Rui

-Esto se está saliendo de control.

Lysandro se paseaba de un lado a otro de la enorme sala de estar de la mansión que ejercía de nuestro hogar temporal. Habíamos regresado una vez terminamos de conversar con Armin y Alexy. Decidí que por el momento dejaría a Nathaniel solo, como me lo había pedido. Imaginaba que necesitaba un poco de tiempo para asimilar la información que había recibido y esperaba que, una vez calmado, fuera capaz de perdonarme por no haberle contado todo acerca de nosotros. Tenía que comprender que era por su bien. Cuanto menos supiera, mejor.

-Odio decirlo, pero "te lo dije". No debemos inmiscuirnos en la vida de humanos normales. El único resultado son problemas y más problemas –dije cruzando los brazos mientras contemplaba el ir y venir de mi primo–. Y espero que desde mañana cambies tu vestuario a uno digamos….más contemporáneo.

-Ni hablar. No pienso vestir a la horrible usanza de estos días. Los gemelos no supieron que era un vampiro por mi ropa –aseguró recobrando la tranquilidad de siempre.

-Oh vamos –puse los ojos en blanco.

-Tú los oíste luego de que se fue Nathaniel. Son hackers excepcionalmente hábiles que…

-Tienen una especial afición por lo sobrenatural…especialmente por los vampiros –lo interrumpí dando a entender que esa explicación no convencía a nadie, y mucho menos a mí–. No puedo creer que hayan logrado husmear en los archivos confidenciales del Conglomerado Empresarial Ainsworth. Tenemos que renovar la seguridad cuanto antes.

-Me comunicaré con una de mis asistentes en Londres para que reconfigure nuestro sistema lo antes posible. Como vez mi manera de vestir no tiene nada que ver con que me localizaran.

-Da qué pensar. Admítelo Lysandro –su obstinación empezaba a irritarme. Era tiempo de charlar en serio–. Y no creas que no sé que donaste una considerable cantidad de dinero a Sweet Amoris para que no cerrara sus puertas. ¿Por qué? –le pregunté acercándomele lo suficiente como para enfrentar sus hipnóticos ojos bicolor–. ¿Por qué estás tan interesado en un instituto de una ciudad cuyo nombre ni siquiera aparece en los mapas?

-Mi mejor amigo estudia ahí –respondió sin desviar la mirada de mi rostro.

-¿No te estarás refiriendo a…

-Hablo de Castiel, descuida. Aunque él también me importa. Puede que hayan pasado muchos años, pero lo sigo considerando un…

–¡Basta! –impedí que dijera más–. ¡Tú ya no perteneces a su vida! Tampoco a la de ese pelirrojo ni mucho menos a la de la chica humana que te gusta quién sabe por qué.

-Eso no es…

-¡Déjame terminar! –Lysandro me observaba con expresión de impotencia al escuchar mis aseveraciones–. Sabes perfectamente que no nací ayer. Entiendo que cada cierto número de años buscamos romper con la rutina y tal, pero esto ha excedido todo límite. Ambos tenemos demasiadas responsabilidades que cumplir. Comprende por favor –suspiré pasándome una mano por el cabello–. Ellos no son más que una ilusión pasajera en nuestra larga existencia. Nada más. Nathaniel pudo haber muerto sólo por el hecho de hablar con nosotros. ¿Te das cuenta? ¿Qué habría pasado si no hubiera conseguido transformarlo a tiempo?

-Yo…lo siento Rui…de verdad…jamás imaginé que las cosas terminaran así…

-Pero así sucedió –continué a pesar de que me dolía ver el creciente remordimiento en el rostro de mi querido primo–. ¿Qué tal si le sucede algo a Castiel o a esa chica que te agrada? No importa cuán desapercibidos tratemos de pasar, siempre cabe la posibilidad de que un cazador o quién sabe qué otro enemigo sobrenatural logré dar con nosotros. Los humanos a nuestro alrededor siempre estarán en constante peligro. Tenemos mucha suerte de que esos gemelos hayan resultado ser inofensivos y que incluso ayudaran a Nathaniel. No cabe duda de que serán una excelente adición a nuestro clan. Y supongo que sabes lo que eso significa.

–Habrá que convertirlos a los dos –sentenció Lysandro sombrío.

-Por desgracia sí. Siento pena por el de pelo azul. Su hermano parece de lo más emocionado por abandonar su vida humana, pero él… -negué con la cabeza–. Podemos ocultarle al consejo sucedido con Nath. Sin embargo la aparición de Alexy y Armin debe ser reportada cuanto antes y dadas las circunstancias estoy casi segura de que los obligaran a decidir…

-Entre aceptar portar la maldición del no muerto o ser desangrados hasta morir por… uno de nosotros.

-Temo que sí. Hackearon nuestro sistema corporativo, simplemente es imposible dejarlos ir. Tú y yo –dije aproximándome a Lysandro hasta que mis palabras se convirtieron en un susurro cerca de su oído– hemos vivido un buen tiempo como humanos y creo que eso nos ha hecho olvidar lo que realmente somos. Dime, ¿cuándo fue la última vez que te alimentaste de una persona con o sin su consentimiento?

-Han…han pasado varios años –contestó nervioso. Me agradaba ver a mi imperturbable primo fuera de su zona de confort. Ya iba siendo hora de admitir nuestra naturaleza y hacer lo que más nos satisfacía sin reprimirnos.

-Pues si estuviera en tu lugar buscaría esta misma noche una presa como el depredador que se supone eres –le sugerí con una sonrisa maliciosa al tiempo que mis ojos adoptaban un tono rojo sangre, al igual que los de Lysandro que parecía haber reaccionado a mis palabras–. Después de todo no hay nada que un vampiro desee más que una gota de sangre venida directamente del cuello de un humano inocente.


Nath

No podía más. Necesitaba sangre, no, la quería más que cualquier otra cosa en el mundo. Me encontraba tendido sobre mi cama apretando con todas mis fuerzas el anillo de plata que me había dado Rui. Por algún motivo me confortaba llevarlo conmigo colgado del cuello debajo de la ropa, pero nada parecía poder aliviar la sed…

Sobre el suelo yacía la botella que había hecho pensar a Castiel que estaba cultivando un gusto malsano por las bebidas alcohólicas. Probar su contenido, lejos de calmarme, me provocó arcadas. El dulce sabor de la sangre había desaparecido, quedando en su lugar un gusto a rancio cuyo único efecto fue acrecentar mis ansias de morder a alguien. ¡Y dolía! ¡Maldición realmente dolía!

La garganta me ardía como si estuviera en llamas y eso no era lo peor. Podía sentir disminuir los latidos de mi corazón de a poco. ¡Se iba a detener! ¡De un momento a otro dejaría de ser humano! Aterrado, me incorporé y prácticamente me arrastré hasta el cuarto de baño. Conseguí ponerme de pie apoyando mis manos temblorosas en el lavabo. El espejo que tenía en frente me devolvía un débil reflejo. Cualquiera que me hubiera visto pensaría que no había comido ni dormido en varios días. Tenía el pelo desordenado, la camisa abierta dejando expuesto mi pecho (no sé dónde había ido a parar mi corbata) y mi rostro lucía muy demacrado.

Me mojé la cara. Esto me estaba superando. Debí haber buscado la ayuda de Rui y Lysandro. Era incapaz de seguir luchando contra el vampiro que residía en mí… Cerré el grifo y al levantar la cabeza me vi sonriendo como si supiera que el mundo y sus misterios me pertenecían. Y sencillamente abandoné mi habitación en busca de aquello que me dejaría satisfecho.

En el pasillo me encontré con Amber que seguramente bajaba a la cocina por un bocadillo de medianoche. Lo hacía casi siempre, provocando el ruido suficiente como para despertarme pese a que yo debía ser el primero en levantarse por la mañana para preparar el desayuno.

-No pensarás salir y menos en esas fachas –me dijo despectiva.

La observé por unos segundos antes de estirar la mano para apagar el interruptor de luz y dejarnos a oscuras, únicamente iluminados por la luz de la luna que se filtraba por una ventana cercana a las escaleras.

-¡¿Qué haces idiota?! –me gritó intentando encender la luz de nuevo.

-Me gusta así –contesté sonriendo con la amabilidad de siempre al tiempo que la tomaba del brazo para impedir que llegara al interruptor.

-¡Suéltame o estarás en graves problemas!

No pude evitar reír un poco por el intento de amenaza de mi pobre hermana. Sus ojos reflejaban temor. Temor por mí y en lo que me había convertido aunque no supiera qué era exactamente.

-Mejor para de gritar, despertarás a nuestros padres. Sabes que no les gusta que interrumpan su descanso –le sugerí mirándola a los ojos mientras los míos adoptaban el color carmesí del depredador.

-¿Qué…diablos? –susurró aterrada.

Para el infortunio de Amber descubrí que me gustaba escuchar los latidos de su corazón acelerado por el miedo. Era como una sinfonía que anhelaba desde lo más profundo de mí ser. Tal vez era por esto que los cazadores perseguían a los vampiros, no era que fueran un peligro para la existencia de la humanidad o cosa parecida, el problema estribaba en el simple hecho de que disfrutaban someter a un ser humano con su poder.

-Necesito algo de ti hermanita –le informé abriendo la boca lo suficiente para que viera mis colmillos.

-E…eres un monstruo –contestó conteniendo las lágrimas.

-No más que tú –respondí acercándome a su cuello.

"No lo hagas. No está bien". Una voz, similar a la mía, resonó en mi cabeza pidiéndome que me detuviera. Por lo visto el humano que ahora llevaba dentro se rehusaba a desaparecer.

-Bien. Como sea… -dije molesto, retornando a mi apariencia normal. Solté a Amber que se derrumbó en el piso en estado de shock.

Avancé un par de pasos hacia las escaleras antes de detenerme y volver junto a mi hermana. Acababa de tener una idea bastante interesante.

-Dime, ¿no te gustaría que las cosas cambiaran un poco desde mañana? –le pregunté con una media sonrisa al tiempo que me acuclillaba a su lado asegurándome de hacer contacto visual con ella para hipnotizarla.

Selene, así llamaban los antiguos a la luna. Ahora yo era un hijo suyo. Un vástago más de la hermosa Selene. Me había obsequiado los secretos de la noche y podía hacer lo que quisiera con ellos. Nunca me sentí tan libre. Nada ni nadie podría hacerme daño de nuevo. ¿Cómo era posible que hubiera rehusado convertirme en un vampiro? Era maravilloso. Armin tenía razón, había tenido mucha suerte.

Recorrí calles y avenidas que sólo yo podía apreciar a la perfección. Ya no necesitaba de la burda electricidad y ni siquiera del sol para hallar mi camino. Podía ver a través de las sombras que ocultaban el mundo de la noche. Más aún, era capaz de sentir y discernir dónde estaba aquello que necesitaba. Así que como habrán adivinado, no me representó ningún problema llegar a la casa de Melody.

Sonreí al ver su habitación en el segundo piso. Ella estaba ahí. No cabía duda, su sangre me atraía. Ágilmente escalé las enredaderas que rodeaban la pared para llegar a mi presa. Melody dormía en su cama. Con cuidado golpeé el cristal de la ventana para llamar su atención y al cabo de unos segundos, despertó.

-¿Nathaniel? ¿Eres tú? –me preguntó entornando los ojos.

-Sí Gatita. Vine por ti –respondí con una voz seductora–. Anda, déjame pasar. Te he echado de menos.

-Yo…yo también. Creí que ya no te agradaba. Ahora estás todo el tiempo con la chica nueva y con Lysandro.

Melody tenía una voluntad muy débil. Bastó que me escuchara sólo un poco para obedecerme. Abandonó la cama y soltó el pestillo de la ventana.

-Te equivocas Gatita. Yo jamás me olvidaría de ti –afirmé al tiempo que entraba a su habitación con un corto salto. Esta vez no habría nada que impida que me alimente.

-¿Qué…qué le pasó a tu ropa? –me preguntó Melody observándome de pies a cabeza. A juzgar por su expresión le gustaba lo que veía.

-Nada importante –dije mientras acariciaba su rostro–. No tienes idea de cuánto he esperado este momento –continúe atrayéndola hacia mí con la mano que me quedaba libre y que se dedicó a acariciar su espalda. Ahora lo entendía. De eso se trataba la caza del vampiro. No era sólo el hecho de tomar la sangre de un ser humano, también había que seducirlo y someterlo.

-Oh Nathaniel. Yo siempre he deseado estar a tu lado. Creí que me habías cambiado por la nueva –Melody escondió el rostro en mi pecho a medida que pronunciaba estas palabras. ¿Acaso era una declaración de amor? Lástima. Ya no tenía un corazón humano que pudiera corresponder a sus sentimientos. Imaginé que "la nueva" era Rui. La vampira que me había convertido en hijo de Selene y a la que le debía todo.

-Gatita…-susurré a su oído levantando su mentón para que me viera a los ojos. Esperaba que ya estuviera lo suficientemente embelesada como para obviar su intenso brillo carmesí–. Lo siento…Por ahora diviértete conmigo. Prometo no hacerte daño –esto último no era del todo cierto, pero a esas alturas me importaba muy poco. La sed apremiaba.

-Lo que tú digas.

-Así me gusta…-dije sonriendo para luego besarla en los labios. Fue apenas un roce, pero lo suficiente para tenerla completamente a mi merced. Lo que siguió fue mi iniciación como vampiro. Me separé de ella y saqué mis colmillos para hundirlos en su cuello, provocando que prorrumpiera en un leve quejido antes de que cerrara los ojos y se dejara llevar por mí.

La sangre directamente tomada de las venas de un ser humano era la cosa más dulce y embriagante que jamás había probado, no existía punto de comparación con esa cosa aséptica e insípida que Lysandro y Rui me habían obligado a beber. ¿Cómo era posible que no quisieran compartir estos placeres conmigo?

"Basta. Vas a matarla. Recobra el sentido de lo que es correcto". De nuevo esa voz…Al parecer mi "yo" humano no estaba dispuesto a dejarme en paz. Aunque quizá tuviera razón, Melody empezaba a ponerse pálida. De mala gana volví a ocultar mis colmillos y me alejé de ella, depositándola suavemente sobre la cama. No quería hacerle daño, al menos no más del estrictamente necesario. Me senté de piernas cruzadas al lado de su lecho, le acaricié el rostro y la contemplé dormir por unos minutos para asegurarme de que estuviera bien. El espejo de su tocador nos reflejaba a ambos, si bien la imagen de ella era nítida mientras que la mía apenas se distinguía. ¿Qué pasaría conmigo cuando perdiera mi reflejo para siempre?

-Hey Melody, te lo agradezco mucho –le susurré al oído– Ya no podía soportarlo más. Discúlpame por favor. Ahora descansa y mañana cuando te levantes no recordarás nada, ¿vale? –mi amiga movió ligeramente la cabeza como dando a entender que me comprendía. Todavía continuaba bajo mi influjo hipnótico–. Y una cosa más. Olvídate de mí y busca a un chico que sí sepa apreciarte como te mereces.

Melody hizo una mueca que me decía que no le agradaba la idea de acatar mi última orden.

-Anda, es por tu bien –insistí.

-No puedo complacerte. Lo lamento –me contestó desde la inconciencia.

Entonces recordé que la Guía para convertirse en vampiro advertía que la hipnosis doblegaba la voluntad de los humanos en todo…excepto en los sentimientos. Nosotros no podíamos pedirles que amaran, odiaran u olvidaran. Suspiré al comprender esto último.

-El que lo siento mucho soy yo –le dije antes de dirigirme hacia la ventana.

Tenía una salpicadura de sangre en el dorso de la mano y la lamí con avidez antes de darle la espalda a mi amiga para saltar al piso. Las alturas, al menos de esa envergadura, ya no eran un problema. En lugar de alejarme de la casa, me dirigí hacia la puerta y toqué el timbre un par de veces hasta que alguien abrió.

-¡Quién es usted! ¡Váyase ahora mismo!

El padre de Melody me observaba furioso.

-Hola. Vine a pedirle un favor… -le expliqué con calma. Los adultos ya no me asustaban. Era más fuerte que ellos, así de sencillo. Ninguno volvería a dañarme jamás.

Volví a casa cerca de las tres de la mañana. Para evitar cualquier posible encuentro indeseable opté por saltar a un árbol cercano y de ahí hasta la ventana de mi habitación. Apenas me encontré en su interior, noté la presencia de alguien más.

-¡Nathaniel! ¡Dónde diablos estabas!

Rui se abalanzó sobre mí abrazándome con todas sus fuerzas.

-Yo…lo lamento…necesitaba… -no sabía cómo explicar lo que acababa de hacer. De pronto mi mente empezaba a ponerse confusa.

-Espera un segundo –me dijo al tiempo que tomaba mi rostro con ambas manos para observarlo detenidamente, haciendo que me sonrojara. No recordaba haber tenido a Rui tan cerca, ni siquiera cuando ordenamos el papeleo en la sala de delegados.

-Te alimentaste de un humano –sentenció asombrada–. ¿Por qué no nos dijiste que no podías lidiar con la sed? –me preguntó retrocediendo un par de pasos.

-No…no quería causarles más problemas –contesté con sinceridad.

-¿De qué hablas? Acabas de morder a alguien. ¿Te das cuenta de lo que significa? ¡Se supone que tú quieres volver a ser humano! –Rui parecía estar conmocionada.

No agregué nada más. Me limité a contemplar a la vampira que me había creado. Era hermosa… más aún con esa expresión de incredulidad con la que me devolvía la miraba. La deseaba tanto o más que la sangre que acababa de saciar mi sed.

-Rui, ¿acaso no lo entiendes? –le dije acortando el espacio que nos separaba–. No quiero ser un humano. Desde que te vi por primera vez supe que debía estar a tu lado…para siempre.

–No eres tú quien dice eso, sino el vampiro que ha asumido el control de tu cuerpo –respondió negando con la cabeza.

-Tal vez él y yo en realidad somos la misma persona. Deberías considerarlo…

No esperé a que mi vampira favorita dijera nada más. Esta vez fui yo el que tomó su rostro con ambas manos. Cerré los ojos y la besé. Sus labios se quedaron paralizados por un segundo antes de responder con tanta o más pasión que los míos. Rui me rodeó con sus brazos pasando las manos por mi cabello mientras yo empecé a acariciar su espalda. Jamás había estado tan cerca de una chica y, si he de ser sincero, me encantaba. Introduje mi mano por debajo de la blusa que llevaba puesta, rozando su gélida piel. "Nathaniel…te he extrañado tanto", susurró a mi oído antes de morderme el labio inferior. Sentí una punzada de dolor seguida de una sensación placentera que se acrecentó cuando ella me besó de nuevo al tiempo que probaba un poco de mi sangre. Por un instante me embargó la impresión de haber vivido todo esto antes…mucho tiempo atrás. Desgraciadamente no tuve oportunidad para pensar en eso porque Rui me tomó de la camisa y me lanzó de espaldas a la cama.

-Estás jugando con fuego Nath –me dijo colocándose encima de mí. Sus ojos estaban tanto o más rojos que los míos.

-Estoy bien con eso –contesté sonriente.

-Créeme, no lo estarás cuando despiertes por la mañana –afirmó con seriedad mientras acariciaba mi rostro con una mano.

-Pruébame –la reté juguetón tomando un mechón de su cabello.

-Como tú digas.

Rui se me aproximó y hundió sus colmillos en mi cuello.


Rui

Odiaba lo que estaba haciendo pero no tenía otra opción. Se lo debía al Nathaniel humano que anhelaba seguir siéndolo.

-Ah…así que esto es lo que se siente recibir un beso de vampiro –murmuró acercándome con sus brazos una vez lo mordí–. Como comprenderás no recuerdo muy bien cómo fue cuando me transformaste en hijo de Selene. Admito que me gusta la idea de que te alimentes de mí –declaró esbozando una media sonrisa.

-Lo siento…lo siento…-dije separando mis colmillos de su cuello–. Yo… yo también deseo que te quedes a mi lado para siempre –no sé de dónde saqué el valor para confesarle algo que ni siquiera había querido decirme a mí misma–…es sólo que tú eres un humano y no quiero ponerte en peligro…

-Ya no más –aseveró el Nathaniel vampiro.

-Te equivocas. Esto no es más que un sueño. Mañana cuando despiertes no recordarás nada y no sentirás remordimiento alguno por lo que le hiciste a Melody.

-¿Cómo sabes que bebí la sangre de ella? –preguntó extrañado.

-Veo que no terminaste de leer la Guía que te obsequié.

-Aún me faltan algunos capítulos. Ya sabes, la familia, el instituto y el trabajo de delegado me dejan poco tiempo. No importa, mañana mismo los mandaré al diablo a todos e iré contigo a dónde quieras –afirmó sin un ápice de duda.

-Mira –le expliqué fingiendo que no me afectaba lo que acababa de decirme– los vampiros pueden oler la sangre de los humanos que están cerca. Es como una huella digital, el aroma es ligeramente distinto en cada persona. Tú hueles a la sangre de Melody porque la probaste.

-Entiendo. ¿Y por qué habría de olvidarlo? No fue una experiencia nada desagradable –dijo frunciendo el ceño. Aquí venía la peor parte...

-Porque te lo acabo de ordenar. Bebí tu sangre, así que puedo borrar tus recuerdos como haría con un humano normal. ¿Tampoco leíste esa parte? –contesté sintiendo que acababa de tomarle el pelo.

-¡Qué! ¡No! Me costó mucho liberarme sólo para volver a ser el de siempre –me reclamó al tiempo que intentaba levantarse de la cama haciéndome a un lado– ¡No puedo creer me hayas traicionado!

Esto último me dolió. Debía recordar que lo estaba a punto de hacer era por el Nathaniel que me había pedido vehemente volver a ser humano.

-Por favor comprende. Al Nathaniel le dará un ataque al ser consciente de lo qué pasó esta noche –intenté que escuchara mis razones.

-Ya te dije. Somos la misma persona –afirmó indignado.

-Para nada –negué con la cabeza–. No armonizan. Estoy más que segura de que tú yo consciente ha estado hablándote pidiendo que te moderes. ¿Estoy equivocada?

-…No –respondió sombrío.

-Nath –suspiré–. Ser un vampiro implica mucho más que beber la sangre de una persona o tener facultades físicas excepcionales. Tienes razón, nos consideramos hijos de Selene porque la luna es la que nos otorga nuestro poder, pero a cambio nos pide que saquemos ese lado oculto que los humanos normales suelen reprimir. Y eso no es otra cosa que todo aquello que nos hace osados, peligrosos, aterradores y a veces malvados, en suma, vampiros. El Nathaniel humano no está dispuesto a ser así y por eso intenta controlarte. Tú eres su lado oculto.

-Eso tiene sentido… -aprobó pensativo– Imaginó que no tiene remedio… Le prometiste a ese idiota reconvertirlo en humano. Espero que no se arrepienta más tarde. A pesar de todo te aseguro que en el fondo seguimos siendo la misma persona.

-Si es así acabas de llamarte "idiota" a ti mismo –apunté divertida.

-Soy autocrítico. Es una mis mejores cualidades –sonrío de manera arrogante antes de besarme suavemente en la boca–…Supongo que es normal que esté a punto de caerme de sueño.

-Sí. Pronto empezará otro día –asentí con tristeza.

-Es verdad…

Cerró los ojos y se quedó dormido en mis brazos. Lo acomodé con cuidado debajo de las sabanas de su cama y al hacerlo noté dos cosas. La primera era que llevaba el anillo de plata que le había dado hace un tiempo. No pude evitar sonreír al ver que colgaba de su cuello. La segunda se trataba de algo completamente diferente… Nathaniel tenía varios moretones dispersos por su espalda. Me quedé petrificada mientras deducía lo que significaban.

-No pienses que no te lo dije. Simplemente no había manera de que estuviera seguro. Él y su familia ocultan este tipo de cosas muy bien.

Lysandro acababa de entrar a la habitación por la ventana.

-Mataré a sus padres –anuncié con frialdad dirigiéndome a la puerta que conectaba la habitación con el resto de la casa.

-¡No puedes! –mi primo me detuvo tomándome del brazo–. Lo que sucedió la última vez no debe repetirse. Las consecuencias serían devastadores para todos nosotros.

-¡Ya no me interesa lo que nos pase! –grité.

-No es cierto. Prometimos no asesinar humanos pasara lo que pasara. Piensa en Nathaniel, ¿cómo crees que se sentirá al ver que sus padres no se levantan para desayunar?

-No lo sé… ¿aliviado? –contesté a la defensiva.

-Yo más bien diría horrorizado, más aún si va a su habitación y los encuentra…

-Al menos no volverán a hacerle daño –dije perdiendo la resolución de hace unos segundos.

-Es verdad, aunque no creo que acabar en una casa de acogida sea de su agrado. Recuerda que para los estándares humanos él y su hermana son menores de edad y el Estado tendrá que hacerse cargo de ellos. Y no creo que Nathaniel acepte de buena gana vivir con nosotros a sabiendas de lo que le hiciste a su familia. Es demasiado correcto, no te lo perdonará jamás y con seguridad se sentirá terriblemente culpable.

Los argumentos de Lysandro eran irrebatibles. No había experimentado tanta impotencia desde hacía mucho tiempo.

-De acuerdo…tienes razón –desistí de mis deseos homicidas–. Pero al menos debo hipnotizarlos para evitar que vuelvan a lastimarlo.

-Tampoco es posible hacer eso. Mientras buscaba a nuestro vampiro novato por los alrededores, noté la presencia de un par de cazadores, seguramente los mismos que te atacaron. Están vigilando el barrio y específicamente esta casa –me informó Lysandro con seriedad.

-No puede ser. Ya debieron darse cuenta de que el obituario de Nath no apareció en los periódicos –apunté alejándome de la puerta.

-Exacto. Saben que al menos en apariencia sigue con vida a pesar de que le clavaron una estaca en el corazón. Tenemos que ser extremadamente cuidadosos.

Maldición, esto anulaba cualquier posibilidad de intervenir con esos imbéciles que se decían padres. Ciertos cazadores eran lo suficientemente intuitivos como para detectar si una persona se encontraba bajo el influjo de un vampiro. Crucé los dedos esperando que Nath no hubiera hipnotizado a nadie además de Melody, de lo contrario estaríamos en serios problemas.

-¿Crees que Eira trabaje con ellos? –inquirí.

-Es improbable. Pienso que es una cazadora solitaria. Debió detectar mi presencia de alguna forma y me siguió hasta Sweet Amoris.

-¿De alguna forma?

Miré a Lysandro de manera desaprobatoria.

-Bien…tú ganas –suspiró cabizbajo–. Intentaré ser más discreto en mi forma de vestir a partir de ahora, pero sólo hasta qué pase el peligro. Sea como fuere estoy seguro que sólo Eira conoce nuestras identidades. Los otros cazadores deben creer que somos vampiros comunes y corrientes.

-Al menos eso tenemos a nuestro favor. En cualquier caso todos nuestros enemigos, nos conozcan o no, estarán acechándonos el sábado por la noche durante el concierto que dará la banda de rock de Castiel en tu club nocturno. A propósito, ¿por qué lo compraste? –no sé cómo no se lo había preguntado antes.

-Estoy renovando mi interés por la música, es todo –respondió mi exasperantemente enigmático primo encogiéndose de hombros para restarle importancia–. Mejor vámonos ya. Es muy posible que los cazadores sigan rondando por aquí –dijo cambiando de tema y sonando algo ansioso–. Hiciste que sintiera deseos de probar sangre fresca y al final pasamos casi toda la noche rastreando a Nathaniel. Tal vez todavía podamos encontrar a alguien dispuesto a donarnos un poco…de su tiempo.

Miré por última vez a Nathaniel que dormía plácidamente. Su corazón latía débilmente, pero eso era prueba suficiente de que aún era humano. Sabía que dentro de poco los moretones de su espalda desaparecerían dado que ahora sus heridas se curarían con una rapidez sorprendente. Aun así me era inevitable sentir una rabia asesina contra los que lo lastimaron.

-Descuida. Puede que estemos imposibilitados de actuar en contra de sus padres como vampiros, pero nada nos impide usar uno de los muchos medios de los que disponemos –Lysandro, ya encaramado en la marco de ventana, interrumpió mis pensamientos.

-¿A qué te refieres? –pregunté curiosa.

-Ni te imaginas para quién trabaja el papá de Nathaniel –me contestó con una sonrisa divertida antes de saltar hacia la noche. Lo seguí intrigada por sus palabras y por la posibilidad de usar mis colmillos de nuevo.


Y fin del capítulo, ¿qué les pareció? ¿les gusto el Nathaniel vampiro? ¿qué opinan de la escena del beso con Rui? Les gustaría un poco más de lemón en un futuro o así está bien? Muchas gracias por leer :).