Hiiii!
Bueno, este cap se lo dedico a Aidiki, ya que le dije que iba a dedicarle lo siguiente que subiera...Y para su desgracia (no tanta, pero desgracia al fin y al cabo XD) no se trata de mi próximo proyecto sino del cap 11 de este fic 8D
Huehuehuehue~
Y sí...Este cap contiene lemon lemonero (?) No es muy descriptivo porque no quiero herir susceptibilidades y no conozco vuestro umbral de sensibilidad, pero se puede subir el nivel sin problemas para el próximo lemon (estoy más acostumbrada de hecho a escribirlo más detallado...es frustrante contenerse tanto XD).
Sin más dilación, ya está aquí, ya llegó~
-.-.-.-.-
Ezio se encontraba de brazos cruzados, la espalda apoyada en la pared y una actitud bastante tranquila, en una de las calles de Venecia. Hacía algunos días que Leonardo había tenido aquel accidente con Dante y Vieri y el tiempo que su ''querido'' compañero de facultad le había dado para saldar su supuesta deuda expiraba.
Pero, claro, eso daba igual. El Auditore estaba en ese lugar precisamente para solventar el asunto de una manera...poco civilizada, si no podían llegar a entenderse de otra manera.
Sabía que Vieri de Pazzi acudiría allí, conociendo cómo era gracias a su pareja, y no faltaría mucho para que apareciese en aquel tugurio de juegos prácticamente ilegal, cómo no, acompañado de su gorila particular.
—Vieri de Pazzi, ¿verdad?
El hombre miró a Ezio de arriba abajo, con una ceja alzada y una sonrisa llena de sorna en los labios.
—Oh, Ezio Auditore. Fuiste tú el que pegó a mi amigo, ¿verdad? Claro, la ''parejita'' de ese supuesto genio, Leonardo. ¿Te ha enviado para algo en particular o...?
—Ah, no, no, claro que no. Mi pareja—dijo, reafirmando aquella palabra con un fuerte tono, sus ojos observando fijamente a Vieri—no sabe que estoy pululando por aquí. He venido por mi cuenta, para que charlemos con tranquilidad.
Antes de poder decir nada, Vieri se vio sacudido por un puñetazo de Ezio, el cual se miró el puño con desinterés tras haberlo golpeado.
—Hm, decepcionante.
—Tú... ¿¡Cómo te atreves!?
Dando un golpe a Dante en el brazo, le instó a que lo protegiera del muchacho mientras él trataba de esconderse en algún lugar para no salir mal parado de aquella pelea. El corpulento hombre asintió ante la orden de Vieri, adelantando un par de pasos en dirección a Ezio, y cuando alzó su puño para golpearlo, se encontró con la desagradable sorpresa de que el moreno había interceptado el golpe, deteniéndolo con el brazo.
—No esta vez, amigo. Créeme, me tenéis los dos muy cabreado, especialmente tú, que osaste tocar a Leonardo.
Dante farfulló algo entre dientes y sacudió el brazo, librándose del agarre de Ezio. Aprovechando su ligero desequilibrio, quiso propinarle un rodillazo en el estómago para tumbarlo, pero el Auditore simplemente estaba fingiendo. Esbozando una secreta sonrisa, dio un salto a un lado, sorprendiendo al hombre, y sacó partido de su desconcierto para golpearle en la cara con el codo, echándolo hacia atrás, y después tumbarlo al suelo con un legsweep.
—¿Vas a volver a tocar a Leonardo?—preguntó, sentándose sobre él y acercando su rostro al de Dante, sinuoso como una serpiente, uno de sus brazos apretando su cuello hasta casi ahogarlo—Venga, contéstame.
Ezio vio cómo el hombre trataba de negar penosamente con la cabeza, luchando por respirar, y después de dejarlo semiinconsciente, se dirigió hacia Vieri...O hacia donde antes estuviera.
El muy cobarde se había dado a la fuga.
Chistando, trató de seguirle la pista, sin encontrarlo, y al final optó por regresar a su casa, con la idea de buscarlo al día siguiente.
Después de unos cuantos días de búsquedas infructuosas, el Auditore volvió a toparse con Vieri, esta vez a solas, y el trato que le brindó le sirvió al hombre para perdonar esa deuda falsa que Leonardo tenía con él.
—Repite conmigo, Vieri: no volveré a involucrar a Leonardo di Piero en mis asuntos.
De Pazzi se atragantó con la saliva al tratar de hablar, haciendo una mueca de disgusto tras probar el sabor de su propia sangre, y sintiendo los dedos de Ezio apretando de manera desagradable su cuello hasta tal punto que sentía ganas de vomitar, procedió a repetir aquellas palabras.
—Bien, así me gusta. No quiero volver a verte cerca de él, ¿me oyes? Ni a ti ni a nadie relacionado contigo. Déjalo en paz. No tengo problemas en seguir encargándome personalmente de que estés alejado de él, tomando las medidas que tenga que tomar para ello.
Tras el encuentro, Vieri de Pazzi no volvió a meterse en la vida de Leonardo. El hombre no sabía cómo lo habría conseguido el Auditore...y tampoco le interesaba demasiado. Simplemente, había ciertas cosas que era mejor no saber.
En cuanto al asunto de las cartas, su búsqueda se había visto suspendida temporalmente debido a los exámenes que tanto Leonardo como Ezio tenían, mientras que Alessandra, por su parte, tenía parte de su horario ocupado por un trabajo a media jornada en una tienda, con la finalidad de ahorrar algo de dinero y evitar así más gastos a sus padres.
Estaban ya en el mes de abril, a dos meses de los exámenes finales y el final de carrera de Leonardo, el cual, por fin, volvía a tener su muñeca casi entera, con algún que otro dolor esporádico, pero bien por lo general.
Oh, y, por supuesto, era día 15, el cumpleaños de Leonardo di Piero.
Lo más triste del asunto era que su hermana estaba más emocionada que él.
Leonardo cogió el calendario, tachando un par de exámenes que había anotado en él y que ya había realizado, dejándolo después sobre el escritorio. Se aseó, se vistió y decidió salir a dar una vuelta por las calles de Venecia antes de que Ezio y Alessandra se acoplaran en su piso para celebrar el cumpleaños. Era una suerte que fuera tan temprano, estaba seguro de que los dos estaban aun durmiendo.
Como de costumbre, tras dar un paseo por el distrito, llegó a una pequeña plaza con bancos y árboles, generalmente vacía, donde él solía ir para poder relajarse y pensar con claridad o, simplemente, dejar pasar el tiempo mientras veía el vuelo de los pájaros.
—Amor, amor...He pasado demasiado tiempo sin estar a tu lado.
Leonardo alzó una ceja, esbozando una pequeña sonrisa al reconocer aquella voz, y se giró sobre sí mismo, sin ver a nadie. Alzó la vista a los tejados también, pero no veía nada.
—Ya no recuerdo el olor de tu cabello, ni el sabor de tus labios, ni el tacto de tu piel. Pero sigo firme. Sigo esperando una nueva oportunidad de verte de nuevo. Sé que es difícil, que hay muchos obstáculos...Pero también sé que merecerá la pena, sólo por verte sonreír otra vez. Amor, amor...
El hombre colocó los brazos en jarras, intentando localizarlo sin resultado.
—Así que has encontrado una nueva carta, ¿eh?
—Oh, ¿y quién te dice que es una carta?
El de Vinci se sobresaltó ligeramente al sentir un brazo alrededor de su cadera, girándose rápidamente hacia aquel joven que le traía de cabeza.
—Vamos, Ezio, tú no dirías algo así...No hay motivos para ello.
El muchacho sonrió, sacando la carta del bolsillo de su chaqueta. Sin embargo, antes de que Leonardo pudiera cogerla, puso el brazo en alto para evitar que el rubio la alcanzase.
—No será tan fácil...De acuerdo, es uno de tus regalos de cumpleaños, sí...Pero me merezco algo a cambio, ¿no?
Leonardo hizo rodar sus ojos, posó una mano en la nuca de Ezio y lo atrajo hacia él, besándolo con intensidad. El Auditore respondió de inmediato, cerrando un poco más la distancia que los separaba, y cuando sintió que le faltaba oxígeno en los pulmones, se separó del rubio.
—No está mal, no. Aquí tienes tu regalo. Oh, bueno, uno de ellos al menos.
El de Vinci cogió la carta rápidamente, desdoblándola para leerla, mientras Ezio se posicionaba tras él para poder hacer lo mismo, aun con los brazos rodeando la cadera de Leonardo.
''Amor, amor...He pasado demasiado tiempo sin estar a tu lado. Ya no recuerdo el olor de tu cabello, ni el sabor de tus labios, ni el tacto de tu piel. Pero sigo firme. Sigo esperando una nueva oportunidad de verte de nuevo. Sé que es difícil, que hay muchos obstáculos...Pero también sé que merecerá la pena, sólo por verte sonreír otra vez.
Amor, amor...
Desde que nos vimos obligados a separarnos, he sufrido tanto...Creía verte en cada espejo, en cada charco, en los claros destellos de las gotas de rocío que adornan las plantas al amanecer.
Mi manera tan imperfecta de amarte duele tanto...
Me equivocaba, amor. Ningún ser humano está preparado para vivir de esta manera, para vivir...como si no existiera de verdad.
Y pensar que en mi otra carta te decía que, de alguna manera, podría vivir sin ti...
No puedo hacerlo. Esto no es vida. Tal vez respire, tal vez mi corazón siga latiendo, pero no estoy vivo del todo.
Te hecho tanto de menos...
Non posso vivere senza di te. (No puedo vivir sin ti)''
—Yo tampoco creo que pudiera vivir de esa manera—dijo Leonardo.
—No tienes por qué hacerlo, a menos que quieras. Ahora que estoy contigo, no voy a permitir que nadie te aleje de mí.
El de Vinci esbozó una pequeña sonrisa, guardando la carta en su bandolera, y antes de poder decir nada, Ezio ya se encontraba tirando de él hacia algún lugar.
—Bueno, dado que te he encontrado, es mi responsabilidad el llevarte ahora con Alessandra. Se ha puesto hecha una fiera cuando hemos ido a tu casa y ha visto que no estabas.
Leonardo rió, dejándose guiar por Ezio hasta llegar a uno de los puentes del Gran Canal, donde su hermana se encontraba de brazos cruzados y con el ceño fruncido.
—¡Oh, pero bueno! Será posible... ¡Huir de esa manera de tu hermana y tu novio!
—Es mi cumpleaños, sólo quiero un poco de paz y tranquilidad.
—Sí, pues lo llevas claro. De eso nada. Te espera un día muy ajetreado, Leo.
Efectivamente, aquel día el di Piero no estuvo quieto más que para comer en un restaurante, y casi ni eso. Bien podría decirse que los tres se patearon toda Venecia, tanto andando como en barca, charlando y riendo alegremente, como tres amigos sin preocupaciones de ningún tipo.
Sin duda alguna, aquel fue el mejor cumpleaños de Leonardo. Su hermana le había preparado una serie de sorpresas dispersar por toda Venecia, pequeños detalles que lograron sacarle una sonrisa, y por supuesto Ezio no se había quedado atrás.
Ya casi al anochecer, el Auditore pareció ausentarse un buen rato, mientras Alessandra trataba de entretener a Leonardo como buenamente podía.
—¿Dónde demonios se ha metido Ezio? Hace casi una hora que se fue.
—Uhm...Tal vez ha ido a su casa. O a comprar algo...Oye, ¿por qué no vamos a tomar algo de mientras? Le mandaré un mensaje diciéndole dónde estamos, ¿te parece?
El mayor de los hermanos di Piero sacudió la cabeza con cierta pesadez, todavía preguntándose dónde narices estaba su estúpida pareja. Unos minutos más tarde, el móvil de Leonardo sonó, indicando que le habían mandado un mensaje, y al leerlo no pudo por menos que enarcar elegantemente una ceja.
—¿Qué...?
Alessandra sonrió secretamente, poniendo cara de curiosidad cuando el de Vinci la miró, su cara expresando su desconcierto.
—¿Me manda la dirección de una calle? Uhm... ¿Habrá algo allí?
—¡Eso sólo lo descubrirás si vamos hacia allá!
—¿Pero no íbamos a...?
—¡Oh, veeenga!
Así pues, los hermanos de Vinci se encaminaron hacia aquella dirección, avisando a Ezio de que ya se encontraban allí. El Auditore respondió entonces con otra dirección, y así hasta que regresaron al distrito de Dorsoduro. No obstante, cuando Leonardo se hallaba ya cerca de su apartamento, Alessandra pareció irse por otro camino sin que el hombre se diera cuenta, tan concentrado iba mirando las calles para ver si encontraba algo de lógica a todo aquello.
Al final, acabó frente a la puerta de su hogar.
—Hmmm...
Rebuscando en su bandolera, Leonardo no pudo encontrar las llaves de su piso, algo que, por otro lado, había empezado a sospechar que le sucedería. Estirando los labios en una sonrisa, negó con la cabeza y llamó a la puerta, sabiendo de antemano que Ezio se encontraría dentro, pues había cogido sus llaves en algún momento de la tarde sin que él se diera cuenta.
—Por fin llegas, has tardado un poco más de lo que esperaba, pero está bien.
—Ezio, ¿qué...?
Al entrar, Leonardo selló los labios, anonadado por lo que tenía ante sus ojos. No había ni una sola luz en todo el apartamento que no fuera la de una serie de velas de diferentes tamaños, que alumbraban el lugar de manera cálida, tiñendo la atmósfera de un aire cálido y sensual. El suelo se encontraba adornado con pétalos de rosa, además de unas pequeñas cartulinas dobladas que se encaminaban hacia la habitación principal.
—Feliz cumpleaños, Leonardo—murmuró Ezio en su oído.
El di Piero contuvo un escalofrío, todavía sonriendo tontamente sin poder evitarlo, y se agachó para tomar la primera de las cartulinas.
—¡Oh, Dios!—exclamó, mirando a Ezio—De verdad que eres un maldito mandril.
—Se siente, pero es lo que toca hoy.
Cogiendo el objeto, Ezio lo leyó rápidamente y comenzó a desvestir a Leonardo, quitándole la bandolera y la boina en primer lugar, para pasar después a introducir las manos bajo su camiseta, acariciando su pálida piel mientras besaba su cuello. Dejando caer la prenda al suelo, pasó las manos por su espalda, clavando con delicadeza los dientes en uno de sus hombros. Sintió entonces cómo el hombre se estremecía contra él, especialmente cuando tomó uno de sus pezones con los dedos, pellizcándolo con cuidado.
—Siguiente cartulina—terminó por decir el Auditore, no queriendo propasarse antes de tiempo.
Leonardo emitió una risita, tomándola, y no pudo por menos que sonreír con un brillo en los ojos al ver lo que ponía.
—Ah, mi turno.
Atrayéndolo hacia él, el rubio le desabotonó la camisa, deslizándola con cuidado por sus brazos aunque sin quitársela aun, y bajó una de sus manos por el abdomen de Ezio hasta llegar al pantalón, acariciando con algo de fuerza su hombría.
—Eres un poco impaciente, Leonardo.
—Vamos, Ezio...En esa cartulina ponía que podía tocar lo que quisiera, ¿o no?
Ezio sonrió de lado, alzando ambas manos a modo de rendición, y se dejó hacer, sintiendo que su respiración se agitaba levemente ante las atenciones que recibía por parte de Leonardo.
—No vas a dejar nada para el final a este paso.
—Está bien...Pasemos a la siguiente.
Así, cartulina tras cartulina, y después de desvestirse casi por completo entre caricias y besos, lograron llegar a la habitación del di Piero, donde en medio de la cama se encontraba una caja de bombones.
—¿Sabes, Leonardo, todas las horas de sexo que se necesitan para quemar las calorías que producen esos bombones?
—Hmmm...Puedo hacerme una idea—acercándose a la caja, tomó uno de ellos y miró a Ezio—. ¿Empiezas tú o empiezo yo?
Ezio se acercó y cogió el bombón con la boca, acercando después el rostro hacia el de Leonardo, uniendo sus labios. Tras morder su parte, el Auditore delineó con la lengua el perfil de la boca del rubio, alargando el brazo para acercar la caja, pero antes de poder hacer nada, el de Vinci lo tumbó sobre la cama, colocándose él encima.
—Tengo una idea mejor, Ezio.
Sonriendo, Leonardo comenzó a colocar los bombones por el cuerpo del joven, describiendo un caminito por su piel morena, y después los cogió uno a uno, deteniéndose en cada zona para besarla o...
—¡A-ay! Dios, Leo, eso duele...
Morderla.
—Quejica...—murmuró, riendo levemente.
Tras recorrer todo el cuerpo de Ezio de arriba abajo, el de Vinci se quedó mirándolo, un tanto pensativo, y rápidamente se quitó el cinturón, esbozando una sonrisita divertida. Tomando ambas muñecas del Auditore, las amarró, enganchando después el cinturón al cabecero de la cama, y se dirigó a su armario, de donde sacó un pañuelo.
—Leonardo, ¿qué...?
—Hoy es mi cumpleaños, ¿no? Entonces, ¿puedo hacer lo que me gusta?
Ezio alzó la vista para poder ver de manera dificultosa sus muñecas, desviando después la mirada hacia el pañuelo, y no pudo por menos que sonreír.
—Claro. Sólo déjame recordarte que...
—No te preocupes, sé cómo proceder.
Acercándose de nuevo al de Florencia, cubrió sus ojos con el pañuelo, impidiendo que viera nada, y bajó su mano hasta alcanzar su miembro, acariciándolo suavemente por debajo de la ropa interior mientras mordía su cuello, dejando marcas en él.
Ezio no podía por menos que serrar los dientes, dejando escapar quedos jadeos, retorciéndose ligeramente. Algunos minutos después, sintió que Leonardo retiraba la mano, moviéndose un poco. Parecía que estaba rebuscando algo en los cajones de la cómoda que tenía al lado de la cama, por el ruido que estaba produciendo. Tras un tiempo, volvió a sentir la mano de Leonardo en su cuerpo, dirigiéndose hacia su entrada, y no pudo por menos que tensarse. Al fin y al cabo, era su primera experiencia de ese tipo.
Dejó escapar un quejido cuando el de Vinci introdujo uno de sus dedos en él, moviéndolo con cuidado para que se acostumbrase, y comenzó a respirar de manera irregular, sintiendo que el hombre acoplaba su cabeza en la curva de su cuello, besándolo con cuidado, como si quisiera tratar de tranquilizarlo de alguna manera.
—Lo hago con el mayor cuidado que puedo, créeme.
Ezio asintió quedamente, tratando de acostumbrarse a aquella extraña sensación, y poco a poco, tomándose su tiempo para prepararlo, Leonardo introdujo otro dedo, seguido de otro más unos minutos después, describiendo círculos. No le importaba tener que estar así durante un buen rato, si con eso podía hacer que el joven no sintiera tanto dolor llegado el momento.
—Cuando te sientas preparado, Ezio—murmuró, besando su oreja con dulzura.
El Auditore aguardó unos minutos más, calmándose con las caricias de Leonardo, hasta que finalmente logró sentirse predispuesto a ello, haciéndoselo saber a su pareja. El de Vinci se acomodó entonces, acariciando nuevamente la entrada de Ezio con su miembro hasta introducirse muy lentamente en él, con cuidado. Sabía que la primera vez no sería una experiencia demasiado...agradable, pero desde luego procuraba que el joven no saliera muy adolorido.
Aunque algunas cosas eran, simplemente, inevitables.
Al sentir aquella intromisión en él, Ezio tensó el cuerpo, sus dedos cerrándose fuertemente entorno al cinturón que apresaba sus manos al cabecero, y apretó la mandíbula. Tardaría algún tiempo en acostumbrarse a aquello.
—Espera un poco—pidió, su respiración viéndose agitada.
Leonardo asintió, avanzando con cuidado cada vez que el joven le instaba a continuar, mientras lo besaba para tratar de calmarlo. Pasado un pequeño lapso de tiempo, comenzó a mover las caderas con lentitud, sintiendo que Ezio se acostumbraba a él, y aumentó el ritmo a medida que el Auditore le indicaba.
Ezio, poco a poco, fue relajándose, facilitando las cosas a su pareja, sus quejidos lastimeros siendo sustituidos, con el tiempo, por pequeños gruñidos de placer gracias a las atenciones que Leonardo le procuraba para destensar su cuerpo. Si bien aun sentía dolor, no era como al principio, y cuando el de Vinci comenzó a profundizar algo más las embestidas, el muchacho alzó las piernas, posicionándolas sobre los hombros del rubio. Con cada nueva penetración, notaba cómo su cuerpo se agitaba y se retorcía, dejando escapar quedos gemidos con las mordidas que Leonardo dejaba sobre su piel.
Como cabía esperar, aquello no se parecía en nada a ninguna experiencia sexual que Ezio hubiera tenido con anterioridad, pero, a pesar del dolor que había experimentado al inicio y que se le había antojado casi insoportable, tenía que admitir que le producía una sensación única e indescriptible...y estaba totalmente dispuesto a repetirla.
El Auditore echó la cabeza hacia atrás, hundiéndola en la almohada, y arqueó ligeramente la espalda tras sentir las uñas de Leonardo clavándose en su piel, a la altura del muslo, escuchándolo pronunciar su nombre cada vez más seguido. Ezio buscó a tientas el rostro de su amante, pues con aquel pañuelo que tenía sobre los ojos no podía ver absolutamente nada, y logró encontrar sus labios, besándolos y cerrando los dientes en su piel rosada, saboreando la sangre que emanaba de la pequeña herida que le había producido.
Los dos se encontraban casi al borde del climax, ambos moviéndose de manera acompasada, sus cuerpos encajando perfectamente en aquella erótica danza que habían iniciado, y al llegar al orgasmo, Ezio sintió que una parte de él abandonaba su cuerpo.
Cansado, trató de regular su respiración, sintiendo el peso de Leonardo sobre él cuando el hombre se dejó caer, besándolo en la frente mientras lo soltaba y le quitaba el pañuelo de los ojos.
—Feliz cumpleaños, amore mio—murmuró el joven cerca de sus labios, sonriendo ligeramente.
El de Vinci le contestó con un beso, acariciando su lisa melena oscura, y después recorrió la vista por su cuerpo, acariciando con cuidado las marcas que presentaba en el muslo.
—Espero no haberte hecho mucho daño.
Ezio rió, negando levemente con la cabeza, y arrastró a Leonardo a su lado, acomodándose en la cama. El de Vinci se le quedó mirando, con una sonrisa en el rostro, y apoyó su frente en la de él, cerrando los ojos.
—Sei tutto cio 'di cui ho bisogno. (Eres todo lo que necesito)
-.-.-.-.-
¿Ezio, seme? Pobre infeliz...
Sí, bueno, soy de las que piensan que Ezio se ve más de uke, al menos al principio XD ¡Pero tranquilos! Tendréis a un Ezio seme en el futuro, que nadie se preocupe. Aquí hay para todos los gustos.
Ooooh más fans de TWD! *w* ¡A mis brazos, Alex, colegui! *apachurra* El cap me dejó tal que asdadasdas a ver qué pasa la semana que viene! Y sep, Ezio de esta manera es muy genial *O* Ya se soltará más, ya...Y entonces temblará Roma (?) Oh wait...Roma ya tembló en su día. Pero me has entendido XD
Sé a qué esperas, Aidiki ¬u¬ Pero aun no, tiempo al tiempo...Seguiré chinchándote por facebook hasta que lo publique mwajajajaja! Ya sabes lo cruel que puedo llegar a ser 8D Pero tú no te quedas atrás con el cómic y lo de Dragonlance, maldita TT-TT ¿Creías que serías la única que stalkease aquí? ¡JA! De eso nada...
¡El truco es dedicación, amico mio! Eso y que tengo demasiado tiempo libre ahora que me he cogido un año sabático después del horrible cuatrimestre de una carrera que he acabado odiando XD Aaah comparto el sentimiento hacia Vieri...Pero creo que, como nosotros dos, mucha gente. CREO. Ahem XD
¡Muchas gracias por los reviews! Como siempre, me alegro de que os esté gustando la historia ^^ Y ya sabéis, en cuanto a lo del lemon puedo subir el nivel en un periquete sin ascos, eso como queráis :D
Ah, y perdón por la penosa escena de Dante y Ezio, esas cosas se me dan mal *derp*
¡Ya nos leemos!
