Hola, primero me disculpo por no haber actualizado la historia ayer, pero el tamaño del capi se me fue de las manos y no logré finalizar la escritura y la revisión a tiempo, pero el capítulo está larguísimo, y con eso espero recompensarlas por la espera. Qué lo disfruten, fue escrito con mucho amor.

Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo 11— La vida es buena

POV Edward

Hay ocasiones en la vida en que no nos damos cuenta del tiempo, cuando estamos tristes, que ni siquiera vemos pasar los días, cuando estamos felices, que todo se pasa tan deprisa que no podemos creer en las horas trascurridas, los días o los meses, y eso me estaba sucediendo. Un mes se había pasado, un mes desde el día en que Bella y yo supimos que nuestro bebé venía en camino, un mes de mucho amor, risas y de mi parte preocupación por las náuseas de mi esposa.

Después del almuerzo de domingo, donde contamos la novedad a la familia, todo empezó a transcurrir muy deprisa, el lunes volví al trabajo y Bella volvió el miércoles, todos los días al despertarse ella tenía una entrevista directa con el inodoro, se duchaba, tomaba su té con tostada y seguía su camino hacia su trabajo; pasé a despertarme antes que ella, así la podría ayudar con la rutina por la mañana, mientras ella estaba en el baño yo ya estaba vestido, con el desayuno listo y empezaba a preparar a Maddie. Habíamos decido, tras hablar con mi madre, que mientras Maddie no tenía el alta total de su post operatorio, ella no iría a la guardería, pues allí sería difícil para las cuidadoras manejaren sus travesuras, ya que tenían que estar atentas a varios niños a la vez, así que mamá se ofreció para cuidarla mientras se finalizaban sus días de recuperación, durante los siguientes diez días, o mejor 5 días, ya que Bella estaba un día y otro no en casa, desayunábamos, nos metíamos en nuestros respectivos coche, yo iba hacia la empresa y Bella dejaba a Maddie en casa de mis padres para luego seguir hacia el hospital.

Debo admitir que los primeros días de Bella en el hospital me mantuvieron preocupado, tenía miedo a que se mareara y sufriera algún accidente, pero como bien me había dicho ella, lo de marearse podría suceder en cualquier sitio, y se sucedía en el hospital allí estaría bien cuidada, pero gracias a Dios nada sucedió; lo que sí era muy notable era su cansancio cuando llegaba en casa tras una guardia de 12 horas, ella apenas lograba comer algo antes de caer dormida en nuestra cama, ella intentaba seguir despierta pero era algo imposible, y Maddie, niña de mami que era, estaba echando de menos las noches con su madre, pero en sus días libres Bella la recompensaba dándole atención total.

El primer día en que volví al trabajo tras la cirugía de Maddie, conté la novedad a Garrett, Amelia, que se había enterado de la feliz noticia en nuestro almuerzo del domingo, al cual acudió en compañía de Charle, había aguantado sus ganas de difundir la novedad por la empresa, así que tras contarla a Garrett le di carta blanca para que pudiera hablar con los demás, ella rápidamente se encargó del asunto, la primera en felicitarme fue Bree, mi secretaría, luego Kate y así por delante, antes de las 10 de la mañana todo nuestro equipo me había felicitado.

Al mediodía de aquel lunes, aproveché mi horario de almuerzo y fui visitar a una librería de un centro comercial cerca de la empresa, allí encontré lo que buscaba, un libro sobre las etapas del embarazo, le eché un vistazo y me pareció muy interesante, incluso había un capítulo sobre cómo preparar al hermano(a) mayor para la llegada del bebé, me lo compré y tras comer un sándwich volví a la empresa. Mi teléfono sonó así que entré en mi despacho, era Bella, habíamos acordado que ella me llamaría todos los días tras su almuerzo, necesitaba más que nunca saber cómo estaba.

— Hola, preciosa — la saludé —, ¿cómo van la mamá y el bebé?

— Muy bien, señor Cullen, ya comimos y todo sigue tranquilo en mi estómago, sólo extraño no poder huir para la guardería para estar con Maddie.

Tras su almuerzo Bella siempre disfrutaba de algún tiempo madre e hija con Maddie cuando le tocaba trabajar, en la guardería había una habitación exclusiva para las madres que deseaban pasar un rato con sus bebés en sus momentos libres.

— Pronto ella estará lista para volver a la guardería, nena, sabes que con mamá ella está muy bien — la consolé.

— Lo sé, con Esme consintiéndola no creo que se acuerde de mí — dijo en tono lastimero.

— ¿Estás celosa, mami? — Cuestioné, divertido.

— No, pero la extraño — remarcó, por su tono podía imaginarme el mohín que ella debía de tener en sus labios —, creo que mis hormonas empiezan a jugarme una mala pasada — confesó.

— Lo siento, amor.

Nos despedimos y gracias a Dios aquel primer día de vuelta al trabajo se pasó volando, a las cuatro estaba en casa de mis padres para recoger a Maddie, me pasé algún tiempo conversando con mamá y luego fuimos a nuestra casa esperar a Bella llegar del trabajo, lo que sucedía por vuelta de las siete y media.

En las siguientes semanas aprendimos que, por lo general, las náuseas acometían a Bella solamente por la mañana, pero ella también empezó a percibir que algunos olores la afectaban, cosas como perfumes, productos de limpieza, y una noche en que cenamos en la casa de mis padres, ella no pudo con el olor del pollo, y se apartó de la mesa con rapidez, la seguí preocupado hasta el cobertizo, allí al aire libre ella, tras algunas respiraciones profundas, logró alejar las ganas de devolver. Tuvimos que disculparnos con mis padres, sería imposible que ella comiera otra cosa mirando a los demás disfrutaren del strogonoffdepollo. Esme y Carlisle miraron a mi avergonzada esposa con pesar.

— Estoy bien — les garantizó Bella.

— Lo siento, hija — se disculpó mi madre —, si lo supiera no habría preparado este plato.

— No hay por qué disculparse, Esme, ni siquiera yo lo sabía, a partir de hoy evitaré el pollo — restó importancia Bella.

Nos despedimos y cuando llegamos a nuestra casa cenamos una sopa de legumbres, que Bella había preparado para Maddie, por suerte ella siempre preparaba varias porciones y las dejaba congeladas.

Cuando Maddie completó los 15 días tras la cirugía, el doctor Evans le dio el alta total, así volvimos a nuestra rutina normal, muy agradecidos a mi madre por haber quedado con nuestra niña durante los cinco días en que la necesitamos, sabíamos bien cómo podría ser agotador estar cuidando de un niño durante todo un día, por eso Bella tuvo la idea de regalarle a mis padres una cena en el restaurante del hotel que mi empresa había construido casi un año antes, había sido mi primer trabajo con la empresa en Port Ángeles y todavía tenía mis contactos con el personal del lugar y fue muy fácil lograr la cena, incluso me ofrecieron una habitación para un fin de semana y lo acepté, mamá merecía un fin de semana especial, sin duda mi padre podría lograr un fin de semana libre en el trabajo para que ambos pudieran disfrutar del descanso. Mi madre literalmente brincó cuando le contamos de su regalo de agradecimiento, ella se había quedado prendada del hotel, desde cuando en nuestra luna de miel nos llevó a Maddie en nuestro último día allí, mi padre también nos agradeció, diciendo que siempre era bueno poder relajar lejos de la rutina del día a día.

Fue un lunes el día que Maddie volvió a la guardería, ella se había mostrado muy entusiasmada cuando le explicamos que iría al trabajo con mamá y que se quedaría en la guardería jugando con sus colegas mientras su madre trabajaba, nuestra pequeña había echado de menos a sus colegas y según Bella se fue muy contenta con la cuidadora cuando ella la dejó allí, para tristeza de mi hormonal esposa. De esa manera volvimos a nuestra rutina de todos los días, llegó agosto y en un parpadeo llegamos al final de este mes, una fecha que nos tenía muy ansiosos, pues le tocaba a Bella su segunda revisión médica.

— ¿Tienes alguna preferencia con respecto al sexo? — Me cuestionó Bella, habíamos acabado de acostar a Maddie y estábamos los dos tumbados en nuestra cama, ella acurrucada junto a mi cuerpo ya medio adormilada, mientras yo le acariciaba el vientre, que empezaba a mostrarse abultado.

Sonreí contra su pelo. Al día siguiente sería nuestra segunda consulta con la ginecóloga, estaba muy ansioso por ver a nuestro bebé nuevamente, sin duda ya iba a poder ver a algo mayor que una aceituna, al menos eso leí en el libro que había comprado. Bella estaba de 12 semanas y sería posible visualizar el cuerpo de nuestro bebé, él ya no era una aceituna, sino un limoncito verde.

— Bueno, no me importaría tener otra niña a quien consentir — le confesé —, pero un niño sería genial, seriamos dos para cuidar de nuestras chicas.

— Ja, yo podría decir lo mismo, si tenemos otra niña, ya seremos tres para cuidar de nuestro chico — repuso mi esposa, inclinándose perezosa para dejar un beso sobre mi cuello.

— ¿Qué dice tu intuición materna? — Le pregunté curioso, mis dedos rozando con cariño a nuestro pequeño bultito.

Mi madre desde que éramos niños nos contaba que en cada embarazo suyo siempre supo que seríamos niños y Rosalie también había dado en el clavo con Ethan.

— Niña — suspiró Bella, poniendo su mano sobre la mía — y tú, ¿qué dice tu intuición paternal?

— Sinceramente, mi intuición anda indecisa, las dos opciones me agradan tanto que no logro ir por ninguna.

— Lo importante es que vamos amarlo o amarla sea como sea.

— Sin duda, preciosa, ya lo hacemos. De cierta manera es muy raro amar a alguien con tanta intensidad sin ni siquiera haberlo visto, tocado, convivido con él.

— Es la magia de ser padres, creo que es una dádiva que Dios nos regala, lástima que esta dádiva no se desarrolla en todos los seres humanos que se ven convertidos en padres.

— Estas personas no saben lo que se pierden — le dije y me separé de ella para posicionarme a la altura de su vientre. — Hola, bebé, mañana vamos a verte — lo saludé rozando mi nariz contra la piel de Bella, mi libro sobre el embarazo hablaba de la importancia de conversar con en el bebé durante su vida uterina, así al nacer él se conectaría más fácilmente con nosotros, por eso todas las noches le hablaba algunos minutos antes de dormimos. — Serás bueno y te moverás para que veamos cuánto has crecido, queremos ver tus manitas, tus piernitas, estamos muy ansiosos por este encuentro, bueno, te dejo dormir, porque mamá ya está casi dormida, ella me está regalando una sonrisa perezosa en este momento, te vas a enamorarte de ella, tanto como papi y tu hermanita. Buenas noches, peque, sé bueno con mami por la mañana, ¿vale? Papi te ama — terminé dejando un beso sobre la piel de mi esposa.

— Y mami también — musitó una adormilada Bella.

— ¿Oíste, bebé? Estás cercado de amor por todos los lados, así que debes de estar muy feliz — besé una última vez el pequeño bulto que se asomaba entre las caderas de mi esposa y tras bajar el dobladillo de su camiseta me tumbé atrayéndola a mis brazos, suspirando contra mi pecho casi dormida, planté un beso en su frente y dejé que el sueño también me envolviera en sus sábanas.

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Al día siguiente Bella se despertó sintiéndose bien, era la segunda vez aquella semana que ella no tenía su habitual conversación con el inodoro y eso me tranquilizaba, ella se veía muy débil después de volcar todo el contenido de su estómago y yo no sabía qué hacer para intentar ayudarla además de prepararle una taza de té, pero aquella mañana ella se despertó sintiéndose tan bien que fue la primera vez en varios días que ella se encargó de arreglar a Maddie por la mañana. Con todos debidamente arreglados para el día, desayunamos y salimos de casa, dejamos a Maddie con su abuela, ya que Bella tenía su día libre, tras la consulta ellas irían aprovechar su día madre-hija, y yo me iría al trabajo tras dejarlas en casa. En el último mes Bella estaba intentando hacer que Maddie se acostumbrara a utilizar el urinal infantil, según ella sería mejor que ella dejara los pañales antes de que comprendiese que un nuevo bebé estaba por llegar, pues podría asociar el cambio a la llegada del bebé y eso podría generar celos e inseguridad, así que mucho del tiempo madre-hija estaba volcado hacia la adaptación de nuestra hija al urinal, que era un patito blanco con patas naranjas situado al lado del inodoro del baño del pasillo de la planta superior.

Tras dejar Maddie con Esme, seguimos para el hospital, nuestra consulta estaba marcada para las ocho, cuando llegamos una enfermera chequeó a Bella, midió su presión arterial y su peso, poco tiempo después estuvimos con la doctora Johnson.

— Bienvenidos, Bella, Edward — nos saludó la médica —, entonces, ¿cómo les fue este primer mes?

— Normal — contestó Bella — náuseas matutinas, mucho cansancio y sueño.

— Sí, muy normal para la fase en que estás — nos sonrió la doctora —, por lo que veo aquí, ganaste un quilo y medio, por lo general en esta fase se debe ganar entre dos a dos quilos y medio, pero como estás teniendo náuseas es normal que no haya ganado el peso total, lo compensarás cuando las náuseas disminuyan o desaparezcan, si tienes suerte.

— Espero tener suerte, esta semana ellas no se presentaron en dos mañanas.

— Esto es bueno, recién empiezas tu segundo trimestre, por lo general estos síntomas van disminuyendo para cuando llegas a esta etapa. Tu presión arterial está normal, pero es bueno que cuides la sal, para evitar sustos en el futuro, nada de excesos, ¿vale?

— Sin problema — respondió ella.

— Entonces, vamos a lo que ustedes sin duda esperan con ansias — anunció la doctora y nos encaminamos para la saleta al lado de la consulta, de esta vez el ultrasonido sería abdominal, así que Bella tan sólo tuvo que levantar su blusa y bajar un poco sus leggins.

Sonreí a mi esposa mientras la médica echaba sobre su barriga el gel, con nuestras manos enlazadas miramos a la pantalla y esta vez sí que pude ver a nuestro bebé con claridad, allí estaba el contorno de su pequeño cuerpo, sus manitos y piernitas.

— Su bebé ha crecido y está se desarrollando muy bien — nos informó la doctora tras algún tiempo de evaluación. — Su tamaño es compatible con un bebé de 12 semanas, y por las fechas que Bella me había pasado en la primera consulta es probable que alrededor del 14 de marzo este bebé venga al mundo.

— Es cerca del cumpleaños de nuestra hija mayor, Maddie nació en 12 de marzo — le informó Bella, con una sonrisa resplandeciente.

— Qué agradable coincidencia, a ustedes les tocará dos cumpleaños en el mismo mes, eso si este bebé no se adelanta algunas semanas, lo que puede suceder. Un bebé puede venir al mundo a partir de la 37ª semana y como máximo puede tardar hasta la 42ª semana — nos explicó la doctora — Ahora, vamos a oír el corazoncito de este pequeño.

Algunos pocos segundos después el rápido latido del corazón de nuestro hijo llenó la habitación, Bella apretó mi mano y yo aproximé mi rostro al suyo.

— Mira, amor, nuestro bebé está creciendo sano y fuerte — le susurré al oído, ella me sonrió, secando una que otra lagrima que había mojado su rostro.

— Es muy probable que en la próxima consulta logremos determinar el sexo, eso si el bebé colabora con una buena posición — nos avisó la doctora Johnson.

Dejamos la consulta con nuevas fotos de nuestro bebé y también un CD con la grabación del ultrasonido, todo estaba marchando bien, y de cierta manera podíamos relajarnos un poquito, logramos llegar al segundo trimestre, dejando atrás el miedo por el riesgo de una pérdida en la etapa más crítica de la gestación.

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Tras su segundo chequeo Bella estaba mucho más radiante, si es que eso era posible, pero así la veía, me imagino que en sus adentros estuviera luchando contra la ansiedad y el miedo generados por su anterior experiencia, pero el hecho de llegar al segundo trimestre sin sustos le proporcionaba el respiro necesario para que pudiera disfrutar de su gestación sin tantos recelos a dar vueltas a su cabeza.

Con el corazón lleno de felicidad nos despedimos del mes de agosto y llegamos a septiembre, Maddie cumpliría 2 años y 6 meses y Bella cumpliría sus 29 años y yo quería hacer algo muy especial para su cumpleaños. El día 13 llegó y desperté a Bella con un rico desayuno en la cama, sus náuseas matutinas seguían mejorando a cada día, y como había predicho la médica, con eso su apetito aumentó, así que preparé una rica bandeja con bollos, tostadas y chocolate caliente que a ella le seguía encantando y parecía encantar todavía más ahora que estaba embarazada.

— Buenos días, cumpleañera — le susurré al oído, ella gimió bajito y se acurrucó más bajo las sábanas —, oh, no, tienes que despertar, no te olvides de que tienes que trabajar hoy — ella gruñó y con pereza se volvió hacia mí.

— Dios, qué todavía me muero de sueño — dijo regalándome una mirada adormilada, un mohín de disgusto formándose en sus labios, no resistí y me incliné tirando de su labio inferior sobresaliente, ella gimió bajito, causándome risa.

— No te reías, no empieces algo que sabes no vamos a tener tiempo para terminarlo — me avisó, últimamente sus hormonas la traían algo trastornada, o se sentía demasiado cansada y/o hambrienta o llena de energía y ganas de hacer el amor.

— Vale, entonces lo empezaremos por la noche y lo terminaremos.

— No juegas limpio, Cullen, voy a estar durante todo el día deseando que la noche llegué pronto.

— Estás probando un poco de tu propia medicina, me hiciste lo mismo en mi cumpleaños.

Ella me mi miró achicando los ojos, me reí y dejé un breve beso sobre sus labios.

— Feliz cumpleaños, amor…

— Gracias — contestó a regañadientes.

Me reí, intentando no demostrar que yo habría logrado ablandarla.

— Te preparé chocolate caliente, tostadas y ayer me compré tus muffins favoritos — anuncié entonces, señalándole la bandeja al final de la cama.

— ¿Muffins de limón? — Cuestionó ilusionada, asentí. — ¿Ya te dije que te amo? — Preguntó acariciando mi rostro, olvidando su intento de mantenerse enojada, pero me encantaba su faceta enojadita, era como una linda y pequeña gatita, que por más que intentara parecer enojada, más adorable parecía.

— Hoy todavía no — le contesté, acariciando su rostro —, también te amo — suspiré rozando nuestras narices. — Anda, perezosa, levántate antes que tu chocolate se enfríe.

Bella se sentó en la cama y miró la bandeja con atención.

— ¿Te sientes bien para comer hoy? — Cuestioné.

— Hambrienta — reveló con alegría —, pero tengo que ir al baño antes — me avisó levantándose.

— Vale, voy echar una mirada a Maddie mientras tanto, es temprano, puedes ducharte después — le avisé.

Había despertado a Bella cerca de cuarenta minutos antes de su hora de despertase habitualmente, pues quería que ella disfrutara de su desayuno con calma, así que nuestra hija seguía profundamente dormida, lo que nos daba tiempo para desayunar con tranquilidad.

Bella y yo desayunamos y me dio mucho gusto verla comer con tanto placer; era un verdadero alivio verla disfrutar de su desayuno, tras verla por todo un largo mes salir corriendo nada más despertase para volcar todo el contenido de su estómago.

— Te tengo un regalo — le comuniqué cuando terminamos nuestra comida, abrí el cajón de mi mesita de noche y de allí saqué una pequeña caja de regalos azul con un lazo blanco sobre la tapa. — Feliz cumpleaños, preciosa — dije entregándole la caja.

Bella me sonrió y tomando la caja la sostuvo con una mano y con la otra apartó la tapa, allí acurrucado en el medio de papel mantequilla había un joyero de estilo antiguo, era una pequeña réplica de un tocador de la época vitoriana, a ella le encantaban estas cosas antiguas, así que no dudé en comprarlo cuando lo vi expuesto en la tienda de cosas vintage que entré ya en busca de su regalo, vi una sonrisa asomarse en los labios de mi esposa al ver su regalo, ella lo retiró de la caja y lo puso sobre su mano, el joyero de metal dorado era igual al antiguo mueble, tenía una base arredondeada sobre cuatro patas, mirándolo de frente se podía ver la impresión de dos cajones y algunos detalles en pedrería; apoyado sobre la superficie había un pequeño espejo redondo y descansando bajo el espejo un pequeñísimo cepillo de pelo y un vidrio de perfume antiguo, todo hecho en metal dorado, algunos detalles de la pieza estaban pintados en un tono azul muy claro, como el detalle alrededor del marco del espejo y la frente de los cajones.

— Edward, es…es precioso — suspiró mi esposa acariciando los pequeños detalles del joyero con la yema de su dedo índice de la mano derecha.

— Ábrelo — la insté, ella me miró extrañada — sólo tienes que tirar del espejo hacia atrás y la tapa se abrirá — le expliqué, ella hizo lo que le pedí y miró hacía el hueco revestido de terciopelo azul hecho para guardar pequeñas joyas. — En realidad te tengo dos regalos, el joyero y este dije que está ahí dentro.

Bella sacó de dentro del joyero el pequeño dije plateado en formato de corazón, incrustado sobre el metal una pequeña piedra azul traslucida.

— Madeleine, 12 de marzo — leyó Bella la inscripción en letra cursiva sobre el corazón.

— Pensé que te gustaría añadir a tu pulsera la piedra del nacimiento de Maddie, como ella nació en marzo su piedra es una aguamarina.

— Gracias, es perfecto, lo amé, los dos regalos, gracias — me agradeció entusiasmada, echándose a mis brazos, me reí abrazándola y devolviéndole el beso que ella me daba.

— ¿Me pones el dije? — Pidió, recostándose contra mi pecho.

— Por supuesto, nena.

Cogí el pequeño dije de entre sus manos y sosteniendo su mano izquierda lo encajé en la pulsera que le había regalado en su primer cumpleaños junto a mí, Maddie todavía era una bebé de seis meses. Allí junto al dije del tulipán que representaba nuestro amor y al pequeño relicario con una foto de Maddie y otra nuestra, que representaba nuestra unión, nuestra familia, ahora colgaba el corazón que representaba el día que Maddie nació, el día que mi Bella se convirtió en madre.

— Para el próximo año añadiremos la piedra de este precioso bebé — dije dejando que mi mano reposara con cariño sobre su vientre ligeramente abultado.

— Gracias, gracias… — dijo Bella, abrazándose nuevamente a mí, dejando un beso sobre mi pecho, y luego descansó su cabeza contra éste.

Estuvimos por cerca de diez minutos abrazados, disfrutando tan sólo de nuestra proximidad física, de los gestos de cariño contra la piel del otro, sin ninguna necesidad de llenar el silencio que nos cercaba, tras los diez minutos una dulce vocecita nos sacó de nuestra burbuja.

— Ve a ducharte, yo me encargo de ella — le ofrecí a Bella, ella asintió y se fue hacia el baño y yo fui con nuestra niña.

— Buenos días, pequeña preciosura — la saludé al entrar en su habitación, ella ya estaba bajándose de su cama y corrió apresurada hacia mí.

— Buenos días, papi — dijo estirado sus bracitos para que la cogiera en brazos —, ¿ya es el cumple de mami? — Me susurró al oído poniendo sus manitos alrededor de su boca para que solamente yo escuchara lo que decía.

— Sí, hoy es el cumple de tu mami — le confirmé, ella estaba ansiosa por regalarle a Bella la sorpresa que yo venía preparando — sólo le haremos la sorpresa cuando mami llegue del trabajo por la noche, ¿vale?

— O.k — aceptó.

— Por ahora puedes darle un fuerte abrazo, muchos besitos y desearle un feliz cumple y regalarte lo hoja que pintamos el otro día, ¿te acuerdas?

— Síp, besitos y ablazos.

— Vamos arreglarte antes, para que mami te veo hermosa — le dije y me dispuse a cambiarla y luego arreglar su pelo en una coleta alta.

Con Maddie arreglada y sosteniendo su obra de arte en sus manos, entré en nuestra habitación, Bella ya estaba vestida calzando sus bailarinas.

— Mami, feliz cumple — chilló Maddie nada más verla, la dejé sobre sus propios pies y ella se apresuró hacia Bella, que la recibió de brazos abiertos, mirándola encantada.

— Gracias muñequita, y ¿qué es esta hoja? — Le preguntó, sentándose en nuestra cama y poniéndola sobre su regazo.

Pa mami, papi ayudó Maddie a hacer — explicó tendiéndole la hoja donde la impresión rosa de sus manitas estaba de un lado de la hoja, y la impresión amarilla de sus piecitos estaban al otro lado, al terminar la pintura la tuve que bañar de la cabeza a los pies, había tinta desde su pelo hasta sobre su espalda, por suerte le había quitado la ropa dejándole solamente con su ropa interior, sin pañal, ya que ella se había adaptado finalmente a utilizar el urinal infantil.

— Qué hermoso, muñequita, muchas gracias, lo voy a poner en mi consultorio para que todos mis pacientes lo vean.

Maddie le regaló una sonrisa deslumbrante, se había ganado el día con el halago de su madre. Gracias al dibujo de la Doctora Juguetes ella comprendía bien la profesión de Bella, cuando alguien le preguntaba en qué trabajaba su mamá ella rápidamente contestaba que ella era doctora de bebés y niños y cuando la pregunta era sobre mí, ella decía que yo dibujaba y construía casas.

Le di el desayuno a Maddie mientras Bella preparaba su mochila para su día en la guardería, enseguida nos despedimos y cada cual siguió su camino. Trabajé sin descanso durante toda la mañana, pues quería aprovechar que mi esposa estaría trabajando para dejar la empresa al inicio de la tarde, tenía que llegar temprano a nuestra casa para poder arreglar mi sorpresa de cumpleaños para ella. Antes de dejar Port Ángeles me pasé por una floristería y me compré dos ramilletes de tulipanes rojos, la flor favorita de Bella, nuestra flor. En casa, tendría que dejar todo preparado antes de las cuatro que era cuando debía pasar por Maddie en la guardería como de costumbre, nuestra hija era una parte importante de la sorpresa, quince días antes del cumpleaños de Bella se me había ocurrido la idea y desde entonces, ensayaba con Maddie en nuestro tiempo a solas cuando la iba a recoger en la guardería y esperábamos a Bella llegar del trabajo y mi pequeña estaba lista para su concierto.

Con todo debidamente arreglado en casa, fui por Maddie, cuando llegamos la bañé y la vestí con una ropa que Bella le había comprado hacía pocos días, le había encantado las piezas, eran un suéter color crema, manga larga, sobre el centro de la pieza había una calcomanía en felpa, también crema, de una gatita con grandes ojos negros y bigotes, unas grandes orejas colgaban de su cabeza siendo una de éstas adornada por un lazo negro, para completar el conjunto unos leggins negros con una calcomanía adhesiva del rostro de un gatito de mirada penetrante en la lateral de su pierna, le puse unas bailarinas negras con brillitos y luego dividí su pelo, haciendo dos coletas en cada lateral de su cabeza, la imagen final era adorable.

— Tu mami te va a llenar de besos cuando te vea — dije tomándola en brazos, yo mismo llenando su cuello y mejilla sonrosada de besos, ella se rió feliz, abrazándose a mí. — A ver dibujos ahora — avisé para su total felicidad. La dejé sobre nuestra cama viendo sus caricaturas favoritas, antes de ir a recogerla me había duchado, pero necesitaba cambiar mi ropa para esperar a mi linda esposa, ella me había preparado una linda cena en mi cumpleaños, tenía que esforzarme por proporcionarle algo a la altura.

Para cuando Bella llegó estábamos Maddie y yo viendo dibujos en el sofá de la sala.

— Hola familia — nos saludó y luego sonrió ante la escena, Maddie acurrucada en mi costado con su chupete rosa, una mantita blanca apoyada entre su rostro y mi cuerpo y su muñeca de trapo entre sus brazos.

— Mami, ven ver dibujos con Maddie y papi — la invitó, quitándose el chupete de la boca y enseguida devolviéndolo al terminar de hablar.

— Están muy arreglados ¿no? — Preguntó Bella, sentándose al lado de Maddie.

— Te lo mereces, es tu cumpleaños — le dije, ella achicó los ojos con desconfianza. — Gracias, Maddie está preciosa con esta ropa y estas coletas — dijo y tomó a nuestra hija, sentándola sobre su regazo, Maddie se rió cuando su madre la abrazó, y como yo habría previsto, la llenó de besos, el chupete cayéndose de su boca por sus risas.

— Voy a cambiarme para cenarnos — dijo Bella instantes después, todavía abrazando a Maddie que se había acurrucado contra su pecho, mimosa. Ella dejó un beso sobre el pelo de nuestra niña y luego la dejó sobre mi regazo — abraza a papi, muñequita — le pidió — él también quiere abrazos.

— ¿Lo quieles, papi? — Me preguntó ilusionada.

— Por supuesto, preciosura — ella me abrazó, acurrucándose contra mi pecho.

Dejé a Maddie viendo sus dibujos en la sala y me fue a la cocina para poner nuestra comida que había calentado minutos antes de Bella llegar, como lo más comestible que sabía hacer en la cocina eran pequeñas meriendas y desayunos, le pedí a mi madre que me ayudará con la cena, quien preparó para nosotros unos ravioles rellenos con setas y salsa de nata, un plato que le encantaba a Bella y una pequeña tarta de cumpleaños, de chocolate por supuesto, y como mi madre era increíble, también preparó un plato de macarrones con queso para Maddie. Mientras Bella se cambiaba, arreglé la mesa, dejándola lista para que pudiéramos cenar. Con todo listo me dirigí a la sala y esperé a mi preciosa esposa a los pies de la escalera, en menos de un minuto de espera la vi empezar a bajar, había puesto un largo suéter de punto verde oscuro y unos leggings color vino, unas bailarinas negras y el pelo suelto cayendo alrededor de su rostro en suaves ondas.

— Estás preciosa, señora Cullen — la halagué, tomando su mano cuando ella se detuvo sobre el último escalón de la escalera.

— No tanto como estaba en tu cumpleaños — contestó ella.

En mi cumpleaños ella se había vestido de una manera deslumbrante, se había vestido para tentarme, para seducirme.

— Son ocasiones distintas, allí tuvimos una cena romántica para los dos, hoy una cena en familia, pero tú siempre luces preciosa con cualquier cosa que te pongas.

Si ella no estuviera embarazada, muy probablemente hubiera reservado sitio en algún restaurante romántico en Port Ángeles y Maddie se habría quedado sobre los cuidados de mis padres o de mis hermanos y mis respectivas cuñadas, pero allí estábamos con nuestro bebé en camino, y yo quería que ella se acordara de su cumpleaños estando embarazada como algo no solamente concerniente a ella y a mí, pero como algo concerniente a nuestra familia, familia que se estaba agrandando, por eso había optado por hacer Maddie parte de este momento de conmemoración.

— A ver si vas a pensar así cuando tenga un vientre del tamaño de una sandía.

— Te le voy a decir todos los días para que me creas, entonces — le dije abrazándola.

— Me encantará oírlo, aunque lo niegue alguna vez — dijo divertida, dejando un beso en la lateral de mi cuello.

— Vamos a cenar antes de que se enfríe la comida. Ven, pequeña preciosura, vamos a cenar ahora — la llamé, ella tomó el mando a distancia de la tele y la apagó y luego se deslizó de sobre el sofá para caminar dando saltos hasta nosotros, sus coletas balanceándose hacia frente hacia tras. La tomé en brazos y tomé a Bella de la mano, llevándonos hacia nuestro comedor.

— Owww ¿quién preparó todo esto? — Cuestionó Bella al ver la mesa arreglada con un bonito mantel de encaje color salmón, y sobre él su loza blanca de estilo vintage, nuestros platos de pasta con setas ya servidos.

— De la decoración me encargué yo, pero la comida fue un regalo de mi madre para ti, para nosotros — le expliqué mientras sentaba a Maddie en su trona y dejaba su plato de macarrones con queso sobre la bandeja de ésa, prendí un babero alrededor de su cuello para que no ensuciase su bonita ropa.

— Gracias, está lindo y la comida de Esme huele riquísima.

— A comer entonces — la insté y me aproximé para apartar la silla para que ella se sentara, me senté a su lado y empezamos a comer.

— Ummm… y como siempre la comida de Esme además de oler también sabe riquísimo — suspiró Bella disfrutando de sus ravioles.

— Sé qué sería perfecto un vaso de vino para combinar con la pasta, pero hoy nos toca jugo de uva — le avisé, llenando nuestras tazas.

Ella se rió.

— Puedes beber el vino, Edward, soy yo la que no debe tomar bebidas alcohólicas.

— Estás cargando a nuestro hijo, lo mínimo que puedo hacer por ti es unirme en tus restricciones alimenticias.

— Eres adorable — suspiró y acarició mi rostro.

Me reí y seguí comiendo mi comida, ella se rió también y se concentró en su plato, Maddie comía sus macarrones con queso muy concentrada, si había dos cosas que lograban atraer la atención de mi niña éstas eran la comida y sus dibujos animados.

Comimos hablando de cosas de nuestro día de trabajo, le conté que había salido más temprano del trabajo para preparar nuestra cena, y que tras ir por Maddie en la guardería me había pasado por la casa de mis padres para recoger nuestra cena, ella me dijo que Charlie se pasó por el hospital y que ellos habían almorzado juntos.

— Jugo, mami — solicitó Maddie casi terminando su cena, tomé su vasito con tapa de sobre la mesa y le puse algo de jugo de uva y Bella se lo dio. Terminamos de cenar y yo serví el postre, dándole a Maddie un trocito pequeño de la tarta, su pequeño estómago ya estaba lleno por su cena.

La tarta estaba exquisita y Bella se comió dos trozos.

— Creo que comí demasiado — suspiró ella, tras tragar el último trocito de tarta de su tenedor.

Me reí, mientras limpiaba la boquita de Maddie con un paño de cocina.

— Es hora de la sorpresa, preciosura — le susurré al oído de mi hija que me miró llena de ansiedad.

Vamo, mami, vamo, ¡soplesa! — Empezó a decir Maddie, dando brincos en su trona.

— ¿Qué? — Cuestionó su madre, mirando de nuestra hija a mí.

— Ya oíste, es una sorpresa — dije sencillamente. Tomé a Maddie en brazos y le tendí mi mano libre a Bella. — Ven con nosotros, te queremos mostrar algo que hicimos para ti — añadí, ella tomó mi mano y juntos caminamos hasta el salón donde estaba mi piano.

Encendí la luz al entrar al salón, allí en el medio estaba mi hermoso piano de cola negro, sobre su tapa un jarrón de cristal con un ramillete de tulipanes rojos, el otro lo había espaciado por el suelo.

— Edward…

— Shh… no hables todavía, tan sólo disfruta el momento — le pedí y ella asintió, tomé nuevamente su mano que había soltado para encender la luz y nos encaminé hasta el piano. — Tú quédate aquí — la dejé de pie al lado de la tapa y me senté en la banqueta, sentando a Maddie a mi lado, ella le sonrió a Bella de manera encantadora, era pura ansiedad y entusiasmo, Bella se rió divertida y yo me uní a ella.

— ¿Lista, pequeña? — Le pregunté, irguiendo la tapa del teclado del piano.

— Sip, papi — asintió con ahínco y entonces empecé a tocar la introducción de nuestro pequeño concierto particular, suavemente empecé a cantar junto a ella para señalarle el inicio de la canción, pero después la dejé seguir solita, ella y la melodía del piano, mientras ella cantaba su tierna versión de Brilla, brilla estrellita, donde ella se olvidaba todas las erres o los cambiaba por eles, balanceando su cuerpo de un lado a otro, sus coletas moviéndose de manera adorable al mismo tiempo que el sonido dulce de su voz llenaba la habitación y nuestros corazones.

Billa, billa estellita me plegunto qué selás, soble el mundo alto estás como un diamante en el cielo.

Billa, billa estellita me plegunto qué selás, cuando el sol se esconde ya, y cuando no billa más, ven y nos muestlas tu luz.

Billa en la osculidad, billa, billa estellita me plegunto qué selás.

(N/A: Maddie canta lo mismo dos veces)

Bella acompañó la presentación de nuestra hija maravillada, el amor emanando de su mirada, que se veía empañada por la emoción que intentaba contener.

— Feliz cumple, mami ¿Te gustó nuesta canción? — Le preguntó Maddie ilusionada tras finalizar su concierto.

— Lo amé, muñequita, lo amé, fue el mejor regalo que mami pudiera haber ganado — dijo tomándola en brazos y sentándose a mi lado en la banqueta, mientras la abrazaba fuerte. — Gracias… — me susurró por sobre la cabeza de nuestra hija.

— Fue un placer, señora Cullen — dije, envolviendo a ambas entre mis brazos. — Las amo — le susurré al oído.

— Y nosotras a ti — respondió, besando mis labios brevemente.

Nos quedamos en el salón por casi una hora, enseñando a nuestra hija a cantar otras canciones infantiles, cada vez que finalizábamos una canción ella prontamente decía: "¡Ota vez, ota vez!", mientras juntaba las palmas de sus manos con entusiasmos, nos reíamos y volvíamos a cantar los tres juntos, mientras yo tocaba la melodía en el piano, en cierto momento ella se bajó del regazó de su madre y se puso a cantar bailando con pasos torpes y tiernos a nuestro alrededor, utilizando algunos de los tulipanes esparcidos sobre el suelo. Tras una hora ella estaba cansada, así que Bella le preparó su biberón con leche, cuando lo terminó entre los dos vestimos su pijama y yo la ayudé a cepillar sus dientes, la puse en su urinal de patito y luego la acostamos en su camita, ella no tardó ni diez minutos en dormirse, cerré el librito de poesía infantil dejando un beso en su frente, Bella hizo lo mismo mientras la arropaba, salimos de la habitación dejando la puerta entreabierta a nuestras espalda.

— A dormir, preciosa, te ves cansada — comenté abrazándola por la espalda, nos llevando a nuestra habitación.

— Estoy cansada — suspiró recargando su cuerpo contra el mío —, la tarde en el hospital fue algo agitada, muchos niños llegaron con una virosis estomacal, cuando finalizaba una consulta ya tenía a otra, algunos estaban tan deshidratados por los síntomas que tuve que pedir que se quedaran ingresados para hacer la reposición de los líquidos perdidos.

— Entonces a descansar — dije acariciando su vientre.

— Estamos bien — declaró poniendo su mano sobre la mía. — Gracias por esta noche — agradeció, girando su cuerpo para estar frente a mí, irguiendo sus brazos por sobre mis hombros para entrelazar sus manos tras mi cabeza, mientras las mías sostenían su cintura —, fue sencillamente especial, perfecta — completó, poniéndose de puntillas para besarme con dulzura.

— Una noche especial para una mujer especial — puse de manifiesto rozando sus labios con los míos, ella aprovechó el momento y profundizó el beso, de pronto su cuerpo estaba totalmente pegado al mío, sus dedos acariciando el cabello de mi nuca con vigor. — Ummm… ¿no es que estaba cansada? — Jadeé sobre sus labios.

— No tan cansada y mañana es mi día libre, puedo descansar mientras Maddie se toma sus siestas — contestó con una mirada y un tono de voz lleno de intenciones.

Sonreí y tomé sus labios con los míos llevándonos hacia nuestra cama. Le hice el amor de manera lenta y apasionada, reverenciando cada pequeño cambio de su cuerpo que cambiaba para acoger una vida y nutrirla; cuando nuestros cuerpos por fin se fundieron en un único ser, me moví despacio, literalmente rozando nuestros sexos en una caricia lenta que alargó nuestro placer; entre gemidos y jadeos, ahogados en los labios del otro, alcanzamos la satisfacción total minutos después.

— Feliz cumpleaños, amor… — suspiré agotado, atrayéndola hacia mis brazos, al tiempo que echaba una sábana sobre nuestros cuerpos desnudos.

— Ummm… — musitó adormilada — Te amo… — fue lo último que pronunció antes de caer en un sueño profundo, totalmente relajada entre mis brazos.

Mi vida era buena y a cada día agradecía a Dios por sus dádivas, por poder disfrutar de días llenos de paz y amor con las personas dueñas de mi corazón, y pronto íbamos a saber si la tercera personita que ya se había apoderado de mi corazón sería otra pequeña preciosura o un pequeño precioso. Sí que la vida era buena… gracias a Dios.


¡Hola! ¿Qué les pareció el capi? Estuvo lleno de momentos dulces, Maddie robando la escena como siempre y Edward cada día más enamorado de sus chicas. En el próximo capi vamos a descubrir el sexo del bebé, hagan sus apuestas, ¿niña o niño?

Gracias por los alertas, favoritos y por los valiosos reviews. Me encanta saber sus opiniones y leer sus palabras de ánimo, así que ¡NO SE OLVIDEN! LOS REVIEWS SON MI SUELDO ;) Gracias a toda que se toman un ratito para escribirme :D

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Saludos llenos de cariño, ¡gracias por leerme! Hasta el próximo jueves, espero tener el capítulo listo para entonces, pero si me retraso en actualizar, es porque el capi nuevamente se me fue de las manos con lo de la extensión.

Jane