Capitulo 10

- ¿Dónde coño habrá puesto Justin el pijama de la niña? – murmuraba entre diente Brian mientras que buscaba por el armario de Aline la susodicha prenda.

Aline lo observaba extrañada sentada en su cama. Habían pasado un día divertido, pá le había dejado pintar con ceras de muchos colores y papá la había llevado a pasear al parque, cosa que hizo reír mucho a pá, aunque ella no sabía muy bien el motivo. Después habían ido a comer al lugar lleno de colores y le habían dejado tomar helado de nuevo, eso sí, la ela Deb la había estrujado durante un rato muy largo.

A donde fueron por la tarde no le gustó, pá se había puesto muy triste y papá no dejó de arrugar la frente durante todo el tiempo que estuvieron allí. Por suerte, el viaje a la tienda grande fue divertido, la dejaron montar con Mimi en el carro donde ponían lo que iban cogiendo de las paredes, y antes de irse papá la llevo donde había muchos juguetes, dejándola elegir el que más le gustaba. Y ahora estaban de nuevo en casa. Pá se había metido en la cocina con Lia y papá había subido con ella.

- Nop, ero el osa – se manifestó Aline haciendo un leve puchero cuando Brian surgió de las profundidades del ropero con un pijama de color celeste.

Brian la miró unos instantes y perjuró de nuevo por lo bajo antes de asomarse a la puerta de la habitación.

- Justin ¿Dónde está el pijama rosa? – gritó, sin acordarse de usar el interfono que tenía a solo un paso.

- Debajo de la almohada Brian – la voz de Justin sonó ligeramente extraña debido a que él si había utilizado el interfono de la cocina.

Brian se dirigió hacia la cama de la pequeña. Al levantar la almohada se encontró el bendito pijama bien doblado.

- Es hora de ponerse el pijama princesa – murmuró mientras se sentaba en la cama y se colocaba a Aline en sus rodillas.

- Nena sola – pidió Aline cuando Brian comenzó a desatarle los zapatos.

- Como quieras – dijo observando como la niña torpemente intentaba desatarse los cordones

- ¿Me dejas que te ayude? – añadió antes de que Aline perdiera los nervios por la impotencia de no poder hacerlo solo y se pusiera a berrear – ¿Ves? ya está.

La niña lo miró extraña. Su papá había guiado sus manos hacia los zapatos pero había sido él quien los había desatado, dejando que ella fuera la que se los quitara de los pies.

Seguir desvistiéndola fue más sencillo, ya que no dejó que Aline se empecinara en quitársela ella sola, entreteniéndola con conversaciones absurdas sobre cuentos infantiles. Sí a Justin le funcionaba ¿Por qué no a él?

Una vez con el pijama puesto vino una tarea más difícil, peinarla para quitarle los enredos provocados por los rizos y las coletas que había llevado puestas todo él día. Reuniendo toda la paciencia que le quedaba, que no era mucha después de pasar por el Q Mark, pasó el cepillo suavemente sobre la cabeza de Aline, parando cuando la pequeña hacía la mínima mueca de molestia.

Una vez lista, ambos bajaron hacía el comedor, donde les esperaba Justin que estaba terminando de poner la mesa.

- Espero que tengáis hambre, Celia ha preparado un guiso delicioso – Justin vio como Brian levantaba la cejas en una pregunta silenciosa – Celia se ha asegurado de que sea una comida libre en carbohidratos.

- Bueno princesa, ya escuchaste, es hora de cenar – Justin oyó como Brian se dirigía a la niña mientras la sentaba en su trona.

La cena fue apacible, no hablaron demasiado, absorto cada uno en sus propios pensamientos. Se podría decir incluso, que el peso de la conversación lo llevó la pequeña Aline, que con su media lengua hacia memoria con sus padres sobre todo lo que había hecho durante el día. Brian observó en silencio como Justin prácticamente no usaba su mano derecha para casi nada, signo de que debía de estarle doliendo todavía. Sin duda tendría que tener una larga charla con el rubito una vez la niña estuviese dormida.

Después de cenar, Aline le recordó a Justin que debía enseñarle sus dibujos. Brian miró fascinado los diferentes bosquejos sobre Aline y los dibujos más elaborados. La pequeña aparecía en multitud de posturas y escenas: jugando sentada con sus muñecas, riendo a carcajada limpia, dormida, con una rabieta,… al final la pequeña se decidió por un dibujo donde aparecía de cuerpo entero y uno de los vestidos que ella había elegido en Londres cuando la llevaron de compras la primera vez.

Una vez que Justin se aseguró que la niña dormía feliz en su habitación, conectó el avisador de bebes y bajó con el receptor al salón. El sonido de una de las películas de James Dean le indicó que Brian ya llevaba demasiado tiempo dándole vueltas a un mismo tema, y eso casi nunca era buena señal.

- ¿Ya se durmió? – preguntó nada más oír sus pasos por las escaleras.

- Sip – respondió Justin ya en el interior de la habitación – muévete un poco.

Brian se desplazó hasta un extremo del sofá casi al mismo tiempo que Justin se tiraba en él cuan largo era apoyando la cabeza en el regazo de Brian. Durante unos instantes no dijeron ni una palabra. Brian seguía concentrado en la película mientras acariciaba distraídamente el pelo de Justin con una mano y su mano derecha con la otra, y éste mantenía los ojos cerrados disfrutando de la sensación. En esos momentos los problemas parecían no afectarlos, como si perteneciesen a otras personas o se mantuviesen en un mundo paralelo.

Fue Justin el primero en romper el silencio al sugerir que debían guardar bajo llave la hierba que mantenían en casa para emergencias.

- Tampoco estaría mal que guardásemos en un solo sitio todos nuestros juguetes. No recuerdo donde llegamos a guardar el consolador que compramos antes de irnos a Vermont – añadió Justin ante el silencio de Brian.

- Ésta en mi despacho – respondió Brian, lo había vuelto a ver cuando estaba buscando uno de los informes de una vieja campaña publicitaria. Sin duda a Vangard no le iba a gustar nada la visita que Summers tenía prevista hacerles en un par de días para recordarles que el plagio no les iba a ser una actividad muy fructífera – Por cierto, ¿sabes porque procuro mantener el departamento de arte con lo último en tecnología de gráficos? No creo que deba recordarte cuál es nuestro trato.

- Solo ha sido un día largo nada más. No me he esforzado demasiado. – murmuró Justin.

- Eso díselo a tu mano – murmuró entre dientes mientras iba a buscar el gel que les había recomendado el doctor. Sabía de sobra que no serviría de nada discutir con Justin mientras tuviese la mano en ese estado.

Tras el masaje las cosas parecieron calmarse un poco, ocasión que aprovechó Justin para tratar el verdadero tema que les preocupaba a ambos: la custodia de Aline.

- La niña lleva con nosotros solo unas semanas y sé que me moriría si se la llevan de nuestro lado. ¿Es de locos? – la voz de Justin no era mucho más alta que un susurro.

- No, yo me siento igual – Justin había definido bien el sentimiento que llevaba rondado su cabeza desde que salieron del despacho de Melanie – No puedo prometerte que se quedará con nosotros para siempre, pero sí que pondré todo de mi parte para que así sea.

Justin no pudo reprimir una sonrisa de alivio cuando una oleada de esperanza lo invadió. Las palabras de Brian significaban mucho para él, Brian nunca había roto una promesa y algo le decía que esa no sería la primera vez.

Un tiempo después, cuando la tensión los abandonó, Justin comenzó a prodigar besos a cada pequeño trozo de piel de Brian al que tenía acceso. En algún punto intermedio entre el masaje y ahora, Brian se había colocado a lo largo del sofá también, por lo que no fue difícil sentarse a horcajadas sobre él cuando sintió que necesitaba saborearlo más profundamente.

El calor de la chimenea les permitía mantenerse, al menos a Brian, en mangas de camisa, aunque afuera estuviesen por debajo de los cero grados. Cosa que agradeció Justin cuando al deshacerse de ella pudo tener a su entera disposición el torso de Brian, para acariciar y saborear a su antojo.

Brian dejó que Justin tomara las riendas de la situación por el momento, pero el roce de sus erecciones lo estaba poniendo casi frenético, por lo que instó a Justin a que elevase su rostro y así poder besarlo a su antojo. Pasó una de las manos por debajo del pantalón de Justin, mientras que perjuraba por lo bajo sobre la manía de Justin de usar ropa interior, entorpeciendo sus avances.

La pasión comenzaba a inundar a habitación, sus respiraciones eran cada vez más agitadas y sus movimientos eran menos calculadores, dejando que sus instintos los guiara. Justin apenas fue consciente de que Brian había conseguido ponerse encima de él, elevando sus piernas levemente para poder tener mejor acceso a su entrada.

- Brian, por favor… - la voz de Justin sonaba estrangulada por el placer.

- Shh ¿no te he enseñado a ser paciente? – murmuró Brian en su oído, logrando así un mayor contacto entre sus erecciones.

- A la mierda la paciencia, o entras de una vez o te juro que dormirás en el sofá toda una semana

Brian solo sonrió ante la impaciencia de Justin y le dio lo que quería. Y no es que tuviese miedo de que lo mandara a dormir al sofá, cosa que estaba seguro que no haría, ya que Sunshine no soportaba dormir solo, pero si podía tenerlo a palo seco durante toda una semana, y no estaba dispuesto a permitirlo.

Para disgusto de Brian, debían buscarle una guardería a Aline sino querían problemas con los de servicios sociales. En un primer intento se planteó abrir una guardería en la misma oficina, lo que sería todo un cambio ¿Quién diría que la vieja sauna se podría albergar en un futuro cercano una guardería? Pero la opción no era factible, ya que ninguno de sus empleados tenía niños con esa edad. Por lo que se obligaron a buscar una cerca del trabajo.

Cynthia había impreso una lista con las guarderías más cercanas, ordenándolas por prestigio y después por cercanía. Brian no pudo evitar sonreír, sabia muy bien porqué su secretaria las había ordenado así. Las primeras sin duda serían las mejores guarderías de la ciudad, lo que también significada que bajo una suma de dinero considerable no podrían ningún tipo de problema para aceptar a la pequeña, incluso ante el hecho de que el plazo de matriculación ya hubiese concluido, como le recordó amablemente Lindsey anoche cuando la llamaron en busca de consejo, o por el hecho de que sus tutores legales fuesen dos hombres.

Pero como casi siempre que sus planes incluían a Justin la cosa le salió rana. Sin duda St. James no le había dejado un buen recuerdo, ya que buscaba todo tipo de excusas absurdas para no dejar a la pequeña en las guarderías de mayor prestigio. Sus motivos iban desde la sobriedad de los colores de los muebles, las paredes y los uniformes, la falta de un patio donde los niños pudiesen jugar hasta las supuestas malas caras de algunas empleadas.

Brian comenzaba a desesperarse, aunque debía admitir que a él tampoco le gustaba demasiado los lugares que habían visitado, para qué coño necesita una niña de poco menos de dos años hablar francés y español si apenas chapurreaba todavía el inglés.

El último sitio que visitaron fue el centro de gays y lesbianas de Pittsburgh. Nunca pensó que las palabras de Lindsay sobre que algún día se beneficiaría de la guardería del centro llegasen a cobrar realidad. Las condiciones del centro satisficieron a Justin, que observaba todas las instalaciones con sumo interés.

A Aline, que se había mantenido silenciosa durante el resto de las visitas, señalaba cada cosa que llamaba su atención. La cercanía del centro a Kinnetik también era un punto a su favor. Sólo se encontraba a dos calles más abajo, poco más de cinco minutos andando.

El hecho de que la dirección del centro de gays y lesbianas hubiese cambiado hace un par de años, sólo fue un punto más a favor del centro. Pero lo que realmente lo decidió fue ver que Aline se encontraba cómoda allí y que su futura profesora, si es que decidían quedarse, no la asustaba, como todavía hacía ciertas personas. Michael aun no podía acercarse a la niña sin que ésta se negara a separarse de él o Justin.

El primer día de guardería amaneció agitado. La noche anterior le habían explicado a Aline lo mejor que pudieron, que al día siguiente estaría durante unas horas en un lugar donde podría jugar con otros niños y aprendería cosas nuevas. El despertador les sonó más de media hora tarde, por lo que se tuvieron que saltar el polvo en la ducha, para disgusto de ambos. Aline no entendía muy bien lo que estaba pasando, por alguna extraña razón todo el mundo pareció volverse loco.

El Dinner bullía de actividad esa mañana. Los desayunos volaban entre las cabezas de los clientes y los camareros no daban abasto para servir el café, aun así la efusividad de Debbie al verlos entrar con la niña paralizó el restaurante durante unos segundos.

-¡Buenos dias! – Los saludó la mujer dándole un beso a la niña que se encontraba sentada en su silla de paseo, dejando antes sobre la barra las jarras de café caliente – Sentaos, enseguida os sirvo.

Poco a poco la cosa se fue calmando, lo que permitió a Debbie sentarse con los chicos para poder charlar con más tranquilidad.

- ¿Preparados para el primer día de guardería? ¿Para dejar a este ángel durante unas horas?

- Nop, pero se que es necesario para que se quede con nosotros. La voy a echar de menos – contestó Justin un tanto compungido.

- Ayer fui de compras y no pude evitar comprarle una fiambrera – añadió Debbie a la vez que se la mostraba - ¿te gusta pequeña? – preguntó dirigiéndose la niña.

- Ositos – contestó Aline quitándose el chupete de la boca y usándolo para señalar los dibujos.

- Tomaré eso como un sí.

Brian observaba la escena con un poco de escepticismo, sobre todo cuando Justin comenzó a llenar la fiambrera con petit-suise, galletas y una pequeña botella de agua, que había sacado de la bolsa de Aline. Lo que le dio también la oportunidad de mirar con más atención él contenido, por Dios solo iba a pasar cuatro horas en la guardería totalmente equipada, ¿Qué necesidad había de llevar varias mudas?.

Cuando se marcharon del Dinner ya había llegado también Jennifer, que junto a Debbie se despedían de la niña con lágrimas en los ojos y algo de orgullo.

- Solo es la guardería. ¿Qué vais a dejar los dos para cuando se vaya a la universidad?

Tras unas cuantas pequeñas discusiones, al fin habían llegado a la guardería. Una simpática joven, no debía de tener más de 19 años, les atendió en la entrada, ultimando los últimos detalles de la inscripción.

- Aquí tienes una lista con los números de contacto. Están nuestros móviles, los de la oficina y nuestra casa, y si por casualidad no nos localizáis en algunos de ellos, que sería extraño, también están los números de mi madre y Debbie. Creo que con eso será suficiente – comentó Justin al entregarle el papel.

- Es más que suficiente señor – murmuró la joven en respuesta, acostumbrada a los padres primerizos. Aunque si se los encontraba por la calle sin la niña no los hubiese calificado como tal.

Nada más verlos entrar se sorprendió al verlos. Eran sin duda unos buenos ejemplares masculinos, pero lo que realmente la sorprendió fue el aire familiar que rodeaba a la pareja y a la niña. Brian, como supo después que se llamaba, había entrado con una expresión algo despectiva, incluso podría decirse que incomoda, pero ésta había cambiado radicalmente al mínimo sonido de la niña para llamar su atención. Aunque posiblemente el leve Brian, con un toque de advertencia, que susurró el más joven también tuviera algo que ver. En cambio, el lenguaje corporal de Justin decía a gritos que no deseaba en absoluto dejar a la niña sola, aunque sus acciones dijeran lo contrario.

Con la sabida paciencia que debía tener con los padres primerizos los guió hasta el salón de clases de la pequeña y les presentó a la que sería su cuidadora, abandonando con posterioridad la habitación. Poco después los vio salir, Justin iba completamente apoyado en el hombro de Brian, dejándose guiar hasta la puerta.

Ted llamó a la puerta de Brian nada más comprobar que en esos momentos sería imposible poder hablar con Justin sobre las nuevas diapositivas de la campaña de Mc'Donalds. Su experiencia en la empresa le decía que sin duda era mejor tratar con un predecible Brian que con Justin nervioso.

- Pasa Teddie – oyó Ted desde la puerta cerrada.

- ¿A qué debo tu maravillosa presencia? – añadió Brian con un deje de ironía elevando sus cejas.

- Es sobre la campaña de Mc'Donalds – observando como Brian también tenía su móvil encima de la mesa, bien a la vista.

- Creía que de eso se encarga Justin – contestó Brian.

- Así es, pero digamos que actualmente su cuerpo se encuentra en su despacho y su mente en paradero desconocido.

- ¿Puede esperar?

- Han pedido una estimación sobre él número de horas trabajadas para facturarlas. Solo depende de cuando quieras cobrar.

Brian observó como Justin se paseaba nervioso de un lado a otro de su despacho, pasando su mirada del rincón de Aline a su móvil de forma intermitente. Sabía muy bien lo que pasaba por la mente de Justin y porque le era imposible concentrarse en su trabajo. A él le pasaba lo mismo, pero a diferencia de Justin, cuyo acto de creación estaba íntimamente ligado a su vida personal, él estaba más acostumbrado a que su vida privada no interfiriese en su trabajo. La sensación de que habían abandonado a su pequeña, dejándola sola e indefensa en un lugar desconocido, y de seguro que el recordar una y otra vez su rostro compungido, apunto del llanto, tampoco les ayudaba nada.

En una de sus tantas vueltas por el despacho lo vio parado junto a la puerta, lo que lo hizo detenerse conectando sus miradas. En un par de pasos, que ninguno de los dos sabrían bien quien los dio, se abrazaron.

- Dime que todo irá bien – la voz de Justin no era más que un susurro debido a que mantenía su rostro apoyado en el pecho de Brian.

- Todo saldrá bien – le respondió mientras que hundía sus manos en su pelo y movía su cabeza para poder besarlo – En un par de horas la tendremos de vuelta contándonos lo bien que se lo ha pasado.

Pocas eran las drogas que no había probado en algún momento de su vida, pero ninguna era tan fuerte ni le creaba tanta adicción como besar a Justin.

- Mientras tanto se me ocurre un par de actividades con las que matar el tiempo. Hace mucho que no nos pasamos por el loft – añadió Brian cuando sus respectivas excitaciones se hicieron más que evidentes y no le apetecía nada uno rápido en alguno de los dos despachos.

- Habrá que poner remedio a eso – contestó Justin sabedor de las intenciones de su compañero.

- Brian… la puerta… está… abierta – los besos de Brian apenas le dejaban tomar el aire necesario para respirar, por lo que mucho menos para hablar de forma coherente.

De un rápido empujón Brian logró cerrarla mientras que dirigía a Justin de cara contra una de las columnas del loft para poder besar con más facilidad su nuca y en ese punto mágico detrás de sus orejas, logrando que Justin se derritiera entre sus brazos pidiendo más contacto.

En algún momento en el viaje entre la columna y el dormitorio sus ropas desaparecieron, dejando así de entorpecer sus caricias. Una vez en la cama Justin tomó la iniciativa con un ágil movimiento que lo posicionó sobre Brian.

Sus labios se devoraban mutuamente, pero el rubio tenía otros planes por lo que no tardó en ir trazando con suaves besos una línea invisible que dividió a Brian en dos. La barba incipiente de su barbilla encendió aun más sus sensaciones gracias a la diferencia de texturas. Con la lengua siguió bajando siguiendo la línea de su garganta, recreándose en la nuez del mayor, que se movía acompasada por la respiración cada vez más agitada.

Ya en el pecho, no pudo evitar desviarse momentáneamente hacía sus pezones, mordiéndolos suavemente, hasta llegar a su ombligo, donde dejó que su lengua jugueteara un rato. Estaba tan concentrado en darle a su pareja el máximo placer posible que no fue muy consciente que sus movimientos contra el colchón aumentaban.

- Justin … Sunshine – jadeó Brian, que al ver que le sería imposible conectar más de dos palabras mientras Justin siguiese haciendo lo que estaba haciendo tiró suavemente de su pelo logrando que levantara la cabeza - Creo que otra parte de mi cuerpo es la que está pidiendo atención en estos momentos.

Justin le sonrió para después humedecer sus labios con un movimiento que lo puso más caliente si eso era posible, tomando su polla casi en su totalidad en el primer movimiento, para luego soltarla despacio con una suave succión, lo que hubiese provocado un fuerte orgasmo a cualquier persona con algo menos de control.

Si quería enterrarse en su suave culo antes de correrse debía pararlo cuando antes, por lo que tiró de él hacía arriba para poder besarlo y que se diese la vuelta y poder devolverle el favor. Jugueteó con él unos minutos hasta que se hizo más que evidente que Justin no aguantaría mucho más sin correrse, por lo que alargó su brazo y tomo un anillo del cajón de los juguetes de la mesilla de noche.

- Joder Brian, no es tiempo para juegos. Quiero correrme y quiero hacerlo ya – jadeó Justin en respuesta, algo irritado cuando su cerebro fue consciente de lo que implicaba las acciones de Brian.

- Shh… Sunshine, siempre hay tiempo para jugar ¿o es que no te he enseñado nada? – objetó Brian mientras que embadurnaba sus dedos en lubricante y los dirigía a la entrada del menor.

El olor a vainilla comenzó a inundar la habitación a medida que el lubricante se calentaba gracias a los movimientos de ambos. Brian tomó un poco más y lo esparció por su miembro, que introdujo por entero en un solo movimiento, provocando un sobresalto en Justin, que no tardó en rodear sus caderas con sus piernas e instarlo a que se moviera de una jodida vez.

El exceso de lubricante ayudaba a que los movimientos fuesen rápidos y suaves, pero no por ello menos certeros, aunque la experiencia también facilitaba el poder encontrar ese punto que lo volvería loco en cualquier posición.

- Joder Brian… por favor… quítamelo – susurró Justin llegado a ese punto en el que el dolor y el placer se confundían.

Con un movimiento casi errático Brian hizo lo que le pidió, sabiendo que él tampoco duraría más. Apenas había terminado de deslizar el anillo por su glande cuando Justin se corrió con fuerza, estrangulando su miembro en su interior acabando con el poco control que le quedaba, dejando que él orgasmo lo inundara por completo.

Tardaron unos minutos en sosegar sus respiraciones lo suficiente para poder hablar, disfrutando esos instantes de la sola presencia del otro.

- Tenemos el tiempo exacto para una larga ducha e ir a recoger la niña. Así que levántate holgazán – ordenó Brian mientras se levantaba de la cama, enfatizando sus palabras con una leve cachetada.

- ¡Pá! ¡Papá! – Aline gritó feliz al verlos llegar, dirigiéndose a ellos cuan rápido le permitían sus torpes pasos.

- ¡Aquí está mi princesa! ¿Lo has pasado bien? – le preguntó Brian mientras la elevaba en brazos, le daba un sonoro beso en su mejilla y la dejaba al alcance de Justin para que pudiese hacer lo mismo.

- Sip – asintió Aline, afirmando también con un movimiento de cabeza.

- Aquí tiene las cosas de Aline señor Taylor – intercedió la misma muchacha que los había atendido esta mañana.

- ¿Ha habido algún problema? – preguntó Justin mientras que recogía las cosas de la niña.

- En absoluto, es un pequeño sol. Solo bastó sacar a Mimi de la bolsa y recordarle que en rato vendríais a por ella para que se le fueran las penas – contestó con sus mejores sonrisas, sin poder evitar coquetear un poco, aunque sabía que sería inútil.

- ¿Nos vamos? Aline seguro que tiene hambre – interrumpió Brian algo molesto por la actitud de la mujer. Joder era él quien levantaba más pasiones entre el género femenino y ésta solo miraba embobada a Sunshine.

- ¡Hasta mañana! – se despidió.

Aprovechando uno de los pocos días soleados del invierno en Pittsburg, abrigaron bien a Aline antes de salir a la calle y fueron paseando hasta uno de sus restaurantes favoritos. La niña observaba con suma atención todo lo que le rodeaba, girando su rostro cada vez que oía algún sonido que llamaba su atención desde su silla de paseo. Peo no fue hasta llegar a la altura de la tienda de animales cuando llamó la atención de sus padres.

- ¡Bugs Bunny! – chilló Aline por asociación al ver los conejitos del escaparate.

- Si, son conejitos. ¿Te gustan? – le preguntó Justin mientras la elevaba para que pudiese verlos mejor.

Brian observó como a ambos se les caía la baba por el cristal viendo las monerías de esos pequeños bichos peludos.

- Nena quere enitos papá – exigió Aline mirando directamente a Brian.

- En mi casa no entra ningún bicho de esos – respondió el mayor ante la mirada de súplica de la pequeña y su marido.

- Pienso que sería bueno para la niña. Además en Britin hay sitio de sobra y yo me encargaría de cuidar de él, estoy seguro que ni te enterarás que hay un nuevo inquilino – argumentó Justin acompañándolo con su mejor cara de suplica.

Brian cerró los ojos, consciente de que si seguía mirándolo no tardaría ni medio segundo en sucumbir a esa mirada. Cuando ya estaba apunto de conseguirlo notó que algo tiraba de su pantalón. Aline estaba junto a su pierna y su labio inferior comenzaba a temblar, signo inequívoco de que estaba apunto de comenzar un berrinche si no conseguía lo que quería. Miró de nuevo a Justin que esperaba con ansias su respuesta.

- Esta bien. Pero con condiciones. – claudicó Brian a sabiendas que desde que a su marido y a Aline se les metió en la cabeza que deseaban una mascota ya había perdido.

- ¿Qué condiciones?

- No entrara en mi despacho ni en nuestra habitación, dormirá en su jaula y está bajo tu completa responsabilidad – su tono de voz era el mismo que utilizaba con sus negocios, sabedor que Justin era un gran negociador cuando lo deseaba.

- Es justo – aceptó Justin besándolo suavemente – Vamos pequeña a conocer a nuestro nuevo amigo – añadió a la vez que cogía a Aline en brazos y entraban en la tienda seguido de Brian.

El establecimiento era un hervidero de olores y ruidos de animales. Los diversos juguetes para mascotas le daba un cierto toque de color que alegraba el lugar. Un hombre que debía alcanzar fácilmente los cincuenta les sonreía desde detrás del mostrador.

- Buenas tardes ¿en que puedo ayudarles? – les preguntó con amabilidad.

- Buenas tardes, desearíamos ver a esos pequeñines del escaparate – respondió Justin mientras señalaba donde estaban situados los conejos.

- Cómo deseen – el dependiente abrió la cristalera y sacó la caja donde estaban los conejos con sumo cuidado situándola encima del mostrador.

Justin se acercó con la niña en brazos para elegir al ejemplar que se llevarían a casa.

- ¿Cuál quieres?

- Papá ven – pidió Aline desde el hombro de Justin dirigiéndose a Brian que se había mantenido en la puerta - ¿gusta?- añadió cuando éste estuvo lo suficientemente cerca para verlo señalando una pequeña bola de pelo de color canela que estaba separada del resto.

- Si princesa – contestó Brian incapaz de resistirse a la carita de suplica que tenía puesta la pequeña a la espera de una respuesta.

- Pues decidido, nos lo llevamos – intervino Justin feliz ante la más que evidente rendición de Brian ante la situación.

El dependiente sacó al pequeño conejo de la caja y lo dejó en el mostrador mientras que la devolvía de nuevo al escaparate.

- Es un conejo enano australiano - informaba mientras tanto – como su nombre indican no crecen demasiado, el macho adulto no llega casi nunca a alcanzar el kilo de peso. Podéis cogerlo pero con sumo cuidado y sin apretarlos; su columna vertebral no es tán fuerte como la de los perros o los gatos. Ah, son bastantes independientes, pero siempre agradecen las muestras de cariño que serán correspondidas.

- Pónganos también todo lo que el animal pueda necesitar – pidió Brian – y que sea de la mejor calidad, no importa el dinero.

Poco tiempo después los tres salieron de la tienda con el nuevo integrante de la familia en una jaula especial para viajes, que evitaba en buena medida que el pequeño animal sintiera el frío de Pittsburg, encima del regazo de Aline, que estaba sentada de nuevo en su silla de paseo, con una gran carita de felicidad.

Justin llevaba varias bolsas con pequeños sacos de comida especial y una jaula un poco mayor con todo lo necesario dentro para que el conejo se desarrollara correctamente y no sufriera demasiado con su cautiverio. Aún no se lo había dicho a Brian, pero estaba seguro de que el jardinero que se encargada de Britin le ayudaría a encontrar un lugar para que el pequeño conejo corriera feliz sin demasiado peligro de ser pisoteado o de que se pierda.

- ¿Cómo lo vamos a llamar? – preguntó el rubio mientras se dirigían a Kinnetik donde lo dejarían en el despacho de Justin para después irse a almorzar.

- Bugs – respondió Aline como si fuera lo más obvio del mundo.

- Por mi está bien, me gusta.

Ya en Britin, después de cenar y de que Aline se durmiera bajo la condición de que Bugs también se había ido a dormir, el móvil de Justin comenzó a sonar desde encima del aparador de la entrada, donde el rubio volcaba todo lo que había en sus bolsillos nada más entrar en casa.

- ¡Justin! ¡Teléfono! – anunció Brian ente la evidente habilidad de su marido de no tener el teléfono nunca cerca.

- Cógelo – respondió desde la cocina. Celia se había quedado el tiempo suficiente para ayudar con el baño y la cena de la pequeña. La suya solo esperaba ser calentada para cuando ellos deseasen cenar.

- Dime Violet – dijo Brian al ver el identificador de llamadas

- ¿Brian? – preguntó ésta al otro lado de la línea para asegurarse con quien estaba hablando

- Asi es, Justin no puede contestar en estos momentos. ¿Es importante?

- No solo llamaba para confirmar el horario del vuelo a Nueva York de pasado mañana.

- Espera, te paso con él – agregó mientras se dirigía a la cocina – Justin es Violet para confirmar el horario el viaje a Nueva York.

- Ok, pásamelo y no dejes de darles vuelta a la olla – respondió a la vez que le pasaba a Brian la cuchara y tomaba el teléfono – ¿Violet?

- Si a las 7 de de la mañana lo cojo en Pittisburg y la llegada está prevista sobre las 8.30 de la mañana

- ….

- ¿Tienes ya confirmada la vuelta? Ya sabes que no pienso quedarme más de dos días.

- …

- Ok, me parece bien. Nos vemos en Nueva York entonces.

- Adiós.

Justin colgó el móvil. En su rostro se podía ver claramente lo poco que le entusiasmaba ese viaje, pero era consciente de que Brian tenía razón, las exposiciones son parte de su profesión, aunque en esos momentos no le apetecía demasiado viajar a Nueva York y dejar a Brian y Aline en Pittsburg.

- No te preocupes, estaremos bien. No olvides que son solo dos días – argumentó Brian al mismo tiempo que lo besaba.