara el asunto? Nuevas cosas que se irán viendo en el próximo capítulo, cuidense mucho y nos leemos, chao
