Impulsos, ¿quién diría que me ganarían de esta forma? El primer movimiento que se me ocurre es quedarme estático justo donde estoy, el segundo es ignorar a la chica que yace inconsciente en el suelo, ¿y el tercero? Acercarme a ella, con piernas de plomo, para asegurarme de que no se ha hecho daño.

Cada paso se siente más pesado. ¿Realmente soy capaz de lastimar a alguien de esta manera? ¿Por un deseo vano, soy capaz de dañar? Quería verte llorar, Tenten, llorar o sufrir o enojarte, pero en cambio hasta el final de la pelea me mostraste tu sonrisa más sincera. ¿Cómo lo haces, pequeña e insufrible molestia castaña?

Cayó en una posición muy conveniente, pues su cabeza cuelga del resto del escalón, evidentemente no se golpeó en esa parte. Aun así, el cuerpo seguramente debe dolerle, yo también me he caído de esas escaleras y sé de lo que hablo…

Una chispa de recuerdo me pasa por la mente. Hace catorce años, cuando tenía diez. Yo y mi padre en un día de visita a la residencia Hyuga. Estaba esperando impacientemente a que mi padre terminase su plática, recargado al lado de la pared del estudio de Hiashi. Mi padre, como siempre, acababa de tener una fuerte discusión con mi tío. Necio como sólo un adicto puede serlo, ¿cómo pretende que Hiashi lo tome enserio, si el alcohol le nubla los sentidos y apenas puede controlar su vicio en estos momentos? Recuerdo que por mi mente cruzó el pensamiento de que apenas y podría bajar las escaleras sin tambalearse, cuando lo vi salir fúrico del despacho de Hiashi.

"Quisiera que mi madre estuviera aquí" pensé en voz alta, recordando las épocas en que mi padre no bebía y mi madre me cantaba una canción de cuna antes de irme a dormir. Una sonora bofetada cruzó entonces mi mejilla, tan fuerte que terminé rodando escaleras abajo.

No te atrevas a decirlo otra vez, Neji – me dijo mi padre con voz suave pero claramente molesta. – No te atrevas a mencionar de nuevo a tu madre. ¿Dónde está tu orgullo, Neji? No quiero que hables de ella de nuevo, ¿me oíste? ¡Nunca! – dijo mirándome con dureza mientras continuaba su camino hacia abajo.

Recuerdo que en ese momento, deseé tener a alguien que me ayudara a ponerme de pie, pero nadie llegaría. Alcancé a ver dos pares de ojitos color lila mirándome desde las escaleras al tercer piso, pero ambos se camuflaron en la pared en cuanto se percataron de mi mirada.

Yo sólo quería alguien que me tendiese una mano, pero no me la darían. No tenía en claro la definición de "orgullo", pero comprendí que parte de éste consistía en sufrir y soportar dolor sin ayuda de nadie. Me levanté y seguí a mi padre abajo, sin despedirme de mi tío o mis primas.

Fue una dura lección, la más dura de todas: orgullo, Neji, orgullo ante todo.

Irónico que quería que sufriera ella, pero parece que ella tiene la protección del karma, mientras más daño intente hacerle, los impactos serán peores para mí.

Orgullo, Neji, orgullo.

No puedo hacerle daño para después arrepentirme por lo que hice, así que simplemente acomodo su cabeza entre mis brazos y la dejo sentada cual muñeca de trapo, recargada en la esquina de la pared. Es evidente que sólo se golpeó, pero le tomará algo de tiempo despertarse. Hinata y Hanabi no vuelven hasta dentro de unas horas, y el estrés me mata.

Subo las escaleras. Me quedo viendo a la chica molesta de lejos. Quizás la distancia me hace malas jugadas, porque a pesar de su inconsciencia, parece seguir sonriendo. Esto es el colmo.

Pronto, el mundo y todo las estupideces que hay en el desaparecen entre cuerdas y notas. Por fin un pequeño momento de paz. Cosas más raras que desaparecer en tu propio mundo feliz.

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Despierto arrullada por una de esas canciones que mi madre solía tocar sentada ante el viejo piano de la casa, aunque el sonido es un poco diferente. Me duele todos y cada uno de los huesos del cuerpo, tengo una jaqueca que martillea con insistencia mi cráneo y el aire del lugar se respira pesado.

El enorme ventanal que se cruza frente a mis ojos me indica que es de noche, y la incómoda postura y lugar en el que me encuentro muestran que ni Hanabi ni Hinata han regresado, y que Neji disfrutó con nuestra pelea mucho más de lo que hubiese siquiera imaginado, ¡es un auténtico sádico!

No, no lo es, me obligo a pensar a mi misma. Yo misma lo provoqué, yo misma me metí al ruedo, y finalmente Neji hizo lo que todo animal salvaje haría. Defenderse. Y como todo animal, tiene más fuerza bruta que moral o sentimientos.

De nuevo, esa paz que se siente de algún punto de la casa es mezclada con el aire pesado y tenso de hace un par de horas antes. Es la misma persona, con los mismos sentimientos humanos, pero intensificados, porque esta vez, también dejan ver dolor y parecen hechos para los recuerdos. Neji es una persona que vive de recuerdos.

A pesar del tremendo dolor que dejan ver, una nueva emoción, la cual conozco bien pero sale sólo a ratos comienza a apoderarse de mi. ¿Cómo se llama? Deseo de venganza, Neji. Te metiste con la persona equivocada, y la rabia entonces se aviva al recordar la forma en que Neji descargó un acceso de la suya propia en mi persona.

Respiro hondo y trato de hacer que la furia abandone mi cuerpo, pero no se deja, hasta que de mi cabeza surge un gran forma de desquitarme. Y está vez, no pienso fallar.

Claro, si es que consigo subir los escalones sin desmayarme del dolor a la mitad del camino.

Eternidades después logro llegar con un paso vacilante al cuarto insonorizado propiedad de Neji Hyuga. Es una sensación de deja vû muy curiosa, es algo totalmente conocido, y al mismo tiempo, algo totalmente diferente. Único. Esta vez pienso sorprenderlo. Me duele todo, pero no permitiré que se salga con la suya.

Es un plan que a muchos puede parecerle infantil, pero sé que eso le dará en donde más le duele.

Me recargo contra la pared y espero pacientemente a que termine lo que está tocando. No sé si pasan minutos u horas hasta que finalmente deja de hacerlo y recarga el violín con suavidad cerca de la pared. Se voltea y quedo cara a cara con él. Normalmente me intimidaría, pero reacciono más rápido que el miedo y clavo mi mirada en la suya, la cual brilla con sorpresa. Justo en el blanco.

– ¿Sorprendido, Hyuga-san? –

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"Si, mucho" responde la voz más sincera de mi cabeza. Estático. ¿Cómo fue que llegó aquí? Apenas y puede con el dolor, lo sé, esa sonrisa es falsa, sus piernas tiemblan y sus ojos tienen un poco de lágrimas almacenadas en ellos. Seguramente las llorará más tarde. Frustración. Es evidente que no lo hará enfrente de mí.

Furia. Mientras que una parte de mi se ha desvivido por verla en su estado más débil, ella sin el menor esfuerzo acaba de descubrir mi debilidad más grande.

– ¿Seguro que no te sorprende ni un poquito? No me lo hubiera esperado de ti.

Miedo. Su mirada no refleja enojo, sino el más puro deseo de venganza.

– Cállate – le respondo con un valor que en realidad no siento. – ¿¡Qué haces aquí!? – le grito acercándome a ella. – ¿¡No te deje en claro lo que te puedo hacer!?

– Supongo – me responde sobándose el codo distraídamente. – ¿Pero eso importa? No borrarás lo que acabo de ver y lo sabes. – Ahora o nunca. Momento de contra atacar.

– Claro. Los recuerdos nunca se borran, ¿a que no, Tenten? Creo que si sé a lo que te refieres. Dime – técnica de la ironía – ¿acaso es por los recuerdos que prefieres pasar las noches en vela? ¿Acaso temes que vuelvan a ti, ya sabes, esos recuerdos de pesadilla? –

Una pequeña sonrisa de satisfacción cruza mi cara cuando veo que su sonrisa comienza a apagarse. Aun así, será una oponente difícil.

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Peleas, peleas, peleas, ¡cállate maldito Neji! Me tiene harta, es obvio que sabe mis debilidades, pero no todas. Además, yo sé la más grande de las suyas. Estoy preparada para sus ataques, por mucho que duelan, puedo enfrentarlos.

– Quizás

– Aparte de fácil, cobarde – el aire comienza a volverse de color hormiga.

– Pues ya que hablamos de cobardes, creo que frente a mi tengo a uno que ni siquiera es capaz de admitir las cosas que le gustan. ¿Me equivoco?

Ahora es él quien queda mudo, pero tal parece que el privilegio de su silencio sólo lo disfrutan Hinata y Hanabi. Yo, por otra parte, tengo que soportar sus insultos y reproches. Me preparo para recibir más.

– Si lo haces. Lo que yo decida o no decida hacer es cosa mía, y ninguna pobre víctima – añado más veneno a mis palabras – tiene porque meterse en mi vida.

– ¿Sabes qué? Dejemos eso de lado. Hay una cosa que quiero aclararte…

– No, hay una cosa que yo quiero aclararte. Mi casa, mi vida, mis reglas. Agradece que tu accidente no pasó a mayores, así que aprende a callarte de una buena vez, chica fácil – me burlo más y más de ella. – Y si no lo haces, me temo que podrías no terminar tan bien como hoy. Ya sabes… yo no tengo ningún problema con eso de pelear contra chicas que insisten en actuar como chicos. Apréndetelo.

Esta discusión comienza a ser agotadora.

– Perfecto – le respondo ya harta del tema – déjame hacerte dos aclaraciones ahora, yo a ti, chico cobarde – está a punto de responderme, pero con mucha agilidad me acerco y amenazo su entrepierna con mi rodilla y le tapo la boca. Me agrada tenerlo así, dominado, impotente, por una vez con la boca cerrada. Fijo mi mirada sobre la suya. Esta vez se va a enterar.

– Que te quede claro – le digo furiosa – que el accidente no pasó, ¿me oíste? ¡Nunca pasó! Olvídalo, nunca nadie hablará de esto

– Parece que alguna vez estamos de acuerdo en algo– me contesta mientras se libra del agarre de mi brazo y me da un pequeño empujón hacia atrás.

– Tu reputación para con tus primas no me interesa, pero no permitiré que ellas crean que soy débil ante ti, Hyuga. No voy a permitir que piensen que puedes vencerme.

– Es irónico… ¿No te dejas amedrentar por mi, pero sucumbes con facilidad a una persona que no conoces?

– ¿Por qué siempre insistes en ponerme a mí como la mala de la historia? Yo no tuve la culpa de lo que me pasó, a estas alturas deberías entenderlo.

– Quizás no, pero aun así, es una vergüenza. Eres una persona demasiado descarada

– Te equivocas, como siempre, Hyuga. La vergüenza, ¿de qué? Si, fui víctima de una violación, ¿dónde está la vergüenza? No es algo por el que enorgullecerse, pero tampoco de avergonzarse. La vergüenza y la culpa pertenecen al violador, no a mí. Él que cargará con los recuerdos y el cargo de conciencia antes de morir será él y no yo. Mi único arrepentimiento es no haber sido más valiente, ¿sabes?

– Pues vaya extraña valentía que tienes, que no te da miedo enfrentarte conmigo.

– No me da miedo, porque tú no me das miedo. Me das mucha, pero mucha lástima.

Sus ojos se vacían. Touché.

Mi plan de venganza resultó ser todo un éxito, porque le di donde más le duele. Le di en su orgullo.

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Ese sarcasmo, esa ironía en su voz… ¿así que esa es su forma de desquitarse conmigo?

Es evidente que ella ya sabía donde darme, donde clavar el puñal. Justo en el único lugar que tenía al descubierto. El orgullo.

Nunca, ni en un millón de años, pensé en tener un enfrentamiento tan agotador con alguien. Quizás porque más allá del dolor físico que eso supuso, me obligo a replantearme mi situación y también la de las personas que me rodean. Nunca me había visto obligada a reflexionar tanto acerca de una situación, quizás porque sola las imágenes irracionales se apoderan de mi mente, pero con una persona a un lado, no puedo permitir que vea mi lado más débil.

Las cosas cambian, y yo también, pero la pregunta que me cruza en la mente es: ¿llegará a cambiar Hyuga Neji algún día? Mis pocos intentos por hacerlo siempre terminan en desastre. La poca comunicación que mantenía con él ahora es totalmente inexistente, ya ni se molesta en mirarme con odio, no le quedan fuerzas, ni a mí tampoco, para hacerlo.

Los surcos debajo de mis ojos han crecido bastante, cada vez me cuesta más conciliar el sueño, cada vez los miedos se vuelven más y más reales, sólo que ahora Hinata y Hanabi no lo notan porque me tomo la molestia de disimularlos con algo de maquillaje.

Las noches son largas, frías y pesadas, e incluso en la distancia, la tensión de Neji llega hasta mi y viceversa, se podría decir que puede cortarse como mantequilla.

Estoy llegando al límite de mis propias capacidades, y aunque yo misma no soporto a las personas débiles, estoy a dos de convertirme en parte de ese grupo de gente que se queja y lamenta noche y día. Muchas veces me dan ganas de hacerlo, ¿por qué no podría? No tengo un motivo específico por el cual ser fuerte, ni amigos, ni familiares. Nadie espera de mi una fortaleza, todos piensan que tengo el derecho a ser débil, pero cuando esos pensamientos comienzan a ganarme, no me dejo y recuerdo que debo ser fuerte por mi misma, sólo por mi, para que los demás encuentren en mi la fuerza que les falta. Quiero ser un ejemplo. ¿Aunque, qué tan lejos estoy dispuesta a llegar por ello? ¿Cuánto más soy capaz de aguantar?