Capítulo 11: Presentaciones
El desierto de la muerte era uno de los lugares más insoportable en cuanto a calor se refiere y en los que la vida, sea o no humana, no se podía sostener. En medio de todo, dentro de un oasis se hallaba el reino de la arena, donde las tormentas de arena eran pan de cada día. Como cada año Rasa, el rey de la arena organizaba un torneo para dar gloria a la abundancia, una festividad significativa más que todo en donde se honraba a los dioses y se les pedía que glorifiquen el año con abundante agua y alimento, para ello el pozo principal de la capital se mantenía tapado durante meses, en los que había sequia mayormente y se destapaba únicamente el día central del evento, donde Kankuro, el heredero al trono hundía un balde y luego lo recogía, si el balde subía vacío era un mal año y la muerte asecharía el reino, si subía lleno iniciaba la semana de júbilo. Para ello los reyes de los 5 reinos eran invitados así como también los nuevos reyes, incluyendo al reino del fuego. Fugaku Uchiha no creía en ese tipo de eventos, sin embargo mantenía las relaciones cordiales.
Ese año llevó consigo a Sasuke, su último hijo para que le hiciera compañía y sea conocido por todos, mientras que Itachi se quedaba en su reino gobernando apoyado de su consejo y claro estaba su madre, a la ausencia de su padre. Sasuke solo tenía 7 años, los suficientes para entender lo que movía el mundo que lo rodeaba.
- Mira Sasuke – el niño de los ojos oscuros volteó a ver a su padre sentado en una de las mesas junto a otros hombres - ¿ves a esa niña que juega por allá? – los ojos del pelinegro voltearon a ver a la rubia de dos coletas que parecía disfrutar de las escondidas con sus damas y otros niños invitados. Era la princesa de la Arena, por lo que recordaba, Temari. – será tu prometida.
Sasuke arrugó la nariz. ¿Prometida? Él ni siquiera pensaba en eso. Cuando quiso responder a su padre otro de los adultos sentados en la mesa ya había captado su atención, por lo que su presencia ya no tenía sentido en ese momento. Se preguntó si su padre lo hubiera ignorado si en su lugar hubiera estado Itachi, la respuesta sería un rotundo no. Se alejó del sitio y recorrió el lugar, era una mañana demasiado calurosa, no podía soportarla. Él estaba acostumbrado al frio, al hielo, no a ese infierno. Miró al grupo de niños jugar desde un árbol, todos bien vestidos, con sus criadas al pendiente. En su reino no pasaban esas cosas, si, él era un príncipe pero en general las personas eran humildes, en el sentido que nadie ostentaba nada si no todos se trataban de igual. Su reino era conocido por ser trabajador y nunca esperar a ser servidos. Miró bien a los niños, no encajaría en ese grupo. Dio la vuelta y se sumergió en uno de los jardines, aparentemente solo, en el suelo un palo había caído de un árbol y el muchacho se agachó a recogerlo. Una idea vino a su mente y lo alzó al aire y jugó con él a modo de espada.
- ¡Alto ahí bandido! – pronunció al ver aparecer un ciervo corriendo tras los árboles – ¡no escaparás de mi furia!
- ¿con quién estás hablando? – dio un giro asustado al oír la voz de alguien tras él. Al voltear los claros ojos de un castaño lo veían con suficiencia. A su lado lo acompañaba otro grupo donde distinguió al príncipe Kankuro.
- Alteza – dio una leve reverencia el niño – Hola.
- ¿Qué estás haciendo? – insistió descortésmente el castaño - ¿a qué juegas?
- Soy un espadachín – respondió, tras una breve pausa recogió un par más de palos y se los ofreció a los chicos - ¿juegan?
- ¿Qué edad crees que tenemos? – respondió arrugando el entrecejo. Lentamente el pelinegro bajó los objetos al verse rechazado - nosotros ya no jugamos con palitos.
- Oh… yo tampoco lo hago – se defendió rápidamente – Itachi me está enseñando a usar los Shurikens.
- ¿Itachi? – habló por fin el anfitrión – ¿el heredero Uchiha?
- Sí, es mi hermano – sonrió orgulloso, como siempre lo estuvo de él.
- ¿heredero? – volteó a mirar el ojiluna al príncipe Kankuro – no sabía que tenían reino – ambos rieron.
- El reino del fuego – continuó con la burla el castaño.
- Oh… ¿ese pueblo ya es considerado reino?
- ¡Claro que lo es, y mi padre es el rey del fuego! – soltó enfadado el Uchiha apuntando al muchacho del cabello largo con su palo, ese par de bobos se estaban burlando de él y no iba a permitirlo.
- Cuidado con eso chico, podrías herirnos – se burló Kankuro.
- Está bien, ya déjalo – le respondió el ojiluna – que siga practicando con su espada, de todos modos es lo mejor que podrá llegar a ser, un soldado.
- ¿a qué te refieres? – con su otra mano formó un puño junto a su cuerpo, nunca antes lo habían humillado, aunque para el ser un soldado no era nada malo, lo malo era la forma en que se estaban mofando.
- ¿no dices que eres el hermano de Itachi? Si es que el gran príncipe llega a convertirse en rey tú solo serás el hermano, es todo, por ello deber seguir entrenando -
- ¿Por qué te burlas de él?, ¡Itachi si será rey algún día y yo estaré junto a él apoyándolo!
- Claro, como digas chico – ambos se miraron y rieron.
- ¿Acaso tú eres alguien importante? Solo eres el amigo de un príncipe, es todo – le reclamó enfadado el pelinegro.
- Yo soy Neji Hyuga – le respondió altanero. El Uchiha levantó una ceja, no tenía idea de quien era, algo que no pasó por alto para el castaño – del reino de la Hoja.
- La heredera del reino de la hoja es una mujer por lo que yo sé, no un hombre así que no te creas – le respondió con la frente en alto.
- Sí, es mi prima y yo seré su futuro esposo, así que ten cuidado porque estás hablándole a un futuro rey.
- ¿Así? Pues yo me casaré con Temari
- ¿y quién te dijo eso? – habló confundido Kankuro, él no sabía de eso.
- Mi padre – Sasuke se sentía en la gloria con su respuesta, había conseguido que el príncipe de la arena lo mirara peocupado.
- Si pero ella solo es la princesa, no es la heredera, Kankuro lo es así que no significa nada. No me sorprende que tu padre desee trazar alianzas, es lo que hacen para poder ascender en este mundo, aunque todos saben lo que realmente son.
- Y además yo no permitiré que mi hermana se case con un don nadie – la mandíbula de Sasuke tembló, estaba a punto de saltar sobre ambos y darles su merecido, nadie se burlaba de él ni mucho menos de su reino.
- No te aflijas Uchiha – la sonrisa maliciosa en los ojos lunas del Hyuga solo incrementaban su ira, nunca antes había conocido a un ser más pedante que ese niño – yo veré como apoyarte cuando sea rey, algo me dice que necesitarás mi ayuda, espero acordarme.
- Pues ya veremos si llegas a serlo… - le respondió en un susurro. El ojiluna no podía permitir que ese don nadie le respondiera de esa forma y mucho menos delante de alguien como Kankuro, por lo que sin pensarlo extendió sus brazos sobre el cuerpo del pelinegro y empujó con fuerza al suelo de arena. El Uchiha cayó sobre sus codos lastimándoselos.
- ¡Ayyy! – ambos codos le ardían y podía sentir como una hilera de sangre ya abría paso sobre su piel al suelo. Apoderado completamente de ira estaba a nada de lanzarse sobre él y romperle los dientes al ver como disfrutaba con su sufrimiento, ya estaba a punto de hacerlo cuando la voz de su padre lo interrumpió los pensamientos.
- Sasuke – habló sereno como siempre – vamos – Sasuke ni siquiera volteó a mirarlo, lo había reconocido. Sus ojos se centraban en los cristalinos del Hyuga que lo retaban a desafiarlo.
- Vamos hijo – suspiró impotente al sentir la presencia de otros adultos, no quería dejar mal a su padre si se propasaba con los dos chicos, no sería correcto, por lo que de mala gana se puso de pie escondiendo sus codos.
- Si Sasuke, hazle caso al rey del fuego – se mofó con malicia al pasar por su lado, y desaparecer de la escena, tan silencioso como había llegado, junto al príncipe y los demás chicos. Sasuke llegó hasta su padre que lo miraba con su peculiar modo calmado, y luego de acariciarle la cabeza se dirigió delante de él a su mesa. No le dijo nada, ni su padre preguntó algo. Sasuke buscó con la mirada al muchacho que lo había humillado mientras en su mente odiaba haber aceptado acompañar a su padre y no quedarse en su tierra, donde era bien tratado y donde no existía ese tipo de gente. Jamás olvidaría a ese chico, el Hyuga ni su reino de la Hoja.
Aturdido el Uchiha salió del convento a tomar aire. Sin duda alguna esa muchachita le había irritado por su forma de responderle. Definitivamente sabía quién era, era una Hyuga y eso explicaba su personalidad arrogante. Hace años que no trataba con un Hyuga, pero había tratado con los suficientes para saber cómo era ese clan, como se creían los dueños del mundo. No se explicaba como su padre podía dar asilo a una Hyuga, ni que trato podía haber a cambio. A su mala hora había aceptado esa tarea.
- ¿Y la doncella? – gritó Naruto al ver a Sasuke salir solo. El pelinegro solo lo miró con mala cara y siguió de largo. El rubio volteó los ojos y tras darle una indicación a Gaara bajó de su caballo en busca de su amigo.
Enfadada Hinata tiró la puerta cuando entró a la alcoba donde las chicas ordenaban lo que faltaba. Asustadas voltearon a verla y la interrogaron por lo que había pasado.
- ¿paso algo malo? – preguntó preocupada Malika al verla hablar sola.
- ¿Qué? No
- Pareces una loca – se burló Hanabi – en fin ¿ya nos vamos?
- No, no nos iremos a ningún lado. El rey del fuego no ha venido así que no nos moveremos si el no viene a vernos.
- ¿entonces quien está abajo?
- Un hombre que dice fue enviado por Fugaku.
- ¡Tenga cuidado majestad, puede ser una trampa! – advirtió Malika desconfiada.
- Lo mismo digo, además, por lo dioses no conocí al hombre más maleducado.
- ¿te hizo algo?
- No pero si me dijo cosas fue de lugar, si lo hubieran escuchado – se sentó furiosa sobre una de las camas - ¿Pueden creer que me dijo que era una engreída?
La castaña y la criada se quedaron mirando esquivando la pregunta, generando más molestia en la peliazul.
- ¡No soy una engreída! – les contestó Hinata ante su gesto – No lo soy...
- Si claro – volteó los ojos Hanabi. Era cierto, Hinata no era una muchacha engreída ni caprichosa, el problema era que siempre hicieron todo por ella, después de eso siempre fue humilde con los que la rodeaban.
- ¡No lo soy Hanabi! – le arrojó una prenda que había cerca.
- Ya tranquila chica, solo te molestaba, además si sabes que no lo eres porqué te enfadas tanto. Y ahora ¿Cómo se supone que iremos al palacio de Fugaku?
- Enviaremos una carta…
En ese momento la puerta de la habitación se abrió para dar paso a una sacerdotisa que fue a ver al grupo de chicas.
- Señoritas - habló la mujer - ¿sucedió algo malo?
- Hinata no confía en aquel joven – habló rápido Hanabi ganándose una mirada de atención por parte de Malika
- Sucede que la princesa desea ver al rey Uchiha, usted sabela situación que atraviesan los Hyuga y no quisiera ir a la boca del enemigo.
- Pero claro que es alguien de confianza – sonrió la sacerdotisa – usted habló con Sasuke Uchiha, el menor hijo de Fugaku, lo que pasa es que el rey estaba ocupado y envió a su hijo y por tanto persona de mayor confianza para que la escoltara, hay una decena de guardias afuera para su seguridad, no debe preocuparse.
En ese momento el corazón de Hinata latió con fuerza y sus mejillas se enrojecieron. Que tonta había sido, había ordenado al príncipe del Fuego que le llevara las maletas como si de un criado se tratase y lo había amenazado con contarle de su comportamiento al mismo rey. Que mala impresión se ha de haber llevado el chico, el heredero. Por otro lado Sasuke no había actuado de la mejor forma al hablarle de esa manera ya que fue el quien prácticamente la obligó a decir todo ello ya que se sintió humillada con sus palabras, aunque tal vez haya exagerado las cosas…
- Por los dioses – se puso de pie y caminó lentamente a la ventana - ¿el hijo de Fugaku Uchiha?
- Así es, ¿sucedió algo? – pregunto curiosa
- No, no es nada madame, descuide en breve bajaremos nuestro equipaje.
La mujer quedó confundida ante la respuesta y actuar de la Hyuga, pero luego de ver que el resto retomaba su papel inicial se retiró del sitio.
- No lo puedo creer… - se rió Hanabi – dime todo lo que hablaron el príncipe y tu…
- Nada importante… - evadió Hinata
- ¿No dices que te tomó por engreída? Algo debe haber pasado…
- Hanabi ya deja en paz a Hinata – como siempre puso orden Malika - alteza siéntese y contrólese – la invitó a sentarse junto a ella – y díganos que pasó ahí abajo… - en definitiva ella también quería saberlo.
Lady Tsunade se encontraba en la puerta esperando que Hinata y compañía bajara, alrededor en los pasillos las demás jovencitas se permitieron observar la caravana y admirar la belleza de los jóvenes.
- ¿ya está bajando? – preguntó Gaara a la espera de Hinata y de Naruto y Sasuke – no deseamos hacernos tan tarde.
- Descuida, ya envié a alguien para que las apure. Este equipaje es de ellas por si desea ayudarlas. –
- ¿Ayudarlas? - el pelirrojo notó que había incluido a más de una persona la sacerdotisa.
- Así es, la acompaña su hermana y criada - ¿criada? Debía ser una damisela muy noble para haber ingresado a un convento acompañada de una criada. Naruto no le contó toda la historia, pero ya se enteraría luego. Prefirió tomar la pequeña maleta y salir al exterior a esperar a los chicos y comentarles que más de una persona les acompañaría.
Por las escaleras Malika ayudaba a bajar el equipaje de Hanabi quien miraba como las demás chicas las observaban en silencio, y el suyo que habían quedado en la alcoba. Delante Hinata contaba los pasos a la vez que se sonrojaba deseando no cruzarse con el Uchiha, había repasado en su mente las disculpas que le daría cuando lo vea.
- ¿Mi maleta? – preguntó a la superior al fijarse que ya no estaba.
- Ya se la ha llevado el muchacho, descuida – un leve sonrojo se instaló en sus mejillas. Sasuke finalmente había cedido en ayudarla, lo había hecho tal vez arrepentido por sus palabras. Recordó agradecérselo cuando lo vea.
- Oh… de acuerdo…
- Ya las están esperando afuera.
- Es el momento de la despedida – bromeó la princesa. Tsunade era una mujer casi siempre seria a pesar de haberle demostrad ya que no era mala persona. Le tenía cierto miedo.
- Es cierto – fue todo lo que dijo.
- Quiero agradecerle por el apoyo que nos ha dado cuando se enteró de quienes éramos, por no habernos echado ni enfadado por haber sostenido esta mentira por tantos meses.
- Descuida, no es para tanto, el destino las trajo a las puertas de mis conventos, soy una mujer creyente y sé que las cosas solo pasan por algo, los dioses recompensarán nuestras acciones y alumbrarán su camino, a ellos les deben todo.
- Es cierto – repitió de nuevo – de todos modos gracias por todo.
- De nada – sonrió rara vez la rubia.
- ¡Hinata! – la mencionada volteó a ver entre la multitud de chicas a la castaña de las coletas correr a su encuentro. Sonrió emocionada y a la vez triste de tener que despedirse de su querida amiga.
- Estaba trabajando, pero al ser quien es para ti le dimos la última hora libre, las dejo para que puedan despedirse – se retiró la sacerdotisa mirando a Hinata y luego a las otras dos chicas – buen viaje – y así de lenta y silenciosamente como siempre andaba, se retiró para siempre.
- Hinata – se acercó a ella para abrazarla.
- Tenten… - correspondió al abrazo de la castaña – te voy a extrañar tanto.
- Igual yo - la miró a los ojos – ha sido poco tiempo pero te he considerado una gran amiga, como si te conociera de siempre.
- Ha sido el suficiente para saber lo increíble que eres – le respondió la ojiluna. Una lágrima traicionera recorrió su nívea mejilla, al igual que en la castaña.
- Promete que volveremos a vernos, aunque sea en muchos años, y me reconocerás aunque estés sentada sobre tu trono y me darás un gran abrazo.
- Aunque sea anciana y tenga nietos cuando te vea, con el cabello blanco sabré que eres tu Tenten – se fundieron en un fuerte abrazo.
- Deseo que puedas ser feliz y que tu reino encuentre la paz que necesita, y que las personas malas se alejen de ti y que seas fuerte –
- Gracias – fue lo único que pudo decir al sentir su garganta y voz quebrase.
- Que tengas un bonito viaje Hinata – le sonrió por última vez
- Sí, estamos aquí de igual forma – bromeó Hanabi captando la atención de la castaña. Ambas chicas rieron, Hanabi nunca cambiaba.
- Te vi princesita – bromeó Tenten acercándose a la adolescente – a ti también te extrañaré, está más que claro – se unieron en un abrazo – quien me hará reír por las noches con sus ocurrencias, estaré sola en este sitio.
- Soy genial lo sé – la abrazó nuevamente. No entendía porque su voz se quebraba, ella era una chica fuerte. Debía admitir que a pesar de todo, junto a la castaña había pasado grandes momentos en aquel sitio, aquel lúgubre y maldito sitio.
- Y a ti – se acercó a Malika que también estaba nostálgica – a pesar que hablamos poco, siempre estuviste presente y te he agarrado mucho cariño, seas lo que seas eres una gran persona para mi e importante, cuídate y cuida de las chicas, las tres lo necesitan.
- Gracias – le respondió emocionada –
- en serio las extrañaré demasiado, pero vamos, veámosle el lado bueno de las cosas, ahora soy popular aquí ¿no? – las tres no pudieron contener una gran carcajada.
- Es cierto – habló Hinata – aprovéchalo mientras dure.
- Y conviértete en una loca sacerdotisa – finalizó la más pequeña.
- A la orden – se inclinó a modo de broma Tenten, común nuevo abrazo se dieron la final despedida.
- Cuídate mucho ¿de acuerdo? – le repitió a Hinata en el oído antes de retirarse por orden de las sacerdotisas – y no permitas nunca que alguien te pisotee, recuerda quien eres y siempre con la frente en alto.
La castaña se alejó de ellas y se sumó a las chicas que las veían desde las escaleras, algunas ya las despedían como si de estrellas se tratasen, otras solo veían todo en silencio. El trio siguió su camino hacia la puerta hasta ser interceptadas nuevamente por otra chica, esta vez Hinata la reconoció como Ayame, su amiga cocinera.
- Hinata - la saludó al verla. Aun llevaba puesto el largo mandil y el gorro después de haber preparado la cena, salió cuanto antes pudo para despedirse – ¿no te irás sin despedirte de mí? Alteza – dijo dando una leve reverencia
- ¡Ayame! – se acercó a ella.
- No tienes idea de lo triste que estoy de saber que te irás, y de lo sorprendida al saber quién eras, pero si eres una princesa, ¿por qué no me lo dijiste?
- Lo siento tanto, era por mi seguridad y la de mi familia, nunca fue mi real intención hacerlo, además tal como fui contigo soy siempre, nunca he fingido algo fuera de eso.
- Está bien, te creo – sonrió la cocinera al ver su gesto de preocupación – de todas formas este no era un sitio para ti, no para alguien noble.
- No digas eso…
- Vamos con lo que sufriste para adaptarte
- Pero no vas a negar que hice bien mi trabajo los últimos meses, todo quedo siempre reluciente.
- En eso te apoyo – tras un breve silencio se abrazaron, ya no sabían que más decir para ocultar la tristeza de la marcha.
- Prometo que cuando llegue le hablaré a tu padre de ti, él sabrá que estas bien y que lo extrañas mucho, y si es posible haré que te saquen.
- En serio Hinata no sabría cómo agradecértelo, aunque ahora que Ruenna y sus chicas están fuera no sé cómo será el nuevo ambiente, espero que sea ameno, creo que si podré sobrevivir un par de años más como lo hice los últimos. Solo quiero que mi padre sepa que lo amo y que lo extraño.
- Ten por seguro que le daré tu mensaje.
- Gracias – derramó una gorda lágrima, al saber que estaría sola de nuevo en las cocinas y al recordar a su querido padre Teuchi.
- Lamento interrumpirlas niñas, pero los soldados esperan afuera y ya es muy tarde, las señoritas deben ir a sus alcobas. Que tenga un buen viaje princesa y a su familia.
Una sacerdotisa mandó a todas a dormir y los pasillos rápidamente quedaron vacíos, en la oscuridad de la noche.
- Que tengan buen viaje – les deseó Ayame a Hanabi y Malika. Nunca había tratado con ellas, únicamente con Hinata por lo que no fue necesario acercarse a dar una triste despedida.
- Ya van a cerrar las puertas, será mejor que salgamos – habló Malika retomando el paso seguida de Hanabi.
- Es cierto – las hermanos miraron por última vez la imponente arquitectura desde adentro mientras Hanabi se despedía con un feliz "espero nunca volver" a aquel sitio, pero Hinata, sentía que dejaba parte de ella dentro junto a sus amigas, Isaribi y Sasame no tuvieron el valor de darle cara.
Al salir al exterior el primero que Hinata vio fue a Gaara, el pelirrojo hermano de Temari. Maldijo por dentro al verlo aunque luego se calmó a pensar que tal vez así tenga más seguridad en el transporte, además que ya estaba de más esconder su identidad. Gaara la reconoció de inmediato cuando al verla abrió ampliamente los ojos, para ser un chico apático e inexpresivo era bastante curioso. Se encontraba junto a su caballo delante de la caravana, junto a varios soldados. Tal vez ya sea hora de saludarlo.
- Vayan avanzando al coche, hablaré con alguien – se adelantó Hinata luego de que las puertas del convento se cerraran finalmente y tomó dirección al muchacho – Hola –dijo cuando lo tuvo de frente, era la primera vez que le hablaba en toda su vida.
- Alteza – dio una leve reverencia el pelirrojo, inclinando levemente la cabeza para no llamar la atención de otros – no sabía que era usted la doncella que debíamos escoltar.
- ¿no te lo dijeron? – preguntó Hinata.
- No, solo me pidieron que los acompañe a una misión, es todo – estaba claro que el muchacho no sabía de qué hablar, tras la pausa que se había formado. Gaara era un hombre de pocas palabras - ¿y que está haciendo acá? Lejos de su palacio…
- Debes estar informado de la guerra, ¿Temari no te lo dijo?
- Hace tiempo que no la veo – arrugó el entrecejo con un gesto. Hinata recordó que se lo había mencionado su amiga.
- Es cierto, Temari me habló algo de ello.
- ¿en serio? – preguntó curioso.
- Está preocupada, me dijo.
- Si – sonrió levemente – ella suele preocuparse por todo.
- ¿Y qué haces tú aquí? ¿ellos saben que eres un príncipe? – para ser Gaara de la Arena no lo aparentaba realmente, como cuando visitaba su palacio o ella el suyo y vestía completamente diferente – pareces un escudero – el muchacho rió con lo dicho, y Hinata se arrepintió por lo mal que sonó eso – lo siento…
- Descuida, y si lo saben, pero no tienen de que sorprenderse, soy el tercero, con las justas al mundo le importan los segundos, nadie vela por otros hijos.
- Es cierto – aceptó tristemente la Hyuga. Volteó a mirar a su pequeña hermana y le dio una punzada en el corazón al analizar lo mal que la pasaba veces Hinata por la misma indiferencia de su propio padre, quien solo velaba por su primogénita. Tristemente era el futuro de los otros hijos, los que son solo eso, no herederos.
- Así que soy lo que yo mismo diría un lobo solitario, buscando sus propias aventuras.
- ¿aunque pongas en riesgo tu vida? – el pelirrojo solo soltó una sonrisa aceptando sus palabras.
- Todo se vale en esta vida – la mirada del muchacho se fijó en la joven de cabello castaño que se soplaba las manos buscando abrigo. La vio de perfil y reconoció lo bella que era. Pero él ya lo sabía, sabía bien quien era. Hanabi Hyuga, la hermana pequeña de la heredera – está haciendo más frío, tal vez deberían entrar de una vez a su carroza, el camino será duro y espero resistan.
- ¿ya podemos subirnos? – posó sus ojos en el coche que estaba junto a su hermana y criada – ¿o debemos esperara alguien?
- No sé a dónde se han ido el príncipe y el comandante pero tal vez no demoren en regresar, lo mejor será esperarlos dentro para que tomen algo de calor, vayan subiendo.
- De acuerdo, gracias – y sin esperárselo, el pelirrojo recibió una gentil y dulce sonrisa de la ojiluna, sintiéndose aliviado al tratar por primera vez con ella.
Sin prisa se acercó a su hermana y Malika quienes hablaban tranquilamente señalando la vista.
- ¿De qué hablan? – se introdujo a la conversación.
- Un soldado dijo que en unas horas la temperatura descendería letalmente, por lo que debíamos estar más que abrigadas.
- Esto es todo lo que tengo – dijo Hinata señalando su vestuario – dentro de mi maleta solo hay vestidos.
- Yo tampoco traigo demasiado, solo este abrigo – Hinata reconoció el abrigo que portaba Hanabi como el que el apuesto caballero rubio le había obsequiado el día que las rescató de la laguna. Felizmente Malika nunca preguntó que más sucedió aquel día o las hubiera regañado por lo que habían hecho. Nunca se la devolvió y Hanabi decidió quedársela, algo que Hinata no pudo negar ya que abrigaba bien y quería proteger a su hermanita.
- Tal vez haya mantas en la carroza, siempre colocan eso dentro, y aun más tratándose de este sitio.
- Es cierto, déjame revisar – se adelantó Hinata.
Mientras la peliazul se disponía a subir a la carroza, a lo lejos un rubio se acercaba a ellas. Hinata detuvo lo que estaba haciendo para contemplar al caballero que observaba el suelo. Era alto, fornido, tenía la cabellera rubia y tenía un fino rostro. Era demasiado guapo. Lo reconoció de inmediato y casi sintió detenerse su corazón cuando lo vio cara a cara, los ojos del muchacho eran los más hermosos que alguna vez haya visto. Parecían el mismo mar azulado. Era el mismo caballero que la había salvado de morir congelada en el lago junto a su hermana, el que se había quitado el abrigo en plena nieve y había quedado únicamente con la fina camisa de lino. Ahora portaba un aketon de color marrón oscuro que le llegaba por encima de las rodillas, entallado a su escultural cuerpo. Reconoció que a un lado, en su cinturón una larga espada era portada con su funda. Era todo un caballero, con una insignia en su espalda. Dejó escapar el aliento.
- Hola… - fue lo único que pudo pronunciar cuando el joven estuvo a su lado, como pudo miró a un lado solo para observar a su hermana burlándose de su reacción al ver al rubio y a Malika haciéndose la loca mirando hacia otro lado. Se sentía tonta.
- Milady – saludó Naruto. Con delicadeza tomó su mano derecha y tras una breve sonrisa depositó un dulce beso sobre ella. El corazón de Hinata latía desesperadamente – Naruto Uzumaki para servirle.
- Soy… - las palabras no le salían de la boca.
- Hanabi – se adelantó su hermana para salvarla del patético momento – y ella es Malika – la mencionada sonrió amablemente. Las dos chicas miraron un buen rato a Hinata a la espera que diga algo o al menos se presente, pero la peliazul parecía estar en un trance.
- Tienes unos bellos ojos… - Naruto de pronto miró detenidamente a la joven, era como si la había visto en otro lado pero no recordaba donde.
- Al fin apareció – los cuatro voltearon a mirar en la dirección donde apuntaba el soldado a la figura sombría que venía lentamente hacia la caravana. El aliento se escapó de Hinata al reconocer al apuesto muchacho de cabello oscuro con quien había tenido un tenso momento. Era el hijo de Fugaku, Sasuke.
- Oh… ese es Sasuke, ya deben conocerlo – miró a las jóvenes.
Malika y Hanabi no podían quitar los ojos del apuesto pelinegro que se acercaba al grupo con la mirada perdida, era alto, musculoso, todo el porte de un caballero. Al igual que el rubio llevaba puesta un aketon pero este era de un color más claro que el de Naruto, y con mejores detalles. Hinata repasaba torpemente que le diría cuando la salude o siquiera la vea, aunque ya estando tan cerca las palabras desaparecieron de su mente. Sin embargo el Uchiha a tan solo estar a unos metros del cuarteto, tras dirigir una afilada mirada a la Hyuga volteó a hablar con un grupo de soldados, dando indicaciones, donde también se hallaba Gaara.
- Un momento, ya vengo – se alejó Naruto para unirse al otro grupo.
Un breve silencio reinó en las tres chicas donde solo se escuchaban sus respiraciones y las gotas de agua saliendo de sus bocas por el frío.
- Es tan guapo… - soltó Hanabi sorprendiendo a las otras dos – no lo nieguen…
- ¿de quién hablas? – preguntó Malika levemente sonrojada al pensar lo mismo.
- De todos…
Hinata estaba a punto de abrir la boca cuando Sasuke volteó a mirarlas y esta vez dirigiendo su cuerpo hacia ellas. De nuevo quedó petrificada. El pelinegro con decisión se acercó a la peliazul que lo miraba inquieta y fijamente. Al llegar al grupo observó a las otras dos chicas que seguían sin habla y posteriormente centró su mirada en la ojiluna.
- Vaya… veo que te animaste en bajar – el tono con el que había dicho aquella frase hizo que la valentía en Hinata se marchara. Estaba claramente enfadado aunque trataba de no demostrarlo.
- Hola… - fue todo lo que pudo soltar.
- Ya estaba a punto de irme y dejarte aquí, tienes suerte – agregó. La muchacha solo lo miraba fijamente, algo que generó se sintiera levemente incómodo. Apartó la mirada para centrarse en sus acompañantes – tú debes ser su hermana – dijo mirando a Hanabi, tenía los mismo ojos de la peliazul aunque diferente cabello.
- Sí, soy Hanabi Hyuga, mucho gusto – extendió su mano cordialmente. El Uchiha sintió extraño el gesto y con lentitud extendió la suya para saludarse – y tú eres…
- Malika, yo las acompaño y estoy para lo que me necesiten – el Uchiha no pudo evitar emitir una sonrisa. "para lo que quieran", si, definitivamente Hyugas…
- Mi compañero ya debe haberles dado algunas indicaciones – las tres negaron con la cabeza. Sasuke miró de reojo a Naruto platicando con el pelirrojo, lo mataría, seguro lo primero que hizo fue tratar de conquistar a la Hyuga – Bueno, nos dirigiremos a la fortaleza real del rey Fugaku Uchiha que se encuentra a un día de distancia, haremos una parada en el trayecto para poder comer algo en una posada y luego retornaremos, por alguna razón se me indicó tomar una ruta retirada ya que su seguridad estaba en peligro, por lo que será mejor partamos de una vez y así no retrasarnos.
- ¿tan lejos? – habló Hanabi cansada delos largos recorridos – si como dije con suerte lo haremos en un día – respondió el pelinegro – Ah eso si – abrió una de las puertas de la carroza que se hallaba cerca de Hinata y tras sustraer algo de dentro se los entregó a las chicas – hemos traído algunos abrigos por si son necesarios, debo advertir que estamos yendo hacia el norte, y la fortaleza se encuentra en una isla que es la más norteña de todo el continente, por lo que será necesario que estén bien abrigadas, por lo que sé los Hyuga no están acostumbrados a esto, entonces tomen asiento y disculpen el reducido espacio, yo tenía entendido que transportaría solo a una doncella no a tres, pero descuiden no pasa nada – satisfecho se despidió asintiendo con la cabeza y cuando se dispuso a marchar paró levemente al oír la débil voz de la peliazul pronunciar un gracias. Sasuke la miro por un instante y sin decir nada se marchó dejándolas sola. El corazón de Hinata por fin pudo bombear correctamente.
- ¿Dónde te habías metido? – preguntó Naruto cuando estuvo a solas con su amigo apartados de la caravana que ya había marchado. Gaara iba delante de ellos, lo suficiente para dejarlos hablar con en privado.
- ¿por qué lo dices? – respondió Sasuke sobre su caballo recordando el paseo que dio una hora antes.
- No lo sé, tal vez porque ¿desapareciste? – Sasuke ni siquiera le prestaba atención, en su mente pensaba en la doncella Hyuga a quien no se había podido quitar desde que la vio en el comedor del convento. No entendía porque siquiera pensaba en ella, era petulante, altiva, era todo lo que detestaba de una persona, pero había algo en ella que le llamaba profundamente la atención y no sabía que cosa era – ¿me estás prestando atención siquiera?
- ¿Cómo? – fue todo lo que pudo decir.
- Sasuke Sasuke… - se rascó la nuca el rubio - ¿acaso tiene que ver con tu problema de antes? Eso que te tiene intranquilo y malhumorado…. – de inmediato la mandíbula del pelinegro se tensó recordando sus embrollos que lo habían tenido sin cuidado las últimas horas.
- Si es eso – mintió a su amigo – pero ya te dije que no quiero mencionarlo, al menos no por ahora – se adelantó antes que preguntara Naruto.
- Espero que lo cumplas, sabes que soy tu amigo y te he apoyado en cada cosa – la situación se tornó seria, demasiada para el gusto del Uchiha, emitió una breve risa para decir algo antes de alentar a avanzar a su caballo.
- De acuerdo cariño, deja de preocuparte – y se alejó colocándose delante de la marcha mientras se reía del rubio.
- Idiota – le respondió cuando se quedó solo.
Dentro del coche las tres chicas miraban a lo lejos el paisaje blanquecino, era realmente hermoso si lo veían con detenimiento. Los ciervos corrían libremente y otros animales los acompañaban, dejando huella a su paso sobre el blanco suelo.
- ¿Me puedes decir que fue todo eso que hiciste hace un rato? – rompió el silencio Hanabi mirando a su hermana.
- ¿a qué te refieres?
- ¿A qué me refiero? Ni siquiera pudiste abrir la boca, el príncipe te saludó y te quedaste callada. ¿fue el quien te dijo que eras una engreída?
- Hanabi… - se adelantó a regañarla Malika.
- Si, fue ese caballero.
- No es un caballero –
- ¿Eh? – a veces no entendía a su hermana.
- Es un príncipe – indicó – mínimo te hubieras inclinado ¿No? Estas en sus tierras.
- ¿acaso tú lo hiciste? – se defendió Hinata.
- Si yo no sabía quién era, no fui quien habló con el previamente.
- ¿y cómo querías que me inclinara si tuvimos un altercado?
- Seguro habrá sido una exageración tuya…
- Princesas no peleen por favor, no queremos llamar la atención de todos – intervino la criada – por los dioses hemos estado delante de un príncipe y no me dijeron nada, yo no soy una dama de nobleza, debieron avisarme y así mostrar más respeto, debieron hacer lo mismo ustedes.
- Yo aún no sabía quién era, y Hinata estaba petrificada para pasarnos la voz.
- ¡No es cierto!
- Si se dieron cuenta el príncipe ni siquiera te trató de princesa, debe ser porque no sabe que lo eres, de repente su padre no le dio mayor información, solo recogerte.
- Puede ser cierto… - habló Hanabi.
- Porque estaba más que claro que se hubiera inclinado o al menos haya dicho algo, pero no lo hizo ni siquiera Naruto el rubio, nadie te dijo su alteza o su majestad, nada, no lo saben.
- Gaara lo sabe – Hinata había visto nuevamente a Gaara y el joven, a solas con ella si se había presentado como tal, la había reconocido y confesó reconocerla la vez anterior a esa. Si Gaara ya sabía de ella estaba claro que le debió contar a los otros dos quien era, a menos que por alguna razón no lo haya hecho…
- ¿Gaara? – Hanabi estaba perdida.
- El pelirrojo que saludamos primero –
- Oh… el pelirrojo – un leve sonrojo invadió las mejillas de la joven al recordarlo. Tenía una mirada profunda y algo oscura, era de estatura mediana y claramente apuesto, tanto como los otros dos chicos. No debía superar los 15 años. Lástima que ella sea aún pequeña para el joven.
- ¿Sabes quién es él verdad? – la meno negó con la cabeza ante su pregunto al igual que Malika.
- ¿Un caballero?
- Es Gaara de la Arena, el hermano menor de Temari, el último hijo del rey de la Arena.
- Ohhhh…. – claramente había oído hablar de él, el temible Gaara, que no era más que un solitario chico. Pero nunca lo vio cara a cara, con suerte había visto un par de veces Temari y otras cuantas al heredero de la Arena.
- ¿Es un príncipe? – preguntó curiosa Malika – por los dioses, no mostré ningún respeto de nuevo. ¿es que nadie puede decirme nada? ¿Y Naruto? No me digan que también es un príncipe.
- No, a él recién lo conozco… - habló Hinata.
- Vaya mentirosa te has convertido hermanita.
- ¿eh? – Malika la miró curiosa.
- No me digas que no te diste cuenta que era el muchacho que nos rescató del lago.
- ¿Qué muchacho? ¿Cuándo las rescataron de un lago? – Malika acababa de enterarse de muchachas cosas de las princesas que no había estado siquiera enterada - ¿han arriesgado sus vidas y no lo sabía?
- Malika, tu nunca sabes nada…
- Si, si era ese muchacho y si me di cuenta Hanabi.
- Era obvio, por la cara que pusiste cuando lo reconociste, por dios hermanita disimula un poco.
- No sé de qué estás hablando.
- ¿Me vas a negar que ese apuesto caballero no te ha atraído?
- Por su puesto que no, y además no tiene por qué hacerlo, no olvides quienes somos.
- Sí, yo soy Hanabi y tú eres Hinata Hyuga, la que no puede mirar a otros chicos porque está comprometida con Neji quien debe estar pasándola de maravillas con tu mejor amiga Natsu.
- ¡Hanabi! – un silencio incómodo se formó entre las hermanas, la tensión era palpable y la incomodidad de Malika. Hinata no podía creer que haya soltado ese delante de la chica que solo las miraba perturbada. Cerró los ojos con pesadez, cuando Hanabi se proponía era realmente insoportable.
- Ya cierra la boca – habló en un susurro. Miró a otro lado enfadada. Prefirió guardarse todo lo que tenía dentro, pues no era apropiado en una princesa.
- Alteza…
- Ya duerman las dos o las enviaré de vuelta al convento – su mirada continuó fijada a la ventana abierta. Había dado por concluida la conversación con un amargo sabor en la boca. Hanabi estaba a punto de decir algo pero Malika le rogó con la mirada que no continuara, Hinata estaba fastidiada.
El frio era duro aquella noche, eran cerca de la 1 de la madrugada y ya se oía a los lobos aullar en la oscuridad lejana. La caravana liderada por el heredero Uchiha emprendía su rumbo a la ciudad de la pradera para tomar desayuno y que los soldados recobren energía. Habían tomado otra ruta cerca al bosque de los susurros para evadir cualquier bandido o enemigo de los Hyuga. El pelinegro exhalaba el frio aire que se convertía en gotas de agua helada en el gélido reino. Pero no le molestaba en absoluto, ni le inmutaba, era capaz de dormir sobre la nieve misma desnudo. Era un Uchiha nato y era capaz de sobrellevar temperaturas más bajas que esa.
- ¿Con frio? – se mofó del pelirrojo que se abrigaba como podía con su larga capa. El chico dela arena vivía en un desierto hirviendo, era de esperarse que le chocara, aunque ya llevara unos meses viviendo junto a ellos.
- Un poco – confesó serio.
- Se ha pronosticado que es la noche más helada – afirmó Naruto junto a ellos – eso solo significa que el invierno pronto se irá y la primavera tomará lugar.
- Eres todo un poeta – se burló el pelinegro.
- Lo dicen los astrónomos – se defendió el rubio - Y que tal están las chicas, son unas linduras eh!
- No seas asqueroso – agregó el Uchiha
- ¿Asqueroso? – lo miró el rubio - ¿es una broma? Crees que no me di cuenta del modo en que miraste a la de cabello azulado, estabas a punto de saltártela encima.
- No sé de qué hablas – se movió incómodo sobre su caballo – es una Hyuga, prefiero no entrometerme.
- ¿Sabes quién es ella? – habló rápidamente el pelirrojo captando la atención de los dos jóvenes, por lo que rápidamente se arrepintió de su arrebato.
- No, ¿acaso tú sabes? – levantó una ceja intrigado el pelinegro.
- No… - pensó rápido en una salida – por eso preguntaba, ¿acaso no te dijo algo tu padre?
- Solo dijo que era una doncella, no tenía idea que era una Hyuga.
- ¿y cómo sabes que era una Hyuga? – preguntó Naruto.
- ¿En serio no te diste cuenta? ¿has visto sus ojos? – el rubio meditó en sus palabras – es el rasgo característico de los Hyuga, los ojos blancos típicos. Es una Hyuga por donde la vean, ella y su hermana.
- Pues era una Hyuga bastante hermosa.
- Las Hyuga se distinguen por ser hermosas – habló sin pensarlo el pelirrojo otra vez.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó el rubio. Sasuke levantó una ceja ante las palabras del chico.
- Pues… mi hermana era muy amiga de la princesa de la Hoja, Hinata Huyga así que se mucho de esa familia.
- Oh claro lo olvidaba, a veces pienso que eres uno de nosotros.
- Soy uno de ustedes – lo corrigió Gaara.
- Claro, me refiero a… un chico del fuego – el pelirrojo entendió y eso solo le dio una punzada, era lo más deseaba en ese momento.
- Tal vez pronto lo sea – sonrió al rubio.
- Así que sabes mucho de esa familia - habló el pelinegro mirando al frente – no me extraña que desearas deslindarte de ese mundo, no son lo mejor que existe.
- ¿por qué dices eso? – Naruto no entendía.
- Vamos, los Hyuga son gente petulante, engreída, vanidosa, les gusta saber que tienen a otros por debajo de ellos.
- Eso no es cierto.
- Te lo digo por experiencia.
- Pues esta doncella no era así por lo que he visto, es muy linda y respetuosa.
- Eso dilo por ti mismo – soltó sin querer el Uchiha.
- ¿a qué te refieres? – preguntó curioso Gaara, ¿era posible que Sasuke ya sepa que era Hinata?
- Nada, solo decía, reconozco como es la gente cunado la veo y sé que estas serán un dolor de cabeza.
A la mañana siguiente el grupo ya había llegado a la entrada de La Pradera, cerca de las 7 de la mañana. El pueblo ya estaba en movimiento con sus labores cotidianas. En las calles saludaron al rubio y al heredero ni bien los reconocieron y las citadinas se atrevieron a mandarles guiños y besos, algunas de ellas llegaron a ser compañeras de cama de Naruto, y una que otra también de Sasuke.
Sin despertar aun a las jóvenes llegaron a las puertas de la confiable posada en la que se hospedaban cuando estaban en camino a la fortaleza luego de un largo viaje. El dueño salió a su encuentro y en breves minutos les alistó una habitación para el príncipe, y otra más para las chicas.
- Naruto, ve a despertarlas pediré que preparen el desayuno – demandó el Uchiha luego de darse un breve baño – si deseas Gaara y tu pueden usarlo.
- De acuerdo.
Como había ordenado su compañero y aún superior a él se acercó a la carroza y suavemente tocó la ventana. Dentro la peliazul dormía plácidamente ocupando todo un asiento mientras al frente su hermana y Malika compartían otro. El primer golpe no las despertó en absoluto.
- Señoritas – habló del otro lado fuerte el rubio para llamar la atención de al menos una. Hinata había tenido un extraño sueño el cual no le vio sentido pero tampoco la intranquilizó como los otros que tuvo meses antes - ¿señoritas? Ya despierten, es de mañana.
A lo lejos la masculina voz de un hombre las despertaba, y cuando procesó todo y dedujo de quien se trataba se levantó de un salto.
- Malika – susurró sin que el rubio se diera cuenta – Malika, ya despierta, es de mañana.
- ¿Alteza? – habló con pereza.
- Ya despierta, y también a Hanabi.
- Señoritas – tocó de nuevo el rubio sin darse por vencido, vaya que habían descansado las chicas.
- Ya salimos – gritó Hinata para que supiera que habían despertado.
- Las estaré esperando – las mejillas de la chica se sonrojaron al imaginarlo. Con prisa se limpió el rostro con una manta y arregló como pudo su cabello, no pudo hacer nada más al respecto. Lentamente abrió la puerta y un rayo de sol inundó la carroza. Hace tiempo que no lo veía.
- Milady – le extendió la mano cortés el rubio – permítanme escoltarlas a la posada, ahí tomaremos desayuno – con delicadeza Hinata se la sostuvo y dejó que la ayudara a bajar. Al soltarlo un leve vació sintió pero cruzó la calle y lo esperó en la puerta, para que él pudiera ayudar a su hermana y Malika. Una vez las tres se situaron fuera, el rubio las invitó a subir a su alcoba para que se asearan y posteriormente bajen a tomar algo.
Toda la estancia se había llenado de soldados y, en una mesa regular a un lado, el pelinegro, el rubio, el pelirrojo, la peliazul, la castaña y la muchacha de cabello chocolatoso estaban sentados compartiendo un incómodo momento. Afuera el sitio era resguardado por algunos soldados que ya habían desayunado.
- ¿Y de dónde vienen? – preguntó curioso Naruto recordando la conversación de ayer con sus amigos. Gaara miró de reojo a Hinata esperando su respuesta, aunque él ya la sabía.
- De la Hoja – respondió segura. Si era cierto lo que Malika decía de que ellos no sabían quiénes eran era mejor tener esa ventaja, aunque por otro lado tal vez Fugaku las dé a conocer a todos ni bien llegaran. Responder que eran de la Hoja no era mentir ni decir demasiado.
- Lo sabía – lo miró triunfal el Uchiha.
- Entonces deben conocer a la familia real, deben ser sus parientes.
- Si, los conocemos mucho – afirmó Hanabi jugueteando. Gaara soltó una risilla ante el comentario de la adolescente lo que hizo que ambos enrojecieran por completo. Aquello no pasó por alto para Malika.
- Es una pena lo que ha sucedido en su reino, deben estar desesperados, sé que la Arena les ha brindado ayuda, por ahora el reino del Fuego prefiere mantenerse al margen de todo, no somos conflictivos sin motivo alguno.
- Es mejor así, además, el tiempo pone a cada uno en su lugar… - eso ultimo lo dijo muy bajo, casi para el mismo pero al tener a Hinata de frente esta había oído claramente tofo. Marcó el entrecejo ante el comentario.
- ¿Qué has tratado de decir? – preguntó enfadándose levemente.
- Es sabido de la personalidad ambiciosa de Hiashi Hyuga, haría lo que fuera por mantenerse en el poder por siempre, incuso si es para toda la vida dejando de lado a su descendencia, es una persona que no se mide, a cada quien le toca lo que merece finalmente.
- Eso no es cierto – soltó la ojiluna. Naruto lamentó la poca empatía del príncipe aun sabiendo que aquellas eran familiares de la realeza.
- ¿lo negarás? – la miró fijamente. Su expresión inquietó y a la vez enfadó aún más a la chica, era de una persona que sabía que tenía la razón y no podían refutarlo, se creía el dueño de la verdad en todo.
- En absoluto.
- No me sorprende, tú vivías con ellos, eso hay que verlo desde afuera.
- El punto es que… pase lo que pase nadie merece vivir tan intranquilo – trató de apaciguar el ambiente Malika – ni nadie merece un cruel destino.
- Concuerdo contigo – siguió Naruto – haya hecho lo que haya hecho Hiashi, que aún no sé de que están hablando, su familia no debe pagar por sus errores.
- Si… tal vez sea cierto – finalizó el pelinegro. Hinata quedó muda mirando un vacío. Su padre no era la mala persona que ellos mencionaban, era bueno, gentil, justo, siempre fue su ejemplo en todo. No entendía porque hablaban de esa forma.
Al finalizar la comida el Uchiha regresó a su alcoba a alistarse para retomar el viaje, mientras Gaara esperaba la comida que el dueño del sitio les entregaría para continuar el viaje. Hinata aún seguía meditabunda alejada de su hermana y amiga, quienes daban un paseo por el sitio acompañadas de unos guardias.
El rubio no dejaba de mirar a la peliazul. Esos ojos, ese rostro, era la hermosa sacerdotisa de la laguna que no había podido sacársela de la cabeza, pero esta tenía otro color de cabello. Hinata miró de reojo al apuesto caballero de los ojos azulados, que se hallaba parado junto a Gaara hasta que por fin este entró en conocimiento que su mirada hacia ella estaba bastante extraña. Avergonzado se acercó a hablarle.
- Hola – saludó el rubio algo sonrojado, había sido pillado por la muchacha – disculpa yo... – se rasco la nuca nervioso – yo te confundí con alguien – soltó de una vez.
- Oh… - Hinata se rió por dentro, entonces si lo había llegado a confundir, él pensaba que era otra chica – descuida.
- No quiero que pienses que soy de los que acosan a las chicas – se rió tontamente. Por supuesto que Hinata no pensaba eso, para ella Naruto era todo un caballero, no como el Uchiha.
- Está bien, se por qué actúas así de raro – no estaba segura si era lo mejor que haría, pero al fin y al cabo deseaba conocer más a aquel apuesto chico por lo que confesar eso rompería rápidamente el hielo.
- ¿en serio? – preguntó confundido el rubio.
- No tuve tiempo de agradecerte por tu abrigo, aunque lo merecía – la expresión del Uzumaki rápidamente cambio ala de una sonrisa asombrada. Entonces si había sido ella, la sacerdotisa más bella que había visto.
- Eras tú…
- Si, éramos mi hermana Hanabi y yo…
- Pero como no pude darme cuenta, pero claro era la niña, estaba toda mojada – Naruto no se había dado cuenta de Hanabi porque cuando las rescató solo tuvo ojos para Hinata, no para la otra. Ni siquiera recordaba cómo era hasta ahora que la ojiluna se lo había refrescado.
- Si, habíamos pasado un mal momento – rio Hinata.
- Demonios yo…me había preguntado si tendría el privilegio de volver a verte, y resulta que eras tú, como es el destino… - Hinata ya no pensaba, en su mente solo cabía la bella sonrisa y los perfectos dientes con los que le deleitaba el rubio.
- Ese día estabas junto a Gaara.
- Es cierto, en realidad debió ir Sasuke pero me pidió que vaya en su sitio, en serio que es loco el destino – el rubio no dejó pasar el cambio de expresión de la muchacha cuando le mencionó al Uchiha, ese grandísimo idiota.
- Por cierto lamento los comentarios de Sasuke – Hinata se lo agradeció en silencio.
- Descuida – le sonrió amenamente.
A lo lejos, el Uchiha bajaba las escaleras solo para observar a la pareja charlar entretenidamente. Por alguna razón eso le disgustó un poco. Naruto era un idiota, nunca perdía el tiempo y ahora tenía que hacerlo con la Hyuga.
La caravana retomó su viaje y cerca del mediodía la fruta y la leche fue repartida para todos, era lo que habían podido conseguir a modo de almuerzo. El estómago de las chicas sonaba de hambre luego de acabarse su comida, pero no dijeron nada. El día había empezado soleado desde muy temprano aunque el frio clima se mantenía, pero con el transcurso de las horas y acercamiento al norte bajo radicalmente. Las manos de Hinata estaban moradas, aunque tratara de calentárselas.
- Hinata, déjeme hacerlo por usted, debe circular la sangre – iba a corregirla de tratarla de tu, pero tenía tanto frio que prefirió no abrir la boa os sus labios se romperían, aunque de todos modos su sangre debía estar demasiado coagulada para perderla. Un golpe en la ventana las alertó.
- Señoritas, hemos llegado a la orilla, deben bajar – erala voz de Gaara. El trio se miraron extrañadas.
- Acaso dijo… ¿orilla? – repitió Hinata.
- Al parecer eso dijo – habló Malika. Tal como les había indicado descendieron de la carroza con abrigos y mantas encima de ellas. El frio era insoportable. Al salir no pudieron ver nada alrededor que no vaya más allá de un par de metros. Una tupida y densa neblina los rodeaba cubriéndolos a todos y dejando el ambiente más blanco de lo que ya era. Un sonido grave se escuchaba cerca de ellos, como varios objetos chocando entre ellos y quebrándose.
- Tranquila Hinata – tomó su mano Gaara cuando la vio perdida, de igual forma ayudó a la menor de las Hyuga y a Malika – el camino es por aquí, ya no se podrá ir en la carroza.
- ¿es por la neblina? - preguntó Hanabi. Gaara la observo un buen rato hasta que se volvió incómodo, hasta que finalmente le respondió – no, es que hay un lugar cerca donde se guardan las carrozas reales, desde aquí no pueden seguir, ya verán a lo que me refiero.
Tras él siguieron el camino acercándose al estruendoso ruido, hasta que pudieron reconocer entre la niebla al resto del grupo. Sasuke estaba junto a Hinata observándola antes que ella pudiera notarlo.
- Debemos atravesar el mar – habló Naruto indicándoles que subieran a los botes reales.
- ¿Al mar? – habló Hanabi. Recién era consciente de lo que había junto a ellas.
- Claro… una isla – meditó Hinata – la fortaleza se ubica en una isla.
- Si, en el mar del hielo el más frio de todos, así que deben tener mucho cuidado, ya está atardeciendo y de aquí al castillo hay menos de una hora – Gaara parecía saber mucho del sitio para ser un forastero comparado con los otros, pero por alguna razón eso le atraía a Hanabi, a su corta edad ya se enrojecía cuando lo observaba demasiado.
- Permíteme Hinata – le extendió su brazo gentilmente el rubio a la chica para que pudiera abordar el más grande de los botes. La ojluna sonrojada y agradecida con su caballerosidad colocó su pie dentro de la embarcación y posteriormente el otro, cuando sintió que perdía el equilibrio el rubio la sostuvo de la cintura con firmeza, estremeciéndola – tranquila, no dejaré que caigas.
Sasuke, junto a ellos miraba irritado la escena, deseaba llegar cuanto antes a su palacio y perderla de vista por al menos una semana.
Un cuarto de hora después los botes emprendían marcha a la costa de la fortaleza, en medio dela densa neblina que poco a poco se disipaba. Hanabi volvió a quedarse dormida, y sin saberlo fue silenciosamente vigilada por un protector pelirrojo esperando que nada malo suceda, la castaña estaba cubierta por más de una manta, una de las cuales le pertenecía al príncipe dela Arena. Por otro lado Hinata solo miraba el agua, nunca había visto agua más oscura que esa, combinada perfectamente con el blanco hielo que se formaba en la superficie. Los bloques chocaban entre si cuando se juntaban y así se trasladaban de un lado a otro. Había bloques tan grandes que Hinata sentía miedo de caer o hundir la nave con ellos.
- Si por alguna razón caemos, que tan profunda está el océano para sobrevivir a ello? – preguntó curiosa a Naruto pensando que seguía a su lado, en su lugar la fuerte voz del pelinegro la estremeció con su respuesta.
- Si cayeras al agua, antes de siquiera darte cuenta de la profundidad morirías congelada.
Hinata cayó ante sus palabras y el chico decidió ignorarla, dándola vuelta mirando a otro lado. Vaya que era insoportable. De todas formas ya llegarían al palacio y con suerte no le dirigiría la palabra. Había encontrado un nuevo amigo, aunque dentro de ella su estómago jugueteara cuando lo veía, a aquel rubio. De pronto, en su perdida mirada poco a poco una imponente construcción se dejaba ver a lo lejos, una grande y majestuosa grisácea arquitectura, con un emblema en lo alto de un abanico de color blanco y rojo, el mismo emblema que llevaba Sasuke en la parte trasera de su aketon. Sin dudo alguna era la fortaleza de los Uchiha, su último y nuevo destino, hogar dulce y agridulce hogar.
Holaaaa amigos quiero mandarles un fuerte saludo a todos. Disculpen la demora y sobre todo los horrores ortográficos que se me puedan haber ido y otras cosas que tal vez no tengan sentido, ya sea palabras que no concuerden o x cosas, es que no tuvo un tiempito de darle la leída final y como ya era muy tarde decidí subirlo.
Como siempre quiero agradecer inmensamente a las personas que siguen esta historia, que les hayan dado favoritos, que hayan comentado o que simplemente la lean en el anonimato. Me siento muy feliz de ver que las visitas son muchas y espero que siga subiendo con el transcurso de los capítulos. Mandar un fuerte abrazo a los que comentan sin tener cuenta por tomarse el tiempo de hacerlo y a los que si la tienen por hacerlo. Gracias de todo corazón y prometo no tardar en el próximo capítulo. No olviden decirme que tal les pareció este capítulo y alguna que otra duda que tengan. Pdta: jeje no soy una experta en el inglés pero al menos me defiendo, así que no hay problema que comenten en ese idioma - cof cof - google traductor - cof cof XDDDDDDDDDDDDD Besos y abrazos.
