HISTORIAS PERDIDAS DE LOS ASGARDIANOS.
DISCLAIMER: Los nombres de los personajes y la historia pasada de cada uno de ellos pertenecen al señor Stan Lee, y a MARVEL.
Aunque los tres personajes principales de esta historia, Thor, Loki y Sif, pertenecen a su vez a la mitología nórdica.
Lo único que me pertenece es la historia que aquí les presento.
Nota del Autor: Ciertos acontecimientos conocidos sobre la vida y relaciones de algunos personajes han sido modificados según la historia aquí presentada.
N/A: Agradecimientos a todos los que siguen esta historia, gracias por estar ahí. Gracias a quién me sigue inspirando y siempre quiere leer más ;)
Este capítulo es relatado por Loki.
Capitulo 11: Libre por una noche pero preso en tus brazos.
Le conté cada uno de mis planes a Sif, aunque eso me ponía en riesgo, ella había prometido que no le diría nada al viejo de Odin, pero su maldito hermano, el cuidador del Bifrost podría decirle todo. Con las esposas no podía hacer ningún hechizo, ni siquiera el que me mantenía oculto de ese estúpido dios y me había arriesgado solo para que ella estuviera tranquila.
Sif estaba celosa de mí, eso me pareció la cosa más graciosa que jamás podría haber imaginado. No porque no confiara en ella, sino porque teniendo en cuenta como había sido siempre nuestra relación era difícil pensar que la guerrera de Asgard estaba enamorada de mí, y incluso era capaz de sentir celos.
Sé que al principio no confié en ella, incluso llegué a pensar que mi hermano podría haberme engañado, solo para descubrir mis planes, pero no, Thor no tendría jamás ideas como esas, en todo caso, sería yo quién lo engañaría a él, o al menos esa idea sería mía. Y Sif… ella no podía ser tan desalmada.
En ese momento sentí su cuerpo moverse a mi lado, la cama no era muy grande y bien podía sentir su cuerpo junto al mío. Era más de medianoche y ella aún estaba allí, hablando conmigo y haciéndome compañía. De verdad necesitaba agradecerle todo eso, aunque no de la forma que ella quería. No iba a dejar mis planes por más que la amara.
"¿Te vas?" –le pregunté en un susurro rompiendo el silencio que hacía pocos minutos se había instalado en la celda.
Ella me miró y sonrió. "Debo hacerlo, necesito descansar."
"Descansa aquí, no quiero que te vayas." –repliqué mirándola. "Usa la cama, yo no tengo sueño."
Sus labios se acercaron a mi mejilla, para dejarme un beso y cerré los ojos ante ese contacto. "Voy a volver mañana lo prometo." –susurró en mi oído.
"Ya es mañana." –le dije con picardía pues era plena madrugada.
Ella río, amaba escucharla reír, aunque no siempre iba a darle motivos para eso. "Está bien, me quedaré contigo." –anunció y volvió a recostarse a mi lado.
Había querido abrazarla o acariciarla desde el momento en que me dijo sus sentimientos hacia mí, pero por culpa de estas malditas esposas no podía mover los brazos todo lo que yo hubiera deseado. La miré entonces, me contentaba con mirar sus ojos, sus labios, su rostro, como si con mi mirada pudiera acariciarla.
Sif me devolvió la mirada, y me abrazó pasando su brazo por mi cintura. "Te amo Loki." –susurró cerrando los ojos.
"Te amo, mi Sif." –le respondí sin pensarlo, las palabras solo salieron, había soñado con decirle eso tantas veces en el pasado. "Descansa." –volví a susurrarle y le besé la frente, lo que tenía más a mi alcance.
Ella se acurrucó a mi lado y se durmió, yo no pude hacer lo mismo en toda la noche. Tenía demasiadas cosas en que pensar, tal vez nuestra relación podría traerme complicaciones, pero no iba a dejarla, no iba a perderla ahora que tras siglos de verla en las sombras, ahora la tenía para mí, sin necesidad de ocultarme.
Pero tenía cosas que hacer antes y después de casarme con ella, antes tenía que dejar algunos asuntos aclarados con Amora, y sabía que ella no se lo tomaría bien, pero aún así ella no se metería en el medio de Sif y yo.
Pensando en eso, y en otras cosas el resto de la noche se fue y enseguida del amanecer Sif despertó. Ya no me encontraba en la cama a su lado, me había levantado una hora antes del amanecer y me había sentado junto a la ventana a contemplar Asgard.
"Buenos días mi amor." –susurró ella aún en la cama.
"No has dormido más que tres horas Sif." –le dije sonriendo y caminé hacia ella. "Esta noche quiero que te quedes en tu habitación, necesitas descansar."
Ella suspiró y yo noté que no estaba de acuerdo con mi idea, pero no quería que sus responsabilidades se vieran afectadas por mí, por lo tanto le dije. "Vendrás a verme en la tarde como siempre, pero te irás más temprano."
"Está bien Loki, ya entendí." –me respondió, parecía una niña que acaba de ser castigada y eso me divirtió.
"Bien mi niña, ve a hacer tu trabajo." –no quería que se fuera, pero no podía mantenerla aquí, además tenía asuntos que arreglar.
Ella se levantó de la cama y me besó en la mejilla. "Volveré en la tarde." –anunció para luego irse.
Sonreí como respuesta y vi como cerraba la puerta detrás de ella.
Había sentido la presencia de alguien desde el momento en que Sif se había despertado, y sabía que no estábamos solos, razón por la cual preferí que ella se fuera.
"Ocultándote en las sombras Amora, eso no es muy propio de ti." –le dije seriamente pero a su vez con un poco de burla.
Ella río y se acercó a mí, con esos movimientos de su cuerpo que parecía una serpiente contorneándose en el piso. "Mi querido Loki, había olvidado que tú eras quién solía ocultarse en las sombras." –dijo ella con esa voz seductora que perturbaba más de lo que seducía. "Pero me temo que esa ya no es una opción para el Dios de las Travesuras que está encadenado." –sus manos suavemente rozaron los brazaletes de oro de mis esposas.
"No pensé que fueras a venir tan temprano." –cambié de tema.
Ella seguía acariciando los brazaletes. "Que puedo decir, te extrañaba Loki Laufeyson." –sus manos se detuvieron en mis hombros, sus cuerpo estaba demasiado cerca del mío, a no ser porque deliberadamente mis manos esposadas impedían que ella llegara más lejos. "Umm" –se quejó de pronto, aunque al oído de cualquiera eso habría sonado como un gemido.
"Te recuerdo Amora, que no soy Thor, por lo tanto guarda tus gemidos para él." –el tono de burla en mi voz fue deliberado.
Ella se alejó, como yo había esperado, enfadada por mi comentario. "Eres muy gracioso Laufeyson, sabes perfectamente que el sexy de tu hermano no quiere nada conmigo."
"Y no lo culpo." –murmuré divertido.
Ella obvió el escuchar mi comentario, ella siempre escuchaba lo que ella quería, tan igual a su hermana menor. Me parecían repugnantes ambas, pero tenía cosas que hacer y solo con la ayuda de las dos podría hacerlo.
"¿Pero qué hay de ti? ¿Tú también vas a rechazarme?" –susurró regresando al lado mío.
"Jamás." –la engañé de la forma que ella deseaba ser engañada, lo cual me divertía mucho. Siempre me podía divertir con cualquiera de las dos hechiceras de Asgard.
Sonrió complacida, pero enseguida fue al punto que yo había deseado evitar. "¿Pero qué hay de Sif, la guerrera? ¿Acaso estás con ella ahora? ¿Qué juego estás haciendo con esa mujer?
"Eso es algo que a ti no te interesa Amora." –le respondí con frialdad. "Necesito que hagas algo por mí, sé que puedes."
Ella fingió un mohín, complicada niña mimada, yo miré hacia arriba molesto y ella sonrió feliz de causarme esos dolores de cabeza. "¿Qué quieres jefe?"
Levanté las manos mostrándole las esposas. "Libérame."
"¿Y qué me darás a cambio?" –susurró, no había esperando nada menos de ella.
"¿Qué es lo que quieres?" –pregunté agotado.
"A ti, conmigo. ¿Acaso ya olvidaste como era antes? ¿Cuándo mi hermana no tenía esa poción en su cuerpo, cuando era yo la única a tu lado?" –susurró sonriendo.
"No puedo darte eso Amora, ni aunque pueda lo haré." –me estaba cansando del juego. "Además, tú sola metiste a Lorelei en el medio, sino hubieras sido tan tonta, tal vez sería como tú quieres. Ahora libérame."
Ella se resignó molesta y movió su mano, las esposas se abrieron de pronto cayendo al piso. Sonreí, había querido ser libre desde hacía muchos días. "Gracias, ahora puedes irte."
"¿Solo esto? ¿Me haces venir aquí solo para esto?" –preguntó enojada.
"No, por supuesto que no. Ahora que lo pienso necesito tu ayuda, vendrás conmigo a Midgard."
Horas más tarde había regresado a la celda, luego de haberme escapado para llevar a Amora a Midgard con el objetivo de que ella siguiera allí, lo que yo había comenzado. Por suerte me prometió que se iba a mantener alejada de Sif y de mí, aunque aún tenía que ocuparme de Lorelei y ella si no sería fácil de convencer.
Al entrar en la celda por medio de magia, vi a Sif allí, estaba mirando la copia de mi mismo que había dejado sobre la cama, con las esposas y el casco que me mantenían allí adentro. Lo había usado para que nadie levantara sospechas, pero jamás pensé que ella terminaría con su trabajo antes de lo normal.
"Sif yo…" –ella estaba llorando y no me había gustado lastimarla así.
Me miró furiosa. "¿Porqué lo hiciste?" –exigió saber.
"Debía hacerlo… te dije mi amor que tenía cosas que hacer fuera de aquí." –me acerqué a ella despacio.
"¿Qué crees que sucederá si tú padre lo descubre?" –preguntó aún malhumorada y la verdad la entendía. "¿Dónde estuviste?"
"Me importa my poco lo que ese viejo piense." –repliqué seriamente, odiaba hablar sobre Odin. "Fui a Midgard con Amora tenía cosas que hacer, pero volví, estoy aquí por ti."
"¿Con ella? ¿Te escapaste con ella?" –había un poco de recriminación en sus palabras, y yo sabía que ella estaba celosa de nuevo.
Me acerqué aún más hacia ella, y le acaricié el rostro, por primera vez podía acariciarla, aunque hubiera deseado que fuera dentro de otra situación. "Mi Sif no es lo que piensas. Tenía cosas que hacer, y no podía hacerlas desde aquí. Discúlpame por irme. Por favor Sif."
Ella suspiró y me abrazó y yo no dudé un segundo en abrazarla. "La próxima vez pueden atraparte, Loki, si eso sucede no creo que tú castigo sea una celda." –sonaba preocupada, pero yo no tenía intenciones de escaparme por ahora al menos.
"Nada va a suceder por ahora mi niña, no haré que te preocupes por mí. Anda ven, ponme las esposas de nuevo." –le susurré mientras seguía abrazándola con fuerza.
Sin decir nada ella envolvió sus brazos alrededor de mi cuello y me beso, sonreí y le devolví el beso apretando su cintura aún más, contra mí.
Tras varios besos, hice que mi clon desapareciera, así Sif y yo podíamos ocupar la cama.
Era libre por esa noche para hacer las travesuras que quisiera, y nadie sospecharía, pero preferí quedarme preso en sus brazos, amándola solo a ella.
