Aclaración, J. K. Rowling es la propietaria de HP, yo sólo lo tomo pretado.
Hola, aqui actualizando rápido, jaja, gracias por su pronta respuesta, espero que la mía resulte igual
Quiero agradecer a Lagordis por sus RR que tan bien me han caído, bueno es que tú me si que me preguntas, jaja, espero que te guste este cap.
...
...
X
Ho, decepción
Harry se lamentó al empujarlo. - ¡Lo siento! – Dijo, pero ya estaba muy lejos del Hufflepuff. Estaba a punto de alcanzar el pasillo, su corazón bombeaba aceleradamente por la emoción. Vio la gárgola.
- Chimi churri – Dijo frente a ella y lo dejo subir por las escaleras. La puerta del despacho de Dumbledore ya estaba abierta.
- Pasa Harry. – Dijo el anciano mientras colocaba su túnica de viaje en el perchero.
- ¿Cómo le ha ido señor? – Dijo Harry mientras se acercaba al escritorio donde se sentó Dumbledore.
- Bien, bien – Dijo agitando la mano en el aire, desechando el asunto. – Veo que has recibido mi recado.
- Sí.
- Bueno, lamento haberme ausentado sin avisar, sin embargo creo que te gustará saber que te he traído un presente.
- Señor, no…
- Nada Harry, ya lo verás después. Ahora me imagino que esa es una invitación. – Dijo señalando al papel que Harry llevaba entre los dedos.
- Es la invitación formal a la Armada, señor. – Dijo Harry rebosante y entregándosela.
- Vaya, vaya… he estado deseando este momento por mucho tiempo. – Despegó el sello y sacó la limpia hoja de pergamino decorada en la que rezaba:
Estimado Profesor Albus Dumbledore,
Director de Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería
Y miembro del Wizengamont.
Orden de Merlín, primera clase.
La Armada Dumbledore se complace en hacerle una formal invitación a una de sus clases, que se realizará en el aula de los menesteres.
Esperando contar con su presencia el doceavo día del doceavo mes, a las 11 horas de la noche.
ATTE:
La Armada Dumbledore
- Que maravilla. – Harry esperó a que el director releyera la invitación. – Ahí estaré Harry.
- Será todo un honor.
- Por cierto Harry, me ha llegado el rumor de que el joven Malfoy está asistiendo a tus clases. ¿Puedes decirme cómo a sucedido tal acontecimiento? – a Harry se le encogió el estomago.
- Pues verá profesor, por un descuido… - Dijo Harry tomando asiento torpemente. – entró casi a la fuerza.
- ¿No te agrada su presencia? – Dijo Dumbledore mirando por encima de sus gafas. Harry guardó silencio. – Veras Harry, muchas veces al paso de los años, de los golpes de la vida y las circunstancia, la gente cambia.
- No Malfoy, señor. Creemos que nos está espiando, pero no puede hablar por que Hermione ha puesto un hechizo.
- Ya veo, y ¿Qué es lo que hace el joven Draco dentro de la clase?
- He… pues lo mismo que todos. Aunque a nadie le agrada que esté ahí. – Dumbledore movió la cabeza de arriba a bajo.
- Entonces nos veremos el doce. Ahora, si no te molesta, quisiera descansar, los viajes largos ya no son para un viejo como yo. – Harry se levantó y se dirigió a la puerta.
- Hasta pronto profesor.
- Sí Harry. – Bajó las escaleras, pensativo, tal vez Draco traería más problemas de los que pensaba en un principio.
- ¿Cómo te ha ido? – Preguntó Ron, apenas lo vio entrar al estante.
- Bien, estará ahí… ¿Y a ustedes?
- Nada – Dijo Hermione cancina. – He buscado en todos, pero no encuentro el libro o algo relacionado.
- Creo que por segunda vez alguien no quiere que encontremos lo que buscamos. – Dijo Ron.
- ¿También ha regresado la profesora Samantha? – Preguntó Hermione a Harry.
- Eso supongo, pero no le pregunte a Dumbledore. La abordaremos sin aviso previo.
Draco comenzó la semana más alegre de lo que recordaba en mucho tiempo. Había ganado el primer partido de la temporada, a pesar de haber pensado que no lo lograrían por lo precipitado. Había atrapado la snitch, pero sobre todo al final Hermione lo había besado. ¿Eso significaba que le perdonaba? ¿Qué ella sentía algo por él? Tal vez le gustaba a la Griffindor y eso suponía toda la felicidad del mundo. Quería gritárselo a todos, que todos supieran que Hermione Granger lo había besado. Deseaba subir a la torre más alta y gritarle desde ahí que le amaba, pero Draco quería esperar. Encontrar el momento perfecto aunque las circunstancias nunca fueran las propicias, estaba decidido a encarar al resto por ella, sólo por ella. A veces le mandaba miradas fugaces o le sonreía, pero todo apuntaba a que ella nunca las veía. Subió con tiempo desde las mazmorras, si tenía una oportunidad de hablar con ella no la desperdiciaría. Cuando llegó al séptimo piso Luna entró con él. Al menos la mitad de la clase ya estaba dentro. Se acomodó en una esquina, al lado del espejo, como solía hacerlo por que nadie lo aceptaba, sin embargo hacer cabrear a Potter bien valía la pena. Esa noche, por ser la última no volvió a practicar su patronus, había mejorado sin dudarlo las últimas clases, la luz se desplegaba como un campo alrededor de él, pero aun no tomaba forma. Estuvo atento viendo la manera en la que iban a competir, algo que le resultó de niños. Cerca de la una decidieron dar fin con eso y seguir con los combates. Harry y Draco fueron los primeros, aunque no era realmente un combate abierto, hasta el día previsto, se lanzaban uno que otro maleficio o se desarmaban, la cuestión era no demostrar desorganización, todo debía marchar a la perfección. Cuando todo quedó como Harry quería, la clase se retiró maldiciendo la hora, se habían estado desvelando mucho.
- No cuenten conmigo… - Dijo Ron malhumorado a sus amigos y salió tras Luna.
- Déjalo, ya recapacitará… - Dijo Hermione a Harry.
- Oye Potter, - Dijo Draco alcanzándolos en el fondo. – Veo que el Weasley se ha enojado con vos.
- Ese no es tu problema, Malfoy… vete a tu ratonera. – Dijo Harry enfurruñado y caminando hacia fuera. Hermione palideció frente a él.
- Harry por favor… - Suplicó Hermione y a Draco le salieron chispas por los ojos. ¿Por qué le suplicaba a él?
- ¡Esta bien Hermione! – Deliberó Harry. – Pero lo hago sólo por ti, espero que le des su merecido. – Espetó en la cara de Draco, furibundo. - ¡Vámonos! – Bramó, pero Hermione se negó a moverse.
- Iré en un segundo. – Dijo con autoritarismo ella, Harry los miró frustrado.
– Está bien, pero cuídate. – Dijo echándose la capa encima. Después salió y la puerta se cerró tras él.
- ¿Pero que…? – Dijo Draco con una ceja alzada. – Los tres parecen un matrimonio compartido. – Albureó.
- Hemos hecho un cambio. – Dijo Hermione seca. – Estarás conmigo en el duelo. – Luego se fue a tomar la lista y el chinchero que siempre traía.
- ¿Qué? – Dijo Draco.
- ¿No has oído?
- Sí, pero no pienso combatir contigo. Podría lastimarte, ¿Por qué no te quedas con Weasley?
- Tú ¿Lastimarme Malfoy? No me hagas reír.
- ¿Y por que no han tomado mi opinión en esto? – Dijo irritado. Hermione se quedó como estatua.
- ¡¿Opinión?! – Gritó fuera de sus cabales y Draco dio un paso atrás. - ¿Acaso tú me pediste mi opinión? ¿Acaso Zabini me la pidió? ¡Eres un cerdo!, primero te mentes a donde no te llaman y luego… ¿cómo te has atrevido?, pero claro, te pusiste de acuerdo con él para fastidiarme. Por que sabes que yo si tengo palabra, que valoro lo que tú nunca valorarías en tu vida. Por que después de todo soy yo la culpable de que estés aquí, y por lo tanto, soy yo la que debo pagar tu silencio.
- Calma Granger, ¿Qué te sucede?, creí que las cosas se habían arreglado entre nosotros – Dijo acercándose a ella. - ¿A que viene Blaise? ¿Podrías explicarme? – Hermione tembló de furia.
- ¿Ahora te haces el tonto? ¿Vas a inventar que no sabias nada de lo que me obligó a hacer Zabini? ¡¿Qué tú estabas fuera de eso?!
- ¿Qué es lo que hizo Blaise? – Exigió.
- ¡Mentiroso! ¡He tenido que besarte a la fuerza! – Draco sintió una punzada en el pecho. – Pero te arrepentirás por haberlo hecho. – Dijo dolida y marchándose de ahí.
- No… - Dijo Draco. – No Hermione, espera – Dijo alcanzándola y tomándola del brazo, ella trato de soltarse, pero él no la dejó. – Eso no es cierto. – Le dijo bastante afectado. - ¿Es broma verdad? – Pero Hermione no doblegó su posición. – Dime… dime si eso es verdad.
- Yo no miento Malfoy, pero tampoco te creo. – Draco la miró tan dolido como ella.
- Yo tampoco. – Dijo él y Hermione tembló, sus ojos grises brillaron en medio de la oscuridad que se erguía en la sala. – Creo que en realidad tú deseabas tanto ese beso como yo. – Hermione negó, pero no pudo evitar la cercanía con él. – Sé que ese día me besaste por gusto, como yo. – Hermione dejo caer las cosas al piso, estaba atada entre sus brazos, con la pared a su espalda. Con su aliento más cerca.
- Probar tus labios fue como probar veneno. – Dijo en un intento por zafarse de él.
- Mientes… - Dijo susurrándole al oído. Acarició con sus labios su rostro, Hermione reprimió un gemido. Podía sentir su boca cálida acercarse más a la suya y no podía evitarlo, no quería evitarlo. Draco la beso despacio, exquisitamente. Tuvo que doblegarse cuando se introdujo en su boca, jugueteó con él mientras sus manos acariciaban su rostro y cabellera. Acarició su suave pelo, atrayéndolo a ella. Él la tomó de la cintura y la pegó a la pared haciendo el beso más intenso, pero sólo en ese justo momento se detuvo. Se miraron a los ojos por un momento y luego Draco salió de ahí. Harry lo vio dando tumbos por el pasillo, maldiciendo enojado. Estaba apuntó de entrar a la habitación cuando salió Hermione con las cosas maltrechas en el regazo y cara de compungida.
- ¿Pasa algo? – Dijo echándole la capa encima para cubrirla también a ella. Hermione hipó y tembló a su lado. - ¿Te ha dado problemas? ¿Qué te dijo?
- No lo sé… pero no le queda otra cosa que aceptar. – Dijo quedamente y no volvió a hablar. Harry supuso que había habido gritos e insultos, pero no se imaginaba hasta que punto, por que, si no había visto mal, podría jurar haber visto salir lloriqueando a Draco del lugar.
- Seis pulgadas como mínimo para la próxima clase y quiero que practiquen el hechizo en un objeto inanimado. – Dijo la profesora Otto al terminar la clase. Millei fue la primera en levantarse para entregarle la tarea como siempre lo hacía, tenía predilección por la profesora. Draco decidió esperar hasta que todos la entregaran, no quería ningún encuentro casual con Hermione por ahora. Vio pasar al trío dorado con la comadreja quejándose de los deberes. La maestra recogió sus pergaminos, pero ninguno daba muestras de retirarse. Así que Draco tuvo que levantarse y entregar sus deberes frente a ellos, su mirada se cruzó con la de ella, había dolor, resentimiento, ¿Por qué las cosas tenían que ser así? ¿Por qué no podía ser un mago normal?
- ¿Sucede algo? – Preguntó la profesora Otto y Hermione salió de su ensimismamiento. Draco ya había cruzado la puerta.
- Profesora, nos preguntábamos, – Comenzó Harry tratando de sonar lo más tranquilo posible. – ya que usted es… - Dijo buscando apoyo por parte de sus amigos, pero Ron ya estaba colorado.
- Historiadora de Magia. – Interrumpió Hermione. – Si podría aclararnos unas dudas de algo que nos encontramos en la biblioteca y que nos ha parecido interesante. – La profesora Samantha levantó una ceja.
- Bueno supongo que si es de mi materia podré hacerlo. – Dijo y sus apacibles ojos celestes brillaron. Hermione le mostró la hoja cortada y borrosa. La maestra la tomó en sus manos y la miró por un momento. - ¿Y qué es lo que desean saber de esto? – Preguntó después de leer el reverso.
- Bueno, en realidad… nosotros… nos preguntábamos si en realidad esos magos existieron. – Se explayó Hermione.
- Pues no lo creo, en verdad no sé nada de esto, ¿Es la parte de un libro de leyendas? – Los tres se miraron asombrados.
- Es que no lo sabemos. – Dijo Harry. – Sólo encontramos la hoja y no sabemos de dónde es. – La maestra meditó un momento más.
- Yo sé… - Dijo Hermione nerviosa. – Que el fénix, el dragón y el unicornio son animales legendarios… - Terminó casi en un susurro.
- Por supuesto, bueno, en verdad se dice que fueron los primeros animales mágicos, y su magia es tan especial que en la mayoría de las fabricaciones de varitas se utilizan…
- Su corazón, plumas o pelo. – Dijo Ron.
- Exacto, pero lamento no poderos dar más información. – Harry, Ron y Hermione salieron desanimados.
- Creo que deberíamos ir con Hagrid. Tal vez nos sople a dónde fueron de viaje. – Dijo Harry.
- Deberíamos dejar de sonsacarle las cosas. – Dijo Hermione. Cuando llegaron a la cabaña y Hagrid les abrió miraron sus ojos apagados.
- Muchachos. – Dijo el profesor Dumbledore que estaba en la mesa.
- Pasen. – Dijo Hagrid.
- ¿Qué sucede? – Preguntó Harry.
- ¡Es Fang! – Gimió Hagrid.
- Calma, calma Hagrid. – Dijo Albus. – El veterimago se acaba de ir, nos ha dicho que Fang tiene parásitos mágicos en el estomago, pero que con el tratamiento adecuado sanará.
- Sin embargo conseguir cedrón y, sobre todo paico, es algo difícil y bastante caro. – Dijo Hagrid con grandes lagrimas en los ojos y totalmente consternado.
- ¿Podemos hacer algo? – Preguntó Ron.
- Ho, no lo creo chicos, pero gracias por estar aquí, estoy seguro de que a Fang le hará bien ver caras conocidas.
- Yo creo que sí, Minerva y yo pensamos que podemos comprarle el cedrón a Hagrid por ahora, mientras nos llega la oportunidad de poder conseguir el paico. ¿Podrían pasar por el callejón Diagon en vacaciones y comprarlo?
- Pero, Dumbledor, ¿Piensa regresar a Salem?
- ¿Salem? – Preguntó Harry.
- Ahí fui de viaje Harry. Pero dudo que eso suceda Hagrid, tendremos que pensar en otra manera, ¿No es así señorita Granger?
- Así es profesor. El paico se da en lugares muy cálidos, conseguirlo va a ser bastante difícil, sobretodo en esta época. – Hagrid sollozó y se sacudió la nariz con un grande pañuelo.
- Tranquilo Hagrid, lo conseguiremos. – Animó Harry. Después de ver al gran perro regresaron al castillo. - ¿A qué habrá ido a Salem?
- ¿Dónde está eso? – Preguntó Ron, dejando el ajedrez de lado.
- ¡Hay Ron! – Dijo Hermione regañona. – Esta en América, en Estados Unidos, Massachusetts. Es una ciudad mágica muy antigua, la llaman la ciudad de las brujas.
Días después y caída la tarde Draco bajó al campo, tenía práctica después de haber ganado el primer partido. No tardó mucho en ver al equipo reunido, había pedido a Neal MacMaster que se reuniera ese día, ahora sólo faltaba que llegará Blaise. Draco lo divisó bajando la colina con la escoba a cuestas y probablemente un cigarrillo en la mano, era un experto en burlar a Filch con eso, pero ese día no resultaba nada más que un marica entrometido, un idiota y Draco estaba decidido a darle su merecido, a vengarse de él sin que la conciencia se lo recriminara después, ya la vida le había puesto la oportunidad en bandeja de plata y no la desaprovecharía.
- Hoy no habrá práctica.
- ¿Por qué Draco? – Dijo Zabini carraspeando por el cigarro.
- Por que hay otros asuntos que arreglar primero.
- ¿Cómo cuáles? – Preguntó Goyle, ese día también los acompañaba Crabbe.
- Cómo lo que verdaderamente pasó el sábado en el juego. – Todos se quedaron en silencio, Aránzazu se agarró del brazo de Simoné. Draco sabía que había dado en el justo lugar. – Aranza, ¿Podrías decirnos que fue lo que pasó cuando caíste de la escoba? – Inquirió Draco y la chica miró temblorosa a Zabini.
- Pues… yo iba con la Quaffle en la mano… pensaba anotar, pero en eso Blaise me empujó y dijo que él tenía que ser el que anotara, yo no quise dársela por haberme empujado, pero luego lo volvió a hacer y perdí el equilibrio, ni siquiera me di cuenta cuando me quitó la pelota.
- ¿Qué tienes que decir Blaise? – Preguntó Draco, un poco gustoso. Zabini tenía el temple traslucido y el ceño fruncido.
- Que no es cierto, ella miente…
- ¡Mentira! – Saltó Simoné iracunda. – ¡Aranza no miente, la empujaste apropósito y lo mismo hubieras hecho conmigo, sólo por que te molesta jugar con mujeres!
- ¡Eso no es cierto! – Gritó Zabini fuertemente. – Ella no me quiso pasar la Quaffle como habíamos acordado.
- No habíamos acorado en nada Blaise. – Dijo Aránzazu resentida. – Estabas tratando de hacer que ninguna anotara, querías todo el crédito para ti.
- Bueno yo no tengo la culpa de ser más competente. ¿Por qué no te das cuenta de eso Draco? Ahora hasta tenemos problemas por que son unas chifladas.
- No lo creo Blaise. Veo perfectamente que te han herido el ego, pero ya tomé una decisión: juagará Neal en tu lugar. – Blaise contuvo el aire.
- ¿Y yo en el de quién?
- En el de nadie, estas fuera del equipo, si no piensas comportarte y cooperar te puedes ir retirando. No pondré en peligro al resto por tus necedades. ¿Están todos de acuerdo en que Neal ocupe el puesto? – Preguntó Draco disfrutándolo mucho. Aránzazu fue la primera en levantar la mano, pero todos lo hicieron a acepción de Neal e incluyendo a Crabbe.
- Perfecto. – Espetó Blaise a Draco. – Estas cometiendo un grave error Malfoy, este equipo de mierda no será nada sin mí. Perderás la liga y cuando lo hagas iras a pedirme una disculpa. – Dijo y comenzó a caminar de regreso. Draco lo siguió, aun no había terminado con él.
- ¡Lo dudo Blaise! El que debe una disculpa eres tú. – Zabini sonrió como un loco.
- ¿Ya te lo ha dicho la sangre sucia?
- No vuelvas a llamarla así.
- La llamó así por que es lo que es. ¿Acaso has cambiado de opinión y ahora la crees tan buena como nosotros?
- La chantajeaste.
- ¿Y qué?, sólo trataba de hacerte un favor ¿Y así me lo agradeces?
- ¡Yo no te pedí nada! Te lo advierto Blaise, no te acerques a ella.
- Escucha lo que dices Draco, ya no pareces un Malfoy, no pareces el hijo del gran Lucios Malfoy.
- No te equivoques conmigo, le he aprendido más de lo que te imaginas.
- ¿Así? En estos días sólo te veo rodeado de ineptos Griffindors, no me imagino que podría ser. – Draco sonrió y con sorna sacó la varita, en un movimiento ágil y le echó un hechizo, aunque Blaise se quedó pestañeando al no haber visto luz alguna.
- Tienes la lengua atada, - Explicó Draco. – no podrás hablar de la armada mientras yo esté ahí. – Se miraron penetrantemente, como desafiándose. Blaise lo miró considerando la situación un momento y luego dijo.
- Has caído muy bajo Draco. – Luego subió la colina. Draco pasó el resto de la semana pensando en esas palabras. Si se las hubieran dicho años atrás, las habría considerado muy en serio, pero era muy poco probable que estuviera en la situación en la que se encontraba. Ahora no le importaba realmente, pero su padre no dejaba de colarse de vez en cuando en sus pensamientos, estaba jugando con fuego y sabía que saldría chamuscado.
...
...
Bueno al menos ya resivió algo el muchacho, no?
Ailad.
