Buenas noches :D me he pasado por aquí a dejarles este cap que se me atravesó por el camino, el pobre estaba perdido buscando como salir de mi carpeta y decidí darle la prenda y hacerlo libre :P

isdur y Madamelau: He aquí el siguiente capítulo entonces, espero les guste jeje :3 3 esta vez no voy a extenderme mucho parlando, muero del cansancio =_=

Disclaimer: todos los personajes y las locaciones conocidos en el mundo Potteriano, pertenecen a la genial J.K. Rowling.

Ya saben, si tienen sugerencias, tomates por lanzar, opiniones que dar, alguna crítica lo que sea, díganlo que no cobro por eso xD

Sin más con qué aburrirlos ¡A leer! :)


Chapter 11: De bailes y proposiciones.

Podía vislumbrar el ocaso, su cabello se removía frenéticamente con el viento que zumbaba en sus oídos, volaba a gran velocidad, tratando de alejar cualquier pensamiento de su mente, habían pasado días desde la muerte de sus padres, días en que había tenido que dejar botados sus propios sentimientos para no sentir que se partiría del dolor, días en que había tenido que cuidar de la ahora pelirroja, en que de alguna manera se había acostumbrado a su presencia, a su forma de hablar, su voz, sus gestos, podía identificar cuando estaba bien y cuando no, podía notar cuando pensaba en algo importante o cuando algo simplemente le parecía aburrido, se había acostumbrado demasiado rápido a estar cerca de ella, había sido involuntario, pero estaba seguro de que no era el único, a Granger también le pasaba lo mismo, lo sabía, ahora estaban en una situación en que ambos estaban tomándose en cuenta como seres humanos y tratándose como personas civilizadas, pero más que eso, descubriendo que sí tenían cosas en común, muchas, excepto por su futuro, quería no pensar, pero la charla que Kingsley les había dado durante la cena no le había dejado buen sabor en la boca, rememoraba cada palabra.

Cenaba junto con Astoria y Theodore en la mesa de los Slytherins, bloqueando todo paso de pensamientos que pudieran pertenecer a otros, las sobras desaparecían de los platos en un abrir y cerrar de ojos, los postres aparecían en las bandejas doradas, suculentos y muy apetitosos, tomó de las ranas de chocolate que servían desde el día anterior, a causa de la pronta llegada de Halloween, hallándose en su víspera, McGonagall se puso de pie en cuanto todos los sobrantes desaparecieron de los platos.

Jóvenes, esta noche, nos acompaña un invitado muy especial, el cual quiere tener una importante conversación con los estudiantes del sexto y séptimo año… Por favor, los alumnos de grados menores, pasen a retirarse- poco a poco los alumnos se pusieron de pie y se marcharon, dejando a los mencionados allí.

Quiero que le den la bienvenida al nuevo representante del Ministerio de Magia de Gran Bretaña, el Ministro Shacklebolt- el hombre se levantó y se colocó al lado de la directora, con expresión seria, los murmullos disimulados mientras le aplaudían con desgano ni siquiera le inmutaron, ya se los esperaba de antemano.

Buenas noches chicos…-saludó –Sé que deben estarse preguntando el por qué de mi presencia en el castillo, también sé que a su vez, mi presencia incomoda seguramente a la mayoría de ustedes, si es que no a todos- algunos murmullos se escucharon y Minerva los miró con censura, los jóvenes hicieron silencio.

He venido hoy, porque es necesario que entiendan, que a pesar de que la idea de forzarlos a casarse les sea exagerada, atroz, y hasta cruel, no surgió porque queramos hacerlos sufrir, pero, no podemos ignorar a su vez, la cantidad de vidas perdidas durante la segunda guerra mágica, es un hecho obvio para todos, necesitamos que ustedes, como jóvenes magos, sean quienes regeneren nuestra sociedad, esto también se les ha indicado a otras instituciones, como por ejemplo a los estudiantes de Beauxbatons y durmstrang, quienes serán comprometidos entre ellos, ya que, por ser su población estudiantil de casi el doble de mujeres que de hombres y viceversa, respectivamente, estos podrán complementar sus carencias de masas tanto femeninas como masculinas, con la idea de que todos los magos de nuestro continente aseguren la supervivencia de nuestra comunidad a lo largo de la historia futura- hizo una pausa tratando de encontrar las palabras para continuar.

El Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, en cambio, debido a su equilibrada masa estudiantil, tiene la facilidad de permitir que sus estudiantes escojan a sus parejas, por lo que solo quiero pedirles que lo piensen con cuidado, muy pocas uniones se verán dadas por el amor, pero, eso no significa que deban escoger al azar o dejar que el Ministerio lo haga por ustedes, tómenselo enserio, conozcan gente nueva y aprendan a llevarse bien con la persona a la que tienen al lado para que hallen una buena conexión a lado de quien finalmente elijan, para que los años venideros, sean también pacíficos y llevaderos- los murmullos comenzaron de nuevo, Shacklebolt no podía ocultar su congoja, no quería hacerle eso a esos jóvenes, pero ya no quedaba opción, solo ir hacia adelante, sus ojos oscuros sondeaban a todos los presentes, el moreno se sentía angustiado por las medidas que se estaban tomando, no era justo, y ellos estaban molestos por ello, los entendía.

Nadie está de acuerdo con esto- había dicho alguna chica de Hufflepuff y otras voces se unieron a su causa, tanto chicos como chicas de las cuatro casas apoyaban la moción, pero Kingsley, a pesar de todo, logró calmarlos y explicar que ya no se podía revocar la decisión del Ministerio, explicando que aunque no se había hecho de conocimiento público todavía, la comunidad mágica europea, especialmente la británica, estaba en alerta roja por el gran número de bajas sufridas en la Batalla de Hogwarts y en los anteriores atentados de los mortífagos durante el periodo pre-querella, que había dejado a demás de todo, gran cantidad de exmortífagos que se habían dispersado por todo el territorio, asesinando desde ingleses, hasta rumanos y eslovacos.

Esos recuerdos lo asediaban incluso en su escoba, se rindió ante ello finalmente y se quedó en el aire flotando llanamente, meditando al respecto, ¿Qué debía hacer? La única chica con la que se llevaba bien y a la que le había tomado aprecio como a una hermana era Astoria, pero no podía insistir en algo tan estúpido como eso, ella ya quería a alguien más y por mucho que pudiera ser buena compañera, no podría siquiera tocarla sin sentir que estaba cometiendo incesto, Luna era otra a la que le tenía aprecio en alguna medida, le causaba cierta sensación de ternura que le hacía imaginársela como a la hermanita menor que nunca pudo tener, pero era el amor de su mejor amigo y no le atraía, solo le tenía estima, la imagen de una leona testaruda y pelirroja de ojos dorados se cruzó en su mente y sacudió la cabeza horrorizado, no podía dejar que esa idea siguiera rondándole, se regañó a sí mismo, escuchó algunas voces, bastante conocidas, una de ellas bastante desagradable para su gusto.

–Oh, vamos Ronald- trataba de animarlo Lavender –Si ella no quiso venir, sus razones tendrá, a demás, sabes como es Hermione, odia volar, va a rechazarte mil veces y a aprender a domar quimeras antes que hacerlo, siempre tendrá una excusa diferente para no aceptar tus ofrecimientos y no puedes forzarla, sobre todo, no puedes hacerla amar el Quidditch, lo detesta y debes respetar eso…- trataba la Gryffindor de explicarle.

–Lo sé, pero no es justo- musitó el pelirrojo, con voz entristecida y apagada –Sé que odia hacerlo, pero quería que viniera, solo sería una vuelta, nada más, no iba a tomar mucho tiempo ¿Y qué de malo tiene el Quidditch?- agregó, terminando con una pregunta a la que, por mucho que no lo deseara, él mismo como ex jugador de Slytherin daba apoyo, ¿Qué de malo tenía el Quidditch? Era el mejor deporte mágico existente, hizo una mueca de desagrado al ver a lo lejos al chico Weasley, detestaba tener que darle la razón.

–Bueno en eso tienes razón, yo también me pregunto qué puede verle de malo al Quidditch para que lo odie tanto, es obvio que no puede apreciarlo y mucho menos darse cuenta de lo favorecedor que resulta para los chicos practicarlo, el deporte los hace verse bien y ser más fuertes y creo que eso no es algo malo, por el contrario Ro-ro- sonrió con picardía y excesiva miel en la entonación de sus palabras.

No pudo evitar sentir ganas de descender, para vomitar o reírse en paz, lo que sucediera primero.

¿Tan denso podía llegar a ser Weasley que no se daba cuenta de que la chica trataba de engatusarlo? Hermione ni siquiera odiaba volar, de hecho era solo miedo, pero, eso no era su problema, tampoco tenía por qué saberlo, se dio cuenta de que, para su maldita mala suerte, podía recordar cada cosa que había aprendido de la leona en cuestión, emprendió el aterrizaje sin problemas, ni siquiera había sido divisado por los Gryffindors, necesitaba aclarar sus ideas, aunque odiara admitirlo, esas estorbosas sensaciones en su estómago y pecho le tenían en duda, no era precisamente un experto con aquellas cosas, de hecho prefería ignorarlas y fingir que no tenía sentimientos y que si los poseía, estaban casi muertos y abandonados en algún lugar desierto a la suerte que Merlín dispusiera sobre ellos, ¿Por qué no podía ser así de ágil analizando sus propias emociones como lo era estudiando las ajenas? Por Salazar, se odiaba por lo que pensaba hacer, pero ciertamente necesitaba el consejo de alguien que comprendiera mejor aquellas cosas.

–Astoria, ¿Qué haces aquí?- preguntó al verla sentada en la sala común de las serpientes, sola, ocupando lánguidamente su sofá favorito con la mirada fija en las llamas de la chimenea.

–Nada Draco, solo quiero dejar pasar el tiempo antes de ir al Lago Negro…- respondió abochornada al tiempo que le devolvía la mirada, el rubio le sonrió ladino, sus nervios eran demasiado obvios para alguien como él, aunque los demás no pudieran percibirlos.

–Ya…- se sentó a su lado –Así que tienes una cita con Thomas ¿Eh?- la Slytherin lo miró con ojos muy abiertos, aun más sonrojada.

–No es necesario que estés nerviosa, no seas idiota, que eso salga bien es solo cuestión tuya, el problema es la actitud, relájate y se tú misma, no tienes que impresionarlo ni nada de eso…- le animó –Somos Slytherins, somos perfectos por excelencia…- puntualizó, la chica se soltó a reír alegremente.

–Tienes razón chico listo, mi error…- le respondió sonriente y con el ánimo renovado, el idiota tenía razón, no tenía que impresionar a nadie, con ser simplemente ella bastaba y sobraba, aunque lo que si le faltaba era una mejor vestimenta, más acorde al clima templado del día que se empeñaba en mostrarse nublado y bastante ventoso.

–Creo que iré a ponerme algo más apropiado- se levantó de allí, le dio un beso en la mejilla y salió casi corriendo entre saltitos a su dormitorio.

–Tonta…- susurró sonriendo de lado, se fue hasta su habitación, abrió la puerta despacio y entró con parsimonia –Theo…- llamó a su amigo que recién se estaba vistiendo a penas.

– ¿Tú también vas a salir?- el chico asintió –Vaya, así que soy solo yo… Interesante…- sonrió sardónicamente, se sentó sobre su cama.

– ¿Y…? ¿Qué sucedió?- preguntó el castaño –Vienes porque quieres hablar y lo sabes- agregó con una sonrisa burlona, tal y como las que había aprendido a hacer, gracias a las enseñanzas del mismísimo Draco.

–Idiota…- masculló –Soy demasiado importante como para necesitar consejos, más bien los demás deberían venir a mí a rogar por ellos…- su amigo lo observó con una ceja arqueada "¿Enserio?" pronunció mentalmente, el rubio bufó.

–Ok, ok… Ya está… Solo quiero saber… ¿Qué tan importante es alguien para ti, si puedes recordar con facilidad cada detalle que sepas de…? Bueno… Esa persona…- preguntó, Nott hijo sonrió en respuesta, con cierta ironía.

–Bueno, si puedes recordar detalles como cosas que le gustan o no…- el rubio asintió.

–Detalles como sus gestos o algo así, puede significar varias cosas, todo depende de cómo te sientas cuando estás con esa persona, puede ser solo que se ha dado y ha quedado por error en tu memoria, algo así como un incidente fortuito; también puede que sea empatía o atracción, puede que esa persona te guste, que la aprecies, incluso pudieras estar enamorado y no darte cuenta… Ahora dime, ¿Qué es lo que sientes cuando tienes cerca a Granger, hijo mío?- los orbes grises se mostraron sorprendidos e irritados, como odiaba ese complejo de padre abnegado de Theodore, ¿Desde cuándo era tan suspicaz? ¿Acaso estaba siendo muy obvio?

–Oh Salazar, no me mires así, eres mi amigo y no soy estúpido, puedo notar que cuando estás con ella tu atención se desvía: Le ayudaste a borrar la cicatriz en su brazo; la llevaste contigo sobre Kenina, cosa que no me has permitido hacer, ni tampoco a Astoria; la libraste de Zabini; la salvaste del sauce boxeador, la llevaste a la enfermería y estuviste al pendiente de ella toda la noche y no te molestes en tratar de negarlo; hiciste que Snape los recibiera a ambos aquella noche en que no llegaste a dormir, cuando sabemos que siendo otra persona, le habrías abandonado a su suerte; cuando lo sucedido con Dolohov, te quedaste con ella en el despacho que era de tu padre, durante poco más de dos horas, cuando los encontré, estaban dormidos, ambos, sobre el gran sillón de Lucius, además, y creo que es lo más importante, le entregaste la joya de Norna de la familia Black, al igual que le regalaste tu pañuelo favorito y tu túnica preferida… Draco… La chica, aunque no quieras admitirlo, te importa, solo tienes que descubrir de qué manera… -el rubio apartó la mirada, levemente sonrojado y con el ceño fruncido, el castaño rió de buena gana, su amigo podía ser un imbécil, patán, podría haber estado con muchas, pero en cosas del amor era todo un novato.

– ¿Entonces si puede haber varias formas?- preguntó sin quererlo, se le había salido y no podía haberse escuchado más estúpido e ingenuo, Nott se sentó en la cama de junto, frente a él.

–Por supuesto hijo de mis entrañas- se carcajeó unos instantes y continuó con una sonrisa condescendiente en el rostro.

–Anímate, solo tienes que fijarte mejor en qué cosas te hace sentir tenerla cerca- respondió sin aludir a la ingenuidad de su pregunta, sabía que su amigo rara vez era un ser expresivo y mucho menos era de contarle sobre los arranques sentimentales que pudieran suscitarse en su interior, así que no podía burlarse a menos que quisiera verlo enclaustrarse como una perla dentro de una ostra, le dio unas palmadas en la espalda y salió de allí para dejarlo pensar en paz, porque para personas como Draco Malfoy eso era más útil que cualquier cosa.

– ¿Así que irás de pesca con Theo?- preguntó una sonriente Hermione que caminaba con Ginny y Luna por el patio de la Torre Central.

–Sí, iremos en busca de plimpies de agua dulce, al lago del calamar gigante- respondió risueña, como ya era costumbre.

–Ten cuidado, Luna, no vayan muy hondo, sabes que a los seres de las profundidades les gusta atacar humanos, y no te confíes de esa serpiente… No me cae tan mal, pero si es amigo del hurón no puede ser del todo bueno, no está de más que estés prevenida- espetó Ginny, Hermione frunció el ceño y la miró con desaprobación.

–No le hagas caso Luna- la rodeó con el brazo de forma protectora –Theo es buen chico, tú solo disfruta y pesca muchos plimpies junto a él- le sonrió maternalmente, la rubia le sonrió en respuesta, se marchó dando saltitos para encontrarse con el Slytherin, la leona volteó a ver a su amiga.

–No puedo creer que le digas eso, debemos apoyarla y el chico no es malo, no puedes desanimarla así, mucho menos asumir qué clase de persona es solo porque te caigan mal sus amistades- le recriminó a Ginny y se cruzó de brazos, la chica se llevó una mano a la nuca, sobándola un tanto avergonzada.

–Lo siento, tienes razón, desde la visita a Hongsmeade pude notar que no es como los demás de su casa- dijo –Es solo que siento que debemos cuidarla, ella es muy ingenua e inocente- la mayor sonrió.

–Y muy fuerte, no lo olvides, es una excelente duelista, así que sabrá defenderse y nosotras estaremos ahí para patearle el trasero a Theodore si le hace daño- descruzó los brazos y Ginny se asió del de su amiga.

–Mejor vayamos a caminar- sugirió, la pelirroja menor asintió, emprendieron su pequeño paseo hacia el patio de transformaciones.

– ¿Harry y tú irán juntos al baile?- Ginevra asintió, Hermione sonrió con ánimo –Que bueno, me alegra que todo marche bien entre ustedes- la menor se ruborizó y agachó el rostro, la ambarina rió con ganas.

– ¿Pero que tú no vas con Ron?- preguntó la menor de los Weasley tratando de cambiar de tema.

–No… Creo que iré sola y los veré divertirse, mañana seguro iré a dormir temprano, Ron decidió ir con Lavender, además está molesto conmigo porque ayer me negué a acompañarlo a volar…- respondió sin darle mucha importancia, pues siendo sincera, eso ya lo había visto venir, no se le hacía extraño, aunque parte de ella se sintiera irritada por haber sido reemplazada tan rápidamente.

–Pero si tú odias volar- comentó Ginny, la mayor se encogió en hombros restándole importancia –Además, pensé que él iba a acompañarte, es un idiota- agregó, la ambarina se rió cortamente.

–No le des importancia, quizá así sea mejor, Ron se ha sentido atraído por Lavender desde hace ya tiempo aunque no funcionara y supongo que quiere recuperar su antigua relación, y- dejó de hablar al notar algo que la acalló.

Estaban por llegar a las gradas de Quidditch, Ginny quería volar un rato, Hermione iba a verla desde alguno de los asientos, la mayor de las Gryffindors se quedó parada en su sitio, observando como el pelirrojo volaba con Brown en la escoba, hablando y riendo divertidos, románticamente, odió tenerle miedo a las alturas, ella deseaba poder hacer cosas como esas también, pero, aunque le molestara ver como el chico la había cambiado por otra como si fuera solo un par calzoncillos usados, no se sentía realmente herida, era como si verdaderamente la importancia de aquello fuese nula, cosa que se le hacía muy rara, porque de haberlo visto en esas actitudes con otra chica unos tres meses atrás, se habría molestado enormemente e incluso habría llegado a sentirse herida.

–Como te decía… Creo que está mejor con ella- dijo todavía mirando a la pareja volar alegremente.

– ¿Estás segura de que es eso?- preguntó Ginny observando al mismo lugar en el cielo que su amiga, la ambarina asintió, volteó a verla y le sonrió de lado, altiva y confiada, la chica Weasley se sintió pasmada al verla hacer un gesto como aquel, no parecía propio de la mayor.

–Claro que sí… No me subestimes Ginny, creo que merezco algo de crédito…- respondió con aquella misma expresión y a la aludida la recorrió un escalofrío al recordar a Draco, con sus sonrisas orgullosas y egocéntricas.

–Bien… si tú lo dices…- respondió la pelirroja ignorando esos nuevos ademanes en su casi hermana, en cierta forma se le hacían raros, pero a su vez le agradaba verla ser tan independiente, así era como quería que fuera ella, porque ese ejemplo era el que quería seguir, el de una chica fuerte, inteligente y bonita, que no temiera hacer lo que mejor le pareciera – Iré por mi equipo y mi escoba- agregó, yéndose tranquila.

–Luna, ¿Sabías que pescar plimpies te hace ver más bonita?- alagó un sonrojado Theo a la rubia mientras desplazaba su red sumergida dentro del agua del lago, esta fijó sus orbes azules en su acompañante y sus mejillas se tiñeron de un delicado toque carmín, nadie le había dicho algo así nunca.

–No… Nunca me habían dicho eso…- respondió, comenzando a sentirse nerviosa –Pero muchas gracias… Y gracias por venir de pesca conmigo, usualmente vengo a hacer esto sola…- le sonrió dulcemente.

–Bueno… Es un placer acompañarte y vendré contigo siempre que pueda para que tengas compañía en tus días de pesca- se pasó una mano por el cabello, mientras se erguía y apretaba con la otra el mango de la red de pesca.

–Sabes… Mañana es el baile y sé que seguro tienes acompañante, pero… ¿Serías mi pareja para esa noche? Digo, si no estás ya con alguien- espetó, tratando de menguar su nerviosismo, la rubia se irguió también y lo miró con ojos brillantes, mejillas ruborizadas y expresión sonriente.

– Claro…- dijo casi en un suspiro –Será un placer, Theodore Nott…- repuso, el castaño sonrió con ternura al verla sonrojarse y mirarlo tan afablemente.

–Luna…- comenzó de nuevo, tomó aire para infundirse valor, cerró los ojos y los abrió de nuevo, la vió fijamente, se le acercó un poco, hasta quedar a solo unos cuantos centímetros, la Ravenclaw estaba paralizada.

– ¿Me darías la oportunidad de cortejarte, para que me elijas como tu compañero de vida?- lo miró sorprendida, con ojos más abiertos de lo común, las cejas alzadas y los labios entreabiertos, emocionada, lentamente fue dibujando de nuevo una sonrisa llena de ternura y volviendo a su habitual expresión soñadora.

–Theodore Nott, eres la única persona que, desde que comencé a tratar, a pesar de no poder ver el mundo que yo veo, ha intentado comprenderlo y me ha aceptado con todo y estas cosas que hacen creer a los demás que estoy loca, así que… Esa oportunidad es tuya desde el momento en que quieras tomarla…- amplió su sonrisa, la cual el castaño correspondió, totalmente embobado.

–Muchas gracias por la oportunidad señorita Lovegood, puedo asegurarle que no va usted a arrepentirse nunca…- le respondió con tono formal, acortando otro poco más la distancia, le tomó del mentón delicadamente, ambos soltaron las redes de pesca.

– ¿Me permite? - se acercó unos centímetros más, casi rozando los rosados labios de la rubia, le miró intensamente, la Ravenclaw asintió hipnotizada por la mirada que el Slytherin le dedicaba, estaba nerviosa, no sabía que hacer, pero tenerlo cerca, velando por ella como lo había hecho desde lo ocurrido en el expreso, la hacía sentir tranquila, se acercó despacio, el castaño anuló la distancia entre ambos, besándola suavemente, sin prisas, con tanta sutileza que sus labios apenas presionaban muy levemente los femeninos, se separó apenas un centímetro de ella, viendo la expresión tan apacible en el rostro de la muchacha, el como le sonreía, él le sonrió de vuelta.

–No tienes idea de lo feliz que me acabas de hacer- le susurró, acariciando los labios femeninos con su aliento.

–Yo no he hecho nada…- susurró ella también –Tú eres quien lo ha hecho todo, pero creo que por ahora será mejor que me vaya- le besó cortamente en la comisura de los labios, tomándolo por sorpresa.

–Te veré luego, Theodore Nott- le sonrió y salió del lago en que estaba metida con el agua a las rodillas, caminando como si flotara entre nubes, dejando a un Slytherin ido y abrumado, demasiado feliz como para pensar claramente o ser consciente de lo ridículo que se veía allí parado con expresión de haber consumido alguna poción alucinógena.

Hogwarts abría las puertas de su gran salón para el tan ansiado baile de Halloween, las parejas comenzaban a llegar, Lavender lucía su hermoso vestido verde manzana de corte recto al busto sobre la rodilla, con un corte que subía hasta la mitad de su muslo y con un cinto plateado que se ceñía a su cintura, remarcándola con gracia y combinando con sus zapatos de tacón alto del mismo color, del brazo de Ron; Ginny el suyo, salmón con unos pocos volados en la falda, corte diagonal sobre el pecho, cubriendo solo un poco los hombros con sus tirantes finos, también por sobre la rodilla, acompañada de Harry; Neville iba como la pareja de baile de Parvati, que se había arreglado con un vestido amarillo imperial, de apariencia hindú; Dean se mantenía embobado con su pareja, la bella Astoria, que lucía su bonita figura en un vestido esmeralda, de detalles negros, con corte en forma de corazón sobre el busto, que se ajustaba hasta sus caderas, dando la impresión de que levaba un corsé de tela fina verde y sobre esta una cubierta entretejida y negra, que combinaba con los detalles negros de la falda de múltiples holanes, bastante elaborados del mismo color de sus zapatos de tacón medio, sencilla y elegante; Theodore estaba encantado con la preciosa Luna, que había optado por un delicado vestido azul pálido, de corte recto sobre el pecho, ceñido a su delgado y esbelto cuerpo, sobre las rodillas, con un cinto blanco con diamantes regados aquí allá, y accesorios de diamantes, resaltando su blancura y el color de sus ojos.

Hermione se sentía insegura al respecto, le gustaba, adoraba, amaba, como se veía con ese vestido, le encantaban los zapatos de tacón medio que eran los más altos que había comprado alguna vez, pero, no tenía pareja, se sentía un tanto ridícula al ir a un baile solo a mirar, había prometido ir, sí, lo había asegurado, además, ella también quería distraerse, terminó de arreglarse, se miró en el espejo, observó como su silueta se marcaba de forma perfecta, con el vestido que formaba un corsé que se cernía sobre su torso y una falda que llegaba una mano sobre su rodilla, comenzando en negro sobre su escote y degradándose hasta convertiré en un precioso rosa imperial, como si las zonas más oscuras dibujaran entre el color y muy pequeñas cuentas brillantes, una delicada cascada que se perdía entre los tonos medios y finalmente desaparecía en los más claros, sus zapatos de tacón negros al frente y degradándose en color hacia la parte posterior, hasta alcanzar el mismo tono rosa imperial del vestido, se había tenido que quitar el brazalete que le había regalado su madre, sabía que debía quitarse el anillo, pero a penas lo hizo y sintió como el dolor comenzaba a atacarla, decidió ponérselo de nuevo antes que fuera insoportable y no pudiera moverse, checó su maquillaje, en perfecto estado, con los labios rosados y un poco de delineador y máscara para pestañas, sonrió ante lo que veía y salió de la habitación, algo que prefería ignorar en su interior le decía que eso no tenía que ver con su sangre, ni con los cambios que se suponía que debía sufrir en todos los aspectos, sino más bien con la idea de impresionar a alguien en quien no debía siquiera pensar, no había razón de imaginárselo al pie de las escaleras con cara de asombro al verla ¿O sí? No, no la había, decidió olvidarse de ello e ignorar el cosquilleo en el estómago y la ligera sensación de vértigo que amenazaba con dejar en evidencia su injustificado nerviosismo.

Draco había acompañado a Theodore porque el chico estaba nervioso y no lo dejaba en paz, estaba allí en contra de lo que quería y estaba dispuesto a irse a la primera oportunidad que se le presentara, entendía que sus amigos no quisieran dejarlo solo en su luto, pero quería que ellos comprendieran que no podía estar a gusto cuando recién acababa de pasar por cosas tan dolorosas hacía apenas unas semanas, claro que una parte de él quería huir del martirio que esa depresión que cargaba secretamente en su interior le ocasionaba, pero no estaba seguro de que ir a un baile fuera la manera idónea de hacerlo y honrar la memoria de sus padres a la vez; aun así allí estaba, y vaya que había valido la pena, con toda su fuerza de voluntad, se contuvo para no quedar tan boquiabierto como Ron, Neville o el mismo Harry, Granger lucía increíblemente bien y su cambio de apariencia definitivamente tenía que ver en eso, no se esperaba verla de aquella forma, pasó detrás de su amigo, la Ravenclaw y los Gryffindors al gran salón del baile, sin nadie del brazo, llamando la atención de muchos, que esperaban verlo llegar con Astoria o incluso con Pansy, se sentó con los chicos por petición de Nott, que fue apoyado por Luna, quedando entre la rubia y Hermione.

Al bajar con sus amigos no se esperaba encontrarse allí al Slytherin de sus más grandes tormentos, sonrió con timidez a sus amigos al ver en sus rostros expresiones de asombro y se sintió extremadamente poderosa al ver la expresión de Malfoy, solo había estado allí unos instantes, quizá dos segundos como mucho, pero lo había notado, lo había dejado perplejo y admirado, alzó el rostro sintiéndose victoriosa y fingió no percatarse de nada cuando la expresión del rey de las serpientes mutó su semblante a uno de indiferencia y altivez, se adelantó con sus amigos y pudo percibir como algo en su pecho se encogía al entrar al gran salón sin ir del brazo de alguien, deseó por un momento ir aunque fuese del brazo de Draco para no entrar sola, pero mantuvo la compostura.

–Luna…- le llamó el rubio – ¿Cómo les fue con la pesca de plimpies?- le sonrió de lado, la chica se sonrojó al recordar lo sucedido.

–Nos ha ido bien, fue divertido, aunque no pudimos atrapar a ninguno- respondió, los Gryffindors se sentían incómodos con su presencia, él lo sabía, pero debía aprovechar mientras la rubia estuviera allí, luego de que se alejara con su mejor amigo, tendría seguramente que retirarse y ya no podría mirar a cierta leona discretamente, aunque fuera de vez en cuando.

–Es bueno saberlo- le dijo sonriéndole sincero, aunque sin brillo en la mirada –Temía que este neandertal se portara como idiota contigo- completó, dejando desubicados a todos, ¿Qué no odiaba a los muggles, por qué se refería a ese tipo de términos entonces? Raro, todo era muy raro si el rubio estaba cerca.

–Ven Parvati, vamos a bailar- invitó Neville, queriendo huir de la situación, su compañera aceptó rápidamente, aprovechando la oportunidad para zafarse de ese ambiente tan tenso y divertirse un rato.

–Nosotros también deberíamos ir ¿No crees Ro-ro?- habló una tranquila Lavender.

–La noche apenas comienza, deberíamos disfrutarla al máximo, es nuestro último año en Hogwarts y también el último como solteros- añadió, el pelirrojo no quería, pero debía atender a su pareja, no deseaba errar de nuevo, como en aquel baile en que habían recibido estudiantes de intercambio, ambos se retiraron a la pista de baile.

–Oye hurón, ¿Por qué no viniste acompañado? ¿La chica que querías te rechazó?- picó Ginny, refiriéndose a Astoria, el rubio, a pesar de su primera impresión y de sus ganas de gritarle, sonrió de lado, decidido a no dejarse sacar de sus cabales, si la mini-zanahoria quería guerra, guerra iba a tener.

–Te equivocas Weasley- llevó sus manos tras su nuca e inclinó la silla hacia atrás –De hecho, si hablas de Astoria, la veo entretenida con Thomas y eso me viene a bien- agregó –Aunque no admitiré jamás que alguien pueda merecerla- susurró bajo pensando en voz alta, sin darse cuenta de que todos pudieron oírlo, suspiró.

–Es mi hermana pequeña después de todo…- terminó por admitir sin ser consciente de lo que decía, y por primera vez, Ginevra Weasley sintió una leve pizca de empatía hacia el rubio mezclada de gran confusión, ¿Esa cosa albina tenía sentimientos?

– ¿Entonces no hay nadie que te interese? ¿El rey albino de las serpientes no tiene a una reinita que torture niños inocentes a su lado?- se rio por lo bajo, Theodore comenzó a reír sin disimulo, Harry miró a Ginny entretenido, conteniendo la risa, Hermione no estaba prestando mucha atención, no le veía la gracia, el rubio solo sonreía altivo.

–Casi, rojita- contestó cruzándose de brazos.

– ¿Entonces si te interesa alguien?- Luna rió por lo bajo, llamando la atención de la pelirroja, Hermione fijó su mirada en el rubio – ¿Sabes quien es Luna?- la rubia se encogió de hombros, restándole importancia.

–Ah claro, como si eso fuera tan sencillo… No te ilusiones rojita, no es fácil ganarse mi atención y no creo que tengas oportunidad si es eso lo que deseas saber- agregó sonriendo ladino, la menor de los Weasley frunció el ceño e iba a gritarle, pero Hermione se puso de pie, interrumpiendo su intento de hacer puré de serpiente.

–Chicos…- Hermione les llamó –Iré a dar una vuelta…- se fue sin decir a dónde o por qué, perdiéndose de la vista de los demás, que se habían quedado hablando, rendidos a la idea de no recibir explicaciones de la leona, mientras Ginny, con ayuda de Theo, hundía al Slytherin de ojos grises.

Caminaba por los pasillos con gran pereza, dispuesta a salir hasta el lago, necesitaba tomar aire fresco, algo no andaba bien dentro suyo, es que haber casi escuchado la declaración de Malfoy de que tenía a alguien le había pegado como una patada al hígado y no podía entender qué le sucedía, cuando sintió que la halaron bruscamente de un brazo, haciéndola golpear su espalda contra la pared, cerró los ojos por el choque con la superficie dura, le taparon la boca inmediatamente, abrió los ojos y se aterró al ver frente a ella al moreno que antes la había atacado.

–Esta vez no te me escapas, preciosa…- murmuró mirándola de forma lasciva.

–Nadie vendrá en esta ocasión- la pelirroja comenzó a retorcerse y forcejear todavía aturdida por el golpe que se había dado contra la pared, él le besó a la fuerza y la sujetó firmemente de los brazos, Hermione no lograba superar la fuerza de Blaise, y los recuerdos borrosos del incidente en el salón de música llegaban a confundir más su mente, el chico la echó al suelo con fuerza y se abalanzó sobre ella.

Desde que la había visto, había quedado maravillado, la invitación de Luna a sentarse con los Gryffindors le había sentado como anillo al dedo, aunque no le había costado nada actuar como siempre lo hacía, pues su actitud nunca cambiaba con nadie, incluso había empezado a llevarse bien con Ginevra, sin embargo no hablaba mucho con Potter, pues persistía la tensión entre ellos, poco rato después, la ambarina se había excusado, saliendo del salón, entonces, antes de que la chica tuviera veinte minutos de haber cruzado el enorme umbral, sintió que algo se calentaba y le daba choques eléctricos en el pecho, bajo su camisa el dije que colgaba de su larga y carísima cadena de piel de dragón se había vuelto de un naranja bastante profundo y escandaloso, lo sabía.

–Draco…- le llamó, colocándose a sus espaldas, con las manos sobre el pecho del chico, tratando de tentarlo, Harry le miró con irritación y Ginny la fulminaba con la mirada e insultaba por lo bajo, Theodore la observaba con la clara expresión acusatoria que decía "hipócrita" a todas luces y Luna se mantenía apacible.

– ¿Qué quieres Pansy?- espetó de mala gana al tiempo que apretaba los puños hasta que sus nudillos se tornaban totalmente blancos.

–No deberías perder tu tiempo con estos…- le dijo cerca del oído, pero claramente, para que los demás escucharan –Deberías venir conmigo, podríamos divertirnos mucho…- insinuó.

–Mí tiempo y mí manera de ocuparlo, Parkinson, esas son cosas mías, no tuyas, ellos son más entretenidos que tú…- respondió indiferente, Ginny sonrió con sorna.

–No me hagas seguir repitiendo lo mismo, no me interesas… Déjame en paz…- culminó, la Slytherin frunció el ceño enojada.

–Eres un idiota Draco…- le recriminó, pero luego pareció dejar su enojo y sonrió sibilinamente, se acercó más a su oído –Al menos Blaise tiene como conseguir lo que quiere…- dijo antes de marcharse, él volteó para verla alejarse, ardiendo en cólera y con el ceño fruncido, con el corazón latiéndole desbocado, sus palabras junto con el cambio en el collar le habían asustado, se giró a ver a sus compañeros.

–Bueno, creo que antes de que acaben conmigo iré a dar una vuelta, sé que les entretengo mucho y que soy demasiado divertido, pero solo será unos minutos, ya vuelvo… Necesito sacarme este molesto olor a perfume barato de encima- les sonrió de lado, orgullosamente, fingiendo que todo estaba bien y se fue de allí antes que los demás pudieran acotar algo.

Caminaba por los pasillos buscándola, podía sentirlo, la Gryffindor estaba en peligro, ese maldito collar que estaba por matarlo dolorosamente lo demostraba, había tenido que llamar a Kenina, que ya conocía el olor de la chica para que la buscara, cuando dio con el rastro, fue corriendo en esa dirección, no estaban muy lejos, solo había tenido que recorrer unos cuantos pasillos, apenas vió unas negras siluetas en el suelo, envió al animal delante, el cual se agazapó sobre lo que aparentemente era un sujeto bastante grande, halándolo de la ropa y echándolo al suelo, colocándose encima para retenerlo, apenas podía ver, pero sabía que el cuerpo más pequeño, en el suelo, era de la persona a la que buscaba y que aquel otro solo podía pertenecer al imbécil de Blaise, se acercó a la chica.

–Granger, ven aquí- le tendió una mano, ella obedeció, aunque más bien por inercia, puso su mano sobre la masculina y el rubio la haló, para hacer que se parara, entonces observó al bastardo al que quería partirle la cara –Esta vez no voy a cometer el error de antes- se acercó y apartó a Kenina, tomando al moreno del cuello del traje y la camisa, lo alzó hasta hacerlo ponerse de pie haciendo gala de una brutal fuerza que solo su desborde de ira podía proporcionarle.

–Te conozco bien, Zabini, nunca traes esas horribles rodilleras a este tipo de eventos, porque usualmente aprovechas parte de la noche en divertirte con tu conquista de la semana en algún aula vacía, tampoco traes varita, esas cosas te estorban en ese tipo de situaciones- sonrió lobunamente.

–Estás jodido, Blaise- dijo con voz profunda, casi gruñendo, el moreno trataba de apartar las manos del rubio pero le era imposible, Draco le dio un puñetazo en la cara, que casi lo tumbó al suelo, luego otro, lo empujó y se le abalanzó encima, golpeándolo una y otra vez casi sin darle tiempo a defenderse, comenzaron a rodar por el suelo repartiéndose puñetazos el uno al otro, hasta que Draco le pegó uno en la sien, dejándolo seriamente aturdido y se colocó sobre su compañero propinándole otro más en la mejilla.

– ¡Te dije. Que no. te lo. Permitiría. Maldito. Malnacido! ¡Te dije. Que dejaras. De joder. A Slytherin. También!- le gritó entre golpes, ya el moreno sangraba, gemía de dolor, casi inconsciente, pero él todavía quería más, quería acabarlo, golpearlo hasta el cansancio por tratar de propasarse con la ambarina de nuevo ¿Pero que coño le importaba eso a él? ¿Por qué carajo no podía quitarse del pecho esa sensación de que ese infeliz estaba metiéndose con algo suyo? No tenía ni la más mínima idea, pero debía controlarse, de eso sí era consciente, se detuvo de golpe, sabiendo que seguramente la chica estaba allí, mirando aterrada como masacraba al muy bastardo.

Se paró, dejando a su compañero de casa tendido en el suelo, apenas consciente y respirando con dificultad, le dio una muy fuerte patada en las costillas, otras dos más, pasó su mano por el cabello para medio acomodarlo, se arremangó la camisa gris cenizo hasta antes de los codos dejando visible su marca tenebrosa que se dibujaba de un gris ceniciento en su antebrazo izquierdo.

–Ni siquiera se te ocurra decir que te ha pasado- advirtió –O no vas a vivir para contar una próxima vez…- se dio vuelta hacia la leona y lo miró por encima del hombro.

–Y si vuelves a intentar algo así, olvídate de la posibilidad de tener descendencia Blaise, yo mismo te castro, sin magia y sin anestesia- terminó por decir, en voz lúgubre, casi gutural.

–Vámonos- ordenó a la chica, y ella, temiendo que el rubio fuera capaz de dejarla allí abandonada en medio del pasillo, fue a su lado, no podía hablar, simplemente las palabras se atoraban formando un enorme nudo en su garganta, sentía que esa valentía que la había mandado a Gryffindor se había ido de vacaciones a los Emiratos Árabes muggles, incluso de alguna manera subnormal creía estúpidamente que Draco seguro estaba lo suficientemente enojado como para atacarla a ella también, comenzaron a caminar de vuelta al gran salón, el rubio se detuvo pocos pasos después, como odiaba poder leer mentes.

–Granger, no voy a pegarte- la detuvo.

–Dime, ¿te hizo daño?- la chica negó con la cabeza, agachando el rostro, la tomó del mentón, haciendo que lo mirara de frente, con el brillo de la luna notó como el labial estaba corrido, el muy desgraciado se había atrevido a besarla y ella todavía decía que no.

–Estúpida, ¿Por qué lo niegas si es obvio que te besó por la fuerza?- la leona frunció el ceño, tratando de contener las lágrimas de rabia en sus ojos cristalizados, se sentía avergonzada por no haber podido defenderse.

–No te sientas mal, es natural, puede que seas una buena bruja, pero estabas desarmada y el tiene más fuerza que tú, ante eso no hay nada que puedas hacer- pasó su pulgar por el contorno de los labios de la joven, limpiando los restos que le habían manchado el rostro, ella dejó escapar un par de lágrimas de impotencia, la haló hacia su cuerpo y dejó que golpeara en su pecho, cuantas veces fuese necesario para que se desahogara, hasta que se calmó, vió un banco solitario, en que le hizo sentarse y se acomodó a su lado, sacó un pañuelo de seda gris, con el que comenzó a limpiar el maquillaje corrido de la chica y los caminos que las lágrimas habían dejado sobre sus mejillas, Granger lo miró atentamente, cayendo en cuenta de algo bastante peculiar.

– ¿Cómo supiste que estaba en peligro?- inquirió, el rubio detuvo lo que estaba haciendo y guardó el pañuelo.

– El anillo que te di, guarda relación con el colgante que llevo en mi cuello, eso me avisó que estabas en una mala situación- explicó brevemente.

–Debería odiarte por darme algo así sin decírmelo- quiso replicar, ella no lo dejó –Pero, gracias a esto- sobando el anillo –Has llegado y me has salvado de nuevo- rió con amargura.

–Debo ser una inútil, no me explico como es que me he vuelto tan descuidada… Antes habíamos estado en guerra y sobreviví, ahora veo que fue solo suerte- los ambarinos ojos se opacaron, el chico se sintió molesto al escucharla.

–Granger, escúchame bien- dijo, ella lo miró –Esas cosas se han dado solo por las circunstancias, no eres inútil, solo te han tomado por sorpresa en momentos en que estás con la guardia baja, no es tu culpa… Lo único que puedo recriminarte es esta maldita costumbre tuya de salir sola, no lo hagas, ve siempre con alguien más, sobre todo de noche, sabes que Zabini te busca, debes estar prevenida…- dijo con dureza, la rodeó con el brazo.

–Parece que hoy voy a tener que cuidarte de nuevo, pero como no pienso quedarme sentado en este lugar, tendrás que colaborar uniéndote al baile conmigo- le sonrió de lado en un arrebato de empatía que involuntariamente le había hecho actuar de una manera… Poco Malfoy.

–Malfoy, ¿Estás invitándome al baile?- preguntó entre risas un tanto más animadas, olvidándose un poco de su congoja.

–Claro que no, aunque no sería mala idea invitarte al de navidad, me encantaría ver la cara de idiota de Weasel, y las de horror de Potty y de mini-Weasley si lo hago- Hermione frunció el ceño irritada por los sobrenombres que le había otorgado a sus amigos, él se encogió de hombros como toda respuesta.

–Malfoy, ¿Por qué no puedes llamarlos por sus nombres?- inquirió y Draco le dedicó una mirada de obviedad, claro, era justo considerando que él era un hurón botador albino, la leona suspiró resignándose temporalmente.

–Está bien, por hoy tendrás el gran honor de ser mi pareja- agregó, ¿Desde cuando confiaba tanto en él, en que la rescataría y la cuidaría cuando lo necesitara? No lo sabía, pero esa sensación de confort le gustaba, aunque sabía que no debía sentirla, "¿Qué es esto que me estás haciendo sentir Malfoy? No podía pensar en ver a alguien más llegar por mí que no fueras tú…", pensó, sin recordar que el chico podía fácilmente leer sus pensamientos, un suspiro al viento de parte de ambos, la leona besó su mejilla y él retuvo una mueca de dolor, sin pensar realmente en lo que hacía.

–Gracias por rescatarme de nuevo…- le susurró, él solo se quedó mirándole pasmado, ella le sonrió repentinamente nerviosa –No me mires así huroncito, ya no soy una sangre-sucia, así que no puedes maldecirme por ello- le reclamó, el rubio le sonrió de lado.

–No planeo reclamarte, solo quiero saber ¿Desde cuando la leoncita de biblioteca se comporta como una dulce gatita come-libros?- la chica se echó a reír, el rubio también, pocos segundos después, el Slytherin sacaba su varita del bolsillo interno de su chaleco negro y reparaba los daños en su rostro, luego ambos de pusieron de pie, dirigiéndose al lugar del baile, impresionando a todos, cuando en pleno umbral, el chico le tendió el brazo, con expresión de suficiencia, como si fuera lo común y ella, indiferente también, lo tomó sintiendo que algo en lo más profundo de su ser se removía con júbilo.

Bailaban una pieza lenta, un tanto apartados del resto, casi no había parejas en la pista y el ambiente estaba cargado de tensión, Draco la había llevado allí, luego de decidirse a hablar con ella, daba gracias a Salazar por haber tomado unos cuantos vasos de fire-whisky antes de decidirse a decir alguna palabra.

– Granger- susurró en su oído, haciéndola estremecer involuntariamente, el sonrió, sintiéndose orgulloso de poder provocar aquellos efectos en ella –Quiero proponerte un trato…- ella se separó un poco para poder mirarlo a los ojos –Para esa inútil lista del Ministerio, planeo dejar que el tiempo pase, ya que dudo poder conseguir a un buen prospecto de esposa con la cual pueda llevarme bien y que me acepte, ya sabes- se alejó, mostrándole el brazo izquierdo, doblado y alzado hacia un lado, dejando ver la marca tenebrosa.

–Esto no es muy atractivo que digamos- comentó casual y le sonrió de lado, la tomó de nuevo de la cintura para continuar bailando –En fin, lo que quiero proponerte es: que si para cuando acabe el tiempo en que debes escoger a alguien no lo has hecho, seas mi pareja, creo que es bastante conveniente, no nos llevamos tan mal, creo también que he dejado claro que soy capaz cuidarte, al menos tengo ese interés en especial desde lo ocurrido con las Banshees, y si para ese momento, te dicen que debes elegir entre los que no se hayan comprometido aun, creo que será favorable para ambos, suponiendo que la comadreja no lo haga en el periodo establecido- la impresión la estaba matando, hacía ya media canción que habían dejado de bailar, aunque el Slytherin había hecho amago de retomar la acción ¿Draco Malfoy acababa de proponerle matrimonio? Bueno, le ofreció ese compromiso como salvavidas en caso de que no hallara uno, pero era básicamente una proposición ¿O no? No, por lo visto solo quería asegurarse de estar con alguien que no le arruinara el linaje y tuviera cerebro, frunció el ceño.

– ¿Es porque ahora soy una sangre-pura como tú?- preguntó irritada.

–Granger, no seas idiota, por supuesto que no es así- respondió enfadado y con el entrecejo unido –Solo me parece conveniente y de por sí ya lo había estado pensando desde antes, para ser más preciso luego, de ir a Hongsmeade, sin embargo, no entiendo cuál podría ser el problema en caso de que esa fuera una de mis razones, es totalmente natural para gente de nuestro tipo buscar a nuestros semejantes, no es algo del otro mundo Granger, eso es parte de la tradición y de nuestros propios instintos, y ahora que perteneces a un estatus de sangre diferente hay muchas cosas que debes aprender, claro que eso ya será después, por ahora solo estoy dándote una idea- puso los ojos en blanco.

–De todas formas, si tan mal te parece, si no puedes creerme, finjamos que no he dicho nada y ya, asunto olvidado…- dijo secamente, la ambarina pudo vislumbrar el brillo ardido en los ojos grises de Malfoy, el anillo le transmitió un muy leve pero doloroso choque eléctrico que la tomó por sorpresa.

–Ouch…- se quejó dando un leve respingo, llevando ambas manos a su pecho, sobando la que portaba el anillo con la contraria, el rubio desvió su atención a sus manos.

–Lo siento, mi culpa…- dijo, sin pensar, tomando la mano afectada del pecho de la chica, haciéndola sonrojar – ¿Te duele?- preguntó, ella negó – ¿Prefieres que vayamos a sentarnos?- un asentimiento en respuesta –Bien…- le ofreció su brazo y ella lo tomó, ambos se dirigieron a la mesa, se sentaron en sus respectivas sillas, siendo los únicos allí.

Habían permanecido en silencio unos minutos, ese silencio era denso, no recordaba lo incómoda que se podía llegar a sentir con el chico cerca, aunque esta incomodidad era nueva, no era por odio ni nada parecido, solo le costaba pensar en ello lógicamente, pero a su vez, parecía que su sangre reaccionaba a la situación y la hacía analizar todo como si se tratara de un simple juego para niños.

–Malfoy…- estaba nerviosa, se le notaba –Sobre lo que me propusiste, ¿Hablabas en serio?- preguntó apenada.

–Sí, pero creo que será mejor hacer como que no dije nada, no es que seamos los mejores amigos, pero, al menos no nos la llevamos tan mal ahora, no quiero que eso se arruine… Creo que debí tomar más factores en consideración antes de hacerte semejante propuesta ahora que lo pienso, creo que ciertamente ha sido desacertado, probablemente jamás llegaríamos a poder tenernos la suficiente confianza como para sobrevivir a algo como eso juntos… He planteado una idea demasiado inverosímil y te he incomodado… Creo que es mejor que lo olvides y ya…- espetó, ella negó, sabía que se había vuelto loca por lo que estaba a punto de decir, pero no podía desperdiciar una buena opción ¿Sería posible que Malfoy no fuera tan malo como parecía, que muy dentro de sí, escondiera sus sentimientos? De hecho ¿Ese frío e indiferente chico tenía verdaderos sentimientos? Debía tenerlos, ya lo había comprobado el día de la muerte de Narcissa.

–Tienes razón- cedió –Es algo conveniente, lo haré, si me dan a escoger y estás entre mis opciones y no hay nadie de mi interés entre los que hayan quedado sin pareja, te escogeré a ti, no pienso emparentarme con cualquier clase de idiota, al menos tú eres un tonto hurón conocido- le sonrió.

–Eso, Granger, ya estas aprendiendo del orgullo de los sangre-pura, aunque ese discurso fue un poco ofensivo, pero supongo que puedo pasarlo por alto, todo sea por el bien de este nuevo acuerdo- lo miró dubitante, con una ceja borgoña alzada y semblante pálido, esperando una explicación.

–Somos orgullosos, no solo de ser sangre-puras, sino por ser sangre-puras; el actuar así, ser selectivos y no emparentarnos con cualquier bruja, o mago en tu caso, lo llevamos en la sangre, nos llama a ser de esta forma, a reclamar una buena descendencia ¿Por qué crees que mientras más pura es la sangre en nuestras venas más orgulloso se es? No es que realmente seamos mezquinos ¿Sabes? Es solo que no podemos controlarlo, es un impulso- le sonrió de lado, ella lo hizo en respuesta, era increíble ver como podía aprender cosas de ese chico, que ningún libro podía explicar, comenzaron a hablar, pasaron de un tema a otro, siempre con comentarios sagaces, oportunos y opiniones firmes, temas intelectuales, filosóficos, trivialidades, iban a la pista, él tomaba fire-whisky y ella cervezas de mantequilla mientras charlaban y bailaban, sin fijarse en que eran el centro de atención de toda la fiesta, los Gryffindors, junto con Theo y Luna iban con ellos cada tanto, convenciéndose de que podían al menos plantearse una tregua que no fuera solo de apariencias, aunque Ron no estaba convencido, sobre todo al ver a Hermione tan cerca de Draco, se preguntaba ¿Por qué no la había invitado? Cierto, Lavender había estado convenciéndolo de no hacerlo, debía admitir que ya no se sentía igual con respecto a la ambarina, pero eso no quitaba que la apreciara y deseara su bien.

El baile terminó por transcurrir así, entre pleitos guardados en secreto, risas, bebidas, canciones, discusiones, bailes y proposiciones.