Cap. 11: Callejón Diagon

Tom veía a los magos y brujas caminar con sus hijos por todo el callejón, Cat recordaba el pasaje sin problema alguno, ya que después de todo siempre iba ahí con su padre. Cat se encamino a Gringotts, en cuanto entraron al establecimiento algunos duendes se acercaron, siendo ella la última heredera de una de las bóvedas más importantes. La dirigieron a una oficina junto con Tom.

Un duende viejo la miro con ojos calculadores. Veía en las manos de la niña papeles con el sello del banco.

-vine a sacar algo de dinero, mi padre falleció hace dos años y me dejó su bóveda y otras más a mi nombre. Sé que no puedo sacar todo hasta no cumplir la mayoría de edad, pero este año iniciaré Hogwarts y necesito comprar el material necesario.-El duende asintió, empezando a leer los documentos que Cat le dejó en el escritorio.

-necesitamos confirmar que usted es su hija, como compradera, nuestras reglas son estrictas en ello.-menciono el ya anciano banquero, mostrando un pergamino en blanco junto con una pequeña daga.

Cat tomo el afilado objeto y corto uno de sus dedos, dejando que el líquido callera en el pergamino, este inmediatamente mostró un color blanco, demostrando ser hija legitima de Marcus Leporin.

-todos parece estar en orden...

-quiero que el aquí presente Tom Marvolo Riddle sea quien saque pertenencias mías o dinero, en caso de que yo no pueda.-agrego la niña, el diente asintió agregando el nombre del joven en el documento. Tom firmó el papel con esa pluma, y a los pocos segundos ambos jóvenes fueron dirigidos a la bóveda de Cat.

Después de salir del banco, ambos niños fueron a Flourish y Blotts a comprar los libros, Tom estaba encantado de ver tanto libro a su alcance.

-ni te molestes, todo lo que hay aquí está en la biblioteca de mi casa...pero podemos ir a otro lugar a comprar otro libros que te serán de mejor utilidad.

Todo el día compraron lo necesario y hasta cosas de más. Cat le compró a Tom un baúl con compartimientos especiales y un espacio donde podría entrar y hacer magia, impidiendo que el ministerio lo detectara.

Fueron a directo con Olivander después de conseguir sus túnicas escolares, el lugar estaba repleto de polvo y cajas de varitas en estantes mal acomodados. Olivander apareció y empezó a medir el brazo de los niños, luego entró entre los estantes y regresó con varias cajas de varitas. Tom tardo aproximadamente 30 minutos hasta que por fin una le respondió, de la varita salieron chispas verdes y por un segundo aseguraba el joven sentir su magia bailar en todo su cuerpo.
-perfecta, tejo, 13 1/2 pulgadas, y con núcleo de pluma de Fénix. Felicidades joven, presiento que está varita lo llevara muy lejos si sabe cómo controlarla.- Tom se sentó en un pequeño sillón, admirando su adquisición. –Ahora usted joven Leporin...

Cat empezó aprobar varita tras varita, todas ellas o hacia explotar algo o simplemente no hacían nada. Catherine empezaba a preocuparse de no encontrar la varita adecuada. Olivander le pasó la última varita que había seleccionado para la niña y esta por fin respondió. Varias luces danzaron en la habitación de diversos colores.

-claro, como no lo vi antes. Madera de manzano con núcleo de cartílago de dragón, 12 ¾ de pulgadas y flexibilidad rígida. Una buena varita para una buena bruja.-dijo el hacedor de varitas, observando de forma muy detenida a la niña.

Cat estaba demasiado emocionada para notar cualquier cosa.