Lo conseguí! Una semana :) estoy contenta conmigo misma, juju. Bueno, espero que disfruten este capítulo.
Resumen: En un reino aparentemente pacífico, vive Zoro, un príncipe. Aparece en escena Robin, una misteriosa mujer de quien nadie sabe nada. Mi mundo y el tuyo. Diferentes. Incompatibles. ¿Podemos cambiarlo?
Advertencias: Como es universo alternativo es un poco difícil manejar algunas cosas. Estoy tratando de evitar por completo el OoC, pero no garantizo nada. Espero que en este sentido sean buenos conmigo, hago mi mejor esfuerzo para tratar a mis queridos Zoro y Robin.
Disclaimer: One Piece y sus personajes son del gran mangaka Eichiro Oda (*^* Oda sama!). Yo escribo esto únicamente por diversión y sin fines de lucro.
Dos mundos
Capítulo 11: Encrucijada
Robin se detuvo frente a la puerta, preguntándose qué le diría Mr. 0. ¿Qué estaría haciendo Mr. 3 ahí para empezar?
Decidió no asustarse ni sacar conclusiones apresuradas. Había caminado tan rápido, tan concentrada en sus pensamientos que se había olvidado por completo de Franky, quien venia detrás de ella pero que de todas formas no iba a poder entrar junto a ella a ver a Crocodile.
Observó pues, la puerta frente a ella, y esperó hasta que escuchó los pasos de Franky detenerse a sus espaldas.
-Ten cuidado, Robin- advirtió el peliazul, genuinamente preocupado por ella. Robin no volteó, pero asintió y finalmente se adentró en la habitación.
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Para cuando Zoro al fin consiguió encontrar la habitación donde él y sus amigos habían pasado la noche, ya ninguno de ellos estaba por ahí. Tampoco los había visto en su camino, y eso solo lo inquietaba más de lo que ya estaba. Comenzó a dar vueltas por el castillo, comenzando por los lugares que según él no había recorrido pero por algún motivo no consiguió encontrar a nadie.
-Maldición- se dijo, deteniéndose un momento para respirar al comprobar que se encontraba de nuevo a la entrada de aquella habitación. Ya se había encontrado a dos o tres millions pero ninguno de ellos era alguno de sus amigos así que los ignoró. No obstante sabía que para ellos seguramente había sido raro ver a uno de los suyos correr como desesperado por los pasillos cuando realmente no había situación que lo ameritara. No tenía porqué seguirse evidenciando así que siguió caminando, pero muy tranquilo, guardando por completo la compostura.
No pudo evitar, sin embargo, que un poco de su consciencia, tomando la voz de Chopper, le recordara lo difícil que le estaba siendo respirar, que aún no había comido nada y que su cabeza comenzaba a dolerle mucho. Pero no hizo caso a esa voz. Siguió caminando, buscando a sus amigos.
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Robin entró, pues, al salón oscuro, húmedo y frío donde se encontraba Mr. 0. Éste la saludó con una inclinación de cabeza, y con una mano le indicó que se sentara frente a él, ante su enorme escritorio. Recargado contra una pared a su derecha, y con una gran, cínica y desagradable sonrisa, estaba Mr.3.
-Miss All Sunday- comenzó a hablar, apoyando los codos en la mesa, cruzando los dedos de sus manos para apoyar ahí su rostro, de manera que le cubrían la boca cuando hablaba- Debo decir que me encuentro algo…inquieto por una importante información que acabo de recibir por parte de Mr. 3, aquí presente.
El mencionado hizo una inclinación burlona. Robin le lanzó una habitual mirada de hielo y luego volvió su rostro hacia su jefe.
-Al parecer unos hombres han llegado hasta aquí siguiéndola, Miss All Sunday.
-No solo la están buscando, al parecer también la conocen bastante- sonrió Mr. 3, pero el silencio tenso que se generó por parte de Crocodile y de Robin le dio a entender que mejor era guardar silencio. Su situación con respecto a ellos tampoco era la más favorable y no podía estar permitiéndose esos comentaros en presencia de los dos. Mucho menos cuando nadie le había pedido su opinión.
-Me preguntaba- siguió Mr. 0 luego de un momento, seguro de que su subordinado no volvería a hablar- si lo que dijo es verdad. ¿Conoces a esa gente, Miss All Sunday? ¿Se trata del hombre que te compró la última vez?
Miss All-Sunday levantó las cejas, e hizo una cara de asombro como solo ella era capaz de hacer. Tranquila e inocente, se encogió de hombros.
-Mr. 3 tiene una imaginación muy grande, señor. No tengo idea de quienes está hablando. Y si alguien me ha seguido hasta aquí… le garantizo que no ha sido cosa mía. He sido cuidadosa, y Franky san puede dar fe de ello.
Mr. 0 volteó a ver a Mr. 3, quien miraba con odio a Miss All Sunday.
-¡Está mintiendo!- dijo entonces mientras la señalaba con su dedo, entre enojado y asustado- esa gente vino aquí por ella. Seguramente planea una traición.
Llegados a esto, ella hizo una ligera sonrisa que solo terminó por enervar más a Mr. 3.
-Por favor, señor, ¿Qué motivos tendría yo para traicionar a Mr. 0?- volteo entonces a ver a su líder, y reiteró- tengo muchos más motivos para quedarme que para que irme, y francamente, ¿A quien debería creerle más? ¿A su mano derecha o a una rata de alcantarilla arribista, traicionera y patética como él?
Crocodile lanzó una carcajada cruel que resonó en los oídos de Mr. 3. Completamente complacido, el hombre se puso cómodo en su silla y miró a Miss All- Sunday.
-Usted tampoco genera gran confianza en mi, Miss All-Sunday, pero debo confesar que es un placer verla destruir gente con tanta facilidad- volteó a ver a Mr. 3 y le hizo una seña con la mano- retírese, y vaya a hacer lo que le ordené. No quiero verlo más por aquí a menos que yo le llame, ¿Comprendido? Tenga en cuenta que si sigue aquí vivo es porque me trajo información interesante.
-Sí señor- aceptó Mr.3. Salió de allí, no sin antes mandarle una última mirada de odio a Miss All-Sunday, quien ni se inmutó. Su venganza fue florecer una mano y hacerlo tropezar antes de llegar a la entrada.
Crocodile no dijo nada, solo observó al infeliz salir de la habitación, rojo hasta las orejas y totalmente indignado.
Negó con la cabeza, profundamente decepcionado del "agente especial".
-Bien, bien, no era por semejante nimiedad por la que te había llamado. Tengo algo importante que comunicarte. Me imagino que conoces el reino del Noreste, ¿No es cierto?
Claro que lo conocía. Era el reino de Luffy. Asintió.
-Me ha llegado información de que su…rey, si es que puedes llamar así a ese mocoso cabeza hueca, ha estado ausente por muchos días y no solo eso, ahora al parecer el general Garp se ha ausentado de manera indefinida. Ellos dos por si solos valen lo que mil ejércitos. Sin ellos, el reino no es sino un amasijo de bichos…ignorantes, influenciables e indefensos. Es hora de que dé comienzo a mi gran golpe.
De eso se trataba. El corazón de Robin dio un vuelco.
Ella había aceptado quedarse para ayudarlo a dar su gran golpe. Nunca le había dicho en qué consistía o contra quién sería, se había limitado simplemente a decir que necesitaba su ayuda más que la de nadie.
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Robin jamás pensó, nunca se le pasó por la cabeza que Crocodile expresamente tuviera que ver con la desaparición de su madre y la posterior destrucción de Ohara. En realidad, cuando se unió a Baroque Works no parecía ser una organización peligrosa ni tenía demasiada gente. Su razonamiento era que simplemente eran unos oportunistas que habían aprovechado las ruinas de lo que había sido su reino para desaparecer del mapa junto con ellas y tener anonimato suficiente para hacer sus crímenes…y la verdad era que así había sido siempre.
Mas todo en esta vida cambia, crece y evoluciona. Baroque Works no era la excepción.
Crocodile ya era temible, para qué negarlo, pero el relativamente joven maleante de aquel entonces no le llegaba a los talones al cruel amo y señor que ahora era. De modo que en ningún momento lo vio como culpable de algo.
Es decir, era algo que hubiera esperado del Crocodile del ahora, no del de entonces.
De modo que cuando él le informó que su plan era atacar el reino del Noreste, no le sorprendió en realidad, aunque se sintió terrible de pensar que se trataba del hogar de Luffy. Esperó a que él siguiera con su explicación.
-Tengo una serie de planes que se van a ir entrecruzando poco a poco. Tu inteligencia y discreción serán una gran arma, Miss All-Sunday, así que cuento contigo.
-¿Infiltración?- preguntó ella sin mostrar otra emoción en su rostro que no fuera relajación y conformidad.
-Efectivamente. No te preocupes, estoy seguro que lo que espero que hagas está incluso por debajo de tus habilidades. Pero será llegado el momento en el que te dé detalles específicos. Lo importante qué decir es que partiremos mañana temprano, he mandado a Mr. 3 a convocar a otros agentes y a unos cuantos millions para poder ponerlos al tanto de la situación. Espero que lleguen esta tarde y por la noche les daré detalles. Descansaremos y mañana temprano partiremos a ciudad Fucsia.
-Comprendo, señor.
-Así que prepara todo lo que necesites para partir, porque créeme que no volverás a ver este lugar en un buen tiempo.
Robin asintió.
-De acuerdo, señor. Le agradezco que me haya comunicado con anticipación tan feliz suceso.
Crocodile en seguida sintió la ironía en su voz, pero no le dio importancia por que ella no iba a hacer nada de todos modos. Se retiró un poco del escritorio para abrir uno de los cajones.
-Ahora, lo segundo. Tengo aquí un regalo para ti- comentó mientras sacaba del cajón una caja de madera finamente tallada, que parecía un joyero o algo por el estilo. Podía sacarlo con su mano, pero Robin necesitó de sus dos brazos para recibirlo. No pesaba mucho pero era algo grande.
Lo que encontró en su interior, sin embargo, no era tan grande como ella hubiera pensado.
Se trataba de un garfio, parecido al de Crocodile pero un poco más pequeño, digamos a su escala. Robin lo sacó con cuidado del estuche. Era dorado y tenía incrustados unos cuantos diamantes, haciendo una especie de guirnalda. Robin dejó la caja en el suelo y se incorporó sin dejar de sujetar con fuerza el garfio; lo observó y acarició el metal con sus dedos, admirando el trabajo tan preciosista, comparándolo con el igualmente dorado pero sencillo y ligeramente tosco que usaba su jefe.
-Ahora desenrosca la base.
Ella así lo hizo, y luego de unas pocas vueltas pudo separar el garfio de la base de madera. Al sacarlo, se encontró con un cuchillo. Estaba muy afilado, y en lugar de ser plano tenía en su superficie unos tubos que soltaban un fluido oscuro hacia fuera. Lo sujetó firmemente a una distancia prudente de su cuerpo y miró a Crocodile con un gesto confiado pero interrogante.
-Ese veneno…lo llamo orión. No querrás que ese cuchillo siquiera roce tu piel, por nada del mundo.
-¿Cómo funciona?- preguntó ella sin quitarle la vista de encima al cuchillo. Él sabía que preguntaría, su curiosidad era demasiado grande.
-Tiene una densidad tan ligera que entra en la sangre e invade el cuerpo con bastante facilidad. No provoca una muerte instantánea, pero sí lenta y dolorosa, y casi imposible de detener, el antídoto no lo consigues con facilidad. Es más común que la persona se suicide, antes que seguir soportando el dolor y afrontando su muerte.
Robin se perdió mirando el cuchillo, y el fluido saliendo en ligeras, acuosas y casi imperceptibles líneas que se confundían en azul, morado y negro. Cuando pudo recuperarse a sí misma, lo volvió a cubrir con el garfio y guardó este dentro del estuche. Lo cerró y lo sostuvo contra su pecho.
-No planeo que lo tengas contigo siempre, pero es preferible que no te separes de él una vez que salgamos mañana. Tu objetivo será cualquiera que quiera interferir con nuestros planes.
-Entendido señor- concedió ella, fingiendo conformidad pero en realidad, profundamente inquieta por tener que soportar en sus brazos el peso de tan mortífera arma.
-Puedes retirarte. Cuando te necesite de nuevo te mandaré llamar.
Robin asintió y se dio la vuelta para retirarse. Salió de la habitación y se encontró con Franky en la puerta. Lo miró y él comenzó a seguirla por los pasillos de regreso.
-Mr. 0 planea dar ya su gran golpe- explicó- esta noche se espera que lleguen los demás agentes y algunos millions. Partiremos mañana.
-¿Y eso que traes allí?
Robin se detuvo un momento y miró la caja entre sus brazos. Se la dio a Franky.
-Llévala a mi cuarto, por favor- pidió casi suplicantemente, y él supo en seguida que había algo mal- tengo algo importante que hacer.
Franky asintió, más que resignado a que con ella nunca había a qué atenerse. Tomó la caja, y ella lo detuvo un momento antes de que él marchara.
-Ten mucho cuidado con esa caja, y con lo que tiene adentro- pidió-, es…peligroso.
Franky frunció el ceño, pero asintió una vez más y se fue a toda velocidad escaleras arriba, rumbo a los pisos superiores, donde estaba la habitación de Robin.
Ella también siguió corriendo, pero tomó un rumbo diferente al de él. Corrió por el lado contrario del pasillo, a donde su instinto le indicó que hiciera.
Corrió con todas sus fuerzas, recorriendo el castillo de abajo hacia arriba, tratando de hacerlo de manera uniforme para encontrarle rápido.
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Ya llevaba tiempo así y no conseguía encontrar a nadie. Probablemente ellos se movían, igual que él, de modo que le era difícil verlos. El castillo era bastante grande, resultaba difícil entonces pensar que ellos no se hubieran movido de donde estaban. Se detuvo de nuevo. Por algún motivo, siempre terminaba ante la habitación de Robin.
Pensó en asomarse, y ver si ella estaba adentro. Pero cuando iba a hacerlo, vio que llegaba corriendo el hombre de cabello azul que había visto con ella. Enrojeció de rabia.
Los celos en él eran cosa seria. Primero el rubio estúpido y ahora esto.
Trato de alejar el sentimiento sacudiendo la cabeza. Apretó los puños.
Lo vio abrir con una llave. Si el cuarto estaba cerrado, lo más probable era que ella no estuviera allí, o cuando menos eso fue lo único que pudo pensar. Se acercó un poco.
El hombre no tardó casi nada. Salió en un abrir y cerrar de ojos, al parecer solo había entrado para hacer algo rápido. Cerró la puerta con llave otra vez y se alejó de allí.
Zoro continuó con su recorrido, preguntándose qué lugares le faltaban por revisar.
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Bajó varios conjuntos de escaleras y finalmente se encontró sin saber donde estaba.
Un pasillo oscuro, para variar. Por los otros al menos entraba la poca luz que hacía afuera; seguía haciendo frío y estaba nublado pero cuando menos se distinguía el día de la noche. Ahora en cambio, en ese pasillo sin ventanas, no parecía haber nada.
Abrió una puerta.
Se encontró con muchos estantes frente a él, en su mayoría, polvorientos y al parecer olvidados.
Dio un par de pasos hacia adentro, y tras él, la puerta se cerró pesadamente con un rechinido y un ruido lúgubre al ajustarse con el marco.
-Oh…Robin san ha regresado- escuchó una voz melodiosa, pero ligeramente cavernosa desde el fondo del lugar. El volumen se perdía un poco al viajar por entre los estantes.
-No soy Robin- contestó él, consciente de que su voz altamente masculina seguro no era la respuesta que el otro esperaba-¿quién eres tu?- preguntó luego, comenzando a caminar dentro de la biblioteca.
La mención de la morena fue lo que llamó su atención.
-Por favor no se acerque más, señor- pidió entonces la voz- podría causarle…molestias.
-¿De que habla?- preguntó el espadachín entonces- ¿quién es usted?
-Soy amigo de Robin san…
-¿Cómo la conoces?
-Oh…la conozco desde que ella era una niña. A ella y a Olvia sama.
-¿Quién es Olvia?
Él se había detenido como le había pedido la voz, pero ésta se negó a dale más información.
-No puedo hablar de esto con usted.
Zoro frunció el ceño. Ahora que había despertado su curiosidad no lo iba a dejar pasar así como así.
-¡Si tiene que ver con Robin me importa! Ahora hable.
La voz tardó un buen rato en contestar, pero Zoro espero con mucha paciencia. Finalmente, obtuvo la respuesta.
-Usted no la llama Miss All Sunday como los otros- observó. ¿quién es? No es un million, ¿verdad?
Zoro lo pensó un momento. Quizás no tenía nada que perder. Quizás podía confiar en esa voz. Después de todo, por como hablaba, denotaba cierta aversión hacia los millions.
Si era amigo de Robin, además, seguro podía ser su amigo también. Asintió para darse confianza a si mismo y habló con la voz más calma que tenía.
-Mi nombre es Roronoa Zoro. Soy del reino del Sureste y yo…
-¿Usted es el príncipe?
Zoro se quedó callado.
-Sí, usted debe ser. El príncipe. Robin san ha estado esperando…por años. Al príncipe.
-¿De qué habla? ¿Robin esperaba un príncipe?
-Nunca lo dijo, pero es un deseo que cualquiera en su lugar tendría, ¿No cree?
Zoro frunció el ceño. ¿de qué hablaba?
Sonaba algo loco, a decir verdad, pero ¿qué diablos? Como si no estuviera acostumbrado a andar entre locos.
-Sí…lo que usted diga.
-Lamento no haberme presentado. Me llamo Brook. Pero por favor, no se acerque, le dará miedo verme. Señor, Robin san le necesita. Jamás lo va a decir, ni le va a llorar. Ella enfrentará todo sola. No la deje.
Zoro no supo qué contestarle.
-Yo… no comprendo.
-No hay qué comprender. Ella le necesita, es todo.
Zoro desistió.
-De acuerdo. Iré con ella, le ayudaré, lo prometo.
-Vaya usted… adiós.
-Adiós- contestó mientras salía, sin poder evitar sentir una profunda melancolía al abrir la puerta para irse de allí, y comenzar a escuchar la música de un violín triste. No tuvo problemas para comprender que era Brook quien tocaba, pues casi en seguida su voz extraña comenzó a tararear una canción.
Abrió la puerta, y su sorpresa fue grande cuando casi choca con Robin, que al parecer, venía corriendo con mucha fuerza.
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Robin dio un par de pasos hacia atrás mientras que Zoro, sin quitarle la vista de encima, cerraba la puerta tras él.
Ella respiró tratando de recuperar el aire de sus pulmones. No conseguía hablar, aunque en realidad no lucía tan agitada lo estaba, demasiado.
-Los demás vinieron contigo, ¿No es verdad?- dijo cuando finalmente había podido controlarse un poco.
Él asintió, preguntándose a dónde los llevaría aquello. Esperó a que ella volviera a hablar.
-Deben irse. Búscalos y váyanse ya. Luffy debe volver a su reino o habrá problemas- fue todo lo que dijo, poco a poco reafirmándose en sus propias palabras. Ya había conseguido controlar su respiración del todo, de modo que confiaba en que sonaba tranquila.
-No. No, Robin, nosotros hemos venido hasta aquí porque…
-Ya te he dicho que no pueden contra Baroque Works- le interrumpió, mirándolo a los ojos- tienen que irse, y Luffy debe regresar a su reino lo antes posible si no quiere que ocurra algo realmente malo.
-¿De qué hablas?
-Por favor…váyanse- insistió ella, negándose rotundamente a dar detalles. Y así hubiera continuado, de no ser porque él la sujetó del brazo y la acercó mientras ella oponía una ligera resistencia.
-Yo no vine solo eso. También vine por ti.
Ella cerró los ojos al oír eso. No. Era justo lo que no deseaba que él dijera. Trató de apartarlo, totalmente consciente de que amaba el contacto a pesar de estar fingiendo que necesitaba alejarse. Le quemaba y le dolía, pero por el cielo, deseaba ese dolor.
-Ya te lo dije, no me importa cómo sea- siguió él, dando más fuerza a su agarre y acercándola más- pero yo no me largo de aquí hasta que arreglemos esto.
-No hay nada qué arreglar- contestó ella, tratando de hacer que la soltara, y poco a poco recuperando fuerzas-. Es simple, vete.
-No. Tu amenaza fue clara, ¿No estabas dispuesta a matarme si me veías aquí? ¿No debería estar muerto ya?
Ella le sostuvo la mirada, pensando en que contestarle. Claro, la amenaza, solo que ella en realidad no hubiera querido decirle eso nunca. No podía contestar a eso, porque no había pensado, sus palabras en aquel momento habían sido producto de la desesperación y de la impotencia tan grande que sentía.
-Basta- dijo ella, haciéndole soltar su brazo, ahora con más convicción -… basta…vete.
Zoro cerró sus ojos. ¿Cuántas veces, desde que la conocía, le había pedido que se fuera? ¿O que la dejara? ¿O le había dicho que estar separados era lo mejor?
La sujetó de los brazos para evitar que se alejara e insistió en mirarla fijamente a la cara.
-No. Si no vas a matarme entonces dime como quieres resolverlo. ¿Vamos a pelear? ¿O tienes otra cosa en mente?
Poco a poco se había acercado a ella. Robin poco a poco se había dejado seducir por él.
-Por favor. Tienen que irse, o si no…
-O si no, ¿qué? Ya te lo dije. No me iré sin ti. No. No me iré a ningún lado sin ti- repitió, y se miraron a los ojos como si estuvieran librando una terrible batalla. Ella finalmente, se dejó sujetar por un abrazo, y se perdió en su calidez.
-Yo…si yo me voy con ustedes…- ofreció como alternativa. No tuvo mucho tiempo para considerarlo ni para elaborar la idea, pero sabía que algo podría lograr con eso- ¿Desistirán de todo esto?
Zoro la separó de él para poder mirarla a los ojos. Le seguía sujetando los brazos firmemente. Ella era escurridiza.
-¿Estás…hablas en serio?
Ella asintió. Zoro frunció el ceño. Por alguna razón, no podía confiar completamente en sus palabras.
-Me iré con ustedes si convences a los otros de dejar este lugar de inmediato y regresar a casa- dijo entonces Robin, consciente de que Zoro dudaba- y nosotros arreglaremos esto. Sin importar el resultado.
-Pero- Zoro dudaba. Lamentblemente, su naturaleza salió al descubierto después de tanto tiempo. No la podía dañar, pero algo en su interior le decía que aquello no era tan sencillo como ella lo decía- yo…
-Promételo. Por favor, prométemelo.
Zoro miró a Robin un momento. Ella sabía que él no confiaba en lo que le estaba diciendo, así que se jugó su carta más fuerte, al menos, la más fuerte que tenía contra él. Apoyó ligeramente una mano sobre su barbilla, y se acercó para juntar sus labios con los suyos. Ligeramente temeroso, Zoro preparó sus labios y recibió los de Robin cerrando sus ojos. Se dieron un beso que comenzó tierno y suave, y que poco a poco evolucionó en uno lleno de pasión, necesidad y urgencia…de sentirse, de beberse uno al otro de nuevo.
Ahora perdido en la sensación, Zoro la empujó y la recargó contra la pared sin dejar de besarla, sintiendo que ella se dejaba hacer con insospechada sumisión. No le importó mucho más la desconfianza; pasó sus manos por su cadera y la hizo pegarse todavía más a su cuerpo. Robin pasó un brazo alrededor del cuello, y con su otra mano le sujetó la cabeza para que no pudiera separarse fácilmente de ella, agregándole a la situación la fuerza que él tanto disfrutaba en ella.
En cuanto Zoro se separó un poco, solo lo hizo para contestar:
-Lo prometo-, y acto seguido, continuar con ese beso que tanta falta les había hecho a ambos. Sus lenguas exploraron cada centímetro que alcanzaban dentro del otro, sus labios se atrapaban y se acariciaban, y sus dientes parecían insistir en hacerlo todo aún más salvaje de lo que por sí solo hubiera sido, brindando una sensación extra de dolor y pasión cada vez que se mordían, juntando sus pechos para poder sentir con claridad la respiración y el palpitar del corazón contrario.
Luego de algunos largos minutos, Zoro dejó los labios de Robin, y pasó los suyos levemente por su barbilla, mientras ella seguía sujetándole la cabeza. Él siguió su recorrido, besando, lamiendo y mordiendo el cuello de la morena, casi impidiéndole la respiración.
Robin agradeció el estar recargada contra la pared, de otro modo quizás ya estaría en el suelo, debilitada por las olas de placer que sentía en todo su cuerpo gracias a esas caricias. No soltaba su cabeza, mientras Zoro continuaba poco a poco, acariciando y mordiendo su cuerpo por encima del vestido. Robin tuvo que taparse la boca con su mano libre para no gritar.
No había querido llegar tan lejos, y normalmente tenía mucho autocontrol, pero cuando estaba con él todo era distinto, y su razón y sus intenciones se iban al diablo solo con sentirlo cerca de ella, simplemente no podía pensar bien.
Eran tantas las sensaciones, era demasiado, pero a pesar del temor de ser descubiertos, Robin le siguió sujetando la cabeza mientras seguía reprimiendo los gemidos, solo suspirando mientras él, con sus manos y su boca, seguía amándola, bajando por su cuerpo…más abajo….cada vez más abajo…
-¡Ah!- escucharon de pronto un grito de sorpresa, cerca de donde estaban. Zoro se levantó, poco a poco pero alerta, mientras ambos volteaban al ubicar al intruso. Mr. 3 los miraba con una expresión de sorpresa indescriptible en su rostro que poco a poco se convirtió en una sonrisa oportunista que Robin no tardó en procesar.
Decía traidora por todas partes. Mr. 3 iba a darse la vuelta y salir corriendo, pero antes de que lo consiguiera, su cuerpo ya había sido torcido por un fuerte clutch, aplicado por ella sin pensar.
-Bastantes problemas me has causado ya- dijo con voz fría, completamente repuesta. El cuerpo inconsciente de Mr. 3 cayó al piso.
-¿No preguntarán por él?- preguntó Zoro de manera distraída.
-No. Y lo que diga, nadie le creerá. De todas maneras, no creo que haga falta en ningún lado.
Dicho esto, hubo un silencio profundo y prolongado. Se miraron. Robin tomó a Zoro de la cara y lo besó de nuevo pero no le permitió continuar, lo detuvo cuando él comenzaba a abrazarla con más fuerza de la cintura.
-Ve a buscar a los demás- indicó- espérenme en la entrada del castillo, a la media noche. Si no llego, espérenme un poco más. Tengo mucho que arreglar antes de poder hacer cualquier cosa. Él no es fácil de engañar, podría meterme en muchos problemas.
Zoro frunció el ceño. No le permitió alejarse.
-¿Cómo sé que realmente harás tu parte?
Ella se encogió de hombros, y habló con fingida tranquilidad mirándole a los ojos.
-Si no cumplo, hagan lo que quieran. Y entonces podrás matarme, si eso es lo que realmente quieres.
Zoro hizo una media sonrisa en donde demostraba la satisfacción que sentía. Definitivamente, esa mujer era lo que él más deseaba.
-De acuerdo, mujer- y le soltó la cintura.
Se dio la vuelta, cubriéndose de nuevo la cara, para reanudar su búsqueda por el pasillo.
Robin lo observó hasta que dio una vuelta en un pasillo y se perdió de su vista.
-Así que esto es aquello tan importante que tenías que hacer, Nico Robin.
Robin se dio la vuelta. Detrás de ella, Franky venía caminando, cruzado de brazos y con un gesto severo en su rostro.
Ella sintió claramente como la sangre se le agolpaba en las mejillas, y caminó en dirección a él, pasando a su lado, tratando de ocultar su sonrojo. A su vez, Franky comenzó a seguirle.
-Contéstame- insistió, evidentemente molesto- ¿qué rayos sucedió allí? ¿Cómo es que ha llegado aquí el príncipe? ¿Y que es eso de que vas a huir con ellos?
-No puedo explicarte ahora- contestó ella sin darse la vuelta ni detenerse en un solo momento.
-¿Realmente piensas arriesgarte a que Crocodile te…?
-No…- le interrumpió- no me voy a arriesgar a nada. Tengo que hacer planes, rápido.
Franky se paró enfrente de ella, impidiéndole el paso cuando se proponía entrar a su habitación. Robin lo apartó dándole un ligero empujón, pero no pudo evitar que entrara tras ella y cerrara bruscamente la puerta.
-Robin, esto de hacerte doble agente es demasiado riesgoso. ¿Qué ganas con todo esto? Decídete de una vez.
-Todo estará bien. Ellos se irán de aquí y yo haré lo que pueda para que Crocodile no los lastime.
Franky se quedó callado, y la miró mientras ella comenzaba a sacar sus cosas de su ropero, y acto seguido, tomaba una maleta y la abría sobre la cama.
-¿Entonces qué tienes planeado hacer?
Robin se detuvo un momento. Respiró profundamente y miró hacia arriba, como si intentara concentrarse. Se masajeó la sien con una mano.
-Luego de la junta con los otros agentes… me iré con ellos. Me aseguraré de que tomen el camino rumbo al reino del Noreste y… algún pretexto tendré que encontrar para regresar. Tal vez consiga robar un caballo y llegar aquí por la mañana. Si Mr. 0 pregunta le diré que…- pensó en una justificación rápida- encontré a los millions falsos y los perseguí como él me ordenó. No podrá molestarse por eso.
Ella trató de continuar con su equipaje, pero Franky le tomó una mano firmemente, deteniéndola.
-Robin…Robin, fíjate bien en lo que estás haciendo. Le mentiste al príncipe.
Robin movió su mano para que él le soltara. Floreció seis manos más para ayudarse a terminar de empacar. Él insistió.
-Robin, ¿Te das cuenta de lo que está pasando? Tarde o temprano…todo se te va a venir encima. No puedes pretender que todo salga como tú esperas.
-Nunca he fallado cuando me lo he propuesto- contestó ella, cerrando la maleta- y esta no tiene porqué ser la excepción.
-Pero…
-Si tienes algo que decir, que sea para ayudarme, por favor- siguió ella- si no, entonces retírate y déjame sola.
Franky apretó los puños, mirando su espalda. Ella se había detenido frente a la cama luego de terminar con su maleta. Después, la tomó y la bajó de allí.
-Bien. Ya que esto es lo mismo de siempre, trataré de creer en ti. Aunque no sé que pueda hacer para ayudarte si algo te sale mal.
Salió de la habitación a paso rápido, sin poder evitar cerrar con fuerza. Ella por su parte, se tiró sobre la cama, tratando de ordenar sus pensamientos y sus ideas.
Claro que estaba consciente de lo que había hecho. Entre otras cosas…sí, le había mentido a Zoro. Pero lo había hecho porque estaba segura de que no iba a haber otro modo de que él se fuera de allí junto con los demás sin oponer resistencia.
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Sanji terminó de freír las papas y le dio la vuelta a la carne. Picó el tomate y cortó la lechuga. Revisó que el pan estuviera en su punto, y encontró en una alacena frutas frescas para preparar un delicioso jugo. No tardó demasiado en hacer nada de esto, y sus amigos lo esperaban sentados en la maltrecha mesa de la oscura cocina, observando maravillados como el rubio era capaz de hacer cosas fabulosas con tan pocos ingredientes y, sobretodo, con la mano de Luffy asomándose sobre su hombro cada dos por tres tratando de robar la carne.
-Eres increíble, Sanji- alabó Nami cuando él puso un plato de comida frente a ella. La carne, deliciosamente aliñada con una salsa de aspecto acaramelado, despedía un aroma hechizante. La ensalada era muy ligera y el jugo no estaba dulce ni amargo, estaba perfecto.
-No tanto como su bella sonrisa, Nami swan- contestó él de manera galante, con corazones en los ojos y verdaderamente encantado de recibir un cumplido de parte de la pelirroja.
Lo único que los tenía inquietos en ese instante era la ausencia de Zoro. Pero bueno, se dijeron, en alguna parte tendría que estar, ya lo encontrarían. Habían decidido no volverse a separar. Ya habían explorado el castillo, así que no había necesidad alguna, era un riesgo innecesario.
Claro que para cuando habían decidido esto, Zoro ya había desaparecido y Ussop no había podido decir a donde había ido a pesar de que él fue quien lo vio irse.
De modo que se sentaron a almorzar.
Todo hubiera salido bien, de no ser porque a los diez o quince minutos, la puerta de la cocina se abrió y un grupo de hombres entraron en la cocina.
Sanji seguía frente a la maltrecha estufa, preparando un pequeño postre para Nami antes de ponerse a comer él mismo.
Los demás siguieron comiendo con tranquilidad y él tampoco mostró gran reacción, y al parecer esto hizo enojar a los recién llegados.
-Eh, tú, ceja-rara- dijo el más grande entre ellos, haciéndole una seña a Sanji- sírvenos algo de comer.
Al oír esto, Chopper y Ussop no pudieron evitar sostenerse de la mesa con una expresión de pánico. Nami y Luffy se limitaron a observar con curiosidad y atención.
-¿Me dices a mi?-preguntó el rubio sin molestarse en voltear- lamento informarte que solo cocino para mis amigos.
Casi en seguida, el hombre lo tomó del cuello y lo levantó del suelo, sin que él hiciera otro gesto que una mueca de fastidio.
-¿Terminaste?- preguntó, sonriendo con burla. Antes de que el otro pudiera contestar, lo enredó con sus piernas de un solo movimiento para después tirarlo al piso. Era mucho más grande que él, pero no le fue difícil clavarlo al suelo de espaldas.
Con un pie sobre la garganta del sujeto, y el otro hundiéndoselo en el estómago, se metió la mano en el bolsillo y sacó un cigarrillo. Se inclinó sobre la estufa y lo encendió con la llama del fogón, que seguía encendida.
-¿Alguna otra solicitud, caballeros?
-No- contestó otro de ellos. También era bastante grande, pero lucía más serio. Cuando Sanji se bajó del primer sujeto, lo levantó de un jalón.
-Mr. 1, yo…
-Lárgate, inútil. Mira que permitir que un million cualquiera te ponga en ridículo de ese modo…
El tipo salió corriendo de allí. Mr.1 entonces ignoró categóricamente a Sanji y a sus amigos. Se acercó a una alacena y sacó unas botellas, repartiéndolas entre sus acompañantes. Pero no se fueron de allí. Se sentaron en el piso, del otro lado de la sala, y comenzaron a conversar.
Sanji se sentó a la mesa a lado de Luffy.
Trataron de platicar un poco, pero desde la llegada de los otros el ambiente se puso tenso. El único que no parecía notarlo era Luffy, quien comía alegremente todo lo que había a su paso.
-Oye, Ussop, ¿piensas comerte…?
-En ciudad Fucsia….
Luffy se quedó abruptamente en silencio en cuanto oyó mencionar el nombre de su ciudad. Escuchó con atención, lo mismo que los demás, igual o más sorprendidos que él.
-Pero, ¿eso no es peligroso? He oído decir que el rey y su abuelo son temibles.
-Sabes que el estilo del jefe no es el enfrentamiento. Esto va mucho más allá- esta voz correspondía a Mr.1- él no haría algo así si no estuviera seguro.
-Además- agregó un tercero- tenemos a Miss All-Sunday. Ella acabará con cualquiera que trate de interferir.
-Aún no es algo seguro- siguió Mr. 1- sólo lo sospecho, pero es muy posible. Los últimos viajes del jefe Crocodile han sido a las bases que se encuentran en esa área. Señores, es mucho muy probable que nos encontremos de frente con El gran golpe.
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Zoro creyó reconocer el lugar en que se encontraba. O bueno, quizás era porque el aroma que llegaba a él era el de uno de los mejores platillos improvisados de Sanji. Supo que los encontraría si seguía el olor.
Continuó caminando por esa misma dirección, pero no pudo avanzar mucho antes de que el sonido de unos pasos veloces se acercara a él. Acelero un poco el paso y fue entonces que se cruzó con la voz que le ayudó a descifrar un poco lo que estaba ocurriendo.
-¡Crocodile!- fue un grito largo que rebotó por el pasillo y le saturó el oído. Zoro entonces vio a Luffy llegando hasta donde estaba él. Pasó a su lado como una bala y continuó corriendo. Atrás de él venía Chopper.
-¡Luffy, espera!-gritaba el reno, quien había cambiado a su "Walk-Point" para poder seguirle el paso al joven rey-¡Zoro!- su voz estaba entrecortada- ¡Sanji, Ussop y Nami!- pero no pudo terminar de decirlo, porque siguió corriendo atrás del moreno.
Confundido, Zoro siguió por la misma dirección por la que habían aparecido ellos y encontró una puerta abierta. En su interior, Sanji, Nami y Ussop se daban las espaldas, rodeados por un grupo de agentes, todos en posición de atacar en cualquier segundo.
Al verlo en la puerta, Sanji le gritó:
-¡Ve tras el idiota, marimo! ¡Estaremos bien!
Zoro se dio la vuelta y corrió con todas sus fuerzas volviendo sobre sus propios pasos, pero temiendo perderse. Lo bueno fue que pronto escuchó los gritos de Chopper tratando de detener a Luffy y supo que iba por el camino correcto. Aceleró y trató de alcanzarlos.
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Luffy se detuvo cuando vio a uno de los pocos millions que quedaban en el castillo. Echó sus brazos hacia atrás y luego le lanzó un poderoso golpe en el estómago, que hizo al tipo, que no se lo esperaba, caer al piso. Luffy se lanzó sobre él y lo sujetó firmemente del cuello.
-¡¿Dónde está Crocodile!?- preguntó con furia, amenazando al sujeto con su puño. Cuando obtuvo la información que quería, salió corriendo de allí. Chopper apenas había podido alcanzarlo y ahora corría a su ritmo, lo mismo que Zoro, quien llegó de pronto.
-¿Qué demonios crees haces, Luffy?
Crocodile había colmado su paciencia. Ahora que conocía la identidad de ese infeliz, y su ubicación dentro de ese castillo, Luffy decidió que no le dejaría un solo hueso en el cuerpo sin romper. ¿Qué se creía? Primero su reino, luego el de Zoro, luego el hogar de Nami… ¿Y ahora su reino otra vez?
Ese bastardo iba a ver con quién se estaba metiendo.
-¡Iré a matar a ese mal nacido, es lo que voy a hacer!
Y aumentó su velocidad.
Finalmente, llegaron ante la puerta oscura señalada. Zoro la vio, y supo que la cosa iba en serio cuando Luffy la atacó a golpes. La gruesa y enorme puerta cedió y Luffy se precipitó al interior.
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-¡Crocodile!- gritó Luffy con fuerza, entrando en el lugar, enrojecido de furia. Fue entonces que él levantó la vista de su escritorio, miró a los tres y sonrió.
-Curioso. Un million se atreve a llamarme por mi nombre.
-Crocodile…- siguió Luffy, cada vez más molesto. El aludido se puso de pie y caminó hasta quedar de pie frente al escritorio. Se recargó en él sin dejar de sonreír.
-Alteza, es un honor tenerle aquí- le dijo cínicamente, quitándose el puro que tenía en la boca- aunque yo tenía planeado hacer una visita a su reino estos días. ¿No cree que es una descortesía que aparezca por aquí sin anunciarse?
Por toda respuesta Luffy le lanzó un puñetazo que él no tuvo problemas de detener, sujetando con su enorme mano el puño del chico de goma, pequeño en comparación.
Lo soltó y Luffy estuvo a punto de lanzarle otro puñetazo, pero se detuvo cuando notó que Crocodile levantó la vista; alguien había llegado atrás de ellos.
-Ah, Miss All Sunday- dijo con deleite al observar las caras de sorpresa de sus invitados-…espero que haya traído el garfio como se lo pedí cuando la mandé llamar.
Se escuchó el sonido de la pesada caja de madera caer al suelo. Zoro no quería, pero tuvo que voltear para ver como Robin los miraba desde el marco de la puerta. La sorpresa le había obligado a dejar caer la caja, pero se repuso y se inclinó para levantarla.
-Estos son los millions impostores- continuó Crocodile- Ya sabes qué es lo que tienes que hacer.
Continuará…
Pues…como habrán notado, hemos llegado a la parte "fuerte" de la historia.
Deséenme suerte porque lo que falta va a ser muy difícil u.u
Sé que la actitud de Brook fue algo extraña, de hecho fue a propósito. Solo quiero darle un toque más fantasmal. Sé que el Brook que todos conocemos es más "vivo" (ba-dum- tss xD) pero me gustaría manejarlo de esta manera al menos por el momento.
Bueno, una vez más, gracias por los reviews :D lamento que mi actividad de esta semana (contestar a sus comentarios, leer fics…) no haya sido buena u.u estoy en exámenes y de hecho luego de publicar esto voy directo a estudiar.
Creo que esto es todo por el momento. Muchas gracias por su apoyo y sus ánimos.
Nos leemos.
Besos, muchos besos n.n
Aoshika October
