CAPÍTULO 11 Confesiones embarazosas.
El humor de Draco no mejoró al día siguiente cuando una de las lechuzas de Durmstrang apareció con sus calificaciones. Aunque todo lo demás eran Extraordinarios, se había sacado sólo un Supera las Expectativas en Transformaciones y en Herbología. Bajo cualquier punto de vista, eran unos resultados magníficos, pero Draco había ido a por la mejor nota en todas las asignaturas y sus dos S le parecían una injusticia.
-¡Contesté bien a todas las preguntas!-dijo, por centésima vez, yendo y viniendo por todo el salón-. Lo han hecho a propósito. No han querido que un inglés pulverizara sus registros.
-Draco, me estás dando dolor de cabeza. Suenas como un Ravenclaw. No, peor aún, suenas como esa sabelotodo de Granger.
-Tú quieres morir joven, Blaise-dijo Draco, ofendido. Pero luego esbozó una sonrisa-. Está bien, me callo. ¡Pero te aseguro que todos mis exámenes se merecían una E!
-Te creo.
Draco suspiró y se dejó caer en un sofá, dramáticamente.
-Y ahora se lo tengo que contar al profesor Snape...-se quejó, temiendo decepcionarlo.
Blaise lo miró con curiosidad.
-Oye, Draco-dijo, con voz inusualmente suave-¿puedo preguntarte una cosa?
-¿El qué?
-¿Es verdad que... que el primer año, cuando tu padre vio que Granger se había sacado mejores notas que tú, te encerró en una de las celdas del sótano durante un mes?
Incluso estando de mejor humor, aquella pregunta no habría podido sentarle bien nunca.
-¿Y a ti qué te importa?
-Nada-convino Blaise, quitándose una mota de polvo inexistente de su túnica de verano-. Pero me alegro de que mi madre no me haya exigido nunca mejores notas de las que se sacó ella.
Draco frunció el ceño.
-¿Qué quieres decir? Mi padre siempre fue el primero de su clase.
-¿Estás seguro?
-Suéltalo ya-dijo, en tono de advertencia.
-En sexto, Pansy y yo accedimos a los viejos registros de notas y vimos las de nuestros padres. Y las de los tuyos. Lucius sólo se sacó dos Extraordinarios en sus ÉXTASIS, lo demás eran S y A. Y tenía un Desastroso en su TIMO de Herbología. Lo recuerdo porque Pansy se puso furiosa al verlo y quería contártelo.
El descubrimiento de que su padre no había sido el estudiante modelo que decía ser dejó a Draco momentáneamente sin palabras. No podía creerlo, no después de los castigos que había sufrido por no regresar a casa con unas notas perfectas.
-Es imposible-dijo al final, dominando el temblor de su voz.
-No lo es. Tu padre no habría sacado mejores notas que Granger ningún año. Ni que tú, por lo que parece.
El verano de su primer curso en Hogwarts, su padre se había limitado a tratarlo como si no existiera durante casi un mes. Hermione Granger, la sangresucia, la inferior, le había superado. Draco, que no soportaba ver ese desprecio en los ojos de su padre, se había juramentado para sacar las mejores notas de su curso al año siguiente, pero Dumbledore había suprimido los exámenes finales a causa de los acontecimientos con la Cámara Secreta. En tercero había vuelto a intentarlo y se había esforzado al máximo. Sus notas habían subido espectacularmente, pero no habían sido las mejores. Granger había vuelto a ganarlo. Y Lucius le había dicho que era una deshonra para su nombre y para su sangre, poco más que un squib que no valía ni el aire que respiraba, y a pesar de las protestas de Narcissa, lo había tenido encerrado en su habitación, a pan y agua y sin varita, durante una semana, sin nada que hacer excepto leer, dormir y odiar a Hermione Granger por tener la culpa de que lo hubieran castigado.
En cuarto, Voldemort había regresado y las notas habían dejado de ser importantes, pero Lucius siempre se había sentido decepcionado con él por alguna razón. ¿No se había alegrado de recibir la misión de Voldemort por eso¿Para demostrarle a su padre que podía hacerlo mejor que él?
Los peores errores de su vida los había cometido tratando de ganarse su aprobación.
¿Por qué le estaba contando Blaise todo aquello¿Para burlarse de él o de su padre¿Para hacerlo sentir mejor?
-De todos modos, mi padre nunca me habría encerrado en un sótano. Él me quería¿está claro?-Blaise asintió, sin insistir más-. He estado pensando en Benedetto.
-Dime.
-No quiero perder mucho tiempo con él. ¿Sabes dónde puedo conseguir una varita franca?
-Draco, yo soy un mago respetuoso con la ley. ¿Cómo iba a saberlo?
-Bien. He mandado a Topey a mi casa, la de Bulgaria, para que recoja una poción multijugos que me dejé allí. No quiero que nadie pueda reconocerme comprando una. Ni tampoco antídoto contra la Veritaserum.
Blaise arqueó una ceja.
-Confío en que no estarás pensando en matarlo. Los aurores ya me molestan bastante por culpa de las bodas de mi madre.
Draco se encogió de hombros.
-No seas idiota, Blaise. ¿Qué tiene de divertido matarlo?
-----------------------------
Un par de días después, al mediodía, los dos magos se Aparecieron en Anticus, cerca de un restaurante donde Benedetto siempre comía los jueves. Draco se había hecho un hechizo en su pelo para teñirlo de oscuro y Blaise, que era uno de los pocos magos mulatos de Roma, se había tomado poción multijugos para pasar inadvertido y parecía un árabe obeso.
-¿Y ahora qué?
-Ahora esperamos a que aparezca.
Blaise hizo un gesto de desagrado.
-No sé quién este hombre, pero suda como un cerdo. Debería ponerse a régimen.
Draco le hizo un gesto para que se callara y le dejara concentrarse. No quería que Benedetto se Apareciera de repente en la puerta del restaurante y entrara sin darle tiempo a mandarle el hechizo. También podía lanzárselo cuando saliera, pero quería acabar con aquello cuanto antes.
Benedetto llegó caminando por la calle junto a dos magos más y Draco sonrió como si se hubiera encontrado con un regalo inesperado.
-Oh, esto mejora por momentos. Cierra los ojos, Blaise, así podrás jurar que no me viste hacerlo. -Esperó unos segundos más para tenerlo a tiro y, en el momento preciso, le apuntó con la varita franca-. Confesatio.
Un rayo chispeante brotó de la punta de la varita y le dio a Benedetto de lleno. Antes de que nadie pudiera reaccionar y seguir la dirección del ataque, Draco y Blaise se Desaparecieron de allí y se Aparecieron en la terraza de una casa. Una celosía les permitía ocultarse y ver lo que sucedía en la calle y Draco se echó a reir cuando una voz en concreto se alzó por encima del alboroto de los otros magos.
-¡Una vez le pagué a una prostituta muggle para que se acostara conmigo¡Cuando era pequeño maté a un gato a pedradas¡Copié en el examen de Historia de la Magia de segundo curso¡Creo que la novia de mi hijo Paolo tiene la delantera más impresionante del mundo!
Benedetto iba de un lado a otro, buscando magos a los que gritar sus secretos más ocultos y Draco estaba ya revolcándose de la risa.
-¡Eso te enseñará a creerte mejor que un Malfoy!
La confesión a gritos seguía su curso pese a los intentos de los amigos de Benedetto, que cada vez parecían más abochornados, de ponerle fin.
-¡Una vez no llegué a tiempo al aseo y me ensucié los pantalones¡Cuando tenía cuarenta años tuve un lío con una bruja del Ministerio¡Fui yo quien rompió el jarrón de mi madre, no nuestro ghoul¡Cuando tenía trece años leí el diario de mi hermana Sofia¡Cuando tenía doce años le robé un tintero a un compañero de clase¡Odio a Tadeus Moltisanti porque tiene más pelo que yo¡Mi mujer ya no me atrae sexualmente!
Blaise también se reía, fascinado.
-¡No puedo creerlo!
-Oh, vámonos de aquí-dijo Draco, de mala gana, intentando tranquilizarse-. Nos van a pillar.
Los dos se Desaparecieron de allí y se Aparecieron en el comedor de la casa de Blaise, donde siguieron riendo y riendo hasta que ya no pudieron más.
-Por las pelotas de Paracelsus¿qué ha sido eso?
Draco sonreía, feliz y satisfecho.
-Un invento de mi tía Bella. Se llama Confesatio y hace que la víctima vomite todos sus secretos durante cuarenta y ocho horas, sin parar ni para dormir. Te lo juro, Blaise, ese desgraciado va a desear estar muerto cuando pasen sus efectos.
-Es lo más divertido que he visto nunca. No sé por qué no lo usan en vez del Veritaserum.
-Porque no sacas nada en claro interrogándolo. Y hablando del Veritaserum...
Blaise asintió y fue a buscar la poción que habían comprado junto con la varita franca. Reducía bastante los efectos del Veritaserum y Snape enseñaba a sus alumnos más capaces a sortear los interrogatorios con su ayuda. Mientras tanto, Draco partió la varita que había lanzado el hechizo y quemó los dos trozos con un Incendio. Después de beberse la poción, se pusieron el bañador y salieron a la piscina para esperar a los aurores mientras tomaban el Sol.
--------------------------------------
Una hora después, el elfo de Blaise hacía pasar a dos Aurores a la piscina. Blaise, que estaba tumbado en una hamaca, se levantó para saludarlos mientras Draco seguía nadando perezosamente.
-¿A qué debo esta visita, señores?
-¿Es usted el señor Blaise Zabini? Yo soy Carlo Baretta y éste es Luigi Collodi. Nos gustaría que usted y su invitado nos acompañaran al Ministerio para hacerles unas preguntas.
-¿A nosotros¿Sobre qué?
-Sobre el ataque que ha sufrido el señor Giorgio Benedetto.
-¿Un ataque?-Se giró hacia la piscina-. Eh, Draco, sal un momento. Dicen que han atacado al señor Benedetto.
-¿Sí? Pues me alegro-dijo Draco, sin dejar de nadar-. Se lo merece por ofenderme.
-No seas idiota y sal de ahí.-Volvió a dirigirse a los aurores-. ¿Cómo está¿Es grave?
-Ya les informarán en el ministerio.
Después de vestirse, Draco fue con Blaise y los aurores al ministerio. Primero querían hablar con Zabini, así que él tuvo que esperar en el pasillo, sentado en un banco. Por fuera, su expresión era totalmente impenetrable, pero su cabeza era un hervidero de pensamientos. Habría dado diez años de su vida por saber qué tal lo estaba haciendo su amigo ahí dentro. Suponía que bien, ya que recordaba que Snape se había mostrado satisfecho con su capacidad para eludir la Veritaserum. Y Zabini era el tercero mejor en Oclumancia, después de él mismo y de Pansy. ¿Cómo serían aquellos aurores de buenos?No mucho, esperaba. Pero¿y si Zabini decidía traicionarle?
Los nervios empezaron a jugarle una mala pasada y respiró hondo para tranquilizarse y cerrar su mente. No podía controlar lo que estaba pasando en esa habitación, pero podía controlar su propia cabeza. Aquello no era una acusación formal, sólo estaban declarando. Sí, seguramente examinarían sus varitas, pero no encontrarían ni rastro del Confesatio. Sólo tenía que mantener la calma y concentrarse en las preguntas.
Blaise salió finalmente de allí y por la mirada que le dirigió, Draco supo que todo había ido bien y que no le había traicionado.
-¿Quiere pasar, señor Malfoy?-dijo Collodi.
-¿Tengo opción?-replicó, con desdén, entrando en la habitación y sentándose en la silla que Blaise había ocupado antes.
Baretta estaba frente a él, con una expresión grave en su rostro.
-¿Puede decirme su nombre completo y su lugar de nacimiento?
-Me llamo Draco Lucius Malfoy y nací en Malfoy manor, en Wiltshire, Inglaterra.
-¿Cuándo llegó a Italia?
-El veinte de junio.
-Señor Malfoy, el señor Benedetto sufrió al mediodía un grave ataque. Hay testigos que afirman que hace cuatro días tuvieron una discusión y que usted lo amenazó.
-¿Y?
El auror abrió el cajón de su mesa y sacó un pequeño vial con una poción aceitosa y blanca.
-¿Le importaría contestar a unas preguntas bajo los efectos del Veritaserum?
Draco se felicitó a sí mismo por haber tomado el antídoto y fingió ofenderse.
-Creía que sólo tenía que hacer una declaración. No sabía que estuviera detenido o que me fueran a interrogar como a un vulgar criminal.
-¿Eso quiere decir que no?
"Haz como que dudas... Tres, cuatro, cinco, ahora."
-Está bien. No tengo nada que ver con ese asunto.
Con un gesto que esperaba que fuera de aristocrático desprecio, le quitó el tapón al vial y se lo bebió, notando el familiar sabor en la boca. Lo había probado durante los interrogatorios tras la Última Batalla.
-¿Puede decirme su nombre completo y su fecha y su lugar de nacimiento?
-Draco Lucius Malfoy. Nací el cinco de junio de 1980 en Malfoy manor, Wiltshire, Inglaterra.
-¿Nombre de sus padres?
-Lucius Tiberius Malfoy y Narcissa Merope Black,
Las preguntas poco comprometidas se prolongaron durante un par de minutos para que Draco se acostumbrara a dejarse llevar por la poción, pero aquella había sido la primera lección de Snape. Uno tenía que hacer una pausa de al menos tres segundos antes de contestar cualquier cosa; eso podía proporcionar un tiempo precioso para pensar cuando las preguntas se complicaban.
-¿Es usted mortífago?
-No.
-¿Ha sido mortífago?
-No.
-¿Nunca ha estado a las órdenes de Voldemort?-preguntó Baretta, suspicaz.
-Estuve voluntariamente a sus órdenes durante cuatro meses, pero no llegué a completar el ritual de los mortífagos.-Le enseñó su antebrazo, limpio de marcas-. Nunca maté a nadie para sellar mi juramento, y sin ese último paso, no se me puede considerar mortífago.
El auror asintió y Draco suspiró con alivio para sus adentros, consciente de que había estado muy cerca de recibir una segunda dosis de Veritaserum. Nadie podía luchar contra una dosis doble.
-¿Dónde estaba esta mañana a las doce y media del mediodía?
"Doce del mediodía en China, en España, en Australia, en Argentina..."
-No lo sé, supongo que en la piscina. Hemos estado allí casi toda la mañana.
-¿Ha atacado usted al señor Giorgio Benedetto?
La necesidad de decir la verdad era irresistible y Draco luchó contra ella. "No es un ataque, es una reparación, es una reparación, es una reparación..."
-No, claro que no.
-¿Ha pagado a alguien para que lo hiciera?
-No.
-¿Tiene idea de quién ha podido ser?
-Sí.
-¿Quién?
-Cualquiera, ya que el señor Benedetto me pareció un auténtico gilipollas estirado que seguramente va por ahí ofendiendo a todo el mundo.
-¿Es usted responsable del ataque al señor Benedetto?
"La culpa es sólo suya, no debió tratarme así, es culpa suya"
-No.
-¿Ha sido el señor Zabini?
-No.
Los aurores intercambiaron una mirada y Draco reprimió una sonrisa victoriosa. Dada la falta de pruebas y las respuestas que estaba dando, el interrogatorio no podía durar mucho más sin darle motivos para una queja formal. Otro inconveniente más de no haber luchado contra Voldemort: los aurores ingleses se lo habrían puesto mucho más difícil.
De pronto, sintió una presencia en su cabeza. La intrusión fue tan dolorosa como si alguien le hubiera dado un puñetazo y cerró todos los escudos de su mente con instintiva brutalidad, haciendo que Collodi saliera despedido hacia atrás y chocara contra la pared.
-¡Quieto!-avisó Baretta, poniéndose en pie y apuntándole con su varita.
-¡Ha intentado leerme la mente!-protestó Draco, indignado-. ¡Yo no tengo la culpa de que sea un idiota¿Quién le ha enseñado Legeremancia¿Un puto troll¡Casi me fríe el cerebro!
Sus protestas no podían ser más sincera y Baretta bajó ligeramente la varita. El uso policial de la Legeremancia estaba permitido, pero todos los testigos y acusados tenían derecho a usar la Oclumancia según sus capacidades.
-No era necesario reaccionar así.
-¿No¿Usted cree?-dijo, apoyando las manos en la mesa e inclinándose hacia él-. Trate de sobrevivir cinco minutos al lado del jodido lord Voldemort y luego dígame que mis defensas son demasiado sólidas.
-¿Qué tiene que ocultar?
Draco recordó que aún seguía bajo los efectos de la poción.
-Muchas cosas que no son asunto suyo. Y ahora, si hemos terminado...
Los aurores lo dejaron salir y se reunió con Blaise en el pasillo.
-¿Qué ha pasado?
-Uno de esos payasos ha intentado leerme la mente. No he visto nada más torpe desde Potter bailando en cuarto año.
-¿Estás bien?
-Mejor que él-dijo, presumido-. Ha salido disparado a la otra punta de la habitación.
-Conmigo no lo han intentado. Pero sí me han hecho tomar Veritaserum.
-Y a mí.
Draco y él salieron del ministerio y se Aparecieron en villa Claudia, donde tres lechuzas esperaban para entregarles sus mensajes a Zabini. Eran amigos suyos que le escribían para contarle lo que sabían del ataque a Benedetto y las cosas que estaba confesando sin descanso. Aquello volvió a hacerlos reir y Zabini propuso brindar por el éxito de la venganza.
-Oye, Draco...-dijo, mirándolo especulativamente, tras darle un sorbo a su vaso de whisky de fuego.
-¿Qué?
-¿Alguna vez has tenido ganas de follarte a Harry Potter?
Le había pillado totalmente desprevenido.
-Sí.
Draco se tapó la boca, horrorizado y estupefacto por la respuesta que el veritaserum le había arrancado, mientras Blaise reía a carcajadas.
-¡Lo sabía¡Lo sabía!
-¡Maldito traidor hijo de puta¿Cómo...?
-¿Qué es lo que más te gusta de él?
-Es poderoso-contestó Draco, con un brillo peligroso en los ojos-. Blaise¿alguna vez has tenido una erección pensando en tu madre?
-Sí. ¡Mierda! Eres un cabrón, Malfoy. ¿Te gustaría comerle la polla a Potter?
Draco sonrió, triunfal.
-No lo sé si no lo pruebo. ¿Te has hecho pajas pensando en Snape?
-¡Sólo una vez¿Te has hecho pajas pensando en algún Weasley?
-¡Mierda, sí¿Y tú?
-Mierda, también. ¿Te has dejado dar alguna vez por el culo por un muggle?
-¡No!-exclamó Draco, ofendido-. ¿Y tú?
-Ni muerto.
Draco y Blaise continuaron sonsacándose algunos de sus secretos más íntimos, entre carcajadas, asco y vergüenza, hasta que la poción dejó de hacer efecto y los dos se encontraron con material de chantaje suficiente para diez generaciones.
-Vale, esta es la situación-dijo Draco-. Ahora mismo me cuesta mirarte a la cara, sabiendo que tu propia madre te pone cachondo...
-Mi madre pone cachondo a todo el mundo. Tú te haces pajas pensando en un hombre-lobo harapiento.
-Como he dicho, esta es la situación. O rompemos nuestra amistad y pasamos el resto de la vida planeando cómo asesinarnos para acabar con la posibilidad de que nuestros secretos más sucios salgan a la luz o nos hacemos un Obliviate el uno al otro. Yo personalmente opto por lo segundo; ya tengo bastante gente detrás intentando matarme.
-Está bien... Pero llama a los elfos para que se aseguren de que los dos hacemos el hechizo. No me fío un pelo de ti , y menos ahora que sé que te gustaría ponerle el culo a Harry Potter, el Chico-que-vivió para-hacer-gemir-a-Draco-Malfoy.
Draco dejó caer algo sobre Dumbledore que hizo que Blaise palideciera todo lo que su piel permitía y se apresurara a llamar a los elfos. Luego se quedó pensativo. Aquello era desconcertante. Potter... ¿Había querido acostarse con él¿Era posible que se hubiera sentido atraído hacia él sin tener ni idea? Lo único que recordaba era haberse hecho pajas alguna vez pensando en que le daba una paliza, y se ponía a horcajadas sobre él y le pegaba y le pegaba, soltando toda su rabia, y se dejaba caer sobre él cuando ya no podía más, sus pechos subiendo y bajando por la respiración, sus corazones latiendo juntos...
"Por Merlín..."
Pero Blaise le lanzó un Obliviate y Draco lo olvidó todo.
-----------------------------------------
Catzeruf, Blaise no se esperaba que insultaran a Draco, ya has visto cómo le ha ayudado a vengarse.
Xocolat, jajajajajajaja (esta soy yo imaginándome a Draco como lo has descrito) jajajajajajaja. En cuanto a Krum tengo debilidad por los cachas, qué puedo decir. Aún estoy recuperándome de la sobredosis de virilidad de "300" :P...
Drakitap, gracias por todo lo que me dices Benedetto es un imbécil, pero, como ya has visto, ha recibido lo que se merecía jaja. Y sí, el caso es que Draco está madurando-bueno, ya había empezado a madurar con Voldemort, pero sigue haciéndolo, que nunca viene mal-. En cuanto al quidditch, una de las cosas que me irritan de los libros es que SIEMPRE gane Gryffindor la Copa. Ahora la ha ganado Sly, jeje. Además, así esos pobres niños podrán recuperar un poco de auto-estima.
