Disclaimer: Tsugumi Ohba, Takeshi Obata, dos grandes autores que nos trajeron una obra tan magnifica como Death Note. Yo, sólo tomando prestado personajes y conceptos sin ánimos de lucro.
Temporada de Fresas
11. Porque considerarlo su amigo, fue un hecho de fuerza mayor.
Quién diría que la obtención de tan deliciosa fruta resultaba tan exhaustivo. Durante los últimos dos días, Ryuzaki había sido explotado como un trabajador más en los macrotuneles plantíos de fresa pertenecientes a la familia Romero Osorio. Ignorando completamente la propuesta de L sobre ayudar a nivel administrativo, el señor Luis lo había relegado a cargar cajones de madera desde dónde varias mujeres recolectaban las fresas hasta las camionetas de embarque. Esta rutina se repetía una y otra, y otra vez a lo largo de la jornada. Sin embargo, por monótona que fuera, la prefería a su segunda tarea, consistente en aplicar herbicidas a todas las matas de una línea. Porque sinceramente, prefería el olor a fresas que el de químicos tóxicos. Si Watari estuviera ahí, con seguridad estaría muy preocupado en el daño que Ryuzaki estaba causando a su espalda. Habría dicho que una persona con una vértebra extra era el candidato menos indicado para el puesto de cargador. Y como de costumbre, habría tenido razón. Al final del segundo día el dolor se estaba volviendo insoportable.
El único consuelo que le quedaba a Ryuzaki era pensar. Porque su cuerpo podía ser exprimido hasta hacerlo pulpa, pero mientras tuviera azúcar para nutrir su cerebro, podía analizar todas las vertientes de cada idea de escape para su espantosa situación. Nunca le habían gustado las bebidas carbonatadas, así que el refresco de uva resultó la mejor opción para mantenerse hidratado mientras consumía glucosa.
La noche que ideo el plan que le permitiría recrear el evento que lo trajo a lo que él le gustaba llamar "la otra dimensión", se encontraba revisando los retiros en la tarjeta de crédito de la madre de Kaika. En general eran compras bastante inocentes, aquellas que hace una madre de familia adquiriendo un lujo de vez en cuando. No obstante, hubo una compra que había llamado particularmente su atención. Entre la compra de una bolsa y el pago de la despensa, la señora Farías Guzmán había realizado un depósito considerable a una compañía naviera de India. Sin encontrar más información dentro de la bandeja de entrada de la mujer, era obvio que ella había exclusivamente prestado su nombre para la transacción.
Así que se fue directo a hackear la cuenta de su esposo, donde el hombre había tomado la precaución de vaciarla. Pero en su precaución había cometido un torpe error, el contacto con la empresa india quedó registrado en la libreta de direcciones. A Ryuzaki le tomó un par de horas violar la seguridad de la compañía de mensajería electrónica, y acceder a sus servidores para recuperar los mensajes eliminados recientemente. No resultó una tarea fácil considerando la pobre conexión a internet y la vieja computadora con la que estaba trabajando. Al final sus esfuerzos rindieron frutos, y descubrió que el depósito fungía como pago por el alquiler de un contenedor en un barco que venía de Colombia.
Ryuzaki no podía creer lo torpes que eran algunos criminales.
Por supuesto, los agentes de seguridad de la compañía de mensajería electrónica se encargaron de freírle a computadora antes que pudiera hacer cualquier cosa. Poco importaba, ya había almacenado la información incriminadora en otro lugar. Un paso en falso que diera el señor Osorio, y la procuraduría no sólo recibiría la alerta para capturarlo, sino que develaría toda la red de tráfico de drogas, que desembocaba en un terrible escándalo para un alto funcionario.
Así que cuando Ryuzaki se había presentado ante el señor Luis utilizando el nombre de "Ernesto", sabía que se le permitiría hacer lo que él quisiera.
Sin embargo, ello también significaba que se ponía en peligro de muerte. Era justo como cuando se puso bajo los reflectores para la captura de Kira. Ya conocía las consecuencias que podía traer jugársela con alto nivel de riesgo. Por lo menos contra Light sabía que se encontraba a salvo en tanto que el universitario no encontrara la manera de sobrepasarlo intelectualmente, Light era tan psicópata que no permitiría adjudicarse una victoria hasta saber que había aplastado a su contrincante. En esta ocasión, L estaba tratando con criminales torpes, que no dudarían un segundo en enterrarle una bala entre los ojos apenas se sintieran amenazados.
Era mejor mantener un perfil humilde. Y con esa idea en mente se avocó a continuar la extenuante tarea hasta el fin de la jornada. El mejor consuelo era dirigirse tan pronto como era posible al centro de la ciudad, para comprar más chongos.
Más tarde se reunia con Fernanda. La muchacha estaba obsesionada con él, sabía datos sobre él como que no le gustaba el jamón serrano, o que detestaba usar calcetines, lo cual era inquietante. Sin embargo no desacreditaba la buena voluntad de la chica, quien se preocupaba por que no le faltara ropa limpia. Incluso le había conseguido jeans y camisetas blancas de manga larga, alegando que su primo no sabía nada y que obligar a Ryuzaki a vestir ropa casual era un acto inhumano. También se quedaba hasta tarde con él en el cuarto individual del hotel donde ahora se alojaba. Sin duda salía de hurtadillas de su casa, porque ninguna familia con bases tradicionalistas como la de Fernanda aprobaría lo que ella estaba haciendo. Sólo su primo debía estar al corriente de las acciones de la chica, y fue por eso que en la tercera noche L recibió un teléfono celular de parte de Alan.
–Dice que nos va a marcar al rato para saber cómo vamos –justificó Fernanda contrariada. L lo recibió sujetándolo por la esquina como de costumbre, inspeccionó el smartphone un poco dubitativo ya que le confería la posibilidad de ser rastreado.
–Lo dejaré en el cuarto del hotel. Que no espere que lo lleve conmigo –resolvió poniéndolo en la mesa de noche para regresar a su trabajo en la laptop. La chica le había llevado su computadora, y a lo largo de dos noches había analizado todas las variables posibles a emular para su experimento del próximo sábado.
Podía cambiar la configuración de la fecha para que el sistema operativo creyera estar en el fin de semana pasado, tenía el documento que supuestamente estaba siendo escrito cuando él apareció en esa "dimensión", su creadora le había proporcionado con lujo de detalle cómo había sucedido. Confesando incluso que había llorado cuando llegó a la parte del manga donde él moría.
–Fernanda –la interpeló sin levantar la vista del teclado–. ¿Por qué te tomas tantas molestias para conmigo?
La chica estaba sirviendo el té. Había conseguido una tetera eléctrica y tenía toda la indumentaria para preparar una mala taza de earl grey. Llegó a su lado con una bandeja comprada en una tienda de recuerdos cualquiera, y colocó una enorme taza de resina en la mesa junto al teléfono celular.
–¿Por qué no lo haría? Es mi culpa que estés aquí en primer lugar –bajo la nobleza de sus palabras se ocultaba un sonrojo que develaba una mentira.
–Está bien si me encuentras atractivo. Si he de ser honesto me alaga que alguien lo haga –explicó él revelando lo que ella estaba resuelta a callar. La cara de Fernanda se puso entonces tan roja que faltaba poco para que prendiera fuego–. Sólo quiero que sepas que no voy a corresponderte.
–Sí… sí lo entiendo –la bandeja se deslizó hacía sus caderas, pendiendo desde el débil agarre de uno de los bordes–. Después de todo, hay mucha diferencia de edades… y… ¿me permites un momento?
Fernanda se apresuró a dejar la bandeja junto a la tetera en el tocador del otro lado para proyectarse como un fantasma por la habitación hasta la puerta del baño. Detrás de la cual se encerró, sumiendo en silencio la habitación.
L alejó los dedos del teclado, dejando en pausa la lectura de otra más de esas historias donde él se sostenía relaciones sexuales con Light, para escuchar la débil respiración de la chica en el baño. Recordó un poco a Mello, y aquella tarde en la que se quedaron platicando hasta el amanecer. Si Watari no lo hubiera obligado en aquella ocasión a acercarse más a sus posibles sucesores, Ryuzaki reflexionó, se habría perdido de la oportunidad de compartir un momento tan significativo en su vida como fue la historia de los asesinatos en LA.
"No puedes saber si lo disfrutaras o no hasta que lo intentes", las palabras de Watari resonaron en su pecho, y el vacío de su ausencia hicieron a L resentir la crudeza de sus acciones.
Se incorporó, tocó levemente la puerta del baño: Los suspiros de Fernanda cesaron en un instante, como avergonzados de siquiera haber sido audibles.
–Sin tomar en cuenta los motivos que nos llevaron a conocernos, quiero que sepas que aprecio tu compañía. Sólo te voy a pedir que dejes de idealizarme, y de tratar de ganar mi afecto. ¿Te parecería si de ahora en adelante nos tratamos como dos personas con un problema en común, y no más?
–¿Por lo menos puedo aspirar a ser tu amiga? –el eco del baño resonó en la habitación, después ella aclaró su petición de inmediato– y me refiero a en una forma en la que realmente lo sientas.
L reflexionó antes de responder. Las personas con quienes había tenido una cercanía habían sido etiquetadas en su mente de muchas formas. Watari había sido su protector; Mello y Near sus sucesores; Roger, un amigo de Watari; B.B., el resultado de su propia torpeza; Naomi Misora era una colega; Wedy y Aiber conocidos; el Inspector Yagami, un hombre cuyos ideales efectivamente lo llevarían a la muerte; los miembros del equipo de investigación eran simplemente eso; Misa era una mujer bella pero insoportable. Sólo a Light lo había genuinamente catalogado como amigo, y el sentimiento de permitir que otro ser humano conociera la cara más vulnerable de su ser le seguía ardiendo. Porque a pesar de saber que Light lo traicionaría, L no pudo evitar considerarlo su amigo. Fue un hecho de fuerza mayor, inevitable e impredecible. Al final, no podía darle una respuesta genuina a la muchacha tras la puerta del baño.
–Podemos intentarlo –afirmó, encogiéndose de hombros.
La barrera que los separaba se abrió, revelando la irritación bajo los ojos en Fernanda.
–¿Podemos empezar por llamarnos por aliases? Yo puedo llamarte Ryuzaki, y tú puedes llamarme Kaika.
–No veo la necesidad.
–¿Tanto te gusta mi nombre? –le lanzó una indirecta con una media sonrisa juguetona. No le quedó más que ceder.
–De acuerdo, Kaika.
Nota de la autora: Ahora sí, un capítulo más largo. Gracias a los que han agregado este fic a sus favoritos y a quienes lo estan siguiendo ^_^
Siempre que haya alguien leyendo vale la pena seguir escribiendo.
