DISCLAIMER:

Los personajes son de la gran señora Meyer, yo solo los utilizo para dar vida a esta historia.


Cap. 11.- México.

- Cómprame un celular. – repetí por novena vez.

- No, Bella.

- Cómprame un celular.

- No, Bella.

- ¿Por qué no?

- Porque, uno; mañana nos vamos a México y no hay tiempo de ir- empezó. -, y dos; te lleve al parque de diversiones, un pedido a la vez, Bella.

- Cómprame un celular.

- No.

Seguimos así durante todo el camino, e incluso al llegar, no recuerdo con exactitud cuántas veces le pedí que me comprara un celular pero sé que lo harte, se veía en su cara.

- Bella, no me pidas un celular porque no te lo daré.

- ¡Muto!- Le grite, y lo era, tanto que no sabría que significaba.

- Cálmate, muggle. - Dijo de pronto. Dio la vuelta y empezó a subir las escaleras y doblar para llegar a mi cuarto, y atrás yo le pisaba los talones.

- Espera- dije dándole la vuelta. -, como sabes lo de muto.

- Leo, Ángel. - dijo sacando una maleta y una mochila y abriendo el closet. - Lo hago para entretenerme, tengo una biblioteca enorme con miles de ellos.

Esas dos palabras bastaron; "biblioteca enorme", tome a Edward por los hombros y le exigí que me digiera en donde se encontraba esa biblioteca, el me dio las indicaciones y yo salí disparada hacia la dirección que me dio. Camine y pase puerta tras puerta hasta encontrarla, la abrí y juro que mis ojos se humedecieron, brinque de la emoción y grite con todas mis ganas. Era hermoso, estaban todos los libros que había leído, los que me encantaban y los que no había leído. Pero había un libro en especial, uno que apagaba el esplendor de los demás, acomodados en medio de los otros se encontraba la trilogía de "Cincuenta Sombras de Grey", sin pensarlo dos veces, corrí hacia ellos y tome el primero, inhale su aroma embriagante y me senté en uno de los sillones para leerlo. Y lo leí, y leí, y leí, lo hice hasta que Grey dijo: "A la mierda el papeleo", hubiera leído más, de no ser por Edward que me quito el libro.

- ¿Que te pasa?- cuestione.-, dame el libro.

- Eres muy joven para leerlo.

- Pero tengo veinte y tres.-dije recordando la edad con la que me había presentado.

- Claro.

Se acerco a mí, me quito el libro y me envió al cuarto mientras metía los libros a su cuarto. Yo murmuraba frases como: muto, mundi, mundano, hijo de Umbrige y mas. Edward reía atrás mío. Metía con furia la ropa a la mochila, por primera vez, tenía en mis manos el libro que todo el mundo había leído salvo yo, y Edward tenía que joderlo. Acabamos de meter todo el equipaje a las ocho, para ir únicamente una semana era demasiada ropa, podría vestirme con toda esta ropa semana y media, o tal vez mas. Nuevamente, por la ausencia de Leah, Edward encargo pizza para cenar, anqué no me quejaba, adoraba la pizza, le debía mucho a los italianos. Mientras comíamos, Edward me hablaba, pero lo ignoraba, no le hablaría hasta que me prestara el libro.

- Bella, Bella, Bella por dios- gruño Edward-, es solo un libro. - yo lo ignore y le di otra buena mordida a mi pizza.

- ¿No me hablaras?- cuestiono, yo negué y termine de comer mi pedazo, me levante y subí a mi cuarto para lavarme los dientes y Edward me llamo varias veces pero nuevamente lo ignore, pero al parecer no se rindió ya que sentía sus pasos atrás mío. Como lo hice tiempo atrás cerré la puerta en su cara y le volví a dar en la nariz.-, esto es costumbre tuya. - dijo agarrándose la nariz ahora roja por el golpe.

Yo lo volví a ignorar, entre al baño y me empecé a cepillar los dientes. El espero recargado en el marco de la puerta esperando a que terminara, y al hacerlo Edward volvió a hablarme, diciéndome que hacia una riña por un libro y que era muy infantil de mi parte. Yo solo camine al closet y saque la pijama que Edward me compro en Montana y volvía a entrar al baño cerrándole la puerta en la cara. Al terminar, Edward seguía al frente de la puerta, resople y pase a un lado de el pero me detuvo.

- Suéltame. - exigí.

- No hasta que dejes de portarte como una niña malcriado.

- ¿Me prestaras el libro?- pregunte.

- No, Bella, eres muy joven.

- Entonces no me pidas nada.- dije soltándome de su agarre y caminando a la cama.

- Bella...

- Largo, muggle.- ordene. El salió de mala gana y yo me acosté, pensando en las posibilidades de entrar a su cuarto para robar el libro. Solo que tenía que levantarme antes que él.

Al abrir los ojos me di cuenta de que no era de noche, mas bien, ya era tarde, me levante de un salto y camine de puntillas al cuarto de Edward, trate de abrirla pero tenía seguro. Mierda. Debía buscar otra manera de sacar el libro. Debía buscar la llave.

- ¿Se te perdió algo, Ángel?- Dijo Edward.

- Nada que te interese.- Masculle y camine a mi cuarto para cambiarme.

Me cambie y después Edward me llamo para desayunar, seguí sin hablarle pero al parecer ya no intentaría convencerme. Al terminar, me puso a lavar los platos mientras el bajaba las maletas, trate de subir por el libro diciendo que quería ir al baño pero Edward le volvió a poner seguro a su cuarto. Baje refunfuñando y murmurando insultos literarios. Subimos al auto y en el transcurso al aeropuerto estuve jugando con la ventana, pero esta vez Edward no me dijo nada. Estando en el aeropuerto, creí que tardaríamos más de lo que esperaba en tomar el avión pero no fue así, después de cinco minutos Edward me indico que lo siguiera con todas las maletas, el solo se llevo dos mochilas, las acomode para que no se cayeran y lo seguí. Al frente mío, Edward me indicaba que lo siguiera, por lo que me di cuenta, solo iríamos el y yo, como pude subí las maletas y una azafata las acomodo. Me senté y busque que hacer, era claramente obvio que no podría jugar con la ventana esta vez.

- ¿Trajiste un libro?- Le cuestione.

- Hay uno en esa mochila, Ángel. - Dijo apuntándola y sacando su celular.

- Si es el de Hush Hush ya lo leí, Edward...- dije ya que creí que sería ese por lo de ángel, pero no era ese libro, en el interior de la mochila estaba el libro de cincuenta sombras. - Edward...

- Léelo, Ángel. Así no tendré que tener la plática contigo. - Bromeo. Me quite el cinturón y salí a abrazarlo. - Bien, ya entendí tu amor, pero ya siéntate, Bella.

Obedecí y esperamos las indicaciones del capitán. No recuerdo con exactitud cuánto tardamos, pero sé que tomamos tres, creo, y en el transcurso de esos vuelos yo devoraba el libro pagina, mis expresiones entretenían a Edward al parecer, pero, ¡que masoquista era Grey!, en definitiva leería toda la trilogía, y luego iría a ver la película.

Para cuando me di cuenta de que habíamos llegado a México, yo ya había terminado el libro, al levantar la vista me di cuenta de que; a) estaba en un taxi, b) estaba recargada en el pecho de Edward y c) obviamente estaba en México. Mire por la ventanilla y la calle era iluminada por los mil y un colores de los hoteles, puestos y casas, se inhalaba el aroma de los platillos típicos, que deleitaban mis fosas nasales. No tardo mucho para que llagáramos a un enorme hotel. Edward saco las maletas y yo las mochilas y entramos. No tardamos mucho para que nos entregaran, para mi suerte fue el primer piso. Yo me adelante con la llave y subí, al abrir el cuarto grite con todas mis fuerzas el nombre de Edward, la habitación era grande sí, pero con una sola cama. Edward subió con las maletas y dijo:

- Bienvenida a México, Bella.