Disclaimer: Digimon no me pertenece, yo solo escribo por afición y sin ánimo de lucro.
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.~· Si la esperanza desaparece ·~.
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"Hay personas que nos hablan y ni las escuchamos, hay personas que nos hieren y no dejan ni cicatriz... pero hay personas que simplemente aparecen en nuestra vida y nos marcan para siempre".
Cecilia Meireles
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Capítulo 11
¿Para qué seguir luchando?
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Gritó de dolor cuando su cuerpo se estrelló contra el suelo. Las cadenas formaron un gran estruendo al entrechocar unas con otras. Se incorporó como pudo y miró de soslayo la extraña sombra. A pesar de la penumbra que había en la habitación, debería ser capaz de divisar el rostro de ese ser, pero no lo conseguía.
-No sé de qué me estás hablando, no sé qué quieres -susurró sintiendo que le dolía mucho la garganta por el apretón sufrido.
Sus palabras hicieron que recibiera un fuerte golpe en la boca. Se estrelló contra la pared y trató de respirar pausadamente mientras sentía que el labio le ardía, seguramente lo tenía partido. Se pasó la manga por la herida y volvió a mirar a la figura que estaba a su lado.
-No es necesario que lo sepas, lo único que quiero es que te rindas de una vez por todas -dijo la sombra con maldad-. Dices haberlo hecho pero no son más que falacias, nunca llegas a hacerlo del todo. ¡Ríndete!
El último grito fue acompañado de un nuevo golpe en la cara. El joven, en vez de amedrentarse, se irguió lo que pudo y miró desafiante a su agresor. Porque sus palabras habían despertado un lejano recuerdo que había sido encerrado en el fondo de su corazón.
Recordó que subía por una cuerda que se perdía entre las oscuras nubes del cielo, tras él un extraño ser parecido a un arlequín amenazaba con acabar con su vida. El terror lo invadía pero algo hizo que lo apartara a un lado. Fue la luz, que despertó la esperanza de su corazón. Porque encima de él estaba una chica de luminosos ojos cobrizos. Y con solo mirarla supo que debía apartar el miedo, porque debía ser fuerte por ella, porque jamás volvería a estar asustado y la protegería de lo que hiciera falta.
T.K, habiendo recordado toda su esencia con solo esa imagen perdida entre su memoria, sonrió en un gesto de desafío. Con una mirada furiosa que solo había puesto a Ken, cuando aún era Digimon Emperador y estaba jugando con la oscuridad.
-No me rendiré -dijo con firmeza.
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-¡Kari! -gritaron Gatomon y Patamon al mismo tiempo.
Fueron corriendo hacia la castaña, que yacía inconsciente en el suelo con un hilo de sangre cayendo desde su frente. Se había golpeado fuertemente la cabeza contra el asfalto. El conductor del coche bajó a toda prisa y llamó a una ambulancia, sin haber visto siquiera a los digimons por su nerviosismo.
Los demás niños elegidos caminaban tranquilamente despidiéndose unos de otros. Tai buscó con la mirada a su hermana y se extrañó de no verla, ella no andaba tan rápido como para haber llegado ya al final de la calle. Su corazón se encogió de miedo y pareció gritar de preocupación cuando vio a la castaña tirada en el suelo.
Lo que sucedió después fue muy confuso para todos. Lleno de gritos, llantos y sirenas de ambulancia. Después ello se sustituyó por un sepulcral silencio que reinaba en la sala de espera en el hospital, aunque el antiguo portador del valor no era consciente de nada de lo que sucedía a su alrededor. Sora y Matt trataban de hacerle reaccionar, pero él se limitaba a mirar hacia delante con los ojos dilatados por el pánico. Hasta que de pronto habló.
-Ha sido la oscuridad, estoy seguro de que esto no es algo normal...
-Eso no lo sabes, Tai, lo más probable es que Kari quisiera mirar el mar más de cerca y por eso cruzó... -opinó Izzy.
En realidad no creía sus palabras. Él no solía mentir, pero sabía que a su amigo no le ayudaría la verdad en aquel momento. Estaba claro que algo muy extraño estaba rondando a la portadora de la luz.
Esperaron durante largas horas a que alguien saliera y les dijera algo. Los señores Yagami llegaron histéricos, Yuuko lloraba sin parar y Susumu intentaba tranquilizarla aunque él también parecía al borde de un colapso nervioso. Aquella situación le recordó dolorosamente a Tai a algo sucedido hacía muchos años, y de alguna manera sentía que esta vez también era culpa suya. No debería haber dejado que Kari se adelantara, no debería dejarla sola. Tenía que haberla cuidado mejor.
En ese momento un médico preguntó por los familiares de la pequeña de los Yagami. Les explicó que por suerte no había pasado nada, ella estaba bien. El coche iba bastante despacio así que el accidente no había sido grave. Aunque debía quedarse en el hospital un par de días por si le daban mareos o vómitos por el fuerte golpe que se había dado en la cabeza. Pidieron entrar a verla pero el doctor se lo negó, alegando que era mejor que descansara unas horas.
Pero a quienes no podía detener el hombre era a los digimons. Gatomon y Patamon, que habían aguardado entre las hojas de un árbol que daba a la habitación donde Kari había sido trasladada, aprovecharon que se quedó sola para entrar por la ventana abierta.
-¡Kari! ¿Estás bien? -preguntó llorosa la felina a su compañera al ver que estaba despierta.
La chica los miró con sorpresa, se incorporó un poco, poniendo una mueca de dolor en el proceso, y después sonrió. Pero de alguna manera esa sonrisa no parecía sincera.
-Sí, estoy bien. Crucé sin mirar, soy una despistada...
-Mira, si quieres no nos digas la verdad, pero al menos no nos mientas -pidió Patamon afligido-. Bastante estoy sufriendo al haber perdido a T.K, no quiero que te pase algo a ti también.
La mención del rubio pareció romper la barrera que había puesto Kari para sus emociones. Algunas lágrimas se agolparon en sus ojos y flexionó sus rodillas para abrazarse a sí misma. Estaba asustada. Mucho. Gennai ya le había advertido del peligro, pero aquello casi le había costado la vida. Aunque eso no significaba que fuera a rendirse. Pero no le gustaba estar pasando aquello sola, tal vez su compañera digimon podría ayudarla a sobrellevar aquello.
-Averigüé hace unos días cómo encontrar a T.K. Sé cómo ir al Mar Oscuro -confesó en un susurro.
Los digimons la miraron con sorpresa, aguardando a que continuase.
-¿Cómo? -preguntó apremiante Patamon, repentinamente sentía que la esperanza volvía a su corazón.
-La oscuridad muchas veces me ha llamado, ha llegado incluso a arrastrarme con ella. Superé todo ello gracias a todos vosotros, en especial a T.K. Pero, me di cuenta de que si el Mar Oscuro podía tentarme... Yo también podía tentarle a él. Estoy llamando a la oscuridad. De hecho, he estado a punto de ir allí una vez o eso creía porque ahora pienso que tal vez era una trampa.
Durante un minuto entero reinó el silencio en la habitación. Obviamente el digimon anaranjado quería llegar hasta su compañero, pero no a costa de Kari. Además de que sabía que T.K lo último que quería era que su mejor amiga estuviera en peligro.
-Me gustaría poder quitarte esa idea de la cabeza, poder detenerte y saber que estarás a salvo, pero sé que es imposible -dijo Gatomon de pronto-. Déjame acompañarte, déjame protegerte. Soy tu compañera.
Sus palabras cogieron por sorpresa a la joven, que solo acertó a abrazar a su digimon. Se sentía feliz por saber que no estaba sola en eso. Porque sabía que no podía inmiscuir a los demás niños elegidos, además de porque intentarían detenerla, también porque estaba convencida de que podría ser un viaje de no retorno.
-Yo también voy con vosotras, tengo que encontrar a T.K y haré todo lo que pueda por protegeros... -murmuró Patamon.
Kari asintió con la cabeza y lo acarició sonriendo, sabía que él lo estaba pasando tan mal como ella. En ese momento llamaron a la puerta y esta se abrió sin esperar una respuesta. Y allí estaba Tai, que debía de haberse colado porque llevaba ropa del hospital. El chico corrió hacia su hermana y la abrazó con efusividad.
-Menos mal que estás bien, menudo susto me has dado -se quejó.
-Tranquilo, no ha sido nada.
Se separó de ella y la observó con ojo crítico. Frunció un poco el ceño ante la venda que rodeaba la cabeza de la chica y la tirita que se encontraba pegada en su mejilla, pero por lo demás parecía estar bien. Podría haber sido mucho peor, y esa certeza asustó al chico. También halló algo que lo extrañó: en los ojos de Kari estaba pintado el miedo pero fusionado con una determinación que jamás había visto en su hermana.
-¿Qué ha pasado? Tiene que ver con la oscuridad, ¿verdad? -inquirió él mirándola de forma acusadora.
Los digimons cruzaron una mirada inquieta, cuando Tai supiera la verdad se volvería loco. No obstante, la portadora de la luz los sorprendió de nuevo.
-Qué tonterías dices, me ha atropellado un coche, no un digimon -dijo la joven con una frialdad nada propia en ella.
Sus ojos se habían vuelto algo opacos al decir esas palabras, como si con la mentira las sombras de su corazón se apoderaran de ella.
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-¿Cómo dices? -preguntó con perplejidad la sombra.
La mirada desafiante de T.K reinó en su rostro mientras volvía a sonreír con amargura. Se irguió mejor, poniéndose de pie, y plantó cara a la figura. Parecía que renovadas fuerzas habían llegado a su cuerpo, dándole el vigor para enfrentarse a su atacante sin una pizca de temor.
-Todo el mundo ha creído siempre que odio a la oscuridad por lo que pasó con Devimon, cuando por su culpa Angemon murió -explicó el chico con voz firme-. Pero en realidad no se debe solo a eso. Cuando comencé a aborrecer todo lo que la relacionara fue cuando Kari fue arrastrada hasta aquí, hasta el Mar Oscuro. Porque la oscuridad se atrevió a aterrorizarla y a alejarla de mí. Por eso la odio con toda mi alma.
Una risa socarrona inundó la habitación e hizo que T.K compusiera una mueca de repugnancia. No pretendía causar diversión en su captor, más bien todo lo contrario, y se enfadó aún más al ver que no lo tomaba en serio.
-Es lógico que tengas ese odio, al fin y al cabo eres el protector de la luz y la oscuridad es su antítesis.
-No -negó riendo esta vez él de forma socarrona-. No lo entiendes. Esto no se tratá de emblemas, ni de luz y oscuridad, ni de bien o mal. Esto se tratá de mis sentimientos. De que no permitiré que nada haga daño a Kari, y no es porque ella porte la luz, sino porque es ella. Simplemente es Hikari Yagami. Por eso no permitiré que sufra. Y por eso odio a la oscuridad, porque ha osado hacerle mal a ella.
Si hubiera podido ver el rostro de aquella sombra, el rubio estaba seguro que su semblante mostraría sorpresa. Al menos eso creyó hasta que volvió a escucharse una ligera risa. Su primer impulso fue lanzarse hacia esa figura que se reía de él y amenazaba la seguridad de su mejor amiga, pero sabía que no podría por culpa de las cadenas que lo aprisionaban contra la pared.
-Ya había advertido todos esos sentimientos en ti -dijo la voz con crueldad-. Los humanos sois seres muy interesantes, vuestras debilidades pueden quedar aparcadas por vuestros sentimientos aunque también pueden llevaros a la perdición. Dejas a un lado tus miedos por Hikari.
El chico apretó los labios, notando de nuevo sus heridas, al escuchar ese bello nombre dicho por aquella voz que tanto detestaba. Escupió la sangre que tenía en la boca y después sonrió desafiante.
-No. Yo no te tengo ningún miedo.
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Tai miró con sorpresa a su hermana al escucharla hablar de aquella manera. Ella le pidió que se fuera porque quería dormir y él accedió a su petición sin ser muy consciente de lo que hacía, aún impactado por aquella actitud en Kari.
Gatomon y Patamon se volvieron a acercar a ella cuando el mayor de los Yagami se fue. La miraron con miedo, aunque algo aliviados cuando vieron que los ojos cobrizos adquirían poco a poco su tonalidad de siempre. Ella suspiró con melancolía cuando miró por la ventana y el cielo azul le recordó a la mirada de T.K.
-Kari, tienes que tener cuidado, llamar a la oscuridad es peligroso, puede consumirte -advirtió Gatomon.
-Lo sé, Gennai me lo dijo, pero es la única manera de llegar hasta T.K.
-Pues esperemos que lo consigas antes de que las sombras te arrastren, puedes perder tu esencia y ser dominada por la oscuridad de tu corazón -dijo Patamon con miedo.
-Me da igual, incluso si eso sucediera habría merecido la pena intentarlo. Por él.
Los digimons volvieron a mirarse sin saber qué decir. Habían prometido acompañarla en su empresa y no iba a faltar a la promesa, aunque minuto tras minuto eran más conscientes de lo peligroso que era aquello.
En ese momento llegó una enfermera para darle un sedante a Kari, decía que estaba demasiado nerviosa y que era necesario que descansara. Ella no se quejó, ya que le vendría bien dormir sin sueños. Los digimons lo observaban todo desde el rincón donde se habían escondido y velaban por la chica mientras descansaba. Unas horas más tarde despertó y fueron a verla sus padres y su hermano, llevándole a escondidas algo de comida porque imaginaban que no le gustaría la del hospital.
-Los demás están fuera pero no les han dejado entrar, más tarde vendrán por turnos a hacerte una visita -informó Tai analizándola con la mirada, estaba claro que no había olvidado el incidente de unas horas atrás.
-Genial, tengo ganas de verlos, las chicas deben estar histéricas -dijo Kari sonriendo.
Efectivamente, un rato después sus amigos fueron visitándola. Le llevaron globos, flores y peluches, además de montones de bombones. Ella se quejó por que se hubieran gastado dinero aunque agradeció el detalle. Sora la mimó mientras Mimi y Yolei todavía lloriqueaban por el susto que se habían llevado. Después Davis, Ken y Cody le aseguraron que se encargarían de mantenerla al tanto de lo que pasaría en la escuela en su ausencia, incluso llegaron a ofrecerse a hacer sus deberes. Más tarde aparecieron en la habitación Izzy, Matt y Joe. El mayor comenzó a tomarle la temperatura y demás cosas mientras ella se quejaba.
-Joe, por favor, ya me han estado haciendo estas cosas los médicos.
-Lo siento, es que prefería verificar que el diagnóstico era correcto -se disculpó él riendo.
-Nos has dado un susto tremendo, tienes que tener más cuidado, T.K no hubiera querido que te pasara nada malo -dijo Matt.
-No hables de él en pasado -replicó con enfado Kari.
-Perdón.
El rubio apretó los dientes y se marchó dando un portazo. Se sentía fatal porque ella tenía razón, había empezado a hablar de su hermano en pasado. Pero es que le era imposible conservar las ilusiones de encontrarlo si no había ni un solo indicio de cómo llegar hasta él. Al fin y al cabo, la esperanza se había perdido, y los estaba abandonando a todos.
Joe se distrajo mirando con detenimiento unos aparatos de la sala, que decía que aún no le dejaban usar en sus prácticas, por lo que Izzy se acercó a la portadora de la luz mirándola con el ceño fruncido.
-Me he callado que sé que tramas algo, pero si vuelve a pasar algo así le contaré todo a Tai y haremos que Gennai nos diga todo lo que habéis hablado -medio amenazó-. No puedes ponerte en peligro.
Kari suspiró, cansada ya de tantas advertencias y preguntas. Asintió con la cabeza para que la dejara tranquila. Después fingió que tenía sueño para que se fueran y se recostó en la cama mirando al techo. Gatomon y Patamon volvieron a subirse a la cama. Se sorprendieron cuando vieron las lágrimas acudir a los ojos de la chica. La abrazaron mientras la portadora de la luz lloró. Su llanto no solo era por la tristeza, pues ese sentimiento parecía ya haberse fusionado con su corazón para siempre, era también por el cansancio y la culpabilidad de preocupar a los demás.
-Sabes que puedes dejarlo -dijo Gatomon.
Patamon no se atrevía a pronunciar esas palabras ante su miedo de que ella se rindiera y él no llegara a encontrar nunca a su compañero. Aunque se sentía egoísta por necesitar el sufrimiento de la chica para su cometido.
-No, eso no es una opción para mí -dijo Kari sonriendo con amargura mientras secaba sus lágrimas-. Me siento mal por mis padres, por mi hermano y mis amigos, pero si hay algo que pueda hacer, por ínfimo que sea, para ayudar a T.K, lo haré. A costa de lo que sea.
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-Entonces, por lo que veo ya no vas a rendirte -una nueva maldad se entreveía en las palabras de la sombra-. Es una verdadera pena que hayas sufrido todo esto por ella cuando la chica ya ni siquiera se acuerda de ti.
-No digas tonterías -repuso confuso T.K.
-¿No me crees? Busca en tu corazón y sabrás que no te llama.
El rubio se concentró, esperando hallar esa calidez que lo invadía con cada llamada silenciosa de Kari, esa oleada de serenidad que lo mantenía a flote en aquel mar de desesperación. Pero allí no había nada. Solamente soledad y pérdida, como si fuera ella ahora la que lo hubiera abandonado. Ella ya no le estaba llamando.
-¿Por qué...? ¿Tan pronto se ha olvidado de mí? -preguntó con dolor mientras sentía que las lágrimas se agolpaban en sus ojos.
-Como te he dicho, los sentimientos os hacen fuertes pero también os destrozan.
T.K se dejó caer al suelo pesadamente, sintiendo que había perdido todo lo que era, su mundo se derrumbaba por completo. Él se había rendido por ella, para que no fuera arrastrada al Mar Oscuro. Pero su conexión había hecho que lo recordara todo varias veces, porque iba más allá del entendimiento y le daba fuerzas para continuar. Sin embargo, ya no tenía sentido luchar si ella había dejado de llamarlo. Estaba solo.
Gruesas lágrimas se deslizaron por sus ojos mientras unas extrañas sombras sugían de su corazón y comenzaban a rodearlo sin que pareciera darse cuenta. Sus ojos se oscurecieron volviéndose casi negros y su piel se volvió tan pálida se acercaba a la tonalidad blanquecina de la nieve.
Si la razón por la que vivía había dejado de pensar en él, si había perdido lo único por lo que estaba dispuesto a darlo todo... ¿Para qué seguir luchando?
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Muchas gracias a Takari95, GoodLuckBenny y Maimai por vuestros reviews tan fantásticos y vuestras palabras que me animan muchísimo, espero que este capítulo también os guste y os deje con intriga.
Mi época de exámenes ya ha empezado oficialmente y el primero, que he tenido hoy, no sé ni cómo me ha salido. No creo que me retrase en publicar los capítulos, cada tres días como siempre, pero sino ya sabréis la razón. Por cierto, he cambiado el rated a T porque creo que hay bastante más violencia que la que pensé en un principio.
Espero que os haya gustado este capítulo :)
