Capítulo XI. Hechizo.

- Marin… ¿Qué haces aquí?

La joven, decidida caminó hacia él y le abrazó por el cuello con fuerza. El santo estaba muy sorprendido para reaccionar, se quedó inmóvil y a la expectación.

- Aioria, me alegra que estés bien, estaba tan preocupada por ti.

Fue hasta ese momento que escuchó su voz que reaccionó y entonces le correspondió el abrazo con igual intensidad.

- Marin, había estado pensando tanto en ti – siguió abrazándola, no quería dejarla ir, fue entonces que notó la temperatura de su cuerpo, se separaron entonces – estás algo fría.

- Lo sé, el clima por aquí no es muy amigable.

- ¿Cómo me encontraste? Nunca te dije a donde iba – preguntó extrañado.

- Fue difícil averiguarlo pero, es una historia larga – le tomó la mano – ven, hay una especie de templo muy cerca, allí podemos pasar la noche, hace un poco de frío.

- Un temp…¿lo encontraste? ¿dónde? Llévame allí – respondió el de leo con urgencia.

Ella se encaminó por delante para que él la siguiera; se adentraron en la montaña una vez más y no pasó mucho tiempo para que llegaran al templo. La construcción estaba casi en ruinas, el frente aún conservaba su fachada pero el paso del tiempo era evidente, parecía algo grande, tal vez de 2 cámaras.

"Pero…fue muy fácil de encontrar, juraría que había pasado por aquí" fue lo primero que le pasó por la mente al santo de Athena.

- Vamos adentro, debe tener una cámara donde alojarnos – sus palabras sacaron de sus pensamientos a Aioria quien asintió y la siguió.

En efecto, al fondo del templo había una habitación en condiciones decentes, estaba tan oscuro que solo con la poca luz de luna que se lograba filtrar por algunas grietas en el techo se alcanzaban a distinguir sus siluetas.

- Quítate ese peso, debes estar cansado de caminar todo el día.

Aioria le hizo caso y dejó su armadura en el piso cuando logró reaccionar a sus palabras y volteó hacia ella.

- ¿Cómo sabes que estuve…?

- No digas más… - no dejó que terminara la oración y le tapó la boca con una mano.

En la oscuridad no podía distinguirla bien, tampoco pudo sentir cuando se acercó a él y solo sintió cuando lo tomó por la nuca, le acercó a su rostro y lo besó en un sutil roce. El joven se quedó inmóvil a lo sucedido, nunca pensó que sucedería, no después de lo pactado. Estaba sorprendido pero no negaba que complacido.

- Marin…¿qué haces? – le dijo al momento de separarse levemente – lo que hablamos antier…

La joven se acercó a su oído y le susurró seductoramente.

- ¿Es que a caso no me amas, santo de Athena?

Esa voz seductora penetró en su cerebro como un hechizo y respondió al instante "sí". Ella hizo una mueca de triunfo, buscó de nuevo sus labios y los aprisionó con furia esta vez. Leo no se resistió más y le correspondió. Mientras más intenso el beso, menos conciencia de sus actos tenía, sentía solo un deseo ardiente de poseerla. En medio de ese frenesí la llevó contra el muro, la besaba con desesperación, sus manos comenzaron a acariciar sus muslos de una forma brusca y pasional y fueron ascendiendo por su silueta. La fémina le mordió el labio inferior y le hizo sangrar al mismo tiempo que dejó escapar un gemido de placer. Le rasgó en dos el lino de su prenda y le desnudó el torso, la lujuria brilló en sus pupilas, con una lengua afilada recorrió su pecho hasta su cuello mordiéndole y haciéndolo gruñir en éxtasis, pero entonces Aioria comenzó a sentirse extraño, comenzó a sudar frío.

- Ma…Marin…tú no…eres así – articuló con dificultad en medio de aquél extraño placer.

La mujer volvió a susurrarle al oído - ¿No me amas? – y volvió besarlo apasionadamente.

Esa voz volvió a resonar en su cerebro y la lengua de su amante en su boca volvieron a encender esa lujuria en él. Fueron al piso, Aioria sobre ella comenzó a acariciarla con más libertad. Pero entonces volvió a sentir un punzante dolor en su cuello y sobre su espalda percibió como unas uñas afiladas se encajaban en su carne haciendo un sendero y un gruñido de dolor salió de su garganta. Ese dolor lo despertó momentáneamente del trance, sintió aquel frío cuerpo bajo sus dedos y se detuvo, pero era tarde, la cabeza le daba vueltas y su vista estaba totalmente nublada, sintió que sus miembros se debilitaban y cayó sobre ella sin fuerza.

- Ya eres mío – una hueca voz espectral le dijo al oído.

Le dio la vuelta para colocarse sobre él. Aioria a duras penas lograba divisar la silueta de esa mujer en la oscuridad mientras sentía como se abrían heridas en su torso hechas por afiladas uñas.

- Ma…rin… - A punto de perder la conciencia, pronunció su nombre - ¡No! ¡Leo, ven a mí! – exclamó.

La caja dorada en la esquina del cuarto comenzó a brillar como el sol y se abrió para revelar la sagrada armadura de Leo. El destello cegó a la mujer haciéndola retroceder y vistió a su portador.

Aún aturdido, Aioria buscó en la oscuridad a la figura escondida.

- ¡Sal ahora mismo! ¡¿Quién eres?! – exclamó con furia.

De pronto sintió unos dedos fríos acariciarle el rostro – Soy yo, tu amada Marin.

Volteó hacia donde estaba ella dispuesto a atacar pero vio la máscara de plata de Marin en un parpadeo y detuvo su puño. Entonces sintió como si hojas de acero cortaran la carne de sus muslos y se dolió. Estaba mareado, no podía sacar esa extraña voz de su cabeza y comenzó a sudar en frío una vez más. "¿Es que no me amas?" " Soy yo, Marin" era lo único que retumbaba en su mente en un eco interminable.

- ¡Silencio! ¡tú no eres Marin! – su sangre comenzó a hervir de rabia y comenzó a elevar su cosmo, cerró sus ojos para concentrarse.

Entonces alguien lo tomó del rostro, abrió los ojos y la vio claramente, vio a su guerrera de plata frente a él.

- Aioria…soy yo.

- Marin – fingió caer una vez más.

Con una mano le apartó el cabello para descubrir su cuello e inesperadamente la tomó por el apretando con fuerza.

Ella comenzó forcejear en vano.

- Agghh… Aio…Aioria – comenzó a faltarle el aire - ¿Por…qué? …Agghh…soy Ma…

¡Cállate! ya me harté de tus juegos, vas a decirme quien o que eres y quien te envió o te despedazaré con mis manos – La ira brillaba en la esmeralda mirada del león dorado.

De pronto, la figura de Marin comenzó a distorsionarse y se convirtió en una espesa bruma negra que se escapó del agarre del león.

Cuando respiraba y caminaba sobre esta tierra, fui una hechicera al servicio de mi señora Hécate – retumbó una voz vacía que iba y venía alrededor de todo el lugar – me he vuelto muy fuerte gracias a todas esas almas de aldeanos que he devorado, pero si obtengo la tuya, seré invencible.

El santo escuchó cada palabra y una expresión de rabia cruzó su rostro.

- Ahora he resurgido de los abismos con esta nueva vida otorgada por aquél que reina sobre la muerte – dijo en medio de una carcajada.

- ¡¿Qué has dicho?!

- Él pronto vendrá y ustedes sufrirán – le susurró al oído.

- ¡Lightning Plasma! – apuntó su puño dorado hacía la espesa bruma y logró asestarle un golpe haciéndola chirriar.

- Aioria, ¿Por qué? Yo te amo – con una voz prestada y llena de pesar le habló a sus espaldas.

Cuando volteó volvió a ver a Marin que estaba herida y sangrando y volvió a vacilar en atacarla. Se quedó parado, expectante, con los puños apretados y agitada respiración, sabía que era una ilusión pero no podía levantar el puño contra aquello que tenía forma de la mujer que amaba. En ese momento recordó las palabras que su hermano una vez le dijo: "Aioria, cuando dudes, recuerda que la verdad está en tu corazón".

- Tienes razón hermano – musitó.

Levantó su puño a la altura del pecho de la falsa Marin y la miró severamente.

- Tú nunca serás ella, ¡Lightning Plasma!

Su puño brilló y su ataque atravesó el cuerpo de la mujer quien volvió a tomar la forma de espesa neblina mientras profería un horrible grito de muerte y antes de desaparecer en medio de aquel brillo dorado profirió una maldición.

- Yo te maldigo, Aioria de Leo, que el pesar de la muerte caiga sobre ti y esa mujer que amas.

- Patrañas, tus maldiciones no me asustan.

Todo había terminado, se dio media vuelta dispuesto a abandonar aquel templo y regresar a casa, no le importaba que fuera media noche ni las heridas abiertas en su cuerpo, lo único que quería era pisar el Santuario y tenerla en sus brazos una vez más.

CONTINUARÁ...


Hola, hola, aquí para reportarme con el cap. 11. Gracias por sus reviews, gracias a Heidi G. en google por darme una sesión terapéutica para recuperar mis feels jajaja, ya estoy en eso, voy por buen camino, el mal trago ya pasó.

Espero les agrade este capítulo, es cortito, lo sé. La hechicera devora almas, bueno, quien conoce la franquicia Fate o vio unlimited Blade Works sabrá que la referencia salió de Caster.

La carne es débil, ¿verdad Aioria? XDDD y ahora estás maldito U_U.

Nos leemos pronto, Bye-bye.