¡Al fin cerré el semestre! Soy feliz, al fin tendré tiempo para vivir: he tenido tan botado a mi pololo, familia, amigos... ah, Dios, por fin recupero mí tiempo perdido ^^. Bueno, obviamente ahora que tengo más tiempo espero dedicarle más de mi consciencia a este proyecto.
Francamente, no sé si eso terminará por traducirse en que consiga actualizar más a menudo (espero que sí). Aún así, prometo seguir dando mi mayor esfuerzo :D!
...Ahora, creo que por fin puedo decir esto: ¡HEMOS LLEGADO A LA PARTE III! Esta, queridas lectoras, es la última antes de que comience el caos absoluto: en esta parte Yekaterina va a pasar por MUCHOS cambios, Alfred y Densen van a comenzar a notar cómo "ciertas cosas" están horriblemente mal, y para el final de esta parte, algo que de seguro esperaban...ya estaremos al borde revelar el misterio de los ojos. Pasaran muchas cosas que de seguro esperaban, y otras que yo deseo las dejen en completo shock. Espero sigan disfrutando de la historia ;)
...Entonces, comenzando esta parte, haré las advertencias del cap: 1ro, habrá mención de sexo y violación, y 2do, Rusia va a actuar como Rusia...prepárense para el terror. Luego, les advierto que este cap cubre los eventos que supuestamente pasan en varias semanas, además de varios recuerdos, ¡así que hay que leer con atención!
Finalmente, mi DISCLAIMER: Adoro Hetalia, pienso en su belleza todo el día...desgraciadamente, que sea mío es solo un sueño fútil.
Espero disfruten esta locura...
Naomi
PS: ¡Gracias WhiteQueen, es grandioso saberte aquí!
PS2: En el capítulo anterior y por lo general tiendo a confundirme al escribir de dónde es Rey Francis. Como el reino se parece mucho a Edén, y para más es más rápido escribir Edén, tiendo a poner que es Rey de Edén. ¡Eso es un error estúpido, Edén es la tierra de Ludwig y Gilbert! Francis es REY DE ELISEO/ELÍSEOS (lo escribo de las dos maneras). Intentaré corregir mi mala costumbre; de nuevo, mil disculpas si confundí a alguien XS
III, la joya más deseada
Capítulo 1
"El miedo generalmente se manifiesta de dos maneras: a través de la agresividad o a través de la sumisión."
Paulo Coelho
...
-Deténganse por favor: el chico no tiene oportunidad de defenderse, es cruel que aún así le maltraten de esta forma.
Sus palabras fueron dichas con completa seguridad, su voz firme por la creencia arraigada de estar haciendo lo correcto. Él había estado de tránsito, se había topado con aquel grupo de adolescentes haciéndole daño a un niño algo más pequeño que él. No había sido capaz de no intervenir, incluso si ahora se había ganado que el más intimidante del grupo (de seguro le superaba en edad por más de 5 años) le mirara de arriba abajo, mostrando una expresión de clara devaluación a su persona. Yao, personalmente, no comprendía por qué a un ser humano había que medirlo de acuerdo a su fuerza física, estando el alma como mayor parámetro.
-¿...Y quien te crees tú para intervenir, niña?
Sus gráciles cejas se fruncieron, molesto ante el estereotipo, el ser mirado en menos por su cabello largo y bien peinado, sus escasos 8 años, su ropa etérea y conducta educada.
Estaba acostumbrado a no mezclarse con los otros chicos del barrio por lo mismo, porque su apariencia afeminada no podía ser bien vista en una tierra arisca como lo era Olimpo, hogar de toscos mineros; aún así, nunca había estado de acuerdo con tener que autoexiliarse a las labores de su hogar, o que los mayores que ya trabajaban extrayendo metales emprendieran cargas contra los pequeños con el pretexto de "climatizarlos para la vida del reino". Que le dijeran "niña", "madre frustrada", todo lo que quisieran...él se enfadaría, y aún así no daría su brazo a torcer.
-No necesito ser nadie; ese pequeño estaba sangrando, es suficiente indicio de que necesitaba un distractor para escapar de ustedes.
Y ante sus palabras, su interlocutor y el resto de su pandilla miraron a donde hace poco estuviera su víctima, solo para notar que este aprovechara el interés generado por el atrevimiento de Yao para escapar. Se mostraron furiosos, lanzaron gritos al aire, comenzaron a lanzar insultos caóticos al menor. Este ni parpadeó, aún mirando al le hablara, el que le llamara una niña. Este no decía nada, solo le miraba con absoluta seriedad, como reconociendo la astucia en el actuar de Yao. Aún así, el de cabello oscuro sabía lo suficiente como para no caer en las apariencias: tras aquella mirada seria, Yao podía detectar una apreciación a su persona, y la verdad, esta valorización no era meramente a su intelecto...
Yao puso expresión incómoda, el otro sonrió con altanería, sin importarle el que se notaran sus intensiones. Se lamio los labios con lascivia, y Yao comenzó a recordar mejor los motivos de su "autoexilio".
-Sabes algo, preciosa, nos hiciste perder a nuestra presa...
-Los seres humanos no son presas.
Los otros hombres, callados para escuchar hablar a su líder, se rieron de su intervención. El otro, en cambio, continuó como si no le hubiera oído...
-...Por lo mismo, me temo que tendrás que ser tú quien nos entretenga este rato.
Ante esas palabras del sujeto, sus compañeros dieron una mirada propia a quien recién comprendía por qué no atacaron desde el principio a Yao. Inconscientemente, el muchacho se halló retrocediendo un paso al notar tremenda cantidad de miradas libidinosas fijas en su persona.
-Creo que me voy a negar, lo siento.- Dijo con voz, pese a todo, segura. El líder arqueó una ceja, luciendo como al borde de reírse, al notar como Yao se preparaba para voltear y continuar su camino.-Ahora si me disculpan, tengo muchas cosas que limpiar en casa...
...Yao comenzó a disminuir su tono de voz al notar que, mientras terminaba su oración y comenzaba a dar sus primeros pasos, había sido rodeado a una velocidad escalofriante por aquellos tipos. Todos, salvo el jefe, formaban un círculo en torno de él. Comprendió demasiado tarde que había sido tonto el pretender que escaparía sin inconvenientes.
-Lo siento yo más que tú, querida, pero tendrás que posponer tus labores de mujer: en este minuto vas a cumplir con tu lugar como ramera y vas a complacernos como los hombres que somos.
La sonrisa lujuriosa que le lanzó y se reflejó en los rostros de sus acompañantes dejó todo claro. Yao sintió un escalofrío, pero no dejó que se le notara. No iba a darles la satisfacción.
Guardó silencio, esperó, y cuando sintió al primero de los hombres acercársele, le dio una certera patada en la parte que más duele, viéndole arquearse y caer al suelo gritando. No pudo saborear el minuto, porque los otros no tardaron en atacarle, ahora consciente de que "la damisela mordía". Se vio a sí mismo luchando con más de cinco mayores a la vez, y aún así, estaba 100% predispuesto a noquearles, a ellos y las oleadas que siguieran. Todo con tal de salir ileso.
-Que no escape.
Fue lo único que dijo el líder en todo ese tiempo, mientras él seguía torciendo brazos, golpeando estómagos, amoratando ojos, dejando a hombre tras hombre tendido en el piso jadeando por aire. En el proceso su cola de caballo se había soltado, sus ropas se habían desarreglado, su cuerpo había comenzado a sudar...se había librado de más de la mitad de sus atacantes, pero los que quedaban le miraban ahora con una expresión mil veces más peligrosa. A cada segundo, el enfrentamiento iba degenerando más en intentos de manosearle antes que de inmovilizarlo.
Dio otra fuerte patada, conectando con el estómago de uno de sus atacantes, pero para su sorpresa, este en vez de caer inconsciente utilizó el ataque para así cogerle de la pierna, aprovechando el segundo otro para cogerle de la cintura, las manos agarrando peligrosamente abajo. Dio un grito, el primero, y utilizando los brazos no solo torció, sino quebró los del otro para escapar. Desgraciadamente, el tiempo que le tomó en hacer esto, otro no dudó en golpearle la sien con una barra de metal...
Las piernas de Yao se tambalearon, ya sin ser capaz de mantener su propio peso. Su cuerpo cayó como un títere sin cuerdas contra la calle nevada, y antes de que su mirada volviera a esclarecerse, aún con puntos negros mezclándose en un su percepción, le tenían inmovilizado y arrodillado a los pies del líder. Pensó en mantenerse callado, no dejar escapar un solo sonido como muestra de su dignidad, pero su plan se fue lejos en el instante que unas manos se colaron por entre sus muslos, sujetándolos por el lado interno y obligándole a abrirse descaradamente de piernas; otra mano le hizo echar su cabeza atrás exponiendo su cuello. Con sus ojos mirando hacia atrás, pudo ver como uno de los que estaban allí, inmovilizándole, se relamía los labios antes de darle un toque descarado en su posterior. Se puso rojo de la humillación, un gemido lastimero aún así escapándole de la boca. La sonrisa del principal tan solo aumentó.
-Pero vaya...después de todo no me equivocaba: pese a que dijiste tener otros deberes, te mueres porque te toquen. Ja, resultaste ser una puta bastante complaciente.
Los hombres se rieron, el jefe se inclinó hasta quedar arrodillado frente a Yao. Este contuvo la respiración, pero no cerró los ojos; incluso, intentó pese a la posición en que le tenían el mirar a la cara a ese hombre.
-Púdranse.
Hubo un sonido como de sorpresa, luego seguido por nuevas risas. Una mano se fue poner demasiado cerca de la zona más íntima del chico, haciéndole soltar un jadeo de terror.
-Tienes una lengua bastante vivaz. Quizá después de ver tu linda cara rogando ser follada decida darle un buen uso...- "Mierda...", la mano presionó, esta vez de lleno y con más fuerza. Incluso la sangre corriendo por su rostro dejó de ser tema...estaba al borde de llorar.-...O tal vez, pueda conseguir esa misma súplica mientras te hago cumplir con tus labores como ramera.
Hubo un fuerte asentimiento general a esto último, y antes de que Yao decidiera dejar de lado el orgullo y suplicar porque le liberaran, una lengua se deslizó por su cuello, la mano comenzando a moverse y él incapaz de hacer nada, completamente inmovilizado. Intentó gritar, pero solo escapó un maldito sonido de placer.
Ante esto, dejaron en paz su cuello, y el hombre le cogió del mentón, los otros soltando un poco su cabeza para que se la guiaran frente al bulto que ya había en los pantalones del infeliz. La voz de Yao no salió, solo jadeos llenando el ambiente mientras el tipo le soltaba la cara para desabrocharse el pantalón, aún siguiendo con su labor de excitarle.
Yao terminó por cerrar los ojos y resignarse a su destino, cuando en un segundo, se halló tirado nuevamente sobre la nieve. Cuando abrió nuevamente los ojos se quedó petrificado...
La nieve en torno suyo se había teñido por completo de rojo, los miembros que le sujetaban, descubrió que habían perdido el cuerpo al que pertenecían, tirados por el suelo como un juguete roto, y justo frente su mirada, el hombre que estuvo manoseándole, que le llamó ramera y estuvo al borde convertirle en una, se encontraba tirado también en la nieve, agonizando mientras sujetaba la zona que quiso que Yao lamiera: de allí solo brotaba sangre.
-...Eres asqueroso.
Yao pestañeó, y solo entonces notó que parado frente a su agresor estaba un chico menor a este pero mayor al mismo Yao...un chico vestido como nobleza, de figura imponente, que sujetaba entre sus manos una barra de acero manchada de sangre. El pequeño comenzó a temblar ante la imagen, rezando porque no se descubriera que aún respiraba. Como si hubiera sido una llamada, el chico dejó de mirar al ya cadáver para fijarse de lleno en él. Yao sintió que su corazón se paraba al no encontrarse con una expresión homicida, sino con unos preocupados ojos violeta que le observaban como si fuera lo más preciado del universo.
-...Y...Yo...
-No hables. Aún estás conmocionado...
Fue cortado en su primer intento de articular palabra, al mismo tiempo su salvador dejando caer su arma y acercándose a Yao, cogiéndole con cuidado y recargándole contra su pecho. Si bien se sintió intimidado por la facilidad con que le movía, no consiguió imaginarse a este chico haciendo lo mismo que los otros. Cuando sintió unos dedos acariciar su mejilla, comprendió que sin darse cuenta había estado llorando.
Cerró un segundo los ojos, agotado luego de sufrir tantas emociones. Estaba por caer dormido en los brazos ajenos, cuando algo cálido cubrió su cuerpo, que ya se entumecía. Abriendo nuevamente los ojos, se halló envuelto en el largo abrigo del otro, su cuello cubierto por una suave bufanda. Quiso dar las gracias, pero la expresión del otro le dejó claro que se molestaría si volvía a esforzarse en hablar.
-Cuando ya estés mejor, me dirás tu nombre...
Le murmuró el otro al momento que se ponía de pie y comenzaba a caminar cargando a Yao. Este no sintió la necesidad de preguntarse a dónde le llevaban, cálido como se sentía en esos fuertes brazos. Terminó por dormirse así, con suerte si notando que el carruaje que les recogió tenía en su puerta el girasol, la flor de la Casa Real de los Braginski.
-HETALIA-
-¡Ay, pero es que o sea, como que me quedó divino!
Exclamó con orgullo el chico de unos 17 años, al momento que dejaba caer la brocha que sostuviera entre sus manos para llevarse estas últimas a las mejillas, sonriendo como loco y casi dando vueltas por la habitación como una niña enamorada. Bueno, la verdad, sí se puso a dar vueltas, pero más que por los contornos del cuarto, lo hizo en torno a su obra maestra.
Siendo francos, no paraba de imaginarse las caras del resto cuando lo vieran lo mucho que se había esforzado para hacer del castillo un lugar reconfortante para su regreso. Estarían ya por llegar, y él tan solo se predisponía a recibir elogios por su acción tan dulcemente noble.
"Aparte estoy seguro que Lily AMARÁ su vestido nuevo, ¡Si hasta le bordé ponis en los flequillos!", pensó, aumentando aún más su felicidad y lanzando un grito de alegría pura, antes de dejarse caer en el sillón azulino, aquel que él mismo entapizara con naranjo chillón por encontrar el otro color demasiado apagado. Sí...definitivamente le amarían...
"Aunque como que me faltó tiempo, ¿no? O sea, quiero decir, ¿no habría sido ultra genial que aparte comprara ponis domesticados para los jardines?", aún se le ocurrían nuevas ideas para la siguiente ausencia de los reales, cuando comenzó a cerrar los ojos con la intensión de descansar. Apenas alcanzara a cabecear algunos cuantos segundos, cuando un fuerte estruendo, como un grito de horror mortificado, le llegó a los oídos. Se dio cuenta que pese a la puerta cerrada de la sala, podía reconocer perfectamente la voz.
Saltó con entusiasmo del sillón, abriendo la puerta de golpe y corriendo con todas sus energías hacia las escaleras. Las bajó rápido, dobló un recodo, y así se asomó por una puerta de mármol tallado en relieve a la recepción del palacio.
Allí, dos mujeres miraban todo con los ojos como platos, un joven parecía paralizado sin creer lo que veía, y un adulto no mucho mayor parecía tener un tic nervioso en una de sus cejas. Él simplemente sonrió, y aprovechando que aún no notaban su cabeza asomada desde la puerta, terminó de salir tras esta de golpe.
-¡Pero o sea, que linda sorpresa! Si como que yo no los esperaba hasta la tarde.
A sus palabras, el adulto y las mujeres se voltearon a verlo, aún con las mismas expresiones. El chico siguió petrificado, observando más al vacío que a las murallas y muebles de fuerte color rosa...
-¿...Se puede saber qué...?
-¡Ay, sino tienes que agradecerme Rodi! ¡Si yo sabía que adorarías el cambio! Aunque no lo creas me di hasta tiempo de cambiar esos viejos cuadros.- Las manos del joven Rey se crisparon. Tras de él, Eli abandonó la estupefacción para comenzar a reírse nerviosa, preparándose para decir algo a su marido, quien estaba claramente al borde de explotar. Estaba por abrir la boca, cuando el chico rubio y de ojos verdes decidió continuar su declaración.- ¡Y espera a ver el piano, está incluso más cool que la sala!
Y hubo un silencio de muerte, el cuerpo del Rey dejando de temblar, quieto como piedra, mientras Eli y Lily le miraban asustadas, tal como Vash que había resucitado al segundo de escuchar lo último, todos mirando fijamente, esperando una reacción del castaño.
-¿...Rodi?
Eli con suerte murmuró, comenzando a acercar su mano para tocarle el hombro. Sin embargo, antes de que lo consiguiera, el otro cayó para atrás, todos gritando al ver como el Rey se desplomaba inconsciente sobre la alfombra, una de las pocas cosas que permanecieran igual. Lily dejó escapar un grito, Vash le ordenó que fuera corriendo por agua; Eli le pidió a Vash que cuidara de Roderich mientras ella contactaba al Lutier real. Mientras todo esto pasaba, el responsable solo miraba la escena sin entender... ¿Cómo su Rey se podría haber emocionado tanto como para ser noqueado por la alegría?
-HETALIA-
La puerta se abrió lentamente, Yao levantando sus ojos de los platos que estaba lavando para así fijarse en la entrada, la figura imponente de cabello beige y ojos violeta cruzando el umbral de la casa, quedándose de pie cerca de la mesa, sin sentarse al ver que él se encontraba trabajando. Yao le dirigió una leve sonrisa, recibiendo otra de vuelta.
Ya conocía al príncipe heredero Iván desde hace 4 años, y desde hace dos eran novios. Si bien Yao era consciente de que aún no hablaban nada con la Reina Chernenko, que no había ningún compromiso entre ellos, él no lo encontraba tema de preocupación; después de todo, el resultaba ser un simple aldeano...el solo ser el novio de Iván Braginski ya era suficiente para que nadie en los alrededores se atreviera a acercarse demasiado.
Dejó el agua cortada, y quitándose el delantal de aseo, se fue a sentar, indicando a Iván que le imitara. Este murmuró un leve "gracias" y se sentó frente a él. Yao se le quedó mirando, en especial luego de que el príncipe removiera su pesado abrigo; se sonrojó al saber que admiraba aquel cuerpo fuerte y alto de 17 años, esa figura enternecida por un rostro bondadoso, incluso de gestos infantiles. Le sonrió, mirándole a los ojos (sabía que Iván amaba sus ojos)...pese a que el otro volvió a sonreírle, creyó ver un rastro de tristeza en su expresión. Estaba listo a preguntar qué ocurría, cuando alguien le interrumpió al irrumpir en la cocina, comedor y recibidor del pequeño inmueble.
-Yao, ¿La visita es...? ¡Oh, buenas tardes, su majestad Iván!
Hubo silencio a esas palabras, incluso si Iván inclinó su cabeza como respuesta al saludo. Yao quedó mirando a su padre, quien nunca había gustado de que otros de acercaran a su hijo, pero tuvo que desistir en este caso, tomando en cuenta que se trataba del futuro Rey de Olimpo.
-Padre, ¿Acaso podrías...?
-¡No, claro, sin problemas!
No tuvo ni que terminar su pregunta, su padre retirándose al segundo que comprendiera que, como siempre, debía irse lejos mientras Yao e Iván se juntaban en aquella casa. Al inicio había querido estar en contra, pero nuevamente, este era el príncipe heredero. Por otra parte, confiaba en el buen juicio de su hijo, en que no haría algo inadecuado...
Al segundo que se fuera, Yao volvió a centrarse en Iván. Apenas el hombre saliera de la casa, Yao notó cómo la expresión ida de Iván se había acentuado. Sus labio se fruncieron un segundo, no sabiendo si preguntar o no.
-Iván...- El otro pestañeó le miró, le sonrió como diciendo "todo está bien". Esto convenció a Yao de seguir adelante.- ¿...Te ocurre algo? Últimamente has estado algo decaído, me preocupa...
Sus palabras fueron seguidas por un silencio prolongado. Por un segundo, Yao se cuestionó si no hubiera sido mejor dejar pasar las cosas, pero entonces Iván dejó escapar un suspiro cansado. Yao le quedó mirando sin entender cuando el príncipe desviaba sus ojos de amatista a la sucia ventana.
-...No es algo que pueda explicarte, Yao.
Hubo otro silencio, el menor de 12 jugando con el largo de su ropaje, nervioso y preocupado al escuchar esto. Se preguntó si tal vez pasaba algo en el palacio, si tal vez había algún problema que los comunicados al pueblo no habían dejado pasar. Por la expresión deprimida de Iván no pudo evitar temer lo peor. No pudo evitar intentar de nuevo.
-Pero...
-Yao, no insistas. Yo no...no está en mi lugar hacer nada. Aquellos eventos...van a pasar sin importar lo que yo haga...
Le quedó mirando con pena. Iván parecía resignado, como si hubiera visto el futuro, supiera de su oscuridad y no pudiera hacer nada al respecto. Yao estiró una de sus manos por sobre la mesa, cogiendo la allí depositada de su pareja. Iván le quedó mirando sorprendido, antes de envolver su mano con la suya, acercándola a su mejilla para apoyarla allí, aún sin soltarla. Cerró los ojos unos segundos, como sintiendo el calor de Yao. Pasaron unos minutos, y cuando volvió a abrir los ojos, había una decisión triste en ellos.
-...Sígueme.
Y con eso se puso de pie y se encaminó a la escalera que conducía al segundo piso del inmueble, volteando un segundo para ver si Yao le acompañaba. Este, aunque tardara, le siguió sin entender lo que pasaba. Le siguió por su propia casa sin saber por dónde iban, no atinando a nada hasta que cruzaran unas de las tres puertas del tercer piso, él siguiendo a Iván adentro y escuchando la puerta cerrarse tras él. Fue solo entonces que vio su propia cama aún sin hacer, y sus mejillas ardieron, al segundo que se volteaba a ver a Iván, incapacitado de emitir alguna palabra comprensible.
-I...Iva...tú...t...
-Yao, no voy a hacer nada que tú no quieras.
Aquellas palabras le hicieron cerrar la boca, mirar de nuevo los ojos casi llorosos de su príncipe, un adulto según las leyes de los reinos, un futuro Rey, y aún así luciendo tan miserable en aquel minuto como cualquier campesino infeliz, tan vulnerable como estuviera Yao el día en que se conocieron. Yao no comprendía por qué estaban en esta situación, pero veía que en algo se ligaba a lo que cargaba y no quería decirle. Tragó duro.
-Iván...
Su voz fue apenas un murmullo, el otro acercándose, actuando lo suficientemente lento par que él le detuviera cuando quisiera. Sintió como aquel fuerte brazo se cerraba en torno a su cintura marcada, vio el rostro de Iván quedar de frente al suyo al nivel de juntar sus frentes. El mayor estaba llorando, su otra mano, enredándose en el cordón que sujetaba la parte de arriba de su atuendo.
-Yao...ya nada va a volver a ser lo mismo; ya nunca más...- la mano en su cintura comenzó a hacer una leve caricia, pero no buscó jamás un resquicio para colarse bajo la ropa. Yao solo miraba aquellos ojos, sabía que de alguna forma, no le estaban mintiendo.- No quiero que ocurra, pero no podré hacer nada... Yao, por favor...no quiero sentir que te perdí...
-Iván, yo...
Sus labios se vieron silenciados por un beso repentino, la lengua del otro explorando cada rincón de su boca con una paciencia nada propia a alguien que solo buscaba sexo. Yao se dejó llevar, no protestó hasta que sus labios se separaron por falta de aire, e incluso entonces, no volvió a alejar su boca de la del otro por más de algunos milímetros. Sus manos, en algún minuto, se habían entrelazado por el cuello del más alto.
Iván volvió a inclinarse, pero esta vez fue dejando besos de mariposa en su mejilla, acercándose de a poco a su oreja. Exhaló su aliento en ella, causándole un leve escalofrío al menor; este sin embargo no fue nada en comparación al que le atravesó después, al escuchar las palabras del mayor.
-Sé uno conmigo...Yao, déjame ser tu dueño esta única vez...
Yao se quedó temblando, sujetándose con más fuerza a Iván para no dejarse caer laxo en el suelo. Su organismo parecía no reaccionar a nada, su corazón latía sin cause.
Conocía perfectamente la situación de los dos, más allá incluso del no ser nada oficial con el príncipe, ambos estaban separados por 5 años de edad, y si bien Iván ya era un adulto, Yao era todavía un niño; no estaba preparado por algo así. La razón por la cual no habían hecho nada hasta ahora era la misma...habían decidido esperar, no intentar hasta que Yao cumpliera 14 años. Iván había aceptado, pese a que eso sería extremadamente duro para él. Ahora en cambio aquí estaban, a pasos del lecho...Yao no se creía capaz de articular una sola palabra.
Siguió pasando el tiempo entre los dos, las manos de Iván aún así sin buscar ningún contacto extra. Yao no se movía, y tras una eternidad para él, Iván alejó su rostro. Yao vio en los ojos de Iván un corazón destrozado.
-...Lo siento. Sé que te ofendí, y lo entiendo...por favor...solo olvida que esto ocurrió...
Y tras decir eso, se volteó para irse. Yao sintió de repente que su cuerpo en verdad le pertenecía, podía moverlo a antojo. En un fuerte impulso, cogió a Iván antes de que terminara del todo de soltarle.
-...No. Yo...no me importa Iván.- El otro pareció en estado de shock, sus manos cayendo laxas a los lados de su cuerpo como si ahora él fuera el petrificado por la impresión. Yao hizo su mayor esfuerzo por sonreír, sus manos yendo a sujetar las caídas del otro.- Yo...yo te amo; no me importa entregarme a la persona que amo.
Y apenas pronunciara esas palabras, se halló con su espalda chocando contra la muralla, sus manos también siendo sujetas contra esta por las del otro. Su boca había sido devorada por una pasión desesperada, como un niño buscando auxilio, salvación. Incluso con la cama al lado, parecía casi natural que un beso así se diera con tal acto de desenfreno, con el cuerpo del otro comiéndose el suyo, presionándole aún más en esa ruta sin salida. Dejó ir un gemido en el beso, sus piernas pronto abriéndose para sentir mejor al otro, incluso si recién estaban comenzando. A todas luces, este era el acto de quien se sabía condenado a muerte. Yao fue consciente de que pese a la pasión que comenzaba a escalar entre besos de lujuria, las lágrimas de Iván aún seguían cayendo...
-HETALIA-
Sus ojos seguían con atención el crecimiento de la planta, aquel tallo que parecía hecho de cristal dejando brotar de su cuerpo las hojas y luego los principios de un bello botón. Era como ver diamante brotar de las entrañas de la piedra del suelo de aquella mazmorra que llamaba "habitación". Lejos de su creación, mirándola fijamente, un aura dorada envolvía por completo su cuerpo algo bajo, su contextura fina, y aquella luz brillando con especial fuerza en sus ojos de hielo. Hielo, sí...esa era la palabra que definía aquella dulce flor que en este instante se habría al mundo: no era una piedra preciosa, era hielo eterno, transparente y puro, el mismo que él soliera contemplar en su tierra natal, antes de que toda esta locura comenzara. Cerró los ojos un segundo, recordando que no era el único en el mundo con ojos de hielo, que todo pudo haber sido distinto. Incluso su corazón templado ya contra las emociones, en aquel momento tuvo el deseo de llorar por aquel mundo de dulce frío...
-Kolkolkol...no sabía que aún fueras nostálgico, Lukas...
Abrió los ojos de golpe, volteándose a sus espaldas para notar que mientras se concentraba en su hechizo, aquel hombre se había posicionado cómodamente contra la muralla, observándole de lleno con esos ojos violeta, que si bien no le hacían temblar, era consciente del peligro que podían encarnar. De inmediato, el brillo se extinguió, sus ojos volviendo al hielo puro; dio gracias a la magia creadora, incluso con lo cruel que había sido al trazar su destino, porque la flor ya era lo suficientemente fuerte para seguir existiendo sin sustento de su parte.
-Iván. Es raro que visite...
Ni siquiera dijo la oración completa al mirar con una expresión casi vacía al Rey de Olimpo. Este se rió de nuevo, acostumbrado desde hace mucho al que ese chico no le temiera; más aún, su extrema mutes. Recordaba perfectamente bien...incluso cuando lo conoció, el chico ya era así.
-Entonces tendré mis motivos para hacerlo, ¿Ne?
Su pregunta hizo suspirar al chico, este mirando a un lado, a los escasos libros de magia que Iván le permitía mantener en el cuarto. Lukas, observando la biblioteca que le dieran solo por conveniencia de aquel reino, se quedó callado. Se imaginaba cuál era el motivo de la visita, y no lo enunciaría él, porque sabía que no había nada que discutir sobre aquello.
Esta vez Iván no pudo evitar mirarle incrédulo. Una cosa era que el muchacho de 18 fuera casi mudo, y una muy distinta era que ignorara el ser interrogado sobre algo que podría causarle recordar los motivos de que estuviera aquí. Recordarlo muy dolorosamente...
-¿...No se te ocurre ningún motivo para despertar mi ira, Lukas?- silencio de nuevo. Iván dejó de caminar, ahora parado a apenas un metro del muchacho. Sonrió de oreja a oreja su sonrisita de escalofrío; Lukas volteó a verle nuevamente, incluso si su expresión neutra no varió en lo más mínimo.- Según yo, tú sí lo sabes: después de todo dejaste que ese maldito baile se llevara a cabo.- Lukas enarcó una ceja, única señal de que no encontraba nada extraño en eso. La expresión del monarca de las minas comenzó a despedir un aura capaz de hacer temblar a cualquiera...a todos menos a Lukas.- Creí haber sido claro en esa oportunidad, Lukas: no quiero a nadie cerca de Yekaterina, si alguien se acerca sin mi consentimiento, contaba con tu habilidad para acabar con aquello. Más aún si se trataba de aquel niño de Avalon.
-Creo que no entiende. Aquel vals estaba destinado a pasar...
-Ne, tú no entiendes.- Iván comenzó a entornar la mirada. Este chico lo estaba sacando de quicio con su estúpido intento de negar su error.- Ambos lo sabemos: no existe una magia más poderosa que la tuya. Si hubieras querido, habrías detenido aquel vals sin problemas...
Lukas suspiró, su mirada entornándose contra su voluntad. Era como si Iván hubiera decidido de antemano culparle sin motivo. "Obviamente ya lo decidió".
-Iván, sí hay un magia más fuerte que la mía: la magia suprema, la que nos dio la vida, es incluso mayor que la de alguien con mi destino. Esa magia está encarnada en el árbol sagrado: fue designio del árbol que bailaran...contra aquello nada puedo hacer.
Aquello era para él lo mismo que para muchos era hablar por una hora sin detenerse. La manera en que le volvió a sonreír Iván le dio la esperanza de que a lo menos hubiera entendido que no había nada que hacer. Cerró los ojos un segundo, dispuesto a recuperar la calma que perdiera, cuando algo cortó el aire, y una fuerte corriente le causó temblar, el sonido de algo quebrarse haciéndole abrir los ojos de golpe para mirar al soberano de Olimpo...cómo este le sonreía, aún con la espada apuntando hacia él, o mejor dicho, atravesándole, pues el hechizo protector que Lukas solía instalar sobre sí cada vez que estaba con Iván le había salvado de tener aquella espada enterrada en su costado: en lugar de eso, solo tenía que ver cómo le atravesaba cual espejismo, sin herirle...lastimeramente tras de él se veía el precio del hechizo: la flor de hielo estaba hecha pedazos.
El escalofrío que recorría la figura de Lukas se hizo más palpable, causándole una risa a Iván al momento que retiraba su espada, sabiendo que el hechizo de inmunidad de seguro ya estaba roto, y si no, solo un golpe más lo haría trizas...
-...Entonces, deduzco que eres inocente, ¿Da?- Le dijo con un tono excesivamente dulce. De a poco, se fue inclinando sobre Lukas, uno de sus brazos cruzándole tras la cintura, su otra mano sujetando el hombro derecho del chico, usándolo de soporte para dejar sus labios a escasos centímetros de la oreja del muchacho. - ¿Pero sabes algo Lukas? Hay un motivo por el cual tú no vas a permitir que Alfred Jones me quite mi joya...nunca debes olvidar que existe un motivo por el cual me perteneces, y a no ser que desees verlo destruido, me obedecerás, ¿...Da?
El cuerpo de Lukas fue abandonando el instinto del miedo, del estupor. De a poco, a la mención de aquello que el muchacho intentaba jamás pensar, regresó a aquel estado de nada, donde su alma con suerte si daba señales de existir. Su hechizo ya no servía de nada, pero no importaba: no cuando él era el precio por salvar aquello...
Iván sonrió al notar que el chico regresaba al más puro estado de sumisión. Se rió levemente, la mano que permaneciera en el hombro de Lukas quitando de su camino algunos cabellos rebeldes que pese a todo se obstinaban en obstruir su vista de aquella zona de perfecto blanco.
-...Bien entonces.
Y tras murmurar aquellas últimas palabras, sus dientes tomaron de nuevo aquel punto que él mismo profanara mucho antes de que todo comenzara. Lukas ni siquiera pestañeó, años de mantener sus recuerdos en aquella prisión enseñándole a jamás reaccionar contra aquella enferma muestra de posesión. Aún así, sabía que no sería dejado en paz hasta que pronunciara aquellas 4 palabras. Cerró los ojos, y volvió a rezar a esa bondad en la cual ya no creía porque su alma cumpliera pronto con el destino maldito.
-Sí, mi señor Iván...
La flor de hielo no era más que sueños rotos para entonces.
-HETALIA-
Pasaron 3 días desde el minuto en que le diera todo, y los mensajeros de otros reinos llegaron a aquel encuentro. Durante la reunión, ocurrió aquella explosión en Partenón; murieron los 3 monarcas, entre ellos, Chernenko.
...Iván nunca regresó.
Fin Capítulo 1
Muy bien, reconozco ser una floja, pero estuve trabajando toda la tarde en esto, y quería publicarlo ya, incluso si eso significaba dividir de nuevo el cap en dos partes. Dios, no tengo remedio...y tomando en cuenta que esta Parte se perfila larga, debo ir corrigiendo mi vicio de sacar 2 caps de uno solo U-.-
Ok, hablando del cap, ya notaron que claramente no se centró ni en Yekaterina ni en Alfred. La verdad, en la segunda mitad verán bastante de Yekaterina. Por ahora, necesitaba introducir el desarrollo de historia de dos personajes trascendentales y la presencia de uno de los dos que me faltaba ingresar oficialmente a la historia: ¡Ahora solo me queda que salga Ice en persona y estarán todos :,D!
Como sea, espero que el cap no les aburriera, y si están confundidos con la parte de Yao, recuerden que al estar en cursiva es una narración del pasado: el resto de esa narración estará en el próximo cap ;)
Cuídense mucho, y lamento ser tan chanta de volver a cortar en 2 un cap. Prometo trabajar en dejar de hacerlo...
Naomi
