Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a camnz y esta historia fue beteada por Ilwen Malfoy. Contiene nonconsensual.

xxxx

Los siguientes días pasaron con normalidad. No hubo discusión sobre lo que pasó. Parecía que ambos decidieron que hablar de sus emociones o intenciones no los ayudaría. Hermione trató de no pensar en ello o en las consecuencias y las cosas de inmediato volvieron a la vieja rutina. Draco volvería al final de la tarde desde donde quiera que fuera durante el día. El baño, la cena, su baño, el sexo y el sueño. Era una rutina con la que podría vivir y tenía la sensación de que ella las cosas eran mejor así.

Pero entonces, un día, Draco regresó antes de lo habitual, lo que descuadró el horario de Hermione un poco. Él la estaba esperando cuando llegó a su habitación. Esperarla usualmente lo ponía de mal humor, pero él estaba de buen estado de ánimo hoy, lo que la hacía preocuparse. Las cosas habían ido muy bien últimamente, o las cosas iban a ir muy bien para él ahora.

Hermione recogió su capa del suelo y la puso en la percha. Él la observó desde el asiento donde estaba bebiendo whisky y fumando un cigarrillo. Ella odiaba el humo, se quedaba atascado en sus fosas nasales, pero por suerte la habitación era lo suficientemente grande como para no olerlo después de un tiempo. Hermione encontró cosas que hacer mientras él permanecía sentado observando. La otra opción era ponerse de pie y mirarlo para que le dijera en que estaba pensando.

Ella llegó a la conclusión que la razón por la que dijo que quería su amor era tan sólo porque los mortífagos les decían eso a sus esclavos después de que trataban de estrangularlos. Probablemente Lucius también se lo decía a Stina en algunas ocasiones, pensó con amargura. Eso era algo mucho peor en que pensar, pero al ser la persona analítica que era no podía mantener el pensamiento fuera. Había dicho algo sobre desearla cuando iban en la escuela. Podría existir una remota posibilidad de que cualquier cosa que ocurría ahora tenía un significado mucho más profundo del que nunca se había dado cuenta. Seguro que no, intentó convencerse. Podía ver completamente como esto no era más que una extraña fantasía por ella. No dejaba de ser, después de todo, parte del trío que odiaba... tal odio podía desarrollar un componente sexual en los adolescentes hormonales. Todavía no estaba tan lejos de ser un adolescente hormonal; habían pasado oficialmente sólo dos años desde que había sido un adolescente.

—Prepárame el baño —ordenó, sacando a Hermione de sus reflexiones. Ella obedeció y él la siguió al baño. —He decidido que debo hacer mejor uso de mi esclava —dijo.

Hermione quería esconderse de lo que estaba imaginando esa pequeña mente retorcida. Anteriormente todos sus trabajos como esclava eran de naturaleza sexual. Esto, sin duda, sería algo de esa naturaleza. Probablemente la participación en la bañera.

—Quiero que me desnudes, y recibirás el privilegio de lavarme —dijo, con una pequeña sonrisa familiar.

¡Oh, alegría!, Hermione pensó para sí misma. En realidad no era tan malo en comparación de lo que estaba esperando. Realmente una actividad moderadamente mala. Ella sabía que le gustaba ser mimado cuando se bañaba. A él le gustaba tener masajes en sus pies de vez en cuando, mientras charlaba acerca de lo que estaba en su mente. Como un bebé, pensó.

Ella fue a desabrocharle la camisa blanca sintiéndose muy extraña. Nunca había desnudado a nadie antes. Con Ron siempre había sido apresurado, buscando a tientas con la ropa puesta, a menudo compartían besos, cosquillas y cantidades copiosas de risa. El sexo con Ron había sido divertido, dulce y tierno... Pero no quería pensar en Ron mientras estaba desnudando a Draco Malfoy, al igual que su presente no deseado.

Cuando llegó al final de la fila de botones, tuvo que tirar de la camisa fuera de los pantalones y tuvo que deshacerse de los gemelos para poder terminar de quitársela. Sólo él usaría gemelos, pensó mientras jugaba con los pequeños ganchos. Eran de plata con dragones tallados en las piedras de ónix del centro. Con los gemelos desabrochados, la camisa se deslizo fácilmente cuando la empujó de los hombros. A continuación se decidió a quitarle las botas negras, tuvo que ponerse de rodillas para poner suficiente presión sobre el talón y la punta para permitirle retirarlas.

Esto lo dejó solamente en una camiseta y pantalones. Ella no quería seguir. Pensó que todo era simplemente ridículo. ¿Cómo podía ser tan infantil para querer que alguien lo desvistiera?, se preguntó. Agarró la camiseta de algodón y la tiró fuera de los pantalones negros. La camiseta era lo suficientemente apretada como para exigir que sus nudillos rozaran su piel todo el camino hasta poder retirarla. Eso lo dejó en pantalones, y el cinturón de cuero negro, tal vez esto le costaría más que el resto de su vestuario. Ella sabía que él la estaba observando y lo odiaba. La hebilla salió fácilmente, pero la cinta se aferraba firmemente en sus caderas. Ella tuvo que colocar una mano allí para lograr sacarlo.

A continuación, se mudó al botón de sus pantalones que estaba en la parte superior del pequeño rastro de vellos que iban desde su ombligo hacia abajo. En realidad, era difícil de desabrochar un botón desde ese punto de vista, tenía que poner sus dedos allí, pegados a la piel caliente. Su piel debía ser fría, pensó, sería más apropiada si fuese fría. A pesar de que ahora sabía muy bien que no lo era, ya que su calor corporal era lo que la mantenía caliente por las noches.

Deshacer la cremallera fue incómodo y ella podría decir que esto estaba teniendo algún efecto sobre él. Ella no quería bajarle los pantalones, pero lo hizo. Agarró la tela de los lados y suavemente deslizó el material hacia abajo, asegurándose de sostenerlo todo para no tener que repetirlo con sus boxers. Le hubiese gustado dar un fuerte tirón hacia abajo en señal de protesta, pero sabía que él podría estar en un estado de ánimo en el que podría tomar represalias después. Hacerle daño sería mucho peor para ella al final. Los pantalones eran ajustados y tuvo que forzar la tela por encima de sus muslos, rodillas y pantorrillas.

Cuando estuvo desnudo, entró en la bañera y se acostó. Hermione dejó escapar el suspiro que había estado conteniendo. No se sentía totalmente humillada, pero tampoco estaba feliz. Estaba molesta y enojada. Cogió una toalla y se puso en cuclillas para comenzar a lavarlo.

—Oh, no —dijo él— vas a tener que entrar.

—¿Es una broma? —replicó a todo volumen.

—Me temo que no —sonrió de nuevo— desvístete, no querrás arruinar el bonito vestido.

Él la estaba castigando, dedujo. El estrangulamiento no era de su gusto, pero él la estaba humillando tanto como le era posible. Se armó de valor, a pesar de sentirse humillada, de hecho, se negó. Nada de esto era obra suya y no tenía opción. ¿Por qué se sentía humillada por algo que él estaba haciendo? no iba a asumir la responsabilidad por sus acciones.

Ella apretó los dientes y comenzó a desnudarse. Él tomó su varita , abrió el brazalete, y volvió a dejarla a un lado de la bañera. Su brazo se sentía extrañamente ligero sin su peso. Sabía que no tenía oportunidad contra él si decidía luchar. Incluso sin el brazalete, era mucho más fuerte y tenía una varita que guardaba fuera de su alcance.

Ella comenzó a lavarle los pies y se mentalizó en tratar esto como cualquier otra función de limpieza que hacía. Afortunadamente la bañera era mucho más grande que las bañeras muggles, por lo que no tenía que sentarse sobre él mientras lo limpiaba. Evitó su área privada, pero se podría decir que de todas formas él estaba disfrutando de sus cuidados. Frotó la toalla por todo su cuerpo, incluso le lavó y acondiciono el cabello. Prácticamente gimió cuando ella le masajeó las lociones en el cuero cabelludo.

—Eres un bebé —dijo y él le dio una amplia sonrisa a cambio.

Finalmente hizo su camino hacia sus brazos y terminó con los dedos. Eso dejaba una sola área, pero él la detuvo antes de que se trasladara allí tomando la toalla. Se lavó rápidamente sus partes privadas y se levantó de la bañera, dejando a Hermione sentada allí.

—Gracias, mi amor, fue grandioso —dijo mientras se ataba una toalla a la cintura. Agarró la varita y salió.

Ahora Hermione estaba luchando para sobrellevar la humillación. No había ninguna razón por la que debiera sentirse así, se repetía una y otra vez mientras salía de la bañera y se secaba. Él regresó completamente vestido y le puso de vuelta el brazalete.

—Es tiempo de cenar. Vas a llegar tarde —expresó estoicamente.

Hermione corrió escaleras abajo para prepararse para el servicio de cena, lo maldijo por hacer que se atrasara. Odiaba llegar tarde, toda su existencia era ser eficiente, eficaz y totalmente independiente. Un autómata si se quiere llamar así.

Llegó justo a tiempo para servir la sopa. Había cuatro invitados esa noche, entre ellos el profesor Snape y Bellatrix Lestrange, por lo que los moradores de abajo tendrían poca comida. Todos se encontraban de buen estado de ánimo, algo obviamente había ido bien. Incluso Lucius estaba sonriente mientras el alcohol fluía.

—Deberías haberlos visto corriendo, Cissa —rió Bellatrix— corrían como ratas, lo hicieron.

La señora Malfoy estaba, obviamente, disfrutando del buen humor general, al igual que Draco.

—Ahora saben que no hay un lugar seguro —habló uno de los otros huéspedes.

Hermione hizo lo posible para ser la autómata que había decidido ser desde hacía mucho tiempo. Mayormente fue ignorada, pero uno de los mortífagos la agarró por detrás, mientras que llenaba su vaso.

—Que bonita sangre sucia tienen—dijo a la mesa— tienes suerte de tenerla.

La señora Malfoy estaba avergonzada por la declaración y Draco lucía menos divertido.

—Trata de mantener tus pensamientos en el vertedero donde pertenecen —le advirtió Bellatrix.

Con eso, se trasladaron a celebrar lo que fuera por lo que estaban todos tan contentos y se olvidaron de ella.

Cuando terminó la cena, se levantaron y se fueron. Hermione comenzó a limpiar cuando el mortífago que la había maltratado antes regresó.

—Una cosita muy bella... —dijo y se inclinó en una silla.

—Tengo que limpiar la mesa, por favor —respondió.

—Este tipo de cosas pueden esperar —sonrió y se dirigió hacia ella.

De ninguna manera, pensó Hermione. Ella sabía lo que vendría y no había mucho que pudiera hacer al respecto. Insensibilidad, insensibilidad, insensibilidad, se repetía como un mantra. Él más o menos la agarró del brazo y la empujó contra la pared. Hermione quería vomitar. Podía oler el alcohol en su aliento, el que probablemente era pésimo, incluso sin el alcohol. Él le agarró un pecho.

—Así, agradable —dijo.

—Así y una mierda —oyó decir a Draco desde la puerta— No la toques.

El hombre se detuvo, pero mantuvo su mano sobre su pecho.

—Eso es poco generoso —dijo— mantener a una sangre sucia madura como esta toda para ti mismo.

—Ella es mía —Draco le advirtió.

—Hay que aprender a compartir, muchacho —señaló antes de volver su atención a Hermione.

Un golpe seco hizo que el hombre cayera al suelo. Draco lo había golpeado con un jarrón de cristal pesado, que ahora tenía sangre en su borde.

—Dije: ¡No la toques! —gritó Draco. Procedió a golpear al hombre con fuerza y continuó haciéndolo. —Vete a la mierda —volvió a gritarle sin dejar de patear al hombre con la fuerza suficiente para hacer que el cuerpo del hombre chocara con la pared.

Él no iba a parar. Y el hombre estaba más lesionado con cada patada.

—Draco detente... —Hermione gritó. Ella no debía preocuparse, pero no le gustaba ver violencia incluso si eran pura sangre matándose entre sí.

Todavía no se detendría, por lo que Hermione recurrió a tirarlo de su brazo lo más fuerte que pudo.

El ruido atrajo tanto a Lucius como al profesor Snape, ambos se precipitaron y llevaron a Draco lejos del cuerpo inconsciente del repugnante hombre.

—¿Que está pasando aquí? —preguntó Lucius mientras examinaba la escena. Miró a su hijo y a Hermione— ¿has perdido la cabeza? —le preguntó a Draco.

—Nadie la toca —Draco gritó, todavía en un ataque de rabia.

—Llévalo arriba —Lucius le ordenó al profesor Snape.

Hermione no sabía qué hacer. Si debía ir o quedarse y ayudar al hombre, o quedarse y limpiar la mesa.

—Vete —Le ordenó finalmente Lucius. Hermione corrió a través de la puerta que conducía a su habitación.

No sabía qué hacer, aún ya estando en la planta baja, le temblaban las manos por la adrenalina. Pero su dilema no duró mucho tiempo, porque Draco la estaba llamando.

Cuando llegó a la habitación de Draco, éste estaba sentado en una de las sillas grandes, mientras que el profesor Snape estaba sentado en el sofá.

—Bebida —Draco ordenó y Hermione fue al decantador en busca de su whisky.

—Creo que has tenido suficiente por esta noche... —le advirtió el profesor Snape.

Hermione volvió con la bebida, se la dio a Draco en la mano y luego fue a sentarse en la silla junto a la pared.

Lucius entró en la habitación.

—¿Qué te pasa? —le preguntó a Draco.

—Ella es mía. Nadie la toca —dijo Draco.

Lucius lo consideró durante un tiempo.

—Ella es lo que es, hijo, no puedes ir golpeando personas porque la tratan como lo que ella es... —dijo Lucius.

—Nadie la toca —avisó de nuevo.

Lucius y el profesor Snape intercambiaron miradas.

—Nos ocuparemos de esto mañana —Lucius finalmente sentenció— en este momento tengo que lidiar con el desastre que has causado. No dejes esta habitación de nuevo esta noche.

Después de que Lucius y el profesor Snape se fueron, hubo un silencio total en la sala. Después de unos minutos, Draco se levantó y la llamó mientras caminaba hacia la cama. Puso a Hermione en frente de él y se abrazó a su espalda, pasando su brazo alrededor de su cintura. Se quedaron allí por largo tiempo y Hermione podía asegurar que él no estaba dormido ya que a veces podía sentir sus labios sobre su piel en la parte posterior de su cuello. No eran besos, sólo detalles.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Fin Capitulo Once.

Naoko Ichigo