10. VERDAD O ATREVIMIENTO

- Repítemelo otra vez.

Dean suspiró al ver la cara de estupefacción de Alice, aunque en el fondo no podía negar que la escena también le resultaba algo divertida.

- Soy un cazador.

- Pero no de osos.

- No. De monstruos, bestias,... todo tipo de criaturas. Menos osos.

Alice suspiró, se pasó las manos por la cara y las volvió a apoyar en el regazo, donde habían permanecido todo ese tiempo. Dean y ella se encontraban en casa de Lisa, Matt y Ben. Habían pasado casi un año desde que Dean había vuelto con ellos, casi un año desde que Dean conociese a Alice (por entonces, conocida como doctora Hills). ¡Y cómo habían cambiado las cosas! Hace un año, Dean había vuelto solo y magullado, como un cachorro de león tras perder a su manada, y ahora, en cambio, su vida había dado un giro de ciento ochenta grados.

Dean no se había desprendido completamente de su yo-pasado (aún dormía con un crucifijo, agua bendita y su pistola con balas de plata debajo de la cama), pero llevaba un tiempo viviendo lo que podría considerarse una "aburrida vida normal" sin ningún tipo de contratiempo, a excepción de la grýla de las anteriores Navidades. Sus sesiones con la doctora Hills habían terminado hacía semanas, y Dean era capaz de sonreír otra vez.

Eso no era solo mérito de la doctora Hills, sino también de Alice. Las sesiones en su consulta habían ayudado, pero había sido el conocerle como persona lo que había hecho que Dean volviese a ser el que era. Era algo difícil de explicar, y Dean nunca se había sentido muy sentimental, pero ambos habían pasado un mal momento y se habían ayudado el uno al otro... y eso les había unido. O eso sentía Dean. Dean había vuelto a encontrar la felicidad gracias a Ala ayuda de Alice, quien también había vuelto a la normalidad gracias a Dean. Las cosas iban todo lo perfectas que podían ir, e iban camino de ir aún más, o eso quería él.

Aquella noche, Dean había decidido dar el siguiente paso. No era algo a lo que hubiese dedicado poco tiempo, pero por fin había decidido de que, si quería que su amistad con Alice siguiese progresando, antes tenía que ser totalmente sincero con ella, y eso implicaba contarle todo. De modo que Dean, aprovechando que Lisa, Matt y Ben se iban de viaje el fin de semana, había invitado a Alice a casa; en plan era simple: cena y película, y toda una casa entera para ellos solos, sin distracciones ni terceras personas. Era perfecto para que Alice gritase todo cuanto quisiese tras enterarse de todo y nadie más de la casa se enterase.

Era absurdo cuán nervioso se había puesto Dean conforme se iba acercando el momento. Llegó un momento, durante la cena, en que hasta Alice se había dado cuenta, y a mitad del postre terminó apoyando la cuchara en plato y le pidió a Dean que hablase, que sabía que había algo que lo estaba inquietando. Dean al principio no cedió, pero Alice era más cabezona que él y contaba con una poderosa arma secreta: sus armas de mujer. Una mirada sugerente, un gesto y una recolocacción de su melena sobre los hombros, y Dean se levantó de la mesa, la tomó de la mano y fueron juntos al sofá. Dean se colocó junto a ella y se colocó de forma que estuviesen frente a frente, sus cabezas muy juntas. Y entonces habló.

Le contó todo, desde su infancia, de caza a caza, de estado a estado, junto a Sam y su padre, hasta la verdadera naturaleza de la que anciana señora Forett. También le había contado que era un cazador, que su hermano Sam también lo era, que eso era lo que eran y lo que creían que siempre serían hasta que Sam decidió tratar de parar el Apocalipsis sacrificándose para devolver a Lucifer al Infierno del que había sido liberado. Alice no le había interrumpido ni una sola vez, pero cuando iba por la mitad, Dean se dio cuenta de que era mucha información que procesar, y por eso, al terminar de contar su historia, le dio tiempo para que lo asimilase. Al principio ella se había quedado callada, y cada minuto de silencio había sido un minuto de agonía para Dean. Pero entonces, ella le pidió que se lo repitiese, y Dean suspiró al ver la cara de ella. Definitivamente, era mucho para procesar de una sola vez.

- Y también cazas demonios.

- Sí.

- Y existen los ángeles.

- Sí.

- Y eres amigo de uno de ellos.

Dean sintió una punzada en el estómago al oír a Alice mencionar a Cas. ¿Eran amigos? Dean llevaba un tiempo pensando que sí, pero últimamente no estaba tan seguro. Los amigos se quedan a tu lado en los buenos y en los malos momentos, te apoyan y te ayudan cuando saben que les necesitas. Y Castiel no había dado señales desde hacía casi un año, cuando lo de Sam. ¿Podía seguir considerándole su amigo?

- Sí.

Alice se quedó un rato en silencio, sumida en sus pensamientos, y luego levantó la vista y clavó sus ojos en los de Dean.

- ¿Sabe Lisa...?

Dean asintió. Alice suspiró y meneó la cabeza, abriendo y cerrando la boca varias veces, incapaz de emitir sonido alguno.

- Alice - empezó Dean -, siento haberte mentido. Siempre, toda mi vida, está basada en mentiras. Solo otros cazadores, amigos, saben la verdad. - Dean vio la cara de Alice y supo que había metido la pata - No quiero decir que no seamos amigos, es solo que... - suspiró - Es una vida difícil, muy difícil, y nada es de color de rosa. Y ya sabes lo que le pasó a mi madre, y a mi padre, y a Sam. Soy un cazador, y aunque ahora no lo sea, nunca dejaré de serlo, no del todo. Siempre habrá algo, alguna criatura, algún indicio, algo que investigar... Esa no era la única grýla, y los cazadores somos quienes nos encargamos de detener a criaturas similares, de evitar que hagan más daño.

Alice le miró con el rostro lleno de dolor. Dean le cogió de la mano, pero ella le rechazó y se levantó súbitamente del sofá y desapareció en la cocina. Con un suspiro, sabiendo que estaba pasando lo que se imaginaba que pasaría, Dean se levantó y fue detrás de ella. Se imaginaba que se la encontraría llorando, que al llegar a la cocina se la encontraría de espaldas pero que se giraría al oírle llegar, y entonces le gritaría y le pegaría, aún llorando, por hacerle la vida más complicada y por volver a abrir viejas heridas. Por eso, le sorprendió cuando al ver que Alice se giraba, vio que esta no estaba llorando, y que tampoco le miraba con rencor; su mirada era más bien de pena, triste y seria, y su pose, más que ira y enfado, mostraba aceptación.

- Alice, yo...

Ella le hizo un gesto para que se callase.

- Supongo que tu nombre también era una mentira, ¿verdad? No te llamas Dean.

Dean la miró sorprendido por unos segundos y luego se echó a reír, sintiéndose aliviado de que no le estuviese gritando.

- No, en eso no te mentí, me llamó Dean. Aunque mi apellido no es Wester, sino Winchester.

Ella lo miró unos segundos y se encogió de hombros.

- Suena parecido - Alice extendió el brazo hacia Dean -. Encantada de conocerle, Dean Winchester. Yo soy Alice Hills.

- Encantada, señora Hills - Dean le estrechó la mano.

- No me llame señora, no estoy casada - respondió ella, haciéndose la ofendida, mientras Dean aún le estrechaba la mano.

Dean, sin soltarle la mano, se hizo el sorprendido.

- ¿¡En serio!? Es increíble, de verdad que lo es, señorita Hills...

- ¿Qué es increíble?

- El poco respecto de la comunidad masculina hacia alguien como usted. Inteligente y bella, con una personalidad inigualable y un físico cautivador.

- Igual debería tener unas palabras con la comunidad masculina. Y mientras yo tendré unas palabras con la femenina.

Dean miró a Alice sorprendido, esta vez sin fingir.

- ¿Cómo dices?

- ¿Me equivoco? ¿Acaso está usted casado, señor Winchester?

Dean alzó una ceja y se echó a reír.

- Lo que me imaginaba - dijo ella, chasqueando la lengua y meneando la cabeza, fingiéndose ofendida.

- Se me ocurre una solución, señorita Hills - dijo él cuando terminó de reír.

Con sus manos aún entrelazadas, Dean tiró de su brazo y atrajo a Alice hacia él. Esta, sorprendida, se detuvo a escasos milímetros de él, con su otra mano apoyada en el pecho. Ella le miró a sus ojos con la cabeza alzada, y él, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, tenía sus ojos concentrados únicamente en los de ella. Ambos estaban serios.

Entonces, lentamente, sus rostros se fueron juntando hasta que sus labios se tocaron y se fusionaron como si fuesen uno.

Cuando separaron sus rostros y Dean vio los ojos brillantes y la sonrisa de Alice, que aún permanecía con su cuerpo junto al de él, el mayor de los Winchester se sintió el hombre más afortunado que pudiese imaginar.


Comentario de la autora: Ha pasado tanto tiempo que me da vergüenza aparecer por aquí como si nada... *se refugia antes de que la tiren tomates*. En mi defensa diré que la universidad me ha tenido totalmente absorbida, pero ya he terminado y espero tener un laaaaaaaaaaaaargo verano por delante, así que espero poder actualizar todas las fics unas cuantas veces antes de que se termine :) En cuanto al capítulo, os traigo una escena tierna y pastelosa (las cosas como son, hay que reconocerlo) entre Dean y Alice. No hay Sam, no hay Cas (o casi), simplemente es un capítulo de calma antes de que las cosas vuelvan a la verdadera realidad Winchester y todos empecéis a sufrir (de nada *les lanza besos desde su refugio anti-tomates*). Próximamente, el regreso de Sam y ¿volverá Dean a su vida como cazador o lo dejará todo atrás para quedarse con Alice como Sam hizo en sus tiempos con Jess? Mientras tanto, no olvidéis dejar reviews y dar follow/fav si así lo deseáis.