Buenaaassss!!! Para compensar la tardanza del capítulo anterior y lo corto que era, hoy publico éste y además es más largo. Comentar que es más movidito y que es muy especial. Leerlo con atención plis.
Respuestas para….
Helen Nicked Lupin: hola!!! Remus-Lily siempre me ha convencido pero por motivos prácticos no voy a enredar más en ese asunto, lo siento. Creo que para entonces, Lupin ya no siente nada por Lily y que, en cualquier caso, no procede que se pongan a hablar de cosas que ya no tienen remedio.Muchas gracias por el review y espero que este capítulo te guste!!! 1 beso.
Ninniel: hola!!!!! Uyyy tema Peter…. Hoy no hablaremos de Peter, aunque éste va ser el más complicado de tratar…espero que no te defraude!! Me alegro muchííííísimo que te gustara el capítulo!! Muchas gracias por los ánimos!!
Agradecer como siempre a Thaly Potter Black y Amby-Broken (bienvenida!).
Música para hoy… Insurrección, con Miguel Ríos y El último de la Fila.
CAPÍTULO ONCE: Insurrección
Albus Dumbledore paseaba por su despacho circular bajo la atenta mirada de Fawkes. Si las cosas seguían según sus cálculos, Voldemort estaba tramando algo más que una simple guerra. Hasta donde él conocía al Lord (y podía presumir, sin miedo a caer en la soberbia, de ser el que mejor le conocía), Tom no iba a detenerse por unos cuantos muggles. Dumbledore tenía la sensación de que en el fondo tanto ir y venir de mortífagos no eran sino señuelos dejados con poco interés para mantener ocupada la atención del ministerio y la Orden. Lo cierto era que los miembros de la Orden comenzaban a sospechar también de que algo más grande estaba sucediendo.
Lo malo de Dumbledore, era que tenía una idea más o menos coherente de a qué se estaba dedicando Ryddle. Había mantenido una conversación con Horace Slughorn hacía unos días, a cuenta de Tom, y el tema "Horrocruxes" había surgido de forma sutil. Dumbledore había dejado caer la palabrita con poco interés, observando detenidamente la reacción de su amigo. Se vio claramente que Slughorn no estaba preparado para semejante encerrona, y su cuerpo tembló ligeramente. Como buen mago que era, se repuso rápidamente y el tema se diluyó en un montón de palabrería barata.
Ahora, Albus Dumbledore paseaba por el despacho, más preocupado que antes. Sabía que Voldemort sabía cómo crear Horrocruxes, y lo peor es que no tenía idea de cuántos pensaba hacer, o cómo o dónde o con qué. Una corazonada le decía que ése era el objetivo del Lord, y en su fuero interno deseaba con toda su alma que no fuera así, y que algo le detuviera.
Sin embargo, sabía que eso era imposible.
Tom Ryddle odiaba a su padre por ser muggle, y a su madre por ser tan débil. Tenía el extraño trauma infantil que le llevaba a cumplir una venganza contra todo lo que él odiaba por el simple hecho de no convencerle para sí mismo. Lo que es lo mismo, odiaba los defectos que él mismo tenía. Un mestizo hijo de un muggle y una casi squib (tal y como Dumbledore había conseguido averiguar) quería defender y luchar por la pureza de sangre. No me hagas reír. Aquella farsa saltaba a la vista que era una absurda tapadera. Pero claro, todo el mundo lo apoyaba porque nadie sabía la verdad.
Fawkes miraba a su dueño con comprensión, como si supiera todo lo que estaba pasando por su cabeza. Dumbledore se sentó de nuevo en su escritorio, apoyando ambos codos sobre la mesa, dejando caer la mirada por el pensadero.
Había algo que debía conseguir para asegurarse de que estaba en lo cierto.
¿El problema principal?. Que Horace Slughorn no dejaba entrar en su mente a cualquiera.
Kingsley Shacklebolt intentaba inútilmente limpiar una mancha amarilla de sus zapatos nuevos. Llegaba media hora tarde al ministerio y últimamente la red Flu iba cada día peor. Atascos, retrasos, equívocos… la gente se había vuelto completamente loca.
Aquella mañana le tocaba colarse en el departamento de Control de Criaturas Mágicas y robar impunemente el borrador de control de licántropos. Así de sencillo. Llegar, saludar al ministro, colarse en un departamento que no era el suyo, abrir todos los cajones, meter tres metros de pergamino entre su ropa y marcharse. Bufaba con aspereza mientras se ataba los cordones, imitando a Alastor, maldiciendo la hora que alguien decidió que Dolores Umbridge era una estupenda promesa para la política mágica.
Desgraciadamente, aquella mujer no les estaba dando todavía ni la mitad de los problemas que les daría en los años siguientes.
La puerta del cuarto se abrió, y un golpe seco de madera le hizo alzar la vista. Ojocolo se alzaba en el umbral, con su recién estrenada pierna de madera, mirándolo todo con su ojo mágico, la boca torcida y el pelo revueltísimo.
-Llegas tarde-sentenció con voz grave. Kingsley alzó una ceja, burlón.
-Y tú no vas a ninguna parte-señaló la túnica que Moody llevaba y éste se miró de arriba abajo, frunciendo el ceño.
-Yo tengo trabajo que hacer.
-Tú estás de baja, patapalo-le enseñó los dientes en actitud de mofa y se levantó. Alastor bufó como él mismo lo había hecho instantes antes y le siguió por el pasillo.
-Alguien tiene que cuidar de los chicos…-protestaba a voz en grito.
-Los chicos son mayores ya-rebatió el otro. Alastor insistió, tozudo.
-Los chicos son unos insensatos y tú lo sabes. Todavía no tienen claro que esto no es el colegio- Kingsley se volvió contra él y Alastor tuvo que frenar en seco para no chocar.
-Entonces debes dejar que sean ellos quien se den cuenta. Tú no eres su Dumbledore extraescolar.-siguió su camino sin hacerle más caso.
-¡¡Mira lo que pasó con Edgar!!-gritó Moody cuando el negro entraba en la chimenea. Ahora sí, lo detuvo. La figura imponente de Shacklebolt giró dentro de la chimenea y se acercó a su amigo con el rostro crispado.
-Lo de Edgar fue una carnicería, y tú lo sabes. No hay motivos para pensar que todos vayamos a acabar así, y no hay garantías de que nadie nos salve. Tú ocúpate de que no te maten en un callejón y aprende a caminar sobre una tabla-más que hablar, escupía. Ojoloco retrocedió- Quédate aquí o vete donde te dé la gana, pero fuera de estas paredes todos somos responsables de nuestra suerte.
Volvió a girar y ahora sí, desapareció tras las llamas verdes.
El ministerio estaba abarrotado, como siempre. La gente iba y venía de un lado a otro, sin mirar a nadie en concreto, visiblemente asustados. En el ascensor coincidió con Arthur Weasley, cuya nariz iba inmersa en un fajo de pergaminos. Kingsley tosió discretamente y Arthur alzó la vista. Sus miradas se cruzaron solo un momento, antes de que los dos volvieran a concentrarse en puntos distintos del ascensor, y los que viajaban con ellos no notaran nada.
Kingsley abandonó el ascensor en la cuarta planta, y cuando las puertas estaban a punto de ser cerradas, Arthur hizo lo propio.
Se siguieron a cierta distancia, nunca inferior a dos metros, mientras el pelirrojo conservaba la nariz enterrada en pergaminos. El auror, sin embargo, caminaba con cierto aplomo sin más dilación. Arthur giró a la derecha, internándose en un pasillo vacío, mientras sacaba hábilmente una botellita de entre los papeles y la depositaba en una estantería que adornaba el corredor con miniaturas de bestias disecadas.
Kingsley avanzó un poco más sabiendo que nadie le seguía, antes de mirar el reloj y preguntarle a quien primero encontró por allí.
-¿A qué hora llega el responsable de Coordinación de Elfos domésticos?- el desconocido se encogió de hombros y siguió su camino. Kingsley dio media vuelta y se internó en el pasillo que Arthur acababa de abandonar.
Cogió la botella, la metió en el bolsillo, y siguió camino al departamento de control de Licántropos. Dejó caer el tarro en el pasillo, mientras un hedor dulzón envolvía el recinto. Las personas que se encontraban en el pasillo no notaron nada, mientras sus miradas perdían reflejos y se adormecían con lentitud. Todas permanecieron de pie, puesto que así nadie que pasara a lo lejos notaría nada raro. El auror siguió su camino entre la multitud, como si la cosa no fuera con él, sin prestar atención a la niebla invisible que lo envolvía.
Entró en el despacho pertinente y sacó la varita mientras pronunciaba el hechizo:
-¡Accio borrador Licantropía!-una carpeta salió de un archivador oculto tras un tapiz y se coló bajo la capa de Kingsley. Dio media vuelta y se dispuso a salir.
Con paso grandioso y un movimiento de varita, se deshizo del hechizo del pasillo, mientras la gente volvía a su estado normal y él limpiaba, sin mover los labios, los restos del frasco de poción que Arthur Weasley le había proporcionado.
El pelirrojo llevaba un rato en su lugar habitual de trabajo, rellenando informes y más informes, cuando la puerta se abrió y Rufus Scrimgeour entró con paso decidido.
-¡Weasley!-exclamó mientras le rodeaba con sus largos brazos.-¿Por qué no me lo dijiste antes?
Arthur parpadeó, asustado. Acababa de colar una poción externo-desvanecedora que había comprado a una curandera chiflada apellidada Lovegood en un puesto callejero dentro del ministerio, y teniendo en cuenta los tiempos que corrían, las cosas no estaban para cometer irregularidades. La imagen de su mujer presa de la furia lo asustó aún más, mientras se preguntaba dónde se había metido.
-¿El qué?-consiguió decir, aterrado.
-¡¡Vas a tener otro hijo!!
Arthur soltó un suspiro de alivio infinito, mientras se relajaba y recuperaba su color habitual. Sonrió para sí mismo, volviendo a pensar en su esposa. ¿Lo ves, Molly?. Soy un hombre de acción.
No pudo evitar una mueca de asco cuando empujó la puerta del portal. Su hijo no debería vivir en un lugar así. No era digno de ello. Claro que seguro a su nuera le encantaba y él había accedido.
Augusta se apoyó en el pasamanos con miedo, mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad del número 15 de Palm Street, una calle completamente muggle y completamente vacía, donde vivía su único hijo, Frank. El ascensor rechinó con furia mientras la mujer apretaba los dientes, aguantando todos los insultos que se sabía.
Llamó al timbre con decisión, y la puerta no tardó en abrirse.
Alice, con su cara redonda y sus ojos saltones, la miró con fingido entusiasmo.
-¡¡Hola!!-exclamó con voz aguda. Torció el tono para gritar con más fuerza.-¡Mira qué sorpresa, Frank, tu madre!-le lanzó una mirada furibunda a su marido y desapareció en el interior de su casa.
-¡¡Cariño!!-exclamó la señora Longbottom.
-¡¡Mamá!!-gritó él lanzándose a sus brazos.-¡Cuánto tiempo!
-Sí, solo hace 25 horas que estuvo aquí-gruñó Alice por detrás. La señora Longbottom la miró con furia. Frank se volvió, sorprendido.
-Alice, cielo…-intentó con suavidad.
-Detecto que no soy bien recibida aquí-dijo su madre con aspereza, mirando a su nuera de arriba abajo.
-Pues no, señora-respondió Alice. Frank ahogó un gemido asustado. Nunca Alice se había enfrentado a su madre, a pesar de lo mal que se llevaban.-Da la casualidad de que su hijo está en las mismas perfectas condiciones de ayer, aunque no lo crea. Esperaba que después de casi un año casados, pudiera darse cuenta de que sabe cuidarse solo.
Augusta entrecerró los ojos, airada, antes de volverse a su hijo, pidiendo auxilio.
-¿Crees que no te dejo espacio, Frank?
Lo peor, y lo mejor, que podía hacer Frank en ese momento, fue lo que hizo: dudar.
Su madre lo vio titubear y ardió de pies a cabeza.
-¡Jamás en la vida creí que mi propio hijo renegara del cariño de su madre!-chilló con toda su potencia verbal.
-¡¡Mamá!! Yo no he querido decir eso-Frank se interpuso entre su madre y la puerta- Solo que creo que no hace falta que pases todos los días por aquí. Ya has visto que estamos bien…-alzó las cejas, intentando parecer conciliador- ¿no?
Su madre resopló, todavía furiosa.
-Tomaré eso como que no soy bien recibida, de nuevo-apartó a su hijo a un lado y salió de la vivienda.
Frank se volvió a Alice, atónito. La joven seguía cruzada de brazos, en actitud desafiante.
-¿Por qué has hecho eso?
-¡Porque algún día teníamos que hacerlo!-replicó.- Tu madre me trata como una estúpida y a ti como a un crío. ¡Estamos en guerra, sabemos cuidarnos, y tú no pensabas pararle los pies!
-Alice…-él la cogió por los hombros-Es mi madre…
-Yo también tengo madre y no por ello se pasa aquí todos los días…-insistió. Frank la miró con poca convicción.-Además, no podemos seguir así. Si ahora que estamos bien viene todos los días… ¿Qué será de nosotros cuando nos pase algo?
-¿Y qué va a pasarnos, Alice?-quiso saber él. Se cruzó de brazos, como ella.-No me gusta que seas tan catastrofista. No tiene por qué pasarnos nada malo…
-No estoy diciendo que lo que nos vaya a pasar sea malo…-terció ella bajando la voz. Entonces, él la miró fijamente, sin comprenderla.
-¿Qué quieres decir?-escudriñó su mirada, preocupado y ella bajó la vista, temblando de pronto. Llevaba diez días mirando incansablemente el calendario. Llevaba tres días sin dormir y empezaba a estar realmente cansada. Sus nervios estaban a flor de piel y finalmente le había contado sus dudas a Lily. Su amiga había puesto una mueca de horror que no había servido más que para confirmar sus sospechas. Ahora, debía dar un paso importante, y la verdad es que hubiera preferido hacerlo en mejores condiciones, pero las cosas no les estaban dando opción a nada más.
Tomó aire, para alzar la cabeza y mirar fijamente a su marido.
-Estoy embarazada.
Frank abrió los ojos, atónito, y la miró como si la viera por primera vez. Parpadeó, confundido, con las manos alrededor de sus hombros, tragando saliva.
-¿Qué?-dijo cuando Alice estaba a punto de morirse de la congoja. Ella se sintió súbitamente ruborizada y asintió débilmente. Entonces, él la estrechó entre sus brazos con fuerza, enterrando su rostro en el pelo de ella, acariciando la cabeza y la espalda, murmurando una y otra vez de forma incansable: Te quiero, te quiero, te quiero….
Alice esbozó una sonrisa tímida, ahora mucho más tranquila, respirando con normalidad.
-¿Estás seguro?-preguntó débilmente.
-¿Cómo no iba a estarlo?-le cogió la cara con ambas manos, besándola con energía-¡¡Eso es maravilloso!!. Ahora entiendo que no quisieras tener a mi madre tanto por aquí, pero… ¡Tengo que decírselo!
Ante la cara de descontento que puso ella, Frank soltó una carcajada y le pegó frente con frente.
-Tranquila, creo que podrá esperar hasta mañana….-Alice asintió mucho más contenta, y le devolvió el beso, sintiéndose completamente renovada.
-¿Se lo has dicho a alguien más?-preguntó él al cabo de un rato.
-Tuve que hablar con Lily… estaba de los nervios…-soltó una risita, recordando el momento en el que se había citado con Lily en un bar del barrio.
Le había mandado una nota muy breve, diciendo que tenían que hablar de algo muy importante, y esa misma tarde, nada más sentarse frente a un humeante té, se lo soltó:
-Creo que estoy embarazada-la cara de Lily había sido un poema. Primero, fue el grito de sorpresa, luego, el abrazo de amiga-tía-me encantan los niños, y después, la verdadera Lily: ¡Alice, estamos en guerra!
Luego, tras analizar bien la situación, la pelirroja se llevó ambas manos a la cara, sonrió de oreja a oreja y exclamó, eufórica:
-¡¡Vas a tener un hijo!!
Sin embargo, Alice notó un brillo de alarma en los ojos de su amiga, que sacudió la cabeza con energía, como apartando malos pensamientos de la cabeza.
Ahora, abrazada a Frank con todas sus fuerzas, besándose sin importarles nada más, Alice sonreía para sí, pensando en Lily y sus propias preocupaciones…
Concretamente, la pelirroja paseaba nerviosamente de un lado a otro del cuarto de baño de la planta baja de su casa. De vez en cuando, chasqueaba la lengua y se apoyaba en la puerta, cerrando los ojos con fuerza, como si quisiera desaparecer.
Al cabo de un rato que podían haber sido unos simples segundos, James llamó a la puerta.
-¿Estás bien?-preguntó preocupado.
-mmm… si, ahora salgo…
-Llevas hora y media ahí dentro, lo sabes ¿no?-James abrió la puerta, mirándola de arriba abajo, como esperando encontrar un mortífago o al propio Voldemort-¿ Qué hacías?
Lily se encogió de hombros.
-Pensar
-¿Pensar?-James la siguió por el pasillo, sin comprender.-¿Y para pensar necesitas encerrarte en el baño? Siempre habías podido pensar en cualquier parte…
Lily le lanzó una mirada asesina, sin replicar. James soltó una sonrisa y la abrazó por detrás, apoyando su barbilla en su hombro.
-¿Quieres hacer algo especial hoy?
Lily no respondió.
Fue en aquel momento cuando el búho de Alice entró por la ventana de la cocina y dejó caer un trozo de papel arrugado. James alargó una mano, sin soltar a su esposa, y lo recogió.
Con la letra torcida y maltrecha de Frank, había solo cuatro letras.
Voy a ser padre.
Ahora sí, James soltó a Lily, brincando de la sorpresa.
-¡¡Un hijo!!. ¡¡Alice está embarazada!!-se pasó la mano por el pelo, revolviéndoselo, emocionado. Abrazó a Lily, eufórico.-¡Eso es lo mejor que podía pasarnos!
-¿Lo mejor?-inquirió ella, dudosa.-¿Con una guerra a la vista?
-Oh, vamos, siempre nos viene bien un poco de alegría¿no?. Además, nos encantan los niños…
-¿Nos?
-Claro.-sonrió- Los de los demás-le dio un beso en la frente y cogió una pluma- Voy a contárselo a Canuto, seguro que hasta ladra de contento…
-¿No crees que no es buen momento?-insistió la chica.
-¿Para qué?-él se detuvo un instante.-¿Para escribir a Sirius?
-No… para tener hijos-dijo con un hilo de voz.
-¿Por qué?-dejó la pluma en la mesa- Se casaron porque se querían y era una tontería dejar pasar el tiempo. Esto es lo mismo. Si no es la guerra, serán otras cosas. La posguerra, la edad, la pobreza. Pero lo que cuenta, Lily- volvió a besarla, esta vez en los labios.-es la ilusión que tengas. Éste es un momento como cualquier otro. Sobrevivirán.
Lily suspiró, derrotada.
-Está bien…
-¿No vas a felicitarla?-ella se encogió de hombros.
-Yo ya lo sabía…
James sonrió, ladeando la cabeza. Escribió una nota rápida para Sirius y se la dio a su propia lechuza.
Entonces, fue cuando vio a Lily con la mirada perdida, completamente ausente.
-¿Va todo bien?-le rodeó los hombros con un brazo, atrayéndola hacia él.-¿Sigues pensando que no está bien que vayan a ser padres?.¡Seremos el tío James y la tía Lily!
Ella no sonrió.
-Las cosas no están como para andar cuidando de niños, James. ¿Y si pasa algo?. ¿Y si morimos?. ¿Y si uno de los dos muere?. ¡No soporto la idea de perderte y tener que…
Sintió la mano de James atenazada en su hombro, y su mano deteniendo su boca, completamente enfrentado a ella, mirándola con intensidad.
-Para el carro-exigió súbitamente serio.- ¿Qué estas intentando decirme?
Su mirada era severa. Lily se sintió ruin. Nunca le había visto así, tan maduro, tan serio, tan preocupado. Cerró los ojos, muerta de miedo, mientras susurraba, sin mirarle.
-Que tú también vas a ser padre
Y James explotó.
Explotó de júbilo, con un brillo tan intenso en la mirada que Lily abrió los ojos, alarmada. Sentía sus manos alrededor de su cintura, calientes y temblorosas, que se deslizaron hasta su espalda, atrayéndola hacia él con una fuerza sobrenatural. Hundió su boca en la de ella, ansioso. Le revolvió el pelo mientras el beso crecía. La sujetaba con fuerza contra su pecho para evitar perderla. Necesitaba que estuviera ahí, que aquello no fuera un sueño, que no iba a despertar.
Se separaron cuando los dos sintieron que les faltaba el aire.
Se miraron unos instantes, antes de que él se volcara sobre ella, levantándola del suelo, y dar una vuelta sobre sí mismo con ella en brazos, sin decir una palabra, solo mirando sus ojos verdes, perdido en el infinito que le proporcionaban.
Cuando por fin pudo hablar, lo hizo con la voz ronca, falto de aliento y embebido de felicidad.
-¿En serio?
Y sin darle tiempo a contestarle, la besó de nuevo, mientras ella asentía.
No hubo más palabras mientras volvían a desnudarse, esta vez sin prisa, sobre la mesa de la cocina, con el corazón súbitamente más grande, y una tremenda emoción en el fondo de sus pupilas.
Abrió la puerta del armario de la sala de duelos como una exhalación y recorrió la estancia a grandes zancadas, gritando a pleno pulmón:
-¡¡¡VAMOS A SER TÍOS!!!
Sirius alcanzó a Remus y Peter y los miró sonriendo de oreja a oreja. Peter frunció el ceño, extrañado, pero Remus abrió la boca, comprendiendo. Pegó dos saltos en señal de victoria y se abalanzó sobre sus amigos, abrazándolos a ambos a la vez. Sirius y él comenzaron a soltar una serie de gritos de alegría, mientras Peter, sin terminar de entender del todo qué estaba pasando, los dejaba hacer.
Emmeline Vance, que estaba peleando con un boggart transformado en Dolohov, los miró extrañada mientras hacía desaparecer a la criatura.
-¿Qué está pasando?-preguntó acercándose.
Desde el otro extremo de la sala llegó Hestia, jadeando pero sonriendo.
-¿Ya os habéis enterado?-preguntó con efusividad. Sirius asintió enérgicamente con la cabeza, mientras Emmeline pasaba la vista de uno a otro.
-¿De qué hay que enterarse?
-¡¡¡Alice está embarazada!!!-gritó Jones, emocionada. Peter soltó un grito de júbilo.
-¡Alice está embarazada!
Remus, sin embargo, frunció el ceño, alzando una ceja.
-¿Alice está embarazada?-preguntó extrañado.
Sirius, molesto, puso fin a la discusión gritando con todas sus fuerzas:
-¡¡LILY ESTÁ EMBARAZADA!!
Hestia se llevó ambas manos a la boca, ahogando un gemido:
-¿Lily está embarazada?
Y Emmeline, aún más confundida, intentó aclararse a sí misma.
-¿Las DOS están embarazadas?
-LAS DOS-respondió una voz grave desde la puerta. Ojoloco acababa de entrar con cara de enfadado, como siempre. El grupo enmudeció. Alastor se acercaba cojeando, soltando maldiciones, hasta llegar hasta ellos y mirarlos con reprobación. Parecía a punto de soltarles un discurso como si fueran críos de colegio, pero abrió ambos brazos y sonrió.
-¡¡Hay que ir a darles la enhorabuena!!
Y toda la orden se pudo en pie, con el puño en alto, gritando hurras y vivas.
Así fue como, tres días antes de Navidad de 1979 la Orden se apareció conjuntamente en la puerta del número siete de la calle del Sauce en el valle de Godric, interrumpiendo una íntima celebración. Atónitos, los dueños de la casa no tuvieron otra que dejarles pasar y cuando, un par de horas más tarde, los Longbottom se presentaron allí sin tener ni idea de lo que estaba sucediendo, el entusiasmo fue apoteósico.
Bien entrada la madrugada, medio metro de nieve cubría las calles del pueblo, con la primera nevada de aquel invierno. Ante la imposibilidad de salir fuera y mandando al carajo todas las preocupaciones, todos se atrincheraron allí dentro, durmiendo tirados en la alfombra del salón, bombardeando a Lily y Alice con posibles nombres para sus futuros retoños.
La Nochebuena de 1979 fue la más especial que la Orden recordaría años después.
Todos los miembros se citaron allí sin ninguna excusa, siempre con la alerta permanente que Alastor les había impuesto, mandando hacer aquí y allá, señalando con su recién estrenado bastón.
Cuatro pavos rellenos de manzana asada se cocinaban simultáneamente en sendos hornos mágicos mientras cinco sartenes freían sin cesar, dirigidas por la mirada apremiante de Molly Weasley, quien se había unido a la fiesta portando un niño en cada brazo. De vez en cuando, dirigía miradas de reojo a la cocina, asomando la cabeza levemente, sin soltar a Fred de la mano derecha ni a George de la izquierda, dándoles la cena a la vez, mientras gritaba a diestro y siniestro, vigilando a sus otros hijos:
-¡¡Charley, no metas la mano en la chimenea!!
-¡Bill, deja de esconderle la pierna de madera a Ojoloco!
-¡¡¡PERCYYYYY!!!!!!.¡Sal ahora mismo de debajo de la mesa!
Arthur se quedó sentado en el sillón mirando el disco de villancicos que Lily había puesto en su tocadiscos, mientras se preguntaba cómo los surcos se transformaban en música.
Hagrid hizo una aparición estrella mediante un traslador, portando un enorme abeto bajo el brazo y dos bolsas llenas de regalos. El abeto se colocó en una esquina, tapando el horario de turnos de guardia y la lista de miembros caídos. Los regalos se lanzaron debajo del mismo, para aumentar el montón ya existente.
Dumbledore entró por la chimenea, triunfal, vestido con una túnica roja y verde, y tocado con un sombrero que un vendedor ambulante le había vendido diciendo que se parecía a Santa Claus.
Tres cuberterías distintas (una era del cuartel, la otra de Alice y la otra de Hestia) bailaban sobre la mesa, mientras los cubiertos se intentaban organizar ellos solos distribuyendo el espacio. Peter los dirigía con la varita desde un taburete, pero cuando Charley llegó a asustarlo tapado con una sábana negra fingiendo ser un dementor, los cuchillos se asustaron y se colocaron en el lugar de las cucharillas de café, con consiguiente enfado de las mismas.
Diggle empezó a sacar platos del armario de la despensa, mientras los lanzaba por el aire a Mary Mcdonald, que consiguió cogerlos todos al vuelo, para alivio de Emmeline, que cada tres segundo pasaba por debajo llevando una copa en cada mano.
Amelia llegó vestida de vivos colores y con tres cajas de hidromiel casero, que su hermano pequeño le había mandado con motivo del próximo nacimiento de su primera sobrina.
Remus intentó decorar el árbol de Navidad con poco éxito, y Sirius se dedicó a cambiar todos los adornos de sitio mientras el licántropo no miraba.
En la chimenea, los pergaminos procedentes del ministerio, firmados por la trémula letra de Dolores Umbridge prohibiendo a Remus trabajar como un ser humano normal, ardían sin ningún tipo de remordimiento, mientras Kingsley los miraba a la vez que brindaba por sí mismo, satisfecho del éxito de la operación.
Los Longbottom llegaron a pie, cubiertos por una fina capa de nieve que comenzaba a caer, llevando botes de nieve artificial que acababan de comprar en la tienda de la esquina, y que acabó esparcida encima del abeto tapando unos adornos bastante grotescos que Percy había realizado en el jardín de infancia.
James Potter, nada más llegar un poco más tarde, colocó un hechizo de nieve mágica sobre la mesa, que se disolvía antes de llegar a la cabeza de los comensales. Claro que como la cabeza de Hagrid quedaba por encima de las demás, al poco rato el semigigante tuvo que quitarse toda la capa blanca de la coronilla.
Lily corrió a auxiliar a Molly en la cocina y la mujer, por todo agradecimiento, le colocó a ambos gemelos sobre las rodillas. Los niños no hicieron sino tirarle del pelo y obligarle a hacer muecas constantemente. Veinte minutos después, la idea de la maternidad había dejado de resultar atractiva para la pelirroja y ambos críos corrían con total libertad por toda la casa, persiguiendo mini-renos voladores que tito Sirius había hecho aparecer solo para fastidiar a Emmeline.
La cena discurrió tranquila, mientras al menos la mitad de los presentes no quitaban ojo de las botellas de hidromiel de Amelia, preguntando incesantemente cuánto quedaba para el postre.
El humeante pavo fue servido entre halagos y exclamaciones de enhorabuena y el que más y el que menos, repitió, aunque nada más hacerlo se arrepintiera de ello al ver la doble ración que Molly acababa de servirle.
Resultó que Sirius pasó toda la cena palmeando la espalda de Remus, haciendo que éste se atragantara cada dos por tres, sin cesar de repetir:
-Pero el padrino soy yo¿no?. El padrino soy yo.
James no soltó la cintura de Lily en ningún momento. Es más, interrumpía una ardua discusión sobre quidditch solo para volveré a ella, besarla hasta ahogarse y retomar el hilo de la conversación como si nada hubiera sucedido.
Ante el inicial temor de haber sentado a Frank El Silencioso frente a Dumbledore El Imponente (como Sirius los había llamado al ver la combinación), dio la casualidad que la paternidad de Longbottom no sólo le había iluminado la mirada, sino que parecía haberle dado ganas de recuperar veinte años de silencio, y acabó resultando un agotador conversador.
Alice, que al principio estaba temerosa del nuevo Frankie (aún recordaba la reacción de Augusta cuando se enteró de la gran noticia), olvidó rápidamente sus preocupaciones y brindó unas veinte veces por el nuevo Potter, y respondiendo a los otros tantos brindis que se hicieron en honor de su propio hijo.
Molly, la que más avanzado tenía su embarazo, solo llegó a la mitad de las copas, con las mejillas completamente sonrosadas, cantando al ritmo de los villancicos mágicos que Ephias Doge había hecho sonar.
Cuando parecía que Sirius iba a morir de un ataque de risa, se puso súbitamente serio y dio dos palmadas pidiendo silencio. La mesa calló, sorprendida ante la interrupción, pero cuando lo vieron ponerse en pie, la atención se relajó, y todo el mundo se hizo una idea bastante aproximada de lo que iba a suceder.
Black cogió su copa (tuvo que rellenarla previamente pues estaba vacía) y la levantó por encima de los demás.
-Estoy seguro de que todos sabéis lo que voy a decir¿no?-los miró y asintieron.-Entonces¿para qué decirlo?.-levantó la copa aún más y mirando al cielo, exclamó¡¡Por nuestros mini-Potter y mini-Longbottom!!.
Hubo varios aplausos, pero fueron callados por el súbito chirrido de la pierna de Alastor al ponerse en pie. Todas las cabezas se volvieron hacia él, sorprendidas. El auror los miraba con su ojo mágico, como si fuera a decir algo terrible, y Sirius se sentó, asustado. El silencio fue sepulcral.
-Hace un año no hubiera dado un sickle por vuestras cabezas-recorrió la mesa con la mirada y Dumbledore asintió, dando a entender que estaba muy al corriente de este pensamiento.- Ahora tengo que quitarme el sombrero ante lo que os habéis convertido. Habéis luchado y habéis sobrevivido, aunque todos hemos muerto un poco.-hubo un asentimiento general.-Pero lo que cuenta es que seguimos aquí. La Orden del Fénix no se rinde. La Orden del Fénix no descansa. La Orden del Fénix no ha hecho más que comenzar. Estoy orgulloso de vosotros.-alzó también él la copa bastante alto y todos se pusieron en pie.- Para que consigamos crear para nuestros futuros miembros ése mundo en el que todos los niños deberían crecer.
Como una sola persona, todos apuraron su copa a la vez, para terminar aplaudiendo las palabras del auror que, emocionado, tuvo que volver a sentarse, momento que aprovecharon Fred y George para robarle el bastón e intentar quitarle a Percy su juguete nuevo.
Tres horas más tarde, el calor dentro del piso era sofocante.
Los cinco niños dormían a pierna suelta en el cuarto de invitados y el salón rebosaba papel de regalos procedentes de los paquetes, que habían sido abiertos en su totalidad. Tres juegos de sábanas de bebés marcaban tres territorios dedicados a los próximos niños: la zona Weasly, donde más juguetes había; la zona Longbottom, donde más libros sobre plantas había; y la zona Potter, que rebosaba detalles de quidditch.
Los cuatro Merodeadores descansaban tumbados en la cama de Remus, mirando por la ventana la nevada que había convertido Londres en una ciudad algodonosa y callada. Estaban en silencio, sin mirarse, disfrutando de la presencia de los demás, intentando retener para siempre en su memoria los detalles más mínimos de esa noche.
Aún sentados a la mesa, Frank intentaba convencer a Dumbledore que las gafas redondas eran mucho más prácticas que las de media luna, interrumpidos por los constantes ronquidos de Hagrid, que se había quedado dormido sobre el hombro de Kingsley, cuyo rostro empezaba a amoratarse del esfuerzo que estaba haciendo para no derrumbarse por el peso del gigante.
En la terraza, Lily y Alice intentaban coger los copos de nieve con las puntas de los dedos, mirándose sonrientes, sabedoras del momento eterno que estaban viviendo.
La música siguió sonando durante varias horas más, hasta que las fuerzas les abandonaron totalmente, y uno por uno, los que ya no vivían allí, regresaron a su hogar con el corazón henchido de esperanza.
Lejos de allí, una figura completamente vestida de negro, se arrodillaba frente a un imponente sillón tapizado de verde oscuro. Las luces de la habitación permanecían apagadas, pero por las ventanas desprovistas de cortinas se colaba la luz de la luna, iluminando el rostro apuesto y pálido del hombre que permanecía sentado. Miraba por encima del hombro, con la barbilla alzada en actitud de desdén, al otro que permanecía en el suelo.
-Mi señor..-al vasallo le tembló la voz al referirse a él con tanta proximidad- Vengo a comunicaros una gran noticia…
-¿Para mí o para ti, Lucius?
-Todo lo que sea buen para mí lo será para usted, mi Señor.-no se atrevió a alzar la vista, pero el labio le tembló ligeramente al darse cuenta inmediata de la envergadura de lo que estaba a punto de notificar: Voy a tener un hijo.
Y Lord Voldemort rompió a reír con una carcajada diabólica que heló la sangre de Lucius Malfoy, pues acababa de comprender que había vendido a su hijo al ser más desalmado que mundo podía conocer.
Notas: Holaa!!!!!!! Bueno, como ya he dicho antes, este capítulo es más largo. He disfrutado muchísimo escribiéndolo (solo me ha costado dos días) y espero que vosotros también leyéndolo.
Comentar… bueno, este es un capítulo especial porque incluye las grandes noticias del año: los embarazos de Alice y Lily. 1980 va a ser un año movidito debido a esto, y a nuestros personajes se les está acabando la paz. Como véis, las reacciones han sido parecidas pero diferentes: Frank y James están encantados, aunque Lily es bastante reticente a ser madre.
Para el resto de la Orden, son buenas noticias. Les da esperanzas para seguir adelante y los merodeadores están muy ilusionados. (mini-potter y mini-longbottom fueron apodos puestos por el propio Sirius, está claro xDD).
-El robo en el ministerio. Creo que faltaba un poco de acción y no es hasta más tarde cuando el borrador de Umbridge (que asco le tengo a esta mujer…) se hace efectivo… pues porque Kingsley lo echó a la chimenea aquella navidad xDDD.
-Creo que Dumbledore llevaba mucho tiempo pensando sobre los Horrocruxes cuando finalmente se lo contó a Harry (esto lo pienso yo y lo deduzco de una conversación incluida en el DH), pero mantenía la esperanza de estar equivocándose. No recuerdo si se comenta cuándo consigue Dumbledore el recuerdo de Slughorn, ése que está modificado¿Alguien podría decírmelo?. Como podéis ver, aquí ya tiene intenciones de poseerlo, pero todavía no lo tiene.
-Ouhh… Draco Malfoy a la vista. Suma y sigue. xDDDD Bienvenidos al baby boom del mundo mágico…
Música. Insurrección. Creo que todo el mundo la conoce: abre mi alma y déjame en paz. Quiero intentar no volver a caer.Pequeñas tretas, para continuar en la brecha… me siento hoy como un halcón llamado a las filas de la insurrección… ¿Por qué? Pues porque en medio de la guerra, ponerse a traer hijos al mundo es una insurrección contra el destino; Porque la Orden del Fénix no tiene miedo.
Espero que os haya gustado y que no me deje nada de comentar…
Nos vemos en el próximo!!!
Besos, Nicole.
P.D. :¿Os imagináis la cara de Alastor Moody si a alguien se le ocurre llamarle Patapalo? xDDD No lo pude resistir…
