Listo, aquí está la otra mitad (mi mitad favorita. Ya verán porqué)
Una cosa que se me olvidó mencionar en el capítulo anterior. En una escena del capítulo anterior, Anna entra a la cocina mientras Tamao termina eel desayuno. Tamao la saluda con "Ohayou Gozaimasu", que es una expresión que utilizan los japoneses para saludarse cuando es temprano, además, es formal. Sirve para saludar al jefe o a la gente en rangos superiores. Sin embargo, Anna simplemente le contestó "Ohayou", que es lo mismo pero informal, y con esta se puede saludar a los amigos. Con esta sutileza Anna no intentaba ser irrespetuosa, sino expresar que ahora la considera una amiga. No sé, me pareció que tenía que poner un momento entre esas dos.
Bueno, ahora sí, con mi mitad favorita. XD
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Tensión sexual
"Esto… esto tiene que ser una broma"
Anna miró a Jun en busca de una confirmación o negación, pero ésta sólo sonrió a medias mientras Pilika empujaba a la itako para hacerla entrar a la tienda.
"No voy a entrar allí"
"Oh, vamos. ¿Qué podría pasar?"
Nada, no podía pasar nada, realmente. Pero no iba a entrar allí.
"Pilika, es una tienda de ropa interior"
"Ropa interior femenina, por favor. Y de la mejor calidad"
No era que nunca hubiera comprado ropa interior, pero nunca lo había hecho allí y en compañía de alguien, para colmo de males. Ya por la ropa que exhibían en las vitrinas y las letras en neon rojo que colgaban de la parte superior de la puerta de vidrio, Anna sabía que era ropa interior femenina provocativa.
La Tienda Sagrada´ se llamaba, en realidad, Erotica's´
"No hay manera de que me hagan entrar allí"
"Dijiste que pasarías por la dura prueba"
"No lo habría dicho de saber que sería algo así…"
"Oh, vamos" dijo Jun "¿O acaso tienes miedo de entrar?"
"Sería ridículo sentir miedo por el simple hecho de entrar a una tienda" farfulló Anna, casi furiosa porque la llamaran miedosa.
"Entonces, si es una cosa tan simple¿por qué no entras?"
Jun entró, arrastrando consigo a Tamao. Anna quedó rígida en su sitio.
"Vamos, no es tan malo como parece. Yo también tuve que hacerlo un tiempo atrás"
"… Bueno" se dejó arrastrar por Pilika "! Pero no esperen que me guste!"
Pilika rió.
"Claro que no"
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Lo primero que notó fue que la tienda era mucho más grande de lo que había imaginado. ¡Si hasta tenía dos niveles, por el amor de Dios! Y no había sólo mujeres allí, también había hombres (quizá algunos de ellos transformistas o buscándole un "regalo" a su novia o esposa o algo así).
"Entonces¿qué quieres ver primero?"
"No sé. Nunca he comprado aquí… ¿en dónde están Jun y Tamao?"
Pilika miró en derredor y luego hacia las escaleras eléctricas.
"Deben estar en el nivel de arriba"
En efecto, allí estaban. Jun buscaba entre los montones de sostenes.
"Anna¿qué talla eres?"
"Espera… ¿realmente vamos a comprar algo?"
"Sí. Es parte de tu iniciación. ¿Qué esperabas?"
"… 32 B"
Jun le lanzó una mirada una mirada discreta.
"Sí, eso parece… pero por un momento pensé que eran más grandes"
No supo muy bien cómo tomarse eso, si como una ofensa o un simple comentario. Se encogió de hombros apenas. Jun escogió un sostén del montón.
"No me pondré eso"
"¿Por qué?"
"… Porque es rojo"
"!Pero si tu bandana es roja!"
"Sí, me gusta el rojo, pero no lo suficiente como para llevarlo en ropa interior. Además, esa cosa no tapa nada"
"Mmm… bueno, está bien" dijo Jun, devolviendo la prenda a su sitio "Ya sabía yo que no tendrías las agallas…"
Lo siguiente que supo Jun fue que Anna le arrebataba la prenda y se metía en el probador más cercano. Sonrió para sí.
"Ésa nunca falla…"
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Se probó la prenda y se miró en el espejo.
"¿Ya te lo pusiste?"
"Sí"
"Oye, abre la puerta para que podamos ver"
Silencio por parte de Anna.
"Espera" murmuró la itako, meneando la cabeza "¿Qué cosa?"
"Que abras la puerta para ayudarte a decidir si lo compramos o no"
"… Puedo decidir qué cosas me gustan yo sola, gracias"
"!No seas tan antipática¿Cómo sabrás si te queda bien?"
"Tengo un espejo aquí. Puedo opinar yo sola"
"Bueno, si tú insistes" dijo Jun. "Si tienes miedo de que te veas mal, sólo tenías que…"
Jun no tuvo tiempo para terminar, ya que Anna estaba abriendo la puerta con brusquedad.
"Pasen" dijo, con voz ronca y furiosa.
"¿Cómo haces eso?" le preguntó Pilika a Jun, en un susurro.
"Psicología inversa. Funciona muy bien con la gente así de orgullosa" contestó Jun, sonriendo a medias "También funciona con Len"
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¿Cuánto tiempo había pasado allí adentro? No sabía. Quizá dos o tres horas. Desde que se había metido en el probador, Jun las demás le habían estado pasando prendas por sobre la puerta y ella había tenido que probárselas. Y para colmos tenía que probárselas frente a ellas.
"Sí, creo que ése le queda mejor"
Bueno, al menos habían accedido a traerle prendas de color blanco y negro, ya que les había dicho que no iba a usar el rojo, por más que Jun usara esa psicología inversa en ella.
"A mí me gusta" dijo Tamao
"Ése le queda bien. ¿Pilika?"
Pilika la miró de arriba abajo. Anna se sentía incómoda. No estaba acostumbrada a que alguien la mirara con ojo crítico, mucho menos en ropa interior.
"Sexy"
La itako se sonrojó sin poder evitarlo. Pilika y Jun rieron por lo bajo. La dejaron sola para que pudiera quitarse las prendas y ponerse las suyas. Luego, salió del probador, aún un poco incómoda. Toda su vida se había bañado sola, vestido sola, elegido la ropa que le gustaba sola, probado lo que quería sola, comprado sola… No estaba acostumbrada a andar en grupo, mucho menos comprar con otras chicas y aceptar recomendaciones.
"¿Ves?" dijo Jun, una vez hubieron pagado todo y salido de la tienda "No fue tan malo, después de todo"
"Sip" dijo Pilika, rodeando la cintura de Anna con un brazo para abrazarla mientras caminaban. La itako se sobresaltó ante el contacto físico desacostumbrado, ya que, hasta ahora, las únicas personas que la habían abrazado habían sido Yoh y Jun. Pero no se apartó. Decidió dejarlo pasar. Extrovertida y alocada como era, Pilika probablemente ni sabía lo que aquel gesto provocaba en la itako "Además, fuimos más duras con Tamao que contigo"
Tamao se sonrojó al recordar aquello.
"Sí, creo que sí" coincidió Jun.
"¿Qué le hicieron a Tamao?" inquirió Anna
"Ah… bueno… lo mismo que a ti. La hicimos probarse ropa… y luego le pedimos a un hombre que pasar al probador para dar su opinión"
"¿Qué¿A un hombre?"
"Sip, pero tuvo suerte" dijo Pilika, soltando a Anna de aquel abrazo y ahora abrazando a Tamao por la cintura "El hombre resultó ser gay. No fue tan vergonzoso"
"!Pero era un hombre al fin y al cabo!" exclamó Tamao, roja de vergüenza.
"Sí, pero no fue tan malo. Tienes suerte de que haya sido Jun la que nos ha iniciado y que ella no sea tan cruel como para ponernos a hacer algo demasiado difícil."
Anna pensó unos instantes.
"Pero si Jun las inició a ustedes y Pilika me inició a mí… ¿quién inició a Jun?"
Tamao y Pilika se detuvieron, y por un instante pareció que pensaban.
"Oye, ésa es una buena pregunta…"
"Jun¿quién te…?"
Pero Jun no estaba allí. Estaba corriendo, calle abajo, con cuatro bolsas de ropa en las manos y huyendo de lo inminente.
"!Eh¡Jun no está iniciada todavía¡Tamao¡Anna¡A ella!"
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Unas 3 horas después…
"No tuvieron que ser tan duras conmigo¿saben?" dijo Jun, con el orgullo herido.
"Je. Pero fue divertido y lo sabes" dijo Pilika. En esos momentos, hasta Anna tenía una sonrisa de satisfacción. "Felicidades, Anna, esa idea tuya fue genial"
Jun la miró con rencor disimulado. Todo había estado bien. Había estado huyendo de las demás a toda velocidad, y por más que las otras intentaran, sus cuerpos no tenían tanta resistencia como el de ella. Habría huido fácilmente… de no ser porque a Anna de repente se le ocurrió gritar: "!Ladrona!" El efecto fue inmediato. Media población de Tokio la rodeó y le bloqueó el paso, y pronto las chicas la atraparon.
No quieren saber lo que le pasó después… Bueno, quizá sí. Simplemente la obligaron a volver a la tienda, a comprarse un sostén nuevo y una tanga (sí, Jun con tanga), y luego la obligaron a desfilar así por un sitio público… la policía llegó poco después y se llevaron a Jun por comportamiento indecente en un sitio público. Pero la soltaron poco después, con la ayuda del dinero.
"No fue agradable" dijo Jun "Fueron mucho más crueles conmigo que yo con ustedes"
"Pero si me divertí muchísimo" dijo Pilika.
Anna escuchó aquella conversación con disimulado interés. Ya había pasado al menos unas cinco horas con ellas y ya sabía que la más inquieta era Pilika, que Tamao se dejaba arrastrar por la ainu, y que Jun las "cuidaba" a ambas. A su parecer, era un grupo raro. Pero se sentía cómoda en él. Ya hasta se había acostumbrado a los espontáneos abrazos que Pilika daba a todo el mundo, aunque se había sentido bastante incómoda al principio. También se había acostumbrado a la timidez de Tamao y al cauteloso silencio de Jun. Se sentía bien entre ellas.
"No, no fue tan malo" se dijo, mirando hacia el cielo. Debido a la contaminación, era imposible ver las primeras estrellas de la noche. "podría volver a salir con ellas uno que otro día… pero dudo que Jun vuelva a desfilar en tanga" sonrió a medias "debí haber grabado eso"
"La próxima vez¡iremos a comprar trajes de baño!"
Anna frunció el ceño.
"Ah, no, eso sí que no…"
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"!REGRESAMOS!"
Los chicos asomaron las cabezas por la puerta de la cocina. Horo sonrió de alivio.
"Se tardaron bastante" dijo Horo "Ya empezábamos a preocuparnos"
"Na, sólo estábamos comprando´ más cosas de lo normal. ¿No, Jun?"
"Sí, eso era"
Anna notó que Yoh la estaba mirando, pero cuando él le sonrió, no pudo evitar mirar a otro lado y sonrojarse, turbada, recordando bien el sueño de la noche anterior… una ola de calor la recorrió y se estremeció, clavando la mirada en el suelo.
Al ver aquello, la sonrisa de Yoh se desvaneció. Se metió en la cocina a terminar la cena, abatido.
"Me teme. Se nota que me teme"
En el pasillo, Anna observaba hacia el espacio vacío que había dejado Yoh. Sabía que estaba preocupado, algo lo inquietaba, y estaba segura que esas emociones se debían al suceso de la noche anterior. Nuevamente, sintió el impulso de ir y abrazarlo y decirle que no había sido su culpa, pero otra vez se contuvo, por puro orgullo o quizá por el hecho de que no sabría cómo decir aquellas palabras, cómo expresarlas.
"Maldito orgullo mío" pensó, apretando los puñios y pasando a la cocina para comer "Y malditas hormonas también"
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"Ah" dijo Horo, sonriendo "Bueno, Yoh, esta cena te quedó mucho mejor que cualquier otra comida que hayas preparado. Al menos ésta no sabe a plástico"
Yoh sonrió, tomando en cuenta aquel halago. La verdad era que se había esforzado más esta vez por querer sorprender un poco a Anna y hacerla sentir apreciada. Obviamente, sabía que la itako no lo iba a felicitar ni mucho menos a expresar sus gracias. Pero como tenía un gusto tan refinado, sabía que al menos notaría el cambio de sabor en la comida y el esfuerzo que había puesto en él.
La miró de reojo. Estaba sentada junto a él, un poco más alejada de lo normal y temblando de turbación. No era que le temiera, sino que sentía una vergüenza que no podía controlar cada vez que se acercaba a él… haber compartido una fantasía con él quería decir que ahora él sabía que también ella tenía esa clase de sueños. Y eso es vergonzoso.
Pero lo que le asombraba más había sido el realismo del sueño. Claro, los suyos también eran realistas, pero las sensaciones nunca habían sido tan intensas.
Se llevó la taza de té a los labios y bebió, intentando ocultar su sonrojo. Sabía que Jun y Len observaban discretamente, e Yoh la miraba de reojo. ¿Algo podía ser peor?
Anna escuchó que los demás se ponían a conversar. No pasó mucho tiempo antes de que Horo y Len riñeran por algo, un plato de arroz o algo así. Anna observaba, pero no podía concentrarse con Yoh a su lado. Lo miró de reojo, descubriendo que había puesto atención a algo que le decía Len.
Primero vio su rostro, luego su cuello, después sus hombros.
"Oh, esos hombros"
Resistió el impulso de tocarlos. Por alguna razón, le encantaban sus hombros y su pecho, quizá porque se apoyaba en ellos cuando la besaba, y la sensación le traía un agradable cosquilleo. Siguió mirando. Su pecho, más abajo, su abdomen, un poco más abajo…
"Oh, dios"
Apartó la mirada, intentando sacudir de la cabeza lo que acababa de ver y las imágenes del sueño que se superponían a cualquier pensamiento lógico… Era la primera vez que notaba que Yoh no era el mismo chico flaco y debilucho de hacía tiempo. Quizá por el desarrollo, quizá por el entrenamiento o tal vez por ambas cosas, Yoh había obtenido un cuerpo masculino envidiable… y tentador también.
"Me voy a dormir" dijo, levantándose. No podía soportar estar en su presencia por mucho más.
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Y ahora estaba allí arriba, en la habitación que habían compartido desde hacía un mes. Yoh aún no había subido, y por el momento, eso estaba bien para ella. Incluso ahora, dos horas después, aún se sentía turbada.
"Y ahora resulta que soy una pervertida… lo que me faltaba"
La puerta se abrió. Sabía que era Yoh el que la había abierto, y no pudo reprimir un leve temblor y un agradable escalofrío.
Lo oyó acercarse y los sintió meterse en el futón.
Silencio.
Yoh se volteó para abrazarla. Ella se tensó y tembló, inquieta e incómoda. Dándose cuenta, Yoh retiró el brazo y le dio la espalda.
Anna se sentía incómoda. Era la primera vez que Yoh no la abrazaba para dormir, y también sabía que él aún estaba despierto. Eso era raro. Estaba pensando en algo, algo serio y se sentía nervioso, pero Anna no se atrevió a usar el reishi para investigar más. Ya estaba demasiado turbada.
"Mmm… ¿Anna?" ella tembló al oír su nombre, pero se mantuvo callada. ¿Estás despierta?"
Anna mantuvo silencio, y oyó que Yoh lanzaba un suspiro de resignación. Estaba intranquilo, nervioso… ella no quería que se sintiera así. Tembló ligeramente.
"Sí"
Lo sintió cambiar de posición. Ahora estaba boca arriba, probablemente mirando al techo.
"Eh… bueno… quisiera hablar de algo contigo" ella no respondió. Él tembló, nervioso. Sabía que se iba a escandalizar. "Es sobre… nosotros… y… bueno, tú sabes… sexo"
Anna casi saltó de escándalo, pero no hizo sonido alguno ni se volteó. No quería que viera su sonrojo.
"Ése… es un tema muy difícil para mí"
"Sí... lo sé. Pero creo que tenemos que hablar de ello. Bueno, tú y yo estamos en el mismo bote¿no? Estamos comprometidos desde los diez… y tarde o temprano lo haremos… Bueno, quiero que sepas que quiero estar contigo en ese sentido…" rió de nervios, aunque sabía que aquel no era el mejor momento para reír "Pero también quiero que sepas que no quiero… no voy a lastimarte… porque te amo. Puedo esperar… eh… ¿estás molesta?"
Esta vez Anna se volteó para mirarle.
"… No. Sólo me tomó por sorpresa, es todo"
"Sí, a mí también… pero, bueno, quizá esto estaba destinado a pasar¿no? Durmiendo juntos… bueno, esta no es la primera vez que tengo esos sueños"
Yoh se sonrojó al decir aquello.
"… Ni tampoco la mía"
Yoh tuvo que decir que estuvo sorprendido ante la atrevida confesión de su prometida, pero la más pasmada debería ser ella misma.
"Desde hace tiempo… he tenido esos sueños… pero en los míos yo siempre era la observadora… en el tuyo actué"
Yoh sabía que estaba intrigada y avergonzada por ello.
"Bueno… es la fantasía de muchos chicos que su novia tome la iniciativa… esa también es la mía… creo que la mitad de los impuestos que pagamos se deben a las duchas de agua fría que tomo después de una fantasía de esas…"
"¿Duchas de agua fría?" repitió ella, meneando la cabeza. Se tragó su orgullo para decir lo siguiente "Debo confesar que soy… muy ignorante respecto… respecto a esto. He leído de… sé lo básico… pero nada más"
"Bueno¡que suerte tienes! Tengo una pequeña demostración… más tarde, digo, y solo si tú quieres…. pero creo que deberíamos hablar primero… de nosotros" se atrevió a extender el brazo y acariciarle el rubio cabello con la punta de los dedos "Te amo, te deseo también, pero sobretodo te amo. No quiero lastimarte… pero supongo que tengo miedo"
Ella enarcó una ceja. ¿Miedo de qué?
"Tengo miedo… de no poder controlarme, de ser demasiado torpe… ¿entiendes? Tengo miedo de lastimarte, y no quiero"
Anna notó que la mano de Yoh temblaba, y la cogió con una de las suyas.
"No lo harás" murmuró ella "No lo harás…confío en ti, aunque tenga miedo… tengo miedo del contacto… es casi instintivo, y no puedo…"
Se detuvo, sintiendo que ya había dicho demasiado. Hablar de algo así, tan íntimo y tan personal no era fácil para ella.
Yoh llevó su meno hasta la mejilla de ella y le acarició el rostro.
"Habla conmigo. Dime más"
Ella asintió, e intentó buscar las palabras adecuadas.
"… Siempre he tenido miedo del contacto físico… de cualquier contacto físico. Sabes que… en Ozoresan todos me veían como una amenaza, y la única persona a la que veía de cerca era a Kino…"
"Sí, pero ella nunca ha sido muy emotiva… nunca te abrazó o te besó¿cierto?" Anna asintió. Él comprendía.
"Sí, ella nunca… y si lo hubiera intentado, de seguro yo me habría apartado. No estoy acostumbrada a esas… expresiones de cariño. Supongo que es por eso que tengo miedo… del acto" tembló ligeramente y cerró los ojos "Y entonces vinieron esos cuatro y…"
"Shhhh, Shhhh" murmuró él, acercándola más a su cuerpo. Ella no lo rechazó. Se dejó abrazar mientras temblaba "Estás bien" le besó la frente. Esos ojos negros reaparecieron "Estás bien. No dejaré que eso vuelva a pasarte¿de acuerdo? Eso no es amor. Lo que ellos te hicieron… Eso… eso es horrible, algo criminal. Eso no es amor" la besó en la boca "Esto lo es. Decidir juntos, hablar de ello lo es"
"… Sí, supongo que sí" murmuró ella, dejando de temblar "… Aún no me siento preparada… aún no. Pero algún día lo estaré..."
"Si aún no estás preparada, comprendo. Si esperamos, quiero que sea para hacer lo correcto, no porque nos temamos el uno al otro" sonrió con picardía "Además, he esperado un par de décadas ya¿qué me cuesta esperar un poquito más?"
Ella sonrió a medias.
"Sí, eso. No quiero decirte que no, sino luego. Cuando los dos estemos preparados"
"Exacto" su sonrisa se hizo más amplia, casi sugestiva "Ahora¿qué me dices de un poquito de amor al estilo Yoh Asakura, sólo para mostrarte que no tienes por qué tener miedo"
Estuvo callada por largo rato, temblando ligeramente, pero no era de frío.
"Puedo intentar. Intentar no tener miedo"
Tragó sonoramente, con los labios apretados en una delgada línea. Y, finalmente, asintió.
"Estás a salvo" murmuró él, aferrándola por los hombros y poniéndose sobre ella.
Y podía sentirlo pensando: a salvo, protegida. Los dedos de él trazaban líneas invisibles sobre la piel sensible del cuello. Ella tembló y cambió de posición, incómoda.
"Está bien"
Las caricias eran provocadoras, suaves, y aún así su piel disfrutaba de ellas. Una sensación de estremecimiento o escalofrío. Sintió la suave piel de sus dedos cuando él llevó la mano hasta la parte de atrás de su cuello. Él acercó un poco más su rostro. Se estremeció cuando la otra mano rozó apenas la punta de un pecho en su camino hasta su cintura. Él se estremeció también, respondiendo a sus temblores.
Los escalofríos conllevaron a una rigidez en la espalda. Se sentía bien. Pero la sensación era tan extraña que no podía procesarla tan tranquilamente.
"Tan suave" murmuró él, acariciándole la cintura. "y tan tibia. Déjate sentir. Cierra los ojos y confía en mí"
Su otra mano trazó una línea por sobre la yukata, desde el pecho femenino hasta su cadera, mientras tomaba con su boca el labio inferior de la chica.
Un leve suspiro empezó a formarse en su garganta a medida que se iba sumergiendo en el mar de sensaciones y se acostumbraba al peso de Yoh sobre ella, y al nuevo calor de su cuerpo. Parpadeó una, dos veces, antes de cerrar los ojos y dejarse llevar. Esto iba mucho más allá, de lo que habían hecho hasta ahora. Esta era otra línea cruzada, no la última línea, pero una cruzada de todas maneras. Uno por uno, sus músculos tensos empezaron a relajarse bajo la dulce caricia de su boca. Se detuvo toda pretensión de resistencia. Las sensaciones pasaron a ser de incómodas a placenteras en apenas unos pocos latidos. Estaba a salvo, con él.
Hombros fuertes se tensaron cuando él presionó su pecho contra los de ella, hundiéndola en el futon. Manos frágiles se movieron, inseguras, y se posaron en esos hombros. Oh, esos hombros que tanto le fascinaban, que hacían que su mente perdiera la lógica cada vez que los miraba. Con una rápida inhalación, respiró ese aroma de él, que también le encantaba, con el que se sentía segura por las noches. Escuchó la rápida melodía de su corazón y oyó sus propios latidos dentro de sus oídos.
Su boca y sus manos se movían con una destreza impresionante: sus manos acariciaba sus caderas y sus costados, justo bajo la piel de sus pechos, ocultos bajo la tela de la yukata; mientras su boca dejaba la suya para estimular nuevos puntos, acariciando la barbilla y empezando a besar la sensible piel del cuello.
Ella se estremeció. Le costaba pensar claramente en esos momentos.
"Es extraño… hace cosquillas… hace… en mi cabello… sus dedos en mi cabello… en mi cuello… también… su respiración… en mi cuello… Oh, no te detengas, no te detengas. Tan cálido…"
Casi por instinto, echó la cabeza hacia atrás, dándole mayor acceso a la piel sensible del cuello. Y, como halada por un hilo invisible, la rodilla de él se dobló y se puso entre las de ella, rozándole las piernas. Satisfacción ansiosa lo recorrió cuando ella no se resistió. Sonrió, y abrió la boca, ahora trazando líneas húmedas con la punta de la lengua. Su respiración se había convertido en un constante jadeo, y ella lo sintió intentando convencerse de no ir más abajo del cuello.
A salvo, protegida, murmuró el fantasma de aquella voz, Confía en mí. Sus palabras se metieron en ella Déjate sentir. Siénteme. Confía en mí.
"Sí"
Aquel pensamiento la recorrió entera y le impidió pensar. Sintió esa necesidad otra vez, la misma que había sentido durante el sueño, que hacía que una parte de ella se sintiera vacía, que hacía que deseara más de él. Un suave "Mmm" escapó de sus labios y la forzó a hundir la cabeza en la almohada y los dedos en sus hombros, y sus pensamientos simplemente desaparecieron. Con el tiempo detenido, pensar y hablar estaba más allá de su alcance, ahora que él se dedicaba a besarle el cuello delicadamente. Ya no había más conversaciones internas, sólo la sensación de movimiento y presión, y aquel dulce deleite.
"Mmm" gimió él "Estamos a punto de ponernos ruidosos" Con un último beso, removió todo su peso y se apartó de ella.
Ella sintió su cuerpo casi gritando un "no", ante la súbita retirada del calor y la presión, pero no se atrevió a decir nada.
Él miró a otro lado por unos momentos, y luego la miró a ella, un sentimiento de cariño reemplazó la lujuria desfalleciente.
Deslizó un brazo por debajo de ella y la acercó a él, dejándola apoyar su cabeza en su pecho, con los ojos abiertos a medida que procesaba lo que acababa de ocurrir y empezaba a recuperarse de las intensas sensaciones.
"¿Estás bien?"
Ella asintió, contra su pecho, sin habla por los momentos. Ambos jadeaban tan calladamente como se lo permitían sus cuerpos. Ella pudo sentir el deseo de él, el deseo de dejar de tocar la fría yukata y acariciar su tibia piel, y ella misma deseaba que lo hiciera, aunque el mero pensamiento la hiciera estremecer de vergüenza. Pudo sentirlo luchando contra el deseo, guardándolo para después, para cuando ambos estuvieran listos, protegiéndola.
Finalmente, recobró su lógica y pensamiento.
"Fue tan… tan…" no encontró palabras, y esa sensación de bienestar que se había apoderado de su cuerpo no la dejaría pensar demasiado tampoco. Acarició el pecho masculino con los dedos "Pero no sentí miedo… no me sentí atrapada, pensé que lo haría, pero no lo hice. No sentí miedo… Sentía… era una sensación extraña, pero me gustaba. Lo deseaba. Realmente estaba deseándolo. Y él me deseaba a mí"
Sus manos temblaban en ese momento. Yoh le acariciaba las caderas.
"Soy deseada"
"… Y amada"
Él contestó a aquella pequeña exclamación de asombro con una sonrisa.
"Sí, dijiste eso en voz alta"
Ella no contestó. Tenía que quitarse esa mala costumbre de murmurar, o pronto sabría más cosas de las que deseaba que supiera.
"Deberíamos dormir ya¿no crees?"
Ella asintió, y no habían pasado ni cinco minutos antes de sentirlo dormir.
Pero ella se mantuvo despierta, por largo rato. Pensando con una sonrisa en los labios. Le había gustado. De verdad.
Lentamente, con cuidado de no despertarlo (aunque sabía que aunque le golpeara no despertaría), acercó los labios a su oreja. Vaciló unos instantes, pero cogió valor, sabiendo que estaba dormido. Acarició un mechón de pelo castaño, sonriendo a medias.
"Ai shiteru"
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¡Listo! Weeee. ¡Con este estoy satisfecha! Bueno, no tan satisfecha como los estuve con el capítulo 9 (Yoh bailó Stayin' Alive en ése XD), pero estoy satisfecha, al fin y al cabo, sobretodo con la última parte, porque me costó un poquito escribirlo y que se viera que Anna estaba nerviosa pero al mismo tiempo lo deseaba, y la lucha de Yoh entre su deseo y su amor por ella.
Lamentablemente, el próximo capítulo también puede tardar así que no me presionen porque de igual manera no lo voy a subir si no está completo. Empiezo con las pruebas y exposiciones, y presentaciones, etc. Eso sin contar las actividades extracurriculares. Ustedes comprenden. Además, necesito organizar mis ideas para el próximo capi y el tiempo que me lleve eso puede variar muchísimo. Cuando estoy inspirada, unas pocas horas… pero cuando no… puede tomar días.
Bueno, intentaré que no se retrase demasiado, ya que eso no me conviene a mí tampoco, pues yo misma pierdo el hilo de la historia o bien ustedes se aburren y dejan de escribir reviews.
Chao!
