Capítulo 11:

Incidentes y penas…

Fueron sus endemoniados ojos que la hicieron retroceder abruptamente, de la pequeña ventana, en cristal, que había en medio de la puerta, y no sus característica y apariencia personal. Pese a que estaba atado por correas en cuero a aquella camilla de sabanas blancas, ella temía de él, aferrando con fuerza sus dedos a la manta de color negra que cubría su cuerpo. Mordió sus labios y casi con miedo subió la vista para mirarle, apuñalándole aquellos ojos llenos de ira. La voz de Yomi, informándole su partida, la hizo reaccionar, separándose por completo de la puerta, que la dividía de aquel endemoniado ser, lo siguió en paso lento y en silencio.

Había sido ingresado en la madrugada. Apenas llevaba tres horas y ya sentía que llevaba una eternidad en aquel lugar. Verla a ella, allí parada, detrás de la puerta, fue lo que lo descontrolo de tal forma que a los pocos minutos de ella irse los enfermeros entraron a la habitación ante los gritos y palabras indecorosas del desquiciado del Uchiha, para administrarle un sedante y así poder callarlo. Seis horas después, despertó en aquel sueño, comprobando así que no se trataba de una pesadilla como lo había imaginado.

— ¡Enfermero! —Gritó a los pocos minutos de escuchar las voces de los enfermeros pasearse por los pasillos en una de sus matutinas hornadas.

— ¡Enfermera! —Gritó con más fuerza, molesto al nadie contestar sus llamados.

— ¡Con un carajo!, ¡Los estoy llamando! —Exclamó furioso…sabía que le ignoraban.

— ¡Ya cayeté imbécil! —Bramó con sarcasmo uno de los tantos guardias de seguridad quien en ese momento se encontraba recorriendo el pasillo. Frunció el ceño de sobremanera, molesto ante la contestación dada en el otro extremo.

¡Me lleva! —masculló molesto.

Quedó en silencio, no por que se haya rendido, sino porque su mente había quedado estoqueada en las escenas pasadas que lo llevaron a ese lugar, encerrado como un perro. Si tan solo la hubiera estrangulado, o mejor dicho, terminado de estrangularla…Si tan solo Yomi no hubiera llegado a tiempo, tal vez y ella hubiera parecido en el incendio, pero para su maldita suerte, esa mujer tenía la misma siete vidas de un gato.

La insoportable y blanca luz entró por la puerta al momento de alguien abrirla y entrar por esta. Le fulminó con la mirada, deseándole con esta lo peor del mundo, "Sino es que ya lo había vivido el condenado del Uchiha". Cruzó sus manos detrás de su espalda y caminó serio en dirección al Uchiha quien en todo momento le ignoraba.

—Itachi. —Le llamó en una serenidad absoluta, luego de mirarle por varios minutos en silencio.

— ¿Eres consiente de lo que has hecho? —Preguntó en una corta pausa, siempre manteniendo su cólera e impulsos fuera de su campo de profesionalismo.

—O mejor dicho, ¿Eres consiente de lo que intentabas hacer? —Finalizó en un tono más duro. Itachi le ignoró.

— ¡Con un carajo! —En un arranque, dejo aun lado su profesionalismo, se acercó hasta la camilla, se agacho y con ira masculló aquellas palabras cerca de su oído. Itachi Bufó sínico.

— ¡Casi nos matas, pedazo de mierda! —bramó, recinchando sus dientes con ira. Aquellas palabras las soltó con gran frustración e impotencia al no poder golpearlo lo cual era lo que verdaderamente quería hacer.

—Casi la matas a ella y me matas a mí con tus malditas pendejadas de locura. —continuó.

— ¿Cuándo me sacaras? —soltó, así no más, con una pasividad que se quedaba nula ante cualquier cosa.

—Te pagaré el doble. —Finalizó. Aquello lo dejó estupefacto a Yomi, parpadeando varias veces sin poder creer lo que había escuchado. Se alejó sin poder creerlo para luego, a los pocos segundos, reírse ante la interrogante y los chantajes del Uchiha.

—Eso nunca, Itachi. Ahora, te quedaras aquí y como un "muy buen paciente" te comportaras, ¿Eh? —Sus palabras sobresaltaron al Uchiha quien lo fulminó con la mirada.

—Déjate de juegos conmigo. Sabes que hablo enserio cuando te digo que te pague el doble. —Reiteró el Uchiha. Yomi, bufó ante aquello.

—Yo también hablo enserio, Itachi. —Contestó.

—Tú no me puedes dejar aquí. —espeto enojado mientras se removía de la camilla, intentando de desajustar las correas que lo tenían atado a esta.

—Puedo hacer eso y mucho más. —dictó sin pena alguna ante la decisión tomada. Se volteo y antes de irse, le recordó aun pequeñísimo detalle que daba lógica completa ante lo ya dicho.

—Recuerda que soy tú doctor. —Le recordó para luego salir por la puerta.

— ¡Desgraciado!, ¡Insensato! ¡Maldita seas tú! —Exclamó lleno de ira.

La noche anterior, Sakura la había pasado en un pequeño hotelillo que Yomi ofreció pagarle. Tomó una tercera ducha, ese día ya tarde, recostándose en la cama, coba arriba esperó la llegada de Yomi en silencio, viniéndole a la mente como un relámpago las memorias pasadas de los acontecimientos que ocurrieron la noche pasada en la casa de Yomi.

Había perdido la razón, y en ese instante le había dado paso a miles de desenfrenados paroxismos que lo llevó no solo a herirla, sino que también a intentar de matarla. Suspiró. Sentía pena por él. ¿Cómo un hombre de esa altura se había desquiciado de tal forma que hasta los más cercanos le tenía terror? Su errante carácter lo estaba llevando a la lejanía total, y pronto, a Sakura no le sorprendería que hasta sus empleados se le fueran de la mansión al tenerle terror y no poder dormir en las noches pensando que su señor los mataría en la noche.

Esa noche, todo fue rápido, incluso, el incendio fue algo inesperado entre ellos…

Flash Back…

Sollozó y tembló entre sus brazos mientras sentía sus dedos pasearse por sus mejillas, bajando hasta su cuello lentamente hasta que llego a la abertura de su bata, metiendo su mano por dentro, y en un simple y tosco movimiento, desajusto su bata, abriéndola por completo.

Quiero ver lo que tienes debajo de esas ropas. Quiero ver lo que desvela tanto a mi querido Yome. —Apartó su rostro aún lado, asiendo contacto su mejilla izquierda con la pared. Levantó sus manos y lo empujó con todas sus fuerzas, intentando de separarlo de ella.

Cómo le gustaba hacerla sufrir. No sabia que haber en aquellos momentos. Se encontraba cerrada en su propio miedo, si idea alguna de lo que ocurría a sus alrededores. Tenía que pensar rápido, antes de que la locura en él se manifestara.

En su mente no estaba abusar de ella, claro esta. Sino más bien…quería golpearla hasta cansarse, desahogar todo esa frustración y enojo que llevaba por dentro. Las causas de su frustración y enojo eran desconocidas, incluso hasta el propio Uchiha se impresionaba al no tener una contestación clara de sus acciones.

Pensó rápido en una solución que la desatara del peligro que corría, arremetiendo contra su no muy clara idea. Lo golpeó. Un rodillazo fuerte, inesperado por parte de ella, en la boca del estomago lo dejó sin aire, apresurándose ella para escapar de sus brazos. Itachi, cayó de rodillas al suelo, maldiciendo con pocos aires a la Haruno quien en un momento de desesperación, el Uchiha, al sentirla escapar de su alcance, la tomó con firmeza del tobillo derecha, jalándola hacia atrás. Traspié y perdió el equilibrio, golpeándose con fuerza las rodillas al impactarse con el suelo frío. Itachi recupero los aires y en un rápido y calculado movimiento, la jaló de los pies, posicionándose a orcas en sus caderas mientras sostenía sus manos, evitando así que le golpeara. Pataleó, grito y arañó como una gata, aun así, en la mayor parte de sus movimientos bruscos, Itachi logro obtener su control, evitando así que se le escapara o intentara de sorprenderle con algún golpe bajo.

Le aguando las manos por sus muñecas utilizando una sola mano mientras que con la otra la amordazó, evitando así que despertara los vecinos con sus escandalosos gritos.

Eres muy creída de tus acciones. Intentaste jugar al azar conmigo y no más conseguiste que me enojara.Habló en total serenidad que estremecía al no más escucharlo. Sakura presto atención a sus palabras y movimientos corporales, temiendo asé de que le pudiera dar un mal golpe.

Se arqueó con violencia, removiéndose de un lado a otro, intentando así de lograr su libertad. La psicosis lo estaba manipulando a su totalidad, presentando cambios bruscos en su personalidad y manera cuerda de pensar. La tomó con fuerza de los brazos, y en un brusco movimiento la obligó a levantarse. Sakura continuó, esperanzada, forcejeando con él, intentado se zafarse de su agarre. La azotó contra la pared y ante el gran impacto provocó que su labio inferior se abriera. El golpe la había dejado un poco desorientada. Colocó ambas manos en la pared y tomó impulso para separarse de esta y voltearse, recibiéndola el inesperado golpe del Uchiha quien la acacheteó con fuerza, tumbándola al suelo. Otro golpe más y de seguro caería inconsciente. El segundo golpe, logró hincharle la mejilla izquierda, tornándose aun rojo oscuro. Gimió con dolor al impactar por tercer vez el suelo ante un tercer golpe en su estomago por parte del uchiha quien la había agredido con su pie derecho.

Levántate. —Ordenó. Intentó de levantarse, pero las fuerzas no estaban de su lado.

¿Dónde esta tu devoto dios al que tanto le rezas? —Se burló en su manera sumisa.

Tu fe te a abandonado…tus creencias no más son puras mierdas. No existe un dios puritano y misericordioso, como aquel que dio la vida por nosotros. No más son puras mierdas. —Era más que claro su rechazo repulsivo hacia dios.

Cerró con fuerzas sus puños, se levantó y en un inesperado movimiento, tomó en manos una vieja lámpara de mesa y la estrelló contra él. Un hilo de sangre bajó por la parte derecha de su frente. Levantó su mano y se limpió la frente, comprobando que aquello era sangre. Su ira despertó y arremetió contra ella. Intento de atraparla, pero Sakura lo esquivo con algo de torpeza debido a que aun se encontraba adolorida por lo golpes que había recibido.

Corrió toda la sala y parte del comedor, intentando de escapar del Uchiha quien en uno de sus arranques había tomado en manos una lámpara, apagada, de aceite, estrellándola contra el suelo. Se detuvo en una esquina del uno de los extremos de la sala. Itachi parecía sonreír. La luz que facilitaba el fuego de la chimenea le daba un resplandor único, lleno de terror. La respiración de Sakura se podía escuchar claramente en el silencio que abarcaba en ese momento en la sala. Y como si no le doliera, Itachi se arrodilló frente a la chimenea y sin más metió la mano, y agarró por uno de sus bordes un pequeño tronco, tirándolo en la alfombra ya húmeda del aceite que había derramado al estrellar la lámpara de aceite contra el suelo.

Sakura abrió los ojos de la impresión. Él no parecía ser consiente de sus actos. El fuego empezó a esparcirse por la alfombra y consumir el aceite en esta. Sakura reaccionó y corrió hacia la salida, atravesándosele Itachi en el medio, impidiéndole así su fallido escape. La persiguió con perseverancia, bajando las escaleras del sótano. Traspié, bajando los últimos seis escalones rodando, golpeándose con fuerza su costado derecho. Itachi aprovechó el momento y la acorralo contra el suelo y el peso de su cuerpo, quedando ella de espalda.

La volteo con brusquedad y coloco ambas manos en su cuello. Quería estrangularla, acabar con ella de una buena vez…

El sonido del fuego consumiendo todo a su paso se podía escuchar como eco retumbante en toda la escena. Sakura pateo e intentó soltarse de su agarre, aun así, como siempre, el tenía el control sobre ella. Pensó por un momento que todo había llegado a su fin, que la suerte la había abandonado esta vez, no fue hasta que vio una silueta oscura detrás de Itachi, arremetiendo contra este, impacto sobre su espalda un pedazo largo y ancho de madera, cayendo aun lado.

¡Sakura! —Le llamó Yome, nervioso ante lo visto. Se inclinó y la tomo entre sus brazos, sacándola de inmediato por la puerta trasera de la azotea.

Una vez deposito a Sakura fuera de aquella casa, entró nuevamente y saco a arrastras al Uchiha a quien tuvo que golpear nuevamente para dejarlo inconsciente y así poder llevárselo con él sin problema alguno.

La policía llegó al lugar y a los pocos minutos se escuchó el sonido de las sirenas de una ambulancia venir en camino. Sakura se encontraba fuera de peligro. Uno que otro golpe y hematoma, pero nada grave como para ser llevada de emergencias al hospital, aun así, Yome insistió en que fuera llevada a un hospital para así salir de dudas sobre su condición. De inmediato y sin perder tiempo, Yomi ordeno que llevaran al Uchiha al reclusorio de enfermos mentales conocido como "Ato".

End of Flash back…

Ahora las cosas habían cambiado y empeorado a tal forma. Ya no había hogar en que habitar, y en cierta forma, se sentía culpable de lo ocurrido con la residencia del señor Yome. Si nunca le hubiera dado amparó, tal vez y nada de eso hubiera ocurrido.

El sonido de la puerta cerrarse la sacó fuera de sus pensamiento, volteándose para ver la presencia de Yome quien seguramente había llegado de ver al señor Uchiha.

Se veía cansado, preocupado y un tanto estresado. Sakura intento hablarle, pero él se había adelantado.

—Me mudare. —Anunció, tan seco. Sus palabras sonaban llenas de dudas, como si no estuviera seguro de ellas.

—Yo…—Vaciló. Se reincorporó de la cama y se sentó en el borde de esta.

—Tengo que volver a la residencia del Uchiha e instalarme en esta. Es un hecho que el mayordomo ya no tiene la fuerza para lidiar con él, y el único que puede con él soy yo. —explicó. Ahora entendía su estrés…tal parece que la decisión no era de su agrado, aun así, para él era la correcta.

—Yo. Creo que tengo un familiar lejano en el norte de la ciudad. Me mudare para el norte e intentaré buscar empleo. Después de todo, dicen que allí se consigue empleo rápido. —Comunicó con una forzada sonrisa…ni si quiera estaba segura de lo que decía.

—Tú no tienes familia en esta ciudad. Estás sola como yo, por tanto, necesitaras a alguien de apoyo. —Yomi no era tonto, después de todo, era psiquiatra.

—Te conseguiré un empleo por esta zona. Conozco muchas personas que necesitan siempre de una asistente de hogar. No te preocupes. —Se ofreció.

—No es necesario. Será mejor que me aleje de usted. Mira lo que ha causado mi presencia. —Soltó apenada.

— ¡Que tonterías dices! —Bramó molesto.

— ¡Aquí todo tiene un culpable y es el demente de Itachi que no tiene control alguno! —Finalizó.

—Se hará lo que yo diga. En un tiempo, ofreció ayudarte y no dejare de cumplirlo. Tendrás mi ayuda. —Finalizó, concreto de sus palabras.

Lo que ocurriera después de ese día, solo lo sabía dios, y ella pedía que su destino tuviera misericordia de ella y de los que la rodean…