Capítulo 10 - Besos
Ya han pasado dos días desde aquel beso. Desde entonces no ha visto a Akane. Parece que se haya estado escondiendo de él, como si… Pero… a ella… a ella le gustó. "Seguro" piensa "¿Por qué si no iba a cogerme así?" recuerda la sensación al tenerla entre sus brazos, con los de ella alrededor de su cuello. "Akane…" suspira. Está en el mismo lugar donde la encontró aquella mañana, después del desayuno. Aquella misma noche, Shampoo acudió a su dormitorio y él… él no pudo rechazarla. Recuerda qué pasó aquella noche…
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Ranma observaba la chimenea vacía, viendo otra vez la nuca de su prometida cuando lo había apartado de sí. Oyendo otra vez aquellas palabras…
"Tendrás que conquistarme".
Realmente ella dijo eso. Quería que él la conquistara. Pero él, ante semejante petición, había perdido sus fuerzas. No sabía qué podía hacer. "Que la voy a conquistar" pensó en ese oscuro momento "¿Por qué tuve que decir aquello?" pensó apretando la mandíbula. "Nunca, nunca." Él nunca había 'conquistado' a una mujer. Simplemente, dejaba que cayeran rendidas a sus pies, sin tener que poner en práctica ninguna táctica especial. Siempre había sido así. Pero entonces comprendió que eso debía cambiar. Ya no podía sólo mirarla y esperar a que se rindiera. Akane era una chica orgullosa, y él debía hacer que fuera ella misma quien olvidara ese orgullo.
El hombre estaba sumido en esos pensamientos cuando por la puerta se escurrió una sombra, que se colocó delante de él. Ranma alzó la vista para encontrarse a una Shampoo vestida con sus mejores galas. Llevaba un vestido con poco vuelo, de falda y mangas rosa intenso y corsé azul oscuro, como la enagua que se podía ver por la abertura frontal. Artísticamente entremezclado con cintas, azules también, su pelo parecía un halo que rodeara su cara, ahora seductora y extrañamente brillante. El joven no pudo evitar fijarse en lo bien que el corsé resaltaba las curvas femeninas de su amante.
De golpe, cualquier pensamiento sobre su prometida, que dormía unas habitaciones más allá, fue borrado de su mente. Sólo existía Shampoo. Shampoo, con su traje rosa y azul. Se levantó, acercándose a ella. La besó en la boca, desahogando todo el ardor que sentía después de haber sido rechazado. Todavía con las bocas unidas, la hizo girar sobre sí misma y la acostó en la cama. Se preocupó sólo de desvestirla, para poseerla ansiosamente, sin preocuparse por ella. Cuando acabaron, él se levantó y salió afuera, a mirar el balcón a la derecha del suyo. Shampoo salió con él, y, envuelta en la sábana, se abrazó a él por detrás, apretando sus pechos contra su espalda. Oyó cómo le murmuraba algo, pero no pudo entender qué. Ranma sólo estaba interesado en ver salir a su prometida, como hacía todas las noches. Ni siquiera notó cuándo Shampoo se soltó de su espalda, se vistió y se fue. Él estaba esperándola. A su amada. Pero aquella noche no salió.
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El joven suspira, arrepintiéndose de la manera en que había tratado a Shampoo, de lo frío que había sido con ella. Pero a la exótica joven no parecía haberle importado, ya que había ido a su habitación la siguiente noche.
En otro lugar de la casa Saotome, ese mismo día.
- Ranko, estoy harta – declara una furiosa morena, con los brazos cruzados, mostrando en su cara el enojo.
- ¿De qué, mi querida Akane? – pregunta la interpelada con una dulce sonrisa.
- De… - "no puedo decírselo…" – de… - "tengo que hacerlo…" – de tu hermano.
- ¿De cuál?
La amiga se gira a mirarla, con cara de asesina, pero Ranko finge no haberla visto. Akane, chamuscada, se va. "Si Ranko no hubiera hecho ese comentario…" piensa. Tal vez entonces se lo habría contado. "Pero ha tenido que decirlo". Resopla, furibunda. Recuerda qué sucedió aquel día, después de que se besaran, ella huyó. No había otra palabra: ella huyó y se ha estado escondiendo en su cuarto desde entonces. Lo peor es que Ranko tuvo que irse aquel mismo día, el del beso, a visitar a una tía suya. Akane quiso acompañarla, pero ha tenido que permanecer en la casa Saotome. Hoy su mejor amiga ha vuelto, y aunque para todos la morena ha estado "acatarrada", ha intentado hablar con su amiga. Pero ha acabado mal. Parándose en seco, suspira. Eleva la mirada hacia el techo, como si ahí arriba estuvieran todas las respuestas a sus dudas no formuladas. Vuelve a suspirar, reanudando la marcha hacia su habitación, queriendo regresar a la casa de su padre.
Unos minutos más tarde, Akane está tumbada en su cama, mirando a través de los ventanales. Ahora se siente infinitamente más sola que antes, cuando, por lo menos, Ranko estaba con ella. Pero ha descubierto que Ranko, como hija mayor, tiene obligaciones en la finca, y no puede pasar el día entero con ella. Tiene ganas de llorar.
"Toc, toc" alguien llama a la puerta.
- Adelante – dice la joven, levantándose de la cama.
- ¡Hola! – exclama un sonriente Ryouga asomando la cabeza a la habitación.
- ¡Oh! Hola, Ryouga – sonríe Akane a su vez. Misteriosamente, verlo le alegra un poco.
- ¿Qué tal? – dice el joven castaño agitando la mano. – Vine para hablar contigo.
- Está bien, puedes pasar – dice la joven mientras señala el sofá salmón. Ella se acomoda en la cama, pues queda justo frente al sofá.
Por su parte, Ryouga no puede dejar de admirar la belleza de la mujer que tiene delante. La gracia con la que se mueve, lo hermosa que se ve con ese vestido rosado, de corte sencillo, pero de tela muy elaborada. Se arrepiente de haberse puesto sólo unos pantalones y una camisa; debería haberse puesto algo más elegante, acorde con la elegancia natural de su querida ninfa. Ella gira la cabeza por un momento y le sonríe, gesto ante el cual él baja la cabeza, notando cómo la sangre se amontona en sus mejillas. "Maldita sea¿por qué me tengo que poner así?" piensa molesto. Levantando la cabeza, ve a la joven sentada enfrente de él, en la cama. Siguiendo sus impulsos, se levanta y se arrodilla frente a ella, cogiéndola de las manos.
- Akane, yo… - titubea. No está seguro de qué decir. – Yo quiero decirte, que en el momento en que te vi me pareciste una ninfa, salida de las profundidades del bosque para seducirme y atrapar mi corazón. Después, me di cuenta de que así era – declara. – Realmente tú eres una ninfa mágica, que ha hechizado mi corazón.
Cuando acaba su pequeño discurso, el joven la mira directamente a los ojos. Desde su posición arrodillada, ve cómo ella baja la cara. Su pecho empieza a temblar, y una gota cae sobre la mano que aún sujeta las de ella.
- No… ¿Por qué lloras?
Como respuesta, la morena empieza a sollozar, sin poder evitarlo. Ryouga se levanta a toda prisa, para abrazarla y consolarla, pero pisa el bajo del vestido de ella, resbalando. Cae sobre ella, estirándola sin poder evitarlo sobre la cama, debajo de él. El castaño, apoyado en sus antebrazos, tiene debajo de sí a la que será la esposa de su hermano… y la mujer que él mismo ama. En los ojos de ella, húmedos por las lágrimas, ve la sorpresa de encontrarse ambos en esa posición. Ryouga, incapaz de contenerse, se lanza hacia abajo, dispuesto a besarla. Akane no hace nada para impedirlo, y sus labios se rozan, primero, para seguir profundizando el beso después.
"Con Ryouga es tan distinto…" Él también explora con su lengua, pero no lo hace sólo para su propia satisfacción: busca la respuesta de ella, quien acaba por ceder al beso. Se siente tan bien, teniendo a Ryouga sobre ella, besándola de esa manera… Él se separa de sus labios para continuar besando su cuello, esparciendo humedad a lo largo de todo él.
- R… - intenta decir Akane. Pero otra vez la boca del joven castaño la hace callar.
La joven siente las manos del hombre pasar por su cuerpo, buscando una manera de tocar su piel. Entonces separa su cabeza de la de él y lo empuja por los hombros.
- Ryouga, no. No – lo empuja más, - ya está bien.
Al final, se separan, y él se la queda mirando fijamente, con mirada tierna, incomodándola. Unos nuevos golpes en la puerta interrumpen la escena. Antes de que Akane pueda levantarse a abrir, Ranko irrumpe en la habitación. Durante unos segundos, se da cuenta del color rojo brillante que han adquirido las caras de su mejor amiga y su hermano pequeño, y de la notable fiebre de este último. Antes de que pueda hacer ningún comentario, Ryouga se escabulle por detrás de ella, desapareciendo rápidamente de su vista. La pelirroja simplemente se encoje de hombros.
- Ejem – carraspea. – Vengo a disculparme, por lo de antes – dice agachando la cabeza. – Sé que no tendría que haber preguntado eso, y que te molesta mucho que lo haya hecho, por eso lo siento. Y como excusa – añade – tengo que decir que mi tía es una vieja que tiene la casa llena de gatos, y que he pasado dos días viendo retratos viejos y oyendo batallitas de juventud.
Esto último hace reír a Akane, quien no puede evitar soltar una risita nerviosa, en parte por el chiste de Ranko, y en parte por lo que acaba de suceder.
- Amigas – contesta la morena a la pregunta no formulada, abrazando a la pelirroja.
- Te he echado de menos – dice esta última. – Después de pasar casi una semana seguida contigo, pasar dos días con aquella bruja se me ha hecho eterno.
Y ahora¿no tenías algo que contarme? – pregunta la pelirroja, recordando que Akane quería hablarle de su hermano.
- Pues… sí – contesta. – Pero no sé si es lo correcto.
- Va, que es mi hermano. No te preocupes: si se pasa, usaré el látigo – añade guiñando un ojo con gesto travieso.
La morena respira hondo y se sienta. Respira hondo de nuevo y junta las manos sobre el regazo, donde comienza a retorcerlas.
- Verás – empieza – tu hermano… me besó. Hace dos días, justo antes de que te fueras – le lanza una mirada de soslayo a Ranko. – Pero, Ranko, a mí me gustaría saber si de verdad me ama… Porque… Dime, si me amara¿tendría él una amante?
La joven pelirroja no sabe qué responder ante semejante pregunta. "¿Tendría él una amante?"
- Yo también me lo pregunto, Akane.
Ante esta respuesta, la morena siente ganas de llorar, pues ella le entregaría todo su ser, pero parece que él no está dispuesto ni a aceptar sus sentimientos. "Si no¿por qué tiene una amante?" Nota la mano de Ranko en su mejilla.
- No llores – le dice. Con los dedos, seca las lágrimas que caen, sin que pueda evitarlo. – No llores – repite, abrazándola.
Ante esto, Akane comienza a sollozar, abrazándose fuertemente a su amiga. Su único soporte.
- ¿Qué pasa aquí?
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Bueno, hasta aquí este capi. Espero lo hayan disfrutado
Se despide una estresada y falta de tiempo YoKo
Matta Ne!
