Sospechas

Aquella misma noche Sesshomaru llego a su cabaña más temprano de lo acostumbrado, venia serio y arisco, con sus especulaciones palpitándole en la cabeza. Sin mucho ánimo se bajó de su corcel y le dio una palmada para que se alejara antes de entrar en la cabaña, donde se encontró el grillo colgando en la puerta.

-¿Qué cosa es esto?- pregunto de malas.

-¡cuidado!- grito Rin corriendo medio tropezándose desde su habitación al ver a su padre sostener la jaulita de su mascota.

-¿Quién colgó esto?- pregunto Sesshomaru sin prestarle atención a la súplica de su hija.

-tú- respondió de inmediato Rin señalándolo con el dedo.

-yo que voy a colgar estas porquerías…-murmuro entre dientes el ambarino disponiéndose a tirar el objeto.

-¡no, lo vas a apachurrar!- grito Rin aún más fuerte.

-¿a quién?- pregunto Sesshomaru serio.

-a mi grillo- respondió Rin cruzada de brazos.

-¿Cuál grillo?-

-el que traes en la mano- Sesshomaru la miro con una ceja alzada.

-¿y esta tontería?- pregunto incrédulo.

-¿a que ya no te acuerdas?- pregunto Rin molesta cruzándose de brazos.

-¿no acordarme? ¿De qué?- pregunto molesto.

-canta… no te acuerdas tú me lo diste- explico la pequeña.

-¿Qué yo te…? ¿Cuándo?- Rin rodo los ojos.

-pues cuando regresaste- dijo con desdén.

-¿regresar?- gruño Sesshomaru molesto por el rumbo de la conversación.

-¿con un demonio cuándo regrese?-exigió saber

-pues con diez demonios después que te fuiste, ni modo que antes- le explico Rin estirando uno de sus bracitos.

-Jaken- llamo el ambarino con furia, esto lo estaba poniendo de peor humor del que venía.

-¡Jaken!- gruño retumbando la cabaña.

-¿Qué pasa?- pregunto el sirviente llegando a trompiscones.

-¡¿Qué comió esta niña?!- grito furioso señalando a la pequeña.

-lo de siempre, nada- respondió temblando Jaken.

-está diciendo puras cosas raras y ridículas- gruño enfadado.

-¿le ha dado mucho el sol?- pregunto mirando con los ojos entrecerrados a su hija.

-¡al contrario!- sonrió Jaken pues había podido hacer que Rin se tomase una siesta e incluso que se dejara asear sin tanta discusión.

-¿entonces que pasa contigo?- Interrogo Sesshomaru a su hija.

-ya estuvo suave,- gruño molesta la niña.

-dame mi grillo, y hazlo que cante el conejito- ordeno, provocando que Sesshomaru alzara las cejas casi asustado.

-¿cuál conejo?- pregunto sin entender por primera vez en su vida lo que ocurría.

-con la escopeta que mata al lobo- explico Rin exasperada mientras Jaken se ponía a temblar.

-Jaken… si mi hija se volvió loca por tu culpa te mato- dijo con su típico tono neutro, que todos sabían era mucho más amenazador que el chasquido de una pistola.

-¡se-seguro que ha de haber estado soñando! ¡El grillo yo se lo di!- se exceso rápidamente Jaken.

-hablador mentiroso ¡fue el, fue el!- gruño Rin señalando a su padre con el dedo de manera energética.

-¡¿yo?!- le devolvió el gruñido Sesshomaru, más la pequeña no se inmuto.

-está bien, toma tu animal este y duérmete- ordeno Sesshomaru devolviéndole el grillo.

-¡NO QUIERO!- rugió la niña alejándose y trepando al escritorio de su padre haciendo suspirar furiosamente al mismo.

-mira Rin, no empecemos ¡a dormir he dicho!- le rugió viéndola desde arriba.

-no quiero, no tengo sueño, ¡quiero que me cantes lo del conejo!- ordeno mirándolo de manera desafiante.

-te hecho al monte- amenazo el mayor de los Taisho.

-bueno- sonrió la pequeña encogiéndose de hombros.

-y te van a comer los lobos- intento asustarla.

-que vengan, yo le hablo al conejo que trae escopeta…- sonrió burlonamente Rin, Jaken veía todo temblando de pies a cabeza, si bien Sesshomaru nunca castigaba a Rin las palizas le tocaban a él.

-claro- sonrió irónicamente Sesshomaru.

-conejos… escopetas… "Rinsita"- la llamo con una sonrisa macabra.

-¿no quieres dormirte?- pregunto.

-¡NO!- asintió la pequeña.

-¡¿entonces no piensas obedecerme?!- rugió molesto, nadie que desobedecía sus órdenes solía vivir, pero Rin era su hija.

-obedéceme tu, dime lo que está cantando- dijo Rin más calmada ofreciéndole la jaulita. Sesshomaru obedeció y se la llevo a la oreja.

-¿no oyes nada?- pregunto Rin emocionada. Mas su padre solo frunció el ceño consiente de lo ridículo que era todo eso.

-me lleva el… ¡no tengo tiempo de ori esto!- gruño dándole su juguete a la niña y saliendo por la puerta.

Varios días después…

Inuyasha estaba sentado en su escritorio en el cuartel observando atento los reportes de la tropa. Sumamente frustrado arrojo los papeles sobre la madrea barnizada y se rasco la cabeza, llevaba más de tres semanas persiguiendo al coyote y nada que lo atrapaba, ¡maldición ni cerca estaba de atraparlo!

Cada vez que se lograba acercar siquiera el muy bandido se le escurría de las manos como una lagartija. Y el colmo era que todo eso le restaba un tiempo precioso para convivir con su recién adquirida novia Kagome. Y mira que ella si la había costado su trabajo.

-¡mi capitán!- grito uno de los soldados haciéndolo levantar la vista.

-le enviaron esto de urgencia- le explico enseñándole un papel doblado.

"no se ande como los ratones viejos capitán,

El coyote está más cerca de lo que cree,

Usted lo conoce muy bien,

Si no lo atrapa es porque no quiere,

Usted debería entender sus aullidos,

Ya que son de la misma sangre

Sino pregúntele a su hermano Sesshomaru,

¿O qué? ¿Todo va a quedar en familia?

¿Y los muertos?"

Inuyasha leyó y releyó el papel con el ceño más fruncido que había mostrado en toda su vida. Había escuchado rumores, pero esto… ¿quería decir que el coyote era…? No… no podía ser lo que estaba pensando.

-¿Quién te ha dado esto?- pregunto seriamente al soldado.

-un niño mi capitán, pero antes de preguntarle nada salió corriendo como alma que lleva el diablo- explico el militar. Inuyasha gruño levantándose del escritorio, y salió, sería mejor que discutiera esto con la única persona a la que le confiaría sus asuntos ciegamente.

En el potosino…

Hoyo leyó los papeles cada vez más preocupado, suspiro tristemente mientras su hermano lo veía con una súplica poco disimulada, el de los tres era el que tenía más sabiduría en estos tipos de dudas de moral. Solo a él podría acudir por consejo.

-¿Qué piensas hacer?- pregunto por fin el sacerdote.

-cumplir con mi deber- dijo Inuyasha tratando de hacerse el duro, su hermano sonrió con comprensión, esto le dolía mucho más a él pues tendría que arrestar a su propia sangre.

-Inu, es nuestro hermano…- intento hacerlo entrar en razón.

-y es un asesino- suspiro Inuyasha cuadrando los hombros.

-déjame hablar con él, estoy seguro de que podre convencerlo de que…- intento otra vez Hoyo.

-ya es muy tarde, como te dije es un asesino- le interrumpió Inuyasha.

-¿Qué te he dicho siempre? No debemos condenarlo antes de hablar con él, anda vamos...- le insistió para que fueran juntos con su hermano, quizás si se reunían los tres podrían solucionar las cosas sin que tuviera que darle los santos oleos a nadie.

-buenas tardes, buenas tardes- dijo la voz del señor visitador desde la puerta haciendo palidecer al menor de los Taisho.

-padre, pase usted- lo recibió con una sonrisa semi- forzada.

-por fin lo encuentro, he venido varias veces, varias veces- respondió el visitador colocándose junto al sacerdote.

-perdone padre, mire le presento a mi hermano el capitán Inuyasha- dijo Hoyo señalando a su hermano mayor.

-mucho gusto- respondió Inuyasha seriamente con un leve asentimiento de cabeza.

-¿pero que no es usted Sesshomaru? ¿El que vi la otra vez que estuve aquí?- pregunto curioso el visitador.

-¿Sesshomaru aquí?- pregunto Inuyasha alzando las cejas, tenía entendido que Sesshomaru ni se acercaba al potosino y aún menos desde que Hoyo se ocupaba de la parroquia.

-si- contesto el visitador.

-¡No!- corrigió Hoyo antes de cubrirse la boca.

-es que… este no es el, es el otro hermano, vera somos triates- explico con una sonrisa temblorosa y el sudor empapándole la nuca.

-¡cosa extraordinaria!- sonrió el padre visitador.

-pero si son igualitos- expreso viendo a ambos hermanos atentamente para el nerviosismo de Hoyo.

-pero yo creía que Sessh…- Hoyo le pellizco hacerlo callar.

-es algo realmente extraordinario, y yo que tenía sospechas- serio el viejo visitador haciendo caso omiso del gesto.

-¡pero qué idea! Se van ustedes a reír, pensé que no se te había quitado lo bromista que eras en el seminario- sonrió amigablemente mientras Hoyo sudaba la gota gorda.

-de verdad se van a reír, yo que creí que eras tú mismo disfrazado, jajaja, ¡disfrazado!- se echó a reír, Inuyasha miro con una ceja alzada a Hoyo que estaba más blanco que la cal.

-viene de paso ¿verdad padre?- intervino intentando distraer la atención de Inuyasha.

-oh no, no, tenemos que hablar tu y yo con mucha calma, mucha calma- negó el visitador y Hoyo le imito con temor.

-Muy despacio, muy despacio, pero antes me gustaría tomar un refrigerio ¿no te parece?- sonrió.

-claro padre, disculpen ¡Hachi!- Hoyo se alejó hacia la puerta, entre más pronto lo despachara antes podría resolver el asunto entre sus hermanos.

-bueno ustedes me van a perdonar, pero aun debo ir a visitar al otro hermano- se despidió Inuyasha tomando su gorra del perchero.

-ve con dios hijo, ve con dios- Hoyo se volteo al oír las palabras de su superior.

-Inuyasha, ¿no podrías esperarte a mañana?-rogo al verlo marcharse.

-perdona hermanito, pero el deber- contesto el capitán con un encogimiento de hombros.

Hoyo vio a su hermano salir por el umbral son poder evitar una mueca de preocupación, lo cierto era que todo parecía indicar que Sesshomaru era el tan infame criminal de la huasteca, santo dios había estado rezando emanas para que no fuera verdad.

-simpático muchacho- sonrió el visitador sacándole de su reflexión.

-el deber, el deber, el deber por eso vine a hablarte hijo el deber, se han ido a quejar de ti, doña Kikyo dice que, pero ya hablaremos, tenemos para toda la noche, toda la noche, para toda la noche- empezó a explicar.

-si claro, doña Kikyo… el coyote…- pensó en voz alta, algo entre todo ese embrollo no le cuadrada.

-¿Cómo?- pregunto el visitador curioso por semejantes palabras del sacerdote.

-ay perdón padre, pero ¡es que esa señora se la pasa metida aquí, y ya no me…!- intento explicar Hoyo viendo que sin querer se le habían salido las palabras.

-¡si, si, si, ya se, ya se!- aseguro el visitador.

-si de hecho vine a felicitarte por tu actitud, por tu actitud. Pero ya hablaremos, ahora podría nos tomar un ligerito, ligerito, ligerito refrigerio-

-eso suena a lagartija sin sombrero-Hachi llego en ese momento con su nuevo y fiel trapeador en el hombro sonriendo, y al escuchar al padre visitador se hecho a reír.

-¡Hachi!- le regaño Hoyo, ya de por si andaba de mal humor.

-¿Cómo dijo?- pregunto el visitador sin entender el comentario.

-es que así le suena- explico el peli plateado.

-así me suena. Así me suena. Así me…-

-Hachi- le regañaron ambos clérigos provocando que el sacristán saliera corriendo, hoyo frunció levemente el ceño mientras se preparaba para una noche, muy, muy, muy larga

Continuara…