«Miraculous Ladybug no es de mi propiedad,pero la historia es de mi autoria»
Después del encuentro con Adrien en Notre Dame, Marinette había optado por no volver a pisar el lugar, consciente de que el rubio la interceptaría y haría creer cosas que ella había decidido olvidar.
Como por instinto, el rubio había hecho lo mismo. No volvió a la catedral sabiendo bien que la muchacha no iría por él, lo evitaría. Deseó brindarle paz y al final ninguno volvió. Dando así oportunidad a otra historia.
Los meses habían pasado y Ladybug se había concentrado en otros asuntos, los ataques con bombas habían cesado y eso la dejaba pensativa. La última vez que había empezado así, seres queridos y cientos de inocentes habían muerto. La caza de esa semana se estaba planeando, había un mutante al que habían estado vigilando por días, no era temporada así que la bestia haría un gran cambio en la situación.
La estrategia era bastante sencilla, todos la perseguirían para que Jean y Marinette atacaran con las ballestas. Las flechas estarían envenenadas por lo que debían concentrarse en dar al nervio y no contaminar la carne.
Marinette observaba los planos del arco, todos incluido el pequeño Plagg aportaban ideas para acorralar al ser. Alya se acercó a su amiga ofreciendo una caliente bebida.
—¿Debería preocuparme? — preguntó la morena.
—No lo creo, no es una bestia tan grande, además con los punteros estoy segura de que Jean dará en el sitio exacto.
—Sabes que no me refiero a eso, Dupain—suspiró— Estás bastante extraña desde lo que pasó con Adrien y de eso ya bastantes meses ¿Pasó algo que tenga que saber?
—Todo bien, Aly.
Marinette dejó el vaso lleno nuevamente sobre uno de los mesones de la sala, comenzó a caminar fuera de ella cuando Rose abrió la puerta de pronto con Tikki en brazos.
—Ladybug, la buscan —le anunció Rose.
Marinette se tensó de inmediato y pasó saliva colocándose recta en su sitio, asintió una vez y Rose abrió aún más la puerta dejando ver al invitado.
Todos giraron dejando sus planes en la mesa y contemplaron a una joven pelinegra de tez apiñonada.
—Reflekta — soltó Marinette relajada.
—Buenas tardes, Le bugs —saludó— Ladybug — hizo reverencia.
—¿Qué le trae por aquí, Reflekta? — preguntó Nathaniel quien se situó junto a Marinette.
—¿Tuviste alguna otra visión? —preguntó Marinette asustada.
—Las tengo todos los días, sólo depende de cuán interesantes me parezcan para saber si intervengo o no — sonrió a la azabache — pero me temo que hoy no es el caso, vengo a darles buenas nuevas.
Estiró el brazo en dirección al grupo y de entre su capa se asomó un pergamino. Ladybug lo miró con detenimiento, era de un color beige muy bonito, estaba enrollado con un listón dorado y un sello de cera de un par de alianzas. Nathaniel lo tomó con delicadeza y se deshizo del pequeño moño.
—Adrien Agreste y Chloé Bourgeois les invitan cordialmente a la celebración nupcial... —Marinette se tensó y a Nathaniel se le quebró la voz.
Alya arrebató el papel ante la sorpresa de sus dos compañeros y retomó la lectura.
—Adrien Agreste y Chloé Bourgeois les invitan cordialmente a la celebración nupcial de sus dos miembros del grupo Le Chatons: Ivan Bruel, Mylène Haprèle.—terminó.
—¿Boda?— preguntó Alix— ¿con las cosas así?
—Por eso mismo, porque las cosas están así—miró Juleka nuevamente a la líder— nos gustaría que particularmente usted nos acompañe, Ladybug. Será en Notre Dame.
—Not-Notre Dame—susurró —Lo pensaré— sonrió.
De entre los jóvenes se asomó el pequeño Plagg.
—Omega — soltó Reflekta. Ladybug miró con detenimiento al niño y se perdió en sus recuerdos.
—Mari, Hawk Moth nos encontró, y quiere al Alfa y al Omega. Quiere a los niños y no podemos permitirlo.
Sin darse cuenta la muchacha se marchó y ella quedó perdida en su mente. Miró a Nathaniel pensante y se colgó de su brazo en modo de apoyo.
—Quiero ir, quiero verla. —ella asintió a su pelirrojo amigo.
—Lo sé, Nath.
El vestido que portaba era de un vino quemado precioso, se ajustaba a su cuerpo como el traje que usaba en las batallas. Tenía una larga abertura que iba de su muslo hacia abajo, un abrigo obscuro cubría el escote de su espalda y su cabello al costado le daba más bien un aire sensual.
—Estás preciosa —le habló Jean recargado en el marco de la puerta. Ella sonrió dulce y tomó su mano para finalmente salir de la guarida.
El grupo de Le bugs y los pocos ciudadanos de la guarida se encaminaron en unas vagonetas viejas, todos parecían animados de la situación, arreglados y perfumados para la ocasión.
Llegando a Notre Dame soltaron suspiros de ilusión. El lugar estaba restaurado, tan limpio y hermoso como en sus tiempos mozos. Los preciosos vitrales hacían rebotar los rayos del sol en destellos de cientos de colores que pintaban los rostros de los asistentes.
Marinette iba del brazo de Jean al igual que Aurore del de Adrien. Cuando ambas miradas, esmeralda y zafiro se encontraron, una revolución de sentimientos explotaron en el aire provocando en ellos la incomodidad.
Dentro del templo todos sentados en las largas bancas color ocre escuchaban atentos la ceremonia, a las chicas les brillaban los ojos mientras los hombres se sentían afortunados de estar donde estaban.
Ivan y Mylène se habían conocido en la adolescencia, su amor había prosperado incluso en los tiempos de la guerra. Cuando los bandos se habían separado no dudaron en irse juntos y fue entonces cuando se percataron de que jamás iban a poder vivir sin el otro. Eterno.
Adrien miraba de reojo a Marinette, sentía paz de verla tan hermosa, incluso estando acompañada de un imbecil como el mago. Giró el rostro y se encontró con unos preciosos ojos azul cielo, los mechones rubios en su flequillo pisaban su frente intentando alcanzar sus párpados, Aurore era una buena chica, siempre seguía sus ordenes y apoyaba cada una de sus decisiones.
—¿Se siente bien, señor? —preguntó Climatika a su acompañante. Agreste asintió y acarició su rostro con delicadeza.
La ceremonia culminó. Ivan Bruel, Mylène Haprèle estaban casados, eran marido y mujer. Los presentes aplaudían y se acercaban a ellos para felicitarlos, todos eran realmente felices.
Sospechosamente felices.
Los vidrios comenzaron a tronar, entonces la respiración de los invitados era lo único que se escuchaba. Uno, dos, tres segundos. La pared se partió y formó un hoyo en ésta, logrando percibir la destruida ciudad. Todos volaron por el aire impactando en los asientos,las demás paredes y los bustos de los santos en el recinto.
Dos siluetas se pararon frente a todos. Una mujer con un tocado brillante y un par de abanicos miraba con detenimiento el lugar, bajó un par de escalones del altar haciendo sonar sus tacones y arrastrando su túnica de igual brillo. Tras ella un hombre con pantalones rayados,botas altas y negras, en su espalda una guitarra oscura y la cinta con la que la detenía repleta de granadas.
Los habían encontrado.
Estaban desarmados así que no podían hacer mucho,
—Ladybug, Chat Noir entreguen el agua — gritaron apuntando sus armas contra los jóvenes, la guitarra ahora parecía ser una metralleta y los abanicos al abrirse dejaron salir unas agujas afiladas y largas que chorreaban un líquido verdoso. A punto de atacar, fueron interrumpidos por una tercera presencia.
Un hombre alto con una máscara grisácea y un traje púrpura llegó y miró a todos con impaciencia. Encontró a Marinette y a Adrien, una lluvia de mariposas blancas comenzó a invadir el lugar y a asustar a todos.
—Ladybug, Chat Noir me van a entregar el Alfa y Omega — gritó.
Entonces Plagg cayó inconsciente y Tikki soltó un grito ensordecedor.
Hawk Moth los había encontrado.
