Capítulo 11:

Sin darse cuenta año nuevo llegó.

Había estado atareado en los ensayos, y definiendo detalles de la gira. En realidad estaba más que agradecido por la distracción, pero por las noches cuando el silencio reinaba, su mente volaba a los recuerdos de días pasados, y no podía dormir, haciéndolo sentir nostálgico de lo fácil que era caer rendido a brazos de Morfeo cuando estaba con ella.

Esa noche cenaban en familia, incluso sus padres habían ido a visitarlo para desearle suerte en su gira, pero a pesar de la compañía extrañaba la presencia de cierta jovencita sentada a su lado.

—Sango… ¿Pudiste contactar con ella? —le preguntó por millonésima vez ese día.

La muchacha le dirigió una mirada de lástima antes de hablar.

—Lo siento, Inuyasha. No logré hacerlo. —se sentía mal por él, pero le había prometido a Kagome no decirle a Inuyasha que ellas se mantenían en contacto diariamente.

La mirada triste del muchacho fue como una puñalada a su corazón. Si bien era un imbécil mimado en ocasiones, a pesar de todo habían trabajado mucho tiempo juntos y le tenía más afecto del que estaba dispuesta a admitir.

—Si me disculpas —susurró, alejándose del joven de cabellera platinada que se quedó en silencio observando su plato de comida casi intacto.

Se refugió en la sala de juegos, que se encontraba vacía en esos momentos, con el celular en una mano y el corazón en la otra.

—Atiende, por favor atiende —rogaba en silencio mientras aguantaba la respiración entra cada tono de espera.

Fue enviada directamente al buzón de voz.


Se encontraba a orillas de la playa con su familia, Souta había tenido la maravillosa idea de ver el primer amanecer del año todos juntos. El viento soplaba, desordenándole el cabello mientras ella se arropaba más en su chaqueta.

—Hace demasiado frio aquí. Mejor volvamos a la cabaña —bufó molesta.

—Tranquila cariño, solo faltan unos minutos para que amanezca, aguanta hasta entonces —le dijo dulcemente su madre, envolviendo una bufanda en su cuello.

—Te resfriaras si no te abrigas —susurró Takashi, poniendo su chaqueta por encima de los hombros de la señora Higurashi.

—Gracias cariño —respondió agradecida y levemente sonrojada.

Kagome rió entre dientes, esos dos eran tan tiernos… parecían dos adolescentes enamorados. Estaba realmente feliz por su madre, por haber encontrado amor después de tanto tiempo, y justamente en un hombre tan bueno como lo era Takashi.

—Lindo gesto pá —se burló divertida.

El hombre la miró avergonzado.

—¿Puedo decirte así verdad? Ya sabes… luego de aquello… —susurró refiriéndose a la muerte de su padre— Fuiste como un padre para mí y Souta, me alegro de que mamá te haya elegido —dijo sinceramente, con una sonrisa resplandeciente en su rostro.

La verdad era que su madre primero lo había consultado con ella y Souta antes de hacerlo oficial, apenas tres días atrás. Estaba realmente orgullosa de su elección, no podría haber hecho otra mejor.

—Kagome —soltó en un suspiro— Tú y tu hermano siempre serán como los pequeños hijos que nunca tuve —susurró— Gracias por aceptarme como parte de la familia.

—Te hiciste parte de la familia hace mucho tiempo, de una manera u otra siempre estuviste cuando te necesitamos… Yo debería agradecerte a ti por eso.

Ella se rió divertida, dejándose arrastrar a los brazos del hombre por unos momentos.

—Bien, bien… Ve a abrazar a mamá antes de que se ponga celosa —se burló divertida rompiendo el abrazo.

Su madre y Takashi abrazados sentados en la arena, Souta correteando en la arena y su abuelo persiguiéndolo para recuperar un talismán que estaba segura de que era falso… todo el conjunto era algo lindo de ver, pero no podía disfrutarlo completamente, algo le hacía falta para que fuera perfecto.

Sacó el celular de su bolso, no lo había revisado en todo el día. Tenía una llamada perdida de Sango, se sintió mal de no haberle deseado un buen comienzo de año así que a pesar de la hora decidió mandarle un mensaje, rogando no despertarla. Apenas tuvo tiempo de leer un par de mensajes de sus amigas cuando el celular empezó a sonar.

—Sango —chilló sorprendida— Feliz año nuevo —exclamó feliz de poder escuchar la voz de su amiga para variar, solía estar tan atareada que apenas tenía tiempo de enviarle un par de mensajes apresurados al día.

—Kagome —resopló— Feliz año nuevo para ti también… en realidad llamaba porque tengo un favor que pedirte —dijo atropelladamente.

—Dime —susurró confundida.

—¿Puedes hablar con Inuyasha? Por favor —rogó desesperadamente— Sabes que no te lo pediría, pero ya no puedo soportarlo… deberías ver al hombre, nunca lo había visto tan desanimado.

—Estoy segura de que no tiene nada que ver conmigo —intentó persuadirla una vez pudo recuperar la voz luego del shock inicial.

—Tiene todo que ver contigo. Por favor, Kagome... solo un "hola" bastaría. Hazlo por mí —suplicó.

La joven sintió sus rodillas temblar, y no sabía que decir, así que tartamudeó cosas sin sentido mientras intentaba hacer conexión entre sus neuronas.

—Por favor… —repitió con la angustia grabada en su voz.

—Bien —susurró con un hilo de voz, cayendo sentada en la arena— Hablaré con él —accedió, sintiendo como su corazón empezaba a palpitar con fuerza.

Sango chilló del otro lado de la línea. Por un momento se sintió música y mucho ruido.

—Necesitamos salir de aquí —se escuchó decir a Sango seguido de una especie de queja de alguien más.

A los pocos segundos todo quedó en silencio, mientras la voz exigente de Sango chillaba algo sobre atender a una llamada importante.

—¿Hola? —bufó molesto, claramente esa era la voz de Inuyasha— Quien quiera que seas ahora estoy ocupado.

—Hola —susurró sin aire, el corazón le había dado un vuelco cuando escuchó su voz por primera vez desde que se habían despedido —Feliz año nuevo —fue todo lo que se ocurrió decir.

Un momento de silencio se extendió entre ellos, mientras su corazón se agitaba en su pecho y contenía inconscientemente la respiración en sus pulmones.

—¿Kagome? ¿Eres tú? —dijo con la voz temblorosa.

—Sí —una risa estúpida la atacó, intentando cubrir los nervios que castigaban sus músculos— Hola, Inuyasha.

—Pero, ¿cómo? Sango me dijo que no pudo contactarte desde que te fuiste. Incluso fui a tu casa, pero no estabas.

Aquella última declaración le provocó una calidez en el pecho que nunca había sentido.

—Ah sí… Para evitar a la prensa mi familia decidió irnos de vacaciones a casa de unos familiares que no veíamos hace tiempo —explicó— Al parecer ellos la pasaron peor que yo, teniendo que lidiar una semana entera con los periodistas curiosos acampando fuera de mi casa.

—Ya veo —murmuró comprensivo— Espero que estén disfrutando de las vacaciones —deseó sinceramente.

—Gracias… lo estamos pasando en grande.

Después de unas cuantas respiraciones largas, Kagome finalmente decidió romper el silencio que se había formado entre ambos.

—Oye —susurró con un hilo de voz— ¿Puedo preguntarte una cosa?

—Por supuesto. Responderé lo que sea —se apresuró a decir, haciendo reír ligeramente a la muchacha.

—En realidad necesito que me respondas dos preguntas, pero con la verdad, ¿sí? —el silencio del muchacho fue toda la afirmación que necesitaba —Uno: ¿crees que soy muy dramática? —preguntó dudosa— y dos: ¿te fastidia eso?

La leve risa distendida del muchacho la relajó.

—Uno: Puede que lo seas… solo un poco —susurró amablemente— y dos: de hecho me encanta como eres, no podría fastidiarme nada de ti.

Su voz sonaba tan sincera que a la muchacha se le saltaron uno o dos latidos, sus mejillas heladas por la brisa que corría en la playa se tiñeron de un color rosáceo, y de repente se olvidó de cómo respirar.

El silencio de la joven preocupó a Inuyasha.

—Oye…—la llamó— ¿Estas bien?

—Sí, sí. Está todo bien, sólo me sorprendió tu respuesta —exclamó avergonzada.

—Kagome…

—Dime.

—¿Crees que sería posible verte de nuevo?

Aquella pregunta le dio un vuelco el corazón, y las manos le temblaron. Aferró el agarre en torno al celular y pegó más el oído al mismo.

—¿Qué? —preguntó, insegura de haber escuchado bien.

—Quiero verte de nuevo —declaró firmemente.

—Yo… no creo que eso sea posible —tartamudeó en respuesta.

—¿Por qué? Por favor, solo una vez más… —suplicó, partiéndole el corazón una vez más a la joven.

—Lo siento, pero no.

No quería tener que despedirse de nuevo, la primera vez había dolido tanto que la herida ni siquiera había empezado a sanar todavía. No soportaría tener que hacerlo de nuevo, no podía verlo sabiendo que en algún momento decir Adiós sería inevitable.

Las luces del alba empezaban a pintar el cielo de tonos anaranjados y rosáceos, reflejándose en el mar. Kagome no pudo reprimir un sollozo ante la visión del amanecer. Sí, ciertamente no era lo mismo sin Inuyasha, lo tenía del otro lado de la línea pero no era lo mismo.

—Kagome, ¿qué pasa? No llores —exclamó afligido.

—No —negó— No es nada —murmuró limpiándose las lágrimas que se escapaban de sus ojos— Estoy viendo el amanecer en este momento. ¿Recuerdas que te dije que nunca iba a ser lo mismo sin ti?

No quería sacar a colación el tema, la conversación sobre lo que había sucedido la noche de Navidad no era algo que estaba lista para afrontar. Las palabras simplemente salieron de su boca antes de que pudiera pensar en lo que estaba diciendo. Inuyasha se quedó atónito, sorprendido de esas palabras.

—Sí, lo recuerdo bien —susurró con la voz temblándole.

—Yo… yo tengo que irme. Fue lindo hablar contigo. Suerte en tu gira —se apresuró a decir— Adiós, Inuyasha.

Esas dos últimas palabras la destrozaron. Eso era justamente lo que había querido evitar todo ese tiempo.

—Espera —exclamó con la voz rasposa, teñida con el dolor que se acrecentaba en su pecho— No quiero que las cosas terminen así. Por favor, dime que puedo hacer para arreglar todo.

Ni siquiera ella lo sabía, ¿es que acaso existía algo que le quitara ese dolor del pecho?

—No —susurró a punto de quebrarse— Adiós.

Antes de que el muchacho tuviera oportunidad de decir algo más, Kagome cortó la llamada y se abrazó a sí misma, en un intento por mantenerse en una sola pieza mientras juntaba todas sus fuerzas no quebrarse y llorar como bebé delante de toda su familia.

—¿Estas bien pequeña? —le preguntó su abuelo, al verla más pálida de lo normal.

—Sí, no te preocupes. Solo tengo algo de frio, me adelantaré e iré a la cabaña a tomar algo caliente —se excusó, sacudiéndose la arena de los pantalones.

—Ve con cuidado —le recomendó frotándole los brazos.

Ella le sonrió lo mejor que pudo y se giró sobre sus talones caminando rumbo a la cabaña en la que se estaban quedando con su familia. Se encerraría en su habitación a llorar antes de que el resto volviera de la playa.


Por más que lo intentó no pudo comunicarse de nuevo con ella, llamadas, mensajes, cartas… hizo todo lo que estuvo a su alcance para poder hablar con Kagome una vez más. Nada tuvo éxito.

Estaba a mitad de su gira, y cada vez se ponía más irritable, ansiaba poder volver a Tokyo para poder buscarla.

—Eres un imbécil —le reclamó Sango— No puedes irte del ensayo así.

—Ya estoy cansado de ensayar, es siempre lo mismo —se quejó.

Sango suspiró cansada, entendía lo que le pasaba al muchacho, pero esa no era excusa para tratar así a los demás, y mucho menos para saltearse ensayos y pruebas de sonido, cosa que hacia seguido últimamente.

—Lo bueno es que pones todo arriba del escenario, tus últimos shows son cada vez mejores —elogió, en un intento por levantar su ánimo.

Inuyasha sonrió ante esas palabras. Si… tenía sus motivos para tratar de ser cada vez mejor, y le alegraba sobremanera que su esfuerzo se notara. Si solo Kagome lo viera en uno de sus espectáculos… deseaba que ella lo viera, y se diera cuenta de que estaba poniendo lo mejor de él, por ella… No sabía con seguridad si su plan funcionaria, o si tenía sentido siquiera, pero quería intentarlo.

—Bien —bufó Sango, rompiendo el hilo de sus pensamientos— Puedes descansar por hoy, hablaré con todos.

—Gracias —susurró en respuesta.

Cuando la muchacha salió de su camerino, buscó su celular y se decepcionó al no tener ningún mensaje de Kagome esperándolo. No estaba dispuesto a rendirse todavía, así que tecleó rápidamente para enviarle un mensaje, por la hora era probable que aun estuviera en la escuela.

Hola Kagome. ¿Te llegaron las entradas para el show de regreso a Tokyo? Sé que aún falta un mes, pero me gustaría que fueras, puedes llevar a alguien de tu familia, o a alguna amiga. Espero que me escribas pronto, pienso en ti todos los días.

Inuyasha

Se sentía cada vez más desesperado por tener noticias de ella, incluso le había enviado boletos VIP para su último concierto, primera fila y al centro, y pases a camerino. Esperaba poder verla ese día, todas sus ilusiones eran destinadas a ese último concierto.

Creo que lo mejor sería que ya no me llames ni me dejes mensajes. Esto es difícil para mí, así que por favor ya no lo hagas. Gracias por los boletos, llegaron en el correo esta mañana, pero lamento decirte que no tengo intenciones de ir, deberías dárselos a alguien más.

Kagome.

Tecleó rápidamente una respuesta.

Por favor habla conmigo, debe haber algo que pueda hacer para que las cosas sean como antes. Solo necesito una oportunidad.

Inuyasha.

Espero nervioso por una respuesta que tardó varios minutos en recibir.

No hay nada que puedas hacer. Lo mejor es solo alejarnos, pasamos unos lindos días juntos, pero venimos de mundos diferentes, y no puedo lidiar con eso ahora. Este es el último mensaje. En serio lo siento, pero por favor ya no me llames ni me escribas. Suerte en lo que queda de tu gira, escuché que tus shows son increíbles, sigue así J

Kagome

Se sujetó a su silla tratando de no caerse al suelo, invadido por un repentino mareo. ¿Eso era lo que ella en verdad pensaba?

No quería aceptarlo, y tuvo que luchar consigo mismo en muchas ocasiones contra el impulso de llamarla. Puso todo de sí en los siguientes ensayos y conciertos, seguro de que si se distraía lo suficiente podría olvidarla con el tiempo.

"Ella no es tan especial después de todo", se decía a si mismo cada vez que el rostro de Kagome le venía a la mente.

Finalmente llegó el día del último concierto, en el teatro más grande de Tokyo. Inconscientemente o no, no había cancelado los boletos del centro de la primera fila, ni se los había dado a nadie más.

Se sorprendió de lo decepcionado que se sintió cuando subió al escenario y esos lugares estaban vacíos. Volcó todo el enojo, frustración y tristeza -que había intentado reprimir los últimos días- en su concierto.

Cuando las luces bajaron, y se quedó en la oscuridad siendo ovacionado por el público, se sintió realmente bien. Toda su banda de soporte se bajó del escenario.

—Vámonos de aquí —susurró Miroku, empujándolo fuera del escenario al notar que no se movía de su lugar.

Inuyasha no se pudo contener, tomó una guitarra acústica que se encontraba entre bastidores y corrió nuevamente al escenario.

—Oigan —gritó en el micrófono, todo el público gritó emocionado y los reflectores rápidamente lo iluminaron— ¿Quieren escuchar una canción más?

La gente gritó un fuerte "SI" al unísono, arrancando una sonrisa del joven, quien se acomodó la correa de la guitarra.

Sus músicos lo miraron confundido y él les hizo señas de que no los necesitaba. Los asistentes de sonido corrieron hacia él, trayendo un micrófono para la guitarra y un taburete para que se sentara.

—Esta canción la escribí hace poco, formará parte de mi próximo disco. Espero que les guste —explicó.

Empezó a tocar los acordes, cantando suavemente la canción que había escrito para Kagome en una noche de insomnio.

La canción hablaba de un amor que se alejaba de él, dañándolo, pero que a pesar de todo, haría todo lo posible por recuperar eso que tenían y que ella negaba.

Las mujeres del público suspiraron, y cuando terminó todos gritaron emocionados. Se sentía bien poder descargarse de eso que sentía en sus canciones. Se bajó del escenario y el resto fue historia.

La prensa no tardó en inventar historias sobre un romance secreto, y fue invitado a todos los programas de chismes. Siempre le hacían la misma pregunta: "¿Quién es ella?"

Su respuesta siempre era la misma, a pesar de que todo el mundo lo tomara con escepticismo: "No hay nadie en realidad, fue solo un soplo de inspiración. Pero no hay nadie especial en mi vida ahora"

Los meses pasaron, y poco a poco se le hizo más fácil ignorar el hecho de que ansiaba saber de Kagome, después de todo nunca más supo de ella.

Con el tiempo conoció a alguien más, con quien estableció una relación seria y empezaba a pensar seriamente en formalizar el asunto. Cuando le pidió matrimonio y ella aceptó, hizo una fiesta en su honor, su familia no estaba de acuerdo con su decisión pero nada podían hacer para que él cambiara de opinión.

Aún no habían elegido fecha para el casamiento, pero mientras se decidían por una fueron a elegir los anillos de boda. Inuyasha quedó petrificado al ver a Kagome en la calle, justo enfrente de la joyería.

—Lo siento cariño, recordé que tengo que buscar unas cosas aquí enfrente —le susurró a su prometida antes de cruzar corriendo la calle en dirección a la muchacha que se encontraba de espaldas a él.

Viejos sentimientos que creía enterrados lo golpearon en la cara, se acercó a ella con el corazón en la mano.

—¿Kagome? —preguntó, tomándola del hombro para girarla.

La muchacha lo miró entre asustada y sorprendida.

—¿Inuyasha? —chilló emocionada al reconocer a su cantante favorito.

—Lo siento, me confundí —se excusó alejándose rápidamente de la joven antes de que llamara la atención.

Era alta, delgada y con el cabello azabache como Kagome, pero no era ella. Es más, si la hubiese mirado un poco mejor no eran ni siquiera tan parecidas.

—¿Todo bien bebé? ¿Quién era esa chica? —preguntó su prometida cuando se juntó con ella en la joyería.

Ella lucía un enorme brillante en la mano, algo seguramente muy muy costoso. Inuyasha no reparaba en gastos, pero no pudo evitar recordar a la joven de ojos chocolates y su aversión por despilfarrar el dinero.

—Tenemos que hablar, Kikyo —le dijo seriamente— Vayamos a casa.

—¿Qué pasa cariño? ¿Acaso no te gusta? Podemos elegir otro —dijo refiriéndose al anillo, e intentando con todas sus fuerzas no dar el brazo a torcer, porque sabía lo que "tenemos que hablar" significaba, a pesar de que no quisiera admitirlo.

El muchacho no respondió ninguna de sus preguntas y se giró para salir de la tienda, ella rápidamente lo siguió a la calle.

—¿Bebé? ¿Qué ocurre? Puedes decirme lo que sea —murmuró nerviosa.

Él no decía nada, pero ella siguió insistiendo mientras hacían el camino hasta el auto de Inuyasha.

—Dime que ocurre de una buena vez —le exigió, cruzándose de brazos y golpeando el piso con sus tacones Gucci.

—Tengo algo serio de lo que hablar contigo, este no es el lugar indicado —explicó serenamente acomodándose tras el volante.

La mujer no se movió de su lugar y en cambio le lanzó una mirada molesta.

—Te exijo que me digas que diablos pasa contigo —chilló, llamando la atención de todos a su alrededor.

—Ya te dije que no es el lugar.

—Pues no pienso moverme de aquí hasta que me digas que pasa.

El muchacho suspiró cansado, aquella mujer estaba haciendo las cosas más difíciles de lo necesario. Desde el interior del automóvil abrió la puerta del acompañante.

—Sube —solicitó.

Ella no se movió de su lugar, y lo miraba con enfado mientras se paraba con una actitud altiva. Inuyasha observó a su alrededor, y todos los seguían observando.

—Bien —bufó, cerrando la puerta del auto— Si quieres hacer nuestra conversación pública es tu problema. Me di cuenta de que no somos compatibles como creía, lo nuestro se termina aquí y ahora —dijo con voz serena pero firme.

Se acomodó las gafas de sol mientras la mujer lo observa atónita por lo que acababa de escuchar.

—Hasta nunca —se despidió, arrancando el coche y alejándose de allí, dejando detrás de sí a una muchacha sintiéndose humillada por haber sido botada en público.

—Solo para que sepas, yo te dejo a ti —gritó, corriendo con dificultad detrás del auto— Me merezco algo mejor —chilló enojada.

La gente empezó a disiparse lentamente, mientras la muchacha jadeaba parada en la calle con una larga fila de vehículos detrás de ella.

—¡Oye bonita! Muévete de una vez —le gritó un hombre.

Mareada se dirigió hacia la acera, dejando que los autos circularan con fluidez nuevamente, se sentó en una banca y escondió su rostro entre las manos, deseando morir de la vergüenza.


Sango tarareaba feliz mientras hacía papeleo de oficina.

—Ya sé que estás feliz porque rompí el compromiso con Kikyo, pero al menos podrías ocultarlo mejor —gruñó molesto.

—Lo siento —se burló, sin podes borrar la sonrisa de su cara— Solo me alegro de que te hayas dado cuenta de que esa vividora no te merecía.

Tiró la bomba y rápidamente escapó de la oficina. Inuyasha resopló sintiéndose aliviado de haber tomado esa elección antes de que fuera demasiado tarde, y quizás solo un poco contento por ver a Sango con esa estúpida sonrisa pegada en el rostro.

Pronto habrían pasado 2 años desde la última vez que había visto a Kagome, y sin embargo la recordaba con tanta nitidez como si solo hubiera pasado un día.

Suspiró nuevamente, con pesar esta vez. Estaba seguro de que no podría olvidarse de ella del todo, pero tenía la esperanza de que en un futuro no muy distante sus propios sentimientos no lo traicionarían, ahora que al fin los había aceptado en lugar de tratar de ignorarlos.

Fin


Hola a todos los que llegaron al final de esta linda historia! :) Espero que la hayan disfrutado tanto como yo escribiéndola...

Realmente espero que no me odien por el final, hice lo mejor que pude, lo juro! Quise variar un poco mis historias con el típico final feliz y hacer uno con final incierto, ¿se encontraran de nuevo? ¿acaso finalmente se olvidaran el uno del otro? Quien sabe... cada una puede hacerse la idea que mas le guste :) jajaja

En fin... espero sus reviews...y nos vemos en la próxima historia con mi pareja favorita!

PD: Mi internet anda pésimo! Me dan ganas de tirar el módem por la ventana, disculpen si tiene algunos errores de ortografía, apenas acabo de terminarlo y quise subirlo antes de quedar sin internet de nuevo... xD