Hola a todos a mi capítulo número once de esta historia!
Este es el primer capítulo del segundo arco de esta historia.
Quiero agradecer a todos los que siguen, comentan, y dan favorito a mi historia!
No soy dueño de ningún personaje, eso es trabajo de Riordan. Yo hubiese dejado que Chase muera a manos de Arachne. (Si soy cruel, lo sé)
Capítulo 11: Love in an elevator
Quizás no debería reírme de la desgracia ajena, pero me es difícil recordar esos breves momentos que ocasionarían que Grover tenga que vestirse con un vestido de novia para que Polifemo no se lo coma.
Quizás se lo merezca por haber creado ese enlace empático la primera vez sin avisarme. Geez…está bien, cuando lo rescate le daré un poco de dinero y le diré que lleve a Juniper a algún lugar bonito y pasen un buen momento.
Ha pasado alrededor de un año desde mi llegada al pasado. Y admito que hay días en los que se me hace bastante difícil despertarme y saber que por mi culpa las he perdido. Solo agradezco a la oportunidad que Caos me dio, una oportunidad que no desperdiciaré.
Me senté en la cama de golpe, tiritando.
Esta vez no fue como en la línea temporal anterior, debido al sueño en donde Grover era perseguido…eso me da gracia ahora que lo recuerdo de nuevo. Sino que es debido a la ausencia de Tia, que de alguna forma convenció a mi madre de que me había convertido, prácticamente, en su peluche de tamaño humano para dormir.
Decir que la primera vez que me desperté casi me dio un infarto por la sorpresa, es un eufemismo.
Verla abrazándome mientras tenía un aspecto de una joven de quince años me ponía un tanto feliz. Digo un tanto porque debido a su cambio de aspecto no se sentía raro despertarse en posiciones extrañas a la mañana siguiente, aunque hubiese deseado que mi estatura fuese un poco mayor que la de Tia, es bastante molesto ser casi siempre la cuchara más pequeña a la hora de dormir.
Debido a que empecé a disfrutar realmente la compañía de mi esposa, ya que no tendría la horrible sensación de pasar gran parte del año sin ver al menos a una de mis amores.
O al menos eso fue lo que pensaba en un principio…
Debido a que finalmente logré, luego de arduas negociaciones, convencer a mi madre de que dejase de trabajar en Sweets on America y se enfocase en sus estudios que ella tanto añoraba, tuvimos que llegar a un acuerdo. Le dije que todos los días al salir de clases iría a trabajar a medio tiempo allí para ganarme un sueldo, el cual no era que me hiciese falta, y disfrutar de mi tiempo libre como yo quisiese con tal de no meterme en problemas.
Imaginen mi sorpresa cuando al tercer día de trabajar en la tienda de dulces, mi Dite entró por la puerta y nos quedamos mirándonos alrededor de dos minutos.
No nos dijimos ni una palabra que insinuase el hecho de que nos conocíamos delante de los demás vendedores y clientes. Tan solo atinamos a mirarnos fijamente a los ojos y sonreírnos de manera cómplice, como dos personas que ocultan un hermoso secreto.
Dos veces más se repitió el mismo proceso. Ella entraba, nos mirábamos, son sonreíamos, me pedía un pequeño encargo, bromeábamos y nos despedíamos. La tercera vez que se repitió ese proceso decidí cambiarlo radicalmente.
La invité a tomar un helado en el parque. Nada del otro mundo, pero algo intimo para los dos. Si algo aprendí de estar casado con ella es que a veces las cosas más simples son las que la hacen más feliz. Y mientras ella lo sea, yo estaré satisfecho.
-Veo que está disfrutando su helado mi lady- le digo burlonamente a Dite, quien sonríe mientras saborea su helado de menta y chocolate.
Sé que, si me responde en este mismo instante, con su nariz manchada levemente con un poco de la crema del helado, no voy a poder contener en abrazarla y besarla. Por lo que decido en desviar mi mirada hacia los árboles que están repletos de palomas, los cuales nos miran expectantes.
-Te encuentras bien? Por qué no me miras? Acaso no soy de tu agrado? – eso es imposible mi amor, eres hermosa.
-No mi señora. Tan solo estaba disfrutando en paz este momento a su lado. Y usted cómo se siente, ahora que Ares, por lo visto, ha dejado de hostigarla? – lo que realmente le convenía, a menos que quiera que me le aparezca y lo castre sin aplicarle anestesia alguna.
-En verdad, me siento como nueva, y más aún desde que conocí a alguien- oh, en serio?
-Y quién es esa afortunada persona? Pregunto, si no es meterme demasiado en su vida personal, Lady Afrodita- la veo hacer un puchero cuando se da cuenta que le estoy tomando el pelo, lo que me hace reír alegremente.
-Alguien de hermosos ojos verdes y pelo negro todo enmarañado. Alguien que, si no deja de tomarme el pelo ahora mismo y de tutearme, no volveré a aceptar ninguna invitación- vaya, parece que te hice enojar Dite, pero no puedo evitarlo, te ves bella cuando frunces el ceño.
-Vale, vale…pero espero que de esta manera aceptes que vayamos a ver una película al cine el próximo fin de semana- la respuesta que recibo de ella es un movimiento frenético de su cabeza y un beso en mi mejilla, haciéndome ruborizar por la muestra de cariño de las cuales nunca me acostumbro. Cosa que, si la hago yo, nunca me sucede.
No solo también me encontré con Dite, sino, una vez que había terminado mi turno en el trabajo me dirigí a la biblioteca, a despejar un poco mi mente. Ser un adulto en el cuerpo de mi propio yo adolescente me consigue bastantes dolores de cabeza, los cuales combinados con los de mi pecho no son para nada agradable.
Me proponía a buscar un libro que me distrajese un rato, pero al cabo de dar vueltas cinco minutos en los interminables pasillos del lugar tuve que rendirme y sacar al azar del primer estante que tenía en frente. Mis dedos estaban a centímetros de tocar el lomo de cuero del libro, solo para que, por obra y arte de Caos, se enreden en unos finos y suaves dedos ajenos. Giré lentamente mi cabeza hacia la persona que se hallaba a mi lado e, inmediatamente me perdí en los ojos grises de la mujer que estaba delante mío.
Vi cómo me miraba detenidamente, lo más seguro pensando en alguna forma de patearme el trasero con alguno de sus juegos de palabras. Pero a los segundos siguientes, ella me sorprendió.
-Oh! Eres tú…- vaya, cuanto amor me tienes Tena.
-Es un agrado verla mi lady-
-Si…sabes, quisiera agradecerte por lo que hiciste por mí en el consejo- creo que al fin realmente averiguó la verdad.
-A qué se refiere? –
-A que por fin pude solucionar mis problemas con tu padre. Gracias en serio. Ahora, qué haces aquí? – siempre me sorprendió tu capacidad para cambiar tan rápido de tema querida.
-Eh…busco un libro? Al menos eso es lo que se hace aquí, no? – le pregunto sarcásticamente haciendo que sus ojos se achiquen mientras sé que trata de no golpearme en la nuca por mi desfachatez.
-Tú? Un semidiós? Puedes leer? – auch! Eso duele, y más cuando fuiste tú quien me enseño.
-Tengo dislexia no analfabetismo Lady Atenea- le digo con cara de palo, haciendo que se sonroje levemente para luego mirarme y golpearme suavemente en la frente.
-No seas grosero, es solo que me parece imposible que tú, un hijo de Poseidón, pueda leer sin problemas. O, mejor dicho, que esté en una biblioteca-
-Vaya, menos mal que habías llegado a buenos términos con mi padre. Y para su información, yo soy uno de los que está enseñando a los más pequeños a leer en el campamento- y todo gracias a ti.
-Sigo diciendo que me parece imposible- en serio Tena, tanta cara de idiota tenía a esta edad para que pienses así de mí?
-Geez…entonces un día se lo demostraré, ahora con su permiso, me retiro- le digo suavemente mientras tomo disimuladamente el libro que ella estaba por sacar del estante.
-Está bien Perseo Jackson, espero con ansias ese día- me dice con un tono feliz mientras yo me dirijo a la señora de edad que atiende la biblioteca.
Me distancio de ella diez metros y estaba a punto de resignarme, hasta que oí algo que me alegró el día.
-Qué! Y mi libro!? Maldito seas Perseo Jackson! – gritó iracundamente solo para ser callada por toda la gente que estaba leyendo en unas mesas aledañas.
Tuve que salir lo más rápido posible para recién poder reírme a todo pulmón. Amaba esas expresiones de mi Tena.
Y como si no fuese suficiente el alegrarme con tres de mis esposas, me encontré con mi pequeña cazadora. Aunque no hayamos cruzado palabra alguna, fue un encuentro bastante divertido.
-Finalmente terminé con mi turno…- dije luego de cumplir horas extras en la tienda de dulces para no molestar a mi madre en casa y dejarla estudiar.
Perdido en mis pensamientos y recuerdos, no me di cuenta que ya era de noche y la luna estaba radiante en el cielo oscuro. Los únicos sonidos que se oían en esos momentos eran mis pasos, el ulular de unas aves, y el leve crujido de una ramita a mis espaldas.
Una ramita?
Giro lentamente la cabeza y lo que veo casi me hace sonreír como un tarado. Con su ropa plateada y su pelo como el fuego, Arty estaba mirándome desde unos árboles que había pasado momentos atrás.
Se perfectamente que, si intento hablarle, ella se irá. Si intento acercarme, ella me dejará como un alfiletero, cosa que por el momento no quiero. Así que tuve que ir por la opción más coherente. Me quité la mochila que llevaba y lentamente saqué del interior una bolsa con galletas que había hecho mi madre esa misma mañana y no había comido.
Conociendo demasiado bien su fanatismo por los dulces, cosa que ella siempre niega, deposito la bolsa en el suelo, y continuo mi regreso a casa. Al alejarme una distancia considerable, me propongo a espiarla para ver sus acciones. Dioses…siempre me causaba gracia como ella, junto a nuestros hijos, miraban con recelo cada vez que les regalaba galletas caseras. Era como ver a un animal que olisqueaba el aire en busca de extraños y, cuando no los hallaba, tomaba rápidamente la comida y huía del lugar.
Esta vez no fue distinto. A veces el amar a alguien no siempre significa que hay que expresarlo lo que uno siente con palabras. A veces lo más simple, es lo necesario. Un helado, un libro, unas galletas. Ellas siempre amaron las cosas simples. Es por eso que me enamoré de ellas.
La luz de la mañana se colaba por la ventana de mi dormitorio. Me dirijo al baño para ducharme y estar listo para el día de hoy, pues será bastante movido.
Luego de terminar de bañarme, paso unos minutos frente al espejo. Viéndome, examinando los cambios con respecto a la línea del tiempo anterior.
Soy un poco más alto, y más estilizado. Mi pelo ha crecido también, a lo que decido tomarlo en una coleta. Pero hay algo que me llama la atención. Mi pecho. Pequeños hematomas han empezado a aparecer, y lo más seguro de que si alguien los ve, empezaran las preguntas.
Creo que por este año serán manejables. Pero para el año entrante, tendré que empezar a utilizar vendas y camisetas oscuras.
Agradezco a Apolo con su ayuda a mi nuevo hogar. El hecho de que hubiese utilizado mi poder divino para poner protecciones a la casa, hubiese alertado a todo el maldito Consejo Olímpico. Al menos esta vez no tendré esas horribles sensaciones de tener a la puta de Chase acosándome a cada segundo.
Enseguida oí que golpeaban mi puerta y a mi madre llamándome:
-Percy, vas a llegar tarde- llegaré a tiempo madre, no te preocupes.
-Voy- logré decir.
Mi madre había preparado gofres azules y huevos azules para desayunar. Ella siempre fue así, celebrando las ocasiones especiales preparando comida de color azul. Esta ocasión, el haber completado todo un ciclo lectivo sin causarle penurias y migrañas a mi madre.
Desayuné en la cocina mientras ella lavaba los platos. A diferencia de la vez anterior, en donde ella iba vestida con su uniforme de la tienda de dulces, ahora vestía un pantalón azul oscuro y una blusa blanca, y llevaba su largo cabello castaño recogido en una coleta.
Admito que el desayuno sabía sabroso, pero hubiese deseado poder comerlos con más entusiasmo, de esa manera hubiese evitado las preguntas llenas de preocupación de mi madre.
-Te encuentras bien, Percy? – detesto esa capacidad que tienes tú y las demás chicas cuando entran en modo mamá gallina y detectan que algo malo pasa conmigo.
Siempre se daban cuenta cuando intentaba ocultar algunas dolencias. Incluso cuando ponía mi mejor cara de póker para no angustiarlas.
-Sí…perfecto- aunque estoy empezando a creer cuando me decían que se daban cuenta por mis palabras.
-Es el colegio, o es…? -
No hizo falta que terminara la frase, yo sabía muy bien lo que me estaba preguntando. Y gracias a eso iba a poder utilizar la misma excusa que la vez anterior.
-Creo que Grover está metido en un aprieto- y con eso procedí a contarle sobre el sueño de la cabra loca y sus fetiches de vestidos de novia.
Ella apretó los labios. Generalmente no hablábamos demasiado sobre el campamento, a menos claro, que fuese para tomarme el pelo con Clar y Tia. Juro que ella goza viéndome retorcerme a la hora de buscar una respuesta que no me delate.
-Yo no me preocuparía, cariño. Grover ya es un sátiro mayor; si hubiese algún problema, estoy segura de que nos habrían avisado desde el campamento…- bueno, eso es discutible, Dionisio llamaría si G-man hubiese encontrado una bodega abandonada llena de botellas de vino, y Quirón si era una fábrica de chocolates…
-Qué ocurre? – siguiendo mi guion como anteriormente lo hice.
-Nada. Sabes qué vamos a hacer? Esta tarde iremos a celebrar el fin de curso. Los llevaré a Tyson y a ti al Rockefeller Center, a esa tienda de monopatines que les gusta tanto- tentadora la oferta, pero creo que voy a tener que rechazarla para ir a salvar a Clar, Reyna, Hylla y Thals de las ideas taradas de la puta de Chase.
-Hay problemas en el Campamento Mestizo, no es así? – le pregunto esta vez, no queriendo hacerla sentir mal por tratar de ocultarme datos.
-Lo siento, Percy. Lo siento mucho. Iba a contártelo esta tarde, pero ahora no puedo explicártelo del todo. Ni siquiera estoy segura de que Quirón fuese capaz de hacerlo. Ha ocurrido todo tan de repente…- lo entiendo mamá, pero debes saber que cuando haces cosas como estas, terminas perjudicándote y estresándote.
Antes de que pudiese volver a hablar, me acerqué a ella y la abracé. Odio verla en tal estado. Debe preocuparse más en sus estudios que en mi por ahora. Le he estado dando las herramientas suficientes para que logre sus metas.
Oí un chillido a mis espaldas, el reloj de la cocina dio la media. Era hora de irme a mi último día de escuela.
-Son las siete y media, mamá. Tengo que irme… Tyson debe de estar esperándome-
-Pero…-
-No tienes porqué preocuparte. Ahora debo ir a la escuela. Cuídate por favor-
Recogí mis cosas y me dispuse a marcharme, tenía que ir a buscar a mi hermano en el metro. Puede que le haya enseñado a superar su miedo a estar en lugares subterráneos, pero aún sigue detestando la sensación de estar bajo tierra.
Me despedí de ella y corrí escaleras abajo para pillar a tiempo el tren n.° 2.
Podría decir que el día empezó de un modo normal, o por lo menos tan normal como puede serlo en la Escuela Preparatoria Meriwether. Cuando mi madre me escribió en esa carta avisándome que me había inscripto a un colegio privado, había rezado a todas las deidades que conocía para que no estar en la misma que la vez anterior.
No funcionó. Estúpida escuela "progresista".
Si alguien se pregunta el porqué de mi descontento, bueno…significa que nos sentamos en grandes pufs, no en pupitres, que no nos ponen notas y que los profesores llevan tejanos y camisetas de rock, lo cual me parece genial eso último.
Los profesores tenían la maldita manía de siempre concentrarse en el lado más brillante y positivo de las cosas. Mientras que los alumnos… bueno, no siempre resultaban tan brillantes. Había días en donde me preguntaba si los de Brooklyn necesitaban sacrificios humanos…
Pongamos por caso la primera clase de aquel día, la de Inglés. Todo el colegio había leído ese libro titulado El señor de las moscas. Aunque para mí era como la vigésima tercera vez que lo leía. Así pues, como examen final, los profesores nos enviaron al patio de recreo y nos tuvieron allí una hora sin la supervisión de ningún adulto para ver qué pasaba. Realmente no fue una muy buena idea en la línea temporal anterior, y esta vez no iba a cambiar para nada. Era un tanto surrealista ver al matón del colegio, Matt Sloan, dirigir la mayor parte de las actividades bélicas. Incluso Hazel, en su día más pacífico le habría pateado el trasero.
El caso es que Sloan estaba repartiendo tortas a diestro y siniestro, lo cual ni me mosqueaba. En momentos como estos es cuando Arty tiene toda la razón para decir que algunos hombres son unos completos…tarados, para decirlo de manera educada.
Hasta que cometió el error de intentar darle un puñetazo a mi hermanito.
Tyson.
Primero tuve que ir a buscarlo a aquella caja de cartón que utilizaba como hogar en un callejón de Nueva York. Luego de decirle a mi madre que viviría con nosotros ya que prácticamente era medio hermano mío por parte de mi padre, y mandarlo a tomar una buena ducha, Tyson estaba como nuevo. Con una buena cantidad de ropa limpia y nueva, y un poco de niebla aplicada por mi cada mañana que íbamos a la escuela, el amistoso cíclope era una nueva persona.
Lástima que tuve que enseñarle a no abrazarme tan fuerte, ya que me provocaba espasmos en el pecho. La primera vez que se aferró a mi casi vomito sangre en todo el callejón.
El caso es que Matt Sloan se deslizó por detrás de él y trató de darle una colleja. A Tyson le entró pánico y lo apartó con un empujón más fuerte de la cuenta. Sloan salió volando y acabó enredado en el columpio que había cinco metros más allá. Estuve tentado a dibujar un gigantesco diez en una hoja y levantarlo para que todos lo vean.
-Maldito monstruo! Por qué no vuelves a tu caja de cartón? – por qué no recaliento el humor vítreo de tus ojos, lastimando así el nervio óptico y provocándote daño irreparable a tu cerebro?
Tyson empezó a sollozar. Se sentó al pie de las barras para trepar y ocultó la cara entre las manos. Después de haberme puesto a su lado y diciéndole que no tiene que hacer caso a las palabras del bastardo, empezó a sentirse mejor. Hasta que tuve que decirle que no me abrace muy fuerte de nuevo pues debía tener unas palabritas con Sloan.
-Discúlpate con Tyson, Sloan- le espeté tranquilamente.
El me miró con desdén. Realmente se me hace muy difícil el tratar con unos niños mientras mi mente es la de un adulto.
-Por qué me das la lata, Jackson? Quizá tendrías amigos si no te pasaras la vida defendiendo a ese monstruo- ese es tu argumento? Patético.
-Quizás si supieses leer, te darías cuenta que, en un diccionario, la definición de monstruo se aplica más a personas como tú y los desparpajos que componen tu familia. Pero ya que es imposible…bueno, no me molestaré en explicártelo- tengo más posibilidades que Ares me entienda sin los títeres que tú.
-Espera a la clase de Deportes y verás, Jackson! Considérate hombre muerto- pfff! Dime algo más nuevo, eso ya lo oí interminables veces.
Cuando terminó la hora, nuestro profesor de Inglés, el señor De Milo, salió a inspeccionar los resultados de la carnicería. Sentenció que habíamos entendido El señor de las moscas a la perfección. Estábamos todos aprobados. Y nunca, dijo, nunca debíamos convertirnos en personas violentas. Matt Sloan asintió con seriedad y luego me lanzó una sonrisa burlona con su diente mellado.
Juro que el cabeza de chacal me agradecería si lo sacrifico en su nombre. Quizás le pregunte a Sadie cuando me la encuentre si está de acuerdo con ello.
Bah! Mejor le pregunto a Carter.
Para borrarle la cara de preocupación a Tyson por la "amenaza" del infeliz de Sloan, tuve que prometerle que a la hora del almuerzo le compraría un sandwich extra de mantequilla de cacahuete.
-Soy… un monstruo? - me preguntó.
-Geez…ya tuvimos esta charla Tyson. No lo eres. Eres tan normal como yo o el presumido de Tritón- si no fuese por el palo que tiene por ahora los seis de los siete días de la semana, sería una persona con quien disfrutaría de una charla amigable.
Tyson se sorbió los mocos.
-Eres un buen amigo. Te echaré de menos el año que viene… si es que puedo…-
-Eres mi hermanito, antes que nada. Y es mi responsabilidad el cuidarte- aunque sea un maniático, asesino, paranoico, moribundo…es mi responsabilidad el cuidar de mi familia.
Esta vez, yo seré el monstruo para aquellas personas que quieran lastimar a los que amo.
El siguiente examen era de Ciencias. La señora Tesla nos dijo que teníamos que ir combinando productos químicos hasta que consiguiéramos que explotase algo. Tyson era mi compañero de laboratorio. Sus manos eran demasiado grandes para los diminutos frascos que se suponía debíamos usar y, de modo accidental, derribó una bandeja entera de productos químicos sobre la mesa y desencadenó en la papelera un gran hongo de gases anaranjados.
Aún sigo sin poder dilucidar cómo fue posible crear tal reacción. A veces pienso que Tyson es un maldito genio a la hora de manipular elementos de química.
En cuanto la señora Tesla hubo evacuado el laboratorio y avisado a la brigada de residuos peligrosos, nos elogió a Tyson y a mí por nuestras dotes innatas para la química. Habíamos sido los primeros en superar su examen en menos de treinta segundos.
Tyson es un maldito genio definitivamente.
En Sociales, mientras dibujábamos mapas de latitud—longitud, abrí mi cuaderno de anillas y miré la foto que guardaba dentro: una de Clar mientras pasaba unos días con su madre en Arizona, por el leve sonrojo que puedo notar en ella parece que su madre se enteró de lo que hizo en el campamento y le ha estado bromeando sin parar. Era un alivio saber que no pasó por ningún inconveniente mientras estábamos separados por unos meses, ya que en estos momentos me estoy impacientando para volverla a ver dentro de unas horas.
Estaba a punto de cerrar el cuaderno, cuando sentí y recordé la presencia de Matt Sloan a mis espaldas. El muy idiota iba a intentar arrancar la foto de las anillas. Distraídamente tomé un lápiz común que tenía al lado y cuando vi que alargó su mano en dirección de su objetivo, lancé el lápiz hacia su entrecejo, golpeándolo con fuerza suficiente para hacerle quedar en claro que no intentase hacer nada o saldría adolorido.
Vi de reojo como Sloan mascullaba maldiciones ante el repentino dolor que mi "proyectil" le produjo. También vi a los lestrigones que se habían inscripto en la escuela bajo nombres que darían a Tena un dolor de cabeza por lo estúpidos que eran.
Del solo verlos sabía que de alguna forma la puta de Chase convenció a Quirón de que le diga donde estudiaba, solo para venir, hacerse la heroína y acosarme todo el viaje hasta el campamento.
A veces pienso en porqué no reviento su cabeza contra el suelo por todo lo que le hizo a mis esposas e hijos.
Geez…ya tendré tiempo para frustrar sus planes y ejecutarla en el momento final.
Sonó el timbre. Se venía la hora de Deportes.
Mientras Tyson y yo salíamos de la clase, la voz de Chase me llamó en un susurro:
-Percy! – bien…voy a contar hasta diez para no aparecerme frente a ella y cortarle las cuerdas vocales. Dios! Tiene una voz muy chillona!
El uniforme de gimnasia del Meriwether consiste en unos pantalones cortos azul celeste y unas camisetas desteñidas de colores variopintos. Lo que básicamente se traducía como un inminente dolor de cabeza para mí. Preferiría salir sin camiseta, mostrando las marcas en mi pecho que usar esa monstruosidad.
Me cambié en los vestuarios tranquilamente en un rincón, procurando que nadie me viese los hematomas. Tyson intentó ocultarse también, pero luego de que le dije que la niebla que utilicé en él había solucionado su complejo de aspecto físico por un largo rato.
Casi me asfixió nuevamente luego de ese aviso.
Viendo como todos estaban saliendo para el gimnasio, observé como los lestrigones me asechaban desde los rincones, por lo que decidí decirle a Tyson que me espere un momento afuera y que en unos instantes saldría para ir a clases.
-Percy? Qué ocurre? – me preguntó preocupado mi hermanito.
-Nada Tyson. Tan solo tengo que eliminar a unas molestias que han estado rondando cerca nuestro el día de hoy-
-Pe-pe-pero Percy, esos son monstruos malos. Te harán daño. No puedes hacerle frente tu solo-
Su preocupación me hace sonreír levemente. A pesar de tener un grandísimo problema para enfrentar algunos aspectos de la realidad, sigue queriéndome proteger.
Paso descuidadamente mi mano sobre su cabeza, despeinándolo en el trayecto, lo cual hace que intente darme una mirada de enfado, pero fallando en el intento y riéndose al final.
Viendo como Sloan miraba fulminantemente a la espalda de mi hermano, decido acercarme a su oído y decirle en un susurro unas órdenes que debe seguir en caso de que algo ocurra mientras yo no estoy con él.
Procuro cerrar lentamente la puerta de la zona de los casilleros, sintiendo la presencia de los lestrigones a mis espaldas. Avanzando paso a paso, liberando sus transformaciones, preparándose para atacarme.
Antes de poder cerrar completamente la puerta, oigo algo que definitivamente me alegró la mañana.
Un fuerte golpe y un alarido que sonó demasiado femenino para mi oído, determinó que Tyson había seguido al pie de la letra las órdenes que le había dado en caso de que Sloan lo molestase. En resumen, si lo insultaba, Tyson le patearía la entrepierna y se alejaría de allí rápidamente. Y si alguien le preguntaba, él no sabía nada de nada.
Clic.
Ese fue el sonido que produjo la puerta cuando se cerró completamente.
Ese fue el sonido que dio luz verde a los monstruos para comenzar a atacarme.
La perturbación en el aire me advierte que uno de ellos está intentando arrancarme la cabeza por atrás, a lo que inmediatamente me agacho y veo como el golpe pasa de largo sobre mí.
A sabiendas que dejé a Riptide en el casillero junto a mi ropa, hago a partir de la humedad del aire un cuchillo de trinchera en forma de hielo, y lo sostengo con mi mano derecha.
Sin darle tiempo a que pueda reaccionar, tomo en agarre inverso el cuchillo y de un movimiento ascendente desde mi posición, lo entierro desde su entrepierna, cortando sin interrupción alguna por la mitad al lestrigón que tenía de nombre "Devoracráneos".
Uno menos. Dos por ir.
Veo a los dos lestrigones restantes dudar. Esa fue la condena de ambos.
En un veloz movimiento, lancé el cuchillo a una velocidad asombrosa, que solo Arty, Thals, Zoe o las demás cazadoras hubiesen sido capaces de seguir, y lo enterré hasta el mango en la frente de "Chupatuétanos", deshaciéndolo de manera inmediata en polvo dorado como su difunto compañero.
Dos menos. Uno por ir.
Aprovechando que el lestrigón restante se había volteado a ver qué había sucedido con su compañero, me posicioné detrás de él y de una patada a la parte posterior de su pierna izquierda, lo hice caer de rodillas, dándome la distancia justa debido a mi altura actual para romperle el cuello. De esa manera "Quebrantahuesos" pereció.
Tres afuera. Total de tiempo: once segundos.
Deshago el cuchillo de hielo, me sacudo la ropa para quitarme el polvo de los difuntos, y me preparo para salir a clases con una cara de pura normalidad. Como si no hubiese pasado nada.
-Oye Jackson! Dónde se encuentran los otros tres idiotas hormonados? Y por cierto dile al monstruo que la próxima vez haré que pag…- me estás hartando Sloan, tenía un buen día, pero con tus quejas y la perra de Chase acosándome, ese día está por terminar demasiado pronto.
Me acerco lentamente frente a él y pongo mi mano derecha sobre su hombro izquierdo, mientras que susurro claramente a su oído para que nadie nos escuche.
-Con respecto a tu primera pregunta, no tengo ni puta idea de lo que estás hablando Sloan. En cuanto a lo segundo…te lo dejaré muy en claro. Acércate, intimídale, grítale, acósale, has cualquier cosa de esas y te cortaré las pelotas muy lentamente, prenderé fuego tu precioso auto, y haré desaparecer a toda tu familia. No habrá pruebas ni nada que pueda incriminarme. Dame una maldita razón para que haga de tu vida un calvario. Una puta razón. Espero que me hayas entendido- en serio, estoy harto de este sujeto. Si por mi fuese, se lo enviaría con moño incluido a Arty para sus pruebas de tiro.
Puedo oler el desagradable olor a orina proveniente de sus pantalones mientras que él asiente con la cabeza sin parar. El mensaje se había llegado bastante claro. Geez…una lástima, quería enviarlo de regalo para mi cazadora.
Lo dejo solo, de pie, mirando a la nada, mientras yo tan solo me alejo tranquilamente con una satisfecha sonrisa en mi cara y dándole un saludo amistoso a Tyson que me esperaba impaciente para comenzar con la clase de hoy.
A continuación, por alguna milagrosa y misteriosa forma, me las ingenié para idear una estrategia a la hora de jugar dodgeball en el cual incluyese a Corey el flipado de informática, Raj el prodigio de cálculos matemáticos, y una media docena más de adolescentes que eran ocasionalmente hostigados por Sloan, y ganar de manera limpia.
Lo que significaba que Tyson debía controlar su fuerza, y yo no podía manipular la trayectoria de la pelota mediante el dominio del aire.
Fue divertido ver la cara de emoción que tenían los pobres.
Sin contar que empezaron a reírse a carcajadas cuando vieron que yo había vuelto a huir, pues mi querido hermanito quería darme un abrazo.
Definitivamente le iba a pedir a Lady Anfitrite para que le enseñe algunas cosas. No quiero morir tan temprano.
Luego de que escapase de manera magistral de las garras de Tyson, nos dirigimos a los casilleros y terminamos de cambiarnos, para poder finalizar nuestro último día de clases.
Una parte de mi tan solo quería bailar en medio del aula a modo de festejo por terminar un curso completo y con las mejores notas. Definitivamente mi madre iba a estar feliz. Incluso hice que Tyson aprendiese a leer sin equivocarse!
Sip, al menos la mitad de esta jornada está completa.
Ahora viene la parte que es una mierda. Verle la cara a la puta.
Después de terminar la última clase del año y compartir una sonrisa de felicidad con Tyson, salimos al exterior del establecimiento, solo para hallar de pie a Chase delante nuestro. Tenía la cara mugrienta y arañada; llevaba al hombro una mochila andrajosa. En la mano sostenía un cuchillo de bronce. Aún brillaba en sus ojos grises una mirada enloquecida, como si parte de su plan hubiese fallado en algún punto importante. Pobre idiota. Es más, aún debe de estar buscando su gorra de invisibilidad.
-Annabeth…Cuánto tiempo llevas…? – agh…me disgusta el pronunciar su nombre. Bah! Me disgusta el simple hecho de verla y tener que fingir en vez de matarla.
-Prácticamente toda la mañana. He intentado encontrar una ocasión para hablar contigo, pero nunca estabas solo- bueno…por si no te has dado cuenta, esto es una escuela.
-Me has estado siguiendo? Eso es perturbador…Acaso sucedió algo en el campamento? – sí, tu noviecito envenenó a Thals y tu debilitaste la barrera tras chantajear a Silena.
-No hay tiempo para explicaciones! Simplemente no quería…- qué? Seguirme para poder llevar a cabo tus planes retorcidos?
-Ya olvídalo. Es urgente lo que ocurrió en el campamento para que hayas tenido que venir hasta aquí? -
-No hay tiempo! Date prisa! Tenemos que irnos, y que él venga también- dijo Chase señalando a Tyson y alejándose de nosotros para llamar a nuestro transporte.
Y con eso, se acababa mi corto periodo de felicidad, tan solo estoy feliz de que traje unos dracmas para avisar a mi madre que nos íbamos de urgencia al Campamento Mestizo y que no se preocupase, que nos íbamos a cuidar.
Tan solo espero que la enfermería tengo un paquete lleno de aspirinas. Porque estoy viendo que tendré un hermoso dolor de cabeza.
Comienzo del segundo arco argumental. Espero que les haya gustado este capítulo que acaban de terminar de leer.
Estoy tratando de armarme un mini calendario de publicación de mis historias, de modo que no genere problemas para ustedes queridos lectores.
Por favor, déjenme sus comentarios y críticas, ya que con ellos podré mejorar de a poco.
Para cualquiera que desee hacer un fic de Leyendo mi historia, por favor avísenme y les ayudaré enviando los Word para que les sea más fácil el armado.
Hasta la próxima!
