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En los seis minutos que le tomó a la ambulancia llegar hasta ahí, Jonathan Kent dejó de respirar y su aterrorizado novio se dio a la labor de practicarle los primeros auxilios, Colín Wilkes recreó en su cabeza la escena acaecida varios años atrás donde era él quién intentaba devolverle el aliento a Damian Wayne.
Sobredosis de heroína y sabrá Dios cuanta más porquería. Su mejor amigo…no, su amor platónico rebotaba contra el piso de un asqueroso baño público de la misma forma que rebotaban las formas del joven Kent bajo la presión de su prometido.
Podía ver la desesperación de sus manos, lo arrebatado de sus movimientos y sentir su dolor a flor de piel. Era como si el tiempo se hubiera detenido, y entonces dedicó todas las plegarias que conocía al cielo para que no se llevara al más joven de ellos.
Para esta parte de la escena, los miembros de The Outlaws habían ordenado al personal de seguridad que no dejaran salir a Tamara Archer, desde el escenario lo vieron todo: fue ella quien le ofreció la bebida a Damian, pero Jonathan se la arrebató.
Aún de querer negarlo, cuando fuera interrogada en los juzgados, no lograría hacerlo porque en un lapsus de demencia gritó que si Damian Wayne no iba a ser suyo, por lo menos no sería de él.
Esa versión fue la que rápidamente se extendió.
Tamara Archer trató de asesinar a Jonathan Kent.
El ex bajista de The Outsiders respiró en el tercer intento pero no recuperó la conciencia. Damian se dejó caer sobre él agotado, devastado. Volvió a llenarlo de besos y comenzó a disculparse por todo lo que había arruinado entre ellos. Sin embargo, no hubo demasiado tiempo para aquello.
La ambulancia llegó, metiendo la camilla entre mares de personas que querían verlo y grabarlo todo con sus teléfonos celulares. Entre varias personas consiguieron hacer espacio, levantar a Jon y tanto Damian como él, subieron en la ambulancia.
Parte de Colín Wilkes se sentía culpable, porque se supone que fue para ayudar y sólo estaba ahí, mirando.
El vehículo no recorrió demasiados kilómetros cuando Wayne comenzó a sentirse mal. Tenía que ser, la droga estaba en los labios de su novio y Roy Harper fue muy específico al decir que una segunda exposición sería fatal.
…
El personal médico, una vez llegaron a destino no tenía la más mínima idea de cómo proceder. Necesitaban la sustancia, saber contra qué se enfrentaban. El lugar del concierto era un hervidero de fluidos tanto corporales como artificiales: sodas, cervezas, sudor, saliva, semen, por no mencionar las conocidas drogas recreativas.
El vaso que tomara Jon acabó aplastado bajo decenas de personas que corrieron en estampida al verlo desplomarse sobre las bien parecidas formas de su novio.
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Cassandra Caín accedió a quedarse con Maya Ducard, era mejor estar con la joven embarazada que con su novio. A falta de alguien más que culpar Conner Kent decidió vaciar toda su frustración, ira y temor en Timothy Drake. Lo llamó de todo, tanto a él como a su familia.
"Su hermanito jamás había tenido problemas hasta que se topó con los puñeteros Wayne"
Stephanie Brown se quedó con los niños, Carrie y Lian entendían muy poco de la situación, sus padres se limitaron a decir que debían trabajar en un caso nuevo y no podían estar en casa cuidándolas.
Desde su perspectiva, tenía que ser un caso enorme ya que Roy y Dick, siempre se quedaban con ellas. En cuanto al pequeño Terry, debió percibir algo ya que ocupó buena parte de la noche en llorar, llorar y llorar porque no quería ni a su mami o a sus primas, él quería estar con su papá.
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Las primeras cuarenta y ocho horas eran cruciales y ambos chicos se encontraban verdaderamente mal. Colín Wilkes se retiró a la Capilla del hospital privado. Todas las promesas, todos los planes, todo lo que sus amigos habían hecho por él y los perdió en los diez segundos que se descuidó.
Al menos Jon respiraba por si mismo, Damian tenía un respirador artificial y verlo así acabó con la paciencia de Talía.
—¡Todo esto es tu culpa! —acusó a Bruce quién decidió hacerle frente. Enfadado porque esa mujer siempre encontraba la forma de responsabilizarlo por todo lo malo en el mundo.
—¡¿Mi culpa?! ¡Yo no fui quién se largó de su vida haciendo que se volviera adicto! —Talía lo abofeteó como los Kent sabían que haría.
Estaban en la sala de espera. Bárbara Gordon y Richard Grayson regresaron al G.C.P.D para dirigir el infructuoso equipo de recolección de muestras, Roy Harper analizaba lo que le enviaban en su laboratorio y tanto Jason Todd como Timothy Drake, estaban a cargo del arresto y lectura de cargos contra Tamara Archer.
Talía recompuso su estado y lo continuó acusando. Afortunadamente, tanto Wilson Slade como Selina Kyle tuvieron la decencia de quedarse en casa.
—¡Te pavoneaste de que tú y tus hijos limpiaron las calles de Gotham! Dijiste que si se hacía el responsable de tu maldita empresa, nada cómo esto sucedería. Los enemigos de tu "grandioso nombre" no lo acecharían.
—¡Esto fue un crimen pasional! —gritó furioso con la mejilla ardiente porque Talía era la única mujer que sabía cómo abrirle verdaderas heridas. La vio resoplar, temblar con todo el amor que sentía por su hijo y el odio que indudablemente le dedicaba a él.
—¡Crimen que podría arrebatarnos a nuestros hijos! —aulló con lágrimas en los ojos, señalando a los Kent, quienes lo miraron con reserva pues aunque no habían comentado nada, se sentían en igualdad de sentimiento.
Jon era el único hijo de los dos y lo estaban perdiendo.
Conner lo amenazó hace unas horas, después de mandar al carajo su amistad con Tim, alegó que si no despertaba su hermano se encargaría personalmente de que Lex Luthor lo destruyera.
Talía se limpió las lágrimas con ambas manos y continuó su alegato.
—¡Tú no lo entenderás porque aún si lo pierdes, tendrás a los otros tres, incluso verás a tus nietos crecer y yo lo perderé todo! —le dio la espalda dispuesta a marcharse y él intentó detenerla pero Talía lo abofeteó de nuevo con más amenaza y rudeza. Hasta le sacó sangre, hiriéndolo con los diamantes de la última sortija que le obsequió.
Pese haberse casado por el civil con Wilson Slade, no se la quitó. Tan solo la cambió de mano y el creía conocer la razón: Jamás dejó de amarlo, por eso permitió que se quedara con el hijo de ambos.
Según las tradiciones con que la educaron, fue ella quién falló en la relación, quién debía irse al no poderle dar más herederos. R'as era perverso, autoritario y sumamente machista. No imaginaba el veneno con que le llenó la cabeza mientras crecía pero no era el momento de pensar en eso.
Talía lo miró a los ojos con más de ese odio recién inventado. Él siempre había detestado verla llorar. Ella era digna, orgullosa. Jamás se permitía un desliz y este ya era todo un espectáculo. Sus palabras le quemaron porque hasta ahora caía en la cuenta de todo el sufrimiento y la soledad que había soportado.
Su ex arrojó la sortija al suelo y le prohibió tocarla de nuevo.
—¡Te aborrezco!
Lois intentó ir tras ella, confortarla pero Talía, orgullosa heredera de los Al Ghul rechazó su oferta, dijo necesitar un tiempo a solas para aclarar las cosas.
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—Pasional o no —comentó Clark. —Sabes que lo que dijo es verdad. Nos diste tu palabra de que la delincuencia, el tráfico de drogas y la prostitución estaban controlados.
—¡Yo no respondo por la entrada y salida de todo en Ciudad Gótica! —respondió frustrado, recogiendo la sortija que tenía cinco gemas. Una por su noviazgo, dos por el compromiso y matrimonio, la siguiente por el nacimiento de Damian y la última que desde su perspectiva era la única que no brillaba, por el bebé que perdieron.
—Eso lo sé, Bruce. No eres Dios, pero dijiste tener ojos y oídos en todos lados. Tus hijos deberían saber algo de esa droga a la que se expusieron pero ninguno tiene la más remota idea.
—En realidad sí sabemos algo. —comentó Lois con decisión. —se la compró a Pamela Ivy
—Ivy es…
—Un mito de los barrios bajos, lo sé. Si Tamara no la hubiera mencionado con tanto fervor, seguiría creyendo que es tan "real" como la Dama de Negro, pero está en algún sitio y la voy a encontrar.
—¡No, Lois! Tenemos que estar aquí por si él despierta. —comentó Clark con una extraña mezcla de esperanza, frustración y tristeza.
—Entonces iré yo…—sugirió Conner quién había permanecido todo este tiempo en su asiento, destrozando una lata de soda en el interior de sus manos. Su padre lo miró a los ojos y una vez más se negó.
—La grabación de lo sucedido durante el concierto está en todos los canales de videos de internet. Si esa mujer existe se estará protegiendo, tendrá personal dispuesto a asesinar por ella. De lo que saben mis contactos tanto del Diario El Planeta, como del Gazette de Gotham. Se hace llamar "Poison Ivy" y seduce a quien sea con un solo beso de sus labios cerezos.
—¡¿Entonces quieres que me quede aquí a verlo morir?! —gritó Conner con los puños cerrados, los ojos ardiendo, negándose a llorar porque no sabía si hacerlo por dolor o ira.
—Nadie morirá bajo mi guardia, hijo. —comentó Lex Luthor que venía llegando con su propia flotilla de médicos. Bruce frunció el ceño, los mejores médicos del mundo ya estaban atendiendo a los chicos.
—Oh, no vamos a competir por "quién la tiene más grande" Wayne, mi equipo sólo viene a supervisar que no se les pase nada por alto. —los clínicos se dieron permiso de entrar a la sala de observación dónde permanecían ambos.
Su condición pese a ser por "causas desconocidas" se reportaba estable, pero aquello podría cambiar en cualquier instante.
—¡Tráiganme los expedientes! —solicitó con un chasqueo de dedos y antes de que Bruce pudiera objetar, una señorita se los entregó. Lex estaba bastante versado en materia médica, de hecho. No había área en la que no tuviera conocimiento o experiencia. Comenzó a revisarlos como si leyera el periódico, es decir que continuó charlando.
—Sobre ese asuntito de Ivy, me encontré a tu "ex" allá abajo. Dice que va a cazarla ella misma.
—¿¡Qué…!? —gritó Bruce y a punto estuvo de correr tras Talía.
—Sabes, sigo sin creer que encontrara algo de valor en ti ese bombón. Trató de disimular el llanto, pero es evidente que sin importar la situación o el pasar de los años, tú simplemente la seguirás lastimando.
—Mmmh…—resopló, con los puños cerrados, contando hasta cien para no tirarle los dientes a tal desalmado.
—Esas marcas en tu cara son suyas, ¿cierto? Justo cuando creía que no podía ser mas atrevida o sexy.
—¡Lex! —intervino Clark y Luthor dirigió su atención a él.
—Espero que sepas que cancelé muchas citas para poder estar aquí. No tengo el placer de conocer al novio pero Jon es todo lo que querías que fuera, ¿No? Perseguidor de la verdad, luchador de la justicia, un alma noble como todos los Kent, exceptuando esa diminuta parte en que le entrega su lealtad a un ser oscuro y perverso como yo.
—¡Damian no es…!—vociferó Bruce, pero Luthor lo calló señalándolo con el expediente médico.
—¿Un adicto repulsivo? ¡Su vida pende de un hilo porque tuvo la reacción típica de todos los adictos! ¿Cuántos años lleva metido en eso? ¿Siete, diez? ¿Y qué haz hecho al respecto?
—¡Eso no es de tu incumbencia! —advirtió furioso.
—Me compete todo lo que suceda en la Ciudad donde está mi hijo y creo recordar que hace unos años te pasó lo mismo. Jason Todd fue declarado muerto por cuantos…¿Tres minutos? —los Kent se pusieron lívidos del horror. Hasta donde Bruce sabía, esos detalles fueron borrados de cada expediente público y desde ese evento dedicó sus esfuerzos a erradicar de raíz el problema.
No era una batalla sencilla pues como señaló, él solo era un engranaje dentro de todo el sistema. Puede que controlara unas cosas pero había sectores que dependían del dinero que proveían las drogas, mafias y pandillas. En esas zonas las conseguía Damian, así era cómo lo desafiaba y lastimaba por dejar que se fuera su madre, por poner en primer lugar la salvación de Gótica y en último a su familia.
—¿No crees que vaya a pasarle lo mismo a Jon, o sí? —preguntó Lois con el rostro desecho en llanto, Luthor negó con sonrisa ladina.
—Tu hijo está perfectamente sano Lois, con excepción de un estómago vacío razón por la cual, la droga debió caerle como una auténtica bomba. Se repondrá, supongo que con algunas secuelas, pero independientemente de lo dolorosa que sea la desintoxicación, saldrá de aquí caminando o enviudando.
Oh, es cierto. No se han casado.
—Lex…—volvió a reprender Clark, pero sus intentos de evitar la pelea no fueron necesarios. Bruce se marchó, dijo hacerlo para buscar a Talía, llamar a sus hijos, saber cómo iba avanzando la investigación.
Los Kent respiraron mucho más tranquilos ahora, Conner seguía sin saber cómo actuar delante de Clark y su padre. Luthor le ahorró la vergüenza.
—Siempre has querido saber por qué te dejé con tu madre. ¿No es cierto? Bueno, echa un ojo ahí adentro. Ese jovencito que está luchando por su vida podrías ser tú bajo mis cálidos cuidados.
—¡Eso no es cierto! —se atrevió a protestar. —Acabas de decir que estás al tanto de todo lo que pasa en la Ciudad.
—Porque pago mucho dinero para que alguien me informe de ello. ¡Oh, vamos! No te lo tomes a pecho. Simplemente existen personas que nacieron para amar y otras que nacimos para observar y analizar.
Mira a tu alrededor, el príncipe de Ciudad Gótica se está muriendo y no hay aquí ni una sola persona.
¿Crees que él quería esa vida? ¿Que yo la deseaba para ti? Se tiene que estar muy herido o muy abandonado para desear que una "droga" te "lleve a otro lugar" También se tiene que ser muy frío de corazón para perseguir a los responsables en lugar de estar a su lado.
Tu "padre" ya lo dijo. Debes quedarte con él porque no soy muy dado a los melodramas pero también he estado ahí. Más veces de las que deseo admitir y no te haces una idea de lo miserable que es despertar en una cama de hospital completamente solo.
—Pudiste tenernos a nosotros…—comentó con algo de resentimiento en la voz.
—Los Wayne tienen su forma de hacer las cosas. Una que es muy similar a la mía. Ellos no se quedan a lamer las heridas, pagan para que otros lo hagan, persiguen a los responsables, abren sus propias heridas en el proceso, pero dime ¿De qué les servirá encerrar a Tamara Archer cuando Damian expela su ultimo aliento?
—¿Tan mal está? —preguntó Lois porque sería horrible para Jon y para todos. Tendrían que cancelar la boda, darle un nuevo significado a todo lo que reservaron para el día de su boda.
—Tengo que analizarlo personalmente, pero de momento, seré el primero en decir que será un milagro si aguanta hasta el día de mañana. —Lois se abrazó a su esposo Conner se resistía a admitir que había lágrimas saliendo de sus ojos.
Tenía que haber una solución, una esperanza, algo. Lex se limitó a negar con el rostro y continuarse explicando.
—Si fueras tú. Yo estaría haciendo exactamente lo mismo, comandando un ejército, erradicando las drogas de las calles, perdiéndome la ultima imagen de tu rostro, el ultimo aliento de tu cuerpo. No porque no te ame, sino porque no soporto la idea de que vayas a dejarme.
—¡Eso es basura! —gritó y lo empujó.
—Y sin embargo, sucede. Le advertí a tu hermano que se alejara de él, me tomó por un loco, despiadado y ahora estamos aquí.
—¡No fue su culpa! —se atrevió a protestar y volverlo a golpear porque tal vez, había sido demasiado cruel con Damian y según las palabras de Colín, él se puso tan mal por devolverle el aliento a su hermano.
—¿Crees que eso importa, hijo? Cómo Tamara me he topado a muchas, también he lidiado con inversionistas o socios que día tras día tratan de asesinarme. Somos los dueños de grandes cantidades de dinero, pero va más allá de eso: propiedades, personal, influencia. Si sobrevive, deberían separarlos porque esto será recurrente.
Los antiguos Wayne supieron manejar las cosas, alejaron a su hijo del fuego cruzado pero tal vez, lo mimaron demasiado. Bruce no tiene ni idea de en qué le pidió que se metiera. No negaré que tiene agallas, inteligencia, pero sigue siendo un chico demasiado ingenuo.
Luthor terminó su discurso y procedió a reunirse con su equipo médico, analizaría todo minuciosamente en el laboratorio. Cosa que haría rumiar por lo bajo a muchos pero que agradecerían eternamente los Kent.
….
Despertó en su cama bastante entrada la mañana, el sol le daba en la cara y aunque se tapaba con la almohada o las sábanas para volver a dormir, el calor lo alentaba a salir de ahí. Rumió un par de veces buscando el contacto del cuerpo a su lado, no lo encontró y eso lo desperezó. Pronunció su nombre en lo que tallaba sus ojos y buscaba sus anteojos, no veía muy bien sin sus anteojos y eso lo fastidiaba un poco.
No estaban en la mesita de noche, sin embargo llegó su novio.
—Ya era hora…—sonrió al escuchar su voz porque sentía que había pasado mucho de la última vez que escuchó su voz. ¿Qué día era? No lo sabía pero Damian lo besó en los labios y todo lo demás perdió valor. Le llevó el desayuno a la cama, era su favorito: waffles bañados en chocolate, decorados con almendras y helado de fresa.
—Date prisa, gatito. Nos espera un gran día.
—¿Qué día…? —preguntó llenándose la boca de tal delicia. Wayne sonrió desde el baño preguntó si es que a caso ya lo había olvidado. Él negó con el rostro y lo intentó otra vez pero no recordaba nada más allá de haber estado durmiendo.
Se sentía cansado, nostálgico. Lo que sea que tuvieran que hacer esperaba poder postergarlo para mañana.
No quería que salieran del cuarto, no quería dejar de mirarlo. Lo persiguió como un fantasma a la puerta del baño, él estaba ahí, arreglándose con movimientos lentos y estudiados, era tan apuesto que no se resistió de acecharlo otro poco, lo abrazó por detrás colocando la cabeza en su hombro y su novio detuvo la acción de anudar la corbata en un moño.
—Jon… —sus ojos lloraron y ni siquiera entendía la razón. Él no quería soltarlo o dejar de abrazarlo.
—¿Qué está pasando Jon? —preguntó Damian con cautela, estrechándolo, tranquilizándolo. Él le estaba arrugando su precioso traje negro por todos lados. ¿A dónde iba tan elegante? ¿Otra firma, otra gala? —Sé que estás nervioso pero nuestros padres nos asesinarán porque nos dejaron pasar la noche juntos con la condición de que no llegáramos tarde al altar.
—¿Altar…? —Damian lo besó en los labios una nueva vez y entonces tuvo vestigios de la ceremonia de compromiso: Chocaron sus copas, bailaron de la mano, se besaron delante de sus familiares como jamás se habían besado pero también…estaba la parte en que su novio pudo morir en un accidente vehicular.
Cómo si Damian lo presintiera lo comenzó a tranquilizar.
—Hoy seré tuyo y tú serás mío. Por eso nos dejaron permanecer juntos porque tenías miedo de que pasara algo malo.
—Lo siento, de verdad lo siento…—confesó porque no sabía por qué lloraba tanto. Este era el día más feliz de sus vidas y él estaba actuando como un malcriado.
—No importa, toma una ducha rápida, todo el mundo nos está esperando. —sonrió, porque esa parte le hacía verdadera ilusión. Escucharía sus votos, por fin serían esposos.
Entró en la ducha y en lo que se enjabonaba, lo asaltaron recuerdos de otros eventos. Unos dónde él lloraba y tenía marcas de dedos sobre la piel. A pesar del dolor y la humillación, no era en él en quién pensaba sino en su novio. Damian dormía como tantas desastrosas noches en el pasado, arrítmico, intranquilo.
Se drogó…
No, alguien lo drogó y él volvía a procurar su cuerpo y velar su sueño con el corazón en un hilo porque le habían dicho que si volvía a suceder, sería la ultima vez.
—¡JON…! —Damian abrió la cortina del baño al escuchar que lloraba tanto, él comenzó a explicarse. Los recuerdos, los sueños, tenía un mal presentimiento de todo esto.
—No hay malos augurios para nosotros Jon. Estoy aquí, estás aquí, a mi lado. Caminaremos al altar y todo lo demás quedará atrás.
—¿De verdad…? ¿Me prometes que así será?
—Sí, lo prometo. Ahora debemos apurarnos... —se disculpó porque al ir a buscarlo toda su ropa se arruinó. Damian le restó importancia, tenía el armario lleno de trajes negros. El suyo es el que era verdaderamente especial, lo confeccionaron su abuela paterna y su madre, incluso advirtió el velo de Lois.
Estaba nervioso, pero aquello se desvaneció en cuanto su novio lo ayudó a ponérselo todo, el saco la corbata, el estúpido pañuelo a juego, lo único que faltaba era el velo.
—Espera, yo no tengo que ponérmelo...—comentó porque así es como lo sentía en su corazón.
—Claro que sí gatito, a mi no me va el color blanco…—Damian empezó a doblar el velo para acomodarlo alrededor de sus hombros, mientras lo hacía él recordó otra conversación.
Estaban coqueteando y discutiendo a un mismo tiempo porque él quería escuchar sus endemoniados votos.
¿Cuándo sucedió eso? ¿Anoche? ¿Damian le dijo sus votos y después él se fue a dormir?
No, algo más pasó entre los dos. Algo que dolía tanto que prefería olvidarlo.
El velo quedó colocado con tal elegancia que su novio le obsequió una marcada reverencia y aseguró estar ante la presencia de un príncipe, luego le ofreció su brazo para que los dos salieran de ahí y fueran al auto.
Él accedió pero sólo porque sabía que toda esta escena era un error.
Sus padres no los dejarían pasar juntos la noche previa a la boda, ni Damian lo consentiría tanto, estará tan nervioso como él, olvidando donde dejaba las cosas, quedándose dormido hasta que el sol le quemara la cara.
Lloró.
Sabía que llegado ese día se la pasaría llorando pero estas lágrimas no eran de felicidad, no eran de ilusión, no eran del inicio de una vida juntos. Eran de las que anuncian el preludio a algo oscuro.
El Damian de sus sueños sonreía demasiado, aún así le gustaba demasiado. Lo amaba, pero no era real porque no olía a nada, sus besos no le provocaban nada, ni el chocolate de los waffles le supo a nada.
—¿Estás listo? —preguntó y él negó porque no estaba listo para averiguar qué fue lo que les pasó. Intentaba recordar pero luego de su charla sobre votos y velos, no tenía nada.
Sabía que pretendía sorprenderlo, emboscarlo para que no fuera a engañarlo con esa postiza de Tamara Archer.
El nombre de la reportera dolía, hería como una afilada daga en el corazón.
—¿Qué puedo hacer para que te sientas seguro? —preguntó su novio y el asumió que tendría que ver con sentirse seguro para abandonar este sueño.
—Tus votos…quiero escucharlos.
…
El jardín lucía hermoso decorado con ligeras capas de nieve y los colores que los representaban a los dos. La luna brillaba en lo alto, al igual que las lámparas de noche que destellaban cual luceros por todos lados. Jonathan estaba guapísimo con su traje blanco y lentes de contacto, caminaba detrás de Carrie y Lian hacia al altar.
Sus bellas princesas arrojaban pétalos blancos y rojos sobre la alfombra roja, sus vestidos parecían confeccionados por las mismas hadas, su novio también representaba un sueño, el velo cubría la mitad de sus cabellos negros y pasaba dramáticamente por detrás de su cuerpo, en las manos llevaba un ramo de crisantemos blancos, tan rebosante y etéreo como todo él.
Enlazaron sus manos en el momento que Conner y Cass les colocaron el lazo, el tacto de su gatito era frío y sus ojos estaban húmedos de un llanto que no derramaba pero lo atribuyó a los nervios y a la realización de su sueño.
Intercambiaron sortijas con la ayuda de Colín y Maya, sus amigos estaban radiantes aunque no lograba entender por qué todo el mundo vestía de un ceremonioso negro. La sortija que le colocó Jon se sintió pesada, el oro blanco le quemaba, pero aguantó porque este era el momento que tanto esperaban.
—Si nadie se opone a la unión de estas dos personas, intercambiarán votos en presencia de Dios.
Miró a Jon para infundirse de valor, sus ojos seguían siendo bellos pero húmedos y temerosos. Lo adoró por eso, por creer que aún podría arrepentirse de esto, enlazó sus manos, las sortijas una vez más reaccionaron.
¿Por qué pesaban? ¿Por qué quemaban? Si estar con él, no representaba ninguna carga.
Inició su declamación y tuvo vestigios de escenas pasadas, crueles e inconexas. Él lo lastimó mientras le hacía el amor pero por más que intentaba no podía refrenar en su acción. Necesitaba hacerlo, tenía que hacerlo y no importaba si lo rompía, humillaba y degradaba en el proceso. Advirtió sus lágrimas como el rocío de la mañana y algo de sangre corriendo entre sus piernas, mezclándose con su semen y el sudor de los dos.
Esa imagen era horrenda porque escuchaba su voz rogando que se detuviera y él no paró.
Cuando dejó de estar poseído por su oscuridad y egoísmo interno le pidió perdón. Jon no dijo nada, tan solo lloró, al igual que ahora.
Sus invitados aplaudieron cuando concluyó la exposición de sus votos. Ahora el turno de Jon, pero él necesitaba saber si su gatito no sentía que esto era un error.
¿Lo perdonó? ¿O lo detestaba en su interior? ¿Cuánto tiempo pasó de eso? ¿En verdad sucedió o sólo eran los nubarrones de su corazón?
Cómo si presintiera su vacilación, su novio presionó con fuerza sus manos en el interior de las suyas, separó sus labios, compartió sus votos.
Él evocó otras imágenes en las que Roy Harper le hacía toda clase de examen médico y concluía lo cerca que estuvo de matarse otra vez.
—Si no hubieras tenido esa descarga de adrenalina y sexo…
—¿Disculpa…?—su cuñado lo miró con reproche, pero finalmente cedió. Roy también tuvo su incursión en las drogas, a punto estuvo de tocar fondo pero no lo logró porque el estúpido de Todd, se le adelantó.
—Damian, sé que llevabas más de un año limpio pero todo el daño anterior está hecho. Seré discreto al redactar el informe médico, como una cortesía para ti y tu familia pero no puedes volver a exponerte a esto. Aunque te parezca una broma, ni tu corazón o tu mente soportarán otra dosis.
—¡Yo no me inyecté, inhalé o tomé nada! —gritó porque ya sabía que sus estúpidos hermanos y su padre se encontraban allá afuera. Jon llamó a Roy y Harper se encargó de correr la voz para presionarlo. Él entendía su preocupación pero honestamente, no recordaba nada más que haber ido a la maldita gala.
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Bailaban.
Horas después de darse el sí, de besarse con hambre y repetirse todas las promesas de aquí a la tumba. Bailaban y bailaban hasta que Jon se sintió mareado y se dejó caer por encima de él. Mientras lo sostenía con temor, tuvo la impresión de que en otro instante, lo había tenido así de vulnerable.
Jon estaba en el piso, todo el jodido mundo lloraba, gritaba, fotografiaba o grababa y él intentaba con todas sus fuerzas devolverle el aliento, disculparse por todo lo malo que le había hecho.
—¡No me dejes! ¡Por favor, no me dejes!
—¡Jon…JON…!
…
Las alarmas que anunciaban un código azul sonaron de pronto, médicos y asistentes corrieron a la habitación de los chicos, Lois se abrazó a Clark temerosa de preguntar, Conner buscó a Lex pero el magnate no se podía explicar.
Los signos vitales de ambos se fueron en picada.
Colín no tenía más plegarias, más ruego o llanto que derramar en la Capilla, tal vez lo mejor sería volver a casa, esperar la noticia fatal junto a Maya. Su mujer nunca se lo perdonaría, ni él mismo lo haría, si se largaba del hospital todo acabaría.
Tomó asiento un poco lejos de los Kent pues no se entendía con Conner y le daba vergüenza enfrentar a los padres de Jon.
Talía volvió de su misiva, llamó a Lex apresurada, altiva, le entregó una sustancia que según Pamela Ivy contrarrestaba los efectos de la poción de amor. Sus facciones estaban descompuestas, todos los temores de una madre impresos en su bellísima estampa, poco después de cumplir esa parte se derrumbó en un sillón de una sola pieza y ahí se quedó, abatida, sola.
Ni Lois o Clark sabían si debían llamar a Bruce, obligarlo a venir a acompañar a su familia. ¡Por Dios! Talía y Damian eran su familia directa y no era posible que…La intención de los reporteros se quedó en el aire ya que Bruce Wayne fue el segundo en hacer su vaporosa entrada, venía acompañado de Richard, Timothy y Jason, todos se disculparon encarecidamente por dar mas peso al encierro de Tamara Archer, que al estar en el hospital padeciendo suspenso.
Al encarar a su ex, él y Talía discutieron otra vez.
—¿¡Encontraste a Pamela y no diste aviso a las autoridades!?
—¡Yo no me comprometí a limpiar las calles de esta grotesca Ciudad y al contrario de ti, no hay nada que yo no haría para proteger a mi hijo!
Bruce lo sabía, el precio a pagar debió ser todo lo de valor que llevara puesto: los aretes de oro sólido, la gargantilla decorada con un jade precioso, los anillos que hacían juego con la sortija que le devolvió, unas cuantas pulseras igualmente de oro, el bolso de mano y las zapatillas de tacón alto cuya ausencia se disimulaba con el largo de su vestido pero cualquiera que le prestara atención notaría que ya no las traía.
—¡Pudieron asesinarte, mujer! —gritó acelerado. Talía le dedicó una sonrisa cruel.
—¿Después de todos estos años aún me subestimas? Sabes tan bien como yo, que el único que podría hacerlo eres tú. —Al Ghul hizo ademán de apartarse para ignorarlo, Bruce la estrechó, a pesar de todas sus resistencias y protestas él la abrazó y la hija del demonio por fin lloró.
A los presentes no les quedó la menor duda de que su relación era tan fuerte como tóxica, tampoco se impresionaron de que Damian hubiera aspirado a un amor así de caótico, la imagen de Emiko Queen desfiló por sus cabezas pero rápidamente la desecharon.
Luthor analizó y duplicó el compuesto en el laboratorio médico, también se tomó la libertad de despedir a un montón de ineptos.
—¡TODOS USTEDES SON UNA MALDITA BOLA DE INCOMPETENTES! ¡NO VOLVERÁN A TRABAJAR EN UN HOSPITAL JAMÁS!
La poción del amor, no era una droga sino un veneno, el más antiguo, seductor y peligroso de los venenos: Black Orchid.
En pequeñas dosis hacía que tu pareja se entregara, que fuera sumisa y condescendiente que creyera incluso que te amaba. Para ello se requería de una voluntad débil y que no estuviera interesado en alguien más. Al incrementar su potencia Ivy agregó una sustancia más, un perfume que extraía de las flores que ella misma cultivaba.
Hasta ahora no había escuchado de malos resultados.
De lo que le dijo a Talía, todos sus clientes estaban satisfechos o tal vez, se hicieron el amor hasta caer muertos. Lo merecían porque jamás la buscaban los que se amaban con el corazón. Quienes querían su elixir eran los que deseaban hacerse amar a la fuerza.
Merecían lo que les sucediera, tanto los victimarios cómo las víctimas.
Después de todo, antes de venderlo especificaba que de por medio no debería haber ni una pizca de amor verdadero.
Talía tuvo el impulso de arrancarle los rojos cabellos y coser con ellos tanto sus ojos como sus labios para que ya no pregonara nada sobre el amor. ¿Qué podría saber ella? ¿Cómo se atrevía una hiedra a lastimar a su querido niño? La maldijo, por supuesto que lo hizo pero aún así, debía ser inteligente y sagaz. Entregó el pago que le exigió y se marchó.
Lex administró el suero. Ahora todo dependía de su fortaleza interna y del tiempo.
…
—¿Puedes recordar cuando te dije adiós?—preguntó el Damian de sus sueños, justo después de concluir la declamación de sus votos. Eran hermosos, poéticos y sinceros pero lo hicieron sentir sumamente solo porque hablaban de un dolor que paraliza y quema. Él lo miró a los ojos y le dijo que no.
No recordaba que en algún momento le hubiera dicho adiós.
—Justo cuando un nuevo día comenzaba, una parte de mi murió.
—¡No…! —gritó con desesperación. —¡No te atrevas…no me dejes! —el Damian del sueño sonrió, pero ya no le parecía bello ni etéreo. Su rostro estaba pálido, tanto que daba miedo.
Extendió una mano hacia él, acarició su rostro y todo su cuerpo tembló, luego cerró la distancia en torno a sus labios y lo besó.
…
Los monitores una vez más enloquecieron. El personal médico recién contratado corrió a averiguar lo que estaba pasando. No era nada de peligro. Jonathan despertó y se quitó los sensores, agujas, todo lo que tenía puesto para poder alcanzar a su amor.
Los signos vitales de Damian eran tan bajos que apenas y se marcaban, el respirador continuaba su perezosa marcha. Kent no entendía la razón, no recordaba qué les pasó.
¿Un accidente de auto? ¿Otro lunático disparando? Revisó su cuerpo en lo que se bajaba de la camilla y no encontró heridas. Tampoco creía estar enfermo, tan solo se sentía débil, demasiado cansado para hablar, pero no lo suficiente como para no poderlo encontrar.
Fue cuidadoso al acomodarse a su lado, sus sueños le decían que Damian estaba muy delicado, pero no tenía sentido porque en su ultimo sueño, Wayne lo tranquilizó con un beso de amor.
Eso es…en cuanto tuviera la suficiente fuerza, le daría uno de esos y despertaría.
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Lex ordenó que acomodaran la habitación para que estuvieran juntos los dos, el antídoto funcionaba pero el más receptivo estaba siendo Jon.
Roy consideraba entregar su cédula profesional y renunciar. Suponía que no era el primer médico en hacer esto: mentir sobre su condición como una cortesía al príncipe de Ciudad Gótica.
¿Cómo ayudarlo? ¿Cómo atenderlo si no había certeza de todo el daño que se había hecho?
Jason comprendió su predicamento pero de nada servía que hiciera eso. Los adictos en recuperación suelen llevar una lista. Era una promesa, un pacto que hacían con ellos mismos y sus familias. La lista salvaba vidas porque los paramédicos sabían cómo contrarrestar su coctel de porquerías. Damian no llevaba listas porque él no se drogó. Desde que estaba con Jon, disfrutaba la vida.
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Los Kent lograron ver a su hijo, charlar con él algunas horas más tarde. Jon no recordaba nada de su regreso, fueron sus compañeros de trabajo los que advirtieron los detalles de su plan: la motocicleta rentada, sorprender a su novio para que Tamara no lo pudiera acechar.
Ronald Reid insistía en pagar los gastos médicos de ambos, así tuviera que vender el periódico para solventarlos, jamás imaginó que Archer estuviera tan descontrolada, que fuera así de peligrosa o que llegara a tales extremos por el hombre que supuestamente amaba.
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El dinero, el crimen pasional, nada de eso importaba ya.
Solo querían que Damian despertara.
Talía visitó a su hijo al llegar el filo de la media noche, las palabras de Lex Luthor aún hacían eco en la mente de todos "será un auténtico milagro si aguanta hasta el día de mañana"
Jon se acomodó un poco mejor y la saludó en cuanto la escuchó entrar en la habitación. Seguía llevando el catéter con el suero y los monitores que medían sus signos vitales porque Lex Luthor era un excéntrico paranoico que le prohibió volver a quitarse todo eso.
Al Ghul se disculpó. No quería molestarlo, tan solo deseaba mirarlo.
—Está bien. Yo también lo hago…
—¿Alguna vez le preguntaste por qué le gusta tanto la música? —negó con el rostro aunque recordaba que Talía tenía su teoría: Bruce le enseñó a tocar el piano, ella le compró el violín. Era lo que hacían como familia, lo que más atesoraba de su vida en familia.
—¿Te dijo alguno de sus hermanos lo pequeño y delicado que era cuando nació? Fue un bebé prematuro porque tal vez, su padre y yo jamás debimos mezclar nuestras sangres pero de la manera en que fuera. Él estaba en la incubadora y nosotros lo visitábamos todo el tiempo, le cantábamos.
Hace un momento recordaba eso, queríamos que escuchara nuestra voz para que no se sintiera solo, pero no encontrábamos palabras que no se quebraran a media voz. Era tan hermoso y perfecto. —Talía se limpió algunas lágrimas del rostro con dedos temblorosos. Él sonrió porque había visto algunas fotografías de Damian cuando era un recién nacido. Siempre durmiendo en los brazos de su madre aunque también tenía predilección por el pecho de su padre o estar en el medio de sus hermanos.
Tenía una sonrisa bella, una que en la actualidad sólo dedicaba a quienes le importaban.
—Lo que intento decir —interrumpió la mujer. —es que su cuerpo siempre ha sido débil, pero su espíritu es fuerte.
—Lo sé…—pronunció con convicción, admirando sus cabellos negros, presionando una de sus manos en el interior de la suya.
Sus camillas estaban juntas pero ellos yacían en diferente posición, él estaba medio sentado y Damian totalmente acostado.
Era su príncipe encantado. Al que aún quería despertar con un beso de amor verdadero.
—Creo que deberías intentarlo.
—¿Perdón?
—Hablar con él. Compartirle tus votos porque Damian los habrá dicho en árabe pero fueron verdaderos. Si tú los dices correctamente…
—Entonces seremos esposos. —terminó la oración por ella y algo en su interior se quebró. ¿Este era el último de los consuelos? Casarse simbólicamente para que al menos pudiera decir que era el viudo de Damian Wayne.
No…
¡No quería! No era así como su historia debía ser escrita.
—Tienen la bendición de los Al Ghul —comentó con tristeza, enfatizando la parte en que jamás había visto a Damian tan feliz o comprometido como cuando estuvo con él.
—Y la de los Wayne —aseveró Bruce que había acudido detrás de su ex y los escuchó charlar oculto en las sombras.
—Hablaré con él, pero nuestros votos los escucharemos juntos cuando estemos en el altar. Sé que se pondrá bien, él despertará.
…
—¡Jon! ¡JON…!
El sueño se volvió totalmente oscuro. Justo cuando él presionaba sus labios sobre los de su novio a fin de devolverle el aliento todo se apagó y lo consumió el miedo. Cerró los ojos, se preparó para lo peor, pero nada pasó.
Alguien tiró de sus brazos, levantó su cuerpo.
Ahora estaba en una pista de hielo.
—¿Qué está sucediendo? —preguntó a su gatito. Jon llevaba unos jeans deslavados y la chaqueta con la "S" que le obsequió. Su novio lo miró a los ojos con una sonrisa tremenda y contestó.
—Te caíste. Dijiste que eras bueno con los patines pero evidentemente, yo soy mejor.
—No…—respondió porque no lo refería a eso sino a la boda, los recuerdos borrosos de todo el horror a que lo había expuesto. Jon ignoró sus vacilaciones y continuó diciendo.
—Los Kent patinamos en hielo todos los años sin excepción. Hay un lago cercano a la granja de mis abuelos. Papá nos enseñó a Conner y a mi ahí.
—¡Basta! —comentó acorralándolo contra un barandal. Su gatito estremeció pero no escapó. —Quiero saber dónde estamos, ¿Qué está pasando?
—Estamos en Central Park, nunca me dijiste dónde sería la luna de miel así que no puedo llevarte hasta ahí. Sin embargo, también deseabas que viniéramos aquí.
—¿Por qué…? —preguntó de nuevo. Sintiendo al fin el cansancio y dolor en todo su cuerpo.
—Porque así te mantengo dormido, bobito. ¿A caso ya lo olvidaste ? Estuviste en rehabilitación durante meses en la tonta Suiza, los abuelos Wayne no hicieron demasiadas preguntas pero tú si hiciste demasiadas promesas: Recuperarías tu vida, te cuidarías, nunca más te drogarías.
—¡Yo no…! —Jon le colocó un dedo sobre los labios.
—Conscientemente no, por supuesto. Tú jamás me dañarías intencionalmente ¿Recuerdas?
—¿Entonces sí te lastimé? —preguntó con el corazón destrozado.
—Sucedió pero aún así me quedé a tu lado. Las heridas físicas sanan, las del corazón no, y nada nos lastimaría más que estar separados.
—¿Dónde está el verdadero Jon? —preguntó porque este gatito era tierno y apuesto, pero demasiado condescendiente. Su verdadero novio estaría molesto, haciendo pucheros o redactando la nueva lista de acciones a realizar para redimirse en su totalidad.
—A tu lado. ¿Es que no puedes escucharlo? —lo intentó y luego de un rato percibió el débil sonido de su voz…le leía o platicaba algo.
—¿Para qué necesitas mantenerme aquí?
—Para que sepas lo que te perderías de acabar muerto. ¿Quieres verme caminar hacia el altar, no es cierto? Estar rodeado de todos, tener la bendición de todos. Formar una familia y es que por más venenosa que haya sido la tuya, Bruce y Talía están aquí.
Tus hermanos y cuñadas, tu bella Carrie.
—No lo entiendo. ¿Qué es todo esto?
—Pasaste años deseando tocar el fondo y helo aquí. ¿Te quieres quedar conmigo o a caso prefieres estar completamente solo? —el Jon de ese sueño le sopló un beso y desapareció.
Cuando lo hizo todo lo demás se oscureció.
—¡No, vuelve…! ¡Jon! ¡JON!
…
Stephanie terminó por llevar a los niños al hospital, pasaron toda la noche en vela. Terry se durmió hasta que el cansancio lo venció y en cuanto a Carrie, dijo haber soñado con su tío Dami.
Ella y Lian amenazaron con destrozar todo en la casa si no las llevaba con sus padres.
Babs y Dick estaban en el recibidor, a la par de Jason y Roy, los rostros pálidos, húmedos de llanto. Según Lex, solo prolongaban lo inevitable, entre más pronto desconectaran ese respirador, mejor.
—El autoengaño es basura.
Conner lo golpeó en la boca del estómago y su hermanito que ya podía levantarse pero que aún dependía del suero lo agradeció.
Cass y Maya también llegaron, ambas pasaron una noche terrible, atormentadas por las mismas pesadillas, el mismo desastroso presentimiento. Colín se abrazó a su mujer y se deshicieron en llanto. Cassandra se apartó junto con Conner, este todo lo que quería era largarse para siempre de Ciudad Gótica.
Había letrados que la describían como la Ciudad Maldita. "Todo lo crece ahí se contamina y muere" Claro que hasta ahora, no lo había creído. Al suspenso colectivo se unió por tercera vez el sonido del código azul.
Sin mediar palabra, todos dejaron la decisión en Jon. Si quería desconectarlo o dejarlo dormido.
Más de un Wayne sintió que se moría ahí mismo. Babs tuvo que sostener a su esposo, lo mismo Roy con Jason. Stephanie y Tim se abrazaron a su bebé quién se quejó abiertamente manoteando y pataleando. Las pequeñitas no entendían lo que sucedía. ¿Por qué todos lloraban? ¿Por qué los únicos que no estaban ahí eran sus tíos Jon y Dami?
Talía quien ya estaba acompañada por Slade a punto estuvo de desmallarse. Bruce se encaminó a la salida, Selina no tenía palabras para disculparlo.
Maya y Colín recompusieron su estado, se acercaron a las pequeñitas. ¿Qué les dirían? Porque la historia que le contaran a ellas a su hijo, algún día se la tendrían que repetir. Comenzaron con un "No tengan miedo, no pasa nada" Carrie sonrió, emocionada por el bebé que sabía que su tía Maya llevaba adentro.
Le gustaban los bebés y secretamente, deseaba que fuera otra niña para jugar con ella pero también creía que era justo un niño para que Terry se divirtiera.
—¿Tú si vas a decirme dónde está mi tío Dami?
—¿Tuvo un accidente? —preguntó Lian pues a su entender, al hospital se iba para tres cosas: vacunas, enfermedades o heridas muy feas. Ella se cayó de un árbol una vez y la tuvieron que enyesar. Las mujeres del orfanato lloraron mucho pero no por ella sino por que no podían pagar la cuenta. ¿Esta gente no podía pagar la cuenta? Creyó que tenían mucho dinero pero si no era así…su papi Roy le compró un marranito y lo tenía lleno de moneditas.
Sonrió, más ampliamente ahora que el tío Colín las cargó. Una en cada en brazo, era muy fuerte y alto.
Antes de que Wilkes estrujara su cerebro para recordar lo que las Monjas decían sobre la muerte, Lex Luthor interrumpió.
—Puede, aunque sea uno solo de ustedes, dejar de ser tan patético y usar su cerebro. —Clark que también había estado llorando junto con Lois, lo miró de mal modo pero pronto entendió.
—Si le tienen tan poca fe a ese chico, iré a matarlo yo mismo. —comentó con el ceño fruncido pero en lugar de eso, se dirigió al laboratorio médico.
Cuando sonó la alarma ninguno de ellos se movió. No querían verlo, no podían con la imagen de Jon quitando todos los aparatos médicos de su novio muerto. El único que podía hacerlo era Lex y lo que encontró fue una escena digna de Romeo y Julieta.
Damian aún continuaba débil pero estaba despierto, lúcido y podía respirar por sí mismo. Aguardó unos segundos que le parecieron eteeernos, en lo que los novios se cuchicheaban y besaban. Luego los tuvo que separar para revisar detalladamente al heredero de la familia Wayne.
—¿Lex…?—preguntó su incrédulo paciente.
—Oh, ni te emociones. Recibir mi atención personalizada le saldrá muy caro a tu padre, lo perderá todo, acabará en la calle.
—Bueno, se dio la gran vida antes de eso.
—Volveré en veinte minutos o lo que le tome a su "procesión" retirarte los santos oleos.
—¿Qué…? —preguntó Jon
—¡Tú ya no puedes quedarte con él!
—¡¿Por qué no?! —objetó con ojitos de cachorro a medio morir.
—¡Porque me repugnan!
