"¿Estarás bien, Dom?"
Starlight terminaba de recoger la mesa; utensilios repletos de la pasta de manzana de Applejack junto con pares de cucharas y platos completamente limpios volaban velozmente envueltos en un aura celeste conforme eran dirigidos a distintos muebles alrededor de la cocina. De un momento a otro, la alacena se encontraba repleta de cucharas de brillante plata y platos de fina porcelana. A la par que esponjas y trapos lavaban ollas y vasija por igual antes de ser atendidos por otra serie de instrumentos que se encargaban de secarlos y dejarlos en perfecto estado.
Dominic observó impresionado como su plato se alejaba de él, envuelto en un aura celeste, para después, dedicarse únicamente a observar el espectáculo de plata y porcelana que se desplegaba frente a él. Dicha escena le recordaba a cierto momento de cierta película que había disfrutado fervientemente en su ya lejana infancia. El mero recuerdo dibujaba una leve sonrisa en su rostro.
"No… Yo, amm… Estoy bien," respondió, sus ojos moviéndose fugazmente de lado a lado junto con los platos y cucharas, tratando de ignorar el creciente peso de sus párpados y su pérdida de concentración.
Por un momento, los movimientos mágicos de Starlight se volvieron notablemente más lentos conforme se daba vuelta para observar a Dom, sin embargo, para la impresión de este último, el espectáculo no se detuvo ni por un segundo.
A simple vista Dominic parecía estar bien, a pesar de sus agotados ojos y la forma en la que su mirada tendía a desviarse, lo cual, le hacían ver que indudablemente este se encontraba al borde del cansancio. "Bien~, entonces… deberías tomar un descanso. Spike no tardará en llegar, él te dará una ayuda para poner en orden tu— el cuarto de Twilight…" Starlight sonrió, avergonzada. "Aún no me acostumbro esto…"
Dom inclinó su cabeza ante el intento de Starlight por pretender que todo era normal, pensando que tal vez podría llegar a serlo, que ya no era un monstruo para ellas ni para el mismo y que todo estaría bien.
Una sonrisa se pintó en su rostro, aún si éste no lo sabía, esta era claramente visible para Starlight. "No, no… No hay problema. Me halaga que—" un gran y largo bostezo interrumpió sus palabras conforme el cansancio comenzaba a dominarlo.
El agudo y largo gesto era cuanto menos adorable para Starlight. Las orejas de Dom se inclinaban hacia atrás y sus alas temblaban ligeramente conforme su cuerpo se tensaba y su voz se tornaba aguda y somnolienta. Starlight sonrió. Recordando como ya durante un tiempo, había comenzado a disfrutar de la faceta casual de Twilight que sufría constantemente de la fatiga por sueño causada a sus largas lecturas nocturnas, de las cuales, la princesa disfrutaba tan fervientemente a costa de sus preciadas horas de sueño.
"Aahhhh~… Lo siento, creo que—"
"Tranquilo. Twilight no suele dormir mucho, así que es normal que estés cansado a esta hora," Starlight dijo, percatándose a su vez de las marcas que atravesaban el rostro de Dom por debajo de sus ojos, en su pelaje e inclusive en sus patas y alas. Marcas húmedas, de lágrimas que habían dejado huella en su pelaje. "Tal vez deberías darte un baño antes de que te quedes dormido de pie," incurrió Starlight. Tratando de no prestarle especial atención a dichas marcas.
"Pero no estoy tan cansado, no creo que me quede dormido de pie… ¿O sí?" Los ojos de Dom se encontraban viendo hacía el vacío, conforme poco a poco comenzaba a reclinarse sobre la mesa, tomando una posición más cómoda y su voz bajaba de volumen con cada palabra que decía.
Starlight recordó momentos pasados, una sonrisa esbozándose en su rostro al mismo tiempo. "Créeme. Lo harás," dijo Starlight sonriendo tranquilamente. "Casi lo olvido, el baño está en—"
Dominic interrumpió, con una leve mueca y parpadeando rápidamente. "No—…" un bostezo nuevamente interrumpió su habla, "… No te preocupes, se dónde está," dijo mientras golpeaba ligeramente su cabeza. "Está todo aquí," añadió, con un leve guiño y una sonrisa cansada.
Starlight frotó su casco con su cabeza, el sentimiento de que había dicho algo indebido u ofendido a Dominic de alguna forma al recordarle ese hecho se hizo presente en su ya acomplejada mente. "Cierto… Bueno, terminaré de limpiar la cocina entonces… Más tarde iré a tu— el cuarto de Twilight, a ver cómo te encuentras. No sabemos si lo que sucedió tendrá efectos secundarios de algún tipo y me gustaría evitar algún problema, ¿Te parece bien?"
"Por supuesto," respondió Dom, sus orejas moviéndose acorde a pesar de que dentro de su mente se había hecho difícil mantener la concentración.
"¡Perfecto!" exclamó Starlight, despertando a Dominic accidentalmente en el proceso.
Dom se levantó de su silla, sus piernas se sentían entumidas y cansadas, mientras que sus alas dolían como sus pies el día del maratón de la empresa. Un segundo después, estiró su cuerpo rápidamente un par de veces, sus orejas moviéndose conforme sus pezuñas resonaban en el suelo de cristal. Sus extremidades se movieron una a una conforme las estiraba y doblaba en formas que nunca pensó que lo haría. Su cuello se estiró hasta sus costados de lado a lado, provocando que una relajante sensación viajase a lo largo de su espalda, hasta sus caderas y cola. Sus hombros, tensos, comenzaban a sentirse ligeramente más cómodos conforme los movía estando de pie, haciendo pequeños círculos repetidas veces. Todo su cuerpo se sentía considerablemente más ligero, más cómodo, más relajado. El hormigueo en sus patas había comenzado a desaparecer, aún así, sus alas se mantenían tensas y pesadas.
Ignorando el tema, Dominic sacudió su cabeza. Su melena retomó su forma característica conforme su flequillo comenzaba a colgar sobre su frente y su melena sobre su cuello. La única excepción siendo un par de mechones que se mantenían desordenados, mezclando sus colores e ignorando el orden en el que estos se alineaban naturalmente. Unos segundos después y luego de que el mundo se mantuviera quieto, Dom comenzó a caminar hacía la puerta de la cocina, sus movimientos, completamente naturales.
En el momento en que su casco comenzó a empujar la puerta, una voz lo detuvo.
"Y… ¿Dom?" Starlight detuvo sus movimientos, su voz ligeramente pesada, sus orejas alzadas aguardando por si la puerta se cerraba detrás de ella.
Dominic se detuvo y volteó, esperando a que Starlight se girara también, sin embargo, esto nunca ocurrió. Lo único que sucedió fue que los utensilios y ollas se habían detenido por completo, suspendidos en el aire envueltos en la mágica aura de Starlight.
"Cuídate…" dijo Starlight sin voltear, su voz pesada, su rostro oculto. "Y… Lamento eso de tratarte como un villano y tratar de exorcizarte de Twilight y todo eso…"
Es todo lo que dijo antes de que el sonido de los platos reanudara su danza entre el lavadero y el estante.
Aquellas palabras significaban más de lo que pensó que podrían hacerlo. U
Unos segundos después, sonrió.
"Gracias…" una enorme sonrisa pintada en su rostro. "Lamento haber aparecido sin invitación… No… No era mi intención causarles molestias…"
Con solo esas palabras, el peso que ambas yeguas cargaban parecía haberse vuelto increíblemente más ligero. Todo estaba claro ahora, no había rencores ocultos ni miedo sobre las verdaderas intenciones del otro. Algo dentro de él le decía a Dom que confiara en Starlight, mientras que los ojos de Twilight la invitaban confiar en él.
Dom miró atrás una última vez antes de abrir la puerta de la cocina, solo para ver como ella llevaba su brazo hacía su rostro. Comprendiendo el gesto, Dominic se alejó, dándole a Starlight el tiempo que tanto necesitaba para pensar lo sucedido.
La puerta se cerró. Starlight continuó con la limpieza mientras ordenaba todas las ideas y pensamientos que tenía en su cabeza. Las preguntas se apilaban al igual que sus lágrimas silenciosas, y, a pesar de lo que su le decía, ella sabía que nunca es mal momento para hacer lo correcto.
Por otra parte, Dominic, se dirigía al cuarto de Twilight, al tocador, conforme asimilaba todo lo transcurrido en el día. Preguntas y preocupaciones lo asaltaban una tras otra, mientras que, por fuera, sonreía. Sabía que podía ver en Starlight una amiga, y que todo estaría bien. Que todo mejoraría.
Que mañana sería un día mejor.
Poco después, y sin pensarlo, Dom había llegado al dormitorio de la Princesa. A terminar con lo que pensó había sido el peor y más extraño día de su vida.
Y a la vez, el más interesante.
La habitación de Twilight Sparkle se mostraba distinta a como Dominic la recordaba.
En donde solía haber un pulcro y brillante suelo de cristales de mil colores, ahora se presentaba una enorme y oscurecida grieta en el centro de la imperturbable habitación. El mueble de madera y el impoluto espejo que mostraban a la Princesa Twilight Sparkle rodeada de sus amigas, el cual, visitaba todas las mañanas antes de comenzar su día, llenándola de luz y confianza, ahora se mostraba roto, fragmentado en incontables pedazos. El reflejo en el espejo no era más que la imagen distorsionada, una ilusión de quién debería ser Twilight Sparkle. La cama reposaba aún sobre su marco dorado, sin embargo, esta ocasión, por primera vez se encontraba desarreglada. Las cobijas y almohadas de seda púrpura formaban un camino hacía el maltrecho mueble púrpura, recordando Dominic el momento en el que observó por primera vez con horror su nueva figura.
Su mirada se llenó de melancolía. Había pasado mucho en cuestión de horas, lo bueno, lo malo y lo que no le enorgullecía. Miró alrededor de la habitación, a una almohada que descansaba abandonada en una esquina mientras recapitulaba en su mente todo lo que había vivido y, lo que, en el peor de los casos jamás volvería a ver.
Por un par de minutos, Dominic observó aquella deteriorada habitación, cada imagen grabada a fuego de cómo él había sido el artífice de cada una de las piezas que componían aquel despliegue de caos y odio desatado. Recordó la sensación en sus cascos al golpear brutalmente el suelo una y otra vez, como su temor rompió el espejo que mostraba a la princesa y como su histeria provocó una mirada de temor en Starlight y el pequeño dragón: Spike.
Don recordó esos ojos verdes ahogados en lágrimas.
Aquellas pupilas rasgadas.
Aquella mirada. Repleta de terror y angustia.
Esos ojos con los que Starlight lo miraba.
La desgarradora voz de Spike.
Cada imagen golpeaba como trueno y relámpago su cuerpo y mente.
Dom sabía que aquellas miradas permanecerían en su memoria por más tiempo del que creía ser capaz de soportar. Por más tiempo del que quería recordar.
Pasó entre la cama y el espejo. Una puerta blanca yacía cerrada al otro lado de la habitación, presuntamente el tocador, según sus nuevas memorias. Bastó un pequeño empujón para notar un cuarto casi del mismo tamaño que la habitación anterior. Dentro, un inodoro con una extraña forma alargada y una palanca por debajo, y, a su lado, una regadera en una enorme recamara que se encontraba escasos centímetros por debajo del nivel del resto de la habitación.
Todo parecía ser acorde a lo que el cuerpo de un equino necesitaría, a pesar de las similitudes con lo que recordaba de su propio hogar, estos eran claramente distintos en funcionamiento y diseño. Todo parecía tan familiar y ajeno a la vez. Haciéndolo dudar de si eran solo las apariencias, o sus recuerdos mezclados.
Del otro lado de la puerta, un enorme y pulcro espejo cubría la pared en casi su totalidad. Permitiéndole ver por completo su cuerpo frente a él en todo su esplendor y forma, por primera vez.
Dominic inclinó la cabeza, incapaz de concebir que aquella figura fuera realmente suya ahora. Incrédulo, posó de tal forma que pudiera observar la silueta de su cuerpo desde un costado. La figura en el espejo no era nada cercano a lo que recordaba la primera vez que miró el espejo. Ésta, se mostraba refinada, esbelta, femenina. La curva que dibujaba su espalda hacia su cadera le resultaba increíblemente llamativa, junto con la silueta que comenzaba en su pecho, a través de su estómago, y terminaba en su larga cola. Su largo cuello dejaba ver claramente cómo su respiración inflaba su pecho, entendiendo en ese momento que la escena anterior había logrado alterarlo de alguna u otra manera, aún si no se había percatado hasta ese momento de su propio estado. Su melena caía por su costado, por encima de sus alas, mientras que los mechones rosas y púrpura se presentaban desalineados, y, sin embargo, manteniendo su orden característico a pesar de todo. El tatuaje que se encontraba en sus ancas le resultaba intrigante, incapaz de reconocer la naturaleza de este, pero entendiendo que se encontraba en todos los ponis, o al menos, en todos los que había visto este día. Su cuerno le aterraba y fascinaba a partes iguales, no solo recordaba lo increíblemente sensible que era en la base y las misteriosas sensaciones que emanaban de él, si no, que se había percatado de la manera en que el suyo era ligeramente más largo que el de Starlight y Lyra por razones que no comprendía del todo. El pelaje de sus patas yacía manchado, reseco, agrupado en mechones de cómo estos habían entrado en contacto con fluidos que prefería olvidar, provocándole una mueca de disgusto hacia sí mismo. El flequillo que caía por sobre su mirada le parecía lindo, sin embargo, incomodo; este se colocaba frente a sus ojos y molestaba sus pestañas, las cuales, se mostraban naturalmente largas y rizadas. Dominic pensó que su melena tal vez necesitaría un despunte y su flequillo podría volverse un flequillo de lado para evitar la molestia sin ceder nada a cambio. Observó cómo su cola estaba desarreglada y enredada, pensando que había sido tal vez por la forma en la que salió de la cama esa mañana, además de que sus plumas se encontraban desalineadas y sucias, algunas inclusive rotas. Sus cascos se veían algo maltratados por golpearlos y juguetear con ellos repetidas veces a lo largo del día, aun así, el esmalte que poseían aún se mantenía íntegramente, dándole a estos un ligero brillo que hacía relucir la curvatura de estos. Con una simple limadura quedarían como nuevos. Pensó.
Dominic se acercó y miró al espejo, observando fijamente a sus brillantes ojos púrpura: irritados, cansados, débiles. El día había sido largo y agotador. Tal vez necesitaba descansar, un masaje y un baño estarían bien. Pensó. Observó detenidamente su rostro; alargado, poseía manchas que descendían a lo largo de sus mejillas desde sus ojos, manchando sus pestañas y por completo la imagen de la Princesa Twilight Sparkle, todo debido a las lágrimas que derramó una y otra vez cada vez que la situación se llevaba lo mejor de él y lo sumía en una desesperación impropia para quién debía ser aquella figura que se reflejaba.
Frustrado, Dom le dio la espalda a la imagen en el espejo, posando su mirada decaída en la enorme ducha que aguardaba frente a él, sus orejas cayendo un segundo después, pensando en lo que había hecho, y lo que tendría que hacer para arreglarlo. Si iba a continuar así, lo haría bien.
Fue en ese momento en que se dio cuenta de sus propios pensamientos.
Sus ojos se abrieron en sorpresa, una sonrisa irónica se marcó en su rostro. No por sus ideas, si no, porque ya no le molestaba. Estaba cómodo con lo que ocurría, se sentía cómodo en el cuerpo que habitaba. A pesar de no saber lo que realmente sentía, cuando se vio en el espejo, se sintió emocionado al ver su rostro nuevamente, al ver su silueta y pensar en que después de una ducha se vería inclusive mejor. Veía a aquella yegua de la que Starlight le había contado, la que había salvado a tantos habitantes y amigos, y atravesado tantas penurias junto con ellos. Aquella que estaba para sus seres queridos, aquella que luchó contra el caos, el odio y la ira. Dominic quería poder ver a esa Twilight Sparkle en ese espejo, esta vez, con distintos ojos.
El suelo de la habitación era frío, pero relajante. Ajeno, pero familiar. Lo invitaba a recordar aquella conversación que tuvo escasos minutos atrás había sido algo que hace mucho tiempo no disfrutaba. Una conversación que no tuviera nada que ver con el trabajo, con los jefes, los proyectos, las tareas atrasadas y los horarios imposibles. Una que no involucraba fiestas o mujeres, bebidas o dinero. Una plática casual entre amigos, donde ambos hablaron de quiénes eran y quiénes querían ser. Starlight se impresionaba con las maravillas que Dominic contaba, mientras que Dom reía cada anécdota de las extrañas excentricidades de Twilight Sparkle y se impresionaba de igual forma con sus hazañas.
Starlight no podía creer que Mike había gastado todo su efectivo en figuras de sus series favoritas, lo suficiente como para haber tenido que ir caminando a su trabajo durante tres meses debido a que no podía comprar gasolina. Por otro lado, Dom seguía riéndose de la vez en que Twilight casi destruye todo Ponyville por entregar tarde una tarea.
Dominic volteó una vez más y suspiró. El rostro en el reflejo se tornó ligeramente más gris y apagado. Los recuerdos de aquella conversación se habían convertido en eso, meros recuerdos que se esfumaban y se hacían más difusos conforme el tiempo pasaba. La imagen que se dibujaba no era la de Twilight Sparkle, aquel rostro había desaparecido del espejo a un lugar desconocido. Aquella amiga que todas veían no se encontraba más detrás de esos ojos púrpura, y así, al igual que aquella conversación, aquel momento, por más ameno que había sido, había terminado, se esfumó y era el momento de seguir. De arreglar los errores y dejar de lamentarse por lo que fue.
Una nueva mirada apareció en su rostro, una decidida y determinada. Suspiro lentamente, deslizó la delgada cortina que separaba la recámara, dentro, dos palancas marcadas con rojo y azul se encontraban fijas en la pared con una pequeña marca de herradura sobre ellas. Por encima una enorme regadera ovalada que era capaz de cubrir casi por completo su cabeza y cuello se alzaba imponente sobre de él, y, debajo, el suelo de cristal, donde se acomodaba una única rendija para permitir el desagüe de dicha recamara.
Dom dudó frente a las manivelas, nunca disfrutó de una ducha fría, pensar en el agua gélida de su apartamento le provocaba ansiedad y pánico, además de enfermedades constantes, sin embargo, esta noche en especial se sentía singularmente calurosa y agotadora.
Con un movimiento de su casco sobre la manivela, la ducha comenzó a sonar, aun así, era incapaz de sentir el agua cayendo. Fue hasta unos segundos después, que está había empapado completamente su pelaje, que el frío toque permeó hasta su piel, increíblemente menos helada de lo que pensó en un inicio.
Dom se sentó sobre sus ancas. El agua cayendo en su rostro había traído su flequillo frente a sus ojos, y su melena hacia su pecho.
El suave sonido de las gotas sobre el cristal era relajante, casi hipnotizante. Este alejaba cualquier otro sonido, incluso el de sus propios pensamientos, invitándolo a simplemente a ignorar todo lo que lo rodeaba. La luz, la cual parecía venir de ninguna parte, se filtraba entre los cabellos de su flequillo, desapareciendo detrás de este en el momento en que cerró los ojos. Sus orejas yacían en calma, su cuerpo en reposo y su mente en quietud.
El mundo yacía en silencio.
¿Lo arruiné? Pensó, ¿Destruí a Twilight Sparkle?
¿Me convertiré en Twilight Sparkle?
Su respiración se hacía más y más profunda, calmada, tranquila, conforme su cuerpo se enfriaba bajo un manto de agua y esta empapaba cada uno de los cabellos en su melena y pelaje, con excepción de sus plumas. Las gotas que golpeaban la base de su frente se sentían como un gentil masaje para él, delicado, constante. Su flequillo había comenzado a moverse hacia los lados de su rostro al momento en que alzó su rostro, sintiendo por primera vez cada parte de él. Sus mejillas, sus párpados, su hocico y su nariz. Por primera vez estaba consciente de ellas. Inclinó su cabeza. El agua caía en la punta de su nariz y se deslizaban por su cuello hasta su estómago, mientras que, con los ojos cerrados y abrazando la tranquilidad que el momento le brindaba, se dirigió a lo más profundo de su mente.
¿Es normal que me sienta así?… ¿Debería sentirme contento?… ¿Molesto?… ¿Triste?… ¿Es correcto que me sienta cómodo?… ¿Es normal dudar?
Dom suspiró, lentamente para evitar que el agua se infiltrara en su nariz. La fría, y sin embargo relajante sensación había viajado por su pecho hasta sus piernas y por debajo de ellas conforme su pelaje comenzaba a empaparse. El frío había llegado a lugares que ahora aceptaba como parte de él, antes de pasar por su espalda y finalmente por lo largo de su cola, notando como apenas logró sentir esa relajante sensación sobre sus alas, pero si por debajo de ellas.
Las recordaba más sensibles, pensó, mientras dejaba que el agua y su sonido lo envolvieran, pensando y buscando en donde terminaba el y comenzaba Twilight. Sus alas se habían relajado y se encontraban ahora reposando sobre el suelo. Las preguntas se acumulaban, pero la sensación que comenzaba a viajar por lo largo de sus alas y a través de sus plumas era simplemente. Calmante.
Suspiró una vez más ante la falta de respuestas. Levantó su casco hasta su rostro y lo deslizó lentamente desde su mentón hacia abajo, pasando por su largo cuello, lenta, tranquila y suavemente, sintiendo el agua y su propio pelaje por debajo de sus pezuñas. Su gentil toque, sensible y pausado, lo invitó a dejar su mente en blanco y dejar que el agua se llevará sus preocupaciones a un lugar alejado de su vista.
El agua caía, en su mente solo estaba su respiración y su cuerpo.
Cada inhalación era lenta y profunda. Cada exhalación era más relajada que la anterior.
Movió su casco alrededor de su cuello, sus músculos dolían, pero cada recorrido sobre estos era cada vez más placenteros y calmantes.
Al fin, el respiro que tanto necesitaba le sonreía.
Al fin, el mundo se había detenido, aunque sea, por unos instantes.
Al fin, Dominic sintió que podía descansar.
Al fin, su mundo no se caía a pedazos frente a sus ojos.
"…"
"¡Dom!"
Un agudo grito trajo a Dominic del lejano reino en el que se encontraba. Sus ojos se abrieron en un segundo, permitiendo al agua penetrar en sus grandes ojos a la par que sus orejas se alzaban en exaltación. Este bajó la cabeza y, por instinto, llevó sus cascos a su rostro. Una vez el áspero toque de estos golpeó su rostro, optó por utilizar sus patas para tallarse los ojos, logrando poco debido a lo mojado de su pelaje.
"¡¿Q-Qué sucede?" exclamó, sus ojos aun ardiendo y sus orejas con agua en su interior.
En un rápido movimiento, Dom cerró la manivela, está resonando fuertemente debido a la fuerza con la que fue empujada hacia su posición original, pensando en que esta se encontraba perfectamente aceitada o era más sensible de lo que aparentaba.
La regadera cesó. El agua comenzó a escurrir por todo su cuerpo, aun así, apenas y se sentía ligeramente más pesado. A pesar de que el agua se había detenido, el flequillo frente a él le impedía ver, provocando que tuviera que guiarse por el suelo para salir de la ducha. Midiendo sus pasos y utilizando la imagen mental de la habitación que había guardado en su mente. Fuera esa la imagen de Twilight o Dominic, le preocupaba poco.
La puerta del tocador resonó lentamente. Dom levantó el rostro, como si de observar el techo tratase, sin embargo, fue incapaz de ver a ningún otro ser frente a él.
"Mmmm ¿Quieres una toalla?" mencionó el intruso con una leve risa.
Con su mente despierta y sin el sonido del agua para alejarlo del mundo real, distinguió fácilmente la voz que había clamado su nombre y que ahora se reía de él en tono cuanto menos juguetón. "¿Spike?"
El sonido de las garras de Spike sobre el cristal se movieron de lado a lado de la habitación rápidamente. Su voz se mostraba ligeramente agitada, sin embargo, su respiración parecía decir lo contrario. "¡Así es! Regresé de la casa de Rarity. Starlight me dijo que estarías aquí. Me sorprendí al ver que tomabas una ducha."
"¿Por qué?" preguntó dando girando de lado a lado, aún sin poder ver al pequeño dragón detrás de él.
Spike se acercó, y junto con él, un pequeño banco el cual dejó frente a Dom. "Twilight utiliza su magia para casi todo y cuando está demasiado agotada me pide ayuda para tallarle la espalda y secarla," dijo mientras ponía varias toallas sobre Dom. "De las plumas siempre se encarga la mañana siguiente. Tiene algo que ver con la lengua y la comida, no presté demasiada atención."
Durante un instante, Dominic se preguntó cómo se sentiría un masaje en su espalda y alas con las pequeñas manos y garras de Spike, el mero pensamiento lo hacía sonreír ante las infinitas posibilidades y sensaciones que eso podría traer, mientras que, por otro lado, Spike había comenzado a secar la cabeza de Dom en lo que este consideraba un movimiento ligeramente brusco.
Los movimientos rápidos y ásperos tiraban de algunos de sus cabellos tanto de su melena como de su pelaje, provocando un leve dolor en su cabeza que se esfumaba casi instantáneamente. "Este baño es muy similar al que tengo—" un gesto de dolor interrumpió sus palabras, "—en casa," dijo Dom, tratando de ignorar los pequeños tirones en su cabeza, "c-claro, no es ni la mitad de grande ni tampoco tiene un retrete así. Además, no encontré el jabón dentro de la ducha," mencionó.
"La mayoría de ponis solo usan Shampoo por eso del pelaje. Yo uso jabón y rocas," respondió Spike mientras movía el pequeño banquillo hacia un costado de Dom.
"¿Rocas?" sus ojos se encontraban al fin libres, a pesar de que el flequillo aún ocupaba parte de su visión, ahora podía ver la habitación frente a él, y, con un giro de su cuello, pudo observar el feliz rostro de un pequeño dragón púrpura moviendo sus cortos brazos en círculos a su lado, secando su espalda y costados, pasando suavemente por debajo y encima de sus alas.
"Si, rocas," respondió Spike tranquilamente, "no es nada fácil limpiar las escamas de un dragón, eh," el sonido del banquillo alejándose por detrás de Dom inicialmente lo puso nervioso, para después sentir de nuevo como el pequeño dragón comenzaba a secar sus piernas una a una.
"No… No lo había pensado a decir verdad… Tus, amm, escamas parecen, no lo sé… ¿D-D-D-Delgadas?" dijo Dom, víctima del cosquilleo que Spike provocaba al instante en que comenzó sus cascos. En el momento en que tocó la base de estos, sintió un intenso cosquilleo atravesando todo su cuerpo, por poco provocándole una carcajada, o en el peor de los casos y para su temor, un gemido.
Spike notó el gesto, provocando que este realizara movimientos más lentos y suaves, "No habías visto antes un dragón, ¿Verdad? Estas pequeñas pueden resistir incluso la lava, amigo," dijo con una sonrisa burlona.
Dominic le devolvió una sonrisa forzada. Las memorias de Spike siendo un bebé creaban ruido entre las distintas imágenes de dragones mitológicos y de fantasía que tanto había devorado en sus años de estudiante, los cuales, pasaron sin pena ni gloria dentro de la casa de sus padres, leyendo y jugando, desde que el sol salía hasta que se escondía. Poco quedaba en su memoria de aquellos días, solo pequeños momentos y vagas imágenes de personas y lugares en los que no estaba seguro de haber estado. Por momentos, podía ver imágenes de pequeños unicornios frente a ella, imágenes de libros, de una escuela a la que nunca fue y una casa en la que nunca vivió. Todos estos fragmentos se esfumaban tan rápido como venían, sólo para desaparecer en su mente poco después y ser ignorados en un instante.
Dom cerró sus ojos por un segundo. "¿En serio? ¿Lava? Pero, ¿Qué pasa con tus ojos y boca?" respondió Dom, su voz y atención divididos entre su mente y Spike.
"¿En serio? ¡Soy un dragón! Respirar fuego es lo mío, la lava es como agua, pero un poco más caliente para mí," una toalla salió a lo lejos, arrojada por Spike hacía un contenedor. "Lo sé. Soy increíble."
En ese momento, Dom sintió un extraño tirón detrás de él. La toalla se había movido hacía su cola, una agradable sensación acompañaba cada movimiento que Spike hacía, sintiéndose, por momentos, casi como un masaje. Los leves tirones, propiciados por el pequeño dragón, repercutía a lo largo de su espalda y, a su vez, la sensación de la toalla sobre su pelaje y cabellos era relajante y suave.
Dominic volteó a ver al pequeño dragón detrás de él, una sonrisa fingida claramente dibujada en su rostro. "Supongo que… Tengo mucho que aprender," dijo, esperando cruzar con la mirada de Spike, lográndolo unos segundos después. "Spike… Yo…" incapaz de observar esos grandes ojos esmeralda, clavó su mirada en el suelo y sus orejas a su cabeza. "Gracias por ayudarme…" El nudo en su garganta le impedía seguir, algo dentro de él dolía. El simple hecho de ver a los ojos a Spike era agotador para él. Cada vez que lo hacía, oleada tras oleada de sensaciones y recuerdos lo invadían, sensaciones desconocidas, sensaciones que no le pertenecían, o eso quería pensar. Starlight dijo que la relación de Twilight con el era, cuanto menos, curiosa, eran casi como familia, en más de una forma. Nunca pudo estar segura de sí los debía ver como hermanos, como madre e hijo, o simplemente familiares. Mencionó que afrontarlo a él podía ser mucho más difícil debido a su estrecha relación. Sin embargo, no había forma en que estuviera preparado para eso.
Spike observó la mirada evasiva de Dom. "No te preocupes, en serio, me gusta ayudar… A-además…" dijo, su voz ligeramente apagada mientras alejaba con las toallas entre sus manos, para luego colocarlas fuera de la habitación en una canasta. "Twilight me mataría si encuentra que no ha tomado una ducha en días, si no fuera por mí… Ella… Ella…"
La voz de Spike comenzó a quebrarse, cada palabra era cada vez más silenciosa y dolorosa. La pila de toallas que cargaba en sus brazos se derrumbó frente a él, a la par que tomaba dos de ellas en sus manos. Sus puños presionaban con fuerza la tela entre sus palmas, sus uñas comenzaron a desgarrarla y enterrarse en ella conforme un llanto ahogado tomaba presa su voz.
Dominic vio la pila caer frente a él. Spike permanecía quieto, en silencio. Fue hasta que vio como sus piernas y manos temblaban qué se percató de lo que ocurría.
En un instante y sin dudarlo, saltó y tomó a Spike entre sus brazos. Las piernas de estas piernas se rindieron, cayendo este entre los cascos de Dom.
Segundos pasaron. Solo un leve sollozo se escuchaba. Spike mantenía su llanto resguardado, alejado de Dominic y oculto de el mismo.
"Lo siento Spike… En serio lo lamento…" dijo Dominic, jamás alejando a Spike de él. "Lo solucionaremos… Yo… Starlight lo resolverá… Ya estamos—"
"E-Está bien…" interrumpió Spike, su voz cortada y aguda mientras tomaba el brazo de Dom fuertemente entre los suyos, "N-No… N-No es tu culpa, Dom… Es solo que… Sin Twilight aquí y con Rarity enferma… Siento que… Que…" su voz cada vez más apagada y débil, mientras que sus brazos tomaban cada vez más y más fuerte el de Dom.
En ese momento, Dom lo recordó. Rarity no había aparecido el día de hoy por que se sentía enferma, era debido a el que nadie fue a ver como se encontraba realmente. Todas pensaban que era solo una enfermedad pasajera y que él era el verdadero problema a tener en cuenta. "Yo… Ah… Spike… Rarity… ¿Rarity está bien?"
Los segundos pasaron en silencio.
Solo las gotas residuales de la ducha sonaban en la habitación.
Una y otra vez.
El silencio era pesado. Dominic se mantuvo a lado de Spike conforme el sollozo se hacía más y más tenue. Spike abrió sus garras, aún sin alejarse del brazo de Dom. Estas, dejando marca en su pelaje y un dolor agudo detrás. "Ella… Está confundida… Olvida… Olvida nombres… Pero… Parece tranquila…"
"Me alegra que esté bien…"
"A mí también…" Las pupilas de Spike se dilataron al darse cuenta de sus palabras, "digo, no es que desee que no estuvieras aquí o que lo que le pasó a Twilight solo hubiera sido una enfermedad como con Rarity en lugar de… es solo que, ah— Quiero decir que me alegra que todos estén bien ¿Sabes? digo— ah—"
"Entiendo, entiendo," interrumpió Dom, salvando al confundido Spike de ahogarse en sus propias palabras, "no te preocupes. Mañana iremos a ver a Rarity. No voy a gritar ni me vendré abajo esta vez, lo prometo. ¿Qué tal? Es una buena oferta creo yo," una ligera sonrisa comenzaba a dibujarse en su rostro.
"Suena genial."
Spike en ningún momento se dio la vuelta, en ningún momento se movió. Solamente se quedó ahí, mirando hacia la puerta, ojos empapados, sosteniendo fuertemente el brazo de Dom entre los suyos, el pelaje de Twilight, su olor, su melena que caía por un costado y molestaba sus ojos cuando se sentaba con ella. Todo estaba ahí, no era ella, pero esas sensaciones lo hacían sentir seguro, en calma, como si lo fuera.
Un par de minutos pasaron. Dominic se detuvo a pensar en lo que será de él mañana, en lo que quedará de él, mientras trataba de regular su respiración para no preocupar al dragón entre sus brazos que se recostaba en su pecho.
Spike, por otra parte, deseaba haber impedido que Twilight realizara el hechizo, aun así, ahora estaba ahí, mirando a la cama desarreglada, con una ligera sonrisa creciente en su rostro, pensando en que todo estaría bien.
Ambos se levantaron. Se dieron un saludo cordial, un saludo de amigos.
Al salir del tocador, Dom vio la habitación hecha el desastre que recordaba. "Ammm… Spike… Podrías—"
"No hay problema, ¡Yo me encargo!" dijo con el mismo entusiasmo con el que contaba escasos minutos antes, como si nada hubiera pasado, como si sus problemas se hubieran ido en tan solo unos segundos al mañana distante. A donde pertenecían.
Desearía poder ser tan fuerte… pensó Dom. La brillante sonrisa de Spike, inocente y sin una pizca de duda le hacían pensar que tal vez tenía razón y solo era cuestión de tiempo para que las piezas cayeran en su lugar, para que todo cobrara sentido otra vez.
Pero sea lo que fuese, sería un trabajo para el día siguiente.
En cuestión de segundos, la habitación se encontraba ordenada y limpia, a excepción del espejo y la grieta en el suelo.
"Bien. Nos vemos en la mañana, Dom. ¡Dulces sueños!" dijo Spike, antes de salir de la habitación con una pequeña cobija y un muñeco de peluche entre sus brazos.
"Descansa, Spike. Buenas noches."
La enorme puerta de madera agrietada se cerró detrás de él, las pisadas de Spike rápidamente se alejaron, hasta que después de unos segundos fue incapaz de escucharlas. La cama, ahora preparada, lo invitaba a descansar y solamente cerrar los ojos. A desaparecer en el velo de la noche y, aunque sea por un instante, dejar que todo ocurra a su alrededor sin él para observarlo.
Dom subió al lecho de seda, sus cuatro patas ahora encima de la sábana púrpura. Se detuvo un segundo, mirando el cómo se supone que debía recostarse. Recordaba haber despertado boca arriba, sin embargo, con solo pensar en sus alas y su espalda esa idea fue descartada de inmediato. En ese momento, volteó a ver sus costados. Sus alas se encontraban cansadas, sus plumas maltratadas y desalineadas, por otro lado, sus músculos ya no dolían.
"Supongo que… Será como en casa," dijo con un suspiro.
Su rostro se plantó firmemente contra la almohada, sus extremidades se extendieron a más no poder, mientras un sonoro "Ahh" abandonaba su cuerpo. La cama era más suave de lo que recordaba, más cómoda de lo que pudo pensar y más relajante de lo que podía soportar.
Y así.
En un par de segundos.
Dominic se encontraba navegando en las turbulentas aguas de su memoria y las de Twilight.
Sin rumbo fijo.
Un par de minutos después. La puerta de madera se abrió una vez más.
