Capítulo 11
-Sasuke-kun- su voz quería quebrarse, pero debía ser fuerte, debía decírselo. Sabía que la apoyaría, que la reconfortaría, que la trataría de hacer sentir mejor, porque eso era lo que hacían los novios, ¿verdad?
-¿Qué ocurre, Hina?- su tono se oyó como siempre, ella sabía que, a pesar de que siempre le hablaba de la misma forma fría, la quería. De no ser así no seguirían juntos.
-Sasuke-kun, mi padre…- por un segundo sintió un nudo en la garganta y Sasuke sólo supo arquear la ceja –él… murió- no sabía si iba a poder contenerse más tiempo.
-¿Qué?- sólo en ese momento el tono y la expresión de Sasuke cambiaron –ya veo-
-yo… no sé qué…- las lágrimas comenzaron a salir.
-¡Bah! Por favor, Hinata- su voz se oía molesta y eso la confundió –ya estoy harto de verte llorar por todo, no te pedí que fueras mi novia para tener que aguantar tus lloriqueos- soltó sin pensar, llamando la atención de los que cruzaban por ahí.
-¿de qué estás…?-
-mira, seré claro contigo, ya no me interesas. Has sido un gran desperdicio de tiempo y ya no quiero seguir perdiéndolo, me he dado cuenta de que no vas a darme lo que quiero, así que supongo que terminamos- le envió una sonrisa maliciosa y ella se abrazó como respuesta
-¿Sasuke-kun?- lo llamó, preguntándose si seguía siendo el mismo chico del que se enamoró.
-¿sabes lo que he tenido que hacer? Tuve que hacerlo con la novia de mi mejor amigo, no me importa mucho lo que pase con él, pero esa chica es en verdad irritante- se acercó a ella, lo suficiente como para que nadie más oyera lo que iba a decir –y todo sólo para proteger tu estúpida virginidad- las piernas no podían soportarla más y terminó desplomándose.
Lo vio alejarse si volver a decirle nada más, sin siquiera dedicarle una última mirada. ¿Por qué había hecho eso? ¿Era que acaso el ya no la quería? Si era que alguna vez lo había hecho.
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Cuando finalmente logró separar a Naruto de Sasuke el azabache estaba tan mal herido que al intentar incorporarse tropezó.
-es suficiente, Naruto- por alguna razón no había podido dejar de llorar, por más que intentaba, no podía.
-todavía no- parecía que el rubio quería matarlo, y Hinata apenas podía hacer algo para evitarlo. Sasuke intentó defenderse, pero había recibido tanto daño en el rostro que reaccionaba demasiado lento.
-¡Maldita sea, basta!- cuando ella gritó su voz se quebró y fue cuando el rubio reaccionó.
Nadie se movió durante un largo minuto, Hinata se cubrió el rostro tratando de que ellos no la vieran. Mientras que Naruto veía fijamente a Sasuke y el azabache hacia lo que podía por no perder la conciencia.
-Vete de aquí, Teme- Hinata no podía verlos, sólo podía oírlos. -¡que te largues!- ese grito la tomó por sorpresa y dio un respingo del susto.
Un momento después escuchó su puerta ser abierta y cerrada con brusquedad. Algo cálido la rodeo y, aunque quería, no se descubrió el rostro.
-tranquila- la mano de Naruto le acarició el cabello lentamente –estoy aquí para ti, para nada más- sintió sus labios contra su frente.
Sólo en ese momento pudo descubrirse el rostro y llorar contra su pecho. Los recuerdos aun dolían, dolían demasiado como si los estuviera viviendo de nuevo. Pero el abrazo de Naruto la reconfortó, y era lo único que impedía que volviera a desplomarse contra el suelo de nuevo, de la misma forma que ocurrió tiempo atrás.
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La reacción que tuvo también lo tomó por sorpresa. El detonante para que se lanzara contra su "mejor amigo" había sido la declaración de que se había acostado con su exnovia, pero cada golpe que le dio fue por Hinata. Cada que sus nudillos se estrellaron contra aquel rostro, la imagen de Hinata llorando fue lo que le impedía detenerse. Pero, cuando la escuchó llorar de nuevo, cuando escuchó como su voz se quebraba, entendió que en esa ocasión había sido por él.
Mientras Sasuke intentaba irse, él no sabía que decirle a Hinata. Al ver al suelo notó que se había manchado de sangre, eso lo hizo sentirse más confuso sobre cómo solucionar las cosas. Pero cuando oyó la puerta cerrarse lo único que pudo hacer fue abrazarla, tratar de reconfortarla, tratar de hacerla sentir mejor, tratar de que ya no sufriera. Cuando ella le correspondió el abraso besó su frente como si fuera lo más normal del mundo y, cuando sintió que recargaba todo su peso contra él, la cargó hasta la sala, donde la dejó en un sofá.
-Hinata…- ella volvió a cubrirse el rostro cuando la separó de su pecho –Hinata, lo siento- trató de quitar las manos de su rostro, pero ella lo repelió.
Sin decirle nada fue a la cocina lo más rápido que pudo. Tras hacer un té volvió con ella. Parecía más calmada, pero evitaba verlo a la cara.
-toma- ella apenas y volteó y tomó lo que le ofrecía. Naruto se sentó a su lado, la vio tomar el té sin decirle nada.
-gracias- después de un largo rato por fin le habló.
-¿te sientes mejor?- ella asintió -¿quieres algo más?- ella negó.
-no quería que te enterarás así- su voz salió en un susurro apenas audible que, de no haber sido por el silencio que había en la habitación, jamás hubiera oído.
-ya no importa- jugó con sus dedos, sin saber cómo preguntárselo -¿es por eso que la odias tanto? ¿Por lo que hizo?- ella tardó un poco, pero terminó asintiendo –entonces aún debe quererlo, de no ser así, no la odiaría tanto- pensó, sintiéndose algo desilusionado –ya veo- no pudo ocultarlo en su voz.
-la odio por lo que te hizo- parecía que había leído su mente, cuando volteó a verla ella lo miraba fijamente. Sus ojos estaban irritados del llanto –la odio por haberte hecho eso, y a él por lo que me hizo- Naruto se confundió con aquella respuesta.
-¿lo que te hizo?- parecía haber notado que se había abierto un poco con é l, pues intentó ponerse de pie pero no pudo, parecía que las piernas aun no le respondían. Por reflejo Naruto la agarró. -te llevo- la cargó por completo.
-no es necesario- intentó bajarse pero se lo impidió.
-¿A dónde quieres ir?- le sonrió con dulzura, cuando ella le devolvió la sonrisa cayó desmayada.
Naruto la llevó a su habitación y la dejó en la cama. Llamó a su padre, diciéndole que ese día volvería tarde a casa, no le dijo porque pero parecía que su padre tenía una idea. Por un segundo examinó la habitación de Hinata, pensando en que no era como la imaginaba. Pero la rana de peluche que reposaba en la cómoda le llamó la atención. La examinó con la mirada durante un momento, hasta que apareció un pequeño recuerdo en su mente. Conocía esa rana.
Volteó a ver a Hinata, parecía tan tranquila dormida. Examinó sus facciones mientras trataba de hacer memoria, una foto en la pared llamó su atención, en ella una niña sonreía mientras su madre la cargaba. ¡Esa era la niña con la que había soñado hacía tiempo! Recuerdos de un viejo parque divagaron en su memoria y en ellos estaba aquella niña. Su mente hizo conjeturas y por fin entendió, por fin pudo entender porque Hinata tenía su rana. Ella era la niña a quien se lo obsequió años atrás.
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Cuando despertó ya era de noche. Se sorprendió al encontrarse en su habitación cuando su último recuerdo había sido la sala de estar. Buscó a Naruto por toda la habitación, pero no lo encontró.
-se ha ido a casa- la voz de su hermano la sorprendió –creo que deberías explicarme porqué cuando regresé estaba limpiando sangre del piso- su voz se oía algo exaltada –estuve a punto de matarlo creyendo que te había hecho algo, así que espero que puedas explicarlo- a Hinata le costó un poco, pero terminó asintiendo.
-Sasuke vino…- empezó.
-¿aja?- parecía que aún no había captado. Cuando Neji cayó en coma, Sasuke era el mejor prospecto como pareja para ella, incluso se formó una amistad entre ellos dos. No sabía cómo explicarle a su hermano que si "amigo" había terminado jugando con ella.
-hay… hay algo que aún no te he dicho- sabía que le costaría, pero debía decírselo. Su hermano debía saber qué clase de persona era Sasuke Uchiha.
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Apenas cerró la puerta los fuertes brazos de su madre lo rodearon. Su mirada reflejaba preocupación.
-¿Qué te ocurrió?- le preguntó al ver rostro, -¿Quién te hizo eso?- pasó los dedos por su ojo moreteado y el labio partido.
-estoy bien, no es nada- le respondió.
-¿Cómo que no es nada? ¿Con quién te peleaste?- su voz se alzó ante el enojo que comenzaba a sentir.
-fue un malentendido, nada más- su madre pareció molestarse ante su negatoria de decirle algo –no volverá a pasar lo prometo-
-¿Dónde estabas?- preguntó, tratando de que al menos respondiera eso.
-con Hinata- la preocupación de su madre fue reemplazada por una pícara sonrisa.
-ya veo- una risilla lo confundió más –así que por eso no volvías- se alejó de él hacia otra habitación -¡Cariño, hay buenas noticias!- había veces que no podía entender a su madre.
-así que ya estás aquí- esa voz a su lado lo sorprendió, tenía demasiado tiempo sin verla.
-¿Qué haces aquí, Karin?- se volvió sonriéndole a su prima.
-decidí pasar a visitar a la familia- cuando Naruto se giró se sorprendió de ver a Suigetsu ahí también.
-Naruto, hola de nuevo- lo saludo sonriéndole.
-¿ustedes acaso son…?- no pudo terminar la pregunta, su prima lo interrumpió con un golpe en la boca del estómago.
-ni se te ocurra decirlo- le sonrió de forma macabra, siempre supo que lo desequilibrado venia de familia.
-¿entonces…?-
-en teoría… amigos- le respondió el peli-blanco sonriendo con sarcasmo.
-¿Cuánto tiempo te quedarás?-
-¿ahora me corres?- preguntó la pelirroja.
-no, yo no…-
-¡Tía Kushina!¡Tu hijo me está diciendo que me vaya!- un golpe en la nuca lo hizo voltear. Su madre le había arrojado su zapato.
-¿Qué crees que haces, Naruto?- preguntó con enojo su madre.
-yo no…-
-el que por fin dieras el siguiente paso con Hinata no significa que puedas comportarte así-
-¡¿Qué?!- gritaron Naruto como Suigetsu al mismo tiempo. Volearon a verse entre sí. Preguntándose qué cruzaba en la mente del otro.
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Le sorprendió la calma con la que su hermano estaba tomado la noticia. Su rostro no parecía alterarse en lo más mínimo, por el contrario parecía más relajado.
-ya veo- le respondió. –me alegra tanto- Le sonrió.
-¿Qué?- Hinata estaba anonada ¿Qué clase de reacción era esa?
-ese chico jamás me agradó- confesó –pero te veías tan feliz con él que no tuve otra opción que aceptar las cosas como eran- se acercó a ella y la abrazó –si vuelve a acercarse a ti o a esta casa yo mismo me encargaré de matarlo- su tranquila voz por alguna razón se oía amenazante –por otro lado, ese chico rubio comienza a agradarme, no parece un mal prospecto… para cualquiera que no sean mis hermanas- gruñó levemente –pero si eso es lo que quieres…- Hinata se sonrojó cual tomate maduro ¿tan obvia era? Su hermano soltó una ligera carcajada.
-¿desde cuándo lo sabes?- preguntó.
-desde que eras niña, ¿lo olvidas?- ella no entendió –me detuviste de ir a golpearlo cuando me dijiste que te gustaba- Hinata pareció reaccionar, ahora jamás olvidaría ese día, tuvo que hacer uso de toda su fuerza para frenar a Neji quien gritaba al aire las mil y un cosas que le haría a Naruto.
Después de esa tranquilizadora conversación su hermano fue a la oficina de su padre y ella a su habitación. Al encerrarse tomó la rana de la mesa. Se acostó en la cama y comenzó a jugar con ella, leyó la N bordada en una de las patas mientras recordaba su niñez.
-ha cambiado mucho, Gama- le habló a la rana –me preguntó si aún te recordará...- abrazó la rana fuertemente.
-me gustan las personas como tú, Hinata-
Recordar esa frase aun la hacía sonrojar
-¿Cuánto tiempo ha pasado?- se preguntó. Vio la hora en el reloj y se dio cuenta que ya era tarde. Parecía que el tiempo ya había mejorado, por lo tanto mañana se reanudarían las clases –lo mejor es dormir ya- se cubrió con las mantas y cerró los ojos.
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No esperó que al día siguiente hubiese clases, por lo que salió un poco tarde. Condujo hasta la escuela, llegando a tiempo. Cuando las chicas lo vieron llegar lo rodearon y al ver su rostro comenzaron a preguntarle quien le había hecho eso. Él las evadió lo más que pudo y cuando por fin llegó al aula vio a Hinata sentada en la misma banca en la que había iniciado el curso, se veía algo molesta. No sabía si era por lo que había pasado el día anterior.
Se sentó al lado de Hinata y ella volvió a verlo. Cuando ella lo vio pareció sorprenderse por los golpes, pero él le sonrió fingiendo no tener nada. Aun le dolía de sólo recordar la forma en que Neji lo había golpeado sin siquiera preguntar qué había ocurrido, aunque estaba seguro que si hubiera estado en su lugar, habría hecho lo mismo. Quería hablar con ella y saber si ya se encontraba mejor, pero no creía que el aula, donde varios oídos cotillas estaban, fuera un buen lugar.
El día pasó sin ningún inconveniente, a excepción de que Ino jamás apareció, eso sí lo preocupó. Cuando las clases terminaron decidió ir a ver si Ino estaba bien, pero por más que tocó a la puerta nadie le abrió. Comenzaron a pasar un par de días más y ella seguía sin presentarse, eso también pareció preocupar a Hinata, así que ese día irían ambos a buscarla. Más cuando tocaron a la puerta pero nadie les abrió.
-Ino- Hinata la llamó pero nadie respondió -¿estás ahí?- volvieron a tocar la puerta con más insistencia.
-¡¿Quién diablos es?!- una desconocida voz se oyó en el interior de la casa y un fuerte golpe de algo contra el suelo los asustó.
-¡Basta!- esa era la voz de Ino. Antes de que Naruto pudiera pensar en algo ya estaba pateando la puerta, rompiendo la cerradura y de un último golpe la abrió. Lo que vieron los sorprendió. En medio de una sala Ino estaba tirada en el piso mientras un chico muy parecido a ella era sujetado por el cuello por un desconocido.
-¡Suéltame, maldito bastardo!- gritó el joven.
-a mí no me hables así, mocoso de mierda- vieron como el puño del desconocido se estrelló contra el joven rostro y este caía al suelo, aparentemente inconsciente.
-¡Déjalo!- gritó la rubia. Cuando Naruto percibió que el hombre iba a patear a Ino corrió hacia ellos, dándole al hombre una patada en el rostro mandándolo al suelo.
-¿Quién es él, Ino?- preguntó Naruto sin despegar la vista del corpulento hombre, quien parecía querer incorporarse.
-¿Quién te has creído?- antes de que ino pudiera decir algo el adulto gritó –¿Quién coño te has creído como para entrar así a mi casa?- Naruto no se inmutó ante el grito de rabia.
Sin decir nada más el hombre se lanzó contra él. Ino sólo podía verlos desde el suelo, impotente.
-yo me encargo de él, tu sácalos de aquí- le ordenó a Hinata.
-Naruto, detente- le pidió pero él dio un paso al frente, dando a entender que no lo haría.
-sácalos de aquí- volvió a gritar el rubio. Sin decirle nada más la vio acercarse a Ino, ayudándola a ponerse de pie.
-¿A dónde crees que llevas a esa pequeña perra?- parecía que el hombre iba a ir por Hinata, pero Naruto se interpuso antes de que siguiera caminando.
-da un paso más y lo lamentaras- el simple hecho de ver su rostro lo hizo entender que el hombre estaba ebrio.
-¿y que harás?-la burla era latente en su tono. Alcanzó a ver como ambas chicas corrían hacia el chico para sacarlo de ahí -ni se te ocurra tocarlo- al notar que iba a ir tras ella, golpeó al hombre en la boca del estómago, impidiéndole cualquier golpe que planeara lanzarle.
Cuando vio que Hinata ya se los había llevado decidió seguirlos. Tras un golpe contra el rostro del hombre caminó a paso veloz hacia la puerta. Cuando vio a Hinata en la puerta de la entrada notó su expresión de terror pero antes de poder voltear un golpe en la cabeza lo hizo caer, fue capaz de escuchar la voz de Hinata gritando su nombre antes de quedar inconsciente.
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-Naruto- gritó tan fuerte que su garganta le ardió. El rubio había golpeado su cabeza contra una mesa antes de caer al suelo.
No supo como pero se encontraba golpeando el estómago del hombre con todas sus fuerzas hasta que este cayó al suelo, parecía querer incorporarse pero el dolor no lo dejaba. Quería seguir golpeándolo, pero lo más importante para ella en ese momento era ir por el rubio. Se horrorizó al ver que su cabeza sangraba, lo cargó hasta el auto donde lo puso en el asiento del copiloto e inició la carrera hacia el hospital. Tuvo suerte que ningún transito se le atravesara en el camino y en tiempo record llegó al hospital. Tras entrar por ayuda, dos camillas salieron con ella por ambos rubios inconscientes, mientras ella ayudaba a Ino a entrar. Cuando una enfermera la llevó a que la atendieran, ella se quedó en la sala de espera con el alma en un hilo.
Sin darse cuenta comenzó a llorar y para evitar que la vieran se sentó en sala de espera y se cubrió los ojos -no sé qué haré… no sé qué haré si te pierdo a ti también, Naruto- recuerdos de las personas que amaba y que habían muerto volvieron a su mente. Su madre, su padre, su tío… ¿perdería a Naruto también? ¿Tanto la odiaba dios? Era lo más probable.
No quería despegar las manos de sus ojos pero debía decirles a los padres de Naruto sobre donde estaban, debían estar preocupados. Ya casi estaba anocheciendo, así que decidió hacerlo lo antes posible. Cuando buscó su móvil se dio cuenta que lo había dejado en el auto y sabía que sus piernas no reaccionarían para llegar hasta él.
-¿Hinata-san?- la voz de Ino la hizo voltear, por suerte su mar de lágrimas ya se había calmado -¿estás bien?- Hinata asintió. Recordó que cuando vio a Ino notó que tenía una gran parte del rostro moreteado y lo que pudo ver de sus brazos estaba llenos de marcas de golpes.
-¿Quién era ese hombre?- le preguntó intrigada por el sujeto que parecía haber lastimado a la rubia tanto físicamente.
-nuestro tío- respondió la rubia.
-¿creí que vivían con su abuela?- eso confundió a Hinata un poco.
-murió hace unos días…- estuvo un rato en silencio, parecía que recordaba cómo habían sucedido las cosas –entonces nuestro tío Kazahana fue a vivir con nosotros, pero cuando supo que había vuelto a estudiar comenzó a decir que si tenía dinero para eso tendría dinero para sus necesidades… no nos ha dejado salir de casa desde que llegó- Hinata la abrazó al ver que iba a llorar –gracias por ayudarnos- estuvieron un rato sentadas, luego Hinata fue a buscar un teléfono público cuando sus piernas reaccionaron. Por más que intentó, no pudo comunicarse con los padres de Naruto, no importaba si intentaba llamar a Minato o a Kushina. Siguió esperando con Ino en la sala de espera hasta que tuvieron noticias de Deidara.
-¿familiares de Naruto?-
-nosotros- respondió Hinata antes de que el doctor siquiera terminara de hablar -¿Cómo está?-
-por suerte no es grave, aunque puede que tenga unos cuantos problemas…-
-¿ya despertó?- el doctor asintió.
-pero…- Hinata no terminó de escuchar lo que decía el doctor, apenas supo que había despertado sus piernas la guiaron por si solas hacia su habitación.
Cuando abrió la puerta esperó ver a un chico que sonriendo le trataría de decir que ya estaba mejor, como lo había hecho los últimos días desde que habían decidido ser amigos. Pero en lugar de eso encontró una expresión endurecida con sólo verla.
-Hyuga- escuchó su voz más seria de lo normal -¿Qué demonios haces aquí?- podría jurar que sentía el odio latente.
-Señorita, no me dejó terminar de hablar- el doctor la alcanzó –puede que tenga amnesia tem…-
-vienes a burlarte ¿no es así?- interrumpió el rubio –no sé cómo terminé aquí, pero casi puedo apostar que fue tu culpa- Hinata sintió que le clavó una estaca en el pecho con esas palabras, había vuelto a ser el mismo rubio de antes. Había vuelto a ser el chico que desconfiaba de ella.
Bueno, honestamente, jamás esperé que llegara a esto, pero aquí está la continuación. Ahhh!y pensar que hace dos años empecé a escribirla, cuanto tiempo ¿no?. Quería terminar y poner el capítulo el domingo, pero tuve unos cuantos inconvenientes, pero aquí está. Nos vemos en unos días.
Namikaze Hanoko fuera…
