Cuarenta y... ¿veinte?
๑ ๑ ๑
"Porque nadie añora lo que nunca tuvo, ni puede sentirse defraudado por carecer de lo que no conoce"
-Los renglones torcidos de Dios
๑ ๑ ๑
Alzó una ceja con altanería, un gesto que jamás había observado en él. Siento escalofríos y de ser posible aquí mismo quiero cavar mi tumba, mas olvido que no tengo una pala, una verdadera lástima.
Tonta y más tonta. ¿Por qué me pongo al tú por tú contra él? Ah, claro. Él me hace salir de mis cabales, mis principios y en este instante sigue con esa cara de poker. No puedo con esto, quiero irme pero recuerdo que allá afuera un huracán se avecina. ¿Quién me hizo enamorarme de Itachi? No, no lo entiendo. Todo comenzó tan raro, después él se acercó a mí, hasta creí que dimos un paso más cuando en realidad ya estábamos retrocediendo dos por cada uno. Una Ley General de una proporción, solo que está mal formulada, un paso avanzado no puede ser dos hacia atrás, o no debería, sería mejor al revés. Ladeó mi cabeza y suspiro, quiero disculparme por aquel atrevimiento, por darle a notar que me puse un tanto celosa. Sí, después de todo así es como se sienten creí que moriría sin experimentar que eran, me equivoqué.
-Konan y yo somos maestros- carraspeó su garganta –ahora, sí me lo permites iré a vestirme, ¿puedo?
«Claro» responde mi lado amable, la Hinata que tiene faldas hasta los tobillos y el cabello amarrado en un chongo alto. La parte inocente de mí, por supuesto. Soy una egoísta, es obvio que él sigue mojado por la lluvia y me estoy comportando de forma inoportuna al retenerlo por temas de lo más infantiles, en consecuencia me resto puntos. ¡Bien!
Cierra la puerta de mi habitación, estoy fuera en el pasillo, como un gatito asustado. ¿Por qué él? Si tan sólo fuera otro hombre... no, no es su edad. Tampoco su actitud, es una barrera que nos separa, somos polos opuestos. Quiero creer que todavía los polos opuestos se atraen pero si somos iguales nunca... comienzo a sospechar que somos polos iguales, destinados a jamás atraerse.
Sale de mi recamara, mi sonrisa no puede ser más obvia, parezco una adolescente pero cómo él dice, soy una y es verdad. Se queda ahí, como queriendo decir muchas cosas pero al final no articula palabra y yo, por mi parte estoy igual que él. ¿Qué podría suceder esta noche? «Nada» dice mi mente, la parte que todavía funciona coherentemente y «Todo» piensa mi subconsciente donde habita Hinata-infantil.
-Que pases buena noche- aprieto mi estomago y sacó las palabras, así de secas, así de rápidas.
Pienso que se ha desubicado ya que está mudo, como si le hubiera dicho una sentencia de muerte o algún maleficio cuando en realidad fue un simple y llano «que pases buena noche»
-Hinata- cerró sus ojos. La ropa le queda estupenda, apretada, haciendo que su pecho se vea todavía más atractivo. «Pero que cosas piensas, tontita» - no es correcto y lo sabes.
-¿Qué no es correcto?- me hago "la tontita" claro. ¡Claro qué sé que no es correcto recibir a mi maestro en un día en cuando un huracán amenaza con mojar y destruir todo lo que toca!
-No deseo decirlo, ya debes saberlo- sonrió ladinamente, qué hermoso.
-Maestro- debo tener sentido común, estoy careciendo de él- esto no es una cita ni una proposición, ha sido una mera coincidencia, un día de lluvia y mi casa cerca. Nadie sabrá de esto.
«Que atrevida eres, chiquilla» dice mi parte infantil, la que hace todo lo que Hinata-tímida jamás llevaría a cabo.
-¿Te agrada la idea de un secreto entre nosotros?- se acerca a mí, a mi humanidad. En mi mente puedo sentir como se enciende un LED rojo, o mejor dicho varios de ellos y una alarma anunciando que un huracán se acerca. «Alerta, alerta, maestro Itachi muy cerca. Preparen sus armas chicos ¡aquí vamos!».
-¿Un se-secreto?- la alarma ha resultado, Hinata-tímida ha entrado en acción ya que comienzo a tartamudear y a sudar, sintiendo mis manos húmedas. Y no por la lluvia.
El pasillo jamás había lucido tan comprometedor. Siempre lo vi como el lugar donde debía transitar para bajar al comedor o a la salida. El lugar donde por las mañanas saludo a Ino, nada más. Pero ahora es como si en las paredes pudiera pintar «Aquí nace un secreto» con letras de oro y muy grandes, muy visibles.
-Claro Hinata, un secreto- hace una mueca encantadora- mañana quizá me diga que todo esto es una locura pero no se puede evitar lo inevitable.
-No co-comprendo- mi corazón late frenético, adentro, en mi organismo de forma muy segura debe haber una alerta de colisión, no podré más contener la alegría.
-Puedo explicarte si hay algo que no ha sido claro- usó la voz de maestro, como cuando un alumno no entiende el tema. Pero lo hace sonar perfecto, su voz es una melodía y más si está tomando mis hombros. Afuera, el huracán sigue ganando fuerza.
Pero no sé realmente si el huracán ha ingresado al pasillo.
-Itachi- me sonrojo y mucho- pero...
-Silencio- pone sus dedos en mis labios- este será un secreto Hinata. Para mañana ya nada habrá pasado.
«Alerta roja, alerta roja. Un huracán se acerca al corazón, preparen sus salvavidas y sálvese quién pueda porque para mañana es posible que todos estemos con el agua hasta las orejas» Duele, dolió y dolerá. ¿Cómo que mañana todo se habrá acabado? ¿Qué está pasando?
-¿A qué te refieres?
Pero es tarde, muy tarde para seguir haciendo preguntas. Me abraza, disipando y haciéndome enloquecer. Un mundano abrazo, ¿cuántos no he recibido durante toda mi vida? Muchos. Incontables. Sin embargo, uno suyo me hace perder el orden, el control.
Estamos en mi habitación, me tumba a la cama y lo peor es que mi parte racional no hace nada, tal y como lo dijeron las voces de mi mente, hay alerta roja pero la estoy ignorando. Vaya manera tan pragmática de tomar decisiones.
Rayos, es lo que se escucha afuera. El sonido del viento no cesa, yo estoy en mi cama y mirándome inquisitivamente está Itachi Uchiha, cuarenta años, maestro de Economía de Universidad. Porte elegante, cualquier mujer que lo viera creería que está casado o por lo menos en una relación pero no es así. Él sigue ahí, perdido y yo me pierdo a su lado, nada importa si tengo unos minutos con su compañía, nada. Lo extraño aun si hay muchas personas a nuestro alrededor, lo extraño si estoy sola. Supongo que algo así debe ser el amor, mas no comprendo si debemos estar los dos o si acaso nuestra ecuación amorosa está mal, quizá incompleta puede ser.
-Hinata- susurra a mi oído, electrizante- en condiciones normales no haría esto y de hecho mañana todo habrá acabado.
«¿Qué?» mi mirada está desencajada, todo esto no puede ser un efímero instante no seré capaz de hacerme a esta idea. Imposible.
-No puedes hablar en serio- mi voz se corta, digo cosas sin pensar.
-Lo hago- no vacila en sus palabras- esto solo pasara hoy y nada más.
¿Acaso hubo un detonante? Tuvo que haber algo detrás de estas reacciones, es como un huracán. No se genera así como si nada, primero debe de haber un clima extraño, supongo. No sé mucho acerca de esos fenómenos naturales sin embargo en los sentimientos y el corazón debe ser lo mismo. Antes de todo, antes la cena por ejemplo él me buscaba para darme asesorías, claro, asesorías. Era como un intento cuarentón de ligue me imagino, pero de cualquier manera todas esas atenciones se fueron y me dice que para mañana todo se habrá acabado. ¿Qué vinculo nos separa y nos une a la vez? ¿La escuela? ¿Es eso? Sí ese es el motivo soy capaz de cambiarme de escuela y arriesgarme, sé que es tonto y precipitado que tengo veinte años, que no debería hacer ni pensar esto sin embargo esto no está en mi poder, no está en mi control. Va más allá de mis principios y de lo que dirá la gente. Mucho, mucho más lejos.
-Itachi...- quiero mostrarle de lo que soy capaz por él, jugármela el todo por el todo aunque se vea muy arriesgado algo que Hinata-tímida jamás haría.
Antes de que pueda continuar con mi falso discurso, y digo falso porque sé que las palabras me traicionarían, él me abraza y me pega más a su pecho, como queriendo que mi nariz se envicie con aquel olor a humanidad, a una persona madura, a alguien que le tiene miedo al amor. ¿Quién lo diría? Dinero, estudios, popularidad, guapura y miedo al amor. Es como uno de esos guardaespaldas grandes y fornidos que le tuvieran miedo a una cucaracha, ¿curioso, no?
-De ser otra situación créeme que no diría que el mañana entre tú y yo no existirá- noto cierto tono de tristeza en su voz- mereces a alguien que te haga reír y que tenga los mismos gustos que tú.
¡No puede ser cierto! ¿Acaso cree que no me divierto con él? Quiero decir, en el sentido ameno, él es divertido. Me ha hecho reír más que los «de mi edad» muchísimo más, es cierto que a veces no lo comprendo pero eso debe ser normal, no todos entenderemos a todos eso es una lógica.
-Tú eres...- bravo, las palabras se van, me quedo muda como una niñita chiquita atemorizada por la reprimenda de su padre- tú...
-De cualquier manera- supongo se hartó de mi débil intento por decir algo- somos diferentes, vivimos en dos mundos totalmente opuestos.
¿Desde cuándo se deja llevar por lo prejuicios? Pareciera que el maestro de Economía que conocí el primer día está muy lejos de ser la persona que tengo junto a mí. De repente un miedo aterriza a mi mente, ¿y si me enamoré de mi maestro y no de Itachi? Suena ridículo, si Ino pudiera estar aquí y leer mis pensamientos en un libro seguro me diría «es tonto Hinata, ellos dos son la misma persona. Te estás volviendo paranoica, te gusta Itachi Uchiha» ¿pero y si las cosas no son así? Mi maestro de Economía es callado, le gusta ayudar a los alumnos, me da asesorías, habla con voz de ensueño, su mirada te pierde en la profundidad de su ser, pero... Itachi es él.
Me aparto de forma rápida, él se sobresalta. La luz es tenue, afuera el clima sigue igual o peor. No crean que por estar aquí recostada ha salido el sol, para nada.
-¿Qué pasa?- hay miedo en su voz, lo hay y del verdadero- ¿Hinata?
-¿Por qué no?- ¿las cosas cambiarían de ser otro el momento? –Yo... Itachi, ¿por qué?
Parece leerme, lo sé por la manera en que asiente y se dirige hacia mí, de forma cuidadosa y lenta.
-Por que yo tengo cuarenta y tú tienes veinte.
Quiero gritar y decirle que al diablo con eso, pero no soy ese tipo de personas. No soy tan explosiva, puede que adentro me esté haciendo una tormenta con todo y naufragios y hasta con un iceberg pero no lo revelo porque no me gusta.
-Eso no tiene nada que ver- sonrió, creo ya he tocado el tema- tú quieres ser feliz Itachi, lo mereces y te lo digo de corazón.
No me importa con quién lo sea pero debe serlo. Es la verdad, y duele admitirlo pero si no es conmigo... va a doler. Lo sé, pero prefiero verlo a él bien que a mí después de todo no se puede tener todo en esta vida, ¿verdad?
-¿Por qué debo ser feliz?- parece que se lo pregunta a un ser supremo, no me dirige la pregunta a mí ni siquiera a él mismo- cuando era joven quería ser adulto y crecí demasiado rápido, tal como me lo decía mi padre. Y ahora que soy joven quiero vivir las cosas de los jóvenes pero eso es ridículo, es como ver a un anciano de ochenta años en un antro donde hay puros jóvenes de menos de veinte años. Así me siento.
Estoy lejos de entenderlo, es verdad. ¿Para qué mentir?
-In...in...-una bocanada de aire más ¡por favor!-intentémoslo.
De repente, la luz se apaga. Un sonido a una explosión llega a mis oídos y me aferro a su cuerpo, no sé si alcanzó a escuchar mi atrevido comentario, no lo sé honestamente. Pero de lo que sí estoy segura es que esta noche no tendremos luz y de forma segura mañana tampoco. Porque hay un huracán.
N/A ¡Woah! Gracias por sus reviews, me animan muchísimo a seguir con esta historia que casi casi consideraba "longfic perdido". Les mando muchos saludos y abrazos, estoy muy feliz. Espero actualizar mañana, de cualquier manera revisen Tamahara Chan es mi página de facebook donde subo novedades.
