Rikuchan: hola a todas/os siento haberos hecho esperar, espero que os haya gustado el capítulo anterior y dejad REVIEWS porfa^^ Ojo, la obra de Fushigi Yuugi no me pertenece así como podréis ver tampoco sigue la misma línea ^^.
Capítulo 11
A Tamahome le sudaba la cara entera, estaban tardando demasiado y él no es que fuera gentil y compresivo en ese momento para que husmearan su barco a sus anchas, con tal de que echaran un ojo por encima era suficiente. Todavía tenía encerrada en su cámara a su recién esposa y esos cretinos olían a desfogarse con las esclavas que llevaban en el barco, no iba a permitir que su mujer fuera otra, vamos antes tenían que pasar por encima de su cadáver.
Uno de los hombres señaló al desaliñado de su capitán la bodega que el barco poseía, podrían estar ocultando cualquier cosa allí abajo. El hombre miró de reojo a Tamahome, él soltó un largo suspiro.
-Si dejo que miréis abajo ¿os marcharíais ya? Solo tengo media hora para llegar a tierra y si llego tarde por vuestra culpa…- Decía mientras rozaba la funda de su arma.
-No se preocupe, casi terminamos y dejaremos que siga con su trayecto.- No se lo podía creer, cómo unos inútiles habían entrado con su permiso a su barco, que fácil se lo había puesto, en ese mismo instante tenía unas enormes ganas de arrancarle la cabeza de un solo corte con la espada, pero entonces sintió como alguien tocaba su hombro. Se giró para ver el gesto que hacía Tasuki para calmarlo, estaba en lo cierto, estaba haciendo todo esto para mantener a Miaka a salvo, no era momento de ponerse nervioso.
A los cinco minutos habían revisado la despensa, y vuelto a subir afirmando de que estaba limpio, Tamahome se mostraba serio y sereno, debía hacer creer que él no tenía nada que ocultar. Uno de los hombres dijo que los únicos cuartos que quedaban por revisar eran los aposentos del capitán y el del contramaestre. Sin consultarlo y con todo su atrevimiento se dirigió hacia dentro pero antes de que el despeinado hombre dijese nada, él se había aproximado al marinero amenazándolo con la espada al cuello. Tamahome no iba a permitir que encontraran a Miaka, esa habitación era solo de ellos dos y no iba a consentir que nadie entrara allí.
Tamahome aclaró algo al otro bando un poco alterado:
-Si alguien entra dentro tendrán noticias mías pronto y su "comercio" no tardará en cerrar. Por si todavía no se han dado cuenta estoy siendo muy generoso- decía acentuando las últimas palabras- dejándolos entrar. Otra persona de posición alta en mi caso os hubiera tratado de un modo más frío y cruel.
El marinero estaba temblando y un chorro caía por sus pantorrillas, una mancha apareció en la entrepierna de sus pantalones cuando se escuchaba alguna risilla de sus mismos compañeros. El otro capitán del barco se disculpó y mandó callar a los subordinados, todo quedó en silencio. Tamahome miró al que tenía agarrado y le dio repulsión el simple hecho de haberlo tocado, por lo que lo soltó retirando el arma de su cuello. El agredido se fue corriendo a escudarse en su capitán. Y miró desafiando a todo aquel que se atreviera hacer lo mismo, entrar en los camarotes. Para su suerte y la del resto, nada ocurrió.
El hombre desarrapado parecía que tomaba en serio las palabras de Tamahome y pudo ver que su tripulación apoyaba mucho a su líder, además no había porque entrar en el dormitorio de un hombre, confiaba en su palabra. Sabía que los hombres de alto rango eran refinados y educados por eso no quería que entraran en su habitación además, les había dejado subir al barco, otros ni siquiera lo hubiesen permitido. Era comprensible pensó. Así que agradeció su confianza y se disculpó por su atrevimiento. Y poco a poco se fueron alejando.
Viendo que se distanciaban mandó a su tripulación que volvieran a sus puestos y maldecía mil veces el haber tenido que ser tan bueno, cuando en esos casos era el más villano de todos los marineros, nadie de fama rastrera y harapiento había subido a su barco, no si antes no había una batalla. Dio unos golpes en un mástil dejando rastro de sus puños y su rabia que la sangre brotaba de sus nudillos. Gritaba enfurecido, cuando uno de los marines avisó a Tasuki, el único que podía burlarse a veces de él y quien también lo había calmado en momentos muy duros.
Tasuki suspiró al ver esa cara de frustración… le recordaba aquellos años cuando aún su capitán era un niño y deseaba desenvainar una espada y no podía al no tener la suficiente fuerza. Caía al suelo y maldecía golpeando el suelo una y otra vez. Y ahora lo veía en esa misma situación, el ser blando con gente tan baja le mortificaba por no poder haber defendido su barco, sus posesiones pero… ¿Qué iba a hacer, delatarse? ¿Luchar para dejar a Miaka sola en el caso de que no hubiese ganado? No… eso era imposible. De pronto notó una mano en su hombro, el contramaestre le sonrió, era cierto ya no había peligro ¿por qué tenía que lamentarse pudiendo ver a Miaka sana y salva? Eso era lo que importaba.
Agradeció a Tasuki su preocupación, de nuevo lo había calmado pero, lo que realmente le calmaría era tocar la suave piel de su esposa, tomarla entre sus brazos y sentir sus labios junto a los suyos. Era de noche y esa mañana la había dejado justo en su dormitorio. A la mañana siguiente llegarían a la ciudad portuaria y quería estar esa noche con ella.
Fue corriendo a la habitación cuando abrió la puerta y vio a su mujer abalanzándose sobre él con un cuchillo, el que él le había dejado. Cierto, se le había olvidado decir su nombre antes de entrar de las ganas que tenía de verla y ella era ignorante de lo que había sucedido fuera, pero había sido una buena chica. Todavía le faltaba agilidad con el arma, Tamahome sujetó la navaja por la hoja mientras que la otra sujetaba la mano de Miaka para que la soltara. La chica lloraba aterrorizada sin abrir los ojos, no había visto quien estaba delante, quien la había detenido. Simplemente soltó el arma cuando él la reclamó atrayéndola para besarla, Miaka abrió los ojos y vio quien era el hombre que la besaba, esta vez llorando de alegría al descubrir que los labios y las manos que la atrapaban no era de otro que de su marido.
Tamahome le explicó como habían sucedido los acontecimientos, sentados ambos en la cama, a Miaka le recorrían unos temblores horribles cuando sintió unos grandes brazos arropándola para apartarla del miedo y el susto. Todo lo que le importaba es que estaban ambos bien. Dentro de la tranquilidad Miaka vio algo que la exaltó, una mancha roja en el puño de la camisa de Tama.
-Oh Dios ¿te han herido?- Decía preocupada mirando el cuenco de agua que había en la mesa. Lo tomó mientras que él se remangaba para dejar ver la herida.
-No es gran cosa, y podría decirse que fui yo el que me golpeé- Miaka alzó una ceja- Es que normalmente no dejo entrar a ese tipo de chusma en mi barco.
Miaka limpiaba las heridas cuando le preguntó por qué lo había hecho entonces. Mientras la miraba, más calmado se sentía, había hecho bien en dejarlos pasar al barco. La veía tan concentrada en la herida, en cuidar de él y Tamahome sintió deseos de tenerla otra vez debajo de él solo le estaba limpiando la herida y parecía que lo estaba excitando apropósito. Llevaba esa ropa tan masculina que quería quitársela a bocados para que le enseñara la mujer que estaba detrás de ese disfraz. La fragancia de Miaka estaba por todos lados por todo el tiempo que había pasado sola, ¿habría estado preocupada? Seguro ¿Habría estado durmiendo en la cama? Si no lo había hecho, todavía las sábanas mantenían el olor a deseo y sexo de la noche anterior. La mirada de Tamahome era cálida y sus ojos con un fulgor tan solo de contemplarla. Por ella dejaría de respirar, nunca había sentido lo que sentía por Miaka hacia ninguna mujer. Con la mano que no estaba herida se quitó la cinta que sujetaba su cabello. Y rápidamente tomó a Miaka y la puso debajo de él sobre la cama. Los dos se miraban sin decirse nada pero con tan solo mirarse ya hablaban de sobra…
-Me encanta tu melena suelta, es preciosa y huele a libertad, al mar y al aire.- Le susurraba Miaka a Tamahome acariciando su pelo mientras éste escuchaba su cándida voz mientras lo miraba con sus ojos esmeraldas. Detuvo sus palabras y tomó la mano herida, ya vendada, de él hacia su rostro- Podría haberte matado.- él se sorprendió al oír esas palabras casi sin aliento, como si no quisiera decirlas, le costara creer que ahora mismo él no estaría allí con ella. Sus lagrimas caían al darse cuenta de lo que podría haber sucedido si no hubiera sido porque ella era una inexperta y él todo lo contrario, Tamahome recogió esas lágrimas con sus manos para beberlas. Eras deliciosas gotas de mar, así sabían las lágrimas de Miaka, a una de las cosas que a él más le gustaba: el mar.
-Oi, oi, no me quieras matar tan fácilmente, deberías saber que no es tan fácil vencerme. Además esa herida ya estaba abierta. Si hubieras abierto los ojos pudieras haber previsto el ataque si llegase a ser otra persona. Pero- suspiró riendo- no tiene caso ya el preocuparse. Ahora estamos los dos aquí. – Juntó su frente a la de ella para hacerle entender que estaba bien.
Cada vez era más difícil el poder separarse de Tamahome, había vivido tanto con él en tan poco tiempo, lo quería tanto que no podía imaginar el momento en que tendría que decirle adiós. Tenía dos opciones abandonar su vida anterior y luchar por la nueva o seguir indagando por la persona que había dibujado aquel cuadro y que lo dibujara de nuevo para así poder regresar y hacer que todo lo ocurrido hubiese sido un simple sueño. En el momento que pensó que todo eso desaparecería sintió mareo y fatiga y no le quedó otra que descansar. Solo quedaban unas pocas horas para llegar al puerto.
……………………………
Todos se estaban preparando para desembarcar, unos se quedarían en puerto, otros arreglando las cosas para el barco, el próximo destino sería Nuevo Mundo y debían llevar muchas provisiones porque el camino iba a ser largo. Mientras se estaban alistando, Miaka iba tripulante por tripulante preguntando si alguno dibujaba pero todos negaron, a nadie se le daba bien ese arte. Un carruaje esperaba a Tamahome y a Miaka en tierra que los llevaría a la capital. Por el camino estaba seguro de que vería a gente a la cual no les agradaría verlo, no solo eso sino que Tamahome no se fiaba de la gente de la capital ni sus alrededores, afín de cuentas la mayoría estaba cortada por el mismo patrón y el dinero los manejaba. Eran capaces de dar información sobre él a cualquiera; por eso pidió a Chiriko que fuera su cochero particular siempre que tuvieran que ir a cualquier lugar. Así los tres bajaron del barco y montaron al carromato.
……………………………
La cosa se estaba poniendo fea y Miaka tenía que descubrir e investigar quien era quien había hecho ese dibujo para que se lo retratara otra vez pero no consiguió hacerlo antes de que llegaran al puerto de la ciudad mas próxima a Tokio. Allí se alojarían en casa de unos amigos de la familia de Tama y dejaría a Miaka mientras él fuera a acudir al consejo para firmar los papeles para terminar siendo duque.
Camino al caserón montados en el carruaje, la chica estaba tan nerviosa que jugaba con sus manos, Tamahome se daba cuenta del comportamiento de su compañera y acunándose sobre sus hombros le susurró mientras sostenía con sus manos cálidas las de Miaka.
-No te preocupes, no estarás sola por mucho tiempo, volveré junto a ti en cuanto acabe esa reunión.- La besó en la mejilla tocando suavemente su pómulo para tranquilizarla. Pero él no sabía que la verdadera razón de sus nervios y el aguante de sus lágrimas eran porque ella sentía que no en mucho tiempo se tendrían que despedir y ambos se olvidarían del otro y eso le causaba mucho dolor, porque se estaba arrepintiendo de tomar la decisión que había elegido.
Por otro lado Tamahome también estaba angustiado porque él le había dicho que la llevaría a la biblioteca nacional de Tokio, que la iba a dejar ir. Pero si en su mano quedara algo de esperanza que la atara a este siglo, daría lo que fuera y así su empeño de irse desaparecería. Si fuera cierto que Miaka estuviera embaraza quizás se quedara con él, no podría quitarle a su hijo y ella tampoco podría dejar a su hijo solo.
El tan solo imaginar a Miaka engordando con el hijo de ambos casi deseó que fuera cierto. Casi.
Viajando hasta Tokio ambos se distraían hablando sobre las diferencias de los distintos siglos.
— ¿Cómo son los barcos?- Preguntó Tamahome a una Miaka algo sorprendida, pues no sabía a que se refería concretamente. Él había estado siempre muy pendiente de la joven desde que entró al barco así que mientras apoyaba su mentón sobre el brazo acariciaba el suave rostro de la chica sonriendo, era feliz cuando se burlaba de ella a la paz que ésta se exprimía los sesos intentando estar a su misma altura sin saber que para él ya lo estaba, siempre lo había estado. Incluso había sido ágil e inteligente para que él cayera rendido a sus pies…- ¿Son más veloces?
En el interior la pelirroja suspiró y agradecía que hubiera sido más escueto en la pregunta porque si hubiera dejado que hablara quizás no hubiera contestado bien aunque eso no importaba ya que, Tamahome solo quería oírla hablar pues la notaba muy inquieta y rara y eso no le gustaba.
—Sí, son considerablemente más veloces. Los barcos mercantes ya no llevan velas...- se quedó pensando un momento lo que él intentaba decirle- ¿Eso quiere decir que me crees? ¿Piensas que te he dicho la verdad?
—Aún no sé qué pensar aún así te llevaré a la biblioteca ¿no es así? —Ella afirmó, pero la contestación que había dicho el capitán fue seria—. Pero me interesan tus respuestas.
-En ese caso pregunta- Al final dijo Miaka siguiendo el juego que él había comenzado
-…¿Cómo demonios se mueven si no tienen velas?- Cortó el hombre con estupor al recordar lo que su esposa le había contado.
Miaka sonrió sin poder evitarlo, para ella era natural conocer ese tipo de barco y también conocía el de la época de Tamahome no porque había estado también en uno sino porque lo había visto y aprendido en los libros y en la escuela.
Tomó sus propias manos llevándolas hacia su vestido acordándose a continuación que no llevaba pantalones y por tanto ningún bolsillo. Acercó su mano al próximo duque y preguntó si llevaba lápiz y papel. Él hizo la misma comprobación que Miaka y gracias a ello halló ambos utensilios. Ella se lo arrebató de las manos y con rapidez, en el papel que su marido le había dado o mejor dicho, que ella le había quitado, esbozó los dibujos de varios barcos de su época.
-Con un motor… a combustible- y de nuevo dibujó como era aquello a lo que Miaka llamaba motor. La pelirroja no sabía como explicarle como habían avanzado las tecnologías que habían tenido lugar en el tránsito del siglo de Tamahome al suyo- Se propulsan con una o dos hélices que llevan bajo la popa.- Rodeó con un círculo la localización en el dibujo- los únicos veleros que existen se usan para competiciones deportivas o son de recreo.- en la otra cara del papel trazó un velero de competición.- Así suelen ser los veleros donde vivo.
-Son muy pequeños- Murmuró el confuso, ella eliminó su intento de ir más allá de lo que veía en el dibujo.
-Si lo comparas con el tuyo, lo es- confirmó la chica admirando con melancolía el esbozo del velero.- En mi siglo, los únicos navíos que tienen el tamaño de tu barco son buque-escuela, barcos cruceros, museos flotantes…- Tamahome estaba tan desconcertado que movió la cabeza, pero su frustración llegó a más cuando Miaka le explicaba los atuendos que llevaban los marineros y lo que utilizaban para navegar y guiarse en el mar. Tamahome a pesar que creía poco lo que decía Miaka no cesaba en preguntar los cambios que habían ocurrido.
-Y Japón ¿Cómo está?- la joven llena de emociones que recorría su cuerpo solo al imaginar el actual Japón, se llenó de dicha si cerraba los ojos podía verlo perfectamente; pasó a relatarle los avances realizados, la cultura, las calles, la vitalidad, el territorio, el nuevo gobierno.
Como ya no podía recelar tanto de lo que contaba, nombró a sus tres amigas con las que solía estar, a su añorada Yui, a su hermano y sus tonterías, la atención de su madre.
Pero lo que más le impresionó fue la descripción de las playas de la ciudad, donde la gente se bañaba con muy poca ropa ante la mirada de sus semejantes.
-¡Eso es imposible! No puedo creerte- exclamó escandalizado- ¿Qué tipo de hombres son los que permiten que sus mujeres, hermanas o madres se desnuden ante otros hombres en la calle? ¿Tú lo hacías? —inquirió, con un parpadeo confuso.
-No te asustes, eso en mi época no está mal visto- Miaka intentó no burlarse ante la desmesurada reacción de su marido- Yo siempre iba a la playa cuando el tiempo lo permitía
—Eso quiere decir que tú también te desnudabas en medio de todos. ¡Por todos los demonios del infierno! —Se mesó el cabello con impaciencia—. ¡No te rías de mí, Miaka! —gritó. De inmediato soltó la carcajada él mismo y se la sentó encima rodeándola con sus brazos mientras en sus oídos sensualmente le susurraba—. Soy un ogro... lo sé... no trates de negar la evidencia...
—No, no lo eres, tan sólo vives en el siglo diecinueve.
Rompieron a reír hasta que se le saltaron las lágrimas cuando oyeron al caballo al mismo son que el carro paró en seco… habían estado todo el tiempo hablando que el camino se les había hecho corto. Chiriko abrió la ventanilla que separaba al chofer de los pasajeros y le dijo al capitán:
-Capitán, señora, ya hemos llegado a Tokio, quedan 10 kilómetros para ver la casa de su buen amigo Kei- Tamahome dijo que podía continuar hasta allí, el coche volvió a ponerse en marcha pero traqueteaba mucho y eso molestaba a Miaka la cual con el traje que llevaba estaba pasando mucho calor.
-Creo que no deberíamos haber tomado un coche cerrado —se lamentó la joven.
-Créeme, el sol hoy está pegando fuerte y esto nos cubre de sus rayos.- ella intercedió
-Es que tengo mucho calor aquí dentro, todo cerrado y con este traje. ¡Echo de menos mis ropas de algodón!- Se lamentó la joven
-¿Acaso en tu época no pasáis calor cuando hace sol? —murmuró con interés junto a su oído.
Por un momento estuvo tentada de explicarle las ventajas del aire acondicionado, pero después desistió. Si continuaba describiéndole los artilugios que facilitaban las tareas o hacían la vida más confortable, él terminaría por no creer nada de lo que le dijera. Después de más de cuarenta días en aquella época, hasta a ella le parecían alucinaciones
—Deberías agradecer que ahora ya no se lleven los ropajes negros tan cerrados ni la golilla, tan de moda unos años atrás... —Él sonrió con picardía—. No padezcas más, Miaka. ¿Ves aquella iglesia de allí? —Señaló el campanario que asomaba por encima de los tejados de las casas encaladas unos metros más allá—. Enfrente de ella vive mi buen amigo Kei.
Miaka suspiró, aliviada. Estaba cansada y sudorosa por el paseo desde el muelle hasta la casa del amigo de su marido. La distancia no era mucha desde donde se encontraban en ese momento en realidad, pero con el calor de la tarde y aquellas capas de ropa que se veía obligada a vestir se tornaba agobiante.
Tamahome le había dicho que quería ver a su antiguo amigo ya que no se habían visto desde que eran pequeños y como, les cogía de paso. Prefería que Miaka se quedara allí mientras él iba a la reunión política.
El carruaje se detuvo frente a una fachada encalada de dos plantas con varias ventanas enrejadas, protegidas con esterillas de esparto.
—¿Ves? Ya hemos llegado —anunció Tamahome frente a una enorme puerta de madera. Y la ayudó a apearse del vehículo.
Chiriko colocó la pesada caja al lado de la puerta, tiró de una campana para avisar a los sirvientes de la casa y esperó pacientemente a que salieran a abrir.
—Menos mal; ya temía deshacerme por el camino. ¿Tengo buen aspecto? —consultó Miaka, colocándose un mechón de pelo bajo el sombrero. Quería causar buena impresión a los amigos de su marido.
—Estás pecaminosamente bella, mi dama de fuego—murmuró él. Y se agachó para besar la vena que latía en el cuello de la muchacha—. Si no salen pronto...- Miaka estaba ya casi ardiendo no sabía si por eso la había llamado así o por su melena cobriza.
Uno de los criados fue a recibirlos, era grande y robusto, Miaka pensó que él solo podía con todo el equipaje. Dio una fugaz mirada a la joven la cual respingó de la sorpresa creyendo que había hablado en voz alta y había escuchado su cometario pero entonces, desvió sus ojos al capitán.
-¡Buenas tardes capitán Tamahome! Hacía tiempo que no pasaba por aquí- Le dijo sonriendo al ver de nuevo a un amigo del señor Kei.- Llegó ayer de la Corte.
-¿En serio? Yo pensaba acercarme hoy por allí, tengo una reunión. Pero me alegro de que esté en la casa así podré saludarlo. Por cierto ¿cómo está mi ahijado?- Hizo un comentario simpático del chico en cuestión y les invitó a pasar dentro de la casa ya que fuera hacía mucho calor.
-Gracias, Hoshi; mi esposa está algo fatigada
-¡Vuestra esposa! Que noticia tan agradable, a los señores les encantara saber que por fin os habéis casado- Dijo impresionado mientras se dirigía a llamar a los dueños.
Era una casa simple y antigua al más puro estilo japonés, lo bueno que cuando entraron en el recibidor la temperatura había refrescado. Le pareció que era similitud a muchas obras de arte pues, al encontrarla simple más belleza y arte desprendía. Miaka pensaba que sería mucho más cómodo y relajante dibujar en aquella habitación que en su estudio. Las paredes lisas y finas que le recordaba a la seda, las ventanas eran un pequeño panel de un solo color, y el suelo de madera con una especie de alfombra donde se sentaban y una mesa, los cuadros eran palabras y motivos florales o históricos y había plantas de diversos tipos.
Tamahome se mostraba serio y un porte recto como si se tratara de un samurai, a Miaka se le caía la baba si ese momento estuviera vestido así no podría evitar el dibujarle o comérselo, era algo que siempre la había atraído en un hombre cuando estaba centrado en algo y en una situación especial, además la vestimenta de un samurai era muy elegante – nada sexy- pero si hacía al cuerpo del hombre y a su figura atractiva y si encima estaba con la melena suelta y la parte de arriba algo abierta estaría… "Miaka, miaka…", ya dejaba volar a su imaginación y todo…
-¡Miaka!- Despertó del limbo al que se había sometido- ¿Estás bien?
-Sí, solo estaba admirando la casa- respondió con una inmensa sonrisa.
-No pongas ese tipo de cara, preciosa- le susurró con unos ojos hambrientos que hicieron despertar el fuego en la joven- Si no tendré que pecar en casa de mis amigos.
Cuando estuvo a punto de besarla, la puerta corrió y ambos se detuvieron a mirar donde una mujer de unos treinta y siete años entró a saludarlos.
-Vaya, vaya por fin te dejas ver, así que el capitán Tamahome nos digna con su presencia ¿eh?
-Sí, así me llaman, ya sabes me gustan las sorpresas doña Usa- Aseguró Tamahome con una sonrisa bailándole en la cara.
La mujer tenía los ojos negros y aparentaba diez años menos con esa tez fina, suave y blanca como la cal, sus labios eran plenos y su pelo estaba recogido en un moño perfecto sin que un solo mechón se desplomara, tenía largas pestañas y un hermoso kimono. Ojalá pudiera vestir como ella pensaba Miaka. La mujer extendió las manos para alcanzar las de Tamahome que se había adelantado unos pasos y se acercaba a la señora de la casa.
—Cuánto me alegro de volver a veros —anunció doña Usa—. Debo reprochar vuestra larga ausencia. Comenzábamos a estar preocupados por vos.
-Veo que ustedes tampoco habéis perdido el tiempo- Él sonrió cariñosamente, con la vista fija en el vientre de la anfitriona. Ella se ruborizó intensamente y se volvió a mirar a Miaka que esperaba tras su marido.- Como veo que os puede la curiosidad os presentaré a mi esposa…
—¡Vuestra esposa! —le cortó la mujer abriendo los ojos—. ¡Ah! ¡Gracias a Dios! ¡Por fin habéis sentado la cabeza! Mi querido esposo se alegrará sobremanera con la noticia. —Se volvió hacía Miaka con una alegre sonrisa—. Debo decir lo encantada que estoy de conoceros. Pero venid, querida; sin duda estaréis agotada. Vayamos a mi cuarto para que os refresquéis un poco; sólo a un hombre se le ocurriría cruzar medio país en medio de este calor. ¡Ah!, querida, qué imperdonable falta de modales. No he dejado siquiera que el capitán dijera vuestro nombre.
—Miaka. Preferiría, si no es mucho pedir, que no me trataseis con tanta cortesía. —Sonrió al decirlo, encantada por la vitalidad que desprendía aquella mujer.
Doña Usa encargó al criado que trajera limonada fresca y algo para comer mientras controlaba a su hijo con ojos de halcón para que no hiciera alguna trastada.
Tamahome aprovechó el momento para entregar a su ahijado el regalo que le traía.
Los ojos del pequeño brillaron de expectación al ver el paquete. Antes de coger el regalo miró a su madre esperando su aprobación. Luego intentó desenvolverlo, con premura mal disimulada. Viendo que la tela se le resistía, el capitán se agachó al lado del niño para ayudarlo. La madre del pequeño le dijo que esperara a su padre junto a su invitado.
-Vamos Miaka te mostraré la habitación para que te refresques un poco- la dirigió doña Usa por el camino. Las dos mujeres abandonaron el portal para adentrarse en el resto de la casa. La chica pudo admirar la decoración, mientras que la anfitriona sonreía tapando su boca con las mangas del kimono. . Al contrario que en el exterior, el interior de la vivienda era fresco, fruto de mantener los postigos cerrados durante las horas más calurosas del día.
—Ha sido una grata sorpresa descubrir que Tamahome se ha casado. Es menester que te lo diga: tanto mi esposo como yo misma dudábamos de que eso sucediera algún día. Bueno, hemos llegado —aseguró, abriendo la puerta—. Nosotros dormimos en la de al lado y mi hijo unas puertas más allá. En el aguamanil hay agua; si necesitas más sólo tienes que pedirla. ¿Deseas que te ayude con el vestido?
Miaka creyendo que le darían un traje más fresco que el que traía sonrió amablemente afirmando pero no solo eso, su admiración creció aún más cuando vio el vestido que portaría. Un hermoso kimono verde con motivo floral de cerezos.
-Este te quedará perfecto- Sonrió abiertamente hacia la joven al ver su expresión tan fascinada ante aquel kimono- Con tu color de ojos y tu melena harán juego ¿no estás de acuerdo?- Miaka se acercó a tocarlo
- ¿Puedo llevarlo?- la mujer asintió- oh gracias, ha sido un sueño para mí el poder vestir un kimono y este es precioso.
- Me alegra que diga eso querida, no he podido dejar de mirar como aprecia mi casa.
-Nunca había visto u… Sí es preciosa y fresca, es lo mejor en este tiempo. Tomaré un baño antes.
Había salido ya del baño lo más pronto posible pues era su deseo el vestirlo y mostrárselo a Tamahome, ahora que lo pensaba él se habría puesto también ropa adecuada en esta ocasión. No podía esperar a verlo ni a que él la viese a ella.
Le estaba colocando doña Usa el vestido bien cuando la pelirroja preguntó-
-Cuando nacerá el niño?
-—Si Dios quiere, el mes que viene. Pero por mí bien podría ser mañana mismo. Estoy agotada, me siento como una vejiga a punto de reventar.- miaka no pudo evitar el soltar una breve carcajada.
Usa desmintió las bruscas palabras cuando se acarició el voluminoso vientre con ternura, provocando, sin saberlo, una profunda envidia en su joven invitada. ¡Dios de los Cielos! ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Acaso el salto en el tiempo había trastornado su reloj biológico? ¿Sería ya ese tiempo? ¿Cómo se vería con una barriga como la de su anfitriona? ¿Qué sentiría Tamahome si le anunciase que iba a ser padre? Habían puesto mucho cuidado, pero esos métodos no eran muy fiables, por lo que, ¿quién podría asegurar que no estuviera ya embarazada?
Tenía veintiséis años; no era una niña, pero hasta ese momento jamás había sentido ese deseo de ser madre, incluso ella había acabado de sentir como dentro de su vientre algo se retorcía y le estaba haciendo daño tanto que se le había subido a la garganta sin querer apartó a doña Usa y fue corriendo al baño que estaba en la habitación, tras haber soltado aquello, apoyada en la pared mientras se limpiaba la boca, su ojos eran fulgores y su corazón pareciese que iba a salir disparado, su respiración estaba alterada al igual que su dueña, se miró en el espejo y empezó a contar para sí cuantos días habían pasado desde la última vez que tuvo el periodo. ¡Dios bendito! Había pasado más de un mes sin que hubiera regresado a manchar y si recordaba bien, la vez que hicieron el amor en el barco…
-¡Oh Dios mío! No me digas que… estás embarazada.
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Rikuchan: Por fin lo terminé espero que os haya gustado este capítulo que tanto me ha costado plantearlo y más acabarlo pero bueno, ya está hecho. Espero vuestros reviews y ánimos. Gracias ^^
