Autor: GossipChii
Prompt: Taiora 19 años. Viaje en tren. Vida universitaria. Pelea en un día de lluvia.
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Transparencia
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Su cabello pelirrojo se mecía sobre su cara. Leía, tranquila, mientras esperaba que el tren llegara a su parada. Taichi no la quería interrumpir, cuando Sora se perdía en los libros, y él se atrevía a interrumpirla, su querida novia cambiaba de faceta a una que le aterraba. Así que comenzó a tamborilear con su pierna, desesperado. Era una pena que la Universidad estuviera tan lejos de sus apartamentos, más penoso aún que Taichi fuera claustrofóbico.
—Deberías tranquilizarte. —Fue una sugerencia, pero el castaño la sintió como una orden—. Me pones nerviosa con tanto movimiento. —Taichi sonrió, pues Sora no había despegado ni un minuto la vista de su novela. No sabía de qué trataba, quizá era policiaca, quizá era romántica. Solo le gustaba ver las largas pestañas de Sora moverse mientras cambiaba de página.
—Ha comenzado a llover —observó cuándo se atrevió a separar la vista de su novia, y enfocarla en la ventana. El simple comentario provocó que Sora separara la vista del libro, e incluso que lo cerrara, colocando su separador improvisado en la última página leída.
—Oh no —Mordió su labio inferior, Taichi tuvo que aguantar la respiración pues era inaudito que hiciera eso en público. Era tan sexy, él no se podía resistir. Pero aguantó—. No traje mi paraguas.
Y Taichi tampoco traía el suyo. Al ser verano no se le había pasado por la mente cargar con una chamarra, y para colmo Sora traía una blusa blanca con una falda amarilla. Quiso golpear su cabezota contra el vidrio, no podía permitir que Sora se bajara y se mojara y todos la vieran. No.
—Mi libro se mojará —susurró, refugiándolo en un abrazo. Taichi sonrió, deseando ser el libro en esos momentos.
—Tú eres la que no debería mojarse —comentó, mientras llegaban a su estación correspondiente, la estación Daiba. Las personas comenzaron a aglomerarse en la entrada del tren, y ellos como pacientes guerreros que eran, esperaron hasta el final. Todos los pasajeros, a excepción de ellos, parecían ser personas precavidas. Sombrillas de todos los colores comenzaron a inundar las calles oscuras, y ellos se quedaron bajo el techo, refugiándose de algo que sucedería más temprano que tarde.
—Tenemos que ir, Taichi. —Los ojos de Sora brillaban con fuerza, mientras miraba la lluvia con detenimiento, como si su mirada carmín fuera a detener su furia—. Ya es tarde y sabes que mi madre se molesta si llego a estas horas.
El castaño miró el reloj, no pasaban de las once de la noche. Había tenido partido ese día y por eso habían salido tan tarde de la Universidad. Aprovecharon para cenar por esos rumbos antes de regresar a Odaiba. Entendía que Toshiko era una mujer estricta, entendía que le gustaba que se siguieran sus reglas, pero le parecía demasiado.
—Sora, tienes diecinueve años —señaló. La aludida alzó una ceja, cuestionando su tono de voz. Taichi se puso nervioso—. Ya no eres una niña pequeña como para que tu madre te regañe por llegar un poco tarde.
—No me gusta discutir con ella y lo sabes. —Sus ojos se enfocaron en él, a Taichi se le pusieron los pelos de punta—. Además estoy cansada, ha sido un día largo. —La pelirroja dio un paso adelante, pero la lluvia seguía y el color de su blusa blanca no había cambiado. A pesar de que las calles estaban moderadamente vacías, el imaginar a personas… hombres mirando a su novia, lo ponía furioso.
—No te mojes, por favor —La tomó de su blusa y ella se volteó sorprendida, un poco molesta. Lo supo por el cambio en su semblante.
—No podemos quedarnos aquí para siempre. —Rodó sus ojos y colocó su mano derecha en su cintura, abrazando el libro con la izquierda—. ¿Puedo saber cuál es el problema? Nos hemos mojado en la lluvia cientos de veces.
—¡Pero ninguna de esas veces traías puesta una blusa blanca que se pudiera transparentar! —alzó la voz y las personas que seguían llegando comenzaron a susurrar. Las mejillas de Sora se ruborizaron inmediatamente, tanto de vergüenza como de coraje.
—No sé qué piensas, y por mí no hay problema en qué te quedes aquí el tiempo que quieras —Chasqueó la lengua, enfurecida—. Pero yo no me pienso quedar un segundo más —Agitó su cuerpo para soltarse del agarre de Taichi, quién la miraba con pena.
Sora comenzó a caminar bajo la lluvia y Taichi pudo visualizar perfectamente, gracias a los faroles de las calles, como su cuerpo esbelto era abrazado por su blusa blanca. Se apresuró a seguirla, la culpa lo carcomía por dentro. Debió haber sabido que Sora se comportaría así, debió haber sabido que se molestaría por quererla controlar de cierta manera. Pero era de noche y llovía con fuerza. No se perdonaría si no se aseguraba de que llegase bien a su destino.
Sora volteó hacia la izquierda y él hizo lo mismo, hasta que ella paró en seco. Taichi supo que ella tenía muy presente que la estaba siguiendo, ella parecía conocerlo mejor que él mismo. Pero Taichi no paró, siguió avanzando hasta que la abrazó por la espalda, besando suavemente su cuello.
—Discúlpame —susurró en su oído, sin importarle por un segundo que la lluvia torrencial siguiera—. A veces no me controlo.
—Ya, está bien —acarició las manos morenas de su novio, faltaba tan solo una cuadra para llegar a su edificio—. Deberíamos comprar de esos paraguas portátiles, parecen ser muy útiles.
—Mañana será —Taichi la soltó de su agarré y le tomó la mano, mientras seguían caminando hasta el edificio de la familia Takenouchi. No pudo evitar bajar la vista hacia el pecho de la pelirroja; no había estado equivocado, la blusa sí se transparentaba. Ahora fue su turno de morderse los labios.
—¿Pasa algo? —Ladeó la cabeza, casi inocente. Taichi negó.
—Apresurémonos antes de que tu madre me prohíba verte. —Sora sonrió.
—No sería la primera vez —Le guiñó un ojo mientras se adentraba en su edificio. Taichi pidió un bolígrafo prestado y anotó sobre la palma de su mano un recordatorio sobre la sombrilla. No podía permitir que se repitiera el suceso, por su bien y el de los demás.
¡Gracias por leer!
