Título: La venganza del Mortífago y la Serpiente

Resumen: Nadie sabe qué ha pasado con él o cómo ha desaparecido. El mundo mágico está decidido a encontrarlo a cualquier costo… pero otros están también dispuestos a retenerlo por el mismo precio.

En el momento en el que Harry Potter abre sus ojos, no reconoce el lugar donde está, ni recuerda cómo ha llegado a ese sitio. Cuando escucha unos pasos acercarse, la voz que los acompaña le es inconfundible. Y entonces, por primera vez en su vida, le teme a él.

Clasificación: No menores de 18 años.

Género: Acción/Angustia/Drama/Misterio/Romance/Suspenso.

Advertencias: Lemon/Sadomasoquismo/Tortura/Violencia/Voyerismo/E WE

Disclaimer: Harry Potter, sus personajes y cualquier mención a su mundo pertenecen a J.K. Rowling y algunos más a los que les doy crédito pero que no recuerdo ahora. Este fanfiction es escrito por insana diversión, una pizca de maldad y ganas de hacer sufrir a quienes leen, pero fuera de eso, escribo sin fines de lucro, jajajaja. Aún sigo esperando mi carta de Hogwarts, donde además de nombrarme capitana de Quidditch, me regalen los derechos de Harry Potter.

Más advertencias: Éste es un relato que narra relaciones homosexuales y contiene escenas de alto contenido sexual o violento que podrían ser consideradas como ofensivas para algunas mentes. Si no te sientes a gusto con el tema, ruego abandones este fanfiction. Dicho está, sobre aviso no hay engaño.

"Este fic participa en el reto anual "Long Story" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".


LA VENGANZA DEL MORTÍFAGO Y LA SERPIENTE

Por:

PukitChan

Capítulo 11. Reminiscencias

13 de Diciembre del 2003

«Éste no es el camino que yo hubiera escogido. Y tú no eres la persona que habría elegido para mi vida…»

No era necesario que comprendiera el flujo de la información que pasaba ante sus ojos, aunque tampoco es que le interesara demasiado el hacerlo, porque lo que ella necesitaba era únicamente un descuido por insignificante que éste fuera. Sólo eso. Una minúscula pizca de información que podría darle el último empuje al plan cuidadosamente trazado con tanto empeño. Porque las únicas piezas que hacían falta en el tablero eran Potter… y el detonador.

Sonriente, Pansy Parkinson levantó con elegancia la taza de té humeante que reposaba frente a ella. El dulce aroma de la bebida inundaba la amplia oficina que no era suya, pero que muy gustosamente había accedido a desalojar cuando entendió lo fundamental que era mantener la Red Flu vigilada.

De esa manera, Pansy había logrado enfermar a Baddock Malcom, responsable del departamento de la Red Flu, unos cuantos días atrás. Orgullosa, tal y como ella lo era, Pansy comprobó que el susodicho había caído preso de la Fiebre de Dragón. Y gracias a que ella misma había logrado abrirse paso para obtener un puesto en el Ministerio, no le fue difícil aplazar la búsqueda para un nuevo vigilante en la Red. Y lo seguiría haciendo el tiempo que fuera necesario hasta obtener el detalle que necesitaba, para finalmente tener a Potter entre sus manos.

Aquel pensamiento le hizo sonreír, reconfortándola. Si lo lograba, aquel desperdicio de tiempo habría valido la pena. Luego de algunos días vigilando cada una de las conversaciones que el gryffindor había mantenido a través la chimenea que tenía en su casa en Godric's Hollow, Pansy tenía que reconocer que la vida de Potter era sumamente aburrida; era el modelo perfecto de la casa de los leones. Demasiado noble, sus pláticas giraban entorno a sus misiones como auror, el contacto con aquellos asquerosos pelirrojos y también con su noviecilla: Ginevra Weasley. Si no fuera porque tenía que prestar atención a cada palabra buscando su oportunidad perfecta, Pansy no habría soportado más de dos minutos de aquellas conversaciones.

Mientras sentía el sabor del té endulzar su garganta, Pansy calculó mentalmente la hora: era medio día. Para su desgracia ya había aprendido los horarios del auror y sabía que ese día en particular no estaba laborando, lo cual le exigía a estar aún más atenta.

Sin embargo, se vio obligada a apartar la mirada y levantar su varita de inmediato cuando notó que alguien iba a entrar a una oficina en la que se suponía, ni siquiera debía estar. Dispuesta a lanzar cualquier hechizo que fuera necesario, ella miró con atención la puerta que se abría con una desquiciante lentitud. Luego, el hombre alto y fornido que hizo aparición con una mueca desagradable en su rostro, la hizo sonreír.

—Greg—reconoció ella, bajando la varita. Vio al viejo Gregory Goyle avanzar hacía ella con ese ritmo tan pastoso que siempre lo había caracterizado—. ¿Se puede saber cómo has entrado al Ministerio?

—Reconocimiento de varita —contestó el hombre en voz baja. Hacía unos pocos meses que Goyle había cumplido una condena de cinco años en Azkaban más, como era de suponerse, su libertad era bastante limitada: no le permitían salir de Londres y los hechizos de su varita estaban estrictamente controlados por el Ministerio, lugar donde tenía que acudir una vez al mes para que fuera verificado este proceso.

—Veo que tomaste un desvío —afirmó Pansy, sonriendo. —¿Turpin no se percató de ello?

—Tuvo que irse casi de inmediato —respondió Goyle, apretando sus labios, como si realmente no estuviera diciendo lo que realmente pensaba sobre aquella situación—. Al parecer Draco tenía mucho que hacer en San Mungo y más tarde tenía que moverse a Godric's Hollow. —Tras ese comentario, se extendió un silencio incómodo. Cansado finalmente, Goyle levantó la mirada hacía la línea verde que resaltaba sobre todas las demás que se veían en esa habitación—. Va a usarla —advirtió.

Pansy giró su cabeza rápidamente para confirmar las palabras de su amigo. Efectivamente, y tal y como Goyle lo había dicho, la luz parpadeaba varias veces, indicando que Harry estaba a punto de entablar una conversación en la chimenea. La mujer entrecerró los ojos y tras un simple movimiento con su varita, el resto de los murmullos que apenas se oían desaparecieron, lo que permitiría que aquella conversación vigilada se escuchara perfectamente. Ellos aguardaron.

—¿Harry?

Pansy reconoció de inmediato aquel tono de voz tan molesto. Era Ronald Weasley.

¡Un momento, Ron! —La voz de Potter sonó lejana, como si en ese momento no estuviera cerca de la chimenea. Luego se escucharon ruidos de pisadas y la voz resonó con mayor claridad—. ¡Ey, compañero! ¿Ya acabaron tus misiones con Terry? —cuestionó, claramente con burla.

Ni me lo recuerdes —sollozó Ron—. Trabajar con él es peor que con Hermione. —A continuación la carcajada de Potter interrumpió el ambiente.

Estoy seguro que por eso los asignaron juntos para ese caso.

Cállate —murmuró—. ¡Oye, Harry! Bill me dijo que Ginny está contigo, ¿es verdad?

Sí, está aquí. Pero está dormida en estos momentos, ¿quieres hablar con ella…?

¡No, no es eso! Hermano, no te he visto en días. ¡Si parece que ya estás casado con Ginny! Ey, recuerda que aún somos agentes libres.

Ron, hace medio año que tú eres Granger.

Se escucho una nueva risa.

¿Quieres hacerme el favor de fingir que aún ambos somos solteros? ¡Además, el próximo año te casas! ¡Y sólo porque Ginny quiere ganar el campeonato de Quidditch antes de su boda!

Creo que he entendido en punto, Ron. ¿Quieres que vayamos a beber? Hoy estaría bien. —Gruñidos como respuesta.

¿Qué no Ginny está allá? ¡No podremos ser solteros!

Mañana tiene entrenamiento y Hermione está en el Ministerio, ¿verdad?

La oportunidad perfecta.

Está decidido —exclamó Harry, al parecer bastante divertido—. ¿En el Caldero Chorreante a las ocho?

—¡Perfecto! ¡Nos vemos entonces, Harry!

El silencio regresó a la oficina. Goyle desvió su mirada hacía Pansy, quien en ese momento tenía una enorme sonrisa en sus labios y sus ojos brillaban, expectantes.

—Es perfecto, Greg —murmuró ella, temblando sutilmente por la emoción—. Justamente lo que estábamos esperando.

El hombre asintió, apretando sus puños.

—Mándales una lechuza. Tenemos sólo unas horas para movernos y actuar —ordenó Pansy mientras se ponía de pie y acomodaba un mechón de su cabello oscuro detrás de su oreja—. Lo hemos atrapado. Tenemos a Potter entre nuestras manos.


~∞•∞~

Cubierto con un largo gabán, Dennis miró alrededor. Nevaba con tanta suavidad que parecía imposible la cantidad de nieve que se había acumulado. Nervioso, se acomodó más la ropa tratando de que su mente se concentrara en caminar y no en pensar, porque justamente era lo que menos necesitaba. Fijó la vista en su reloj de pulso, notando que apenas habían pasado cerca de cuarenta minutos desde que esa lechuza había llegado con un pergamino que lo citaba en ese lugar. Era la primera vez que Dennis asistía porque, regularmente, las reuniones que había tenido con ellos se centraban en zonas estratégicamente privadas.

El muchacho susurró una dirección con sus labios y, para su sorpresa, las protecciones que rodeaban el lugar aparentemente inexistente, le cedieron el paso, mostrando una vieja y arruinada mansión que lograba mantenerse en pie mediante la magia y los fuertes cimientos bajos los cuales seguramente había sido construida. Dennis no sabía muchas cosas del mundo mágico, pero estaba seguro de saber la razón por la que aún esa mansión no había caído ante el paso del tiempo: porque aún había herederos vivos de la familia que la habitaron alguna vez.

Cauteloso, avanzó a paso lento por entre las largas hierbas que rodeaban el lugar y que se habían adueñado de lo que seguramente había sido un hermoso jardín. Al llegar a la puerta principal, no pudo evitar pensar que en cuanto abriera esa puerta, la casa se derrumbaría y se llevaría a Dennis con él.

Sin embargo, por mucho que el muchacho lo deseara, eso no fue lo que pasó. Abrió la puerta con más facilidad de la esperada y avanzó por el amplio pasillo del lugar que, sin duda alguna, había permanecido mucho tiempo abandonado, algo fácil de deducir al ver esas arañas, polvo y muebles viejos aunque hermosos. No dudaba que habría más de una plaga por allí. Caminó por el desconocido lugar hasta que un murmullo de voces llamó su atención. Sin duda se trataría de ellos y lo que esperaban. Dennis tragó saliva, incómodo ante la idea de ser un sangre sucia rodeado entre un grupo de sangre pura. ¿Qué importaba lo que le hubieran ofrecido con ese trato? Eso sólo aumentaba lo maléficos que algunos magos podrían llegar a ser. Tratando de no ser cobarde, Dennis ingresó a la habitación de donde provenían esas voces. Inmediatamente tres pares de ojos se clavaron en los suyos; sin embargo, fue la sonrisa del hombre que estaba sentado en el medio de la habitación, lo que le provocó un escalofrío que fue capaz de disimular.

A quienes reconocía de inmediato, a causa del colegio, era a Pansy Parkinson y Gregory Goyle, a quienes innumerable número de veces había visto molestado a cualquiera de Gryffindor. Con algo de ironía no dejó de decirse que su presencia ahí era totalmente inapropiada, pero que lo hacía por Colin.

—Perfecto —susurró Pansy—. Es justamente su varita la que necesitaremos.

Por la forma en la que lo miraban, Dennis de inmediato supo que se referían a él.

—Si quieren que ayude con esto, porque al parecer soy el único aquí que no tiene restringido el uso de la magia, tienen que explicarme el plan.

—El pequeño león quiere negociar —dijo la única mujer presente, arrastrando cada letra con una voz que sonaba terriblemente voluptuosa. Pansy giró la mirada hacía el hombre que estaba sentado, esperando su aprobación. Al verlo asentir con la cabeza, ella prosiguió—: Finalmente tenemos una oportunidad para atrapar a Potter. Será hoy, cerca de la media noche. Tendremos que atacar el Caldero Chorreante, usando un bomarda máxima.

Dennis bufó.

—¿Eso no llamaría más la atención?

—Precisamente —replicó Pansy, divertida—. Lo que queremos es que haya suficiente destrucción para que no centren su atención en Potter. Mientras más caos organicemos, más fácil será aplicarle una maldición sobre él para desarmarlo y secuestrarlo. No podemos fallar, es la única oportunidad que tenemos… sobre todo si queremos que funcione.

—Funcionará.


~∞•∞~

Llenó de impaciencia levantó la mirada para comprobar la hora: eran casi las diez de la noche. Incómodo, terminó de quitarse su uniforme de sanador de San Mungo para cambiarlo por una elegante vestimenta. Tras mirar hacía la ventana, comprobó que el frío que hacía al ver la nieve caer. Con urgencia terminó de abotonar su abrigo negro, colocándose con cuidado los guantes de dragón que cubrieron de inmediato su pálida piel.

El débil ulular llamó su atención. Draco Malfoy resopló mientras sus ojos se posaban en la hermosa lechuza que se acercaba cuidadosamente, al parecer dispuesto a picotearlo por no haberle dado alguna recompensa luego de haberle llevado más de cinco pergaminos donde contenía información trascendental. Qué irónico era que la vida de alguien estuviera en algo tan inútil como ese pergamino. Qué estúpida que esa vida fuera la de Harry Potter.

—¿Malfoy? ¿Te encuentras bien? —La voz que resonó del otro lado de la puerta fue la de Turpin Lisa, auror del Ministerio que sin duda ya se había impacientado de esperarlo. Draco apretó sus labios, maldiciendo por lo bajo mientras ocultaba un frasco de aquella pócima que había preparado exclusivamente si el día llegase. Escuchó otro golpe ligero en la puerta y, de mal humor, se encaminó hacía ella, abriéndola. No dijo nada, sólo le dirigió a la auror una mirada fría a la que Lisa ya estaba acostumbrada. Durante el tiempo que habían trabajado juntos comprendió que, más que hacerlo a propósito, ese tipo de miradas eran naturales en Malfoy.

En silencio, ambos caminaron hacía las afueras de San Mungo, donde tendrían un poco más de calma y paz para concentrarse en una adecuada aparición conjunta. Después de todo, el lugar a donde se dirigían esa noche era a Godric's Hollow y ambos de antemano sabían que era un lugar donde la magia fluía con gran velocidad.

—De modo que, ¿atenderás a Baddock Malcom? —cuestionó la mujer, sólo por empezar una conversación, por muy estúpida que fuese. Normalmente a Lisa no le incomodaba el silencio eterno de Malfoy, pero algo en su rostro le decía que no estaba precisamente de los mejores ánimos posible. Y tener a un silencioso e irritado Draco Malfoy era muy incómodo. El rubio la miró de soslayo y asintió despacio antes de sujetarla y, en cuestión de segundos, ambos aparecieron en Godric's Hollow, cerca de la casa de Harry Potter.

—Qué maldita mi suerte —susurró el sanador, dándose cuenta de que sus pensamientos seguían desviándose hacía ese hombre que no sabía que aquella noche su destino estaba echado. Lisa miró con curiosidad la casa de Harry, esbozando una sonrisa divertida.

—Cualquiera diría que estabas pensado en Harry —se mofó Lisa, sin saber cuán ciertas eran sus palabras. Draco la ignoró y bufó, girando sobre sus talones para ir a paso veloz a casa de Malcom, que seguramente ya lo esperaba para su tratamiento. Se limitaron a andar hasta que llegaron a la casa designada, donde, luego de un largo minuto en la entrada, la puerta se abrió, cediéndoles el paso. Malcom, que permanecía en cama a causa de una severa Fiebre de Dragón, había modificado las protecciones para que a Malfoy y a Lisa se les permitiera acceder. Unos minutos después, Draco había logrado encontrar la habitación de su paciente mientras la auror, tomando permiso, preparaba té en la cocina. Esa situación, aunque extraña, era una rutina a la que todos parecían haber adaptarse.

Exceptuando porque esa noche, Draco no dejaba de mirar a la ventana, casi como si estuviese esperando algo.

—¿Qué sucede?

Draco giró el rostro y miró el verdoso rostro de Malcom, que lo observaba curioso, lo que le hizo preguntarse si acaso estaba permitiendo que sus pensamientos fueran visibles. En silencio, continúo removiendo la pócima que preparaba.

—Malfoy, ni tú ni yo nos conocemos demasiado. Pero eres quien me está ayudando con esta maldita enfermedad.

El rubio sonrió sutilmente. ¿Acaso Malcom le estaba diciendo que podía confiar en él y ayudarle en caso de que lo necesitara? Era gracioso si lo ponías desde el punto de vista de cualquier gryffindor; sin embargo, ellos eran de slytherin y sabían cómo negociar. Bajó la pócima y se la entregó a Malcom para que la bebiera.

—Turpin está abajo —murmuró con cautela—. Y necesito alejarme de ella, al menos media hora.

Malcom afirmó sin verlo pues de inmediato una graciosa muestra de desagrado se dibujó en su rostro al beber la mitad de aquella asquerosa pócima.

—¿Sabes? Creo que me estoy sintiendo un poco mal, Malfoy. Quizá sea peligroso. Tal vez debas revisar que no sea contagioso durante unos treinta minutos. Curiosamente sé poner un hechizo para mantener la privacidad en la habitación. Pero únicamente por treinta minutos. Ninguno más.

Draco sonrió y asintió.


~∞•∞~

Observó con atención la fea y desagradable fachada del Caldero Chorreante, que apenas dejaba transmitir unos cuantos y débiles rayos de luz para indicar que aún había gente adentro. Se preguntó cuánta habría y si acaso conocería a algunos de ellos. Era increíble pensar que, a sólo unos metros y separados por una pared vieja, estaba Harry Potter ajeno a lo que le esperaba.

La respiración entrecortada, el vapor brotando de su boca, la amarga sensación que estaba experimentando y la nevada noche era lo que le impedía a Dennis mirar con atención el ángulo perfecto para atacar. Giró el rostro y observó a Goyle entrando a algún negocio bajo la apariencia de un muggle gracias a la multijugos. Desde otro lado, Pansy le vigilaba también, esbozando una sonrisa intimidante que le hacía reafirmarse que justamente por ello, seguía soltera.

Era ridículo tener esa clase de pensamientos en una situación así. Nervioso, percibió cómo sus dedos no dejaban de temblar alrededor de su varita. Cerró los ojos, recordando que todo eso lo hacía por su hermano mayor. Al abrir los ojos de golpe, observó la poca gente que caminaba a esas horas en el Diagon Alley. Maldita sea. Ahí estaba el mismo destino empujándolo todo para que las acciones de esa noche fuesen perfectas, para que nada fallase. Parecía como si todo conspirara a su favor para poder secuestrar a Harry Potter y hacerle daño. Dennis tenía que recordarse cuán escalofriante podría ser trabajar con los de slytherin.

Escuchó una campanilla sonar. Al parecer Goyle había salido del negocio donde momentos antes había entrado a propósito para que ésa fuera justamente la señal que habían buscado. Supuso que era la hora. Desde la distancia, Pansy indicó con un ademán que era el momento.

No tenía tiempo de vacilar. Dennis se cubrió, logrando que la capucha negra ocultara de inmediato su vista. Apretó sus labios y, al cerrar los ojos por sólo un instante, recordó a su padre llorando sobre el cadáver de Colin.

¡Bombarda Maxima!

Las palabras, que habían surgido como un susurro de sus labios, no se compararon con la fuerza que arrojaron. El hechizo se dirigió de inmediato a una esquina del Caldero Chorreante surgió como un rayo que emergió de la punta de su varita y terminó siendo una poderosa explosión que hizo temblar al lugar.

El caos empezó.

Un derrumbe, gritos, maldiciones. Llamadas de ayuda, movimientos rápidos y furiosos. Hechizos arrojados de un lado a otro. Y Dennis nunca supo cómo el terror que inundó sus ojos no fue suficiente para detener sus pasos y perderse en el medio de aquel desastre que había iniciado.


~∞•∞~

«El Caldero Chorreante».

Su pensamiento fue tan fuerte que Draco mismo se sorprendió de la intensidad con la que pensó aquello y más aún, con la rapidez con la que apareció a las afueras de aquel horrendo pub, afortunadamente en un callejón oscuro donde nadie pudo haberse percatado de su súbita llegada. Respirando fuertemente, Malfoy caminó hacía las afueras del callejón donde cayó para buscar a los demás. Encontró que Pansy, desde una esquina, vigilaba cuidadosamente los movimientos de Dennis Creevey, quien justamente miraba hacía una pared que delimitaba el espacio del Caldero Chorreante.

Rápidamente, Draco sacó una capa de invisibilidad, misma que había conseguido apenas unas semanas atrás de una manera muy poco legal. Se envolvió en ella justo en el instante en el que la explosión derribó de manera total una pared. Escuchó gritos y notó como polvo, agua y nieve hacían un caos por sí mismo. Pansy, cubierta e irreconocible corrió hacía el Caldero Chorreante levantando la varita, al igual que Gregory. Tenía poco tiempo, quizá sólo minutos.

No podía creer lo que estaba haciendo.

Corrió rápidamente, cubierto por el manto de invisibilidad. Era difícil moverse en medio de aquel caos, pero afortunadamente eso servía para que nadie prestara demasiada atención si chocaban repentinamente con algo que no había. Agitado, sintió como un desmaius por parte de Pansy casi lo roza. Descubrió a un Ernie Macmillan en el suelo inconsciente y tuvo que ahogar una fuerte maldición cuando, en medio de todo el desorden, encontró a Harry en el suelo.

Cubierto de restos de polvo y piedra, el auror apenas estaba consciente. En ese instante nadie lo había localizado, lo que le daba a Draco una perfecta oportunidad. El rubio apretó sus labios y, sin importar que Harry no pudiera verlo, comenzó a moverlo para que despertara totalmente. Tenía que defenderse… el hijo de puta tenía que pelear. Debía hacerlo. Pero no se movía, pero gruñía, probablemente se hubiera lastimado durante la explosión. No, no, no. El maldito tenía que ponerse de pie.

—Maldita sea, Potter. ¡Levántate! —ordenó, aún debajo de la capa. No se percató de que ésta se movió un poco, revelando su rostro aunque de una manera en la que Harry era el único que podría verlo. Entonces, Harry tosió y abrió los ojos, encontrándose a un frustrado Draco, que insistía en moverlo. —¡Levántate! —volvió a ordenar.

Desorientado, Harry lo obedeció sin saber por qué. Quedó sentado y giró el rostro para enfocar sus ojos verdes en los grises de Draco. Y por sólo un segundo, un mísero instante que ninguno comprendió, se perdieron en la mirada del otro, sin importar qué ocurría a su alrededor. Sin darle mayor relevancia a que a su alrededor hubiera una pelea y que Draco fuera mayoritariamente invisible, Harry sólo atinó a mirar a ese rostro que, por una maldita vez, expresaba algo. Parecía furioso, muy furioso.

—Malfoy…

Draco no supo hasta mucho tiempo después, por qué hizo aquello esa noche. Sus manos se movieron por si solas, acunando la barbilla de Harry, atrayéndole hacía él, sin realmente importarle el gesto de sorpresa que hubo en esos ojos verdes cuando comprendió que sucedía, pero que sin embargo, no detenía. Inclinando su rostro, abrió su boca para que sus labios rozaran con suavidad los de resecos de Harry.

Fue intenso. El contacto desbordó algo que en Draco parecía haber muerto hacía mucho tiempo. Jadeó cuando su lengua se deslizó buscando un contacto más íntimo, sin detenerse a preguntarse qué era lo que estaría experimentando Harry en ese momento inapropiado, con la persona más inadecuada. Dejó que sus sentidos se llenaran del moreno, de su tersura, de su confusión, del agitado y extraño palpitar que aumentaba a cada segundo. Escuchó la varita de Potter caer al suelo en forma de un sonido suave que los regresó a la realidad.

Bruscamente, Draco se separó de Harry cubriéndose la boca con la mano. Se abría ofendido de la expresión estupefacta de Potter si él mismo no la tuviera. Sin dejar de mirarse a los ojos, ambos hombres estaban aterrados de lo que recién había pasado. Draco cerró los ojos y recordó que no era el momento para actuar estúpidamente.

—Tienes que pelear, Potter —urgió en un murmullo, cubriéndose nuevamente con la capa de invisibilidad—. Maldita sea, no te dejes de nadie. ¡¿Me entendiste?! Ni siquiera de mi… porque ese momento va a llegar.

Aprovechando el estado de shock de Potter y que éste seguramente ya no lo veía gracias a la capa, Malfoy se incorporó y caminó, dándole la espalada a Harry. Fue cuando lo escuchó.

—¡Crucio!

La voz que aplicaba esa maldición era la de Dennis. Draco giró apenas el rostro y mordió su labio inferior cuando escuchó los gritos agonizantes de Harry, retorciéndose de dolor bajo el poder de aquella imperdonable. Tragó saliva, obligándose a continuar con sus pasos en búsqueda de un lugar donde realizar una aparición para volver a Godric's Hollow. Entonces, giró el rostro y descubrió a Ron Weasley arrojar a Dennis con un hechizo. Weasley desesperadamente intentó despertar a Harry, aunque esta vez una nueva cruciatus golpeó el cuerpo de Ron. Quien lo atacaba era Pansy.

Draco bajó la mirada y levantó un poco la capa para ver con mayor claridad, dejando al descubierto sus ojos. Ron, que en ese momento se retorcida de dolor, giró su rostro hacía él y por un instante, Malfoy creyó que aquellos ojos azules de la comadreja se clavaron en los suyos.

Acto seguido todo a su alrededor cambió y la terrible escena fue remplazada por la cálida y apacible habitación de Malcom Baddock, que leía en la cama. Alzó la vista, pero no pareció interesado en el aspecto extraño de Draco, o tal vez era que prefería no saber por qué había llegado en esas condiciones. Malcom se encogió de hombros mientras bajaba su libro y el hechizo de privacidad que rodeaba a la habitación cayó.

Draco reaccionó y rápidamente se miró, sacudiéndose el polvo y pasando sutilmente los dedos por los labios, tratando de quitarse aquel venenoso sabor. Maldecía ese hecho cuando escuchó los pasos acelerados de Lisa subir por las escaleras. Ambos hombres se miraron y en un silencioso pacto, juraron no decir nada. La auror, agitada y sin darse tiempo para formalismos, abrió la puerta de la habitación.

—¡Malfoy, lo siento, pero tenemos que irnos! —murmuró ella, acercándose a Draco—. Tengo que dejarte en San Mungo. ¿Ya terminaste?

—¿Qué pasa, Lisa? —preguntó Malcom curioso, desde su cama. Los ojos de Lisa destellaron ante la pregunta.

—No entendí muy bien, pero al parecer acaba de haber un ataque en algún lugar de Diagon Alley. Lo siento Malcom, tenemos que irnos.

Y sin pedir opinión alguna, Lisa tomó bruscamente la mano de Draco para hacer una aparición conjunta.


~∞•∞~

En aquel ataque, Harry Potter fue secuestrado. Aquella noche el cuerpo del auror fue trasladado a la mansión que servía como refugio para un grupo de personas que planeaban eso desde hacía mucho tiempo. Esa misma madrugada, Draco Malfoy salió de su mansión para ir al lugar donde tenían al moreno secuestrado.

Fue en ese catorce de diciembre, cuando Harry recuperó la consciencia y descubrió que había sido atado de pies y manos, también con los ojos cubiertos. Ese día, el auror recordó aquel beso inesperado de alguien que no comprendía qué hacía ahí, pero que le ordenó no rendirse. Y fue esa misma voz la que, horas después, le susurró en el oído que tenía miedo por descubrir quién era su secuestrador. Y reconoció a Draco en ese sedoso y peligroso tono.

Fue también ese día cuando Draco Malfoy arrojó un obliviate sobre Harry Potter, obligándolo a borrar de sus memorias que lo había reconocido como uno de sus secuestradores… pero sobre todo, obligándolo a olvidar aquel primer beso entre ellos. Aquel beso asfixiante. Aquel beso que marcó un antes y un después en su vida para siempre.


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Notas de la autora:

Ya conocen mi lema. Lento, pero seguro.

¿Once? ¿Cómo llegamos tan rápido a este capítulo? D:

Ya sé, he traído a Draco en un limbo a lo largo de esta historia. :B ¿Cuáles son las razones del rubio? Ufff, son mucho más profundas de lo que parece.

Por otro lado, este capítulo podría considerarse como el "cero" porque fue lo que ocurrió justo antes del primer capítulo oficial de esta historia. Aquí explico sutilmente los hilos que fueron quedando a lo largos de los pasados diez capítulos.

Por ejemplo, el obliviate que arrojó Draco a Harry en el primer capítulo. También la insistencia de Ron de acusar a Draco radica en este capítulo: se miraron a los ojos.

Volvemos a tener a Malcom como invitado especial. XD

Jajaja, muchas gracias por los reviews. ¡Besitos y disculpen la tardanza!