Descargo de responsabilidad: Hunter x Hunter no me pertenece al igual que sus personajes y demás relacionado con la serie.
Lo escrito entre los asteriscos (*) lo saque del manga: Hunter x Hunter Kurapika Tsuioku-Hen, asi que ese fragmento no me pertenece.
Nota de la autora: Hola a todas! estoy de regreso! -la vaga se fue de vacaciones- am bueno espero que les guste este nuevo capitulo, a decir verdad ya no me quedan muchos capitulos para esta historia, pero aun asi espero que les haya gustado. Saludos!
Capítulo 10: Perder el camino
-¡¿Pairo?!- repitió Kurapika sorprendido, Pairo estaba vivo. Pairo se acercó unos pasos a Kurapika y lo abrazó- ¿Cómo...? Yo pensé que estabas muerto.
Pairo se separó de su amigo y le dio una sonrisa triste.
-Es una larga historia.
-Será mejor que tomes asiento- le pidió el doctor Paul- hay algo importante que debes saber.
Muchos años atrás...
-¡Por favor hermano!- le dijo Sheila- eres el mejor doctor que conozco y este chico de verdad necesita tu ayuda, sé que tú puedes curarlo.
Su hermano permaneció en silencio un momento, pensando.
-Por mí no hay problema, lo atendería incluso gratis- Sheila sonrió ante las palabras de su hermano.
-El problema es que el chico vive en una tribu, y esas tribus suelen ser agresivas con personas del exterior y no puedo culparlas por ello.
-Es verdad- suspiro Sheila- bueno, no perdemos nada con intentar.
-Sí, sólo nuestras vidas.
-No seas pesimista hermano- le regañó, mientras ponía sus manos sobre sus caderas- ¿Entonces vamos o no?
Paul se lo pensó por un momento y después asintió.
Desde qué Sheila había regresado de uno de sus viajes y haber conocido a dos niños de una tribu, había estado rogándole a su hermano que curara a uno de ellos. Paul no había aceptado, ya que aún no se sentía capaz de hacerlo; pero al ver la confianza que le tenía su hermana, no pudo negarse.
Paul se despidió de su esposa y dos hijas, Sara y Pauline. Y fue con Sheila hasta la tribu Kuruta.
-Lo siento- dijo a la pareja- pero no puedo arriesgarme de esa manera. No los conozco y ustedes podrían intentar vender a Pairo como un objeto viviente o usarlo para extrañas investigaciones...
-¡no lo haremos!- interrumpió Sheila- Quiero ayudar a Pairo, porque quiero que su sueño de ver el mundo se cumpla- dijo mirando con decisión al jefe de la tribu.
Ya habían pasado varios días desde que habían llegado a la tribu, pero parecía que sus esfuerzos con el jefe de la tribu eran en vano. Era muy terco y testarudo.
Sin más opción, Sheila se arrodilló y se inclinó ante él- por favor, se lo ruego deje que Pairo venga con nosotros.
El jefe observó a la joven, sin revelar una pisca de sus pensamientos.
-Este asunto, no es de su incumbencia. Por favor váyanse y no regresen- pidió el anciano por décima vez.
-Anciano- le dijo Pairo con respeto - por favor, déjeme ir con ellos.
El hombre mayor lo miro por unos momentos, dándose cuenta que sería inútil convencerlo de no ir. Era la primera vez que veía esa mirada feroz en su rostro, un rostro que claramente decía que iría incluso sin su permiso.
-Está Bien- aceptó- pero con una condición- dijo mirando a la pareja de hermanos- les pondré una maldición, si llegan a revelar la ubicación de la tribu o si usan a Pairo con otros propósitos, la persona más importante para ustedes morirá. También deben mantenerse en contrato conmigo y regresar a la tribu con Pairo cada cierto tiempo. ¿Entendido?
Ambos aceptaron las condiciones del anciano. El hombre mayor, se acercó a ellos y diciendo palabras extrañas para ellos, dibujó un símbolo en la palma de sus manos.
A los pocos minutos, el símbolo desapareció.
El doctor Paul no parecía preocupado de la supuesta "maldición", ya que no creía en esas tonterías; aun así lo hizo ya que con eso el anciano estaría más tranquilo y podrían llevarse a Pairo.
Ambos regresaron a la ciudad donde trabajaba el doctor Paul, para así curar a Pairo.
-Cariño, Kuroro ha venido a verte- le dijo su esposa al otro lado de la puerta.
Habían pasado dos semanas desde que habían regresado y el doctor había operado exitosamente a Pairo. Había realizado un trasplante de córnea, sus ojos ya no podrían tornarse rojos como los de sus compañeros, pero podría ver. Así que en ese momento, estaba haciendo algunas revisiones al chico.
-Dile que pase- pidió el doctor, terminando de vendar los ojos del chico- si seguimos cuidándolos como ahora, pronto veras de nuevo- Pairo sonrió y después salió con la esposa del doctor Paul.
Kuroro le hecho una mirada al chico y supo al instante que pertenecía a la tribu Kuruta.
-Así que has estado en la tribu Kuruta- mencionó
-¿Tribu qué?- preguntó fingiendo ignorancia- no sé a qué te refieres, he estado en esta ciudad todo el tiempo.
-No me mientas- le advirtió Kuroro.
-No te miento- mintió
-Quiero ir a esa tribu- continuó conversando Kuroro.
-¿Para qué?
Cuatro semanas después, salió la noticia de la masacre de la tribu Kuruta:
*El descubrimiento fue hecho por una viajera que se perdió en el bosque. Todos los 128 aldeanos habían sido asesinados...
Los integrantes Familiares habían sido encarados mutuamente, y habían sido apuñalados, pero estaban todavía vivos antes de ser decapitados...
A todos los integrantes de sangre pura del clan les habían extraído sus ojos...
Se dice que los ojos de color escarlata de los Kuruta... Dominaban absolutamente los precios en el mercado negro...
Había muchas heridas despiadadas en los cuerpos de los niños también, y se piensa que los culpables lo hicieron así para incitar que los ojos de sus padres se tienen del más brillante matiz rojo...
Verdad de los cuerpos masacrados, un mensaje que se cree de los culpables fue encontrado:
"No desechamos a nadie, así es que no tomen nada de nosotros"*
El doctor Paul leyó y releyó la noticia una y otra vez, en verdad lo había hecho. Kuroro los había asesinado.
Justo en ese momento la puerta de su oficina se abrió de par en par, dando paso a un chico castaño que estaba llorando y le seguía la esposa del doctor Paul, preocupada por el chico.
-¡La tribu fue atacada!- dijo al doctor y éste desvió sus ojos, no podía mirarlo- Fuiste tú- dijo casi sin aliento- ¡Tú nos delataste!
-Pairo- le dijo la esposa del doctor- esto debe ser un error, el nunca haría algo así. ¿Verdad Paul?- miro con esperanza a su esposo, esperando a que lo negara.
Paul cerró sus ojos, sin poder mirar la expresión de decepción que le daría su esposa.
-Lo hice- dijo- yo fui quien revelo su ubicación.
-No- Ana se cubrió la boca con sorpresa y lágrimas comenzaron a caer de sus ojos- no es verdad...
Pairo estaba furioso, toda su familia, amigos, todos murieron:- ¡Eres un monstruo! - le gritó con ira y lágrimas en sus ojos- ¡Un monstruo! ¡¿Cómo pudiste traicionarnos?!...
-Los dejaste morir- susurró con horror su esposa.
-No cumpliste con tu palabra- le recriminó Pairo-¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?
-Todo es tu culpa- volvió a susurrar su esposa, sin creer que todo esto estaba pasando. ¿Dónde estaba su esposo? El que siempre había que ido salvar vidas, ¿dónde?- Asesino…
.
Sheila lloraba desconsoladamente en su habitación, ¿por qué siempre que trataba de ayudar, terminaba empeorando las cosas?
-Lo siento, Kurapika... Pairo- susurro sus nombres, a pesar de que no estaban ahí...
-Lo siento mucho, Dan- dijo al cuerpo sin vida de su prometido, quien tenía un extraño símbolo en la palma de su mano.
Pairo se fue a vivir con Sheila, y juntos buscaron otro doctor que continuará con el tratamiento de Pairo.
Desde entonces no había vuelto a ver a Pairo.
Su esposa no le perdonó lo que hizo, aún seguía amándolo, pero ya no tanto como antes.
El peso de su culpa no le permitía dormir, y sentía que de verdad cargaba con una maldición. De hecho esperaba que cualquier día de su vida, despertaría y su esposa o alguna de sus hijas moriría. No fue así, al menos no tan pronto como con Sheila.
Cuando finalmente había conciliado el sueño y las cosas mejoraban con su esposa y la llegada de una nueva niña a la familia había sido como una bendición, fue cuando perdió a su esposa.
Al principio creyó que la causa, había sido el nacimiento de su hija. Sin embargo cuando hizo la autopsia, supo que no fue así.
Reconoció el mismo símbolo que había dibujado el anciano en la palma de su mano, años atrás; ahora en la palma de la mano de su esposa.
Por mucho tiempo se aferró a la sensación del alcohol. No se atrevía a ver a sus hijas -quiénes habían perdido a una madre por su culpa- y mucho menos a su hermana y Pairo a quienes les había causado el mismo dolor y sufrimiento.
El alcohol lo adormecía y le daba un sentimiento de seguridad falsa.
Si sobrevivió a aquellos difíciles tiempos, fue por su hija Sara.
Se había vuelto una chica fuerte, madura e independiente. Fue ella quien le ayudo a salir de su depresión.
-Padre- dijo harta de su comportamiento y mientras tiraba por el fregadero todo el alcohol- no sé por qué haces esto, no se sí es un intento estúpido por estar con mamá... Pero tienes que dejar ir todo eso, si de verdad sientes tanta culpa, paga tu deuda salvando la vida de las personas y viviendo por mamá... Eres un gran doctor y es una lástima que desperdicies tu talento de manera tan lamentable- le dijo con rudeza y claridad - lo que hago, lo hago por tu bien- repitió dándole una bofetada.
Eso había dicho en aquella época y eso, eso le abrió los ojos. No podía seguir ocultándose.
También en parte fue gracias a An, quien le recordó la dicha de tener una nueva vida entre sus brazos. Una vida que necesitaba de su cariño y cuidados.
Aun así, le tomó tiempo superar su adicción al alcohol; pero gracias a su fuerza de voluntad y su deseo de ser un buen padre para sus hijas, logró vencer su mal.
Aún tenía algunos ataques de ansiedad, algo muy común después de depender tanto del alcohol. Sin embargo, poca a poco recuperó el control de su vida.
Pairo vivió con Sheila y aunque ella no fuese la causa directa de la muerte de su tribu, estaba molesto con ella y más con su hermano.
De igual forma, los primeros años de su tratamiento habían sido duros. Muchas veces pensó en abandonar, ya no tenía caso.
-Recuerda que aún cabe la posibilidad de que Kurapika siga vivo- le recordaba Sheila- y si es el caso, aún podrán ir a ver el mundo, viajar y cumplir el sueño que tenían juntos.
Eso le daba esperanzas a Pairo, y se sorprendió mucho cuando años después encontró a Kurapika.
Sheila y él habían planeado darle la sorpresa, ya que sabían que él pensaría que Pairo estaba muerto.
El accidente ocurrió y ambos pensaron que lo mejor, sería borrar sus recuerdos. Para que pudiera vivir una vida feliz sin ellos, ya que Pairo comprendía la clase de tortura que sería para Kurapika.
Él había aprendido a dejar ir todo ese dolor y sufrimiento con el tiempo y los cuidados de Sheila, pero conocía lo terco y rencoroso que podía ser, y dado que habían escuchado rumores de que buscaba capturar al Genei Ryodan, pensaban que era lo mejor, aunque al final terminarán causando todo el lío en que se metió.
-Y esa es la historia- término de relatar Pairo.
Kurapika se quedó mudo por unos momentos, procesando toda la información.
-Aun no entiendo, ¿Por qué nos delató?- le preguntó el Rubio al doctor Paul, había vivido lo suficiente en su casa como para saber que no era del tipo de persona que delataba a alguien sino era por una buena razón.
-Se lo que piensas, pero te equivocas. Yo también fui joven y cometí errores estúpidos. Errores que le costaron la vida a una tribu entera- empezó a explicar- estoy seguro que conoces los dos tipos de doctores que existen, aquellos que buscan salvar vidas y aquellos que buscan reconocimiento y gloria por su trabajo. Lamento decir que en el pasado fui del segundo tipo. Podría decirte que Kuroro me indujo, pero al final la decisión fue mía. Entregue a tu tribu, por deseos egoístas. Es la única explicación que puedo darte- le dijo el médico, sin parpadear ni huir de la mirada de los dos jóvenes. Sabiendo, que se ganaría su rencor y odio, pero al mismo tiempo sabiendo que lo merecía.
Kurapika los miraba a los tres, había ira, nostalgia, dolor, tristeza, felicidad y otras tantas emociones reflejadas en sus ojos.
Una cosa tenía segura y era que no quería ver a ninguno de los tres en ese momento, en especial a Paul.
Se levantó sin decir nada y salió de la habitación.
Continuará...
