Capítulo once

El verano fue tranquilo, y Hermione se olvidó de su matrimonio (lo más que pudo teniendo en cuenta que llevaba ese anillo) hasta que recibió la carta de Hogwarts. Lavender y las gemelas Patil hicieron su mayor esfuerzo para ayudarla. Hermione le escribió a Neville, y se mostró tan comprensivo como siempre. Le deseó buena suerte y le dijo que había elegido la mejor opción, a pesar de todo. Era bueno tener amigos.

Prácticamente nadie sabía donde se encontraba.

Temía volver a la escuela, pero no le quedaba otra.

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La Gryffindor se las apañó para no llamar la atención hasta la cena de bienvenida. Harry, Ron y los demás querrían saber con quién se había casado, pues ya debían estar al corriente de que con Percy no. Pero la suerte la acompañaba, y los evitó.

Desde una esquina de la mesa de Gryffindor, pudo comprobar que McGonagall ya sabía la respuesta. "Le está bien merecido." La profesora le lanzaba frías miradas bastante a menudo. Neville lo sabía porque ella misma se lo había dicho, y algo de hacía pensar que todo Slytherin estaba también al corriente.

Fue entonces cuando, por primera vez en todo el verano, vio a su marido. Parecía peligroso. Hermione se preguntó por qué. Vestía su túnica negra de siempre y su cabello parecía limpio. No era atractivo desde un punto de vista clásico, pero tenia un aura a su alrededor que reclamaba respeto. Algo se avecinaba.

― Tu Murciélago Encantador tiene buena pinta hoy, Mya. Me pregunto por qué... ― se burló Lavender en un susurro.

Entonces la fiesta empezó.

Al final de su discurso, Dumbledore añadió:

― Estoy convencido de que todos estáis al corriente de la Ley del Matrimonio que fue instaurada a principios de verano. Lamento anunciar que tenemos una alumna que ha sido afectada por esta ley. ― Al oírlo, Hermione quería darse de golpes contra la mesa. "¿Tenía que decirlo hoy?. ¿Tenía que decirlo? No es que sea asunto suyo". ― Nuestra querida Hermione Granger se ha prometido con el profesor Snape.

El salón se quedó mudo. Severus fulminaba con la mirada a cualquiera que se atreviera a mirar a Hermione. Muy pocos se atrevieron. Cuando todo el mundo hubo superado el shock, alguien empezó a aplaudir desde la mesa Slytherin. De acompañamiento, se escuchaba "¡Así se hace, profesor!" y "¡felicidades!" La Gryffindor sonrió siniestramente. "Veo que has tenido un verano ocupado, Severus."

Entonces, se escuchó un "¡¿pero qué demonios?!. ¡Se suponía que tenía que casarse con Percy, no con el maldito Snape!. ¡En qué estabas pensando Hermione, por Merlín!"

― ¡Potter! Le advierto que mantenga su boca cerrada y que no se entrometa en los asuntos personales de mi esposa. No pinta nada en ellos.

― ¡Soy su amigo!

― Un amigo que ignoraba el hecho de que se casó hace tres meses. Realmente, lo dudo. ― Severus era frío y calculador.

― Esto no es asunto suyo, Snape. ¡Y tú, Hermione! Siempre supe que eras estúpida¡pero esto es demasiado!

― Potter, le...

― Vamos, vamos, chicos. Calmaos. Creo que es la hora de la cena. ¡Qué aproveche!

La cena calmó un poco tanta pasión, pero ni de lejos por completo. Prácticamente todo el mundo, a excepción de los Slytherin y alguno más, que aún estaba en shock, especialmente Ronald Weasley. Boquiabierto, miraba a Hermione desde otra parte de la mesa.

Hermione, de mientras, estaba ocupado maldiciendo el director. Sus mejillas flameaban por haber sido el centro de tanta atención. "Apuesto a que McGonagall tiene algo que ver con todo esto. ¿Es que no ha tenido ya suficiente?" Miró hacia la mesa de profesores, y se encontró los ojos de Severus clavados en ella. Se las apañó para dibujar una pequeña sonrisa y él asintió. La Gryffindor podía oír comentarios hirientes hacia su persona, pero los ignoró tranquilamente. Ginebra Weasley tenía pintas venenosas, pero estaba lejos de atreverse a decirle algo.

Lavender y Parvati la apoyaban en silencio. Había conseguido enterrar cualquier pensamiento acerca su matrimonio durante el verano, y ahora que había vuelto le tocaría vivir con Snape. "¡Merlín! Quiere tener hijos conmigo. Eso implica sexo. Ay madre. ¡Ay, ay! Pensemos en otra cosa... me gustó cuando me besó; quizás el resto no esté tan mal." La castaña pudo sentir su mirada en ella, pero no apartó la mirada de su plato. Ahora mismo, no podía mirarle a él.

Cuando la comida se acababa, Lavender habló finalmente.

― Supongo que no vas a volver a la torre con nosotras, Mya.

― No, ahora me tocarán las mazmorras.

Entonces, una tercera voz interrumpió:

― Hola, Hermione. ¿Qué tal fue tu verano?

Era la chica Slytherin.

― Hola, Pansy. Fue bien. ― Sonrió calurosamente.

El resto de la mesa Gryffindor la miraba con disgusto.

― ¿Te gustó la bienvenida de nuestra mesa? ― Sonrió ella. Hermione se rió.

― ¿Qué hizo para conseguirlo, amenazar con maldeciros a todos y cada uno?

― No. Digamos que corría el rumor y que todos queremos no tener problemas con la familia Snape.

― Me pregunto de dónde vendría el rumor... ― la Gryffindor alzó una ceja.

― Bueno... quizás se me escapó en alguna que otra ocasión...

― Accidentalmente, por supuesto.

― Por supuesto.

La gente empezó a levantarse de sus mesas y escuchó una voz sedosa detrás suyo antes de que ninguno de sus compañeros pudiera alcanzarla.

― Hermione. Señorita Parkinson. ¿No creen que es hora de ir ya a sus dormitorios?

― Sí, señor, yo ya me iba. Buenas noches Hermione. Profesor. ― Y se fue rápidamente.

― Bueeeno... Severus¿qué tal tu verano?

― Satisfactorio. ― Le ofreció su brazo para levantarse. Una vez estuvo en pie, colgó el de ella de su codo. Hermione se sonrojó; era su intención que se fuera del comedor agarrada a él. ― Creo que es hora de irse.

― Sí. Chicas, nos vemos mañana en el desayuno.

― Adiós, Mya.

Sus mejíllas estaban del color del pelo de Ron. Hermione podía sentir los ojos de los aún presentes en el gran salón clavados en ella. Algunos la compadecían, otros se reían. Pero ninguno de ellos tenía el coraje de acercarse a decirle nada mientras estaba con Snape. Y aunque Ron y Harry eran retenidos por algunos Gryffindor, no contaban. Salió del comedor.

― No les prestes atención ― dijo él apretujando su brazo, que aún resistía en su codo.

― Para ti es fácil decirlo. ― ¿El camino a su habitación había resultado tan largo la última vez que estuvo allí?

En las mazmorras, se encontraron con algunos Slytherin e intercambiaron algún "hola" cordial.

Tres...

Dos...

Uno...

Finalmente, llegaron a su destino.

― He arreglado la puerta para que reconozca tu tacto, y la contraseña es Vino fuerte.

― De acuerdo. ¿Están mis cosas dentro?

― Sí, en el dormitorio. Te mostraré dónde puedes guardarlas.

Entró en una habitación espaciosa decorada con verde oscuro y negro. Su baúl estaba al pie de una cama de cortinas que predominaba en la habitación. A su izquierda había otra puerta, que probablemente llevaría al baño. Tragó saliva. Era la misma habitación en la que se levantó después de desmayarse. Era su habitación.

Él abrió un armario para mostrarle que estaba vacío y que podía guardar en él sus pertenencias.

― ¿Dónde voy a dormir, Severus?

― En la cama, por supuesto. ― El hombre, o bien no la había entendido o bien se mostraba indiferente.

― ¿Y tú?

Se volteó para ver a la nerviosa Gryffindor.

― La vamos a compartir. ― Severus se acercó a ella, que aún estaba en el umbral de la puerta. ― No te tocaré hasta que no estés preparada. ¿De acuerdo?

Asintió.

― ¿Quieres un poco de vino antes de que vayamos a dormir? ― la condujo hacia la chimenea.

― Sí, por favor. Se sentó en un sofá en frente del fuego. ― Los Slytherin se tomaron bastante bien la noticia, me pregunto por qué... ― preguntó Hermione cuando regresó con las bebidas.

― Ya saben qué les conviene.

― Malfoy no parecía contento. ¿Lamentando haber perdido la oportunidad de llamarme 'mamá'?

El Slytherin sonrió.

― Posiblemente. Eso o el hecho de que la señorita Parkinson le plantó delante de todo el tren hoy. ¿Tú no tendrás nada que ver con esto, verdad?

Hermione le mostró una sonrisa de lo más "¿Quién, yo?".

― ¿Quizás entendió finalmente que vale más que él? ― Agitó la copa de vino. ― No parecías muy contento antes. ¿Alguna cosa que debas comentarme?

Él la miró.

― Tuve una pequeña conversación con Minerva antes. Aún espera que le diga que es una broma, y que en realidad no estamos casados.

― ¿Y qué pasó cuando no se lo dijiste?

― Digamos que mañana tendrás una larga clase de transformaciones.

― Déjame adivinar. ¿Mañana a primera hora? ― Gimió cuando él asintió. ― ¿Cómo reaccionó la primera vez? Espero que no tratara de maldecirte.

Severus Snape se rió.

― Estuvo desmayada durante 3 horas. Después de eso tuve una larga fiesta de té con el director, y finalmente una buena pelea verbal con ella. No estaban contentos con tu elección.

Hermione expiró aire.

― Se les rompería el corazón, estoy segura.

― Pareces cansada. Es hora de ir ya a la cama. ― Se levantó y le tendió la mano.

El corazón de Hermione empezó a latir apresuradamente.

― ¿Por qué no vas tu primero al baño, Severus, mientras yo desempaqueto mi baúl?

― Está bien. ― Desapareció hacia el baño.

Hermione se sintió paralizada. "Está bien, aguanta, Hermione. Tampoco es que te haya pedido que hagas el amor con él. Sólo acostaros, nada más. Puedes hacerlo. Ponte el pijama. ¡Ya!"

Cuando encontró su pijama y cosas de aseo en el baúl, la puerta del baño se abrió. Se tumbó y se quedó petrificada.

― Bonito pijama, Severus. ― Las palabras se escaparon de su boca antes de que pudiera comprender qué estaba pasando. Su marido se encontraba en la puerta con una sonrisa en la boca, y pijamas de verde Slytherin en su cuerpo.

― ¿Hay algo mal en mi ropa de dormir? ― Se cruzó de brazos y sonrió aún más.

― No, no, está bien. Es solo... son muy Slytherin. ― No pudo evitar sonreír. ― Bueno, voy a cambiarme yo. ― Cuando cruzó la habitación y estaba a punto de entrar al baño... ― Eres afortunado de que yo no lleve pijamas Gryffindor. ¡Podríamos desencajar terriblemente! ― Y con otra sonrisa desapareció tras la puerta.

Cuando Hermione cerró la puerta y se giró su barbilla cayó al cuelo. El baño era enorme y hecho enteramente de mármol negro. Tan sólo la bañera era blanca, y lo bastante grande como para que cuatro personas adultas cupieran en ella. También había una ducha al final de la sala. "Bonito".

Junto a la pica pudo ver un espacio vacío que era, obviamente, para que ella dejara sus cosas. Sonrió. Se había estado preparando por su regreso.

Se cambió y salió del baño en pijama.

Severus ya se encontraba en la cama. Tragó saliva. La miraba con un aire depredador en su rostro.

― Bonito pijama, Hermione.

― Gracias, Severus. Me alegra que te guste. ― Sonrió débilmente, se acercó a la cama y se metió dentro escondiéndose bajo las sábanas.

Nox. Buenas noches, Hermione.

Ella bostezó.

― Buenas noches, Severus.

Cayó dormida nada más su cabeza tocó la almohada.


Mis más sinceras disculpas por la tardanza, no he podido actualizar antes. Para aquellos que también léeis Silencio, espero actualizar esa historia pronto. Para los que no, no sé a qué esperáis.

¿Review? Para acordarme de actualizar, claro... P