Digimon
La Guerra Santa
Capitulo X: Dioses y Demonios
"¿Juras fidelidad y compromiso al servicio de la orden y su propósito?"
Un poderoso guerrero, un caballero de armadura blanca y alas de dragón se inclinó ante un resplandor, el cual no podía provenir de otro lugar que no fuera arriba, proveniente de un ser que había resguardado el equilibrio del Digital World y sus versiones alternas en el Multiverso. Los digimon aprendieron a verlo como si se tratara de un enorme árbol en cuyas ramas y raíces sostiene a todos los mundos, uno con consciencia y un propósito. Las razones de la existencia del árbol de los mundos fueron motivo suficiente para reunir a una élite de poderosos guerreros que también buscaban un propósito que trascendiese sus existencias.
— Es mi único objetivo, cumplir las órdenes de mi señor sin cuestionar pues se que su propósito es bueno y su conocimiento suficiente para gobernar el mundo con justicia. Doy mi vida a su servicio.
Dynasmon, quien había estado arrodillado, se levantó de su sitio. Se encontraba en el mismo lugar donde había visto la luz de Yggdrasil y hecho el juramento a la orden de los Caballeros Reales. Había pasado mucho tiempo desde aquella promesa y desde ese entonces había combatido a muchos enemigos, aquellos que solo buscaban ocasionar caos y discordia en la creación perfecta de su señor.
— ¿No tienes una tarea que cumplir? — LordKnightmon apareció en medio de un torbellino de viento.
— Rezaba, LordKnightmon. Esta es una empresa muy importante para nosotros.
— Ha pasado mucho tiempo desde que Yggdrasil desapareció de este mundo, dudo mucho que escuche tus plegarias — LordKnightmon expresó mientras sostenía una rosa cerca de su rostro.
— El mundo que creo nuestro señor es perfecto y todas sus acciones lo son, su decisión de marcharse tuvo una razón de ser. A pesar de eso aun siento su presencia con nosotros, su presencia nos da el poder para enfrentar a aquellos que actúan en contra de su voluntad
Aquellos que buscaban corromper el orden y el equilibrio instaurado por Yggdrasil en cada uno de los mundos, el caos que recibía muchos nombres y se ocultaba usando disfraces. El D-Reaper, Apocalymon y sus esbirros, Lucemon y los señores demonio; fueron los agentes del caos que se opusieron a la voluntad de Dios y en represaría Dios envió a varios de sus soldados para combatirlos, algunos miembros de su orden sagrada.
Ahora el caos había tomado un nuevo rostro, ese humano. Su sola existencia era una contradicción, era algo que no debía ser y ponía en peligro a toda la existencia. Además estaba el problema del señor demonio.
— ¿Ya te vas? — Dynasmon comenzó a alejarse del sitio, sin dar respuesta a la pregunta de su camarada.
— Destruiré a todos aquellos que se opongan a su voluntad.
Shinjuku, Japón. 14 de Agosto, 11.00 Hrs. Edificio Metropolitano de Gobierno.
Parte 1: El sello de la Ira.
Las alarmas del complejo de Hypnos estaban activas, el color parpadeante usado en esa ocasión indicaba el riesgo máximo, significaba la entrada de un digimon salvaje de mayor nivel.
Antes de convertirse en el jefe de un área secreta del gobierno, Mitsuo Yamaki era un científico y hábil programador. Fue él, junto a un grupo de colegas, quien descubrió el Digital World gracias a los incidentes ocurridos desde la década del 90, sin importar los esfuerzos de Gennai y sus copias de ocultar su existencia a los adultos. Desde la aparición de Parrotmon y Greymon en Japón hasta los eventos ocasionados por Apocalymon y, luego, las agujas de control; Yamaki tuvo mas que el tiempo suficiente para juntar toda la información que necesitaba. Supo entonces que los digimon podían ser clasificados en niveles de desarrollo, los cuales daban indicios del poder destructivo que poseían: el nivel pre-formativo, era cuando los digimon nacían y se mostraban más vulnerables; seguía el infantil y posteriormente el nivel adulto, donde sus habilidades ya eran dañinas; el nivel perfecto y el nivel mega al final. Aquellos digimon de este último nivel eran los más poderosos y peligrosos, fácilmente podrían hacerse pasar por dioses.
Sin dudas la última intrusión detectada era la perteneciente de un digimon del último nivel.
— Señor, detectamos muchas más señales de salvajes que acompañan a la primera — dijo una de las personas que operaban la maquinaria.
Mitsuo apretó el encendedor de su mano con ira, todo se le había salido de manos. Sus especímenes de laboratorio capturados habían escapado junto al Digivice, su base había sido encerrada en el campo digital creada por un digimon, tal vez el mismo que recién había aparecido; a pesar de que la ciudad había sido desalojada casi en su totalidad, los resultados de la confrontación no iba a tener lados positivos, se desarrollaba una guerra en frente de sus narices. Pero lo que más le inquietaba era algo que nunca antes había pasado y tenía que ver con la intrusión de ese digimon.
Era una de sus pantallas que mostraban un mensaje sobre el fondo negro.
— Activa a los Gizumon de las zonas de contención A1 y A3 — ordenó — ¿Hay noticias sobre el chico?.
— Aun nada, señor — respondió otro de sus subordinados.
— Enlacen el localizador a mi celular, yo dirigiré una patrulla de búsqueda.
Mientras hablaba, su mirada no se despegaba de aquel monitor y su mensaje, de color rojo sangre.
"Nivel 666. Sistema SATAN, Código IRA. ¡Precaución! Nivel de Purgatorio: 3"
Una y otra vez.
La perturbación en la estela de ambos mundos, detectada por Hypnos, fue ocasionada por Demon, el señor de los demonios. Sus hordas venían detrás de él pero aun no iban a interferir. Eran el digimon maligno y los Elegidos, repitiendo aquella lucha que tuvieron esa vez en la colina de la luz. Imperialdramon, Shilphymon, Shakkoumon, Lowemon y Wolfmon rodeaban al rey demonio, quien mostraba su forma gigante, como en aquella ocasión. Daisuke estaba junto a Ken, Iori junto a Takeru y Hikari se tomaba de las manos con Miyako; transmitían sus esperanzas y deseos de poder salir victoriosos en esta difícil batalla.
— Esto me trae recuerdos — Demon se permitió a si mismo un momento de reflexión — , nuestra batalla de hace tres años.
— Y como esa vez, acabáremos contigo — Silphymon exclamó.
La respuesta a su amenaza fue solo la risa profunda del señor demonio, mofándose.
— ¿Qué es tan gracioso? — Wolfmon preguntó con evidente molestia.
— ¿Quiénes son ustedes?.
Wolfmon y Lowemon se encogieron ante la pregunta ruda que había hecho, sobre todo ante el hecho que había ignorado su pregunta. Los guerreros legendarios recordaron enfrentar a alguien así en el pasado, con otro ángel caído, era la misma sensación.
— ¿Quiénes son? — Demon señaló a Lowemon — ¿Por qué puedes usar el poder de la oscuridad sin ser corrompido por ella?
— Soy Lowemon, un descendiente de los Guerreros Legendarios del Digital World.
Demon entrecerró su mirada sobre el digimon oscuro y luego mostró sorpresa en sus ojos azules.
— Recuerdo la leyenda, sus ancestros enfrentaron a Lucemon en los tiempos mitológicos del Digital World. Es más, conocí a AncientSphinxmon en persona hace mucho tiempo — siguió con burla — Era un tonto, todo lo que su poder le hubiese podido otorgar. Él no lo merecía.
— Tú eres el que no merece ese poder que tienes — Lowemon le acusó.
— ¿Es así? Yo soy el amo del mundo de las Tinieblas, yo conozco los secretos que se ocultan en la oscuridad y he visto los horrores que allí se esconden sin perder la cordura en el proceso. He pasado por muchas dificultades para alcanzar hasta donde estoy hoy. ¡Tú eres nada comparado conmigo!
Entonces el señor demonio lanzó fuego de una de sus manos hacia el guerrero legendario, quien rápidamente respondió al materializar el escudo que mostraba el rostro del antiguo caído. Al contacto, las llamas infernales se dispersaron sin hacer estragos, lo cual sin dudas intrigó a Demon. ¿En serio aquel digimon poseía de forma heredada todas las habilidades de AncientSphinxmon? ¿Cómo había logrado regresar si él junto con los otros Guerreros Legendarios habían sido destruidos en la batalla para sellar a Lucemon? Había cosas que aun ignoraba.
Por otro lado, eso no importaba mucho.
— Flama del Infierno.
Lo que ahora más deseaba era saldar cuentas con los niños Elegidos y sus digimon por el sufrimiento que le habían hecho pasar, ya después podría satisfacer su curiosidad más a fondo.
Las llamas profanas se extendieron en todas direcciones, en un ángulo perfecto de 360 grados. Imperialdramon, Shilphymon y Shakkoumon resistieron las llamas mejor como pudieron; el primero bloqueándolas con sus poderosas y fuertes manos, el segundo lanzando un haz luminoso de su cuerpo para dispersarlas y el tercero absorbiéndolas por la cavidad que existía en su pecho. Wolfmon se escudó detrás de Lowemon, quien interpuso nuevamente su escudo y quien pudo notar que ahora le tomaba mucho más esfuerzo.
— ¿Es todo lo que tienes? — Daisuke animó desde la distancia.
De verdad pensaba que podían ganar, sin embargo no alcanzaba a imaginarse la energía que los digimon tuvieron que utilizar para resistir el último ataque.
— ¡Imperialdramon, es hora de contraatacar!
— Como digas, Daisuke — contestó el aludido — Láser de Positrones.
— ¡Tu también Silphymon! — Miyako gritó con todas sus fuerzas.
— Esfera de Energía.
— ¡Shakkoumon! — Iori y Takeru exclamaron al unísono.
— Visión Láser.
Demon detuvo la técnica de Shakkoumon con solo interponer su mano izquierda sin algún esfuerzo de su parte, casi era como si una persona hubiese detenido una bola de papel que se le hubiese arrojado. La técnica de Silphymon se desvaneció casi al contacto con el aura oscura que cubrió al señor demonio, ni siquiera llegó a tocarle. El haz de energía de Imperialdramon si chocó contra el rey demonio, creando una enorme explosión que hizo temblar a la tierra misma y causó que las ventanas de edificios cercanos se hicieran añicos por las ondas de choque; sin embargo, Demon no resultó herido de ninguna forma.
En el interior de su túnica se reía de los esfuerzos en vano de los otros digimon por detenerlo, en el pasado tampoco habían tenido mucho efecto.
— Hermano.
Lowemon asintió a Wolfmon, planeando atacar al señor demonio desde dos extremos unidos en línea recta, por supuesto Demon no movería ningún músculo pues se confiaba mucho en la fuerza superior que poseía.
— Meteoro de la Oscuridad.
— Lanzador láser.
— Tontos — el rey demonio de la ira murmuró sonriente, anulando de manera rápida las técnicas de sus oponentes — ¿y ustedes dicen ser descendientes de los guerreros que derrocaron a Lucemon?
Todos los entendieron en ese momento, Demon tan sólo se encontraba jugando con ellos.
En otra parte de la ciudad, Vamdemon aisló a Takato Matsuda y Agumon de la zona donde Demon se encontraba. Al digimon vampiro no le convenía que Demon tuviera el muchacho, si ello llegaba a pesar todo se daría por terminado, incluyendo su ambición de convertirse en el amo de todos los mundos. Debía mantener al señor demonio ocupado y que mejor que guiar a los niños Elegidos hacia él, estaba más que seguro que no dudaría en tomar venganza sobre ellos y le daría el tiempo suficiente para su siguiente jugada.
— ¿Un método para destruir a Demon? — Agumon preguntó desconfiado — ¿Qué estas tramando?
Tan sólo debía hablar de la única debilidad que tenía el señor demonio.
— Es fácil de deducir en realidad — el vampiro explicó — , quiero sacar a Demon del tablero, es un impedimento en mis planes. Sin embargo has de saber que tu ni yo tenemos el poder suficiente para destruirlo. De hecho, ningún digimon hasta la fecha ha logrado la hazaña de derrotarlo.
— Pero Daisuke y los chicos...
— Es verdad — dijo casi nostálgico — incluso yo llegué a pensar que permanecería en el Mar de las Tinieblas por toda la eternidad, ambos nos equivocamos al parecer. Ahora solo queda una opción.
Agumon estaba a punto de volver a protestar pero.
— ¿Cuál es esa opción?.
Takato lo interrumpió, quien ahora se interesaba en la conversación.
— Demon es el último de los Siete Grandes Señores Demonio, en tiempos antiguos ellos sellaron a las Bestias Sagradas y gobernaron el Digital World. Fue pronto que ellos quisieron extender su reinado hacia otros mundos, principalmente se interesaron por el mundo de los humanos. Yggdrasil, el Dios del Digital World, los juzgó como una amenaza y envió a sus soldados, los Caballeros de la Realeza, para exterminarlos. Esta acción provocó una guerra que pareció no tener fin debido a que las fuerzas de ambos bandos se encontraban igualadas, sin embargo los guerreros del Dios supremo tuvieron la victoria al final.
— ¿Sabes que hicieron? — Agumon preguntó fascinado.
Había nacido hace mucho tiempo pero aquel tiempo del que se hablaba quedaba mucho más atrás. No todos los días se tiene la oportunidad de escuchar la historia de los orígenes del mundo en el que naciste, no importaba la mortal rivalidad que tuviera con el digimon maligno.
— Según la leyenda, Yggdrasil en su sabiduría creo una serie de artefactos, armas sagradas diseñadas específicamente para sellar los espíritus malignos de los ángeles caídos que se revelaron contra los dioses. Estas fueron entregadas a sus guerreros y con cada una de ellas, seis de los siete fueron vencidos y desterrados al Área Oscura; sólo uno de ellos logró evadir el juicio del Dios, ese fue Demon, ni más ni menos.
— Entiendo lo que dices — Takato murmuró, sonriendo de forma irónica — ¿Esos artefactos aun existen?
Vamdemon sonrió de oreja a oreja.
— Me había preparado hace mucho tiempo para aquel momento, desde antes de formar mi armada en el continente server comencé la búsqueda de esas armas pues sabía que en algún momento tendría que enfrentar al señor demonio. En los tiempos en que entré al mundo de los humanos por primera vez, mis hombres encontraron una de esas armas ocultas dentro de un templo antiguo que ni los mejores científicos a mi cargo habían logrado datar, un templo que fue construido incluso antes que el mismo tiempo. El único problema es que seres como yo no somos capaces de empuñar aquellas armas, me imagino que se trataba de una medida por parte de Yggdrasil para impedir que cualquiera de los vasallos de los señores demonio, o ellos mismos, pudieran tocarlos y usar su poder en su contra.
La idea de lo que buscaba Vamdemon se materializó en la mente del tamer.
— Necesitabas que alguien más la usara. ¿cierto?
El aludido asintió.
— Pensé en el octavo niño elegido, así que busqué a su digimon acompañante y su correspondiente emblema, después de que Devimon esparciera el resto por todo el Digital World. Me encargué de criar a Tailmon esperando que, cuando el tiempo hubiese llegado, él buscara por mi al octavo niño elegido. Una vez tomara el control del mundo de los humanos y el digital, usaría al octavo niño y su digimon empuñarían esa arma y destruirían a Demon; con él fuera de mi camino yo me hubiera convertido en el señor eterno de todos los mundos, incluyendo el de las Tinieblas — su expresión entonces cambió a una disgustada y furiosa — ..Pero esos malditos niños siempre complican las cosas, el octavo niño se puso en mi contra y junto con los otros destruyeron mi cuerpo, dejando un espíritu de odio atrás. A pesar de ello, ellos no lograron acabar con mis ambiciones. Usé a un humano adulto como huésped y desde entonces comencé a manipularlo para restaurar mi cuerpo físico. Todo marchaba bien según los planes sin importar los contratiempos en el camino, lo único que me interesaba y mantenía con vida era vengarme. Incluso cuando Demon llegó a este mundo buscando la semilla de la oscuridad para sí mismo, los Elegidos lograron encerrarlo en el Mar de las Tinieblas, dónde él se pudriría por toda la eternidad; entonces estaba muy seguro que lograría todos mis objetivos.
— Pero fracasaste de nuevo — Agumon comentó —, Daisuke y los demás te detuvieron.
— Había perdido, de eso no había duda, pero al parecer no todo en este mundo permanece muerto para siempre. Niño... — se dirigió a Takato — Tu y yo tenemos el mismo enemigo, puedo llevarte hacia donde esta el artefacto sagrado y con él en tus manos podrás destruir a Demon. Debemos apurarnos, si tenemos suerte, Demon aun no habrá descubierto el lugar donde escondí esa arma.
En ese entonces se escuchó un enorme estruendo que recorrió todas partes e hizo temblar el suelo de manera violenta, los tres voltearon inmediatamente en dirección específica donde había ocurrido la explosión.
— ¡Los chicos! — Agumon exclamó — Ellos deben estar peleando con Demon en estos momentos. Takato, tenemos que hacer algo.
El chico asintió y estuvieron a punto de moverse.
— Será inútil — pero Vamdemon le interrumpió, sonreía mientras imaginaba sus muertes — nunca los podrás salvar.
Una ráfaga de oscuridad emergió dentro de los ropajes del señor demonio, golpeando con fuerza y voracidad a Shakkoumon y Silphymon. Ambos digimon de nivel perfecto salieron expulsados directo hacia las paredes y ventanas de un edificio, atravesándolas y creando destrozos.
— ¡Silphymon! ¡Shakkoumon! — Imperialdramon exclamó.
El guerrero dragón volteo a ver al demonio con furia.
— Pagarás eso. Láser de Positrones.
El haz gigantesco de energía amenazaba con tragarse al señor demonio, sin embargo la técnica de Imperialdramon no le tocó debido a que este levantó un escudo semitransparente de color oscuro para que le protegiese. Inmediatamente después arrojó una gran cantidad de llamas de sus manos, las cuales el guerrero dragón no pudo esquivar a tiempo por su tamaño y lentitud. Imperialdramon recibió algunas quemaduras mientras era arrojado hacia el piso.
— ¿Cuánto podrás aguantar? — Demon preguntó divertido — ciertamente eres más fuerte que tus compañeros, sin embargo eso no hace ninguna diferencia.
— ¿Quieres que los dejes morir? — Takato preguntó molesto.
Su mirada se encontraba en el suelo mientras apretaba sus puños a los costados de su cuerpo.
— No hay nada que se pueda hacer, sería tonto ir allá sabiendo que solo el señor demonio se beneficiaría...
Agumon quería lanzarse encima y matarlo con sus propias manos, era tal su furia que no pensaba ni siquiera en la gran diferencia de niveles. ¿Cómo se atrevería en pensar si quiera en eso, en abandonar a sus amigos?
— Además, tu ni siquiera eres de este mundo, no tienes ninguna misión sagrada de protegerlo. Cuando acabemos con Demon, tu finalmente serás libre y podrás irte donde te plazca, yo me haré el cargo del resto como el único rey de los tres mundos. No tienes nada de que preocuparte.
— Infeliz — Agumon gruñó.
Amenazas que el digimon vampiro subestimo totalmente, lo único que le interesaba era la respuesta de aquel humano. Sin embargo, ya había permanecido un buen tiempo en silencio y eso comenzaba a inquietarle. ¿Sería tan tonto como para rechazar su oferta? Esa opción era impensable y sin lógica alguna, no existía ningún otro método capaz de detener a Demon. Eso no podía ser.
— ¿Qué dices? — extendió su mano hacia el muchacho — No tenemos mucho tiempo, los Elegidos no podrán distraer a Demon por mucho tiempo.
Y luego pasó.
— No.
— ¿Qué dijiste? — Vamdemon preguntó.
— Dije que no.
El digimon vampiro mostró sus colmillos en señal de furia. — Idiota, no hay nada que se pueda hacer...
— No los abandonaré — Takato exclamó con voz firme — , no dejaré que mueran.
Viéndose interrumpido, Vamdemon estalló y perdió su paciencia, al parecer tendría que hacer todo de la manera difícil.
— No seas tonto niño, nos vas a condenar a todos.
Pero hubo algo que lo asustó, algo oculto dentro de la mirada del tamer que le indicaba que debía alejarse del lugar lo más pronto posible. Sintió una sensación extraña recorrerlo, era como la vez cuando Hikari Yagami recuperó su digivice de las manos de DemiDevimon; no, era más fuerte. No podía permitirse tal cosa, pensó al momento, si habría de llevarse al chico a la fuerza, eso haría. No iba a permitir que arruinaran sus planes nuevamente.
Y cuando Vamdemon se lanzó hacia el muchacho, él empuñó su D-Ark hacia el frente y una luz dorada consumió el lugar.
Aquella luz fue lo suficientemente fuerte como para opacar a la espesa niebla llamó la atención de Demon, quien soltó en el acto a Imperialdramon mientras este caía al suelo. Shakkoumon y Silphymon quedaron impávidos ante el resplandor en la lejanía, incluso Lowemon y Wolfmon detuvieron el ataque al señor demonio. Todos sabían de quien se trataba y de donde provenía la luz.
La quietud fue interrumpida por la risa profunda del rey demonio.
— Finalmente, el poder para gobernar a todos los mundos será mío.
Casi lo olvidaba, se había divertido mucho en la batalla contra los Elegidos. No sabía si era el profundo sentimiento de odio y venganza que sentía, o era la naturaleza presente en todos los digimon que los llevaba en pelear unos contra otros. En ese preciso momento, poco importaba.
— No irás a ningún lado — Lowemon exclamó intentando golpear con su lanza al digimon maligno, pero bastó con un agitar de las enormes alas que este poseía para crear una ráfaga de viento, la cual impediría el movimiento de sus enemigos, y poder escapar del lugar.
Detrás de él solo quedó un sello luminoso de color naranja, la marca de su poder, el sello de la Ira.
12:30 Hrs. (Hora de Japón) Salón de la Profecía, Nexo entre los Mundos.
Parte 2: La batalla de tres frentes.
— No entiendo como pudimos permitir que se nos escapara — LordKnightmon dijo de manera despectiva.
— Eso no importa ahora, no tiene sentido quedarse en lamentaciones.
Otro de los Caballeros de la Realeza se pronunció, quien a diferencia de muchos de sus compañeros que poseían formas humanoides en mayor o menor medida, la suya correspondía a la de una bestia mítica. Era un gigantesco centauro cubierto por una armadura muy resistente, portaba en sus manos un poderoso escudo y una lanza.
— La intervención de los humanos en el Digital World fue algo planeado desde hace mucho por las Bestias Sagradas, una decisión imitada por otros digimon como Los Tres Ángeles. Incluso, Yggdrasil se ha visto en la necesidad. Debo admitir que no entiendo las razones de todo, sin embargo el misterioso poder e influencia que tienen los humanos sobre el Digital World es la fuerza que ellos vieron. No me extraña que hallamos fracasado esa vez.
— Sleipmon, si me preguntas, la intervención de los humanos no es más que un error.
El caballero indiferente, tal cual era su título, no mostró más que desprecio en sus palabras.
— Ellos rompen con nuestro orden perfecto, traen caos y discordia. Si mi señor lo pidiera, yo mismo me encargaría de exterminarlos a todos.
— Tal vez nunca se te presente esa oportunidad, Dynasmon ahora está en el mundo de los humanos.
Shinjuku, Japón.
El panorama se oscureció de repente, el digimon vampiro se apresuró en escapar pues sabía que era lo que se aproximaba. Takato permaneció ahí mismo y Agumon se quedó con él, prometiéndose a si mismo proteger al chico y no fallar como había pasado la última vez; lo que había pasado con Taichi en el Digital World no se volvería a repetir. Del suelo emergió una luz purpura que dio paso a una figura ya conocida, aunque era la primera ocasión en que el tamer se permitía observarlo. El chico oprimió el botón central de su D-Ark y apareció una pantalla holográfica.
— Demon, un digimon maligno en su etapa mega, del tipo Señor Demonio. Sus técnicas especiales son la Llama del Infierno y Fulgor del Caos.
El señor demonio levitaba, a pocos centímetros del suelo, y se acercó hasta quedar a una distancia que consideró prudente. Takato pudo ver mejor a su adversario, la túnica color sangre que le cubría todo su cuerpo, que solo dejaba sobresalir sus enormes cuernos, sus alas negras y esos ojos que expresaban no mas que odio puro; el chico debía admitir.
— Es mucho más aterrador en persona — pensó con sudor recorriéndole la mejilla y sus manos temblorosas.
— Que curioso, quien diría que todo ese poder este contenido en el interior de un débil humano, irónico — Demon dijo extendiendo sus brazos, intentando alcanzarlo para así apoderarse de lo que él creía que debía ser suyo.
Takato, a pesar de la situación, se permitió sonreír de manera misteriosa para luego murmurar.
— Todo acabará aquí.
Fue cuando Demon detuvo su avance, mostrándose inquieto y sobresaltado. Cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde, solo pudo alzar su mirada disgustada hacia el cielo donde vio descender a un guerrero muy poderoso, el caballero de armadura blanca y alas de dragón purpura.
— ¿Por qué has tardado tanto tiempo? — el humano se dirigió hacia el recién llegado — Dynasmon.
Poco tiempo después de que Demon se hubiese marchado, Daisuke y los otros elegidos se vieron rodeados por el grueso de la armada del señor demonio. Imperialdramon, Shakkoumon y Silphymon realizaban un círculo alrededor de sus amigos. Lowemon y Wolfmon eran quienes estaban más cerca, los descendientes de los Guerreros Legendarios se propusieron cuidar de manera más directa a los chicos mientras los otros digimon lidiaban con la amenaza.
— Rayos, no se que es peor... que Demon se hubiese o no marchado — Ken murmuró mientras observaba el panorama.
Lograba divisar viejos enemigos, los tres comandantes que se subordinaban directamente al señor demonio: SkullSatamon, MarineDevimon y LadyDevimon; quienes estaban juntos al frente de ellos. Hubo otros que no había visto antes pero que conocía acerca de ellos, gracias a todas las historias que les contaban Taichi y los chicos mayores; entre ellos estaban MetalEtemon y Mugendramon. Eran seguidos por montones y montones de otros digimon: Devidramon, Bakemon, Phantomon, Raremon y Boogeymon; eran algunos solamente.
¿Por qué Demon los había traído a todos de vuelta? Solo se le ocurría una explicación. Vamdemon, LadyDevimon y los otros habían regresado porque ellos habían sido derrotados por los Elegidos y sus compañeros digimon; esos villanos aun tenían cuentas pendientes con ellos. De eso se trataba, de venganza contra él y sus amigos.
— Lo único que podemos hacer ahora es defendernos — Daisuke dijo mientras le tomaba del hombro con una de sus manos — hay que mantenernos cerca y no separarnos.
— Hay que derrotarlos cuanto antes, así podremos alcanzar a Demon y detenerlo — Takeru comentó.
Sus compañeros asintieron y usaron sus D-3 para dar más energías a sus digimon. Luz blanca salió de cada una para ir directo a sus digimon, lo cual restauró sus fuerzas en el acto. Eso era lo único que podían hacer por ahora y esperaron lo mejor.
De repente varias luces aparecieron por todas partes en los alrededores, cegando momentáneamente a los digimon de las Tinieblas. Daisuke y los chicos se alegraron en ese preciso momento, pues sabían que eran los niños Elegidos de la Tierra que habían venido en su ayuda; pudieron divisar de manera rápida a Wallace y Michael, quienes estaban en compañía de sus digimon y a quienes recibieron con sonrisas y expresiones de júbilo. Ahora las condiciones de la batalla eran un poco más justas.
— Wallace, ¿Cómo llegaste aquí? — Daisuke preguntó sonriente.
— Re-programé las puertas digitales para que nos trajeran a este lugar — contestó el aludido — No podíamos dejarles toda la diversión a ustedes.
De manera habitual, guiñó el ojo a Hikari y Miyako, sacando a relucir un sonrojo en las mejillas de ambas chicas. Por supuesto, Daisuke y Takeru, en menor medida, mostraron irritación por el hecho. Mientras, Michael, el otro Elegido Estadounidense que había permanecido en silencio hasta el momento, notó por primera vez la presencia de los guerreros digimon que los acompañaban en ese lugar.
— ¿Quiénes son ellos? — preguntó.
— Yo soy Wolfmon — respondió el digimon armadura blanca con motivos de lobo — y él es Lowemon, mi hermano.
— Ellos nos están ayudando — Iori dijo.
Wallace asintió — Muy bien, es hora que demostremos que el título de Elegidos que se nos dio no fue en vano.
Por otro lado, en el bando contrario.
— ¿Cuál es el significado de esto? — SkullSatamon preguntó con evidente molestia.
— Los Elegidos de todo el mundo han venido hasta aquí para desafiarnos, han venido hasta aquí para conocer su destino — LadyDevimon respondió con una sonrisa maléfica.
El gigante MarineDevimon respondió afirmativamente con un gruñido profundo, en su rostro mostraba una sonrisa grotesca que daba a conocer sus ganas de asesinar a todo aquel que se le pusiera en frente. Los tres comandantes del ejército de Demon tenían las cosas claras, aplastar a todo ser que estuvieran en medio de su camino y las metas de su señor.
— Matén. Que ni uno quede con vida.
En otra parte de la ciudad una gran cantidad de Gizumon se elevaban por los cielos, buscando sus objetivos. Las órdenes programadas habían sido muy simples, destruir a cualquier digimon que se encontrara en la ciudad; desconociendo incluso la división de bandos y los motivos de lucha de cada uno. Para quienes los construyeron, pensaron en todos los digimon como una amenaza a la seguridad de los humanos y como tal, los Gizumon fueron producto de ese miedo a lo desconocido, a lo fantástico y a todo lo que no estuvo en control de los adultos.
La batalla de las tres armadas ya se estaba produciendo.
— Caballeros de la Realeza — los puños del señor demonio apretaban con furia descontrolada — lo pagarán, pagarán muy caro lo que me hicieron hace tanto tiempo.
Dynasmon se mostró indiferente ante la amenaza que presentaba a Demon, se encontraba muy seguro de que podía manejarlo sin ningún problema. Lo que realmente le interesaba era terminar con el humano, Takato Matsuda era el riesgo que había venido a tratar; no era solo su poder dañino que guardaba en su interior, también había demostrado ser más listo de lo que aparentaba. Había dado señales de su paradero con él único objetivo de atraerlo y que hiciese el trabajo sucio por él, Takato requería de alguien que pudiese exterminar al rey demonio y por la expresión en su mirada, que daba la sensación que todo estaba saliendo conforme al plan, le dio la señal de que tenía razón.
Dynasmon no soportó ser manipulado por un ser que consideraba ser inferior, sin embargo no tenía opción, Demon no pensaba dársela. Era mucho más urgente tratar de manera rápida con su viejo adversario, después trataría con el muchacho.
— Demon, debiste haber permanecido escondido en el interior del Mar de las Tinieblas, ahora enfrentarás el castigo de Dios. ¡Dragones del Caos!.
Las gemas de las palmas de sus manos brillaron y crearon rayos de energía con un poder devastador, dirigidos directamente al señor demonio. Este, por su lado, se protegió inmediatamente con su escudo mágico semitransparente; a pesar de ello, la técnica del caballero estuvo a punto de romper con sus defensas en una gigantesca explosión que levanto pedazos del asfalto. Takato y Agumon tuvieron que cubrirse de la cantidad de escombros que salieron volando por todas partes.
Dynasmon se acercó al lugar donde había estado el señor demonio, queriendo asegurarse de haberlo matado. Una llamarada incandescente emergió dentro del humo, demostrando que Demon aun no había muerto, y la cual tomó por sorpresa al Caballero Real que apenas tuvo tiempo para esquivarla.
El señor demonio aparecería a su espalda poco después de esto, lanzando fuego de sus manos y a quemarropa. El caballero de la Realeza gemiría adolorido y sorprendido, pues no esperaba que Demon se moviese a esa posición tan rápidamente. Esta batalla tenía que terminar lo más pronto posible y liberándose de forma hábil de las llamas preparó su técnica más poderosa.
Demon sintió temor al ver como la silueta de un dragón gigante envolvía a Dynasmon por completo, un dragón que se acercaba a devorarlo.
— Llamarada de la Muerte.
La técnica terminó por consumir al señor demonio creando una explosión que acabó con los edificios y otras estructuras urbanas cercanas. Takato, junto a Agumon, contempló la devastación con su integridad intacta al utilizar una carta, deslizándola en su D-Ark, la cual crearía no mas que un escudo que por fortuna logró resistir las ondas de choque remanentes del poder utilizado. Ambos tuvieron que cerrar los ojos debido al intenso resplandor que se habría de notar a muchos kilómetros a la redonda, de hecho, cualquiera que aun permaneciera en la ciudad lo hubiese podido notar.
Mitsuo Yamaki perdió el control de su vehículo cuando enormes temblores azotaron sin compasión todo lo que hubiese, a penas pudo detener su vehículo antes de que se estrellara y terminará en el interior de un local de comida rápida. Hace poco había recibido la noticia de la intrusión de un nuevo digimon, tan poderoso como el anterior; sin dudas debió ser el causante de aquel estruendo. ¿Qué estaba pasado? Prácticamente habían convertido todo en una zona de guerra.
— Debes encontrarlo, rápido.
Mitsuo se sobresaltó. ¿De dónde había venido eso?
— Busca hasta que lo encuentres, antes de que sea demasiado tarde.
¿Acaso se estaba volviendo loco? ¿De dónde venía esa voz?
Salió de su auto, a pesar del polvo presente en el aire que lo hacía difícil de respirar y nublaba la vista. Sentía su cabeza a punto de estallar, no tuvo más remedió que recogerse de rodillas en el suelo pues aquel dolor se hacía cada vez más grande, era un zumbido que intentaba tomar forma. Sus ojos ya no pudieron divisar el exterior, bloqueados por una luz que provino de otro mundo.
Takato y Agumon tosían, tratando de expulsar todo el polvo que viajó a sus pulmones, de la misma forma que el ambiente comenzaba a despejarse. Dynasmon apareció entre el humo con mirada impasible, no les había quitado la vista de encima en ningún momento. Los resultados de su técnica crearon un paisaje baldío en el lugar donde hubo varios edificios, ante la ira del digimon poderoso solo quedó ruinas y desolación.
Y mientras se acercaba hacia ellos.
— ¿Quién eres? — Agumon preguntó con temblor en su voz.
Las piernas del digimon se encontraban congeladas por el terror que penetraba en sus huesos, por supuesto nunca antes había visto a otro digimon usar tal cantidad de poder. Sin lugar a dudas, ese caballero dragón hubiese podido erradicar al mismo Apocalymon de un solo golpe.
— Su nombre es Dynasmon, uno de los doce Caballeros de la Realeza que protegen el Digital World — Takato respondió.
El tamer lo conocía muy bien, se lo había topado una vez en el pasado. Sentía su corazón latir con más fuerza y rapidez a medida que el caballero se acercaba con cada paso, sus manos y pies temblaban petrificados por el miedo, era un milagro que aun su mente consciente fuera capaz de pensar incluso en estas circunstancias. Los Caballeros de la Realeza nunca habían sido un aliado, ellos luchaban y arrasaban con cualquiera por el bien de sus ideales, ellos hoy habían venido a...
— Ha venido a matarme..
— ¿Qué? — Agumon preguntó con un vuelco en el estomago — ¿Por qué?
Takato no respondió, simplemente mantuvo su mirada temblorosa y desafiante ante el enemigo que tenían al frente.
— Takato Matsuda, humano; tu sola existencia pone en riesgo al Digital World y la tela de la realidad misma. La última vez escapaste de la condena impuesta por nuestro señor pero ya no más. Hoy verás a tu creador.
— En serio lo matará — Agumon pensaba con horror.
Mientras los puños de Dynasmon brillaban con aquella energía destructiva, Agumon recordó como Demon asesinaba uno por uno a todos sus amigos en aquella batalla final. Una vez más, imágenes de como Taichi era asfixiado por el señor demonio inundaban su mente. Una vez más se sentía impotente, como una pequeña piedra que era arrastrada en el curso de un río sin poder cambiar de dirección, a merced de fuerzas mucho más grandes.
No, eso no podía suceder nuevamente, no podía dejar que nadie más muriera.
— ¡No te acerques! — exclamó desafiante.
Dynasmon lo observó sorprendido y preguntó.
— ¿Acaso tu también te opondrás a la voluntad de Yggdrasil, tu Dios?.
— Aunque tenga que enfrentarme al mismo Dios, no dejaré que ningún otro de mis amigos muera.
El Caballero de la Realeza gruñó en señal de justa ira, no permitiría que nadie desafiaría a su señor, era una blasfemia.
— ¡Seres humanos demoníacos! Esto se termina ahora...
— Takato, rápido — Agumon dijo — Tengo que digi-evolucionar.
El aludido lo miró con sorpresa, Agumon sabía no estaba a la altura de un Caballero Real, sin importar que usara su evolución más poderosa y aun así pensaba darlo todo de si, sabiendo que todo al final sería inútil. ¿Agumon pensaba sacrificar su vida también?.
Takato apretó sus puños con fuerza mientras gruesas lágrimas caían de sus ojos, a medida que el resplandor mortal de Dynasmon se acercaba a ellos. Había pensado dejar que el enviado de Yggdrasil lo asesinase después de haberse encargado del señor demonio, con su muerte finalmente todo iba a terminar y encontraría la redención que desesperadamente añoraba. No quería seguir viviendo si aquello significaba ver sangre derramada de sus seres queridos, así que uso su extraño poder para llamar la atención de los Caballeros de la Realeza, quienes sin duda vendrían a terminar lo que empezaron hace tiempo. Hasta ese entonces había anhelado la muerte pero, ahora que Agumon se había interpuesto, su sentir cambió repentinamente. Una parte suya aun quería vivir.
— Lo siento.
La técnica de Dynasmon hizo impacto pero frunció el ceño al ver que había sido ineficaz, reconoció aquel extraño poder con el que lidió en aquella ocasión, a pesar de que aun le pareciera extraño que un humano y un digimon pudieran fusionarse. VictoryGreymon yacía de pie delante de él y eso no resultaría ser el único inconveniente. El ambiente en el aire cambió nuevamente.
— ¿Qué cosa? — VictoryGreymon preguntó.
— Imposible — el caballero exclamó a su vez.
De las sombras, Demon resurgió nuevamente.
Fin del Capítulo
Esta historia continuará con: "Sacrificio"
Notas del Autor:
¡Hola! :D Aquí les traigo la siguiente actualización, jejejeje esperaba que este capítulo fuera el final de la primera parte pero se alargó mucho y tuve que dividirlo en dos, así que pronto subiré el siguiente; aun quedan muchas cosas para relatar. Mientras los dejó con el preview de la continuación y no se olviden de comentar en la sección de reviews.
Preview: A veces todo lo que tienes es insuficiente para alcanzar la victoria, en aquella situación desesperada solo queda una opción... el siguiente capítulo titula Sacrificio. Es la única forma de mantener a tus seres queridos con vida.
