EL NIDO DE LA SERPIENTE

XI. QUEBRAR

Sentía la tensión previa al asesinato flotar en el aire. Abraxas estaba a su lado demasiado (incluso se veía sospechoso) concentrado en un libro cuya portada es una joven bruja de túnica desgarrada fuertemente abrazada a un robusto hombre. Más allá la cabeza morena de Stynx compartía apasionadamente saliva con la de Rodolphus. Giro los ojos. De repente Abraxas levanto la cabeza y puedo ver que Stynx se despegaba (literalmente) de Rodolphus junto con un sonido desagradable sonido de succión. Sí, todos habían sentido el quemar del las hebillas de los puños de las túnicas. Era la hora.

Una explosión fortísima, suena afuera. Se pierde entre en tumulto y en menos de lo que canta un gallo todos tienen puestas sus túnicas negras y las máscaras de metal.

Spica acaricia la suya con la punta de los dedos y siente el frío metal contra su piel y se estremece. Mira a su esposo y vuelve a odiar esa repulsiva máscara que a su gusto es burlesca. Demasiado. Una broma de mal gusto usar un antifaz que parece reír solo para matar y torturar. Gritos y chillidos se escuchan afuera. Todos salen y empiezan a lanzar maldiciones. Por fin escucha la excitada voz de Stynx lanzar un crucio. Luego a Rodolphus un silencio y mortal Avada Kedabra. El se llevaría la gloria de la primera vida sesgada de el que seria el primer ataque formal de los mortifagos, en pleno Callejón Diagon.

Spica no ataca. Apenas mueve la varita. Aturde gente, pero no mata ni tortura. Le teme. Su primera victima será un hombre que le embiste. Lo aturde y golpea irremediablemente contra una pared de adobe. Un hilillo de sangre le sale por los oídos y ella se convence de que le ha matado. Y luego la voz siseante de su Tom. De Lord Voldemort. Llena la Calle y a ella parece que se le encoge el corazón.

Habla de un nuevo orden. De la limpieza de la sangre. De la supremacía del sangre limpia. Y ahora, dichas así, con la sangre invisible manchándole las manos se pregunta si es lo correcto.

Pero aun así a una orden de su nuevo Amo (¿nuevo? ¡El siempre ha sido su Amo!) Levanta la varita y con el orgullo de una mujer sangre limpia (o eso dice Abraxas) levanta su brazo y grita

-¡MORSMORDRE!- un vapor verde sale de su varita y el símbolo que aterrorizara a generaciones venideras se forma sobre sus cabezas. La serpiente enroscada en su calavera flota sobre ellos. Mira a Tom (que ya no es Tom). Algo se rompe inevitablemente en su alma. Atrás quedaron los años en que le susurraba que lo quería. Ya nunca volverán sus gemidos de éxtasis cuando la penetraba. Ya no le dirá que la quiere. Se odia por haber sido tan estúpida. Tan ingenua. Tan enamorada.

Un vidrio se estalla en la vidriera que esta a su lado y un largo trozo de cristal (de donde aun se adivina un trazo de letra) cae frente a ella. Se agacha y lo recoge. Se siente frío contra su mano sudorosa. Lo levanta y hace un largo corte en su antebrazo. Le duele horrores pero lo hacer una y otra vez. Cuando ya es suficiente lo deja caer y lanza un falso grito de agonía. Explica a las carreras que es un Diffindo mal lanzado. Abraxas dice que le quedara una cicatriz.

Ya no hay remedio.

Ni para la sangre derramada. Ni para la cicatriz. Ni para el corazón hecho añicos.