Capítulo XI

Sin mayor duda

I

Tenía que valerse por sí misma; lanzó la primera flecha sin pensarlo demasiado, dando ésta de inmediato en el blanco con firmeza.

-Vaya, qué bien. –Dijo Liam, estando a su lado, recargado sobre una mesita de herrería. –Te notas con mayor certeza ahora.

Kate había asentido con la cabeza levemente, pero estaba lejos de mirarse muy animada por los resultados; el amplio jardín de su casa le servía como campo de tiro, así no tenía que salir de casa, y Liam ahora le estaba haciendo compañía por aquello de que se le ocurriera hacer una tontería como marcar a ya-sabe-quién, por eso su celular se encontraba apagado y en manos de su mejor amigo. El cachorro, que respondía al nombre de "Perro", corría libremente por todos lados olfateando todo su verdoso y florido alrededor, bajo la amenaza de no morder alguna planta o habría "devastadoras consecuencias".

-Estuve entrenando mucho. –Contestó, notándose un poco tensa. –Lista para el fin de semana.

-Sin embargo te noto un poco preocupada.

-Estoy muy cansada. –Se encaminó hacia donde él se encontraba sentado, acomodándose el arco en el hombro, recargándose a su lado en la mesita. –Es importante para mí, lo sabes bien… me pone un poco nerviosa y eso me quita el sueño.

-Más que otros años por lo visto. Deberías simplemente descansar, Kate, o vas a terminar enfermándote de nuevo.

Asintió. La realidad era que se sentía vacía por dentro, pero no podía decírselo, no sabría cómo explicárselo; aquella conversación tan amarga que había tenido con la dichosa Natalia la había dejado muy consternada y preocupada… ¿realmente le hacía daño a Clint? Estaba segura de que él iba a marcarle tan pronto se percatara de que se había ido, por eso había puesto el teléfono en modo avión para evitar escucharlo y que se percatara de que estaba llorando nuevamente. ¿Acaso Natalia le quería tanto como para protegerlo tan celosamente? ¿Qué significaba todo aquello? ¿Estaría Steve de acuerdo con todo eso…?

-Kate, ¿qué pasa? –Liam se incorporó un poco de la mesa para mirarla, estando aun de costado hacia ella.

-¿Qué? ¿Por qué? –Susurró levemente, apenas consciente de sí misma, mirándole de reojo.

-Estás llorando.

Sintió la mano templada de su amigo en la mejilla, limpiándole las lágrimas con los dedos, lágrimas de las que no se había percatado a pesar de la humedad de éstas; su organismo mismo estaba mostrando ya lo que ella intentaba esconder en su interior. Tenía que sacarlo o iba a quebrarse en frente de él de forma humillante.

-Ayer… me sentí como una especie de abusadora. Pero… ¿no lo soy en realidad? Pensando en mi propio placer y mi caprichoso deseo antes que en sus sentimientos, sus emociones.

-Hablas de tu maestro.

-Pero yo no quiero nada con él, ¿sabes?

-Sería bastante bizarro.

-Ella me dijo que habían muchas mujeres interesadas en él, pero yo no tengo deseo alguno de acostarme con él o su dinero, o lo que sea, solo quería estar cerca de él. Tal vez ser su amiga.

-Espera, no entiendo. ¿Ella quién? ¿Su novia?

-No, es la esposa de su mejor amigo.

-¿De la que está enamorado?

-Sí, ella.

-¿Y quién se cree ella como para meterse en su vida?

-No lo sé, Liam.

-Supongo que… él tratará de resolver todo si hay algún problema real, y si le interesa volver a verte.

-Lo sé, pero no tengo mucha esperanza en ello. –Tomó otra flecha de su caja, jugando un poco con ella antes de tomar su arco y colocarla en éste, en la misma posición que se encontraba.

-¿Por qué no?

-Bueno… es la mujer de la que está enamorado.

Soltó la flecha sin pensar siquiera la dirección en la que se iría, y ésta voló entre los arbustos cercanos a la barda; menos mal, ya que si saltaba la barda podría haber herido a alguien y hubiese demandas de por medio, además de pláticas innecesarias tanto con sus padres, la policía, y lo que es peor, nana Vivi. El cachorro, al notar movimiento en los arbustos, corrió felizmente hacia las plantas y se lanzó entre ellas, para luego sacar la flecha extraviada de éstos y comenzar a mordisquearla ociosamente.

-Deberías entrenarlo para que te busque las flechas. –Exclamó el muchacho al ver el comportamiento del cachorro, mientras rodeaba a su amiga parcialmente con un brazo, apegándola a él más bien de forma confortante. Era evidente que sabía cómo se sentía.

Kate asintió con la cabeza suavemente, dejándose abrazar por él, terminando por encogerse a su lado queriendo sentirse confortada; dejó finalmente la cabeza apoyada en su hombro, entrecerrando la azulada mirada, deseando con toda su alma que todo ese suplicio fuese un poco más fácil, más llevadero. Solo un poco, quizá.

II

-¿Hiciste qué? –Clint se incorporó de la cama, intranquilo. Sentía el corazón palpitar en las sienes.

Natalia se notó algo extrañada con su comportamiento, pero no se movió ni un ápice de la cama; con bastante dignidad, tan solo se acomodó el rojizo cabello tras sus hombros, mientras unos rizos rebeldes caían sobre su rostro, sobre sus ojos color aguamarina, intensos.

-La alejé de ti, Clint. –Dijo ella con cierta arrogancia en su tono de voz, en la mueca de sus bellos labios rojizos. –Sabes que no te puedes permitir que…

-Nat, ella no quiere acostarse conmigo. –Contestó, visiblemente irritado, mientras se alisaba el cabello rubio crespo con la mano. Estaba realmente molesto. –No es una mujerzuela, ¿al menos sabes qué edad tiene?

-No, no lo sé, Clint.

-Tiene dieciséis años. Es la hija de Gustav B., el accionista más importante del estado, el que puso la torre de cristal donde está el banco nacional, donde se efectúan tantas fiestas elegantes que ya tú debes conocer… ¿qué podría querer de mí una niña rica que puede tenerlo todo en un chasqueo con los dedos?

-Una aventura contigo.

-Una aventura es lo que tú tienes conmigo, Natalia. ¿No se te ha ocurrido que tal vez sea yo el que quiere una aventura con ella? Piénsalo, yo puedo tener más beneficio de ella que ella de mí.

-¡Clint! Por Dios, es una niña. –Se incorporó de la cama, frunciendo el ceño, mientras se envolvía con las sábanas de la cama.

-Para ti es más fácil creer que ella quiere jugar conmigo. –Hizo una mueca leve con la cabeza, un poco más relajado. –No soy tonto, Nat, sé dónde me estoy metiendo.

-Entonces, ¿a qué quieres llegar?

-Entonces, a lo que quiero llegar es que ella no es una mujerzuela ni yo un pervertido, espero eso entre en tu cabeza. Ella…es especial. –Pensó un poco, mientras se colocaba su camiseta con bastante calma. –Me ha hecho más bien su compañía durante estos meses que la de otras personas, no tiene intención ruin con nadie, su ambición es ganar un torneo de arquería y terminar antes la escuela. Por ella ya no bebo tanto como antes.

-Dices que más bien lo que tienes con ella es una relación familiar.

-Puede ser.

-Te estas comportando como un adulto, Clint. –Dibujó media sonrisa, al parecer aquello no era tan malo como parecía ser… según sus palabras. –Vaya, Bárbara debe estar muy orgullosa de eso.

Terminó de vestirse en ese momento y se dirigió hacia la salida del departamento, sin cruzar más palabras con ella, dejando a la esposa de su mejor amigo desnuda en la cama que ellos compartían con normalidad. Tenía que arreglar el caos que los celos de Natalia habían ocasionado.

III

Pero su teléfono sonaba como si estuviera apagado.

-Katherine salió con Liam y Argelia hace unos veinte minutos a beber algo. –Contestó Vivian al teléfono, cordial y amable como siempre (al menos con él). –Se notaba algo tensa por las preliminares, o eso me dijo. Me da la impresión de que es algo más, pero su costumbre es ser algo hermética cuando algo le preocupa hasta que lo resuelve por si sola.

-Es porque le gusta un muchacho. –Soltó de repente sin motivo, como si una atadura hubiese cedido en su interior. –Y la ex novia le dijo cosas para que… se alejara de él. –Hizo una mueca, ¿qué tontería era lo que estaba diciendo? –Por eso esta irritada. Es mucha presión para ella, yo supongo.

-Es una adolescente al final aunque a veces se comporte como un adulto, y parece que habla mucho contigo. Me agrada que sea tan abierta ahora, es evidente que te tiene mucha confianza.

-Bueno, Katie me recuerda a mi hijo…

Antes sonaba bastante convincente cuando lo decía casi como una letanía, pero ahora, por algún motivo, no le llenaba como antes la excusa.

IV

No la vio ni supo de ella el domingo, ni el lunes.

Había decidido ir a su casa, pero sería demasiado acosador o al menos eso pensó; no quería aceptarlo, pero le estaba causando un enorme pesar el no saber de ella. Estaba peleando internamente, su parte racional le gritaba con altavoz y toda una orquesta filarmónica que ella estaba bien, que se enojaría con él si la molestaba demasiado, que debía esperar a que se tranquilizara (quién sabe qué cosa habrá salido de la aguda lengua de Natalia)… hombre, que era una niña… pero había una pequeña vocecita en su interior, tenue y constante, la cual sobresalía entre todo ese bullicio mental.

Te gusta. La quieres.

-No es así. –Contestó para sí mismo, bastante sereno a pesar de que estaba discutiendo consigo mismo. –Es una niña, la quiero, pero no de esa manera.

Sintió un extraño revoloteo en todo su cuerpo, centrado en su garganta y estómago. Era una tontería, hacía mucho tiempo que no tenía sobresaltos como esos… precisamente, desde que había conocido a Natalia.

Martes en la noche.

Tenía la cabeza pegada en el volante del automóvil, intentando sobrevivir a la espantosa sensación de querer ir a acosar a Katie a las diez de la noche, durante su jornada de trabajo; de igual manera, el miércoles ella iría a entrenar, pues…

-Tenemos que capturar a Odalí M. –Dijo su compañero, que había entrado al vehículo en algún momento que él no captó por estar sumido en sus pensamientos, con unos documentos en las manos. –Estará en un evento de beneficencia en la torre de cristal. Tranquila la noche, ¿no lo crees?

-Espero lleve tacones altísimos. –Miró al hombre moreno a su lado, el cual le llevaba diez años encima. –Estoy un poco cansado de perseguir gente que evade impuestos y tonterías de ese estilo. Extraño correr.

-Bueno, ella no evade impuestos. Tiene una orden de aprehensión por estafa, y mayúscula.

-Entonces, Abraham, más vale apretar el paso, necesito distraer urgentemente mi cabeza.

-¿Una mujer?

-Casi. –Encendió el auto.

-Ya quisiera yo tener tu encanto con las mujeres.

-No sería grato para tu esposa.

V

Las placas policiales le dieron un acceso rápido al lugar; aún era bastante temprano para ser una fiesta nocturna con gente adinerada, por lo que el lugar no se encontraba tan lleno todavía, sería más fácil para ellos encontrar su objetivo. Era un bello salón con pisos blancos lustrosos, así como tramos con alfombras color vino por donde andaban tacones finos y mocasines costosos, vestidos entallados, corbatines y peinados glamorosamente altos. Dejó que su compañero Abraham se encargara del arresto, mientras él secuestraba una copa de champaña ya que su atuendo formal (de camisa azul eléctrico, corbata negra, saco y pantalón de vestir color gris oscuro) lo hacían pasar como un invitado más del evento.

Hubo el casual bullicio de voces y tacones, pero él miraba el techo de vidrio que dejaba ver el hermoso cielo estrellado, pues era éste irregular encanto arquitectónico el que más llamaba la atención de aquella famosa torre; se preguntó, casi poéticamente, cómo se vería bajo una torrencial lluvia. Se preguntó también si Kate lo apreciaría tal como él lo hacía, probablemente sí, ya que era un pensamiento muy libre que fácilmente podría ser tachado de infantil… sonrió, extrañándola horrorosamente.

-¿Qué está pasando? –Escuchó la voz femenina de clásica indignación. –Yo no tengo nada que ver con lo que se me acusa…

Dejó su vista al cielo para caminar junto a su compañero, dejando la copa vacía en la bandeja de un mesero que pasaba por allí con rapidez y agilidad; esposada, se encontraba una mujer de mediana edad, platinado el corto cabello, ceñida en un vestido largo color verde, metalizado. La gente comenzó a cerrarse junto a ellos, pero no eran capaces de detenerlos o cuestionarlos.

-¿Qué es lo que sucede? –Exigió saber otra mujer, vestida en color vino y con el negro cabello atado a un lado, en oscuras ondas. –Este es un evento de beneficencia, no pueden entrar así como así…

-La señora M. tiene una orden de aprehensión, señorita. –Contestó Abraham, serio pero cordial. –Lamentamos mucho el improvisto, pero es necesario cumplir la ley.

-¿Llevan con ustedes una…? –Hubo un denso silencio. -¿Clint?

Miró a aquella dama que le había llamado, tenso de encontrarse una "conocida". Era de piel clara, esbelta y bonita, con unos bellos ojos azules sombreados por el maquillaje y los labios en color vino, usando un sencillo vestido que le ajustaba el cuerpo hasta sus tobillos, teniendo una abertura por un lado, así como zapatillas negras y finas. Era preciosa como una muñequita, y el que se supiera su nombre le daba un plus extra.

-Hola. –Exclamó, jovial, intentando remembrar el nombre de aquella chica.

Caminaron hasta la salida de aquél elegante salón, llevando a la detenida esposada y llamando considerablemente la atención de los asistentes y de cámaras fotográficas que disparaban sus flashes hacia la humillada mujer; optaron por meterla en el vehículo antes de que se hiciera más grande el borlote. Aquella dama se quedó de pie en los escalones de la entrada, un poco alejada del caos, como si lo estuviera esperando.

-Vaya, ¿una vieja conocida? –Cuestionó Abraham tras haber cerrado la puerta del vehículo.

-Yo supongo. Me va a dar una pequeña distracción a la cabeza.

-Si ya la pasaste, puedes presentármela cuando gustes.

-Muy gracioso. Al menos déjame averiguar cómo se llama.

Caminó sin más hacia aquella mujer; tal vez ella haría que la olvidara, quizá ese instante, quizá el resto de la noche, no lo sabía. Sus ojos azules eran tan bonitos como los de ella, pero puestos en una hermosa mujer.

-¿Qué fue lo que pasó con la señora M, Clint? –Cuestionó aquella dama tan pronto la tuvo en frente, impetuosa y preocupada, encogiéndose un poco. Al parecer el fresco de la noche le había hecho efecto.

-Tiene una orden de aprehensión por fraude, y estuvo esquivando los citatorios. –Se quitó su saco en ese momento, para luego colocarlo en los hombros de la mujer, que lo miró con cierta sorpresa. -¿Cómo te encuentras?

Pregunta abierta para que un poco de historia le hiciera remembrar un poco de ella; aquella dama se notó de repente algo angustiada, un gesto que le pareció particularmente encantador, mientras se encogía en su saco.

-Lo siento, Clint, fue mucho para mí. –Dijo ella, tensando los rojizos labios. –Sabes bien cuánto odio sentirme vulnerable… quería hablarte, pero…

-¿Pero? –Se extrañó un poco, y hubo una punzada en su pecho.

-Dime la verdad. –Le miró intensamente, sobresaltándolo… y provocándole un amargo sabor de boca. -¿Te estoy haciendo daño con mis palabras, con mis gestos? ¿Te hago daño al estar cerca de ti? Ella me lo dijo esa tarde, ¿sabes? Me sentí mal en ese momento, por eso me fui de la cafetería, por eso apagué mi teléfono, no tenía el valor para…

Su mundo se oscureció completamente al escuchar aquello, tanto que perdió completamente el hilo de todo lo que ella le estaba diciendo… ¿por qué allí, vestida como una mujer? ¿Era una señal, acaso? ¿Una bofetada del destino? ¿Señal para qué cosa?

-Katie. –Pronunció, fuera de sí.

-¿Qué pasa? –Cuestionó ella, angustiada.

-Más despacio, niña, no te sigo. –Se llevó la diestra a la cabeza, intentando asimilar con calma lo que estaba sucediéndole.

-¿Qué cosa no sigues?

La miró nuevamente. Era su carita de niña bajo una capa de maquillaje, era su negro y largo cabello arreglado elegantemente, era su cuerpecito de adolescente ataviado en un vestido que detallaba su figura de mujer.

-Te miras muy bella. –Atinó a contestar, sintiéndose un idiota.

-Clint, por dios… ¿me estás escuchando?

La rodeó en un abrazo fuerte, incapaz de seguirse conteniendo; desprendía un tenue aroma a flores de azahar, limpio y dulce, que sobresaltaba entre la fragancia misma de su saco. Sin duda alguna era una señal, y pensaba tomarle la palabra… toda su ansiedad se calmó en ese momento, desvaneciéndose como humo en el frío ambiente.

-Te he extrañado. –Se le escapó de los labios.

Ella le había mirado entonces, impresionada. Se permitió pensar en ella como una mujer, y dentro de sí sintió que todo era más fácil… tal vez le gustaba, quizá más que eso. A su lado el mundo parecía ser mucho más sencillo y nítido.

-¿De verdad? –Susurró ella.

-Kate, eres una chica muy fuerte. –Llevó la mano derecha hacia el mentón de ella, dejándole una caricia con el dedo pulgar de forma lenta, contemplando fijamente su rostro. –No deberías dejarte llevar por lo que otros te dicen, se fiel a ti misma y has lo que tus emociones te dicten… a veces puedes estar en lo correcto.

-¿Qué quieres decir?

-Me gustas mucho cuando hablas con franqueza, Katie… y cuando te defiendes tan intensamente.

La había puesto muy nerviosa, pues sentía que temblaba entre sus brazos. Tal vez iba muy de prisa, puesto que ella no era como las otras chicas que había conocido antes… tal como se lo había dicho a Natalia, ella era especial.

-¡B! –Le gritó su compañero. -¡Hora de irnos!

-Qué rápido pasa el tiempo cuando uno se divierte. –Sonrió, bastante calmado, notando que ella también se encontraba más relajada que antes. Tal vez ella quería verlo también. -¿Sabes? Ese sujeto me pidió que te presentara con él, ¿qué dices?

-¿Es en serio? –Hizo una mueca de fingido reproche.

-Claro que no, eres mía, gorrión, y se lo dejaremos claro.

Se inclinó hacia ella, obsequiándole un beso en la comisura derecha de sus labios, ajustándola un poco más por su cintura en aquél abrazo… acción que la tensó de inmediato; no había sido un simple gesto de afecto como en otras ocasiones, pues fue intenso e innecesariamente prolongado. Y fue porque Clint se había contenido el deseo de besar sus labios de último instante, pues consideró que aún no era el momento.

-Te veré mañana, ¿cierto? –Susurró para ella.

-Claro. El fin de semana es la preliminar. –Contestó ella. Tenía los ojos entreabiertos y las mejillas coloreadas en un sonrojo tenue.

-Entonces, buenas noches, Katie. Duerme bien.

Se separó de ella muy a su pesar, sintiendo un frío bastante calador. Pero no le pidió el saco de vuelta.

VI

El resto de la noche Kate permanecía pensativa, fingiendo prestar atención al evento y a los asistentes, los cuales saludaba sin remembrar su nombre o género en veces; estaba allí en representación de sus ocupadísimos padres, obligada cordialmente a arreglarse de esa manera. Estaba allí, y al mismo tiempo no lo estaba. Estaba entre las estrellas.

"Te miras muy bella."

Nunca esperó verlo de esa manera, mucho menos en ese lugar y vestido de traje formal corbata y todo; también se miraba muy bien así, completamente fuera de lo común. Así se miraba cuando estaba trabajando. Se tocó la comisura de sus labios, el lugar en el que él le había obsequiado aquél beso antes de marcharse, queriendo conservar en ella aquella hermosa sensación.

"Te he extrañado…"

¿Qué significaba aquello? Había creído que Clint iba a sucumbir sin más a las decisiones de su muy querida Natalia… pero lo primero que hizo fue trabarse y abrazarla… ¿el muy tonto no se había dado cuenta de que era ella? Rió discretamente, sonrojándose como una tonta. Se sintió querida entre sus brazos, completa, protegida, feliz… y ahora que él… "Me gustas mucho cuando hablas con franqueza". Quería gritar de emoción como una chiquilla frente a su ídolo, al grado de que casi llamaba la atención de los presentes que se encontraban alrededor suyo.

Pero él era un hombre de treinta años. Era su maestro de arquería.

Igual ella le quería…