Acéptalo
Temari aferró aquel chaleco con fuerzo, como suplicando que no se alejase, que permaneciese junto a ella mientras negaba contra el pecho de él entre sollozos. Era la primera vez que la veía tan vulnerable, la aferraba contra sí con fuerza, de forma protectora temiendo que se desgarrase, con miedo de que si la soltaba se resquebrajaría en miles de cristales de hielo. Permanecieron así apenas un par de minutos, hasta que ella lo separó y su cara volvía a ser el reflejo de aquella chica de hielo de cuando la conoció – Shikamaru, gracias pero no puedo, decidí que haría esto sola, son mi responsabilidad, y te agradezco el gesto, pero no podría… El honor de los caballeros aquí no sirve, bastante hay ya con que se inventen historias y hablen de mí a mis espaldas como para que te meta a ti también en lo mismo…
Él la observaba, sabía que en cierto modo le estaba mintiendo, se lo decía evitando su mirada, fijando sus ojos en cualquier punto que no fuera él – Te lo he dicho, no era ninguna petición ni sugerencia, se lo diré esta noche a mis padres y mañana a Tsunade. Sabes perfectamente que a mis las habladurías me resbalan, y además, ¿qué coño hace Sabaku no Temari temiendo semejante estupidez? – No pudo remediarlo, una de sus sonrisas afloró, una de aquellas que sólo él había conseguido ver en muy contadas ocasiones – Eres un maldito idiota Shikamaru – Él sonrió y volvió a abrazarla – Todo lo que tu quieras, pero te robé otra de esas sonrisas.
Los tres pequeños habían mantenido las boquitas cerradas observando expectantes a ambos, arrimándose a ellos cuando vieron aquella sonrisa en labios de su madre.
Shikamaru los acercó y colocó a la pequeña en brazos de su madre – Será mejor que te prepares, mi mare tiene por costumbre cenar temprano y a los niños no les conviene trasnochar – Ella inclinó la cabeza en modo afirmativo – Shikamaru… Gracias…
