Técnicamente, hoy ya es Nochebuena, al menos en mi país...

En horas, estaremos todos junto a nuestras familias, intentando cenar más de lo que podemos, beber más de lo que realmente deberíamos, echando de menos a los que no pueden volver a acompañarnos, y esperando con júbilo a los que se incorporarán a la mesa en la cena del año que viene.

Pero intentemos dejar las tristezas aparcadas, porque la belleza de la vida, es siempre poder seguir en ella, llorando y riendo a partes iguales, o al menos, lo más compensada posible.

A lo que iba... es Nochebuena... Y en Nochebuena suelen hacerse regalos, y yo recibo uno cada vez que alguno de vosotros, además de leer, decidís dejar un comentario. Y hoy, me toca a mí hacer un regalo, a una de esas lectoras que en su comentario, me pide que le dedique un capítulo.

Aquí lo tienes Caskett23, no deja de sorprenderme que alguien que escribe como tú lo haces, me pida a mí (a mí) que le dedique un capítulo...

No sabía si iba a tener tiempo de subir algo, pero se ve que las ganas han podido con el tiempo y aunque es cortito, espero de corazón, que os guste. Y si no os gusta, espero poder arreglarlo en el siguiente...

Las historias son de los lectores, y a los que me leéis, os deseo una muy feliz Navidad y un 2014 en el que cumpláis muchos de vuestros sueños.

Gracias por leerme.

CAPITULO 11.

Castle miró las facciones de pánico de Kate y volvió a mirar a Alexis que les observaba con los brazos cruzados sobre su pecho.

- ¡Sal de aquí y espérame fuera!

- ¡Pero Papá! ¿Es que no te das cuenta? – protestó la joven.

- ¡Te he dicho que salgas de inmediato y me esperes fuera!

- ¡Rick! – intentó suavizar Kate llamándole por su diminutivo.

Alexis salió de la habitación dando un sonoro portazo.

- No deberías… - comenzó Kate.

- No me digas como debo tratarla Kate. No es una niña.

- Oye yo sólo…

- ¡Para!

Kate le miró sorprendida, no recordaba haber visto a Castle tan enfadado. Él siempre había sido paciente y se había desvivido por su hija. Ver su enfado con Alexis la desencajó.

- Lo primero que debe hacer es respetar nuestra intimidad – dijo Castle saliendo de la cama – llevo llamando a la puerta de su habitación desde que tenía doce años. No es tan complicado que ella haga lo mismo.

- Es normal que ella entre así, es su casa, es tu habitación y yo no debería estar aquí.

- Ni se te ocurra decir eso – dijo mirándola fijamente – ante todo es mi casa y le parezca bien o no, yo decido quien debe o no debe estar aquí. Insisto, no es una niña. No es mayor únicamente para salir, tener novio o elegir una universidad a miles de kilómetros.

Kate asintió en silencio. El escritor tenía su parte de razón.

- En segundo lugar no puede pedirme explicaciones sobre mi vida. Tarde o temprano ella hará con la suya lo que quiera y yo tendré que respetar sus decisiones – Castle buscaba su bata para ponérsela.

- Pero yo no quiero que mis problemas te traigan consecuencias con ella…

- Kate, no son tus problemas. Son nuestros problemas. Es mi elección y le guste o no le guste, esos titulares no mienten. Richard Castle será de nuevo padre.

Castle se inclinó sobre la cama para darle un beso. Ella le cogió con ambas manos la cara separándole levemente para mirarle.

- ¿Podemos hablar los dos con ella?

Él negó con la cabeza.

- Por favor – suplicó Kate.

- No quiero que intentes suavizar nada Kate.

Ella asintió y salió de la cama.

- Espera – le dijo quitándose los pantalones del pijama y las zapatillas – ponte esto, no quiero que cojas frío.

- ¿Y tú? – preguntó Kate poniéndoselos y anudando el pantalón sobre su cintura puesto que le quedaba demasiado ancho.

Él se abrochó la bata y se puso unos calcetines gruesos que solía utilizar para andar por casa.

- ¿Preparada?

- ¿No serás duro con ella? Debería haber sido la primera en saberlo…

- Lo intentaré.

Castle cogió el periódico de encima de la cama y tomó de la mano a Kate, saliendo hasta la sala. Alexis sentada en el sofá lloraba inclinada mirando el suelo, mientras Martha sentada a su lado pasaba una mano sobre los hombros de su nieta intentando consolarla.

Castle se sentó sobre la pequeña mesa frente a la joven, indicando a Kate que se sentase en el sillón individual junto a él. Castle no soltó la mano de Kate. Miró a su madre que le hizo un gesto de circunstancias.

Castle levantó con su mano libre la barbilla de la joven.

- Alexis – dijo suavemente – mírame cariño.

La pelirroja miró a su padre y él pudo ver que los restos de enfado de su hija habían desaparecido y ahora era tristeza lo que la invadía.

- Sé que no es la forma más adecuada de enterarte, pero es verdad, la prensa esta vez no miente.

- ¡Pero papá! – le exclamó suavemente – No soy tonta, lleváis poco tiempo, no puede ser tu hijo.

- Y es imposible que lo sea – intervino Kate – tu padre y yo no… No… No hay ninguna razón para pensar que sea el padre del bebé… Yo… Yo estoy embarazada de Josh. Y tu padre lo sabe.

Castle apretó la mano de Kate, que puso su otra mano sobre la de él.

- Entonces… ¿Lo sabias? Es decir… ¿Sabes que no es tuyo?

- ¡Pues claro que lo sé! ¿Qué pensabas?

Martha apretó su mano en el hombro de su nieta.

- ¿Tú también lo sabias? – preguntó mirando a su abuela que asintió.

- Y entiendo y respeto la decisión de tu padre cariño – añadió Martha.

- Comprendo tu enfado al enterarte así – dijo Castle – pero Kate y yo todavía nos estamos acostumbrando el uno al otro… Lamento que no hayamos hablado contigo antes de que todo esto saltase.

- Lo siento… - aseguró la joven bajando la mirada.

- Que sea la última vez que entras en nuestra habitación de esa forma – la reprendió Castle.

Alexis asintió y una lágrima volvió a aparecer en sus ojos.

- Esto no va a cambiar nada entre tu y yo, te quiero y lo haré siempre – añadió él cruzando sus piernas – y seguiré siendo el padre pesado que te esperará despierto hasta que llegues.

- Anoche no te vi – protestó ella.

- Llegaste a las tres y dieciocho – comenzó Castle - abriste la nevera, sacaste la leche, la calentaste en el microondas y le pusiste cacao, cogiste galletas y subiste todo a tu habitación.

- Papá…

- ¿Qué?

- Procura no volver a regañarme así – dijo la joven señalándole la abertura de su bata por donde podían verse sus calzoncillos con dibujitos – no eres serio.

Los cuatro rieron y Castle se tapó con la bata inclinándose para darle un beso en la frente. Se levantó y fue hasta la cocina para preparar el desayuno, todo un despliegue de tortitas, bacon, huevos, zumo…

Minutos después, los cuatro desayunaban sobre la encimera de la cocina.

- ¿Y qué pasa con Josh querida? – preguntó Martha.

- ¡Madre!

- Hijo, os apoyaremos en todo esto, pero comprende que Josh es el verdadero padre…

- Da igual Marhta… - contestó Kate entendiendo que quisieran saber más- Él no lo sabe. Y no tengo intenciones de que se entere – contestó Kate aferrando con fuerza la mano de Castle que la miró con cariño – además ahora él…

- ¡Está retenido en África! – exclamó Alexis recordando la noticia.

Kate asintió mientras masticaba una tortita.

- Después de esto – dijo Martha señalando el artículo – espero que no tengáis ningún problema con él. ¿Cómo se habrá enterado la prensa? – preguntó curiosa.

- No lo sé – negó Castle – supongo que nos han seguido – dijo cogiendo el periódico.

La noticia venía ilustrada con varias fotografías de ambos. La primera besándose en el coche de Kate, la detective la miró reconociendo la ropa que había llevado el viernes por la mañana. A pie de foto rezaba: "El escritor y su musa desde hace años, aprovechan cualquier momento para demostrarse su cariño"

La segunda fotografía, había sido hecha en la puerta de la consulta de la ginecóloga cogidos de la mano y sonrientes. Bajo la foto "La pareja saliendo de la consulta, seguramente después de recibir la buena noticia"

Una tercera mientras caminaban abrazados por la calle y Castle besaba a Kate. Bajo la foto "Después de un tiempo de relación secreta, ya no tienen razones para seguir escondiéndolo"

La cuarta fotografía era de los cuatro en el Smokeline, el restaurante donde habían comido el día anterior.

- Con estas fotografías será complicado desmentirlo – dijo Martha observando el artículo – "La detective está completamente integrada en la familia del escritor" – leyó en voz alta Martha bajo la foto de los cuatro en el restaurante.

- Por lo que pone aquí – dijo Castle mirando a Kate– corroboraron con tu ginecóloga que habíamos salido de su consulta.

- ¿Cómo han podido hacer eso? – se preguntó Kate – Ella es amiga de Lanie.

- Engañándola querida – aclaró Martha – es la prensa, son buenos actores. Seguramente salisteis de allí y fueron a preguntar si os habíais marchado haciéndose pasar por un amigo, vuestro chófer o vete a saber…

- En el artículo dan por hecho que tú eres el padre – afirmó Alexis – dicen que tenéis una relación secreta desde hace mucho tiempo.

Castle miró a Kate sonriendo.

- Quizá esto no nos venga nada mal después de todo.

Alexis y Martha les miraron extrañadas.

- Con la situación en la que está Josh – comenzó Castle - ahora no sólo podemos temer que sea él el único que reclame la custodia del niño. Si algo le ocurriese a él, su familia también podría hacerlo.

- Legalmente no tienen impedimento – añadió Kate – y más si se enteran que se lo he ocultado. Cualquier juez puede darles la razón.

- Pero esto cambia las cosas – dijo Castle señalando con el dedo índice el periódico – si la prensa siembra las dudas y dicen que teníamos una relación secreta desde hace tiempo y no lo desmentimos…

- Todos pueden pensar que he estado engañando a Josh, incluido él, y que el niño no es suyo, por tanto no reclamarían – dijo Kate sonriendo relajada por primera vez en esa mañana.

Los cuatro se quedaron en silencio.

- Creo que debería llamar a Paula – dijo Castle al fin – quizá debería hacer un comunicado confirmando la noticia.

- Querido – intervino Martha – es mejor que Paula ni asegure ni niegue nada. En este mundo es mucho más creíble hacerlo así.

- Castle… - dijo Kate con cara de asustada - ¡Gates! ¡No volverán a dejar que trabajemos juntos!

- ¿Por qué iban a hacer eso? - preguntó extrañado el escritor.

- Normas internas. No podemos mantener una relación con nuestro compañero directo.

- Pero yo no trabajo para la policía.

- Pero ese es un tecnicismo que no creo que Gates entienda, y mucho más si se ha enterado por la prensa y no por mí del embarazo… Pueden sancionarme por no haberlo comunicado.

- Siempre puedes decir que estás esperando el resultado – intervino Alexis.

- ¿De cuanto estás querida? – preguntó Martha.

- Seis semanas.

- Es poco tiempo. Sería muy normal que aún no lo supieses.

Castle miró a Kate que se había quedado muy pálida durante los últimos segundos.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó mirándola serio.

- No… Creo que… - dijo ella sin poder acabar y salió corriendo hacia el baño con la mano en la boca.

- Pobre niña – dijo Martha observándola – esa es una de las consecuencias del embarazo.

- ¡Madre! – regañó Castle corriendo para seguir a Kate.

- Y los pies hinchados, y las estrías en la barriga, y la sensación de estar todo el día como un globo y que un alien interno te chupa la vida…

- ¡Abuela!

- Créeme cariño, lo ideal es que los niños los vendiesen en latas en los supermercados – afirmó mientras se llevaba su taza de café a los labios y seguía leyendo el artículo del periódico – especialmente si esos niños son como tu padre… ¡Que embarazo me dio!

Castle se acercó a Kate que estaba doblada frente al inodoro.

- Por favor, vete – le pidió y se aferró a la pared temblando por una nueva arcada.

- Ni lo sueñes – dijo él acercándose por la espalda y sujetando firmemente su frente mientras ella volvía a vomitar.

- Esto es asqueroso, no quiero que me veas así – le dijo mirándole con los ojos enrojecidos y vidriosos por el esfuerzo.

- Pues ya te he visto. Y no pienso marcharme.

Su cuerpo se convulsionaba a cada violento movimiento del estómago rechazando lo que tenía en su interior. El escritor sujetaba su frente con delicadeza, retirando con la otra mano el pelo que caía por uno de los laterales para que no lo ensuciase.

Casi quince minutos después, cuando ya no tenía nada más en su estómago, Kate se lavaba los dientes frente al espejo, observada por Castle.

- ¿Mejor? – preguntó él mientras ella se enjuagaba la boca.

- Sí. Espero que esto no sea así siempre – contestó ella.

- Quizás el desayuno ha sido demasiado fuerte – dijo él pensativo.

- ¿Sabes? Lo peor de todo es que vuelvo a tener hambre.

- Será mejor que esta vez sólo tomes fruta.

Kate asintió se lavó la cara intentando suavizar el color rojizo que había adquirido tras el esfuerzo y se dio la vuelta mirando al escritor.

- Castle… Gracias.

Él asintió cogiéndola de la mano y saliendo del baño. Kate pensó que no podía tener mas suerte con él, se desvivía por ella. Él había cambiado su vida por completo. Había vuelto la oscuridad luz, la tristeza alegría, y por primera vez en años se sentía feliz.

Entonces se paró en seco y Castle, asustado la miró pensando que necesitaba volver al baño. Sin embargo, lo que hizo la detective le sorprendió aún más. Se abrazó con fuerza a él y comenzó a llorar.

- Kate… ¿Qué te ocurre? ¿Te encuentras mal?

Ella negó con la cabeza y él la apretó fuerte contra su cuerpo meciéndola levemente. Tras unos segundos tomó la cara de la detective entre sus manos, mirándola.

- Te prometo que todo va a salir bien… – susurró – Todo.

Kate elevó su mano hasta la del escritor y la puso encima, acariciándole y separándola de su cara para besar su palma.

- ¿Por qué haces todo esto?

- Porque te quiero – contestó él.

- No lo merezco...

- ¿Por qué dices eso?

- Te mentí diciendo que no te había oído. Desaparecí durante semanas…

- Eso sólo hace que te quiera todavía más, si es que se puede.

Kate le miró interrogante.

- Te quiero aún más después de que me mentiste y huiste de mí. Y… ¿Sabes por qué pienso así? – dijo besándola en la nariz - Porque me pregunto… ¿Cuánto tiene que quererme para tener tanto miedo de sus propios sentimientos?

/../

GRACIAS por leer hasta aquí, y como siempre digo, espero no defraudar a nadie.