Hola a todos, y muy buenas tardes. Aquí os dejo con el undécimo capítulo, una de las tres primeras partes del megacapítulo. No os entretengo más porque este capítulo es pura arte (pecaré de soberbio, sí, lo se..., pero yo creo que es así xD) Bueno, que me enrollo como las persianas, disfrutadlo del mismo modo que lo he hecho yo escribiendolo.


Capítulo XI: Un Futuro Diferente, Parte Primera: Muerte

Ciudad Verde se mostraba hermosa y relajante gracias al tenue brillo lunar. Los prados se movían tímidos al ritmo de la brisa nocturna. La felicidad había regresado, y eso quedaba demostrado al ver cómo los ciudadanos salían a la calle sin miedo. Sólo había risas, amor, calidez y más risas. No había ningún lugar para la antigua atmósfera cargada de hedor a temor, dolor y muerte presente en todas las ciudades y pueblos de la región de Kanto. De hecho, el nombre de la ciudad venía de perlas para la ocasión. El color verde simbolizaba la esperanza, una esperanza que era innegable en aquellos tiempos, donde el nombre del superhéroe más famoso de los últimos meses, El Guerrero Fantasma, sonaba al más puro estilo del redoble de las campanas. El apagado color grisáceo de las ciudades e ilusiones humanas fue aparcado del todo, suponiendo eso para el Team Rocket una mala y desagradable noticia. Un pueblo sin miedo y con esperanza era idéntico a un mal plan: si no se sabía llevar con cuidado, todo se iría al garete. Algunos, por no decir muchos, civiles sostenían la cada vez más verosímil idea de que la malvada organización tenía los días contados, y que tan sólo un milagro podría salvarles de la extinción. El resto no contradecía la teoría, pero eran partidarios de que si tan sólo un hombre con pensamientos oscuros rondase suelto por el mundo, el resurgimiento de algo parecido al Team Rocket sería inevitable. En otras y pocas palabras, la mala hierba nunca muere. Era como tratar el remedio y no la enfermedad: tan sólo se estaría ganando algo de tiempo antes del desastroso final. Fuera lo que fuese, todos y cada uno de los ciudadanos se limitaban a seguir a rajatabla el dicho conocido como Carpe Diem, aprovechaban el momento con felicidad, y no con pavor.

Esa misma noche, una tierna y romántica noche de principios de Agosto, dos jóvenes paseaban por Ciudad Verde, risueños y llenos de vitalidad. Uno de ellos, un joven de melena al viento, más rojiza que el fuego del infierno, y de ojos de color plateado, como la luna llena que decoraba ese amplio techo azul y negro con estrellas, hacía de guía turístico para una preciosa joven. Su vestimenta era informal aunque coqueta. Empezando de cabeza a pies, lucía un precioso gorro blanco con un lacito rojo en su parte izquierda, una camiseta roja de mangas largas y de cuello blanco, unos shorts vaqueros, unas medias blancas por encima de las rodillas y zapatos rojos. Por último, un bolso de color amarillo pálido colgaba de su hombro izquierdo y su pelo castaño, a juego con sus ojos del mismo color, descansaba por encima de sus dos hombros. El muchacho, por su parte, no iba demasiado arreglado: su vestimenta se componía por una cazadora de cuero negra, con el dibujo de una enorme calavera plateada en la zona de la espalda, una camiseta blanca y cinturón, pantalones y botas de color azabache. Su apariencia era un tanto siniestra. Sumado a la dureza de su rostro, su cabello rojo y a una fina y raspante barba de tres días, de color carmín, por supuesto, tenía todas las pintas de ser un verdadero motero. Kamon y Lyra disfrutaban de aquella noche como si fuera la última. Mientras la joven procedente de Pueblo Primavera disfrutaba de un delicioso helado de chocolate, el pelirrojo lo hacía bebiendo whisky de una petaca y fumando un cigarrillo. Sus gustos eran completamente diferentes, y mientras que Lyra se autodefinía como una persona dulce, cariñosa y sensible, Kamon era más bien amargo, frío e insensible, pero aquella noche era diferente. Los dos parecían estar disfrutando de la velada, y el chico parecía estar de buen humor. Durante la agradable cena que se llevó a cabo, ambos se contaron sus planes. La de pelo castaño reveló que partiría a Ciudad Carmín, en cuanto pudiese, para retar al Teniente Surge, ganando así su tercera medalla oficial, y el de apasionada melena emprendería a la mañana siguiente rumbo hacia Ciudad Azulona para luchar contra Erika y ganar así su cuarta medalla. Ambos dos parecían haberse tomado la reapertura de la Liga Añil Pokémon muy en serio, como el resto de candidatos que no poseían las ocho medallas. Para los entrenadores más jóvenes, el tiempo sería muy justo, pero ellos, que arrastraban más de diez años de experiencia como buenos entrenadores, tenían toda la tranquilidad del mundo. Tumbados sobre el verde campo, el susurro del agua de un pequeño lago era como música para sus oídos.

-¡Que noche más maravillosa!- exclamó contentísima Lyra, recostándose sobre la hierba.- No sabes cuánto te envidio, Kamon. Ciudad Verde es preciosa.- expresó ella, con una enorme sonrisa.

-Pueblo Primavera también es un lugar muy acogedor, así que no te creas que estamos ante un patrimonio de la humanidad.- dijo el pelirrojo, decorando su frase con una sonora carcajada. La inexpresividad de Kamon la hizo dudar si lo que dijo fue una broma o una tajante negación, pero ella siguió sonriendo de todas maneras.- Este es uno de mis sitios favoritos. Suelo venir mucho aquí para pensar.- informó Kamon.

-Lo extraño es que te puedas concentrar en este lugar. Con toda esta preciosidad alrededor yo sería incapaz de centrarme en algún pensamiento en concreto.- contestó Lyra.

-A mí también me pasa lo mismo, pero no precisamente con los lugares. Más bien, me pasa cuando me rodeo con alguna que otra persona en especial.- comunicó él, mirándola a los ojos y sonriendo.

Involuntariamente, las mejillas de Lyra comenzaron a arder, ¿acaso Kamon la había…, sonreído…? Si los demás lo supiesen, tampoco se lo creerían. El pelirrojo era conocido en el grupo como "El Hombre de Hielo", una persona bastante antisocial, desconfiada e inexpresiva por naturaleza. Nunca, pero jamás, en los diez largos años en los que la mayoría de las personas del grupo se conocían, nadie había visto a Kamon llorar, reír, relacionarse más de la cuenta ni mostrar ninguna emoción, sentimiento o empatía hacia algo o alguien. Para ellos parecía más una máquina que un ser humano, pero Lyra había visto una parte muy humana de su persona. En aquellos ojos plateados que la miraron durante al menos unos segundos pudo apreciar una mezcla de sentimientos muy extraña, como la ternura, la dureza, la tristeza y mucha, pero que muchísima, soledad. Kamon significaba para ella un enigma, un puro rompecabezas que parecía no tener una solución ni empírica ni científica. No obstante, Lyra tenía una clara idea de su amigo: Kamon había crecido en el seno de una familia desestructurada, con violencia de por medio y sin amor. Todas esas pautas iniciales secundaban su comportamiento violento, frío y cohibido, pero la respuesta a tal problema era muy evidente. Lo único que él demandaba en silencio era un poco de cariño hacia su persona, pero a la hora de recibirlo se encerraba en su coraza de hielo, ¿sería por miedo de mostrar su lado más humano y poder ser así herido de nuevo? Probablemente fuese por eso. La mayoría gente veía en él a un trozo de carne sin sentimientos y sin corazón, pero era más bien todo lo contrario, como una especie de Caja de Pandora invertida: en lugar de albergar las malas vibraciones, lo hacía con las buenas. Era un mecanismo de autodefensa.

Sin quitar la mirada de aquel hermoso cielo estrellado, Kamon ignoraba como los ojos de color mitad castaños mitad miel de aquella muchacha contemplaban su duro rostro sin perderse ni un solo detalle. Lyra tuvo que morderse los labios para evitar cualquier frase o acción loca y estúpida. De manera inconsciente, o posiblemente consciente, se desabrocho los botones de su camiseta, mostrando un hermoso escote que dejaba a la imaginación el resto de su busto. Para Lyra, roja como un tomate, sudorosa y presumiendo de escote, el amor que sentía por ese joven era la peor de las drogas. Era una drogodependiente hacia Kamon. Muchas veces humedecía las bragas al tocarse mientras pensaba en él. Cualquiera que supiese ese secreto de ella pensaría que estaba enferma, y ella no lo negaría, porque estaba enferma de amor gracias a los fogosos encantos de un hombre de hielo, una ironía extraña. Cuando el pelirrojo retomó el contacto visual, ella evitó la mirada bruscamente, sintiendo mucho más calor en el acto.

-Serás de hielo…, pero me calientas de una manera…- susurró ella, prácticamente de forma inaudible.

-¿Decías algo, Lyra?- preguntó a viva voz el chico, mirándola un poco preocupado.- ¿Te encuentras bien? Estás sudando muchísimo.- dijo él.

-Sí…, no te preocupes…, sólo es que…, hace mucho calor…- tartamudeó la joven, mientras se abanicaba.

-Lyra, ¿quieres que te cuente una historia?- sugirió Kamon, animando así la conversación.

-¿Una historia…?- preguntó algo sofocada ella. Su amigo asintió.- ¿Es una historia de amor…?- formuló aquella pregunta, con la intriga resplandeciendo en sus ojos.

-Algo de eso tiene, pero te aviso de una cosa: si eres una persona de lágrima fácil, será mejor que te saques un pañuelo. Es una historia algo triste.-informó el pelirrojo.

-¡Tú cuenta, anda!- exclamó ella, ansiosa y consumida por el interés.

-Esta es una historia que mi padre me contó una vez, cuando era niño. Aquí, en Ciudad Verde, las personas más ancianas han vivido en directo estos sucesos que ocurrieron hace muchos años. No sabría especificarte cuánto hace de eso, ¿ves esos amplios campos de allí?- le señaló a lo lejos unas verdes zonas bastantes grandes. Ella asintió para que Kamon continuase con la historia.-Pertenecieron a un formidable, sabio y adinerado terrateniente, pero toda esta historia antes comienza con una infidelidad. En su juventud, James, el terrateniente, se enamoró completamente de una joven de la ciudad, llamada Rose, que estaba a punto de prometerse. El marido de ésta era un militar de tercera clase, que partió poco después del enlace al frente para resolver a tiempo indefinido un conflicto con un grupo de diligentes desconocido. El fruto del amor consumado por James y su querida tuvo consecuencias: ella entró en estado de buena esperanza, y, nueve meses después, nació una hermosa pareja de mellizos, y además varones. A simple vista, los dos parecían ser iguales, pero visto detenidamente, quedó demostrado que eran hijos de distinto padre. En uno de ellos corría sangre "noble", mientras que en el otro rebosaba demasiada mediocridad, y la mujer, asustada ante las acusaciones de adulterio, entregó el niño idéntico a James, y se quedó con el de su marido. Las noticias del frente llegaron, y Rose recibió la noticia del fallecimiento de su marido. Desamparada, Rose pidió ayuda económica a James, para ella y su hijo, pero él se negó rotundamente a pagar un solo centavo para alimentar al hijo de su marido. Maldiciéndole, Rose se marchó de la que ahora es conocida como Ciudad Verde, y juró que su hijo la vengaría.- pausó él la historia.

-Qué triste…- dijo Lyra, con la mirada casi perdida.- ¿Y qué pasó después?- preguntó ella.

-Muchas cosas pasaron después. Por aquellos tiempos Pueblo Paleta, Ciudad Verde y Ciudad Plateada eran una sola, y cada metro cuadrado de la finca pertenecía a James y su familia. James era el heredero de todas las riquezas, debido a que su padre murió poco antes de la noticia del embarazo de Rose. Quedó demostrado que su familia fue una de las cinco familias más ricas de Kanto a Sinnoh. Resuelto el problema de la descendencia, no tuvo que casarse, y adiestró a su hijo para que él, en un futuro, tomase las riendas de su imperio. No obstante, James tenía un hermano pequeño, Jack, que sentía una envidia muy profunda hacia su hermano mayor, y también hacia su hijo, el futuro heredero. Un mal día, Jack ideó un plan para matar a su hermano y a su sobrino, y así ser el único heredero. El plan funcionó a medias: una estampida de Tauros, propiedad de la finca, mataron a James, y su hijo, de entonces ocho años de edad, huyó de la ciudad ante el remordimiento por la trágica muerte de su padre, florecido ante las palabras de su tío. -explicó Kamon tales terribles sucesos.

-¡Pobre criatura!- dijo Lyra, derramando verdaderos lagrimones.

-Los hombres de Jack no consiguieron matar al muchacho, así que mintieron a su jefe. Durante muchos años, el joven vivió en el exilio, torturado por la culpa, donde conoció a dos buenos muchachos que se convirtieron en sus amigos. Ajeno a todo eso, no supo que las tierras del fallecido James cayeron en la más miserable de las decadencias. Una enorme sequía les asoló durante años, y la comida disminuyó hasta quedarse en nada. Jack, con su autarquía, condenó a todos los ciudadanos a la más lenta de las muertes, pero un día, una joven viajó en busca de ayuda, y encontró al verdadero heredero, de dieciocho años de edad. Ella, su amor de la infancia, y de siempre, rogó por su vuelta, pero él se negó, teniendo una gran discusión. Tras largos momentos de meditación, y con la ayuda de un hombre definido como un hippie, el empujón necesario para que el muchacho volviese a casa surtió efecto. A su vuelta, vio como el lugar en el que había crecido y jugado durante años estaba prácticamente muerto. Con la ayuda de su joven novia, sus dos amigos del exilio y los hombres que siempre le fueron leales, consiguieron sublevarse y reclamar lo suyo. Jack vio finalizado su cruel mandato, y fue brutalmente asesinado por sus hombres, tras haberlos culpado a ellos de su corrupción. El pueblo vitoreó durante una semana a su verdadero terrateniente y, entonces, un enorme aguacero regó las tierras durante diez días y diez noches. Tras un largo año de duro trabajo, la finca volvió a ser lo que era, y todos vivieron felices y sin miedo.- finalizó el pelirrojo la historia.

-¡Que historia más triste…! Pero me alegra saber que tuvo un final feliz…- dijo Lyra, limpiándose las lágrimas y sonriendo.- Por cierto…, una cosita de nada, ¿si la ciudad recuperó a su verdadero heredero…, cómo es que la casa no sigue aquí, al igual que las tierras? Y lo más importante, ¿dónde está el hijo de James…? ¿Podríamos ir a visitar la tumba de James?- preguntó cuál detective la de ojos melosos.

-Eso último lo veo difícil. El Panteón Familiar ya no está aquí. Respondiendo a tu otra pregunta, algunos dicen que fue asesinado por su hermano, sediento de venganza por la humillación de su madre, y muchos otros dicen que renegó de su cargo, cedió las tierras a sus hombres para que ellos mismo la labrasen, o para que construyesen una verdadera ciudad y se marchó con la casa, su dinero y su joven novia a vivir la vida que le quedaba. Es un verdadero misterio el que envuelve a esa vieja historia y a esa familia. Yo mismo me pregunto diariamente que habrá sido del pequeño heredero…- dijo el joven pelirrojo, llevándose ambos dedos índices a los labios.

-¿No te parece romántico? Dejarlo todo para marcharte con la persona a la que más quieres y formar una familia…- susurró Lyra, como si estuviese viendo una película de amor.- ¿Tú qué opinas? ¿Renunciarías a todos esos súbditos para irte lejos de aquí con tu media naranja y vivir una vida como de cuento?- le preguntó la chica, con ojos soñadores y parpadeando varias veces, moviendo sensualmente sus pestañas.

-No.- dijo brevemente Kamon, frío y tajante como él mismo. La alegría desapareció del rostro de Lyra.- No lo haría…, por el simple hecho de que eso jamás podría pasar, ¿quién podría querer y fugarse con una persona como yo? Soy una especie de Terminator de hielo, ¿recuerdas? Nadie en su sano juicio sentiría algo por mí, ¡menuda locura! En todo caso…, el que se marcharía lejos para no volver nunca sería yo. No te creas que no se me haya pasado por la cabeza…- susurró él, mirando directamente a los tristes ojos de Lyra.- Sería lo mejor…, para todos, y para mí también…- objetó, sin quitarla la mirada de encima.- Está empezando a refrescar, ¿quieres que vayamos a algún otro lugar…?- preguntó sin mucho interés el pelirrojo.

La joven tan sólo asintió, y se levantó con paso lento del verde pastizal. Se sacudió un poco la ropa para desprenderse de los pocos rastrojos que se habían quedado pegados a la espalda y al trasero. Mientras caminaban tan juntos pero a la vez tan separados el uno del otro, ninguno de los dos desvió la mirada del pavimento o del hermoso satélite. Sólo fue Lyra la que tomó la iniciativa, atreviéndose a mirarle de reojo, pero no siguió con su cometido. Quería evitar del todo volver a mirarle a los ojos, a esas dos preciosas y diminutas lunas llenas que irradiaban un dolor profundamente desgarrador y una cruel e inmerecida soledad, ¿por qué la vida le había tratado tan mal…? Vale que ella no supiese casi nada de su pasado, pero muy grave debía de ser cuando no se atrevía a contarlo, y mucho menos para recordarlo él mismo…, no lo entendía. Si sus amigos charlasen cinco minutos, tan sólo cinco minutos, con él, descubrirían a la bellísima persona que se esconde bajo esa triste mirada, pero era más fácil tratarle como a un vulgar cyborg. Cierto era que Kamon había hecho cosas muy malas en el pasado, pero tampoco era necesario crucificarlo boca abajo ni tratarle como a un criminal. La joven foránea de Pueblo Primavera tiritó al sentir el frío aliento del viento sobre sus piernas…, si los vientos cambiaban continuamente, ¿por qué una persona humana iba a ser menos…? Cambiar siempre ha sido bueno, o por lo menos en algunos casos, pero no muy fácil. Algunos intentaban olvidar el pasado y huir de él, sin saber que eso sólo les condenaría a repetirlo. La clave estaba en aprender de los errores vividos, pero sin llegar a flagelarse, como era el caso del pelirrojo. El incesante traqueteo de los dientes de Lyra sirvió para que Kamon se desprendiese de su chaqueta y la colocase sobre los delicados hombros de la muchacha. Ella sólo pudo responderle a aquel gesto con la más sincera y afectuosa de sus sonrisas, mas él no hizo ni dijo nada. Deslizó sus suaves y tiernos ojos castaños-miel sobre las extremidades superiores del pelirrojo. No eran igual de desarrolladas que las de Ash, pero tampoco eran para nada escuálidas. Era evidente que Kamon hacía deporte y tenía un porte muy atlético. Cada cosa nueva que descubría de él la fascinaba por completo, hasta el punto de hacerla perder el aire, ¿de verdad no se daba cuenta que ella se moría por cada uno de sus huesos y por cada una de sus miradas…, o simplemente lo ignoraba? No sabía si realmente quería saberlo, pero lo que si sabía a ciencia cierta era que no iba a quedarse de brazos cruzados. Llevaba años enamorada de aquel hombre, y se lo haría saber sí o sí, aunque fuese en medio de un combate en la Liga Pokémon. No la importaba hacer el ridículo frente a miles de personas si con ello conseguía expresar lo que sentía hacia Kamon. Para ella no había mayor premio o trofeo de consolación que liberarse de aquella angustia que le consumía y se le escapaba por cada poro de su piel. Sentía era un enorme revoloteo de Butterfree en su estómago. Aquello era amor.


Alejados a muchos kilómetros de Ciudad Verde y de la pareja de "enamorados", Ash y sus hombres se debatían ante otras dificultades. Aquel encinar contaba con un altar erigido en honor a Celebi, el Pokémon viajero en el tiempo. Una treintena de hombres desplegados en abanico buscaban cobijo entre los enormes árboles, matorrales y arbustos, evitando así cualquier contacto visual con los miembros del Tempus Rocket, subdivisión dirigida por la mismísima Atenea. Todo aquello era muy raro para Los Guerreros Fantasmas. No había nada sospechoso, salvo varios soldados patrullando de un lugar a otro, casi de manera apresurada. Asomando levemente la cabeza por un matojo de hojas, el de Pueblo Paleta le hizo una señal a Hal, subido sobre la robusta rama de un árbol. Hal, "El Cerilla", asintió ante la silenciosa petición de Ash, y de su cinturón sacó tres Poké Balls. Daba comienzo así la llamada "Operación Charizard".

-¡Magcargo, Arcanine, Magmortar, adelante!- imperó el de cabello rojo rapado.

Los tres Pokémon quedaron expuestos a la luz plateada del crepúsculo y empezaron a usar sus poderes pirotécnicos para incendiar aquella hermosa flora, que de nada tenía la culpa. El resto de miembros obraron igual, e invocaron a Pokémon de tipo fuego, o que conociesen algún ataque de la misma clase. Ante la amenaza del enemigo más antiguo de la civilización, los soldados de Atenea se concentraron en la zona donde surgía dicho problema, y así comenzaron las hostilidades. Todos intercambiaban golpes con todos, ya fuesen seres humanos o Pokémon. Varios baños de sangre teñían las praderas, convirtiendo el santuario en un verdadero campo de batalla. Ash comenzó a moverse, junto con Hal y otros hombres, entre el forestal terreno, esquivando llamas y toda clase de ataques peligrosos. La seguridad era mínima, y eso era lo que a Ash le daba muy mala espina. Todos los operativos que los Rocket llevaron a cabo desde que el espectro del Guerrero Fantasma habitaba en él estaba supervisado por numerosa vigilancia, cada una más peligrosa que la anterior, ¿por qué aquella no…? Más bien parecía todo un inofensivo juego de niños. Abriéndose camino de manera casi animal entre la vegetación, llegaron al centro del Encinar donde, para sorpresa de un transformado Ash, Atenea, una mujer de mediana edad, fogosos cabellos y ojos rojizos, aguardaba pacientemente con un par de escoltas armados hasta los dientes. Para dientes los de la pelirroja, pues su sonrisa era más que exagerada. El cruce entre ambas miradas de color carmín parecía que echaba chispas.

-Guerrero Fantasma, ¡bienvenido a mi humilde morada!- exclamó Atenea, abriendo sus brazos de par en par.

-Sobran las palabras, Atenea. Te diré lo mismo que a tus fallecidos compañeros de la organización: ríndete, y purificaré tus pecados.- dijo el alter ego de Ash, sin andarse con rodeos.

-¿Rendirme…, YO ante ti?- y rió al instante, meneando la cabeza de un lado a otro.-No, querido amigo…, estás muy equivocado, ¡porque serás TÚ, TÚ, el que me pida piedad a mí! Tus días como héroe de la Humanidad tocan a su fin esta noche…- dictó Atenea, con un glacial tono de voz.

De su pálido uniforme púrpura, la mujer sacó de uno de sus bolsillos una delicada y negra campana, con detalles tribales grabados en el acero de la misma. El artilugio no debía medir más de veinte centímetros de alto, contando también la altura de su mango. Con una leve agitación, la campanilla empezó a emitir un dulce y arrollador sonido, como una nana para dormir a un recién nacido, e incluso casi parecido al canto de una sirena. A medio metro, más o menos, sobre la cabeza de la Ejecutiva Rocket surgió una especie de agujero negro, y, de él, surgió una pequeña figura de ojos ámbares. La versión oscura de Celebi, recién salido de su hogar, revoloteaba de forma traviesa sobre la testa de su invocadora, y dejaba escapar una risita maquiavélica, cual demonio del Hades. Los Guerreros Fantasmas clavaron sus finas pupilas en la estructura de aquel Pokémon similar a un hada, sin mover ni tan siquiera un solo músculo, incluso muchos de ellos se atrevieron a encañonarle con su arma reglamentaria, pero ni se les pasó por la cabeza apretar el gatillo. No sabían qué hacer ante semejante criatura.

-Ahora no sois tan valientes, ¿verdad?- exclamó Atenea, provocando a sus enemigos.- Está bien, como queráis. Mientras vosotros os quedáis hay plantados, y sin emitir ni un miserable sonido, yo me marcho. Tengo un mundo que gobernar, allá donde voy, y mis hombres aquí tienen una guerra que ganar, ¡chao!- se despidió ella.

El agujero por el que Celebi llegó a este mundo comenzó a abrirse cada vez más y más, facilitando la comunicación temporal. Los dos escoltas de Atenea empezaron a disparar contra los hombres de Ash, mientras que éste último inició un violento zarandeo con la líder de tal movimiento terrorista. Cada uno tenía un objetivo distinto, pero al final prevaleció el de la pelirroja.

-Así que quieres disfrutar de mi compañía un poco más, ¿eh?- dijo ella, resistiéndose a la fuerza de Ash.- Pues si así lo deseas…- continuó diciendo, agarrándose al cuello de neopreno del de Pueblo Paleta.- ¡Ven conmigo, entonces!- gritó.

Con un fuerte y último impulso hacia atrás, la brecha empezó a absorber a Ash y Atenea, alejándolos completamente del Encimar y viajando a través de un estrecho y largo túnel de luces cegadoras, que se desplazaban a ritmos vertiginosos. Celebi, ante tal estampa, rió y se adentró también en el agujero, que se cerraba cada vez más. Los soldados de Ash, impotentes ante tales poderes, corrieron para impedir que el túnel temporal se cerrase del todo, pero sin éxito en su empresa. A pocos centímetros de distancia, se cerró sin opción de poder abrirlo de nuevo ellos mismos. Era demasiado tarde. En esos precisos instantes, El Guerrero Fantasma se encontraba lejos, y nunca mejor dicho, de allí. Desconociendo en qué época y en qué lugar estaría ahora, Ash había viajado a través del tiempo


Abrió los ojos, y se encontró yaciente en el afilado césped. No sabía cuánto tiempo había permanecido inconsciente ni donde se encontraba, e incluso le costaba mantenerse bien erguido sobre sus dos piernas. Le dolía muchísimo la cabeza, pero seguramente fuese efecto del viaje temporal. Miró a su alrededor en más de una ocasión. Nada, no había nada…, sólo una neblina un tanto molesta. Sus fosas nasales le indicaron que había un incendio cerca de allí, y echó a correr, guiándose por su olfato. A medida que se desplazaba, se dio cuenta de un detalle: aquella zona debía de ser el mismo Encinar, puesto que se veía que todos y cada uno de los árboles, sin excepción alguna, había sido talados. No llegó a salir de los límites de aquel lugar, pero la imagen que se le había presentado ante sus ojos le horrorizó tanto que se alegró de permanecer aún allí. Frente a él, una pequeña ciudad estaba sumida en el caos y envuelta en llamas, sin rastro alguno de supervivientes. Ash conocía perfectamente ese sitio: Pueblo Azalea, hogar del Líder de Gimnasio de tipo bicho, Antón. Era un pueblo asolado por la guerra, y el fuego consumía los pocos cimientos que quedaban. Pueblo Azalea estaba muerto. A sus espaldas, oyó gritos, pero no de dolor o sufrimiento, más bien eran gritos de guerra, unas señas de identificación. Alzó su mirada al firmamento, y como si hubiese tenido un deja vu, tres caballos alados aparecieron surcando los cielos. El trío de Rapidash alados descendió en picado, atacando a Ash. Subidas a las grupas de sus Pokémon, las tres femeninas jinetes, Victoria, Hambre y Muerte, se mostraron idénticas a la vez que mantuvo su lucha con ellas, salvo por el simple hecho de que se notaban algo más envejecidas. No había ningún rastro de Guerra, su Rapidash o de su espada de enormes dimensiones. Sin darle tiempo apenas para contraatacar, los "tormentos" de Ash desaparecieron, y los de las tres mujeres aparecieron. Tres personajes, vestidos con uniformes y cascos de metal, se presentaron de la nada y comenzaron a atacar a los contrincantes. El de Pueblo paleta se abstuvo de participar, pero veía fascinado la bella ejecución de los movimientos de aquellos tres nuevos invitados, que parecían los mismísimos Power Rangers. Uno de ellos le partió el cuello a Victoria fácilmente, como si estuviese haciéndola una caricia, mientras que el segundo de esos hombres hizo que Hambre explotase al recibir el impacto de la munición de un RPG-7. El tercero, inmóvil, llevó su mano derecha a la espalda y aferró fuertemente una espada de colosal tamaño por la empuñadura, ¡aquella era la espada de Guerra! Ahora su duda era otra, ¿sería esa persona Guerra…, o una persona que se habría apropiado de su arma tras matarla? La maestría que tenía con la espada era propia de la guerrera, incluso en un instante despedazó por completo a Muerte y los tres Rapidash con tres simples movimientos.

Ash estaba más que sorprendido, ¡a él, bajo la apariencia del Guerrero Fantasma, le costó casi el doble vencer a las de su tiempo! Los tres desconocidos se acercaron con paso tranquilo hacia él, pero sin dejar de amenazarle con sus AK-47. Decidiendo no empeorar las cosas, el viajero en el tiempo levantó los brazos, en son de paz.

-¡Ni se te ocurra moverte, desconocido!- gritó el mediano, en estatura, mientras se acercaba a Ash.

-Ha habido un malentendido, ¡yo no soy de éste tiempo! Ya sé que parece una locura, pero es la verdad…- se defendió Ash.

-¡Sí, sí, ya, ya! Todos utilizan siempre una excusa. La tuya, sin embargo, es nueva, anciano. Córtex, cachéale.- ordenó al más bajito, sin apartar la mirada, si a eso se le podía llamar mirada, de Ash. El tono de su voz indicaba que era un hombre, y seguramente el líder.

-Wolf…, no te lo vas a creer…, pero…- susurró Córtex, atrayendo la atención de sus dos compañeros.

-¿Qué ocurre?- preguntó sin comprender el más alto de todos, llamado por los otros "Rock".

-Dice la verdad…- afirmó Córtex, señalando la clave de todo: la pistola MK23 de Ash.-…, miradla…, está sin reciclar. Sólo nosotros usamos armas sin reciclar…, y no recuerdo haberle visto entre nuestras filas nunca…- dijo, volviendo su mirada hacia Ash.- En efecto…, es un viajero del tiempo…

-Esto supone algo impresionante, ¡por fin podremos derrotar al Team Rocket! ¿No crees lo mismo, Wolf?- no obtuvo respuesta.- ¿Wolf…?- volvió a preguntar Rock, sin ser respondido.- ¿Qué te pasa? ¿Acaso has visto un fantasma…?- bromeó el más alto, totalmente en vano.

Por la inmovilidad de Wolf, parecía estar mirando, desde el corazón de su casco, fijamente a los ojos de Ash. El interrogado y cacheado no dijo nada, mas no comprendía nada de lo que estaba viviendo en esa línea argumental. La voz de Wolf le resultaba familiar, pero si no le oía hablar sin el casco de nada serviría. Como si le hubiera leído la mente, dijo e hizo lo que Ash deseaba. Todo en aquel tiempo era muy extraño, como si fuese un guión de película escrito por un mal guionista.

-Es un honor tener entre nosotros a otro viajero del tiempo. Por lo menos, tú pareces formar parte de nuestro bando. Victoria y las demás nunca atacan a nadie sin una orden directa de Atenea, y ella sólo manda atacar a los que no forman parte de su grupo…, de modo…, que eso nos une. Permite que nos presentemos.- dijo el jefe, indicando a los suyos con un movimiento de manos que se desprendiesen de los cascos.

El primero en liberarse de ese redondo y pesado casco fue el más bajito, dejando al descubierto a un joven que rondaría las tres décadas de edad. Su pelo era largo y negro, y unas gafas, de pasta negra y con los cristales impolutos, decoraban su cara, dándole un aire intelectual. Los ojos de Ash se abrieron hasta tener casi el tamaño de una manzana. No lo podía creer, ¿acaso estaría teniendo un sueño de mal gusto…?

-Yo soy Córtex, pero sólo es mi nombre en clave. En realidad, mi nombre es…- informó, siendo interrumpido por Ash.

-…, Max…, tú eres el hermano pequeño de Aura, ¿verdad…?- dijo sorprendido Ash, dejando más impactado al hermano de su amiga que, irónicamente, ahora era mayor que él.

Intrigados por el conocimiento del viajero, las presentaciones continuaron. El más alto de todos emuló a Max, y bajo la luz de la luna apareció un hombre de tez morena y con alguna que otra arruga, debido al estrés acumulado de su trabajo. Lo más característico de él era su pelo en punta castaño, con varias canas de por medio, y sus ojos rasgados. Debería de tener unos cuarenta años. Para esa ocasión, Ash se quedó sin palabras. Cada sorpresa era mejor que la anterior.

-A mí me llaman Rock, pero también es mi nombre en clave. De hecho, mi nombre en clave es una modificación de mi verdadero nombre, que es…- no terminó la frase, pues fue cortado por Ash.

-Brock…- susurró, mirándole a los ojos. El aludido no tardó en reaccionar de la misma manera que su compañero Max.- Brock, ¿eres tú de verdad…?

Todos parecían estar sumamente impresionados. Era evidente que, en su respectiva línea temporal, los conocía, pero ellos no sabían nada de él, o por lo menos jamás se le toparon en ningún sitio. Por último, el tercer guerrero dudó si debía mostrarle su verdadera identidad, pero sin pensarlo más veces, se deshizo del casco a gran velocidad. Los segundos parecían durar años. Los dos rostros por fin se encontraron, y en ambos se reflejaba un mismo sentimiento: sorpresa. Ash analizó el físico de aquel hombre. Tenía entre treinta y cuarenta años, una melena negra le llegaba hasta el cuello, casi hasta los hombros, su color de piel no era ni muy moreno ni muy pálido, más bien era normal. Una áspera, larga y oscura barba, de por lo menos dos meses, le daba a su rostro un toque maduro. Una cicatriz le descendía desde su ceja derecha, partida por la herida, hasta su mejilla diestra, y…, sus ojos…, rojizos como la sangre…, emanaban un brillo que representaba esperanza y valentía. El viejo Ash parecía estar en las nubes, ¿acaso él era…?

-Por último, mi nombre en clave es Wolf, pero soy…

-…, Yo…- susurró Ash, alucinado, como si estuviese bajo el efecto de las drogas.-Tú…, eres yo…- susurró de nuevo, sin que el otro le oyese.

-¿Tú…, quién…, eres…?- tartamudeó Wolf, igual de sorprendido.

-Ash Ketchum..., Comandante de La Milicia de Metal, ¿y…, tú…?- continuó con el tartamudeo, sabiendo de antemano la respuesta.

-Ash Ketchum…, Líder de la Resistencia…- informó la versión paralela de Ash.

Aquella noticia terminó por dejarlo a todos en estado de shock, sobre todo a los dos "idénticos". Dos Ash Ketchum, dos oficios, dos vidas, dos versiones…, y dos rostros completamente diferentes el uno del otro. Estaba clarísima la cantidad de preguntas que surgirían acerca de la diferencia de sus mundos. Brock y Max examinaron a las dos versiones de Ash. La forma de la cara era exactamente la misma, salvo por las arrugas del viejo Ash, al igual que el pelo, menos por el color grisáceo del Ash del Pasado, pero…, sin lugar a dudas, lo que sí les hacía iguales eran sus ojos. El mismo brillo del fuego interior que ambos sentían quedaba reflejado en sus esferas rojas y puras. Ambos medían lo mismo, ni se sobrepasaban ni se quedaban atrás. Aquella imagen era como reflejarse en un espejo de carne y hueso, ya que para uno mostraban la imagen de su futuro, y para el otro, ¿su futuro también? Ese fue el tema que, obviamente, marcó más confusión para el Ash del Futuro. Ni él mismo Ash, alias Wolf, pudo evitar sonreír. Hacía muchísimo tiempo que no sonreía. La conversación comenzó.

-¿Vienes…, del futuro…?- preguntó Mirai Ash, mostrando ilusión en sus palabras.

-¿Cómo…? No…, yo vengo del pasado…- respondió, confuso, Ash. Las palabras de su versión futura le parecieron lógicas.

-¿Estarás de coña, no…? Mira que no tengo tiempo para estupideces como estas.- sobresaltó crispado el del futuro.- Hay dos opciones… ¡o eres mi abuelo que viene del pasado…, o tú eres mi versión anciana del futuro! ¡Habla claro de una vez, vejestorio! No estoy de humor para aguantar tonterías de las tuyas.- exclamó Mirai Ash, de manera casi agresiva.

-¡Ash, cálmate, por favor!- dijo la versión futura de Brock, interponiéndose entre los dos.- Seguro que hay una buena explicación para todo esto, ¿no?- preguntó el pelo pincho al Ash del pasado. Éste asintió.- ¡Perfecto! Mientras acampamos aquí para cenar, nos lo contarás con total tranquilidad, ¡y sin hostilidades!- dijo eso último, mirando a Mirai Ash.-Yo me quedaré aquí preparando la cena. Vosotros tres podéis ir a Pueblo Azalea, y buscar supervivientes y, si lo veis posible, provisiones, ¿te parece bien, Ash?- le preguntó a su jefe, a lo que éste asintió.

Brock se quedó preparando un pequeño fuego, así como la cena. Los otros tres hombres revisaron cada rincón del cada vez más escombrado pueblo y, después de numerosos registros, no hallaron más que cuerpos mutilados o carbonizados. Nada ni nadie había sobrevivido ante tal inesperado ataque. Con el mayor de los dolores, los tres rezaron una oración por las almas que injustamente habían abandonado el mundo de los cada vez menos vivos. Lo único que pudieron encontrar fue un botiquín de primeros auxilios y un par de botellas de agua, cosas que, junto con la comida, sería más que suficiente. Volviendo sobre sus pasos, regresaron al "campamento" y se sentaron alrededor del fuego. De la siguiente manera, quedaron sentados, en el sentido de las agujas del reloj: Max, Mirai Ash, Brock y Ash. El Líder de la Resistencia miraba fijamente a su yo del pasado, o lo que fuera, que permanecía cabizbajo. La presión podía respirarse en el aire.

-Bueno, ¿a qué estas esperando para contarnos tu historia? No tengo todo el día.- dijo Mirai Ash, desgarrando un muslo de pollo con su fuerte mandíbula.

Ash tan sólo asintió, y, escogiendo adecuadamente sus palabras, les contó todo de principio a fin, sin saltarse ni un solo acontecimiento: El estallido de la guerra, la reformación y evolución del Ejército Pokémon, la construcción de La Máquina de la Luz, el destino profesional de cada uno de sus amigos, el aborto de Misty, cosa que enfureció muchísimo al Ash del futuro, la profecía de Mewtwo, su contrato con Darkrai, cosa que les demostró transformándose en El Guerrero Fantasma, los asesinatos múltiples de las Armas de Destrucción Máxima y los Ejecutivos Rocket y la lucha interrumpida contra el Tempus Rocket, que acabó en su viaje en el tiempo. Ninguno de los asistentes daba crédito a aquel macabro Apocalipsis, aunque ellos tampoco tenían que compadecerse. Su situación era muchísimo peor.

-Eso es, básicamente, todo lo que ha acontecido a mi línea temporal, y…, creo que ahora sois vosotros los que me debéis una explicación.-exigió Ash, a lo que ellos asintieron. Mirai Ash juntó las yemas de sus dedos de manera simétrica. Necesitaba pensar.

-Pregúntame lo que quieras. -respondió Mirai Ash, dispuesto a descodificar los oscuros archivos.

-Bien…, lo primero, ¿en qué año estamos…?- preguntó Ash, desubicado por completo.

-Ahora mismo nos encontramos casi a la madrugada del día 2 de Agosto del año 2024.-le informó Max, subiéndose con el dedo índice sus lentes.

-Diez años…, he viajado diez años en el tiempo…- dijo el de Pueblo Paleta, sin creérselo aún. Tras un leve suspiro, retomó el interrogatorio.- Otra cosa se me viene a la cabeza: en mi tiempo, no sabemos nada sobre Giovanni, ¿vosotros sabéis dónde está?- realizó así la segunda pregunta, pero sólo para que su versión del futuro se tronchara de risa.

-¿Giovanni? Ese hijo de puta lleva criando malvas desde hará ya diez años. Según tu versión, Giovanni fue derrocado del poder, o, al menos, eso creéis, y otros le reemplazaron, ¿no?- preguntó Mirai Ash, viendo como Ash movía su cabeza de arriba abajo.- Aquí, en nuestro tiempo, el detonante de que nuestras líneas argumentales sean completamente diferentes viene condicionado por varios asesinatos aquí, en nuestro tiempo, sobre todo los del mismísimo Giovanni, sus sucesores y la Atenea de nuestro tiempo. Todos ellos fueron brutalmente asesinados por la misma persona: Atenea…, vuestra Atenea. Hecha ya la matanza, la Atenea del Pasado se autoproclamó Jefa Máxima de la organización, dueña y soberana de todo el mundo, estableciendo así lo que se conoce hoy en día como la Dictadura Rocket. Tras ese tremendo ascenso, todo cambió por completo.- comunicó Wolf, pesándole hasta el alma.

-¿Puedo encontrar por aquí a algún hermano procedente de La Milicia de Metal?-tercera pregunta de Ash, a lo que otra carcajada de su yo futurista le acabó por crispar a él también.- ¿Se puede saber que te hace tanta gracia?-preguntó Ash, muy irritado ante la fanfarronería del Ash del Futuro.

-La Milicia de Metal ya no existe, amigo. La mayoría de los miembros están muertos, y otros en prisión…, así que no tardarán en reunirse los unos con los otros. Incluso el Coronel Steelix está desaparecido, y probablemente muerto. Frente a tus propias narices tienes al único superviviente de la subdivisión más famosa del Ejército Pokémon: Yo.- le informó el de morena barba, cruzándose de brazos con un aire de pesadez.-Me alegra saber que, bajo tu supervisión como Comandante, la milicia haya conseguido ponerle las cosas difíciles a esos bastardos.

-Y… ¿Cómo…, cómo están los demás…?- formuló la cuarta pregunta. Esa cuestión pareció abrirles a todos una profunda herida, pero a su yo del futuro a quien más de todos.

-Pueblo Paleta fue el primero de muchos lugares, al igual que ha pasado hoy con Pueblo Azalea, en arder y ser bombardeado. Por suerte, y es más que obvio, yo no estaba allí cuando eso pasó, pero para mi desgracia…- Cayó repentinamente Mirai. Varias lágrimas seguían el mismo recorrido que su cicatriz.-…, llegué demasiado tarde. Todos murieron…, el Profesor, Gary, Tracey…- más sollozos y lágrimas decoraron la ahora silenciosa y reinante atmósfera. A parte de sus lloros, tan sólo el crepitar de las llamas se escuchaba.-…, Mamá…, todos murieron. Pueblo Paleta es prácticamente una ciudad fantasma…

Aquello supuso un mazazo brutal para Ash. Perteneciese o no a ese tiempo, no pudo evitar sentir una punzada de dolor en su corazón ante la inmerecida muerte de su madre. Deslizó su triste mirada hasta encontrar los ojos hinchados de Mirai Ash, que lloraba en silencio.

-Lo siento mucho…- le auto compadeció el albergador del Guerrero Fantasma.

-No sientas pena por los muertos, pues están en un mundo mejor. En todo caso, siéntala por los vivos que osaron acabar con su tranquila vida, porque no vivirán para contarlo.-dijo afligido Wolf, pero, rápidamente, su expresión cambió a una de alegría.- ¿Sabes una cosa? A veces pienso que mamá tuvo que irse de este mundo para que llegase a mí una persona, una de las dos personas más importantes de mi vida…

-¿Hablas de Misty…?- preguntó Ash, esperando no meter la pata de nuevo.

-Sí, de ella y de…- enmudeció, y su sonrisa se agrandó. Parecía incluso que se le caía la baba del gusto.-…, de nuestra princesa…- dijo en un dulce tono.

-¿Eres…, padre…?

-Sí, señor, de la estrella más bonita atrapada en este planeta.- dijo, sonriente y con amor de padre.- ¿Quieres verla? Tengo una foto en mi cartera.- le invitó Mirai, a lo que Ash asintió sin pensarlo.

De dentro de su uniforme, sacó una billetera negra y, rebuscando, halló la fotografía sumamente cuidada. Ash no reprimió su sonrisa, e incluso se le humedecieron los ojos. Frente a él, el vivo retrato de Misty protagonizaba esa imagen: los mismos ojos azules, salvo por un fino contorno rojizo, heredado de él, rodeando sus pupilas, y el mismo cabello corto y anaranjado, como cuando su madre era una niña. Su indumentaria se componía por un precioso vestido de única pieza, con mangas, bordados y flecos blancos, y el resto en un oscuro tono azulado. En brazos sostenía a un pequeño y entrañable Eevee. Por último, los rasgos de su feminidad indicaban que su cuerpo estaba en pleno desarrollo, cosa que se veía en sus pequeños senos y su considerable altura.

-No te digo su nombre por si influye en tu línea temporal. No obstante, no serás tú quien decida su nombre. Eso será obra de Misty.-informó el del futuro.

-Hay que ver, ¡igual de mandonas en una realidad que en otra!- bromeó Ash, y todos rieron al instante. Volvió a mirar la fotografía.-Es preciosa, idéntica a su madre, ¿cuántos años tiene?

-El mes que viene cumple dieciocho años. Ya se ha convertido en toda una mujer…- dijo casi en un susurro.-Ahora, más que nunca, lo único que deseo es volver a Ciudad Celeste y abrazarlas a las dos…, son mi debilidad, pero mi fuerza a la vez.

-Volverás a verlas. Te lo garantizo.-le animó Ash, sonriéndole. La sonrisa de su yo del futuro le confortó.-Me gustaría realizaros una última pregunta…- musitó.

-¡Dispara, camarada!-exclamó Mirai Ash, más animado que antes.

-¿Qué hacéis aquí…? Quiero decir, ¿a dónde tenéis pensado ir?- les preguntó, esta vez a todos ellos.

El buen humor que se había creado en el grupo se disolvió, y reinó de nuevo el silencio. Aquella pregunta parecía haberles asustado. No sabían si estaban preparados para confesar su verdadero destino. El Ash del Futuro carraspeó, rompiendo el silencio, y habló de nuevo.

-Nos dirigimos a La Isla de la creación.- informó el jefe.

-¿La Isla de la creación…?- preguntó Ash, y los demás asintieron. La curiosidad le mataba por dentro.- ¿Qué es ese lugar? ¿Qué hay ahí?

-El lugar donde un mortal puede cambiar su destino...- le informó su fotocopia del futuro.

-No entiendo… ¿Podríais contarme la historia desde el comienzo, por favor? ¡No hay quien se aclare!-se quejó Ash.

-La Isla de la creación es, posiblemente, uno de los lugares más misteriosos y peligrosos de todo este mundo. Muchos son los que se embarcan desde diversos lugares valientemente para penetrar en ella, pero ninguno ha regresado, hasta la fecha, con vida.- dijo Max, notando la mirada de asombro de Ash.-Atenea fue la que mandó crear ese templo de rebosante sabiduría, de un conocimiento que podría hacer enloquecer a cualquier humano…- prosiguió, callándose al instante. Un asentimiento de Mirai Ash lo hizo continuar.-Su seguridad es más que mínima, pues no lo necesita. Dentro del inmenso palacio viven tres preciosas jóvenes que fueron otorgadas por la matriarca del Team Rocket con el poder más deseado por la Humanidad desde hace siglos, milenios, e incluso eones: La manipulación del pasado, presente y futuro de cada ser vivo del planeta Tierra, excepto el de la propia Atenea. Conocidas también como "Las Moiras", el nombre universal que las define es "Las Hermanas del Destino".- informó Max, mientras limpiaba los cristales de sus gafas.

-Las Hermanas del Destino…- susurró Ash, ante aquel espeluznante alias.

-Láquesis, la de rubia y brillante melena como el trigo. Sus puras y blancas alas de ángel la hacen, o eso dicen, la más razonable y buena de las tres hermanas. Es la encargada de guiar y alargar el presente de los mortales, y la que da resguardo a su hermana mayor, Átropos, en su propio cuerpo. Átropos, de negro cabellos como la noche, es, sin lugar a dudas, la más cruel del trío. Como si se debiese a un enorme capricho suyo, puede decidir si una persona prosigue con su vida…, o perece irremediablemente, y…,- tras una breve pausa, se recolocó las lentes y continuó con aquella leyenda hecha realidad.-…, por último…, la más joven y bella de Las Hermanas del Destino. Sus cabellos anaranjados como el Sol y su dulce mirada enamorarían a cualquier hombre o mujer. Es la más peligrosa de todas: Ella tiene la última palabra, en lo que a otorgar la vida de una persona se refiere. Nadie puede ver la luz del mundo si Cloto no autoriza su presencia en este mundo…- terminó de decir Max.

-Láquesis…, Átropos…, Cloto…- nombró Ash aquellos tres nombres, sinónimos de Presente, Futuro y Pasado respectivamente.-Vuestra intención es viajar hasta allí, para así tener una audiencia con ellas, ¿me equivoco?

-No lo haces. Si no logramos convencerlas por las buenas, tendremos que hacerlo por las malas. Además, nuestro viaje a La Isla de la Creación tiene otro objetivo.- anunció Brock.

-Atenea…- dijo el moreno, a lo que el pelo pincho asintió.

-Como benefactora de sus poderes, reside en el mismo templo por si las cosas se complicasen más de lo previsto, y hace bien…, porque cuando nosotros lleguemos, hasta el mismo templo arderá…-comunicó Mirai Ash, con aquel mítico ímpetu que caracterizaba a todos los Ash Ketchum de cualquier línea temporal.

-¡Sabéis que puedes contar conmigo! ¿Cuál es el plan?- preguntó entusiasmado el viajero en el tiempo.

-De momento…, descansar.- dijo Wolf, que miraba al confuso Ash.-Brock y Max serán los primeros en ir. Si hay algún percance, nos informarán, y tú y yo acudiremos en su ayuda. La Isla no está muy lejos. No tienes de qué preocuparte, Ash… - le consoló su yo del futuro, que rió al instante.- ¡Me sigue sonando extraño dirigirte a ti como a mí mismo!- y, con una contagiosa carcajada, las risas se propagaron entre los cuatro soldados.

Tras unas últimas indicaciones, el Ash del Futuro se despidió de sus dos compañeros, que surcaron los cielos en dirección al destino previsto. Resguardados en una pequeña tienda de campaña, los mismos pero diferentes Ash se disponían a descansar un par de horas. Los dos cayeron enseguida en los brazos de Morfeo, uno por demasiado trabajo acumulado y el otro por el viaje temporal. Ash no supo cuántas horas durmió, pero el corazón le dio un violento vuelco al no ver a su versión diez años mayor a su lado. Una vez que salió del "refugio", vociferó por los alrededor su nombre, sin recibir respuesta alguna. Una risa débil y compasiva sonó a sus espaldas, pero no vio a nadie al voltearse. De repente, una mano huesuda, casi esquelética, salió del suelo. Suspiró al ver a un viejo de desaliñado, sucio y estropeado rostro con una pala en su mano derecha. Vestía una larga, rasgada y vieja túnica negra. Ash, poco a poco, empezó a acercarse a él.

-No te asustes, amigo. Tu compañero salió hace ya una hora. Parece ser que los demás estaban en peligro, y, al ver tu cansancio, decidió no molestarte.- informó el anciano, sin dejar de cavar.

Ash observó cada facción y detalle de aquella cara. Al ver su ojo derecho, totalmente hueco, cayó en la cuenta de que conocía a ese hombre, ¡era ni más ni menos que el Coronel Steelix de aquel tiempo! Miles de preguntas bombardearon el cerebro de Ash, pero ninguna palabra salió de sus labios. Ante la expresión boquiabierta de aquel hombre, Steelix rió débilmente, y tosió exageradamente.

-Me estoy haciendo viejo, ¿no crees? Tanto si es así, como si no, ese hecho no me impedirá acabar con esta tumba.- dijo el viejo, prosiguiendo con la excavación.

-¿Una tumba…, en medio de un campo de batalla…?- se preguntó Ash.- Te tomas muchas molestias, enterrador…, dime, ¿para quién es esa tumba?- cuestionó él.

-Para ti, amigo.- dijo el anciano entre risas, señalando a Ash, que le miraba casi con miedo.-Enfrentarse a Las Hermanas del Destino no es algo con lo que todo el mundo pueda presumir, así que más me vale prevenir que curar. No sé ni cuándo, cómo o dónde…, pero nos volveremos a encontrar, Ash Ketchum…, dalo por hecho.- prosiguió diciendo, sin dejar de apuntar al de Pueblo Paleta con su huesudo dedo índice.-Las Hermanas del Destino no son las únicas diosas que te vigilan, joven. Es mejor que vayas a salvar a tus amigos…, el poco tiempo que nos queda es oro...- murmuró, continuando con su labor, más concentrado que nunca, y señalándole la dirección correcta hacia La Isla de la Creación.

Tal predicción le puso los pelos de punta, ¿tan seguro estaba el viejo Coronel de que moriría a manos de las hermanas? Y lo más importante… ¿Cómo le había podido reconocer, si no pertenecía a aquel mundo…? Ahora comprendía el poder que causaba el tiempo en las mentes mortales: él, con un viaje al futuro, veía en grave peligro su cordura ante la alteración de los acontecimientos, las malas y buenas noticias…, y el peligro que suponía que un mortal, como lo eran Ash, sus soldados, o el propio Steelix, descubriese su verdadera procedencia. Ese miedo podría ser utilizado en su contra a la hora de encarar a Las Hermanas del Destino. Manteniendo su cabeza libre de tales pensamientos, liberó a su Charizard de su Poké Ball y, junto a él, empezaron a elevarse, rumbo a la Isla de la Creación. Incluso en los aires, el continuo e incesante destello anaranjado del fuego, presente en todo Jotho, atormentaba a sus ojos.

Tras un incalculable periodo de tiempo siguiendo el itinerario dicho por aquel siniestro enterrador, la imagen de una pequeña isla en medio de la nada le confirmó sus sospechas. El lagarto volador aterrizó suavemente, y fue regresado a su respectiva esfera. Permanecer en aquella isla se le asimiló a haber viajado mucho más atrás en el tiempo, posiblemente hasta el jurásico. La numerosa y hermosa vegetación le otorgaba al lugar una atmósfera relajante, totalmente silenciosa de no ser por el breve movimiento de las hojas, causado por la suave y veraniega brisa nocturna. No había rastro alguno de Pokémon salvajes o agresivos, y mucho menos de presencia humana. Frente a sus propias narices, hallábase erigido un enorme templo que parecía rozar las nubes, y que casi daba la impresión que se salía del planeta. Numerosos grabados, piedras preciosas y relucientes metales de la mejor calidad decoraban el exterior de semejante fortaleza. Más bien propia de un cuento o una leyenda, La Isla de la Creación era sumamente fascinante, más incluso de lo que la había pintado Max. Cohibido por la majestuosidad de aquel lugar escogido por Atenea, Ash comenzó a avanzar lentamente hacia el llamado "Templo de los Hados", pero la presencia de dos figuras humanas, tumbadas y ensangrentadas, a la entrada del santuario le cortó la respiración. El cabello a lo puercoespín y el breve y débil brillo de unas gafas le hizo sospechar lo peor: Brock y Max se encontraban heridos. Corrió lo más rápido que pudo, y aferró delicadamente la cabeza del mayor de los dos.

-Brock…, soy yo, ¿qué ha pasado…?- le susurró, casi acunándole entre sus fuertes brazos.

-Ash…-dijo en un débil tono de voz. La sangre de su frente caía sobre sus pómulos, ya no tan morenos, casi blanquecinos.-…, unos Pokémon monstruosos…, nos…, nos atacaron…- tosió fuertemente, dejando escapar un pequeño hilillo de sangre.

-¿Y Ash…? ¿Dónde está Ash…?- le preguntó, temiendo ver como aquellas buenas personas morían en un mundo que era peor que el suyo.

-Él…, está… dentro…-susurró, aceptando el sorbo de agua que el viajero del tiempo le dio. El viejo amigo de Mirai Ash aferró fuertemente el cuello de neopreno de Ash.- Ash…, por favor…, vete…, nosotros estamos bien…, y…, te lo suplico…- cogió aire.-…, no le dejes morir…, hazlo por Misty…, y por su hija…- las lágrimas brotaron de sus ojos.-…, lo ha pasado muy mal…, y ellas son lo único que le…, queda…

-Ahorra energías, Brock…- siguió susurrando, y los ojos se le humedecieron.- Intenta reanimar a Max, y pide refuerzos. Yo…, buscaré a Ash…, y daremos fin a esta absurda guerra. Volveremos victoriosos…, te lo prometo…, viejo amigo…- dijo, con una sonrisa, y las lágrimas caídas de sus ojos se mezclaron con la sangre de Brock.

Con las manos empapadas en el rojo líquido, depositó suavemente al herido contra el suelo. El enorme portón del templo permanecía abierto, e incitaba a Ash para que penetrase en la más profunda oscuridad. Con la luz de una pequeña linterna otorgada por Brock, pudo observar el interior de aquel inhóspito lugar. El violento carácter, y el afán del ser humano del siglo XXI por destruir lo que fuese por conseguir todo y más, quedaba plasmado en el deterioro de las numerosas esculturas destruidas de Pokémon Legendarios, tales como Celebi, Mewtwo, Deoxys o Giratina, los coloridos frescos y enésimos e ilustrativos murales. La suciedad reinaba en el lugar. Numerosas telarañas colgaban del inalcanzable techo, posiblemente producidas por numerosos Spinarak y Ariados que, por alguna razón, ya no estaban allí. La oscuridad parecía abrazarle, hacerle sumir en una profunda tristeza, y el silencio era desgarrador. Ni el más tenebroso de los cementerios le llegaba a la suela del zapato al Templo de Los Hados.

Un ruido muy violento y cercano le llegó a los oídos, y no supo si alegrarse o aterrarse por ello. Los ojos rojizos de Ash se clavaron en una pared con un enorme agujero, de allí provenía el alboroto. Esquivando toda clase de obstáculos, consiguió adentrarse en las profundidades de la fortaleza y, avanzando en línea recta, llegó a un extraño lugar. El camino sencillo parecía terminar ahí, y frente a él una extraña sala-plataforma circular, con tres espejos y suelo de cristal, se presentaba ante Ash, sólo que entre él y dicho lugar se interponía un pequeño y oscuro abismo que parecía llegar al mismísimo centro de la tierra. Con el impulso y fuerza de sus piernas, saltó y, tras aterrizar, vio una imagen que le heló hasta las ganas de vivir. Una figura humana yacía en el transparente suelo, un charco de sangre le rodeaba, ensuciando su cabello, y una espada de grandes dimensiones atravesaba su zona abdominal. Por ironías de la vida, y de las mismas Hermanas del Destino, el cuerpo cada vez más frío y pálido del Ash del Futuro daba sus últimas señales de vida, Ash asistió a su propia muerte en directo, o a la muerte de su versión paralela y futura. Arrodillado, y cara a cara con su yo del futuro, hizo todo lo posible para que sus últimos momentos de vida no fuesen tan tristes.

-¡Ash! Respira hondo…, no te mueras…, por favor…- le rogó Ash, llorando a lágrima viva.

-Ash…- dijo agotado, apoyando sus duras manos en los hombros de su "idéntico".-…, ha llegado mi hora…, de ésta no salgo…- susurró, riendo ante la adversidad y esputando muchísima sangre en el acto.-…, promé…, prométeme…, que las darás la paliza de su vida…, así mi muerte no será en vano…, y…, que te quedarás con la foto de mi hija…, ya que yo no la necesitaré más…, y…, que llevarás mi cuerpo hasta casa…, para que puedan incinerarme…- cayó, respirando agitadamente.

-Te lo prometo, amigo…- le dijo, sonriendo.

-Y…, que las dos mujeres de mi vida…, las esparzan en el lugar que quedó marcado tanto en tu corazón…, como en el mío…- sugirió Mirai Ash, señalando primero el corazón de Ash, y después el suyo.-…, el lugar donde conocí a Misty…, es doblemente especial… ¿Sabes por qué…?

-¿Por qué…?- le preguntó, derramando lágrimas del tamaño de sus puños.

-Porque…- y acto seguido, él comenzó a llorar también.-…, allí conocí a la única mujer que he querido con mi vida, hasta la llegada de mi hija…, que nació también en ese mismo lugar…-dijo, con un brillo de alegría en su mirada cansada y temblorosa.-Ash…, dilas…, que las quiero con toda mi alma…, y aunque…, mi cuerpo deje éste mundo…, yo estaré con ellas, allá donde vaya…, con cada recuerdo…, y sentimiento…, y nunca las dejaré ir…, y las cuidaré siempre… ¿Lo harás por mí…?- le preguntó, mirándole a los ojos.

-No hace falta ni preguntar, ¡Yo soy tú…, y haré lo que me haga falta!- exclamó, riendo nerviosamente. Su compañero moribundo rió también.

-Mamá estará muy orgullosa de ti…, de nosotros…, donde se encuentre…, iré con ella, por fin…- volvió a toser, con mucha más sangre que antes. Mirai Ash le tendió su mano derecha y temblorosa, y Ash se la estrechó fuertemente.-Vive, Ash…, lucha por todo aquello por lo que siempre hemos confiado…, y devuélvele al mundo…, la paz que tanto…, nece…, sita…- la cabeza de Mirai Ash fue perdiendo fuerza, y su pelo siguió bañándose en aquel charco de sangre formado a su alrededor.

Ash, estallado en lágrimas, posó sus dedos índice y corazón sobre los abiertos y sin vida del otro Ash, y los cerró, dándole así la paz para su sueño eterno. Con un seco y macabro movimiento, liberó la espada del cuerpo inerte de su fallecido yo, empuñándola con mucha furia. En ese preciso instante, sintió un coctel de sentimientos explotando en su interior. El dolor y la furia formaban aquella simbiosis tan difícil de manejar. Dejando escapar su angustia, gritó con todas sus fuerzas, y el eco rebotó en cada pared del lugar, incluso parecía que la estructura cedería ante el dolor marcado por aquel rugido.

-¡ÁTROPOS, MUÉSTRATE DE UNA VEZ, MALDITA COBARDE!- gritó Ash, hecho una furia.

La única mención de su nombre fue suficiente para llamar la atención de la diosa y, tras una breve aparición y danza de varias auras oscuras, una figura femenina se presentó ante Ash. Átropos, la mayor de Las Hermanas del Destino, hacía gala de su omnipotencia con su alargado y sedoso cabello azabache, así como con un vestido negro de larga cola y sin tirantes. En vez de uñas, parecía tener unas finas cuchillas con las que, según la leyenda, cortaba los hilos de la vida. El sonido metálico de su voz erizó los pelos de Ash.

-¡Muestra un poco más de respeto, mortal!- expresó molesta y ruda la mayor de las tres hermanas.

-¿Quién te has creído que eres para jugar con la vida de una persona humana?- preguntó Ash, dejándose llevar cada vez más por la ira.

-Yo decido cuando alguien perece. Es mi voluntad.- respondió ella, de manera fría y natural.

-¡ESO NO SE DECIDE!- gritó él, lanzándose con espada en mano hacia la diosa.

No obstante, aquellos segundos le parecieron una eternidad. Como si su cuerpo se tornase pesado, notaba como el tiempo, de alguna forma, se ralentizaba. Él se movía como un Shuckle, mientras que Átropos se movía rapidísimo, sin ser afectada por el conjuro, ¡incluso su transformación en El Guerrero Fantasma era lentísima! Con un potente placaje, la mujer tumbó a Ash.

-Tu valía me asombra, mortal. Pese a tu frágil y vieja figura, el espíritu de la juventud arde en tu interior, pero eso no te servirá conmigo. Éste golpe ha sido mi primer aviso para mantenerte al margen. Al tercero, morirás.- le advirtió Átropos.

Haciendo caso omiso a sus palabras, Ash volvió al ataque, pero volvió a sucumbir ante tales poderes. El tiempo volvió a ponerse en su contra, yendo más lento que la primera vez. Esta vez, recibió un codazo en la cara por parte de la diosa del Futuro, y la mano que sostenía la espada bautizada como "Delirio" cedió, soltando el arma en el acto. Tras tocar su cuerpo el suelo, al cabo de unos segundos se reincorporó, mirando con desprecio la postura indiferente de la morena.

-Segundo aviso. Estás a tiempo de reconsiderar tu absurda idea, y marcharte por dónde has venido. Te prometo que mis hermanas y yo no tomaremos represalias al respecto.- informó la diosa de vestido negro,

Ignorando sus palabras, el moreno vio la espada a un par de metros de él, y con un hábil movimiento, se impulsó para tenerla entre sus manos de nuevo. Para su desgracia, el mismo efecto de ralentización le acosó, y Átropos aferró fuertemente la empuñadura de tal pesada espada, atacando a Ash. El afilado filo de la espada atravesó la zona abdominal de Ash, justo donde residía la cicatriz formada en la batalla contra Juno y sus secuaces, hacía ya una eternidad. Tal fue el ataque que La Hermana del Destino incrustó a Ash contra la pared, clavándose también la hoja de la espada en la pared. La sangre emanaba sin control de la boca de Ash, y sus ojos se humedecieron. No había nada que pudiese hacer ya…, notaba como se moría. Transformarse en El Guerrero Fantasma no serviría de nada, pues Átropos volvería a usar el tiempo en su contra, acelerando así su muerte. Era una batalla perdida, y lo que más le dolía en el alma no era haber muerto a manos de una mujer, o que ella hubiese luchado mejor que él, sino que le había fallado a su yo del Futuro. Agonizaba y temblaba sin remedio. El frío se apoderaba cada vez más de él. Átropos acercó su rostro a de él, quedando así a muy pocos centímetros el uno del otro.

-Tercer aviso.-le susurró ella, fría como el hielo.-Todos los mortales sois iguales…, ni sabéis escuchar, ni comprendéis que el poder de Los Hados es demasiado complejo para que alguno de vosotros lo controle…- dijo, hundiendo más la espada en el cuerpo de Ash.-Nunca te harás con nuestro poder, mortal, ¡nosotras controlamos toda tu vida!

-Nadie controla mi destino, y mucho menos…, vosotras…- se defendió en sus últimos segundos de vida. Átropos retiró la espada de la pared, y Ash cayó al suelo.-Pagaréis por esto…, puedes estar segura…-susurró.

Las últimas escenas que vio fue como Átropos desaparecía, y como dos agujeros negros, uno a su vera y el otro donde el cadáver de Mirai Ash, se formaron en el suelo. De cada uno de ellos, dos largos, oscuros y huesudos brazos los arrastraban hasta las profundidades de la nada con sus afiladas garras. A medida que la vida abandonaba el cuerpo de Ash, aquellas extremidades inhumanas le guiaban al olvido. Su corazón latía cada vez menos, y, tras recibir un último y cálido abrazo de un ángel pelirrojo, procedente de sus alucinaciones, sus ojos se cerraron lentamente, dejando caer unas últimas lágrimas. Su cuerpo empezó a caer entonces en el oscuro pozo. Murió.


Fin del Capítulo XI

Bueno, que os ha parecido...? La idea para este capítulo la saqué del videojuego "God of War II", y supongo que los otros dos siguientes capítulos también! :D Por cierto, y si por alguno de los lectores no sabe el significado de la palabra Mirai..., es "Futuro" en japonés. Si lo sabían de antemano..., mea culpa, y si no..., pues bueno es saberlo! De momento, les dejo con las fichas de los personajes más novedosos:

Personajes (Fichas 41-44)

41) Mirai Ash (Alias Wolf)

Edad: 35 años.

Altura: 1,86 metros.

Ocupación: Líder de la Resistencia en contra del Team Rocket.

Historia: Muchos son los acontecimientos que marcaron el dolor del Ash del Futuro. Tras ver como su madre y sus seres más queridos morían a manos del Team Rocket, su vida se define con una sola palabra: lucha. Veinte largos años de Dictadura Rocket han servido para miles de soldados que añoran la libertad puedan decir orgullosamente que trabajan para él. Carismático, valiente y fuerte líder, su última misión, junto con sus dos hombres de confianza, fue la de viajar a La Isla de La Creación para doblegar a Las Hermanas del Destino y a su jefa, Atenea. Casado con Misty, el único amor de su vida, ambos tienen en común una hija de casi dieciocho años de edad. Sin poder cumplir su promesa, muere a manos de Átropos, una de Las Hermanas del Destino, que cortó el hilo de su vida.

42) Mirai Brock (Alias Rock)

Edad: 40 años.

Altura: 1,88 metros.

Ocupación: Miembro de Honor de la Resistencia, así como Doctor de la Resistencia.

Historia: Fue el primer guerrero rebelde con el que Mirai Ash contó en sus filas. Tras esconder a su familia en un lugar seguro, los dos amigos viajaron por diversas zonas de las cuatro regiones para reclutar a cientos de miles de hombres y mujeres que les ayudasen a liberarse de los Rocket. Sus amplios conocimientos de medicina, su mítica amistad con Ash, casi más una relación fraternal, y ser uno de los fundadores del movimiento le han hecho sumar puntos dentro de la Resistencia, convirtiéndolo en el segundo al mando. Cuenta con un carácter tranquilo, que complementa bien con el, a veces, carácter frío y malhumorado de su viejo amigo. El viaje a la Isla de la Creación no ha sido tal y como lo tenían planeado. Tras ser atacados por una jauría de Pokémon monstruosos y furiosos, Max y él aguardan heridos a la llegada de los refuerzos, y esperando que los dos Ash triunfen en su cometido.

43) Mirai Max (Alias Córtex)

Edad: 29 años.

Altura: 1,80 metros

Ocupación: Miembro de Honor de la Resistencia, y respetado científico dentro de la misma.

Historia: Desde muy pequeño, ha visto como el mundo, que muy poco de él ha conocido, se sumía en una alocada e irracional dictadura. El deseo de convertirse en un envidiado Maestro Pokémon se vio totalmente truncado, y es por eso que le prometió a Ash que, cuando contase con la edad mínima, entraría en la Resistencia. Es una persona con una mente privilegiada. Numerosos cacharros usados en la organización son inventos suyos, como el siempre usado traje que los define. Conoce a la perfección todo sobre La Isla de la Creación y Las Hermanas del Destino, pero no llegó a verlas en persona. Brock y él fueron atacados en la entrada del castillo por numerosos Pokémon asesinos, hiriéndolos de gravedad. Su única salvación reside en los conocimientos de Medicina de Brock y en la llegada de los refuerzos que tanto necesitan para vencer a Las Hermanas del Destino.

44) Mirai Coronel Steelix (Alias Enterrador)

Edad: 65 años.

Altura: 1,77 metros.

Ocupación: Enterrador.

Historia: Lo que pasó con él en esta línea temporal creada por Atenea es un auténtico misterio. La mayoría de los miembros de la ya extinguida Milicia de Metal están muertos, o en prisión, siendo Mirai Ash y él los únicos miembros activos. Muchos opinan que está muerto, pero se conoce de su existencia al verle en el Encinar, cavando una tumba que, presumiblemente, es para Ash, el viajero en el tiempo. Pese a ser casi idéntico a como Ash le recordaba, hay algo en él que le hace dudar, como si un espíritu místico le envolviese…


Y Hasta aquí es todo por hoy. Subiré en cuanto pueda el Capítulo XII. No se olviden de dejar reviews o cualquier sugerencia, que siempre será todo bien recibido. Esto es todo, pasad una buena tarde!