Capítulo once
Fue tan impreciso que por un momento no supo si estaba o no funcionando, el olor golpeándolo debajo de la nariz y todo su cuerpo vibrando; pero se retenía de alguna manera que no creyó posible que existiera. Por momentos Sherlock notó que John lo necesitaba y realmente tenía que hacer algo ante esa situación, sin embargo su parte racional se aferraba a él y con ello había logrado llegar hasta donde lo había hecho. John dejó de aferrarse a su mano con violencia y ante eso Sherlock se alejó un poco, ante la niebla que cubría la mente de John probablemente ni siquiera lo había notado, sin embargo se contenía y contenerse era algo que le hacía sentir incómodo.
No tenía la libertad que había pensado, sin embargo esa libertad se perdía únicamente cuando John estaba presente. En cualquier otra situación, con cualquier otro omega, Sherlock se encontraría bien. John en ciclo era algo que su cuerpo y mente no podía controlar; el alfa se apoderaba de él y le demostraba que, pese a todo, aún aspiraba a un compañero. Aún aspiraba a mantenerse al lado de John.
Fue muy evidente que surtía efecto al notar como los ojos de John comenzaban a retomar cordura, la dilatación comenzaba a ser normal y su pulso estaba bajando considerablemente al punto que sus manos dejaron de calentarse con John. Probablemente no conocía de sentimientos, pero sí que conocía de química y todo lo que involucraba a esta.
También notó que, tal vez, estaba haciendo las cosas más difíciles para John. Así como Sherlock era alentado a actuar irracional, John había sido alentado por su acercamiento a ese calor. Todos eran víctimas de las circunstancias. Sherlock lo era, John lo fue.
Su mano fue totalmente liberada y Sherlock se alejó, bajó la mirada y notó que John continuaba en calor, la diferencia residía en que ahora el olor dejaba de ser tan penetrante y la bergamota fue más suave. Como una suave caricia en la mejilla. Algo que esperaba de John. Sherlock pensó que, tal vez, podría quedarse un poco y ver el proceso en el que un omega entraba cada vez que salía del calor… Sin embargo se imaginó que John desearía estar solo.
Alejarse de ahí fue algo que toda su mente y cuerpo esperaban con anhelo, de alguna manera deseaba hacerlo desde el momento que puso un pie cerca de la puerta. No era nada contra John, simplemente toda su persona lo necesitaba, tanto el alfa como él no estaban listos para lo que fuera a suceder.
No era el momento. No era el tiempo, no las circunstancias, ni siquiera el lugar.
Todo lo que concernía a John era algo que le importaba; de alguna manera tenía que ver con su naturaleza alfa, por otra parte no podía desacreditar el hecho que le había interesado. Su mente consideró todo de John y finalmente llegó a la conclusión que estaba interesado en mantener una relación. No necesitaba de la relación alfa-omega, su yo aceptó que simplemente mantener una estrecha relación de compañerismo bastaría. Por su puesto, el alfa estaba bastante bien con mantener la relación que tendrían que mantener.
Respirar en la mansión era casi imposible, el olor de la bergamota dulce y agria y a la vez, suave, sin embargo le alteraba y le provocaba ansias, si eso fuera poco necesitaba un caso, algo en que ocupar su mente (además de John). Siendo sincero estaba ABURRIDO, todo lo de John era importante, pero estaba aburrido.
Su mente reclamaba protagonismo, y Sherlock realmente quería darle lo propio. Tomando en cuenta que el calor de un omega duraba d días podría marcharse, resolver un caso y regresar por John para llevarlo a Baker, su departamento.
Al mirar por el pasillo se encontró a Camyl, ella estaba sentada en el último escalón de las escaleras de caracol; parecía tener un remordimiento y no tenía que ser genio (aunque lo era) para saber que Camyl nunca tuvo la información de quién sería el alfa de John y que, a su vez, nunca tuvo opinión sobre el tema. Probablemente ella era la menos importante en todo lo que se hizo con su propio hijo. Todo esto llevó a Sherlock a pensar, ¿cuánta información desconocía sobre los omega? Aunque ya se lo había preguntado un montón de veces no encontraba respuesta, algo le decía que las cosas no eran tan simples y que debería investigar el tema.
Camyl se levantó del escalón y lo miró críticamente, rápidamente llegó a una conclusión. -No se unieron. -Soltó ella suavemente, como si aún no analizara la información o no hubiera llegado de forma adecuada a su cerebro. -¿Por qué? -Ella pareció llegar a la conclusión que no podía entender bajo sus propios medios.
Aunque el tema ya no tenía que ver con Camyl, Sherlock respondió. -No era el momento.
Para él la respuesta parecía lo suficientemente adecuada, por esa razón no entendía porque Camyl lo miró como si no pudiera creerlo.
Entonces ella le miró comprensiva y soltó. -¿Hay un momento?
Fue algo tan astuto que Sherlock se sorprendió. Para él sí que había un momento, un tiempo, lugar y circunstancia indicada para unirse a John. No se trataba de querer un momento especial, sólo quería que fuera suficiente para ambos, no solo para él o para John.
-Lo hay.
-Y es evidente que no era este. -Soltó Camyl suavemente; pareció llegar a una conclusión y esa conclusión la hizo feliz o tal vez menos culpable. -Cuida de John. Tal vez seas tú lo que él necesitará.
Cosas que Sherlock odiaba era la ambigüedad, odiaba a la gente ambigua, más si se trataba de mujeres; un campo que aún no exploraba y que tampoco deseaba explorar. Tal vez por esa razón John fue de los omegas que Sherlock consideró apenas conoció.
-No lo sé señora Watson, puede que termine siendo su peor opción.
Camyl se encogió de hombros. -Ya eres su peor opción, pero tal vez no la incorrecta.
Evidentemente esa mujer era de cuidado, se veía igual de descuidada que cualquier otra persona común, sin embargo ya le había sorprendido dos veces. Sherlock la miró como si no la hubiera visto antes y después asintió. Realmente, ¿qué más podía hacer? Probablemente mucho más, pero en ese momento sólo ocupaba la cuarta parte de su mente y el otro tanto estaba de vacación con el aroma de John; realmente tenía muchos pensamientos y entre ellos estaba: 'Toma a John, es tuyo'.
-John la necesitará en algún momento. Debo irme. Me reti…
-¿No puedes controlarte por más tiempo, cierto? –No tenía que contestar eso, ni siquiera hizo el intento. –Las cosas no van a cambiar pronto, Sherlock; debes saber que te queda un largo camino si realmente planeas tener algo con él. –Camyl sonrió. –No he encontrado a nadie para él… Espero que no se quede solo.
Sherlock no supo si debía decir algo en ese momento; realmente carecía de sentido, prefirió irse y dejar a Camyl ahí. De cualquier manera tenía que ducharse (para quitarse el olor de John) resolver un caso y esperar a que el ciclo de John diera fin.
Sencillo.
~O=O~
Resolver un caso fue más complicado de lo que pensó, no fue la dificultad (últimamente los delincuentes estaban siendo muy estúpidos) todo se trataba de su mente congeniando con su naturaleza alfa. Por alguna razón, que desconocía realmente, su mente dio por hecho que John era lo que necesitaba para pensar mejor. Así de fácil y sencillo su mente se reveló contra su condición de "Casado con el trabajo" y decidió que estar "Unido a John" era miles de veces mejor.
Su mente hizo excusas. Comenzó con: 'Fue elegido por tu madre' hasta el 'Su presencia me hará más poderosa'. Sherlock escuchó razones y también conclusiones, supuestos y varios caminos que podría seguir; su mente estaba siendo persistente y, realmente, ¿quién era él para negarla cuando la había seguido con devoción tanto tiempo?
Simplemente podría aceptar lo que su mente decía, nunca había desconfiado de ello, sin embargo sabía, algo en él, que todo tenía que ver con su lado alfa. Ese maldito lado alfa estaba intentando confundir a su mente y por ende Sherlock se sentía desconfiado de ella.
¡Eso nunca había pasado!
De cualquier forma Sherlock terminó el caso y para el cuarto día, cuando volvió a la mansión por John se enteró de algo que le dejó un poco descolocado.
-John se marchó ayer. Nos dijo que ya sabías.
Comentó Anthea como si nada, bebía té de manzanilla y tenía un teléfono móvil entre los dedos, nada diferente a lo que ya estaba acostumbrado de ver, sin embargo había algo diferente, una atmosfera diferente en ella, el olor de flores estaba ahí, sin embargo había algo.
-Es evidente que no lo hago.
Anthea lo miró y sonrió. –Tal vez lo sabes, sólo no lo recuerdas.
Pero que… -Creo que lo sabría.
Ella simplemente se encogió de hombros. –Entonces escapó.
Maldita sea. Sherlock simplemente se levantó (porque estaba sentado) y se dirigió a la salida. –Bien.
Anthea, tan sofisticada como lo era, dejó el móvil sobre la mesa y soltó. –No tienes idea de donde está, ¿cierto? –Sherlock no se detuvo y ella siguió por ende. –Es evidente que tienes un problema, o al menos uno más que el propio John.
-¿Hablas de Mycroft? –Soltó duramente, volteando a mirarla, el reto en su mirada ignoró la ligera expresión de perturbación de ella.
-… No sé qué estás insinuando. –Anthea sonrió. –Será mejor que vayas a buscar a tu omega.
Sherlock soltó. –Antes de ser mí omega es John. –No obtuvo la reacción que esperó de Anthea, pero realmente no podía esperar nada de la omega de Mycroft. –Será mejor que revises tu teléfono móvil, es evidente que te llaman del trabajo. ¿Es algo que tiene que ver con Mycroft?
Ella se encogió de hombros y lo miró con una sonrisa. -¿Es qué debe haber algo con Mycroft?
Sherlock se fue sin responder a eso.
De acuerdo a lo que dictaba su cerebro, John debía de estar en Baker, él no había ido ahí después de ducharse y marcharse por la llamada de Lestrade para un nuevo caso, había estado entre Scotland Yard y corriendo entre las calles de Londres, el último lugar donde había aparecido fue su departamento.
Probablemente cuando volviera a ver a John las cosas serían mucho más sencillas, necesitaba de algo que le hiciera notar que las cosas no eran como las estaba pensando, maldito cerebro que comenzaba a notar que era alfa.
Llegó a Baker pasado el medio día; la señora Hudson no estaba para esa hora (normalmente se iba con la señora Turner a comentar todos los chismes que se sabían sobre sus inquilinos); sin embargo su piso olía a Early Gray, se preguntó si la señora Hudson habría tenido la bondad (que la tenía) de dejarle una taza caliente de té antes de marcharse, realmente tenía un olor bueno.
Cada paso dentro de Baker 221B le hacía sentir un poco extraño, Sherlock abrió la puerta casi con parsimonia para encontrar a John sentado en el sofá izquierda frente a la chimenea, una taza de, presumiblemente, Early Gray en su mano y el diario sobre sus piernas.
Fue tan normal la escena que sólo faltó el…
John elevó el rostro y le observó sorprendió. -Oh, Sherlock. Bienvenido.
Nada, no faltaba nada.
Sherlock se sacó la bufanda y enseguida el abrigo, quedando con el traje oscuro, y los colgó en el perchero. John se levantó del sillón y le miró avergonzado. –La señora Hudson me dejó entrar ayer; dijo que no tardarías… No te llamé porque…
-No importa John. –Soltó lentamente, caminó hasta el sofá de la derecha y se sentó. -¿Ya has acomodado tus cosas?
John movió el pie derecho, un acto nervioso. –Sobre eso… La señora Hudson me comentó que había una habitación arriba. –Soltó suavemente, midiendo cada palabra. –Pero la habitación estará cerrada porque se filtró la humedad y ella pensaba remodelarla… en esta semana o la siguiente.
Se le notaba incómodo y no había que ser demasiado inteligente para saber cuál era su incomodidad. Sherlock se sacudió polvo invisible del traje antes de soltar. –Puedes dormir en la habitación.
-No hay manera. –Dijo tan rápido que, de alguna manera, Sherlock se sintió ofendido. –Es tu habitación… -John se removió. –Pensaba ir con mi madre… Mientras la remodelación termina.
Todo es silencioso después de eso y Sherlock realmente quiere decir: 'Como quieras', pero las palabras no salen de su boca. Ve a John arrepentirse en cuanto el silencio se extiende demasiado, cuando lo ve abrir la boca Sherlock se levanta y fuerza las palabras de forma que suenen desinteresadas.
-Como quieras.
Bien, realmente salió mejor de lo que pensaba; mientras observa a John, Sherlock notó que tal vez cometió un error con sus palabras. Probablemente debió contener sus palabras, el rostro de John demostrando lo molesto y ofendido que las palabras habían sido era la clara muestra.
Apretó los labios y se dirigió hacia las escaleras, Sherlock se dio cuenta que ahí estaban sus cosas. –Bien.
Rayos. –Espera John. –El rubio se detuvo enfrente de la puerta, Sherlock se levantó del sillón. –No me importa que te quedes con tu madre… Sí eso es lo que quieres.
Realmente tuvo que contenerse en decir muchas otras cosas que hubieran empeorado todo, al final salió bastante bien, John giró y lo miró. –Creo que es lo mejor… estoy… el ciclo… -John soltó un suspiro. –Ha sido mi primera vez… necesito… necesito tiempo. –Rápidamente giró y lo miró con suplica. –Serán solo dos días… entonces volveré aunque la habitación no esté terminada.
No necesitaba suplicar. –No puedo entenderlo, no soy un omega para hacerlo. Si sientes que tienes que hacerlo… entonces hazlo.
El rubio sonrió. –Será por dos días, te lo prometo.
Tantas cosas que decir y no saber que podía decir, se fue por lo que le pareció más sencillo. –Vete John.
El mayor asintió, tomó sus cosas y se marchó rápidamente.
Baker fue sólo para Sherlock en ese momento. Pudo sentir la soledad de siempre, escuchar el silencio; sin embargo el olor a químicos y esterilización no estaba, un suave y dulce olor a Early Gray y sobre todo bergamota en el aire. Por momentos Sherlock se preguntó si hacía lo correcto al aceptar a John con tanta facilidad.
Al final llegaba a la conclusión que sí, John tenía que ser, no había otra respuesta. No había otra persona. Entre una población mundial de siete mil millones de personas, justo en Inglaterra se encontró a John. Existiendo tantos John en el mundo Sherlock se topó con John Watson y entre tantos John Watson a él fue dado un tal John Hamish Watson: un omega.
Esto no parecía cosa del destino, ni siquiera algo hecho para él.
Todo esto tenía muchos matices y entre todos sus matices el que más destacaba y pegaba a Sherlock era el saber que, probablemente, John no iba a ser para él. Por todo eso y por todas las situaciones vividas en los últimos días sólo había una posible respuesta.
Pero la estaba evitando a tal grado que se sentía idiota.
La cosa aquí fue que, evidentemente, ya sabía la respuesta a sus dudas, confirmarlo sería darse mucho más crédito del que ya tenía (cosa que realmente no le parecía algo por lo que preocuparse, después de todo era verdad); sin embargo revelar esta verdad traería más consecuencias a él que a cualquier otra persona. No era algo que no le concerniera, estaba incluido y eso hacía todo problemático.
Amaba la adrenalina que le daba enfrentar un problema, sin embargo este era más molesto que emocionante.
Aunque debía de aceptar que faltaba una última cosa antes de, por fin, dar por hecho que estaba en lo correcto. Como iba todo eso no tardaría en comprobarse.
~O=O~
Después de que se marcharan volvió a su trabajo normal. Mantuvo los ojos dentro de cada pequeño detalle y retomó muchas cosas que había tenido que ser dejada a otras personas y comprobar que su manejo fuera correcto. Como PA, la asistente personal de Mycroft Holmes, tenía muchas responsabilidades que tuvieron que ser delegadas desde la entrada a casa de John. Gracias a su unión simbólica y enseguida se marcharan ella había retomado su puesto principal.
Entre tantas de las tareas recaía la responsabilidad más importante que tenía con su jefe.
Ser la omega del gran Mycroft Holmes.
Trabajo sencillo para cualquier omega; no para ella.
~O=O~
John entró a casa vacilante, tenía años que no pisaba ese lugar y todo se le hacía tan diferente a como lo recordaba; los manteles ya no eran azules y la alfombra verde botella ahora era color vino. El olor prepotente de su padre apenas podía percibirse y eso, de cierta manera, lo tranquilizo. Camyl salió de la cocina y cuando lo vio se acercó a él suavemente, entonces lo abrazó y John sintió que su corazón se tranquilizaba. Había estado tan aterrado desde que entró al 221B de Baker Street; había tenido miedo de su ciclo.
Todo era tan diferente a lo que conocía.
-¿Todo bien John?
El rubio asintió, bajó su maleta. –Están… le pedí un poco de tiempo a Sherlock. Todo es…
-¿Nuevo? –Probó su madre, con una sonrisa comprensiva. John asintió. –Me imagino cariño, vamos. Te llevaré a donde puedas dejar tus cosas.
John la siguió escaleras arriba, a veces, cuando era menor, el instituto le permitía salir de ahí y estar con sus padres, las ocasiones eran raras y bienvenidas para John; lamentablemente habían sido contadas con una sola mano y en esas ocasiones no se había podido quedar ni un día completo. Cuando entró a la habitación que recordaba como suya en esas pocas ocasiones la notó igual que la última vez, sabanas azules, cortinas guindas y alfombra azul celeste.
-Espero que este lugar sea bueno para ti. Hemos intentando conservarlo tal cual, suelo limpiarlo, por el polvo… realmente no ha cambiado mucho desde que dejaste de venir.
Tenía razón, no había cambiado casi nada.
De repente, casi como un mal sentimiento, John sintió que estaba haciendo algo mal; no sólo mal, extremadamente mal. Era consciente que estaba evitando a Sherlock; pero rogaba comprensión. Estaba asustado de su propio ciclo. Asustado de su naturaleza, asustado de la naturaleza de Sherlock. Todo era nuevo.
Sin embargo le negaba la oportunidad.
Y aunque lo sabía no pudo hacer nada consigo, aceptar a este punto era casi imposible. Camyl lo miró detenidamente.
-¿Estás seguro de esto, John? Aún puedes volver con él; va a aceptarte.
Probablemente eso pasaría, tal vez estaba siendo un completo imbécil; pero estaba asustado.
La puerta de casa se abrió o al menos eso fue lo que se escuchó desde la planta de arriba, Camyl salió enseguida de la habitación y John la siguió al piso de abajo.
En la puerta, con dos maletas y una bolsa de mano, estaba Harriet. Decir que estaba sorprendido era eufemismo, la verdad lo esperaba, Harry no sabía mantener relaciones, de hecho lo lamentaba por Clara, había desperdiciado cinco años con la alcohólica de su hermana. Pero mientras John sentía insoportable la presencia de su hermana ella pareció salir de la depresión en la que se encontraba.
-John… ¿Qué haces aquí? -De repente el rostro de Harry mostró una total preocupación. -¿Te ha hecho daño? –Harry hizo ademan de acercársele, John retrocedió un poco.
Negó con la cabeza. -No, la segunda habitación del departamento está en reparación; aunque Sherlock me dejó su habitación yo… le pedí que me dejara volver a casa por dos días. Él aceptó.
Harry le miró con incredulidad, luego le sonrió. -Estoy feliz de verte John.
Ella lo abrazó, fue un abrazo fuerte y amistoso, John la aceptó. Aunque pareciera que odiaba a Harriet lo cierto fue que realmente nunca se llevaron bien; Harry siempre fue demasiado cerrada a él, nunca permitió que fueran unidos, aunque tenía vagos recuerdos de una infancia agradable con ella. Algo cambió con el pasar de los años, probablemente el hecho que John tuvo que irse al instituto en Londres y Harry fue la única que estuvo con el abusivo de su padre.
Tal vez, en el fondo, Harry le recriminó eso. Sin embargo nunca pudo asegurarlo así que no podía opinar con certeza.
-¿Entonces dos días? –John asintió mientras se alejaba de Harry. –Vale, pues… ¿Vamos a comer algo? –Su hermana miró a Camyl, su madre se encogió de hombros. –Perfecto.
Harry subió con ambas maletas al piso de arriba, sino olvidaba sus habitaciones estaban juntas. Entre mirar a Harry y sentirse desconcertado John desvió la mirada de su madre, sin embargo rápidamente la volvió a ella y pudo notar un brillo en su mirada, probablemente de felicidad de verlos juntos; pese a ello John no podía recordar realmente alguna ocasión en la que su madre pareciera feliz, no tenía ninguna vez con la que comparar ese brillo y se sintió inquieto.
-Habla con Sherlock… lo mejor para ambos es permanecer juntos y conocer todo lo nuevo. No podrás irte cada vez que tengas un ciclo, John. –Soltó su madre de repente, mirándolo, John se sintió un poco avergonzado y miró el suelo.
-No… no será cada vez, sólo será esta vez. Yo… yo realmente entiendo.
Camyl lo miró suavemente antes de rodearlo por los hombros. –No puedo entender que tan difícil es todo para ti John, soy beta y realmente no puedo entender. –Camyl besó su mejilla. –Pero puedo decirte que para él las cosas tampoco son sencillas; tampoco puede entenderte.
Y John era consciente que no todo se trataba de Sherlock siendo un alfa, se trataba de Sherlock siendo Sherlock. Sherlock que desconocía de sentimientos, que parecía ignorar reglas sociales e inclusive reglas de los propios alfas. Sherlock tan inteligente, tan bueno aprendiendo sobre reacciones químicas y tan malo entendiendo situaciones.
Ese estúpido.
Sonrió fácilmente recordándolo y se sorprendió al notarlo.
Era innegable que tenía sentimientos por él.
~O=O~
Sherlock se detuvo frente al nuevo despacho de Lestrade, el hombre iba de salida cuando lo vio y le sonrió amigablemente, después de todo fue gracias a él que Lestrade consiguió su acenso.
-¡Sherlock! ¿Qué haces aquí? –Lestrade abrió la puerta y lo invitó adentro. –Pensé que estarías con tu omega por ahora.
Sherlock se sentó en la silla frente al escritorio de Lestrade (sillas mucho más cómodas, pudo reconocer). -John está en casa de su madre. –Soltó rápidamente y continúo. –Necesito… información.
Una ceja castaña se alzó. -¿Y puedo saber en qué estás metido ahora?
Muy listo. –No tengo algún caso, por si eso era tu preocupación. Es un poco de… cultura general.
Lestrade se recargó en la silla. -¿De qué se trata?
-Normalmente soy consciente cuando un beta intenta tomar el papel de un omega, se puede notar su simplicidad debajo de todos los olores. –Soltó rápidamente. –Los betas no pueden detectar olores, mientras que los alfas son especialistas en detectar los olores dulces de los omegas y los omegas en detectar el olor de un alfa, sea cual sea –dulce o agrió-. –Lestrade asintió, de acuerdo con eso. -¿Existe algún omega que no pueda detectar olores?
El hombre se alejó de la silla y colocó los codos sobre el escritorio. –Tú sabes que yo soy beta, sin embargo tengo un poco de olfato debido a que mis padres son alfa y omega. –Sherlock asintió. –De acuerdo a lo que llevo conociendo… realmente no he conocido a un omega que no tenga olfato. –Lestrade volvió a recargarse. –Sin embargo, recuerdo haber leído que un omega o un alfa puede perder esa capacidad cuando su percepción de feromonas es…
-Obstruido. –Lestrade asintió. –Cuando un omega deja de percibir las feromonas de otros pierde parte de su 'instinto', en pocas palabras es como si perdiera su facultad de percibir olores, las feromonas suelen ser detectables por el sentido del olfato.
Un ligero silencio se hizo presente, Lestrade rápidamente lo cortó. –Cuando eso sucede, el alfa u omega que perdiera esa facultad también pierde la facultad de la unión. Después de todo, la glándula que falla es la glándula de unión y al tener esa falla la unión simplemente es imposible; se deja de percibir feromonas y eso lleva a que las propias sean menos atrayentes. No tiene nada que unir; no sería diferente de un beta, pero tendría la facultad de la reproducción de un omega o alfa.
Sherlock miró el suelo debajo de sus zapatos y luego abrió los ojos en reconocimiento. –Por supuesto, eso es… Esta tan claro. –Sherlock se levantó rápidamente. -¡Es evidente! ¡Estaba ahí, frente a mis ojos! –Una sonrisa llena de locura bailo en sus labios. –Ella ha estado mintiendo… -Entonces sus ojos se encendieron en odio. –No, ella no pudo encontrarlo todo… no se trata de ella.
Lestrade elevó una ceja, sin entender que estaba sucediendo. -¿Sherlock?
El más alto abrió la puerta y antes de salir grito. -¡Todo se trata de las flores!
Salió corriendo y Lestrade sintió que se había perdido de algo muy importante.
-… Se trata de Sherlock.
Soltó entonces.
~O=O~
Fue extraño convivir con Harry esos dos días, llevaban tanto tiempo sin verse y pese a ello se llevaron de maravilla. Siendo franco no la recordaba siendo buena hermana, ni siquiera la recordaba siendo una hermana para el caso; de cualquier forma ella se mostró comprensiva, amigable y hasta cierto punto sobreprotectora, probablemente la teoría de que todo fue debido a su padre era real.
Sin embargo, como era evidente, al término de esos dos días él debía de volver con Sherlock. No lo sentía como algo malo, realmente lo estaba esperando. Su madre tenía razón.
-¿Te vas? -Preguntó Harry el segundo día en la tarde, John asintió con la cabeza. -Oh. -No sabía de qué se sorprendía, él lo había dicho desde el comienzo. -¿Puedo acompañarte a... su departamento?
Lo primero que llegó a su cabeza fue decirle no, desde el comienzo había sentido a Harry extraña y realmente no quería llevarla al lugar donde vivía. Sin embargo Harry era su hermana y beta; no veía el problema aunque podía sentir que había uno.
-Necesito que me ayudes Harry, llamaré a un taxi para John. -Soltó Camyl con tranquilidad, Harry la miró antes de asentir, su madre se acercó a él y le abrazó. -Te quiero cariño, puedes venir cuando quieras. -Suavemente lo dejó ir, su calor y el olor del perfume quedó en John.
Harry se apresuró a su lado y besó ambas mejillas con cariño. -Puedes venir a mi cuando quieras, ¿bien? Voy a ayudarte.
No respondió eso último, Harry se fue con su madre y él se quedó en la entrada esperando el taxi.
El taxi lo llevó a Baker Street, en cuanto el bajó del taxi la señora Hudson salió, John le sonrió mientras se acercaba a ella.
-Señora Hudson.
-John, cariño. Qué bueno que volviste, ya ha llegado el equipo de remodelación; me han confirmado que la habitación estará lista para el viernes. -John tomó nota que hoy era miércoles.
-Eso suena bien... Disculpe, ¿Sherlock está?
La señora Hudson se encogió de hombros. -No lo he visto desde que volvió ayer por la noche; bien podría haber salido en algún momento pero no puedo asegurarlo.
-Oh. Gracias.
Ella sonrió cariñosa y se despidió de él, al parecer iba a ir a cenar con la señora Turner, la casera del complejo de departamentos de enfrente.
Tomó las escaleras y se dirigió a la puerta 221B; al no contar con una llave John dio por hecho que tendría que tocar la puerta, sin embargo fue sorprendido al notar que la puerta estaba abierta. Un poco más preocupado abrió la puerta, al mirar en la sala no encontró nada. Entonces...
-Dime, John, ¿puedes percibir este olor?
Sherlock en la cocina se veía como un loco, tenía el pelo revuelto y parecía que acababa de tomar un baño ya que el pelo lo tenía húmedo; su bata blanca estaba perfectamente blanca y planchada mientras un brillo de locura (o tal vez emoción) flotaba en sus pupilas. John sonrió.
-¿Qué se supone que debo percibir? Huele a flores.
La cabeza de Sherlock se disparó fuera del microscopio. -¿Sólo flores? –Soltó tan rápido que se comió un par de letras, de todas formas fue entendible.
John asintió con la cabeza. -Sí, flores. La verdad es que huele muy bien. –Aspiró el aroma del departamento y el olor suavizó un poco de sus sentidos. -Casi me recuerda al olor de Anthea.
Sherlock sonrió antes de volver a pegar la cara al lente del microscopio. -Sí, casi.
John alzó una ceja sin entender muy bien de qué iba todo, dejó ambas maletas junto al sofá y se dejó caer; para romper un poco el silencio soltó. -Anthea parece tener mal olfato; nunca había conocido a un omega con ese problema.
De repente tenía a Sherlock en frente y John se sintió pequeño cuando se vio obligado a alzar la cabeza para mirar a Sherlock.
-¿Por qué lo dices? -Pidió el Holmes, John lo miró sin comprender.
-¿Perdón?
-¿En qué te basas para decir que Anthea tiene mal olfato?
Como si fuera una broma su pregunta, John sonrió, sin embargo Sherlock continuaba mirándolo con seriedad; lentamente, con cautela, John soltó. –Uhm… fue esa vez… cuando… Mycroft. -John quedó en silencio, sin embargo la mirada de Sherlock parecía decir que le entendía. -Me encontré con Anthea después que me fui; estaba asustado que ella oliera el aroma de Mycroft en mí, la mayoría de omegas que viven algo similar terminan… mal. -Se detuvo, pero Sherlock le indicó que continuara. -Pero ella no percibió el olor.
De arriba a abajo Sherlock comenzó a andar y entonces se detuvo y lo cogió de los hombros, realmente no entendía nada. -Brillante, brillante John, perfecto. –Sherlock lo agitó un poco y John le miró desubicado.
-¿Qué sucede Sherlock?
Sin soltarlo, Sherlock dijo. -La volvieron una flor; la volvieron omega y utilizaron las feromonas de las flores para hacer creer que eran feromonas de omega. -John alzó una ceja, Sherlock rodó los ojos y lo soltó de los hombros. -¿No lo entiendes? ¡Anthea no es omega! Mycroft la ha hecho pasar por una todo este tiempo.
Entonces tenía a Sherlock bailando, prácticamente, en todo el lugar; pero no era bueno. Sherlock debía de entender que esto, realmente, no era algo para reír.
-Sherlock… -El alfa siguió bailando e ignorándolo. –Sherlock. –Una vez más fue ignorado. -¡Sherlock! –Finalmente John se levantó y tomó a Sherlock del hombro.
-¿Qué quieres John? ¿Es qué no lo entiendes? –Sherlock se soltó de su agarre. –Puedo comprobar que Mycroft ha mentido todo este tiempo y ha intentado cortejarte. Mi omega. –Lo dijo con tanto desdén y con tanta claridad que John entendió que, aún Sherlock siendo Sherlock, podía ser un alfa.
Entendía, realmente entendía lo que decía. –No es bueno.
Soltó brevemente, mirando firmemente a Sherlock, la sonrisa del rostro del más joven se fue y le miró con total desconcierto. -¿No es bueno?
-No. –Soltó tajante. –Ese asunto no es de nuestra incumbencia, si Anthea no es una omega debe de existir una razón y esa no nos concierne.
-Me concierne. –Gruñó. –Mycroft te cortejó.
John negó. –No sabes exactamente por qué, pudo haber sido cualquier otro omega, no se trataba de mí.
Sherlock colocó las manos sobre su cabello (bonitos rizos por cierto) y luego se dejó caer en el sillón. -¿No es bueno? –John negó con la cabeza. -¿Cuándo lo será?
Hacerle ese tipo de preguntas… incluso parecía un niño. –Probablemente nunca, a menos que sea algo que interfiera en tu vida… -Sherlock abrió la boca. –De manera significativa, no tiene que ver con lo mal que los dos se llevan y lo mucho que quieres molestarlo. –Sherlock cerró la boca de nuevo, pero necesitaba asegurarse que lo entendía. –Quiero que me digas que vas a hacerlo Sherlock, promételo.
Sherlock frunció la boca y formó un puchero.
-Sherlock…
Rodó los ojos antes de levantarse. -¡Bien! No diré nada. A menos que me afecte de manera significativa. ¿Estás bien con eso?
John sonrió. –Eso está bien para mí.
Sherlock se levantó del sillón y volvió a la cocina. -¿Tienes hambre John? –John lo miró desde la sala y Sherlock sonrió. –Conozco un bonito lugar que vende comida china, podría gustarte.
La sonrisa que le dirigió hizo burbujear el estómago de John, simplemente asintió con la cabeza mientras Sherlock salía disparado a su habitación, probablemente a quitarse la pijama y ponerse algo decente.
John suspiró mientras sonreía; y esto era más o menos el comienzo.
~0~
Les debo una gran disculpa. Tengo muchas escusas pero prefiero evitarlas porque realmente ninguna es válida. Sin embargo tengan en cuenta que no voy a abandonar la historia así tarde un poco. Como les dije ya tengo escritos varios capítulos, los primeros 10 estaban en un procesador de textos, los demás están en mi pequeño cuaderno el cual no piensa trascribirse sólo. Esperó no demorar mucho para el siguiente, pero trataré de subirlo el martes tal cual lo he dicho.
Puede que comience a subir capítulos más cortos, pero al menos pienso subir al martes.
Y cómo dijo John, esto es más o menos el comienzo.
-Nixse
